Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

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Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Vie Oct 13, 2017 1:39 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Por fin había llegado el día en el que partía una pequeña temporada al norte yo sola, no debía de ser algo descabellado ya que era de allí y tenía allí parte de mis raíces y de mis orígenes, además siempre contaba con mis abuelos por si algo me pasaba y ese portal que me llevaría de vuelta a París si la situación se ponía más peliaguda en el norte conforme estaba la guerra, aunque sabía defenderme porque mi padre se había encargado bien de ello esperaba, realmente, no tener que poner en práctica lo que sabía y lo que me había enseñado papá porque yo no era así, yo no era como Tarik o como Eirin, mis hermanos mayores que habían nacido al igual que como padre para la guerra, por sus venas corría el acero y la batalla mientras que yo era más afín a mi madre y conforme era ella, había sacado su misma curiosidad, sus ganas de aprender y de estudiar, esa pasión por la cultura, la mitología... la de ambas que corrían por mis venas, sabía casi todo lo que podía saberse sobre ambas para orgullo de mis padres porque las tenía como mías, sí era un poco extraño tener dos costumbres y dos culturas diferentes como una sola, pero para mí era imposible decantarme por una en concreto porque ambas formaban parte de mí, parte de lo que yo era y no quería dejar a una de lado porque ambas me gustaban y me apasionaban. Eran tan diferentes pero tan parecidas al mismo tiempo que pensaba que encajaban perfectamente. Mi decisión de seguir por el camino de mi madre lo había tomado desde que con nueve años mi padre, al igual que hizo con mis hermanos, me pidió que tomara un camino. Quizás para otras culturas aquello fuera algo demasiado fuerte para un niño, pero para nosotros era algo normal que veíamos con naturalidad porque así éramos nosotros y así lo llevábamos en la sangre. Aun recordaba la mueca que puso y el mohín que hizo cuando tomé la decisión, una que él respetó y aceptó aunque en el fondo sabía que le habría alegrado más seguir el mismo camino que mis hermanos, el camino del guerrero.

Quizás no le sorprendió tanto viendo como era desde bien pequeña, pidiéndole a mi madre que me llevara con ella al museo, que me contara cosas, que me enseñara a poder leer los jeroglíficos y las runas... siempre ávida de aprender, ávida de más conocimientos. Me había dado cuenta desde pequeña que las cosas conforme las veía se me quedaban grabadas en la memoria, mamá decía que era como un “don” que podía utilizarlo a lo largo de mi vida y que sería ventajoso si sabía cómo aprender de ello. Cuando papá me entrenaba ponía empeño e interés pero no sentía que era lo que yo quería hacer, quizás por eso no le sorprendió tanto mi decisión aunque sí que quiso que supiera defenderme y a eso no me negué, lo hice porque sabía que para él era importante y quería lo mejor para mí. Siempre había tenido predilección por mi padre, era algo que no podía evitar desde que era bien pequeña, con mi madre tenía más cosas en común pero por mi padre lo que tenía con él era algo diferente o al menos lo sentía así. Incluso un par de veces me había preguntado si tenía novio o estaba con algún chico, para su alegría le decía que no –que era verdad- y me hacía gracia ver la cara que ponía cuando me lo preguntaba, para nosotros el sexo era algo normal y natural y aunque jamás me preguntó por ello –gracias a Ra y a Odín- sabía que al ser la pequeña en ese sentido se sentía algo más “protector” conmigo. Ahora los tenía a los dos delante de mí observándome, siempre me había gustado conforme crecía ver cómo se amaban y parecía que esa llama jamás se apagaba, superaban todos los obstáculos juntos y si alguna vez encontraba a esa persona, como ellos se habían encontrado, esperaba que fuera algo como lo que ellos habían tenido. Mi madre me miraba de forma fija y se mordía el labio, sabía que estaba preocupada porque era la primera vez que viajaba yo sola a un norte en guerra, y no podía culparla en parte.



-Tranquila mamá, estaré en casa con los abuelos y no me pasará nada –quise tranquilizarla y mi padre rodeaba su cintura dejando su barbilla apoyada en su hombro dándole ánimos, me acerqué a él para despedirme y darle un abrazo dejando un beso en su mejilla, mis ojos azules miraron los suyos y sin decirnos nada nos lo dijimos todo, luego pasé a abrazar a mi madre quien me pegó a su cuerpo y me mecía como cuando era pequeña, me besó un par de veces repartiéndolos por mi rostro y finalmente me separé, yo de los tres hijos era la más cariñosa de todos sin duda. De Tarik y de Eirin ya me había despedido antes y los miré con una sonrisa- nos vemos en unas semanas, ¡disfrutad de que estáis solos! –Dije divertida para la risa de mi padre y un regaño de mi madre que evitaba también reírse y con esa última visión de ellos crucé aquel portal, como tantas otras veces había cruzado, salvo que ahora lo hacía sola. Al llegar mis abuelos ya me estaban esperando y corrí para abrazarlos dándoles una sorpresa mientras me preguntaban por mis padres y cómo estaban, su historia era una que también me gustaba escucharla y a veces le pedía a Adaline que me la contara, mi abuelo era algo más parco con las palabras pero lo quería igual. Pasamos la noche poniéndonos al día y contándome historias suyas, batallas que había hecho mi abuelo mientras yo escuchaba con atención como si fuera una niña pequeña entusiasmada con la idea, cada vez que estaba en el norte o estaba en Egipto sentía que de verdad estaba en casa, París para mí era una ciudad de paso pero entendía que allí tenía mi madre su trabajo y yo empezaba también poco a poco con mi trabajo. Los días fueron pasando mientras me centraba en el motivo del por qué había ido allí, a parte porque necesitaba ese tiempo y nada mejor que como en casa para sentirme así de bien, porque quería estudiar ciertas cosas y nada mejor que el propio lugar de origen para estudiarlas. Lo que no sabía era lo diferente que iba a ser mi viaje en aquellas en tierras.


Última edición por Nailah Zahir el Miér Dic 06, 2017 9:26 am, editado 1 vez


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Vie Mar 02, 2018 12:28 pm

Por fin partíamos hacia aquel bosque que teníamos que atravesar para llegar al otro extremo donde se hallaba el lugar que quería comprobar, sabía que pocos habían sido los que habían logrado llegar y luego volver enteros de una pieza, era como si aquel sitio estuviera maldito y no me extrañaba para nada después de todo lo que había investigado sobre el lugar, pero si era cierto y mis sospechas realmente se confirmaban ni Randulf podría parar lo que se avecinaba en esos momentos por mucho ejército de criaturas extrañas y peligrosas tuviera, nada pararía aquello y acabaría con todos nosotros. Sinceramente y por una vez en toda mi vida esperaba estar equivocada y no que fuera lo que temía, porque de lo contrario o llegábamos a tiempo para parar todo o no habría nada que lo parara si era demasiado tarde... quería mantener la esperanza de que llegaríamos a tiempo pero sabía que ese bosque estaba más que encantado y que no era fácil de cruzar y atravesar, no solo por lo basto y extenso que era, sino porque dentro del mismo había zonas peligrosas que podían jugar con nuestra mente y hacer que perdiéramos literalmente la noción del tiempo, senderos peligros que podían conducirnos a una muerte segura. Obviamente todo aquello no se lo había dicho al lobo, entre otras, porque quizás ya supiera de aquel bosque que era conocido y temido por todos y no precisamente por las bestias y demás seres que pudieran vivir en su interior, sino por el bosque en sí. Algunos decían que además de estar encantado que los árboles podían hablar entre ellos, que podían comunicarse y que además se movían a veces por la noche para patrullar el bosque... claro que eso eran simples cuentos y mitos y no lo tenía muy en cuenta. Ahora que habíamos llegado a un acuerdo y que habíamos pactado que me ayudaría, sin ese dolor atenazando mi cuerpo, conseguimos cruzar la linde del bosque y adentrarnos en este. Era extraño, o al menos lo era para mí, que los trolls se acercaran tanto exponiéndose de esa forma y quizás hubiera algo que los asustara para moverse de esa forma, sin embargo el lobo no pensaba lo mismo y más bien sustentaba la idea de que Randulf hubiera movido su ejército y por eso se habrían asustado... si era eso no quería encontrarme a aquel hijo de puta cerca, seguramente estuviera pensando en cómo poder hacer daño y asesinar a mi familia.

Sobre mis otras preguntas dirigidas al lobo no obtuve una respuesta a ninguna de ellas, sus ojos me observaban pero no abría la boca para responderme a nada de lo que le había dicho, algo que sin duda alguna me frustraba un poco porque quería saber qué le movía para querer volver con Randulf cuando nada le hacía volver con él, no después del trato que había recibido por su parte y al parecer el poco aprecio que le tenía... como si fuera uno más para él, un número más que engrosaba sus filas. ¿Por qué ser fiel a alguien que te trataba de esa forma y de esa manera? Si yo fuera él querría irme lejos y poder ser libre, así que de ahí mis preguntas porque por más que intentaba darle un significado y una respuesta no hallaba ninguna que me hiciera comprender sus motivos y esa fidelidad extrema que le procesaba. Quizás le hubiera prometido algo importante, algo de valor para él pero... con lo que me había dicho, ¿qué podría tener el lobo de valor como para dejarse hacer por Randulf y convertirse en esa forma en su esclavo? Seguía sin entenderlo. La parte más fácil del bosque era la que estábamos pasando, cuanto más nos adentráramos en su interior y más nos fuéramos acercando al corazón de este los peligros se harían de notar enseguida, llegada la noche nos paramos para hacer una pequeña hoguera con la que calentarnos en la oscura noche, eso supondría que podrían venir algunos depredadores en nuestra búsqueda pero era nuestra mejor opción. Durante todo el camino había estado callado, de nuevo volvía a su mutismo y sobre todo a esquivarme cada dos por tres poniendo distancia entre ambos como si el estar cerca le abrasara o le quemara. Dejé el petate en el suelo y me senté en un trozo de tronco que había en el suelo frente a la lumbre para calentar mis manos, vi como sacaba algo de pan y de queso y enarqué una ceja cuando lo compartió conmigo extrañándome que lo hiciera, pero si recordaba que estábamos de alguna forma conectados y vinculados entendí por qué lo hizo. No había dejado de mirarle desde que empezó a encender la hoguera aunque él me evitara y no me mirara de forma tan continua, dijo que haríamos guardias y asentí con la cabeza terminando de comer aquello sin apartarme mucho de la lumbre, lanzándole miradas de vez en cuando. Clavé mis ojos en los suyos solo cuando despegó sus labios para pronunciar aquellas palabras que, sinceramente, no me las esperaba. “Randulf es mi abuelo” comentó clavando sus orbes en mis azules mientras yo, sorprendida por aquella revelación que me estaba haciendo, abría ligeramente mis labios sin poder creerme esas palabras. ¿Qué? Me había pillado por sorpresa y todavía me costaba reaccionar a su confesión, cuando fui a hablar sus ojos se tornaron en ámbar y me interrumpió no dejando que pronunciara ninguna palabra.

“Hati es mi padre” concluyó como si el hecho de decir que Randulf fuera su abuelo no era suficiente, sabía quién era su hijo aunque solamente de oídas y ahora, que él me dijera que era hijo de ese maldito desgraciado, y nieto de ese tremendo hijo de puta que había jurado no solo aniquilar y destruir el norte, sino que tenía más que una vendetta personal contra mi familia no ayudaba para nada en absoluto. Sí, me había pillado totalmente desprevenida y no había reaccionado todavía a ese hecho... porque frente a mí tenía, nada más y nada menos, al nieto del mayor hijo de puta de la historia y por el que muchos quisieran cortarle la cabeza y rebanarlo con gran gusto y satisfacción... y yo lo tenía a unos simples pasos, ¡cuánto cambiarían las tornas de entregárselo a mi padre y a mi familia! Podría ser más que una lanza a nuestro favor en aquella guerra, equilibrar la balanza porque por muy despiadado que fuera ese hijo de puta era sangre de su sangre, y ahora entendía un poco más por qué, pese a todo, él quería volver corriendo junto a Randulf. Por Odín y Ra... ¡y nos habíamos acostado! Si mi padre se enterase de eso lo descuartizaba, pero a mí luego me mataba por haber confabulado con el enemigo y no haberlo entregado más tarde. Mierda, eso no me lo esperaba para nada y me había dejado medio en shock... de tal forma que yo que nunca me quedaba sin decir algo ahora no sabía qué decir exactamente, solo podía mirarlo de forma fija tras la revelación. Él comía de aquella manzana tranquilamente mientras me miraba, casi que podía decir con cierta diversión por verme de esa forma mientras seguía hablando. Mis orbes azules lo fulminaban por saber quién era y quién era su abuelo no le quitaban ojo mientras apretaba la mandíbula. Sí, éramos enemigos y sí por su sangre corría la sangre de la persona que más odiaba en el mundo entero... pero no, no era ese lobo feroz que pretendía mostrar por mucho que lo repitiera. Seguía empeñado en que haría aquella misión y se marcharía, podía decirme todo cuanto quisiera sobre mí o sobre mis estúpidos y fantasiosos intentos por hacerle ver que no era ese lobo feroz que se creía, yo había visto que no lo era del todo y estaba convencida de ello.... pero otra cosa muy diferente era mentar a mi familia y menos para decir que la mataría. Así que cuando mencionó a Tarik alegando que si se lo cruzaba en el campo de batalla lo mataría yo cerré mis manos en sendos puños, mientras la rabia me recorría todo el cuerpo. Sin pensarlo siquiera cogí lo primero que tuve a mi alcance, una piedra, y se la lancé aunque él con sus reflejos la esquivó sin problema alguno, pero yo no me quedé ahí y seguí lanzándole cosas sin parar hasta que finalmente me lancé sobre él haciendo que cayera de espaldas conmigo sobre su cuerpo, mi mano se alzó para estamparse en su mejilla y aunque yo también sentí el dolor y el picor no me importó en absoluto.



-Eres el nieto del mayor hijo de puta que pisa este mundo, ahora entiendo muchas cosas –dije porque entendía el hecho de volver allí, de serle fiel... ¿cómo no serlo si por sus venas corría la misma sangre? Pero a diferencia de Randulf, él no era como su abuelo y como su padre por mucho que se empeñara en ello y en hacérmelo ver, había visto una parte de él que no era la de un lobo feroz como creía- jamás permitiré que dañes a nadie de mi familia y mucho menos que lo mates –saqué una de las dagas que tenía y la presioné contra su cuello mientras nos mirábamos de forma fija, con odio y con rabia ahora que las cartas estaban expuestas sobre la mesa y todo quedaba al descubierto- y si para ello tengo que matarte cuando todo esto acabe lo haré, créeme que lo haré –mi pelo caía como una cascada entre ambos desafiándonos con la mirada- no vuelvas a amenazar a mi familia en mi presencia, porque algún día cuando sea demasiado tarde para ti lamentarás tus palabras... y no es una amenaza, es una advertencia –el filo presionaba su cuello y yo misma podía sentir el mismo frío del filo en mi propio cuello como rebote por estar vinculados. No podía soportar que se metieran con mi familia y que los amenazaran mientras yo me quedaba callada sin decir o hacer algo.... luego mientras mi respiración se normalizaba pensé que eso era justo lo que él quería, que me descontrolara, que perdiera los nervios y la templanza y me dejara llevar por ese odio que él me recordaba. “Vamos Nailah no debes perder así la calma, no debes de caer en esa trampa... eres mejor que eso” me recordé mentalmente, porque yo no era así, porque yo jamás le había hecho daño a nadie y sin embargo él parecía saber qué botón tocar y qué hacer para sacarme de mis casillas, para que perdiera el control. Aparté la daga de su cuello y lo miré de forma fija durante unos segundos retomando el control que había perdido- me das lástima –dije sobre su rostro para luego incorporarme ligeramente y quedar sobre su cuerpo pero con mi espalda recta, sabía que eso era lo que más le jodía al lobo así que si él me atacaba yo le devolvería el golpe a mi manera- ahora más que nunca me das pena, forzado a ser algo en contra de tu voluntad solo por contentarle... ¿cuánto no debiste de sufrir por ello? A eso no se le puede llamar "familia" –dije guardando la daga de nuevo en su funda que estaba en mi cinto-tener que soportar esa vida con él a su lado no tuvo que ser fácil, con todo ese odio, indiferencia y desprecio por la vida... no te tocó la mejor parte pero eso no quiere decir que tengas que ser como ellos... Pobre lobo que se cree que es feroz –mi dedo recorrió el contorno de su mandíbula y luego dejé mi mano allí donde le había abofeteado y donde le quedaba algo de marca- solo has conocido eso a lo largo de tu vida pero yo te puedo mostrar la otra parte, esa que desconoces –y que él odiaba sin conocerla de nada- quizás caperucita no lo sea tanto y el lobo feroz no sea tan feroz...


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Mar Mar 06, 2018 12:30 pm

Pude ver el odio reflejado en su mirada, como esas palabras pronunciadas que me emparentaban a lo que mas odiaba habían conseguido hacerla arder de pura rabia.
Ladeé la sonrisa ¿lo entendía ahora? Era sangre de mi sangre, puede que no fuera el lobo feroz, pero tampoco el hombre con oportunidades que ella veía de forma fantasiosa ante sus ojos.
El acero acaricio mi cuello, frio filo que erizo mi piel por completo, el odio se teñía de oscuridad en su mirada y una sonrisa ladeada se pintó en mis labios porque ese era el trato que quería o quizás el que necesitaba para probarme a mi mismo que sus caricias solo eran un engaño, un espejismo.
-Matame, si ese es tu cometido hazlo pues juro ante los dioses que yo no vacilaré si esa oportunidad se me presenta de nuevo.

Por unos momentos el silencio se dueño de nosotros, nos tentamos, nos miramos y el filo se apretó mas hasta que la sangre broto limpia de mi pequeña herida.
Solo transcurridos unos minutos retiro el filo con un “me das pena” que salió de lo mas porfundo de sus netrañas.
-¿pena? Ese es un sentimiento carente de snetido egipcia, pues yo no siento pena por ti si no odio, eres una Cannif y no lo he olvidado ni por un momento, todas tus caricias, tus besos, la forma en la que me miras cae en saco roto, estoy perdido Nailah.

Ladeé la sonrisa de forma engreída.
-Tu problema es que crees en un mundo plagado de afecto, de familia y de amor, pero ¿sabes? Vivimos en tiempos de guerra, los tuyos lucha como ratas tratando de sobrevivir, pero sin embargo mi abuelo siempre os lleva ventaja, lo hace porque el no alberga sentimientos vanos, simplemente hace lo que tiene que hacer aunque se lleve por delante a un hijo a un nieto..solo soy un arma mas en sus manos y no sufro por ello porque eso es todo lo que he conocido ¿puedes extrañar algo que no sabes lo que es?
La pregunta podía respondersela ella misma
¿y si no quiero ver eso que quieres mostrarme? ¿y si me siento cómodo en la piel del lobo feroz que caza a caperucita? ¿por que todos tenemos que desear ser como los Cannif? Yo no albergo bondad en mi corazón, no se lo que es ese sentimiento cálido que proporcionan las caricias, a mi solo me queman..mas que un golpe, mas que un latigazo, las caricias me hacen débil, los golpes solo me convierten en indestructible.
¿Por que no le preguntas a Höor como fue forjado? Quizás vuestro héroe no es tan distinto a mi...quizás por eso vuestro héroe se pone en pie una y otra vez cuando un hombre normal a estas alturas ni siquiera seria capaz de sobrevivir. Höor Cannif es lo que es gracias a Randulf, se retroalimentan mutuamente, son monstruos ambos y lo peor es que Höor eso lo sabe.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Vie Mar 16, 2018 1:00 pm

Sabía perfectamente que estaba disfrutando por la mirada que me echaba, por la forma en la que sus ojos me contemplaban y esa sonrisa ladeada de sus labios se perfilaba mientras la daga que había alcanzado de mi cinto se presionaba sobre su cuello, no le estaba haciendo con una presión como para cortarle y yo misma sentía en mi cuello lo frío que estaba el acero de la daga provocándome un pequeño escalofrío. Rabia, sentía rabia e ira por sus palabras a la par que un odio por darme cuenta de con quién estaba tratando, quien era la persona que me acompañaba y con la que además había mantenido relaciones... si lo hubiera sabido en ese momento no hubiera hecho nada, por su familia sentía un odio desmedido aunque seguramente ellos lo sintieran más por la mía con esa vendetta personal que se gastaban. Randulf era el mayor hijo de puta que conocía sobre la faz de la tierra y muchos, demasiados, eran lo que querían verlo muerto. Kriger podría ser algo así como un “trofeo” si lo llevara ante Akershus y lo presentara como el nieto de ese desgraciado malnacido, si supieran quién era lo matarían sin lugar a dudas pero no sin antes torturarlo hasta la extenuación. Si hubieran sabido quién era cuando estuvo preso lo habría encontrado muerto, la gente tenía buena memoria y el norte no olvidaba lo que había sufrido a manos de ese cabrón despiadado, le tenían muchas ganas y él hubiera sido la presa perfecta, se hubieran desquitado al menos de su rabia y la habrían canalizado mediante el lobo. Y es que sus palabras no podrían haberme avivado más ni sacar ese lado de odio, de rabia y de venganza que llevaba dentro aun cuando yo era una persona más tranquila, aunque seguramente si lo pensaba bien esto era lo que él andaba buscando. Había estado rehuyéndome todo el rato constantemente, rehuyendo mis miradas, mi tacto, mi cercanía... quería creer que era ese lobo feroz que le habían hecho creer y seguramente si se dejaba que lo tocara, que fuera más cercana con él, se daría cuenta enseguida de que no era ese lobo feroz. Pero tras sus palabras entendí muchas cosas, entendí por ejemplo por qué ese afán de volver siempre con su amo, por sus venas corría la misma sangre y siempre se había dicho que “la sangre pesaba más que el agua”. Él necesitaba sacar de mí ese odio, esa furia y esa ira para que me mantuviera lejos y lo había hecho precisamente por eso, sino ¿por qué decirme en ese momento de quién era familia? Ahora era como si encajaran todas y cada una de las piezas del rompecabezas.

El odio se cernía sobre mí en esos momentos tras sus palabras, podía aguantar todo lo que quisiera decirme sobre mí porque no me importa, sabía por qué lo hacía, pero lo que no llevaba tan bien y no aguantaba es que se metiera con mi familia... y eso él lo sabía. Por eso había nombrado a mi hermano, por eso había jurado que de encontrárselo en el campo de batalla lo mataría. Eso hizo que la daga que tenía en su cuello la presionara haciéndole una pequeña herida por la que fluyó sangre, yo misma sentí como la herida se hacía en mi cuello y la sangre caliente bajaba por mi garganta, y es que no podía evitar pensar que el lobo no paraba de desafiarme constantemente. Me prometía que si tenía de nuevo la oportunidad me mataría, y que si mi cometido era el matarlo para que no dañara a mi familia que lo hiciera, porque él no iba a dudar ni iba a fallar de nuevo. Le gruñí ejerciendo presión mientras mi pelo como una cascada caía por ambos lados de mi rostro aislándonos a los dos de todo lo demás, sus ojos contemplaban los míos así como yo lo hacía con los suyos. Nos desafiábamos, nos retábamos y no apartábamos la mirada como si el hacerlo supiera una victoria para el otro. Pero fue, en ese breve tiempo, en el que pensé que no era así como debía de hacerlo y que lo estaba haciendo completamente mal. Eso era lo que él quería, tenerme así para que no siguiera con la idea de hacerle ver que no era un lobo feroz como se pensaba, sabía que mi familia era mi punto débil y me atacaba para desestabilizarme y que saltara. Acabé apartando mi daga de su cuello aunque no me moví de encima de él, le había dicho que me daba pena y es que eso era cierto; me daba pena. Por la familia que le había tocado, por lo que tuvo que pasar siendo pequeño, por todo el odio, la rabia y la frialdad que tuvo que soportar desde pequeño, por su aislamiento.... porque cuando lo veía me parecía un animal herido que se sentía perdido, que se aferraba a la oscuridad y al frío porque era todo cuanto había conocido y le daba miedo que lo que yo pudiera mostrarle le gustara más que lo que había experimentado hasta ese momento. Decía que sentir pena era un sentimiento carente de sentido y que él solo me odiaba, que todo lo que había hecho con él caía en saco roto al igual que mis intentos por hacerle ver que era algo más de lo que aparentaba, que no era eso a lo que le habían obligado ser.



-Sí, pena... y aunque digas lo contrario no es un sentimiento carente de sentido porque no es cierto. Quizás tú puedas odiarme porque te han hecho odiarme, porque todo lo que has conocido en tu vida ha sido frío y oscuridad... te da tanto miedo salirte de eso que te conformas con lo que te han obligado a ser, pero yo no veo eso que tú dices en ti –noto el calor que desprende el lobo, su temperatura elevada chocar contra mi cuerpo sentada sobre él- pero no te confundas, claro que te odio y de muchas maneras... pero no es el sentimiento que cobra más refuerza con respecto a ti. En algo sí que concuerdo contigo; estás perdido, tanto que ni tú mismo sabes quién eres realmente. Perdido y roto, así es como realmente percibo que eres incluso bajo todas esas capas que tienes, incluso bajo esas miradas de hielo y odio que me lanzas constantemente –hice una pausa sin dejar de mirarlo- sé lo que estás buscando, qué reacción quieres provocar conmigo... quieres que te odie para mantener una distancia, que me aleje de ti para que no siga con el pensamiento de que eres algo más que un lobo que se cree que es feroz –mi mano recorrió su mejilla perfilando su mandíbula- tienes miedo de que te muestre algo que pueda gustarte más que lo que has conocido y cambie tu percepción por completo... por eso me has dicho quién eres, por eso intentas que el odio sea lo único que sienta cuando te miro –lo miré de forma fija ante sus palabras y fruncí el ceño por ello porque no estaba de acuerdo, quizás para él fuera todo más fácil y más cómodo pensar de esa manera, que la guerra es lo único que hay y que da sentido a la vida, que morir es lo único que se puede alcanzar o aspirar y que no hay nada más importante... pero se equivoca- sí, estamos en guerra pero eso no quiere decir que todo el mundo se convierta en personas frías y carentes de afecto. La gente ama igualmente, la gente se quiere y las generaciones siguen viniendo y creciendo porque a pesar de que los tiempos que vivimos son los peores marcados por la guerra y la muerte la gente aún tiene algo a lo que aferrarse; a la vida. Esa parte que tú no entiendes, ellos no luchan por complacer a un rey o a un general, ellos luchan por sus familias para protegerlas, luchan porque quieren seguir con sus seres queridos y dejar a los demás un mundo mejor sin la tiranía y opresión de tu abuelo. No entiendo por qué no te importa que te utilice de esa manera, ¿cómo puedes decir que solo eres una herramienta más para ganar sus propósitos? Por Odín y Ra, ¡eres su nieto! Eres sangre de su sangre y tú no eres un hacha que blandir o un escudo que parar los golpes, eres una persona igual que lo soy yo –me mordí el labio cuando me preguntó si se podía extrañar aquello que no se conocía, y la respuesta claramente era un no. La diferencia es que él no quería conocerlo y se cerraba en banda. Tampoco le estaba diciendo que fuera como nosotros, no éramos los únicos con esos ideales y por eso se nos unía tanta gente a nuestra causa, porque no éramos los únicos que lo pensaban. Negué con la cabeza por sus siguientes palabras, una en las que me hacía preguntas, me decía que no sabía lo que eran las caricias, que le dolían y le quemaban más que cualquier golpiza o cualquier latigazo... sin embargo cuando dormimos juntos me abrazó, me tenía pegada a su pecho envolviéndome con sus brazos. Tan perdido estaba que no sabía ni lo que él mismo quería- yo no te digo que seas un Cannif, hay gente que lucha por nuestra causa porque piensa igual que nosotros y no son de nuestra familia, no portan nuestro apellido. Si eso que dices es cierto, si Höor es ese monstruo que dices que es la diferencia con Randulf es que uno es luz mientras el otro es oscuridad, uno es salvación y el otro es condenación. Höor ama y tiene su familia, él protege a los suyos y los cuida para que nada les pases... incluso cuando dices que es un monstruo. Puede que sea cierto, puede que él también lo sepa.... pero su camino es distinto al de Randulf, porque él lucha por lo que cree que es justo mientras que el otro arrasa y doblega a su voluntad. Uno no nace siendo un monstruo, decide serlo por voluntad propia –mi dedo lo llevé a donde tenía la sangre de la herida que ya estaba cerrando- no eres indestructible; sangras como todos, no eres un dios para librarte tampoco de la muerte, ¿cómo puedes decir que una caricia te hace más daño que una golpiza? Yo creo que no quieres que te enseñe y te muestre por miedo a que te guste más y te haga darte cuenta de cómo eres realmente –mis manos se deslizaron bajo su ropa subiendo por su torso- dices que eres un lobo feroz, entonces, ¿por qué me ayudaste en la prisión en vez de escapar y huir si tanto me odias? ¿Por qué no me apartaste cuando me tumbé en el sofá? Me rodeaste con tus brazos, me pegaste a tu cuerpo... –dije subiéndole su camisola todo lo que pude, las yemas de mis dedos de una de mis manos se pasearon por su pecho- ¿cómo puedes decir que esto te hace daño? –Como ya intuía no tardó demasiado en coger mi muñeca y apartar mi mano de su cuerpo, la otra que estaba libre fue a su rostro- es imposible que esto te haga daño, es imposible que esto no te haga sentir bien –mi pulgar acarició su mejilla- sentir no es malo Kriger, te hace ser más fuerte de lo que tú crees –también apartó mi otra mano entre gruñidos, él me atacaba con palabras y yo le respondía con caricias. Me incliné para quedar más cerca de su rostro, mis labios rozaron los suyos dejando que mi cálido aliento diera contra estos- dime que no lo deseas, que no sientes curiosidad por dejarte llevar y permitir que te muestre lo que son las caricias –mi nariz rozó la suya mientras mi cuerpo se movía ligeramente contra el suyo creando de esa forma roce entre ambos, aunque fuera leve- dime que no me deseas –pero sabía que sí lo hacía, porque podía sentirlo con esa vinculación que teníamos.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Dom Mar 25, 2018 5:36 am

La egipcia creía en un mundo ideal, el de las piruletas y los caramelos, todo de color de rosa donde la muerte no existía y el amor nos consumía, por contra, yo conocía la verdad, Randulf y padre me la hicieron ver a partir de una corta edad, mas, no fueron ellos los primeros en mostrarme como era la maldad, mi propia madre me lanzó al establo donde guardaban las monturas, si sobreviví fue porque una perra me amamanto y allí crecí apenas conociendo el idioma de los humanos, mas bestia que niño hasta que Hati dio conmigo y reconociendo mi olor me llevó consigo.
Siempre había sido un arma, ella aseguraba no ser espada o escudo, mas se equivocaba, yo era una prolongación de ambas, el guerrero que ellos usaban para portarlas y también la victoria consigo.
-Ambos vivimos en el norte, mas somos distintos, tu pareces necesitar eso que llamas “ sentimientos” estos te devoran, te nublan el juicio y no te dejan ver mas allá, por contra, yo veo todo con claridad.
Tu preguntas porque salvé tu vida en las mazmorras, es sencillo, porque antes tu salvaste la mía.
Lo ultimo que quiero es deber algo a un “Cannif” olvídate, no es amor, ni albergo sentimientos puros, no hay bondad en mi y si eso ves ,es que estas ciega mujer.

Sus dedos se pasearon por debajo de mi camisa, mis músculos se contrariaran a su paso de forma lenta, ojos ámbar, brillantes con cada roce. Ella no lo entendía pero no estaba acostumbrado a que nadie me acariciara, una cosa era meterla, foliar sin mas otra distinta eran estos juegos preliminares, de miradas, de alientos enfrentado y de caricias que como la misma plata abrasaban.
Aparté su mano cuando me preguntó como podía eso hacerme daño ¿no era evidente? Porque a los golpes estaba acostumbrado, sabía como reaccionar, pero esto me sacaba de mi zona de confort y me arrastraba a un abismo complicado donde no veía mas solución que huir para no entrar en colisión conmigo mismo.

La egipcia era terca, no se rindió y aun con su izquierda atrapada, llevo su diestra a mi rostro deslizándola por mi pómulo, aseguraba que esto me haría fuerte, se equivocaba.
-No siento nada -mentí. Lo hacía era complicado de explicar pues una parte de mi sentía calidez en ese acto, otra lo repudiaba, no quería algo a lo que no estaba acostumbrado y yo mismo alzaba los muros incapaz de soportarlo era como si mi mente colisionara, temía mas a ese contacto que a los golpes de fusta y látigo.
-¡Para! Ordené sacando su mano de un manotazo de mi piel.

Su sonrisa se ladeo, bailaba sobre mi verga encendida, aseveraba que la deseaba y la escasa distancia de nuestros alientos no hacia mas que confirmar sus palabras, mordí su inferior con un gruñido, nuestras bocas jugaron al escondite en un duelo de egos en el que nos mantuvimos firmes.
-El deseo es un sentimiento animal, podría explicarte como tus feromonas invaden mis fosas nasales, las capto, eso me lleva a querer montarte, no hay amor, ni sentimientos, solo ferocidad salvaje.

Mis manos se apoyaron en sus caderas moviendola sobre mi abultado pantalón, gruñí atajando la distancia y mi lengua penetró ávida de ella en su boca, titanes que se encontraban de nuevo, choque de aceros entre lamidas se prendían fuego.
Los jadeos silenciaron al bosque, la fricción de nuestros cuerpos bastaba para delatar que ambos nos necesitábamos de un modo u otro aquella fría noche de invierno.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Vie Mar 30, 2018 9:22 am

La estrategia de Kriger en ese momento estaba más que clara, porque sabía exactamente qué era lo que el cambiante estaba haciendo y lo que pretendía con ello, con sus palabras, con la forma de mirarme, con el tono que empleaba conmigo... sabía que lo que proponía pero no iba a dejar que eso me afectara, que eso cambiara mi forma de ver las cosas y mucho menos que cambiar mis pensamientos hacia el cambiante, porque pese a lo mucho que él me dijera, a lo mucho que me insistiera en que simplemente era ese lobo feroz en el que no había nada más que eso en él... no me lo creía, no porque sabía que no era del todo cierto, yo misma había visto algo en él que no era lo típico de un lobo feroz, pero le habían hecho creer tan fervientemente a base de golpes y de látigos que así era que se lo había terminado creyendo, pero no, no era ese lobo feroz por mucho que insistiera. Simplemente era ese hombre al que habían forjado a base de golpizas, de palizas, de látigo... porque era todo cuanto conocía, un mundo frío, desolador y cruel donde no obtuvo el cariño que un niño  necesitaba, que solo conocía malas maneras y la oscuridad más absoluta, la maldad en estado puro. No conocía lo que era sentir una caricia llena de afecto y mucho menos de amor, todo lo que él había obtenido a lo largo de su vida había sido odio, rencor, rabia, ira, furia... y dolor, mucho dolor, de tal forma que eso lo había mezclado todo y había erigido unas murallas de hielo en las que no quería que nadie las traspasara, que todos se quedaran al otro lado de esa muralla helada para que no pudieran llegar hasta él, pero yo seguía viendo a ese hombre perdido y herido que no sabía exactamente quién o qué era. Aunque no podía culparlo por intentar hacerme pensar lo contrario, era todo cuanto había conocido y ahora llegaba yo e intentaba sacarlo de su zona de confort tratándolo bien, simplemente con el hecho de deslizar mi mano por su pecho ya sacaba al cambiante de su zona de confort y se ponía a la defensiva, según él, porque en su vida no había conocido nada más aparte de eso y le quemaba, como si le dieran latigazos... incoherencias según lo miraba yo porque, ¿cómo una caricia, como algo cálido y bueno podía hacerle sentir de esa forma y hacerle daño? Estaba tan roto, y tan perdido, que ni él mismo se daba cuenta... no quería verlo y por eso mismo no quería dejar que yo llegara hasta él, porque de hacerlo quizás descubriría un mundo que aunque no había conocido puede que le gustara más que la oscuridad y la frialdad que ya conocía.

Tal y como había previsto había apartado mi mano de su pecho alegando que no sentía nada aunque yo, realmente, pensaba que sí sentía algo y que me estaba mintiendo... quizás porque no sabía lidiar con aquello cálido que era el sentir una caricia, un roce. Yo al contrario sí sentía cómo sus músculos se contraían con el paso de la yema de mis dedos, sus ojos en un tono ámbar observándome de manera fija y bastante duró mi mano en su pecho porque pensé que la apartaría antes, aunque yo no me di por vencida y mi mano derecha aún libre fue a su rostro para recorrerlo, para acariciar su mejilla en una lenta pasada sintiendo su piel caliente bajo mis dedos. Él pensaba que tener sentimientos era ser débil porque te nublaban el juicio, y quizás a veces pudieran nublarlo, pero sin embargo yo pensaba que los sentimientos te hacían más fuerte porque te impulsaban a luchar por algo o por alguien, te daban el valor y la fuerza de donde no las tenías para salir adelante y luchar, luchar como nunca antes hubieras imaginado que podrías hacer... y eso era exactamente lo que él no entendía, que todo lo veía con ese halo de negatividad que lo rodeada mientras que yo, que era todo lo contrario, intentaba que viera lo positivo de ello. Y es que no perdía mi determinación con él porque vi algo que sigue haciendo que no me canse, porque en el fondo yo sabía –como quizás lo pudiera saber él- que no era tan malo y que simplemente se dejaba guiar y llevar por lo que conocía para no descontentar a Randulf y a su padre.... tremendos hijos de puta, hacerle eso a alguien que era de su propia sangre... no tenía palabras siquiera para eso. Al final de un manotazo acabó apartando mi mano de su rostro aunque yo seguía sentada sobre su cuerpo, pero había notado que de haber querido apartarme del todo le habría bastado con un sencillo movimiento, aprovechando su velocidad y su fuerza, para quedar arriba de mi cuerpo y alejarse... sin embargo no lo hacía, quizás, porque ya comenzaba esa lucha interna consigo mismo viendo que lo que yo le ofrecía no era tan malo. Se dejaba hacer por mi cuerpo, dejaba que moviera mi cadera sobre su miembro provocándolo porque yo sentía, quizás igual que lo sentía él, que el deseo fluía entre ambos y eso era algo en lo que no podía mentirme porque con esa vinculación la sentía tan mía como él la sentía suya. Ladeé ligeramente mi rostro con mi pelo cayendo en cascada alrededor de su rostro cuando me dijo que yo necesitaba de emociones, y era algo que no iba a negarle puesto que era totalmente cierto, era cariñosa y desde pequeña me había creado en un ambiente lleno de afecto, de los tres hijos yo era la más cariñosa sin duda alguna y sí, para mí no era ningún problema admitirlo y reconocerlo.



-Sí, vivimos en el norte y no te voy a negar que yo necesito de esos sentimientos porque soy una persona emocional y cariñosa, desde bien pequeña he crecido en un entorno plagado de amor y de afecto y así es como soy... pero eso no significa que sea más débil que tú, creo que he demostrado que no lo soy. Más bien el equivocado eres tú, porque tener sentimientos no es algo negativo ni es malo, no te hace más débil sino que te hace sacar fuerzas de donde no crees que existan para luchar por algo o por alguien... yo veo las cosas con mucha más claridad que tú, por eso mismo yo soy capaz de ver a través de todas las capas que tienes, de esa muralla que has erigido entorno a ti para que nadie pueda cruzarla –lo miré de forma fija con sus ojos brillando con ese toque de ámbar- te veo más incluso de lo que nadie te ha visto, quizás porque he sabido encontrar el único hueco pequeño que tienes... y sí, planeo hacerte ver que estás totalmente equivocado, Kriger –nuestros rostros estaban cerca, su aliento caliente impactaba contra el mío, su respiración daba contra mis labios mientras yo no dejaba de moverme y él de mirarme de esa forma tan fija que parecía podía atravesarme, apresó mi labio inferior entre sus dientes mordiéndolo con un gruñido y si aquello no era deseo, que bajaran Odín y Ra y lo vieran por ellos mismos. Tras aquel mordisco no terminábamos de acercarnos del todo, jugábamos a acercarnos y alejarnos tentándonos en todo momento sin llegar a rozar nuestros labios. Sonreí de lado tras sus últimas palabras en las que me decía que sentía mis feromonas invadiendo sus fosas nasales y que eso lo llevaba a querer tomarme... como si eso lo eludiera del deseo- no, te equivocas –dije rozando mis labios con los suyos pero sin llegar a tomarlos del todo- es animal si no puedes decidir hacer caso al deseo o no... pero no somos animales Kriger, ahora mismo podría uno de los dos decidir apartarse y seguiría siendo deseo porque nosotros tenemos la capacidad de tomar decisiones. Sientes, aunque sea deseo es igualmente un sentimiento que ahora mismo nos invade a los dos –mordí mi labio inferior en el mismo sitio donde él me había mordido- así que, ¿mi olor invade tus sentidos por completo, Kriger? ¿Te abrumo hasta tal punto de que necesitas tomarme? –La vinculación era un arma de doble filo porque nos afectaba a los dos por igual, ese deseo que sentíamos y nos consumía por dentro, las ganas que él tenía yo también las sentía- está bien, entonces tomaré tu ferocidad salvaje Kriger –se inclinó y con un gruñido su boca tomó la mía de forma ruda, sus manos fueron a mis caderas y su boca ávida de mucho más penetró entre mis labios para recorrer mi boca, hasta que encontró mi lengua y juntas tomaron una batalla muy distinta, más salvaje y pasional. Sus manos en mis caderas las movían sobre su miembro creando una fricción entre ambos cuerpos más profunda, el deseo crecía con cada roce de forma que nos hacía olvidarnos de todo lo demás y centrarnos solo en nosotros. Mis manos fueron a su camiseta y la subí hasta quitársela, separando solo nuestros labios en ese momento para tomar aire, dejándola a un lado pasando a recorrer su pecho con la palma de mis manos. Las suyas no es que se hicieran de esperar demasiado y subió mi camisola sacándola por mi cabeza lanzándola lejos, sentado ahora mis dedos aferraron su pelo y la otra mano bajó recorriendo su brazo sin dejar de movernos ni de besarnos, encendidos como brasas en aquella fría noche que empezó a ser menos fría con cada roce, cada caricia, cada movimiento que hacíamos. Mi boca fue a su cuello donde dejé un mordisco y deslicé mis labios por este hasta llegar al lóbulo de su oreja- no eres tan malo, lo sé porque dices que no quieres deberme nada pero sin embargo, cuando nos tumbamos en el sofá volviste junto a mí cuando encendiste la lumbre... en vez de tirarme –mis dedos enredados en su pelo tiraron su cabeza hacia atrás para dejar su cuello tenso, mientras nos movíamos encendidos como brasas- dormiste conmigo, nuestros cuerpos enredados, tus brazos envolviéndome –mordí el lóbulo de su oreja deslizando mi mano por su pecho, sintiendo en las yemas de mis dedos las heridas que tenía en su piel, las marcas que seguramente le habían hecho cuando era pequeño, mis labios fueron desde su oreja perfilando su mandíbula hasta llegar de nuevo a sus labios que mordí dejando que nuestras respiraciones se encontraran- si todo lo que puedes ofrecerme por el momento es esa ferocidad salvaje de la que hablas, entonces la quiero –mis labios buscaron los suyos y mis manos las deslicé por su pecho bajando hasta dar con su pantalón, comencé a desabrocharle el pantalón hasta que dejé su miembro libre, mi mano fue hacia su miembro y mis dedos rodearon su tronco notándolo caliente y duro, los deslicé por todo su tronco en una lenta pasada que me hizo gemir como consecuencia de lo que yo misma sentía a través de esa vinculación, moví mi cadera encendida por aquel toque necesitando de mucho más que eso, jadeé sobre sus labios mirando sus ojos ámbar fijos en los míos en una muda súplica, mi sexo húmedo vibraba con cada movimiento de mi mano que hacía en su miembro otorgándonos placer a ambos, pero yo quería más.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Jue Abr 05, 2018 10:57 am

La joven Cannif no dejaba de danzar sobre mi abultada envergadura, hablaba del deseo que sentía, de la pasión desmedida y yo, sentenciado a muerte pro su baile de caderas rugí consciente de que sus palabras eran afiladas dagas que con violencia en mi eran clavadas.

Mis ámbar desafiaron todas y cada una de ellas, contradecirla era mi voluntad pero mi mente quedaba completamente obnubilada por como sus labios surcaban mis belfos como si fueran mares y ella el oleaje.
Mi lengua se perdió entre ellos embebiendome de ella, hasta que no quedó cordura en ninguno de los actos de aquel duelo encarnizado de sierpes que dentro y fuera de nuestras bocas se encontraban entre roncos jadeos.
-Es instinto -advertí -no hay amor, solo es pasión, tu cuerpo me obliga a desear perderme entre tus piernas, podría elegir, peor iría contra natura.

Era mi modo de decirle que era prisionero del animal que dentro de mi habitaba, mas cerca de este que del humano que ella veía.
Su deseo crecía con cada una de mis palabras asegurando que le bastaba con que la tomara, que si no podía ofrecerle mas aceptaba mi ferocidad y yo gruñí contra sus labios porque esas palabras me gustaban, los mordí con codicia, mostrandole la bestia que ante sus ojos tenia mientras mis manos trepaban violentas por su piel de caramelo concentrase en sus dos enormes pechos.

Alcé su camisola entre gruñidos, mordiendo su cuello, sucionandolo hasta marcarlo, preso de la necesidad de metersela, de someterla como mía.
Sus pechos alzados, turgentes se adentraron en mi caverna, succioné sus astas mordiéndolas con los dientes, golpeando con mi lengua.
-Todas las Cannif estáis así de buenas -pregunté lamiendo la saliva que había dejado en su pezón mientras nuestras miradas oscurecidas se encontraban presas de nuestra pasión.

Azoté sus nalgas hasta enrojecerlas mientras su cintura se arqueaba completamente presa de la necesidad que yo sentía, anclados en sentimientos, podían notar lo sumamente turbada que estaba y aun así se atrevió a decirme que era bueno, que dormí con ella, una y otra vez me repetía que era débil, que de no serlo no hubiera vuelto para abrazarla.
-Cállate -rugí preso de la ira.
Pero la egipcia parecía encontrar presa en mi cuando sus palabras dolían y lejos de saltar la carnaza siguió hurgando en la herida hasta que de un manotazo la aparté bajándola de encima mio.
Mi verga mojaba la tela de mi pantalón, estaba sumamente cachondo pero no iba a consentir que me dejara a la altura del betún.
-No te equivoques conmigo egipcia -rugí dándole vueltas como el depredador que era completamente furibundo -te he pedido que te calles -rugí sintiendo su deseo y el mio mezclado con una rabia incontrolable.






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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Miér Abr 11, 2018 10:39 am

Los dos nos habíamos sentenciado en el mismo instante en que comenzamos a movernos el uno contra el otro, él al no apartarme de un principio dejando que me quedara sentada sobre su cuerpo fue como si me diera el permiso que su boca no me concedía, era más que consciente de que podría apartarme de su cuerpo sin mucho esfuerzo cuando él quisiera porque no necesitaba más que un empujón para apartarme con esa fuerza que poseía el lobo, sin embargo pese a todo había dejado que quedara sobre su cuerpo y aunque sí apartó mis manos de su cuerpo no hizo amago por imponer distancia entre ambos dejando que lo siguiera tocando, que mi cuerpo quedara sobre el suyo mientras nos rozábamos y nos calentábamos. Porque esa vinculación era un arma de doble filo que nos afectaba a ambos por igual, lo que sentía uno el otro también lo sentía y de esa forma era bastante fácil saber o adivinar cómo se encontraba la otra persona, podía sentir el deseo que el lobo tenía y sentía en esos momentos al igual que él podría notar que también lo deseaba aunque yo no hacía por esconderlo. Sabía que me deseaba y es que lo había incitado y provocado también para que eso pasara, para que no pudiera negármelo porque lo sentía tanto e igual como él lo sentía de vuelta. Mi cuerpo no dejaba de rozarse contra el suyo y el hecho de que gruñera contra mis labios y mordiera con ese toque salvaje mi labio inferior fue el indicio que necesitaba para saber que había caído de nuevo presa de mi cuerpo, o quizás es que ambos habíamos caído por igual frente al otro. Sus manos en mis caderas me movían incrementando el ritmo como si quisiera que la fricción fuese más intensa mientras evitaba mis palabras, las rebatía constantemente para no darme la razón obcecado en que no era una buena persona y que no obtendría nada más de él que esa ferocidad salvaje que desprendía, nada más afectuoso que aquel instinto animal que él decía poseer y por el cual se dejaba llevar porque podía oler mis feromonas como si fueran un canto de sirena que atraían a los marineros a su propia muerte. Sin embargo yo no lo veía de esa forma, él decía que era un animal pero podía perfectamente no dejarse llevar por el deseo y combatirlo, no todo se reducía a lo que él decía y quería hacerle ver que no me lo creía o al menos no me creía todo lo que decía.

Había encontrado una pequeña abertura en el lobo que pensaba aprovechar en mi favor, porque seguía más que convencida con la idea de que no era tan malo como él creía que era, porque aunque lo hubieran hecho así no era realmente ese lobo feroz despiadado que se creía y me lo había demostrado en un par de ocasiones, todas cuando se las expuse me las rebatió como si le fuera la vida en ello pero había una cosa de todas ellas en la que no podía rebatirme; cuando durmió conmigo. Podría haberme lanzado del sofá cuando encendió la lumbre pero no lo hizo, volvió al sofá donde yo me encontraba tumbada y me envolvió entre sus brazos... eso no lo haría el ser despiadado que él afirmaba que era, había visto bondad en esa acción y después cuando desperté antes que él me tenía rodeada con sus brazos, pegándome a su cuerpo. Para mí y desde mi punto de vista el lobo estaba perdido y roto, tanto, que ni él mismo sabía quién era realmente perdido en la idea de que era el lobo feroz que iba a devorar a caperucita... y como siguiera así, moviéndome contra su sexo, no iba a ser el único que devorara a alguien. Mi cuerpo caliente recorría el pecho y el costado del lobo mientras le hablaba sobre la pasión y el deseo sin dejar de moverme sobre él, me gruñía por lo que decía pero parecía más perdido y centrado en el placer que le otorgaba con mis caderas que en rebatirme como realmente quisiera hacer, de hecho, es que no me extrañaría que se tomara mis palabras como un ataque directo después de todo. Sus ojos brillaron con un intenso ámbar clavándose en mis mares como si me advirtiera de que no siguiera por ese camino, pero yo era una Cannif obstinada que no se rendía ni se achantaba por nada así que no paré y seguí, porque no iba a frenarme su mirada ámbar puesta en la mía. Me acalló buscando con sus labios los míos de una forma salvaje justo cuando mis labios rozaban los suyos, los había atrapado y los había mordido arrasando con todo a su paso, volviéndome loca con aquel beso que me encendía, que nos encendía más de lo que estábamos. Mordí su labio inferior cuando me dijo que era instinto, cuando me dijo que no había amor sino que tan solo era pasión lo que sentía y que era mi cuerpo el que lo obligaba en cierto sentido a poseerme. Yo ya había asegurado que si solo podía darme esa ferocidad salvaje entonces la tomaría, sin temor y sin dudas. Gruñó contra mis labios mordiéndolos de esa forma salvaje que tenía sintiendo sus manos subir por mi piel hasta que las dejó en mis pechos, acariciándolos mientras no dejaba de moverme, mirándonos como si nos desafiáramos en cada momento pero perdidos en ese placer que nos provocábamos.



-Kriger –jadeé de forma ronca su nombre cuando me subía la camiseta que llevaba y sus labios fueron a mi cuello, mordiéndolo y succionándolo sintiendo como si me estuviera dejando una marca que lo hiciera ser mi “dueño”, algo que muchos cambiantes y licántropos hacían porque estaba en su instinto. Mis dedos en su nuca aferraron su pelo en lo que él seguía marcando la piel de mi cuello con mordiscos para succionar más tarde. Una vez dejó mis pechos libres su boca se encargó de darle las atenciones que merecían; los mordió, los lamió, los succionó arrancándome jadeos arqueando mi cuerpo para darle un mejor acceso sintiendo sus dientes apresar mi pezón para luego recorrerlo con su lengua volviéndome loca, moviendo mis caderas más sobre las suyas. Mis ojos azules bajaron hasta sus ámbar cuando hizo aquella pregunta, ¿así que me encontraba atractiva? Vaya, eso antes no me lo hubiera dicho ni por asomo- es el resultado de combinar a un Cannif y a una Zahir; que soy irresistible –sí, fui vanidosa en mis palabras pero tampoco le estaba diciendo ninguna mentira en esos momentos. Mis labios bajaron a los suyos para morderlos en lo que él azotaba mis nalgas con cada movimiento de cadera que hacía prendidos en llamas. Mi mano descendió por su pecho hasta colarse por su pantalón donde liberé su miembro, mis dedos se cernieron en su tronco y comencé a moverlos en caricias lentas que nos hicieron jadear y gemir a ambos por igual perdidos en aquel placer, intenso y salvaje. Fueron mis palabras sobre aquel momento en el sofá las que hicieron que me gruñera que me callara, pero yo que era obstinada no lo hice y seguí con ello hasta que no aguantó más y me apartó de un manotazo haciendo que cayera sentada a su lado en lo que él se levantaba alejándose de mí, poniendo distancia como si lo necesitara. Con la respiración agitada y el ceño fruncido me levanté sin apartar mi mirada de la suya en todo momento enfadada por lo que había hecho, por apartarme de esa forma y “ordenarme” que me callara. No me conocía en absoluto si pensaba, por un solo segundo, que me quedaría callada mientras él me miraba de esa forma y los dos estábamos respirando con dificultad y totalmente encendidos, calientes y necesitando por ese contacto porque la distancia quemaba, enseguida sentí el frío recorrer mi cuerpo al no estar pegada a la piel del cambiante. Me decía que no me equivocara mientras, como el depredador que era que observaba a su presa, me iba dando vueltas sin dejar de observarme... claro que si pensaba que esa acción iba a achantarme o incluso a imponerme o que le tuviera miedo estaba muy pero que muy equivocado. Fui a abrir la boca para hablarle y rebatirle, como él hacía también conmigo, cuando ni siquiera me dejó tiempo a decir nada porque volvió a rugirme como el lobo que era que me callara, cosa que me cabreó bastante- y una mierda voy a quedarme callada porque tú me lo digas –sí, era una Cannif y una Zahir... tenía una mezcla de cada uno y eso hacía de mi personalidad y de mi carácter alguien que no se echaba hacia atrás y que mucho menos se callaba porque me lo dijeran- aunque ya sé por qué quieres que lo haga... porque no quieres escuchar la verdad de mis labios, ¿qué pasa Kriger, te estás dando cuenta de que la verdad es algo que duele? –Sí, seguía haciendo mella en esa herida con mi gen suicida que teníamos todos los Cannif y que posiblemente hiciera que con mis palabras enervara mucho más al lobo, pero si de algo me caracterizaba es que yo no daba un paso atrás; yo daba dos pasos al frente- seguro que he encontrado un punto que no puedas rebatirme, no quieres que siga hurgando en ese punto flaco ¿verdad que no? –Sonreí de lado llevando mi mano hacia el pelo para apartar los mechones que caían por mi rostro haciendo que pudiera clavar mis mares en sus ámbar- creí que eras un lobo y que no le tenías miedo a nada, ¿le vas a temer ahora a lo que yo pueda decirte? –Sí, quizá no debería de hacer más mella pero es que en cierto sentido no podía evitarlo porque había encontrado un hueco, una pequeña abertura que pensaba aprovechar no para hacerle daño, sino para llegar y colarme a través de las capas que tenía y de las murallas de hielo que había erigido a su alrededor. Me mordí el labio con la respiración agitada y lo contemplé dándole una pasada observando su miembro duro que se clavaba en su pantalón denotando lo excitado que estaba, igual que lo estaba yo, igual de mojado que lo estaba yo también- ¿huyes de mí y me apartas? –Pregunté aunque a la vista quedaba que sí, es lo que estaba haciendo- jamás pensé que fueras de esa forma, ¿y te atrevías a llamarme a mí cobarde en el baño? Porque ahora mismo es lo mismo que estás haciendo tú –fui acortando la distancia hasta quedar frente a él que me fulminaba con sus ámbar, que me gruñía advirtiéndome pero yo no le hacía el menor caso- no creí que fueras un cobarde –mis labios pronunciaron esa última palabra sobre los suyos dejando que mi aliento los golpeara, sintiendo su respiración calcinar los míos. Seguíamos igual con ese deseo fluyendo entre ambos, mis dedos ansiaban poder recorrer su piel y perderme en esta como estaba deseando hacer en esos momentos, no porque él hiciera juego sucio como había hecho en el baño; sino porque de verdad lo quería por decisión propia- me deseas, no puedes evitarlo y deseas que mis dedos recorran tu cuerpo, que mis labios marquen tu piel y que nuestros cuerpos se fundan –mi mano subió hasta su nuca a pesar del gruñido de advertencia que me lanzó pero yo, como siempre, jugaba con fuego hasta que enredé mis dedos en el pelo de su nuca- ¿de verdad vas a quedar como ese cobarde ante mis ojos? –Mi otra mano descendió por su pecho con nuestros cuerpos rozándose igual que se rozaban nuestros labios, sin apartar la mirada del otro en ningún momento como si fuera un duelo de miradas- pues entonces demuéstrame que no lo eres –sí, estaba repitiendo en cierto sentido las palabras que él mismo me dijo en el baño cuando me tachó de cobarde. Mis dedos bajaron hasta llegar a su pantalón colándolos para volver a tomar su miembro y recorrerlo, jadeé sobre sus labios ante la corriente placentera que sentí- me importa una mierda lo que puedas o no puedas darme... solo tócame –pedí en un susurro deslizando mis dedos por su miembro incitándolo a que lo hiciera, a que me tocara- quiero tu ferocidad salvaje Kriger –pedí sobre sus labios en un ronco jadeo antes de tomarlos para no dejarle lugar a réplica alguna, mi cuerpo pegado al suyo, mi mano deslizándose por su tronco, separé un poco mis piernas para darle acceso a que su mano pudiera colarse y llegara hasta mi sexo que recorrió con sus dedos notando lo mojada que estaba y que me hizo gemir contra sus labios, necesitada de más.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Vie Abr 13, 2018 6:45 am

Cobarde, esa era la palabra que repetía una y otra vez frente a mis labios, con la distancia nuevamente acortada entre nosotros, por mas que mis ojos amarillo radiactivo la avisaban del peligro ella no reaccionaba, no se achicaba, por contrarió mas se acercaba.
El hálito de los dos golpeaba los labios húmedos de saliva, hacía apenas un instante nos habíamos enredado en un beso profundo de lenguas ávidas que se embebieron por completo del otro.
Su mano sobrevoló el espacio acariciando el pelo de mi nuca, lancé un par de mordiscos al aire, marcando con rabia mi sino, ese que me unía al enemigo, gruñí mostrandole los dientes mientras la palabra cobarde se esfumaba de su boca y un tómame bastaba para que de nuevo nuestras bocas colisionaran salvajes como ningunas otras.

Su mano se colo por la cinturilla de mi pantalón, ambos gemimos cuando atrapó el tronco envolviéndolo con su mano, sacudiéndolo lentamente llevándonos a los dos a gemir contra los labios del otro.
Sus piernas se abrieron invitándome a tocarla, por su muslo resbalaba la esencia de la lascivia, ladeé la sonrisa deslizando por allí mis dedos.
-Estas chopada -dije mordiendo sus labios hasta engrasarlos mientras mis dedos recorrían con dureza su trinchera -hueles a hembra -aseguré perdido en el deseo, enredando mi lengua en la suya, atravesando sus labios para contar con mi sinhueso sus dientes.

Introduje dos de mis dedos, dentro y fuera, cada vez mas rápido, entre roncos gruñidos que nso llevaban los dos a una locura extrema, saco mi palpitante verga del pantalón, erguida la apuntaba con dos gotas resbalando por la punta, haciendo brillar el capullo.
La giré de golpe, ansioso de adentrarme en su abismo y conquistarlo entre gemidos.

Me miró por encima del hombro sus mares estaban bravos, el oleaje era violento y sus iris turbios y oscuros me pidieron ferocidad.
Llevé mis dedos mojados por su caño a sus labios, manchandolos de su esencia.
-Abre la boca -pedí hasta que sus labios se despegaron y su lengua rodeo mis dos falanges mojandolas de saliva.

-Quiero follarte por todas partes -gruñí metiendo mi verga en su vagina de forma salvaje, embistiéndola, llevándola a sujetarse del trono de un árbol para no caer al suelo ante mi violencia.
Su lasciva sonrisa me indicaba que se sentía triunfadora de este encuentro y quizás así era porque la deseaba y no podía parar aunque quería, lo que me llevó a follar con ira, a meterla hasta el fondo manteniendo mi envergadura dentro para que la notara dura, mas la Cannif lejos de rendirse empujó hacia atrás sus nalgas exigiendo mas, mas de todo lo que le pudiera dar. Mis dedos mojados recorrieron su culo deteniéndose en el ano y sin pedir permiso introduje uno de ellos para dilatarlo.
Grito de dolor, de placer arqueando su cuerpo mientras me la follaba por los dos lados con tanta brutalidad que apenas podía mantenerse en pie.
-Te lo dije, soy el lobo feroz -me revindiqué.



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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Jue Abr 19, 2018 11:44 am

Puede que él no lo supiera pero cada vez más iba teniendo claro  cómo era el lobo y los puntos “débiles” que tenía, dónde debía de presionar para que finalmente en algunos aspectos cediera, la forma en la que me gruñía en una advertencia de que no siguiera por el camino que había tomado me hacía ver que era, realmente, por donde debía de seguir presionando para llegar al punto en cuestión que quería con el lobo. No era fácil y ni iba a seguir siéndolo porque él se cerraba demasiado en banda, como si pusiera barreras y muros erigidos durante años para que nadie pudiera atravesarlos, para que nadie pudiera llegar hasta él... su problema es que se había topado conmigo y yo, entre tanta protección que él se había puesto, había encontrado un pequeño hueco y una pequeña grieta por la que intentar colarme para llegar hasta él. Sabía que no dejaría que intentara acercarme más de la cuenta, que no dejaría que traspasara todo por lo que todos sus años había construido para que nadie fuera capaz de verlo realmente, de ver cómo era el lobo dejando una fachada con una máscara de indiferencia y de frialdad con la que trataba a todo el mundo. Quizás a él le sirviera las mentiras que se decía a sí mismo sobre que era un lobo feroz, sobre que Randulf lo había criado y forjado a base de latigazos y de palizas, que el nulo afecto que había recibido a lo largo de su vida era lo que lo hacía fuerte y le hacía ver las cosas con claridad como me había dicho en alguna que otra ocasión... pero yo veía cómo era el lobo realmente, sin filtros que pudieran maquillar sus capas. Sí, no tenía duda de que era un lobo porque era su condición de cambiante sin embargo no era del todo tan feroz como él se creía o le habían hecho creer, desde mi punto de vista y con todo lo que había visto en esos días que habíamos pasado juntos, para mí Kriger era un hombre herido y roto que no sabía exactamente qué o quién era. Decía eludir cualquier tipo de contacto que pudieran darle y no me extrañaría en absoluto que se hubiera acostumbrado a no sentir el afecto o las caricias de nadie, pero yo había visto y  había sentido también que una parte de él sí que parecía extrañarlas. Era cierto que no se podía extrañar algo que nunca se había tenido o conocido, pero yo empezaba a intuir que él ahora que sí iba conociendo lo que eran las caricias aunque al principio me gruñese y me mostrara los dientes como advertencia al final se iba acostumbrando a mi tacto, a mi toque y mis caricias por mucho que él quisiera negármelo. La prueba más fehaciente de todas fue ese momento en el sofá, que sí, se lo recordaría hasta que viera que no era como lo habían creado y que tenía más caminos que poder tomar, que el sentir la caricia de alguien no era sinónimo de debilidad por mucho que él creyera que lo hacía por eso. Pero se equivocaba por completo porque yo no lo hacía por eso, sino porque veía que aunque fuera por milésimas de segundos cada vez dejaba que lo tocara más, me permitía más un acercamiento por mí parte y que mis manos fueron a su cuerpo... cosa que al principio era impensable porque enseguida me apartaba.

Lo había llamado cobarde igual que él me había llamado a mí cobarde en el aseo de aquella casa, porque me era impensable que rehuyera de esa forma el contacto cuando era algo que era imposible que causara daño alguno, se había alejado de mí y yo en mi cabezonería, terquería y tozudez había acortado de nuevo distancias llevando mi mano a su nuca pese a que me gruñó, mostró sus colmillos en señal de amenaza y lanzó bocados advirtiéndome de lo que me pasaría como siguiera... pero tras toda advertencia cuando lo tocaba dejaba que lo hiciera, que mi mano reposara en su nuca enredando mis dedos en su pelo, contemplándome con sus ámbar brillando y nuestros cuerpos ardiendo de deseo. Porque sí, nos deseábamos y negarlo era una mentira que ninguno nos íbamos a creer porque las evidencias eran más que evidentes, yo sentía su deseo y él sentía el mío, ambos recorrer nuestros cuerpos como si fuera un único deseo combinado, pegando con fuerza. Sabía que las cosas debían de ir despacio y con calma, con mucho tacto si quería hacerle ver todo aquello que yo ya sabía del cambiante y que él se negaba con rotundidad como si aceptarlo fuera una derrota o considerarse débil. Si solo podía darme su ferocidad salvaje, por esos momentos, entonces lo aceptaría y lo tomaría sin siquiera dudarlo mientras sabía que cada roce que le diera, por mínimo que fuera, sería una pequeña victoria que me acercara más a él. Le pedí que me tocara en el mismo momento en que mis dedos descendían por su pecho, pasando por sus abdominales, hasta llegar a la cinturilla de su pantalón colándome para llegar a su miembro, caliente y duro, rogando en silencio porque mis dedos lo acariciaran. Gruñó con fuerza sobre mis labios en advertencia para después tomarlos de una manera salvaje que me hizo jadear presa del deseo, devorándonos con el deseo y la necesidad que sentíamos. Había separado mis piernas para darle un mejor acceso y él no dudó en llevar su mano a mi sexo, sus dedos trazaron un camino ascendente por el interior de mi muslo que acabó en mi sexo, recorriéndolo y acariciándolo arrancándome un jadeo ronco de mis labios. No me importó que me dijera lo mojada que estaba porque yo misma lo sentía, ¿acaso no sentía él lo duro que estaba y lo mojado que tenía su miembro? Estábamos en igualdad de condiciones en esos momentos, ardientes y necesitados, mordía mis labios engrosándolos mientras nos dábamos placer mutuamente deslizando mis dedos por todo su tronco, notando el líquido que salía de su glande y que deslizaba por su tronco. Mordí su labio inferior cuando me dijo que olía a hembra antes de volver a besarnos enredando nuestras lenguas en una batalla titánica, perdidos en el deseo. Mis caderas se movieron contra su cuerpo y me separé de su rostro al sentir como hundía un par de dedos extasiada por esa mezcla de ambos placeres.



-Kriger –gemí inclinando hacia atrás ligeramente mi cabeza notando cómo sus dedos entraban y salían con rapidez, volviéndome loca, de tal forma que tuve que aferrarme a su nuca arqueando mi cuerpo hacia el suyo como si fuera incapaz de sostenerme ante tanto placer que me embargaba. Había bajado ya sus pantalones liberando su miembro, el cual seguía recorriendo, jadeando contra sus labios perdida en la forma ruda que tenía de volverme loca. Sin previo aviso me giró apoyándome contra su pecho a lo que giré mi cabeza para observar sus iris ámbar brillar con fuerza, ambas respiraciones agitadas como si se tratara de un duelo a muerte. Mis mares clavadas en sus ámbar mientras ascendía su mano por mi cuerpo y los dejó frente a mis labios, me pidió que abriera la boca y yo lo hice para lamerlos de forma provocativa y lasciva, notando el sabor de mi propia esencia y excitación en sus dedos. Sentía su glande deslizándose por mi sexo y supe que iba a tomarme, llevé hacia atrás una de mis manos enredando mis dedos en su pelo cuando dijo que quería tomarme para sentir cómo se hundía de forma salvaje en mi interior, gemí por el placer que me supuso aunque tuve que apoyarme en uno de los árboles que había para no caerme al ver cómo se movía de forma salvaje. El placer era indescriptible porque se sumaba el mío y el suyo como si se combinaran y era demoledor y tremendamente placentero, sonreí con lascivia observándolo entre gemidos lo que hizo que me tomara con más fuerza, más rudo, más salvaje. Noté que se quedaba quieto con su miembro dentro por completo sintiéndolo arder en mi interior, como se hacía a su grosor y envergadura pero si pensaba que con eso bastaba para hacerse sobre mí se equivocaba, porque ardiendo de deseo moví mi cadera de forma que sin palabras le pedía que no se parara y que siguiera- no pares, muévete... quiero más –pedí entre jadeos moviendo mis caderas adelante y hacia atrás hasta que retomó el ritmo, volviéndonos locos porque esa vinculación hacía que todo fuera mucho más excitante y sintiéramos todo con más intensidad que de normalidad, ambos placeres como uno solo. Me había inclinado hacia delante ligeramente apoyando mis manos en un árbol para no terminar por caerme de las embestidas que me daba, entraba y salía con ferocidad perdido como yo lo estaba entre sensaciones.

Mi pelo caía por uno de mis lados como una casada, mis pechos se movían al son del movimiento que él marcaba cuando sentí uno de sus dedos recorrer mi trasero, para cuando quise mirarlo ladeando mi rostro sentí que hundía su dedo provocándome un grito mitad de placer y mitad de dolor, era la primera vez que me tomaba de esa forma y aunque estaba muy excitada y caliente eso no evitó que sintiera algo de dolor, uno que enseguida pasó cuando siguió moviéndose como si quisiera adueñarse de mi cuerpo arrasándolo todo a su paso, entre gemidos y jadeos de ambos por tanto placer, uno que no había sentido en mi vida y que me llevaba al borde de la locura. Escuché sus palabras como si quisiera hacerme ver que era el lobo que él decía, embistiéndome con fuerza de forma profunda, marcando un ritmo rápido y duro que me arrancaban gemidos y hacía que me apoyara en el árbol porque sentía que mi cuerpo temblaba del placer. No podía más, quise rebatirle sus palabras pero sentía que iba a caer en ese abismo placentero al que me empujaba con cada embestida, con cada movimiento que daba. No podía hablar solo podía gemir con fuerza dejándome llevar por todo ese placer mientras sentía que se me tensaba todo el cuerpo y el calor me recorría como si fuera lava líquida fluyendo por mis venas. Llevé una de mis manos a su muñeca donde clavé mis uñas sintiendo que iba a caer por ese abismo sin retorno.


-Yo.... Kriger –gemí alcanzando el orgasmo dejándome caer por el abismo, mi cuerpo convulsionaba por el placer notando todavía que él seguía embistiéndome con fuerza y yo igual que la primera vez me corrí de una forma tan salvaje que era imposible contener todo el flujo que manó de mi sexo entre fuertes espasmos, con las piernas temblando casi al punto de caerme si no fuera porque su brazo rodeó mi cintura anclándome a él, sintiendo que mis paredes apretaban su miembro mientras me seguía embistiendo y yo gemía de forma descontrolada hasta que sentí que se corría en mi interior, violento, con un gruñido ronco pero que incluso así fue incapaz de parar de follarme como si hubiéramos prendido una mecha que todavía no se apagaba, pero que con el paso del tiempo se fue calmando mientras respirábamos de forma acelerada y agitada, con el cuerpo perlado en sudor, su brazo rodeando mi cintura todavía con su miembro dentro y solo entonces fui capaz de elevar mi cuerpo y pegar mi espalda a su pecho para cerrar los ojos y sentir que mis piernas seguían temblando aunque de forma más leve. Ferocidad salvaje, eso es lo que me había mostrado y lo que yo le había pedido... ni más, ni menos – me ha gustado tu ferocidad salvaje... –ladeé mi rostro para dejar mis labios en su cuello, mis dedos se enredaron en su pelo y mi otra mano recorría el brazo que me tenía sujeta y que de no ser por este caería al suelo. Me moví y me giré para quedar frente a él mirando sus ámbar, sintiendo su respiración dar contra mi rostro, su pecho que subía y bajaba con rapidez igual que el mío, elevé mi rostro de forma que mis labios rozaron los suyos sintiendo su cálido aliento impactando contra estos- pues si tú eres el lobo feroz –dije una vez algo más recuperada- yo soy la caperucita que se come al lobo feroz –dije con una sonrisa ladeada tomando sus labios con los míos en un beso, mi mano de nuevo en su nuca sintiendo su piel ardiendo- algún día te devoraré, Kriger –afirmé mordiendo su labio inferior dando veracidad a mis palabras. Solo me moví cuando sentí que ya podía dar un paso sin sentir que me caía y arreglándome la ropa volví donde teníamos instalada las cosas para pasar aquella noche, la hoguera seguía prendida y me senté en el tronco frente a esta aunque no necesitara de su calor, mi cuerpo seguía ardiendo aún con retazos de ese placer y me mordí el labio porque había vuelto a caer con mi enemigo, con alguien con quien debería de mantener distancias. Supe lo que había intentado hacer el lobo al tomarme de esa fuerza, imponerse, hacerme ver que era el lobo del que me había hablado y que no había nada bueno en él pero se equivocaba, y ese polvo salvaje no iba a hacer que cambiara de opinión ni por asomo. Mis orbes azules se alzaron de las llamas para observar cómo se acercaba y mordiéndome el labio maldije a Odín y a Ra por hacer que deseara al lobo, nublándome el juicio y no dejándome que lo viera como el enemigo que era. Estiré el brazo para alcanzar mi macuto y saqué un pequeño cuaderno de cuero negro donde tenía mis anotaciones, aunque conocía de memoria el mapa quise revisarlo una vez más solo por mantener la mente ocupada aunque mis pensamientos eran bastantes dispersos, al cabo de unos minutos volví a fijar mi vista en él- ¿quieres hacer tú la primera guardia? –Pregunté apartando un mechón de mi pelo del rostro, cerrando el cuaderno y volviendo a guardarlo para entrelazar mis dedos sobre mis rodillas- ¿en qué piensas? –Dije aunque más bien las palabras habían salido solas de mis labios, yo quería mantener las distancias con él pero a veces me era imposible porque me producía mucha curiosidad, me intrigaba y eso era algo que no podía evitarlo- ¿por qué no abandonas tú misión? No sé qué podría querer de mí Randulf, yo no soy una guerrera como mis hermanos y no creo que tenga nada que aportarle –mordí mi labio inferior- ¿no crees que pensará que algo ha fallado, no mandará a nadie a por ti? Aunque seguramente te de ya por perdido y ni siquiera lo intente –mis  ojos se clavaron en los suyos- ¿por qué tú? ¿Por qué enviarte a ti a por mí cuando un soldado puede hacer tu mismo trabajo?


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Lun Abr 23, 2018 11:30 am

El torrente de placer que inundo nuestros cuerpos, fue tal que mi espalda buscó la corteza del árbol como puto de apoyo mientras con violencia mi verga se sacudía entre las paredes de su laberinto escupiendo mi leche en ellas. Roncos mis jadeos contra su cuello que mordí y marque como el lobo que era y sin aflojar el agarre pues no se mantenía en pie saque los dedos de su recto dejando caer mi mano a un lado de la pierna completamente agotado.

El silencio se estableció como bandera por mi parte, los dos estábamos en éxtasis, uno demasiado fuerte para ser narrado. Nuestras respiraciones poco a poco decrecieron, agotado con los ojos cerrados los labios entreabiertos dejé caer mi cabeza contra la superficie rugosa y cuando la fin la egipcia logró ponerse en pie aflojé el agarre dejándola ir de inmediato.

Sentí cierto vació cuando el aire se interpuso entre nuestros cuerpos, peor fingí indiferencia, esta unión, enlace o lo que fuera estaba perturbandome demasiado, lo mejor seria darme prisa, acabar lo encomendado y ser libre de nuevo.
Lo peor es que tenia que atraparla, mi abuelo me mataría a latigazos si no cumplía la misión, no había lugar para los fracasados en Thormsthein y menos si eran de su sangre.

Me dejé caer en silencio frente a la lumbre, mis ojos se perdieron en aquellas llamas que hacían crepitar la madera frente a nosotros.
Su pregunta me saco de mi ensoñación llevándome a mirarla.
¿En que pensaba? Era difícil de explicárselo ahora mismo, tenia que cumplirlas ordenes, cuestionarlas no era mi papel en esta guerra, pero...
-En la noche -mentí -las estrellas brillan, mañana no nos lloverá -dije sin mas.

Sus ojos se clavaron en los míos enterrando su mirada hasta que dejé escapar el aire de forma pesada.
-No lo entiendes egipcia, soy un soldado, el nieto de Randulf, no hay para mi redención ni quiero que la haya, yo soy lo que soy, nací fruto de una violación, mi destino fue forjado por los dioses desde antes de que escapara mi primer llanto.

Me encogí de hombros desviando de nuevo mis grises a las llamas.
-No le des vueltas, somos enemigos, lo que ha pasado esta noche es fruto de los instintos, somos jóvenes, hay atracción, es algo irracional, animal pero nada mas...mañana seguiremos siendo enemigos, yo seré un Dag y tu una Cannif y eso es suficiente.

No quería que se hiciera ideas equivocadas, para la gente como yo no existía final feliz, los Cannif tendían a intentar socorrer todo cachorro que encontraban perdido, el problema conmigo es que tenia dientes y mordía duro.









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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Sáb Mayo 05, 2018 1:17 pm

Aunque no lo hubiera dicho ni hubiera hecho mención de ello cuando mi cuerpo se recuperaba por lo salvaje que había sido el lobo en aquel encuentro sexual, había notado a la perfección el momento en que mientras se corría sus labios que estaban en mi cuello había acabado por morderme, había notado sus dientes haciendo presión en la carne de mi cuello dejando la marca que posteriormente sería visible y que hizo soltar un jadeo cuando me marcó como el lobo que era. Era la primera vez que alguien me marcaba de esa forma, que un lobo me mordía como si fuera de su “propiedad” y por ese mismo motivo dejaba la marca en mi cuello. Sabía que los lobos eran territoriales, tanto cambiantes como licántropos, pero no pensé que en ese momento Kriger me marcara de la forma en la que lo había hecho pero no lo veía como alguien que fuera haciendo ese tipo de cosas con cada mujer que se acostaba. Tampoco le quise dar más importancia en ese momento y si no dije nada fue porque el placer me abrumó hasta que pude mantenerme en pie, y porque no quería empezar una “discusión” con él en la que intentaría negar que lo había hecho con la intención que me estaba imaginando y lo alegaría todo al “instinto animal” del que tanto hacía gala y con el que más bien pensaba que era su forma que tenía de no caer en lo que realmente era y cubrirlo con un velo para no ver la realidad, después del encuentro y del placer que me recorría no me apetecía poner a discutir sobre ese pequeño detalle que sabía más tarde acabaría por decírselo en algún momento solo por ver cómo reaccionaba cuando se lo dijera. Tenía claro que lo que había hecho, al tomarme de esa forma, había sido únicamente para hacerme ver que él era el lobo salvaje que se imponía ante mí y hacerme ver que no había nada de bueno en él, que todo era maldad y ferocidad y que ni siquiera en momentos como ese podía ser “bueno”, sino un animal feroz y salvaje que podía someterme sin demasiado esfuerzo... aunque se equivocaba, porque podría haberme tomado sin más sin importarle mi placer y sin embargo incluso imponiéndose no lo había hecho. Sabía que él no quería saber nada sobre el hecho de que era “bueno” y que veía una parte que él pretendía esconder o que, estaba tan escondida en su interior que ni él mismo se daba cuenta. Quería ser el lobo feroz al que le habían sometido y obligado a ser por el paso de los años que para él, ser algo distinto, no tenía cabida en su cabeza y en sus pensamientos. Pero ni siquiera tras su imposición dejaría mi empeño en hacerle ver lo equivocado que estaba, sí, no era el más gentil en sus maneras de ser pero de todas las cosas que podría haberme hecho no había cometido ni una sola, y me seguía aferrando a ese momento en el sofá donde dejó que durmiera contra su cuerpo.

Mientras el tiempo pasaba y el lobo volvía de nuevo a acercarse a la lumbre sentándome frente a mí con las llamas entre ambos miré el mapa de la zona aunque lo tuviera grabado en mi memoria pero, más que nada, era por distraerme con algo del hecho de que de nuevo había caído con él, siendo mi enemigo, dejándome llevar por lo que mi cuerpo sentía en esos momentos. Maldije a mis dioses por hacer que lo deseara aun cuando era mi enemigo y no debía de desearlo, pero al parecer Odín y Ra encontraban cierta diversión con ese punto. Dejé el mapa de nuevo en mi macuto y alcé mi rostro para contemplarlo, Kriger no es que destacara demasiado por ser un hombre hablador pero al parecer estaba perdido en sus propios pensamientos porque se sentó en el tronco que había en el otro lado frente a mí contemplando las llamas de la hoguera. Había dicho que haríamos guardias por esa noche para que pudiéramos descansar dos así que fue esa pregunta la que lo hizo salir de sus propias cavilaciones, sus ojos grises que brillaban por la luz de las llamas se clavaron en los míos alegando que sería él quien haría la primera guardia, mordí mi labio mientras mis dedos se enredaban entre mis manos y para cuando quise darme cuenta ya había formulado la pregunta. Sabía que debía de poner distancia entre ambos, sabía que no debía de preguntar y no saber de él pero... a veces me era imposible. Me intrigaba y me producía mucha curiosidad así que no podía evitarlo por más que yo quisiera, tenía la misma curiosidad innata que mi madre, por lo que estuve atenta a su respuesta que me llevó a enarcar una ceja porque no creía que estuviera pensando en las estrellas y en que al día siguiente no nos llovería. No dije nada, simplemente no aparté mis orbes azules de los suyos en ningún momento mirándolo de forma fija hasta que lo vi exhalar el aire y supe que al final me diría en qué estaba pensando aun cuando perfectamente podría quedarse callado y no decirme nada, al fin y al cabo según él éramos “enemigos”. Pero claro que entendía que era un soldado y que era el nieto de Randulf, algo que de haberlo sabido cuando estuvo encarcelado lo habría llevado a la muerte porque la gente odiaba demasiado a ese hijo de puta y no vacilarían al matarlo a él por ser el nieto de quien era... pero se equivocaba en una cosas y sus palabras provocaron que sonriera mientras seguía jugando con mis dedos tras escuchar sus palabras.



-Te equivocas; claro que lo entiendo y lo comprendo... sé lo que ha hecho ese hijo de puta y también soy consciente de lo que es ser un soldado pese a que yo no lo sea, mis hermanos sí lo son y he convivido con ellos durante toda mi vida, rodeada de soldados –todos en mi familia eran soldados, menos mi madre y yo, por lo que entendía lo que él me estaba diciendo y la forma de ser que tenían- por todo ello intuyo bastante bien lo que tiene que ser el hecho de ser un soldado que está bajo sus órdenes aunque sea de su propia familia y no lo vea más que un arma más que utilizar en su cruzada –mi familia al menos no era así, los míos se preocupaban de los suyos y les importaba lo que les pasara constantemente... algo que Randulf no había hecho nunca con Kriger, algo que él desconocía lo que se sentía que era- pero, ¿crees que puedes juzgar el designio de los dioses y de lo que han marcado para nosotros? ¿Sabes cuál es tu destino, es que acaso te lo han dicho ellos? –Pregunté aunque las respuestas ya las sabía de antemano, claro que él no sabía su destino y los dioses no se lo habían dicho- ¿quizás es que te han mostrado ese destino que dices que han forjado para que tú sepas lo que es y lo que no es? Mi destino también fue forjado desde el instante en que fui engendrada, pero a diferencia de ti yo no voy poniendo pegas y trabas a todo lo que en mi vida no se marca o dicta como yo creo que debería de ser –mis ojos lo seguían contemplando porque para mí, lo que estaba diciendo, no eran sino más que excusas que él mismo se ponía para no ver la realidad o la posible realidad aferrándose a algo que no tenía sentido- así que si ni siquiera sabes cuál es tú propio destino, ¿por qué crees que no hay redención para ti? ¿Y si tu destino fuera realmente este, que nuestros caminos se cruzaran? Tú mismo lo has dicho; fue forjado desde antes de nacer... quizá todo esto ya estaba escrito y determinado a que pasara. Puede que sí tengas redención Kriger, más incluso de lo que tú te piensas... “puede que yo sea tu redención” no lo dije en voz alta pero sí lo pensé, quizás había algún significado por el que nuestros caminos se habían cruzado, pero para él era mucho más fácil pensar que su destino era el de ser ese soldado bajo el mandato de Randulf y que moriría en el campo de batalla peleando por él aun cuando no se lo merecía después de cómo había sido tratado, de lo que le había hecho durante toda su vida- ¿Y qué, exactamente, es lo que eres Kriger? –Pregunté tras la breve pausa de silencio que hubo entre ambos tras mis palabras, sabía que no le iban a gustar y sabía también que o bien pasaría de ellas o bien me rebatiría para intentar quitarme la razón que tenía- porque yo lo que veo frente a mí es a un hombre roto que no sabe muy bien quién es, que solo ha conocido frío y oscuridad, y al que le aterra conocer más allá por miedo a descubrir quién es realmente –una definición clara, directa y concisa de lo que yo veía a cada instante de él con lo que decía y con lo que hacía. Le habían metido la idea de que era un lobo, forzado a base de palizas y de golpes... pero así no era como se forjaban las cosas. Sus ojos se desviaron de los míos porque quizá él también veía la verdad que salían de mis labios y no quería admitir bajo ningún concepto. Me pedía que lo dejara porque éramos enemigos y lo que había pasado esa noche no cambiaba las cosas entre los dos, sin embargo no pude evitar sonreír de lado por lo que me había dicho- así que ¿te sientes atraído por mí? ¿Por eso me has marcado en el cuello, Kriger? –Pregunté esbozando una sonrisa ladeada- ¿y ahora me dices Cannif? Vaya, pensé que para ti no era una Cannif ni tampoco una vikinga, tendré que serlo dado que solamente te sientes atraído por ellas ¿no dijiste eso? –Dije sabiendo perfectamente las palabras que había utilizado en cierto momento, tenía memoria eidética lo que me hacía recordar todas y cada una de las conversaciones que habíamos tenido, cada palabra que él había utilizado estaba grabada en mi mente sin que yo pudiera evitarlo, así que sabía perfectamente lo que me dijo sobre no ser una Cannif y sobre no gustarle las mujeres que no eran vikingas- miéntete tanto como quieras si es lo que te hace sentir mejor –sonreí de lado- ódiame o ámame, ambas están a mi favor. Si me amas siempre voy a estar en tu corazón; si me odias, siempre voy a estar en tu mente –era como hacerle ver que no se libraría de mí tan fácilmente por mucho que él lo pensara, por mucho que él dijera que me odiaba por ser mi enemigo- despiértame cuando tenga que hacer la siguiente guardia –dije mirándole para levantarme y extender una de las mantas frente a la lumbre, donde me tumbé dejando que las llamas calentaran mi cuerpo por aquella noche en la que no aparté mis ojos de los suyos hasta que finalmente me quedé dormida. No supe cuánto tiempo había pasado hasta que Kriger me despertó para que hiciera la siguiente guardia hasta que amaneciera, la lumbre seguía encendida y con la misma manta que había dormido la puse en mis hombros para taparme en lo que él, al otro lado, se tumbaba para dormir lo que restaba de horas hasta el amanecer. Cuando supe que se había dormido y habían pasado un par de horas mis ojos lo contemplaron, sentí el impulso de acercarme y lo hice sentándome en el tronco que había tras él para observarlo. Sabía que si lo tocaba se despertaría así que me quedé con las ganas mientras pensaba en las formas que tenía de ser, en el hecho de lo que aparentaba ser y no era... pero era demasiado cabezota y terco como para darse cuenta. Debía de reconocer que era atractivo y quizás fuera todo el misterio que representaba lo que más me llamaba la atención de él, el poder demostrarle cuan equivocado estaba.  Solo cuando ya había amanecido y los rayos del sol iluminaban el cielo fue que llevé mi mano a su hombro para despertarlo- Kriger, es hora de ponernos en marcha... –dije pero parecía que no me había escuchado y que, alertado porque lo estaban despertando, su mano se alzó atrapando con fuerza mi garganta como si no se hubiera percatado de donde estaba y con quién, de un movimiento ágil me lanzó al suelo colocándose sobre mí cuando sentí la punta del filo de una daga presionando mi pecho. Supe que había actuado por instinto y no porque de verdad quisiera matarme, había sido un acto reflejo porque él bien sabía que al estar conectados todo lo que uno sintiera el otro también lo haría- Ssssh Kriger, soy yo.... –dije quedándome quieta por unos segundos para que asimilara todo y viera que no era un enemigo- no voy a hacerte daño –dije elevando mi mano para acariciar su mejilla y fue eso lo que hizo darse cuenta de todo- buenos días lobo –dije restándole importancia- he preparado algo para desayunar antes de emprender el camino –mi otra mano fue a la suya donde tenía la daga y, despacio, la aparté de mi cuerpo sin apartar mis ojos de los suyos- ¿desayunamos? No sé tú pero yo tengo bastante hambre, tenemos que aprovechar al máximo la luz del día para avanzar –mis dedos perfilaron su mandíbula sintiendo la calidez de su piel- así que salvo que tengas otras intenciones... –reí entre dientes para ver si se movía, desayunábamos y emprendíamos camino. Supe que, seguramente, me reprocharía el que lo hubiera despertado de esa forma viendo cómo había acabado, pero no le di importancia porque supuse que tratado así toda su vida y estando a la intemperie cualquiera podría haberlo despertado o "atacado", cualquiera que podría haber sido enemigo suyo. Por fin se levantó sentándose en el tronco que había al lado donde había estado por la noche y yo hice lo mismo, me levanté del suelo con su mirada puesta en mi persona con el ceño levemente fruncido- ¿Qué? -Pregunté sin saber qué era lo que pasaba por su mente en esos momentos y me senté a su lado para comenzar a desayunar junto a él, nos quedaba un día largo por delante- tenías razón -dije echando un vistazo al cielo- no creo que hoy nos llueva -dije haciendo alusión a lo que dijo él por la noche cuando le pregunté en qué estaba pensando.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Mar Mayo 15, 2018 12:01 pm

Aseguraba comprenderme porque su familia estaba compuesta de guerreros, soldados, mas ni dejos se hacía una idea de lo que era ser el nieto de Randulf, solo Höor que se crió como yo bajo su mandato podía ser consciente de lo que era vivir bajo la sombra de un hombre como mi abuelo, su tío. Randulf tenía el don de sacar tu mejor parte, te convertía en un monstruo, uno capaz de convertirse en héroe o en demonio, peor bajo la mirada de Randulf solo los fuertes tenían cabida, de no serlo, simplemente morías.
Ladeé la sonrisa ante su bonita inocencia, idílicas sus palabras, puede que Tarik fuera un guerrero, uno que se crio enganchado a una teta egipcia y con un padre norteño que lo protegió de toda caída, no, eso no era ser soldado de Randulf.
-No, no lo comprender, pero no importa -dije con indiferencia mientras me acomodada las pieles sobre los hombro y mi mirada se perdía en ese baile de llamas que crepitaban sobre los maderos.

Y ahora no complacida con hablarme de eso, me habló de los dioses y del sino, ella una egipcia que conocía la mitología porque su padre debía habérsela contado para dormirla.
Negué con la cabeza llevando mi mirada hacia ella.
-No, no hay destino, el Valhalla es el lugar al que iré, allí es donde acaban los valientes.
Aunque lo que me produjo risa fue que dijera que quizás los dioses la habían puesto en mi camino.
-Mas bien fue tu curiosidad caperucita -apunté ladeando la sonrisa -pero si quieres ver algo romántico en el engaño, adelante, eres libre de sentirte afortunada.

La joven Cannif frunció el ceño, creo que msi palabras la molestaban en exceso, mas por otro lado no se rendía, tenía que reconocerle esa parte luchadora que ostentaba dándome replicas.
-Atracción, si, eso he dicho, soy un animal tu una bonita hembra y follar me gusta como al que mas..¿donde pretendes llegar?
No la seguía ¿que quería decir? Amor no era lo mismo que sexo y atracción.
-Bueno ¿quizás puedas atraerme tu y las vikingas? -bromeé restando importancia a mis propias palabras.
Una carcajada escapó de nuevo cuando me dijo que la amara o la odiara o ambas cosas.
-Lo siento Cannif, no se amar -ahí fui firme, no mentía, el amor no era para mi un sentimiento conocido, mas tampoco la odiaba..así que no se bien eso en lo que nos convertía ahora mismo.

Acabamos repartiéndonos las guardias, yo fui el primero durante mi turno se destapó y de forma instintiva la cubrí con las mantas, solo me faltaba enfermara y tuviera que cargar con ella de esa guisa, o al menos eso me dije a mi mismo.
La desperté pasadas unas horas y pronto caí dormido, el viaje era largo y necesitaríamos de las fuerzas necesarias para completarlo.
Mas cuando me despertó, de forma instintiva la volteé, mi cuerpo se convirtió en prisión de piel y huesos y el acero afilado de la daga rozó su inmaculado cuello.
Gruñí con los ojos amarillos radioactivos, furibundo al darme cuanta con sus caricias del erro cometido.
-estas loca!! -gruñí -podía haberte matado.
Mi pecho subía y bajaba mientras nuestros alientos agitados por el movimiento chocaban voraces, hambrientos -no vuelvas a despertarme así.

Cerré los ojos dejando car mi frente un instante sobre la ajena, apenas un roce efímero y me deje caer vencido a un lado con el acero en mi diestra, yo era peligroso, dormía solo, trabajaba solos y nadie se acercaba a mi cuando dormía si no quería hallar la muerte en el intento.
-Desayunemos -sentencié frunciendo el ceño porque no entendía en que demonios pensaba esa mujer -hay que ponerse en marcha.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Miér Mayo 23, 2018 4:15 pm

Muchas veces por no decir completamente todas, intentaba entender al lobo que se había cruzado en mi camino hacía ya casi dos semanas en las que habían pasado tantas cosas, para empezar, no esperé que pudiera darle la vuelta a la tortilla y llevara aquella situación a su terreno con el hecho de estar vinculados, esa fue la primera vez que los dos habíamos caído el uno presa del otro y aunque él no quisiera reconocerlo las cosas habían cambiado desde esa noche en que nos habíamos entregado el uno al otro. Su comportamiento había cambiado aunque fuera de forma mínima y casi imperceptible, pero yo sí lo había notado y era consciente de la forma en la que el lobo me trataba, seguía manteniendo esa distancia pero a diferencia del primer día me gruñía mucho menos y dejaba que lo tocara un poco más, no mucho, pero antes apartaba mis manos de su cuerpo y de su piel con bastante rapidez y sin embargo ahora tardaba más en apartarlas sintiendo el candor de su piel bajo mi palma, o la yema de mis dedos. Sin embargo ya sabía que él no cedería ni daría su brazo a torcer porque pese a todo seguíamos siendo enemigos, seguíamos estando en dos bandos diferentes aunque unidos por una causa que era distinta y diferente a la que él pudiera pensar. Él seguía con la idea de que yo era una Cannif y que, como tal, por ese simple hecho tenía que odiarme y no ayudarme en el cometido que llevaba, el motivo por el que había acudido al norte yo sola sin que mis padres vinieran conmigo. El verdadero motivo solamente lo sabía yo y no se lo había dicho a nadie, si mis padres supieran por qué había ido al norte realmente no me hubieran dejado ir pero ¿acaso podía tener elección? Sabía que lo mío era muy diferente y distinto a la guerra que se libraba entre Randulf y nuestro bando, que Kriger fuera su nieto no era algo que me ayudara en absoluto aunque si tenía en cuenta que lo mío nada tenía que ver con esa guerra que ya llevaba demasiados años en danza y que se había cobrado miles de vida... no me importaba de qué “bando” fuera Kriger. Sin embargo tampoco podía olvidar lo que su abuelo y su padre le habían hecho a mi familia, pero yo no miraba que él debía de morir bajo mi mano a pesar de que me había tentado la idea muchas veces... para mí él era otra persona más que salvar de lo que se nos avecinaba, algo que nos afectaría a todos por igual sin importar de qué bando fueras o dejaras de serlo. Eso era lo que él no entendía, quizás tampoco lo entendía porque no sabía a lo que nos enfrentábamos pero era bastante peligroso e infinitamente mortal y letal, pero alguien debía de hacerlo y eso precisamente era yo. Él podía verme como una ingenua que no sabía luchar, que quizás no supiera sobre la cultura que también formaba parte de mí, podía llamarme egipcia todo lo que quisiera o usar ese tono condescendiente cuando me llamaba “Cannif”, pero sabía que en el fondo él no me veía de esa forma y esa manera, pero que le era más cómodo y más fácil visualizarme así y mantener distancias que acortarlas como yo hacía poco a poco... y funcionaban, el cambio en él era notable aunque él quisiera disimularlo. Él se creía que por no luchar y ser como mis hermanos no sabía de lo que hablaba, mas se equivocaba, lo sabía perfectamente.

Tenía ese don para contradecirme a todo lo que yo le decía, ahora empezaba con el destino y negué con la cabeza porque dijera lo que dijera había sido cosa del destino. Los dioses nos habían puesto a ambos en el camino del otro, ¿por qué razón? Lo desconocía pero quizás es que así debía de ser, todos teníamos la redención a nuestro alcance pero debíamos de tomar la decisión de si la aceptábamos o no, él podría tenerla pero no quería porque para él era mayor gloria entrar al Valhalla, sin embargo una cosa no restaba la otra. No dije nada aunque quise, que pensara lo que quisiera pero yo sabía que mi curiosidad no me había puesto en su camino, él vino en mi búsqueda y yo caí presa de la curiosidad que mencionaba. Mordí mi labio porque me replicaba a todo como si intentara que mis palabras no fueran la verdad que sonaba y manaba de ellas, como si contradecirme fuera su punto para no ver la verdad que se presentaba frente a él. Ahora decía que quizás le atraían las vikingas y yo, enarqué una ceja cuando me llamó “bonita” y que había atracción entre ambos... eso no lo iba a negar en absoluto, porque mucho podíamos echar la culpa a ese vínculo pero si nos acercábamos era porque sencillamente nos atraíamos. Mis azules se quedaron fijos en sus grises cuando se rió por mis palabras y mordí mi labio inferior, su tono sonó bastante firme y contundente cuando afirmó que él no sabía amar disculpándose como si yo en algún momento hubiera dicho que era precisamente eso lo que buscaba en él cuando no era así. No había entendido mis palabras y la frase que le había dicho, no había entendido lo que había querido decirle con mis palabras aunque dejé que creyera durante unos segundos que mi intención había sido la que él había entendido en un principio. Se negaba demasiado a todo, se cerraba en banda como si intentara que nadie rompiera la coraza y el muro que había erigido a su alrededor, pero sabiendo la vida que había tenido no me extrañaba que fuera así de frío y de duro, como estamparse contra un muro helado que era irrompible. Sin embargo había encontrado un pequeño hueco y, conociéndome, sabía que era capaz de hacer el hueco más y más grande hasta que finalmente llegara hasta a él, no pensaba que fuera una empresa demasiado complicada una vez encontrado el pequeño hueco, no cuando veía cada día que su comportamiento iba cambiando para conmigo por muy breve que fuera. Seguía pensando que estaba tan roto que no sabía exactamente lo que era o lo que podía ser, aferrándose al concepto de “lobo feroz” que le habían implantado y que yo no veía para nada, pero él ya caería por su propio pie y bajo su peso.



-No has entendido mis palabras, ¿verdad? –Pregunté aunque bien sabía la respuesta- Para empezar no pretendo llegar a nada, me dejaste muy claro que no sentías nada por mujeres que no fueran vikingas, siempre me has recalcado esa parte egipcia visible en mí... pero parece que andas cambiando las tornas –sonreí mirándolo- No he dicho que quiera que me ames Kriger, he dicho que tanto si me odias como si me amas, elijas la opción que elijas, va a ser imposible alejarme y olvidarte de mí –sonreí de lado finalizando mi explicación para aprovechar mis horas de sueño antes de hacer la guardia, el tiempo pasó demasiado rápido y parecía que me había quedado dormida cuando me despertó para que hiciera la segunda guardia. Mientras él dormía tentada me vi de acariciar su pelo sentada en el tronco cerca de donde él descansaba, para cuando amaneció me agaché a su lado llamándolo para despertarlo, pero al no hacerlo mi mano fue a su hombro y eso trajo consigo que me girara quedando sobre el suelo, él sobre mí, y el filo de la daga en mi cuello. Me quedé quieta porque entendía su reacción perfectamente, acostumbrado a andar solo si alguien lo tocaba sería porque querría atacarlo y había actuado de forma mecánica, fue mi mano en su rostro lo que hizo que sus ojos brillaran en ámbar y los centrara en sus azules... y supe que iba a reprocharme mi acción sin lugar a dudas por la forma en la que me miró. Me gritó y me gruñó al mismo tiempo que me decía que estaba loca y que podía haberme matado, eso me hizo mirarlo de forma fija porque no entendía qué le hubiera importado a él mi muerte más allá de que también moriría, nuestros pechos subían y bajaban con rapidez rozándose, sentía su aliento cálido contra mis labios a escasos centímetros los suyos de los míos, para pedirme que no volviera a despertarlo así. Iba a replicarle a sus palabras en lo que apartaba su daga de mi cuello, pero me quedé sin decir nada cuando cerró sus ojos y su frente se apoyó en la mía sintiendo el calor que desprendía, mi mano pasó de acariciar su mejilla a enredarse en su pelo en los segundos que quedó en esa posición que no me había esperado para nada y que hasta me sorprendió porque si algo evitaba él a toda costa era el roce con mi cuerpo, una cercanía tan íntima como esa. Terminó tumbado a mi lado unos segundos hasta que finalmente se levantó apremiándome a desayunar para ponernos en marcha, tras levantarse él lo hice yo del suelo sentándome en el mismo lugar que había ocupado la pasada noche en el tronco que había en el suelo, justo enfrente de él para sacar algo con lo que desayunar antes de emprender camino. Por unos minutos no dije nada pero, siendo superior a mis fuerzas, acabé clavando mis ojos en los suyos- no voy a disculparme por haberte despertado de esa forma –dije llevando un trozo de fruta a mis labios para masticarlo, no entendía cómo quería que lo despertara- entiendo que trabajes solo, que estés acostumbrado a estar en alerta por el peligro... pero no voy a pedir perdón por haberte despertado de la forma normal en que la gente despierta a la otra, ¿qué querías que hiciera? ¿Darte patadas, lanzarte piedras, darte con un palo hasta que finalmente abrieras los ojos... golpearte, a latigazos? Por Odín y Ra, te llamé un par de veces pero estabas profundamente dormido y no te despertabas así que te moví un poco como habría hecho cualquier otra persona... así que no me lo eches en cara –fruncí ligeramente el ceño por eso- vamos a tener que pasar más noches a la intemperie y voy a despertarte así más veces, así que más vale que te acostumbres tú a que duermes con otra persona y no pienso despertarte de otra manera diferente, quizás un par de noches durmiendo pegados el uno al otro para que te acostumbres a que no estás solo –dije terminando de desayunar por mi parte, acabé levantándome para bajo su atenta mirada en lo que él terminaba de desayunar me sentaba a su lado en el tronco donde se encontraba, ladeada ligeramente hacia él para mirarlo mejor- dime una cosa, cuando me has dicho que podías matarme... ¿temías por matarme realmente? –Pregunté esperando por su respuesta, sabía que mis palabras no iban a gustarle, que siempre de alguna forma lograba sacarlo de su zona de confort pero lo hacía para que viera en cierto sentido que se confundía con respecto a lo que él era- ¿Por qué te has enfadado en realidad? –Volví a preguntar, no quería ser demasiado intrusiva sino que más bien iba preguntando poco a poco hasta terminar justo donde quería llegar- ¿de verdad ha sido por la forma en la que te he despertado? –Pregunté y aunque pudiera ser sabía que no era realmente eso- si no estuviéramos vinculados, ¿te habría importado cómo acabara? ¿Te habría molestado y enfadado el matarme? Algo me dice que sí –aseguré acercándome un poco más a él- no quería que te pusieras así cuando te despertaras, de hecho, ni siquiera caí en la cuenta de que podría pasar si lo hacía... créeme que no lo he hecho a posta. Debo de aprender que hay cosas en las que no reaccionas igual que los demás, pero tú debes de aprender también a que no andas solo como antes y que desde luego que no voy a comportarme como los que estás acostumbrado a rondar –mi mano se alzó para acariciar su mejilla sintiendo el calor que desprendía su piel- tienes tanto que aprender Kriger, tantas cosas por descubrir que ni tú mismo llegas a saberlo –afirmé con mis palabras llevando mis dedos a su nuca enredándolo con su pelo- ¿por qué me has mordido? ¿Por qué me has marcado, Kriger? –Pregunté queriendo saber la respuesta- no me digas que es porque todos los lobos lo hacen, sé que no es cierto y que cuando lo hacen es por un motivo, no marcan a alguien porque sí.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Miér Mayo 30, 2018 3:34 am

“ No voy a disculparme” escuché mientras cortaba con la navaja un trozo de queso que llevé sin mas a mi boca. Esa mujer era incansable, no quería discutir con ella pero parecía decidida a llevarme al filo de la locura y luego simplemente empujarme por el acantilado hasta despeñarme.
¿No iba a disculparse? Bien ¿iba a volver a hacerlo? Estaba loca, loca como una cabra montesa.
-No me gusta estar con nadie ¿de acuerdo? No estoy acostumbrado, estaba dormido y podía haberte matado, no estoy acostumbrado a que nadie me toque mientras duermo.
No estaba acostumbrado a que nadie me tocara en general, pero preferí no hacer inca-pie en ello.
Nadie le había dicho que me tirara piedras ni nada de eso, aunque si, Randulf me hubiera despertado a latigazos si no obedecía a su primera llamada.
-No vuelvas a despertarme así -sentencié volviendo a llevar otro trozo de queso a mis labios dando así el tema por zanjado.

Acabado el desayuno y con fuerzas para emprender el viaje recogimos rápido todo en los petates, eché arena al fuego para apagadlo y me dispuse para comenzar el viaje, peor Nailah no era de las que se rendían y antes de emprender la marcha volvió a interponerse en mi camino haciéndome resoplar.
-¿Temer por matarte? Claro, si te mato acabaría bajo tierra ¿recuerdas? Estamos anclados el uno al otro.
Mentí, porque evidentemente una parte de mi se preocupaba pro ella, no quería hacerle daño y ni siquiera había pensado que al hacérselo me lo hacía a mi mismo, peor is reconocía eso seria ceder ante ella, mostrarme débil, darle la razón y yo no era lo que ella esperaba, era un lobo solitario y acabado esto seguiría siéndolo.

La egipcia se acercó a mi sin dejar de hacer preguntas, pretendía llegar a algún sitio, quería que yo reconociera que una parte de mi lobo feroz sentía algo por caperucita.
Ladeé la sonrisa al escuchar sus palabras.
-No te emociones princesa, en este cuento no soy el príncipe encantador, yo no quiero ninguna relación, no se amar ni lo pretendo hacer, no creo en los cuentos de hadas ni en el comieron perdices y vivieron felices, eso es mas propio de los tuyos que de los míos.

Su diestra acarició mi rostro, mis labios se entreabrieron, aparté ligeramente mi cara como si su roce me quemara.
-No quiero aprender nada, no soy débil -gruñí ofuscado empezando a sentirme acorralado, gruñí cuando su mano volvió a buscarme, como todo animal asustado reculé mostrando mis colmillos mientras el iris adquiría un tono ambarino.
-Yo soy tu enemigo -rugí haciendo hincapié en ello.

Pero en ese instante vino la siguiente pregunta, por que la había marcado, mis ojos se deslizaron por su cuello, por las marcas obvias de mis colmillos, los moratones de mis labios.
Como si respirar de forma superficial no bastara tomé bocanadas de aire como un pez, mi pecho quemaba, rugí de nuevo.
-Es lo que hacemos los lobos -mentí -estaba excitado y te he mordido.

Traté de evitar el tema dándole la espalda para cargar con mi petate. Cerré los ojos tratando de devolver tras varios pestañeos el color a mis ojos, no quería que viera lo perturbado que estaba.
-¡Vamos! Cuanto antes acabemos con esto antes me libraré de ti y tus estúpidas preguntas.



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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Miér Jun 13, 2018 1:18 pm

Fruncí el ceño quedando frente al lobo observándolo ante la manera que tenía de defenderse de mis preguntas, como si cada una de estas fuera un ataque hacía él que respondía con ferocidad y con un tono bajo de advertencia que podía notar perfectamente, uno que parecía decir “no sigas preguntando, egipcia” aunque yo no era muy dada a seguir las “órdenes” de un maldito lobo como lo era él que además era el nieto del mayor enemigo de mi familia, ese que había intentado muchas cosas contra toda mi familia e incluso contra mis propios padres.... y yo me preguntaba en esos momentos cómo es que podía seguir cerca de él sabiendo quién era y lo que me había intentado hacer, el hecho de que intentara secuestrarme para llevarme ante su abuelo para saber qué oscuras intenciones aunque no entendía muy bien qué podría querer ese hijo de puta de mí, yo no era una guerrera y mucho menos podía suponer una amenaza para él, lo único es que con mi captura sí que haría muchísimo daño a mi familia. No sería el primero que me considerara como el “eslabón débil” de mi familia, como la pieza que era la débil e indefensa igual que lo era mi madre porque no sabía luchar como el resto, porque no había decidido tomar el camino de las armas como mis hermanos, mis primos y toda mi gran e inmensa familia. Algunos habían pensado que mi padre había cometido un error casándose con mi madre porque no era como ellos, porque no sabía pelear y porque sus hijos no serían puramente vikingos como todos hubiesen esperado del que era uno de los generales de Akershus, y aunque a mi padre jamás le importó que mi madre no supiera pelear sí había escuchado algunos comentarios por mi parecido con mi madre no solo en lo físico, sino también en la forma de ser y de proceder. ¿Cuántas veces Tarik no se había metido en problemas por eso mismo? Porque él era mucho más impulsivo que yo y que se metieran con alguno de nosotros lo quemaba y le hervía la sangre, más de una vez se había peleado con aquellos que pensaban de esa forma, más de una vez se había llevado la regañina de madre por saltar como lo hacía. Me trataban como la débil y a mí me daba igual, sabía defenderme y lo que los demás pensaran de mí no me importaba, esa y no otra era la única razón que podía sacar para que Randulf me quisiera; hacer daño. No pensaba disculparme ante el lobo por mi forma de despertarlo y mucho menos iba a hacerlo de otra forma, debía de entender que en lo que durara el viaje íbamos a pasar tiempo juntos le gustara o no y tendría que aceptar que no viajaba solo, que no estaba solo por mucho que quisiera recalcarlo. No dije comentario alguno observando cómo apagaba el fuego y empecé también a recoger el petate para cargarlo, dejé el pequeño cuaderno fuera que era donde tenía algunas anotaciones y que me serviría de guía. Sin embargo volví a intercederlo antes de partir haciéndole más preguntas, era evidente que me respondería de esa manera haciendo alusión a que estábamos vinculados para no querer hacerme daño, mordí mi labio porque algo me decía que él no estaba siendo sincero del todo. Sin embargo no me quedé ahí y seguí preguntando con la intención de llegar al fin del asunto, a intentar adentrarme un poco más en el interior del lobo.

Mis ojos azules clavados en sus grises mientras lo observaba atenta a sus reacciones, los gestos nos delataban y decían mucho más de lo que quisiéramos en un principio, me rebatía que no sabía amar y que no lo haría, que no era un príncipe y solté por ello una débil risa entre dientes negando levemente con la cabeza. ¿Quién había hablado de amor? No era de eso precisamente de lo que hablaba, sino más bien que parecía que el lobo empezaba a tener afecto hacia mi persona y eso no requería o llevaba implícito la palabra “amor”, pero no podía negarme que su comportamiento había cambiado desde el primer día hasta ahora. Él se creía el malvado del cuento porque así se lo habían hecho creer, para eso lo habían fustigado y dado latigazos forjando así su identidad y su carácter pero yo distaba de verlo tan malo, me parecía que no había conocido solo que odio, rencor, rabia y una gran oscuridad pero que sin embargo me hacía sentir que quería buscar una pequeña luz en mitad de tanta tiniebla. Pero era reacio, porque abrirse a un mundo desconocido le daba miedo y seguía pensando lo mismo: tenía miedo porque ese lado le gustara más que el conocido. Rehuía de mis toques como si mi tacto le abrasara y le quemara, me mostraba los dientes como un animal herido y atemorizado... sin embargo yo me mostraba calma y tranquila porque una parte de él quería y no se permitía que yo le mostrara. Observé tranquila y sin temor sus ojos en un tono ámbar que a cualquiera le habría echado hacia atrás pero yo seguía ahí, él creía que era débil por dejarse llevar y se negaba todo lo que pasara más allá de lo que conocía. Volvió a recalcar que era mi enemigo y bufé porque yo también debía de recordármelo, sin embargo había veces que me olvidaba porque no lo veía como el lobo feroz que él me describía. Y llegué finalmente a la pregunta del millón; la marca de mi cuello. Sus ojos recorrieron este para ver la marca que me había dejado tras los besos y el correspondiente mordisco, esperé por su respuesta que fue bastante breve y escueta y que más bien me sonó como a una excusa para salir del paso que a la verdadera razón por la que me había mordido. Respiraba de forma algo más acelerada y noté que había presionado justo en el lugar indicado, la pregunta clave de todas... y quiso salir del paso con esas palabras que no creí ni por un solo segundo. Conocía a lobos y sabía de eso que tan importante era para ellos porque marcaban principalmente a sus parejas, sabía que sus palabras no eran ciertas y sonreí de lado cuando me dio la espalda para coger su petate ladeando ligeramente su rostro.



-Así que lo hiciste porque estabas excitado, me mordiste porque es lo que hacen los lobos... –comenté para morderme el labio sabiendo que no era verdad, sin embargo no le iba a decir que sabía que eso era mentira y que no lo hacían porque para ellos era algo personal y muy importante, algo que su parte animal clamaba en momentos más que contados y no con todas las personas- supongo que si me acuesto con otro lobo este también me marcará igual que tú –dejé caer con toda la intención del mundo comenzando a andar para emprender de nuevo camino, aún nos quedaban jornadas de viaje para atravesar aquel bosque. Durante los siguientes dos días no pasó nada demasiado relevante en nuestro viaje atravesando el bosque, por las noches hacíamos las guardias turnándonos para que pudiéramos descansar ambos, cuando era mi turno de dormir siempre me tumbaba al lado del lobo para que se acostumbrara a mi presencia, incluso alguna que otra vez mi cuerpo había buscado inconscientemente al suyo mientras dormía, buscando también su calor. Cuando él dormía me quedaba cerca de él pese a sus gruñidos por lo mismo, que se acostumbrara e hiciera a mi presencia para luego despertarlo... que lo hice igual que la primera vez y al parecer poco a poco se hacía a ese hecho y en la tercera noche ya no me tomó del cuello ni hizo amago de atacarme. Los días pasaron sin mucho cambio entre ambos, el lobo seguía siendo esquivo y poco hablador como de costumbre y aunque yo intentaba sonsacarle cosas siempre se desviaba de la conversación o simplemente no me contestaba aunque parecía que poco a poco se iba haciendo a mi presencia y a que estuviera cerca de él. No fue hasta el cuarto día que la “calma” que sorprendentemente nos habíamos encontrado en todo el camino pareció truncarse en ese momento. Pedí al lobo un poco de descanso cerca de un pequeño arroyo para refrescarnos y seguir, su condición lo hacía tener más resistencia de la que yo pudiera tener y a veces necesitaba descansar un tanto más que él. Era ya casi de noche para cuando decidí parar para descansar por lo largo del día, sabía que había una zona cercana del bosque que quería evitar a toda costa y que nos llevaría a dar un rodeo más grande pero era totalmente necesario. Para cuando encendí el fuego y me quise dar cuenta me fijé en que el lobo no estaba aunque sí su petate, me extrañó porque sabíamos que a cierta distancia el vínculo hacía su efecto y ambos sentíamos las consecuencias de la separación por lo que me extrañó que se alejara sin que dijera nada- ¿Kriger? –Pregunté buscándolo esperando a que apareciera pero no oía nada ni tampoco me respondía. Fue entonces que, entre los árboles y la espesura, vi una luz azul que brillaba de forma tenue y que captó toda mi atención, estaba algo lejos pero incluso así supe lo que se trataba; de un fuego fatuo. Conocía dichos fuegos por las historias que se contaban de estos, aunque me preocupé cuando reconocí la figura que seguía a dicho fuego y que se alejaba en la distancia, era la figura del cambiante que seguramente habría caído bajo el “embrujo” del mismo- oh mierda –dije acercándome hacia donde veía la luz porque supe lo que ocurría de inmediato. Los fuegos fatuos aparecían cerca de lugares pantanosos o de ciénagas, confundían y desviaban al viajero de su camino y eran espíritus malvados que de alguna forma atraían a estos pero cuando se acercaban retrocedían y reaparecían de nuevo un tanto más lejos, guiándolos de esa forma a su fatal destino. No eran un signo de buena suerte y sabía perfectamente hacia donde estaba guiando al cambiante, precisamente al lugar que quería evitar a toda costa; una zona pantanosa imbuida con magia oscura y donde pesaba una maldición sobre sus aguas donde reinaba la desesperanza y el desasosiego, la tristeza,  el vacío, la soledad... donde aquellos que no tenían esperanza caían en un pozo sin fin donde no había meta ni salida posible, donde poco a poco acababan hundiéndose por no ser lo suficientemente fuertes de corazón para seguir adelante, aquellos que no creían y caían en el pesar encontraban la muerte bajo el hechizo que había en el lugar y del cual quería evitar a toda costa. Fui corriendo en busca del cambiante dejando atrás todo en la hoguera que había encendido esperando poder llegar a tiempo para que no se adentrara, porque una vez dentro ya no se podía dar media vuelta- Kriger –lo llamé esperando que me oyera que se detuviera, pero fue demasiado tarde porque el fuego lo había guiado y ahora se había hundido hasta un poco más de los tobillos  y seguía avanzando- ¡Kriger! –Parecía no escucharme así que no me quedó de otra que adentrarme a mí también para sacarlo de allí o acabaría hundiéndose por completo. Nada más pisar en aquel lugar pantanoso sentí algo oscuro que parecía recorrer mi cuerpo, mi mente se llenó de imágenes oscuras y negativas como si me alentara de forma inconsciente a que pensara en ello; pude ver imágenes nítidas y claras de muerte y de desolación, cuerpos esparcidos por el suelo, sangre que caía como si fuera lluvia mojándolo y marcándolo todo a su paso en cuerpos que pude reconocer perfectamente, porque no eran otros que mi propia familia: mis padres, mis hermanos, todas las personas queridas que había en mi vida. Eran una sucesión de imágenes que parecían taladrar mi mente y sacar lo peor que llevaba dentro, como si quisieran hacer que cayera en la desesperación y perdiera toda esperanza.. pero debía de luchar para seguir adelante o me hundiría como estaba haciendo él. Sacudí mi cabeza centrándome pensando en cosas positivas, en momentos felices llenos de risas; en mi familia, el abrazo cálido de mi padre envolviéndome con sus brazos, los besos de mi madre pegándome a su pecho, las noches de cuentos interminables que les hacía contarme antes de irme a dormir, mis hermanos con sus típicas peleas y piques, el amor de mis padres, reuniones familiares donde las risas y las bromas corrían por todos lados, besos apasionados, caricias en mi cuerpo desnudo, el primer "amor" inocente de cuando se es pequeño... recuerdos luchando contra todo lo que me hacía pensar de manera negativa. Conseguí avanzar hasta que finalmente logré alcanzar al cambiante que incluso llamándolo era como si no me escuchase, logré posicionarme delante de él parándolo y parecía que se había perdido en lo mismo que la maldición de aquel lugar había intentado hacerme a mí pero yo, a diferencia de él, sí tenía cosas por las que luchar en mi mente- Kriger mírame... vamos reacciona –parecía que estaba en un trance y algo malo debía de estar “viendo” o recordando para la cara que ponía- joder –murmuré frente a él sin saber bien qué hacer para que reaccionara, así que hice lo único que se me pasó por la cabeza: tomé su rostro y lo besé. Pareció que funcionaba y solo separé mis labios cuando lo oí gruñir y cuando vi que reaccionó al beso para mirarlo apenas a distancia de su rostro en lo que él parecía desconcertado- mírame Kriger, céntrate en mí –me gruñó de nuevo pero tomé su rostro anclando sus ámbar en mis orbes azules- Sssssh, tranquilo... si queremos salir de esta vas a tener que hacer lo que te diga –él, lleno de oscuridad era más fácil que volviera a caer de nuevo y que no luchara como hacía yo- olvídate de todo y no pienses, solo mírame y no dejes de hacerlo ¿vale? –Si seguía hundiéndose menos posibilidades tendríamos de salir de allí los dos con vida.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Lun Jun 18, 2018 3:45 am

De espaldas a ella mis ojos adquirieron una tonalidad amarilla radioactiva al escucharla decir que se acostaría con otro lobo, fue una vena posesiva, una que tenemos todo lobo, pero tras pestañear un par de veces y enfocar mi atención en el camino el estado de encabronamiento se diluyo como el tono de mis ojos.

Durante los siguientes días las coas estuvieron mas o menos en clama, excepto por la terquedad de a egipcia que había convertido su vida en una misión por rescatar al pobre nieto sometido del tirano.
Ella no se daba cuenta de que nada había que salvar, yo no quería ser reconducido, ni su mano amiga sobre la mía, era lo que era, Kriger, Guerrero, era una bestia vacía y despojada de todo sentimiento, un soldado letal y un rastreador como pocos.

Al cuarto día hicimos descanso una vez cayó el ocaso en una especie de arrollo, la dama quería refrescarse, beber y poner a remojo sus pies cansados de tan largo viaje.
Yo me dedique a inspeccionar la zona para ver si daba una gruta para pasar la noche así como recolectar los leños suficientes para mantenernos calientes, las noches en el norte eran frías y mas al raso así que mas me valía dar con algo, mas fue entonces cuando vi una luz danzante.

Ladeé la cabeza concentrándome en su resplandor y pronto me sentí atontado, como si perdiera la razón, la voluntad para comenzar a seguir a tan fascinante animal
Ta y como lo perseguía me iba adentrando en un oscuro pantano, podía rememorar mi vida, el vacío que me aniquilaba por dentro las entrañas.
Nada, dentro de mi solo había golpes, dolor, pesar y en el fondo un miedo irracional que me había convertido en una bestia despojada de humanidad,
Funcionaba a base de golpes, no conocía nada mas, mi odio se incrementaba con cada paso y también mi pesar.

Fue entonces cuando la escuché, ella me detuvo no se bien por que y aunque su voz se oía lejana estaba, al menos, la escuchaba, solo que me costaba mucho enfocarla.
Sus labios cálidos presionaron mi boca, entreabrí los belfos mirándola con fijeza para soltar un gruñido ronco.
No quería afecto, nada que tuviera que ver con eso.
-Vete -rugí dándole un manotazo.

La egipcia era terca, se aferro a mi no dispuesta a permitir que me hundiera, sellaba mi boca con la ajena como si creyera que en su boca encontraría la luz que necesitaba.
-Vete -pedí cerrando los ojos cansado.
Ella tiró de mi pero yo solo me lograba hundir, sacudí la cabeza centrándome en sus dos mares, unos adquiridos seguramente de su padre, de esa sangre del norte que corría por sus venas y de la que de alguna manera yo sentía había rechazado al anteponer el apellido de su madre.
-No quiero tu ayuda -rugí de un manotazo apartándola de mi.
Ahí estaba el lobo terco, el nieto de Randulf .Rugí tensando mi cuerpo, los músculos se marcaban y las venas quedaban visibles a través de mi piel tostada, apreté los dientes para salir por mi mismo peor lejos de solucionar nada me hundía mas en el foso.
-Vete, no temo a la muerte -gruñí de nuevo

No eran falsas mis palabras, había enfrentado tantas veces a Hela que Hel era mi casa, o cambiaría nada, por tortuoso que fuera el mundo de hielo serian unas vacaciones comparado con lo que sucedía en l castillo de mi abuelo.
-¡Vete! -urgí mientras ella contemplaba mis grises negando con la cabeza, sus labios volvieron a mi encuentro, cerré los ojos dejándome embriagar por la sensación de ese beso ansioso, devastador y necesitado que podía saberme a despedida pero que no lo fue, pues la egipcia mientras me besaba parecía ir reculando, mis sentidos puestos ahora en ella, en el placer de la humedad de nuestras lenguas no se percataban que cada paso de ella era uno mio hasta que finalmente sobre tierra firme nos mordimos los belfos entre roncos jadeos necesitados, mis dedos anclados a la cascada parda de su pelo tiraron de ella para orillar mas a mi su cuerpo mientras su sonrisa se ladeaba.
-Estamos fuera -susurró para cuando yo abrí los ojos para percatarme de ese detalle.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Jue Jun 28, 2018 1:19 pm

Después de aquel encuentro que habíamos tenido donde le había dejado más que claro que por mucho que me dijera, gruñera e intentara hacerme ver las cosas según lo que él creía que era y que parecía ser la verdad absoluta de todo los días siguientes fueron bastantes tranquilos en los que ninguno hizo amago de más por iniciar alguna confrontación entre ambos, quizás porque el lobo había aprendido que no me daba por vencida nunca y que siempre mis palabras tenían que ser las últimas refutando todo aquello cuanto decía. Sin embargo el par de días que siguieron fueron en una especie de calma un tanto extraña por parte de ambos, era cierto que el lob seguía siendo igual de callado y reservado que siempre pero sin embargo empezaba a notar que aunque él no quisiera pasar todos esos días, tantas horas, juntos parecía hacer mella en él y era como si se estuviera acostumbrando a mi presencia aunque él no lo notara o no lo hiciera ver. Pero yo sí lo notaba en ciertos gestos y en la forma que tenía de tratarme, no era amable conmigo porque siempre me había dejado claro que era un lobo y era además mi enemigo, pero yo veía que su comportamiento conmigo había cambiado en ese tiempo y quizás se debiera a que pasábamos todo el día juntos y al final se estaba acostumbrando a mí. También debía de decir que yo hacía porque el lobo se sintiera más en “sintonía” conmigo, por ejemplo las noches que me tocaba dormir en lo que él hacía guardia siempre lo hacía cerca de su cuerpo para que notara siempre en todo momento mi presencia, cuando le tocaba a él dormir tampoco es que me alejase demasiado de él hasta que finalmente lo despertaba, y lejos de lo que él me había dicho porque la rebeldía era algo que llevaba en mis venas, lo hacía tocándolo y aunque los primeros días fueron igual que la primera vez después ya era como si estuviera acostumbrado a mi toque para despertarlo, ya no se sobresaltaba, ya no se despertaba y su mano iba a mi cuello apretándola mientras me encarcelaba bajo su cuerpo y la daga presionaba sobre mi pecho. Ya no hacía nada de eso y aunque no lo dijera en voz alta sí que me anotaba el tanto porque no era fácil, Kriger era un hombre demasiado esquivo y muy reservado al que no era fácil llegar, antes de llegar hasta quien era él realmente había todo un camino lleno de barreras defensivas como si temiera algo de lo que él mismo no era siquiera consciente. ¿El qué? Bueno, eso era algo que me había propuesto conocer y averiguar y al final tardase más o tardase menos iba a dar con la respuesta. Incluso con ese pequeño avance sabía que aún quedaba mucho recorrido, y lo que me había quedado claro es que él también sabía lo que me proponía pero ¿acaso yo lo escondía? Lo cierto que no, desde principio le había dejado claro que podía redimirse, que podía y habían opciones para él pero estaba tan ofuscado en que no era así, en que su vida estaba marcada por un sino que ni él mismo sabía que era imposible sacarlo de esa zona, y yo era especialista en sacarlo de su zona de confort porque lo notaba en ciertos momentos. A veces simplemente mientras caminábamos y continuábamos camino dejaba un leve roce sobre su piel, quizás al adelantarlo, a veces porque me había tropezado alguna que otra vez y él me había parado de caerme contra el suelo rodeándome con su brazo, otras porque yo hacía por mantener su mismo ritmo aunque apenas duraba unos segundos porque él, consciente de ello, apretaba el paso para dejarme atrás. Pequeños pasos que parecían tener su resultado, había encontrado una minúscula brecha para poder acceder a él y pensaba aprovecharla, costara lo que costara.

Al cuarto día casi ya había llegado la noche cuando le pedí que descansáramos, no estaba acostumbrada a largos viajes como aquel a ese ritmo y él tenía mucho más aguante y resistencia que yo. Había encontrado un pequeño arroyo donde quise sentarme en la orilla y descansar los pies, él había ido a por leña para hacer una hoguera como hacía cada noche, pequeñas acciones cotidianas que se habían convertido en “costumbre” y que eso también ayudaría. No fue hasta que lo perdí de vista y vi las luces de aquel fuego fatuo que lo conducía por el camino que quería evitar que supe que estábamos en problemas. Él, dejándose seducir por el fuego fatuo que extraviaban a los viajeros llevándolos por caminos que conducían a su fin pues eran espíritus malos, lo llevó justo al lugar que quería evitar a toda costa: aquel pantano hechizado. Supe en cuanto vi que se había metido que no saldría por sí solo, sabía de historias, leyendas y mitos acerca del lugar y conforme era el lobo era consciente de que no saldría. Ese pantano hechizado sacaba lo peor, lo más triste, desalentador, desmotivador, desesperanzador y oscuro que había en lo más profundo de uno. Evocaba recuerdos pasados o simplemente recreaba tus peores miedos, horrores y pesadillas solo para que creas que no hay esperanza y entonces puedas hundirte... solo aquellos que sí creían lograban pasar, y Kriger sabía que se hundiría porque vi las imágenes proyectadas en mi cabeza de muerte de mi familia, desolación, pesar, soledad... sin embargo la combatí con todo lo contrario hasta que pude acercarme al lobo que parecía en un trance del que no despertaba, desesperada porque sabía que acabaría hundiéndose si no hacía algo solo se me ocurrió una forma cuando vi que ni llamándolo, ni zarandeándolo despertaba: mis labios presionaron los suyos en un beso que lo hizo volver de vuelta clavando sus ojos grises en los míos azules. Lo que no esperé en ese momento es que me dijera que me marchara y me diera un manotazo con fuerza para que me alejara de él, fruncí el ceño observándole pidiéndole que se centrara en mis ojos y que dejara de pensar ya que solo así saldríamos, cuanto más se dejara llevar por lo que aquel pantano proyectase en él menos peligro de hundirse correría. Lo callé con un nuevo beso para que dejara de hablar pero solo me separó de nuevo y me pidió que me fuera, yo negué con la cabeza sin pasárseme por la cabeza el irme y dejarlo allí tirado y abandonado, no era una opción que contemplase y que no iba a contemplar por mucho que él se empeñara en que me fuera de su lado y lo dejara allí. ¿Estaba loco? No, no iba a dejarlo allí solo, yo no era así. Intenté tirar con todas mis fuerzas pero era imposible, él se había negado a salir y eso le pasaba factura en lo que se iba hundiendo más y más. Mordí mis labios pensando con rapidez qué podía hacer para que accediera a dejar que lo ayudara, sus grises estaban fijos en mis mares mientras pensaba qué podía hacer y no dejaba de tirar de él. Pero de nuevo otro manotazo me alejó de él rugiéndome que me fuera y que no quería mi ayuda. Era un lobo terco y obtuso que no se dejaba ayudar seguramente por una cuestión de orgullo propio, lo vi apretar la mandíbula y hacer el intento de moverse pero eso no solucionaba nada porque seguía bajo el influjo del hechizo y hasta que no cambiara eso no dejaría de hundirse. Repitió que me fuera y que no tenía miedo a la muerte, estaba cansándome de que me dijera lo mismo y me intentara apartar aun cuando él veía que no tenía resultado alguno y que era solo perder el tiempo. Lo miré de manera fija observando sus grises sin moverme de frente a él porque no pensaba hacerlo aunque él me dio un empujón para moverme que fue lo que terminó de enfadarme.



-¡No voy a abandonarte! –Volví a acortar la distancia que nos restaba y mis manos fueron a sus muñecas para que no pudiera darme otro manotazo, otro de los tantos que ya me había dado- no voy a abandonarte –dije en un tono más bajo para que así viera o entrara en razón de que no lo iba a hacer, de que estaba ahí y ahí iba a quedarme- no voy a irme y te voy a dejar aquí a tú suerte Kriger, yo no soy como ellos... yo no soy como los que has conocido en tu vida –aseguré aferrándome a sus brazos para hacerle ver que no lo iba a dejar tirado- deja de ponerme trabas y permite que te ayude, ¡deja tú maldito orgullo de lado por una maldita vez! –Le dije porque sabía que no se dejaba ayudar por eso, porque para él además sería como mostrarse débil y eso era algo que él no era para nada, sino todo lo contrario- vamos a salir de aquí los dos juntos o no va a salir nadie, porque yo no dejo atrás a nadie... así que hoy no vas a morir Kriger, acabo de mandar a la valquiria que bajaba por ti de vuelta al Valhalla –sonreí de lado convencida de mis palabras- hoy no es tú noche lobo, no mientras yo esté aquí para ayudarte a salir –mis ojos azules observaban sus grises que no me perdían la vista de encima, mis manos subieron a su rostro y ya que con palabras no me hacía caso y se dejaba ayudar... entonces tomaría otro camino diferente. Mis labios volvieron a tomar posesión de los suyos, mi lengua se abrió paso entre estos para buscar su lengua hasta entablar batalla, una salvaje y pasional en la que el lobo parecía inmerso en aquel beso y se estaba dejando llevar, justo lo que había querido que sucediera. No dejé de besarlo en ningún momento y ahora que todos y cada uno de sus sentidos estaban puestos en ese beso abrasador y arrollador di un paso hacia atrás solo para ver que él daba un paso hacia delante. Lo tenía, se había olvidado de todo y centrado solo en un beso que no le traía pensamientos ni imágenes negativas y sin esperanza ahora le permitían avanzar para salir de allí. Fui haciéndolo suavemente para que no lo notara en lo que el beso se iba tornado más pasional, necesitado y hasta en cierto sentido devastador el cual estaba disfrutando, y él parecía que entregado como estaba también lo disfrutaba. Paso a paso sin dejar de besarnos conseguimos llegar a tierra firme saliendo de aquel pantano en el que se había visto inmerso, para ese momento el lobo mordió mi labio inferior arrancándome un jadeo por ello por lo pasional, caliente y tórrido que se había tornado no solo el beso sino la situación entre ambos. Él jadeaba de forma ronca dejándome ver lo que le gustaba el beso y como se encontraba en esos momentos, sus dedos que se habían enredado en los mechones de mi pelo de un tirón me acercó más a su cuerpo pegando estos por completo sin que una brizna de aire pasara, podía notar el roce de su pecho con el mío, su mano cálida enredada entre mis mechones y la otra afianzándose justo al final de mi espalda haciendo presión en mi cuerpo contra el suyo. Me separé por falta de aliento por aquel beso devastador que nos habíamos dado, mis ojos lo miraron algo turbios en ese momento y no perdí la sonrisa observándolo porque parecía no haberse dado cuenta de ello, pero yo sí- Estamos fuera Kriger, hemos salido y estamos a salvo –aseguré para ver cómo abría los ojos y miraba que, efectivamente, estábamos fuera. Con la respiración agitada por el arrollador beso y sin perder la sonrisa mis brazos rodearon su cuerpo una por su cuello y la otra por su espalda para pegarme a él y abrazarlo sintiéndome más tranquila por haber salido los dos- no vuelvas a darme un susto como este, me tenías preocupada –aseguré dejando mi rostro en su cuello siendo consciente de que estando de esa forma poco tardaría en apartarme de su lado, sin embargo me daba igual porque de verdad me había asustado y me había preocupado por él. Puede que pensara que todo lo que hacía con respecto a él fuera simplemente una estrategia que traía con él para algún motivo que no concebía, sin embargo la verdad era muy distinta, porque yo realmente era así, cariñosa, cercana, cálida con la gente que me importaba... y aunque él no lo creyera sí, me importaba el lobo. Porque quizás era cierto que era el nieto de quien era, que era mí “enemigo” aun cuando yo no lo veía de esa forma, pero yo más bien veía que lo habían hecho de esa forma y lo habían moldeado para que fuera así sin dejar oportunidad a que realmente fuera “él”, porque me había salvado en varios ocasiones y porque si no me importara no lo habría salvado yo tampoco incluso en aquella celda cuando lo solté. No, él como lo era yo tan solo era víctima de un hijo de puta sin corazón que no miraba ni por su propia sangre, que no le importaba lo que le pasara pero a mí sí me importaba- no vuelvas a intentar alejarme así de nuevo Kriger, no niegues mi ayuda cuando la necesites porque creas que no es justo o no la mereces –no me solté del agarre que tenía sobre él y, hasta en cierto sentido, me gustó tenerlo tan cerca y pegado a mi piel- yo no soy tú enemiga, yo no soy como ellos que te dejarán atrás y te abandonarán, puedes confiar en mí –mi mano subió hasta su nuca donde dejé allí mis dedos para separarme a mirarlo, mordí mi labio observando esos orbes grises preciosos que tenía, para mirar luego sus labios tan apetecibles con mi piel ardiendo- te dije que sí tenías salvación Kriger, la prueba es que has salido. No es todo oscuridad lo que hay en ti –alcé mi rostro para rozar sus labios con los míos- ¿a qué le tienes miedo realmente? ¿A sentir? Sentir no es malo, sentir es lo que te ha hecho salir de ese pantano lleno de dolor y de pesar –mordí su labio inferior- o dime que no sientes ahora mismo, aunque sea deseo, por mí... porque yo sí lo siento por ti.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Jue Jul 05, 2018 8:03 am

Negaba con la cabeza sin parar, su cuerpo se pegaba al mio mientras sus cadenciosos labios susurraban contra mi boca que de algún modo “me quería” amor, bella maldición que suena a utopía, yo no merecía amor, no conocía amor y en el mundo en el que vivía eso solo implicaba destrucción.

Bajé mis grises a sus azules, por un momento quise creer en la redención, en que podía tener una vida mejor, con ella, en Akershus, una familia, hijos que vinieran de una relación no de una violación.
Noches de caricias, momentos de risas y no se, eso que hacían los hombres y las mujeres cómplices que se querían.

La realidad golpeó mi cara, negué con la cabeza recordando lo que hicieron conmigo en la mazmorra de Akershus, como Erlend me trató, me odiaba y no lo culpaba pues era y siempre seria el hijo de Hati, el nieto del rey.
Seguí negando perdido mientras ella trataba de convencerme de algo que con la ingenuidad de una niña creía poder ser, peor yo, criado entre monstruos sabía de lo imposible que eso resultaba.
-Soy un monstruo egipcia, uno que no esta destinado a ser feliz, si no a luchar hasta morir.

Aseguraba que no eramos enemigos, pero se equivocaba, en Akershus yo siempre seria el bastardo nieto de Randulf, un asesino de rebeldes, un detestable lobo sin redención y ella la mujer que trataba de dar solución a un juguete roto como yo.
-No quiero tu amor -escupí contra sus labios – ni sentir ¿dices que no puedo negar que lo hago? Es cierto, te deseo, pero eso no cambia un ápice lo nuestro.
También mi padre deseó a mi madre, la tomo frente a los ojos de su recién casado esposo, la tumbo en la mesa y allí la forzó hasta que sangro. Nueve meses después nací yo.

Negué con la cabeza de nuevo mientras sus manso cálidas rodeaban mi nuca, me acariciaban y yo trataba de huir, miedo, si, seguramente era eso pánico, pánico a amar y ser amado.
-acabaré esta misión y volveré a casa a recibir mi castigo por el fracaso en una misión sencilla, capturar a una maldita niña, una Cannif que ni siquiera sabe empuñar un arma -rugí.



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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Jue Jul 12, 2018 4:39 pm

Habíamos conseguido salir de aquel pantano con el hechizo y la maldición que este mismo tenía, casi parecía como un milagro que el lobo dejara de pensar y su mente en blanco para que no siguiera hundiéndose más. Cierto era que lo tenía complicado para salir pero en ningún momento dejé que el desánimo pudiera conmigo y mucho menos el pensar que no saldría de allí con vida, no mientras yo estuviera allí para ayudarlo tal y como le había dicho que pasaría. Para gente como él ese pantano significaba el final de sus vidas, era casi imposible que alguien con tanta oscuridad y desesperanza, carentes de fe, pudieran salir con los malos pensamientos que el hechizo te hacía recordar o proyectaba en tu mente en cuanto ponías un pie en sus aguas. Yo misma había sido víctima de tales imágenes, sin embargo a mí no me afectaba de igual forma porque yo tenía fe y esperanza, creía en estos y el sentimiento de amor estaba innato en mí... contrarresté las imágenes negativas de muerte de mi familia, de sangre y destrucción por otras completamente diferentes de felicidad, de sentimientos, de cariño para luchar contra el hechizo y fue así como pude alcanzar al lobo que parecía hundirse más y más. Terco como él solo y cabezota no dejó de insistir en que me fuera y lo dejara allí a su suerte, si hubiera querido hacerlo no habría puesto un pie en el interior y no habría ido en su búsqueda. Pero él, que se negaba a sentir algo positivo y dejar que alguien lo ayudara no dejaba de repetirme que me marchara, incluso me daba manotazos apartándome provocando que frunciera el ceño porque a ese hombre le costaba demasiado dejarse ayudar, que alguien se preocupara por él de una forma desinteresada como era la mía sin pedir nada a cambio. Él, que solo había conocido dolor, negación y rechazo era lo que pretendía hacer conmigo: que me fuera dejándolo allí. Pero a mí ni se me pasaba por la cabeza y ya no sabía qué más hacer para que dejara de ponerme pegas y trabas, que me ayudara un poco a sacarlo de allí. Llegó a decirme que no quería mi ayuda y que no temía a la muerte, pero no iba a morir en esos momentos si yo podía hacer algo... así que hice lo único que a veces parecía funcionar con él: besarlo. La primera vez que lo besé su comportamiento cambió, aunque levemente, en comparación conmigo... así que mis labios presionaron los suyos y cuando él estaba ya centrado en el beso devorándome como él solo sabía fui andando hacia atrás lentamente en lo que él, puesto con todos sus sentidos en el beso, me seguía hasta llegar a tierra firme momento en el que se intensificó el beso y sus dientes mordían mis labios, su mano enredada en mi pelo acercándome hacia él sin soltarme. Al final acabé haciéndole ver que sí habíamos salido y que era cierto que se podía redimir, que había esperanza para él. Mis brazos rodearon su cuerpo pegándome a él pero que en ningún momento me separó, solo negaba con la cabeza aún todavía sin soltarme.

Podría negar todo lo que quisiera y decir de boca hacia fuera, pero sus acciones y sus gestos decían más que las propias palabras. No me apartó, ¿acaso eso no era ya un avance? En otro momento no habría dudado en pegarme el empujón alejándome de él, en esos momentos ni me apartaba. Alcé mi rostro para contemplarlo en lo que mis labios rozaban los suyos sintiendo su cálido aliento en estos, le hacía ver que si tenía salvación y que era posible porque habíamos salido de allí, que no era como el resto de los que él había conocido porque yo no quise hacerle daño nunca... sí, era cierto que le di latigazos pero solo fue producto de todo lo que había pasado, había intentado violarme y de no llegar mi abuelo nada le hubiera parado, por ese motivo le di latigazos... pero luego no pude hacer nada y yo no pedí que lo azotaran y pegaran, de hecho, lo desaté en cuanto lo vi y me reproché el haberlo dejado allí ese par de días. Nos contemplamos de manera fija durante unos momentos, sus grises en mis azules sin apartarnos y no dijimos nada, por un momento creí que iba a ceder un poco pero de nuevo negó ante mis palabras haciéndome ver y creer que era un monstruo como lo era su padre y su abuelo, que para él no existía la redención y que su camino ya estaba forjado y decidido por los dioses, sin embargo ninguno sabíamos lo que nos tenían deparados y las tornas podían cambiar fácilmente. Aunque por mucho que me negara no cambiaría de opinión ni de parecer, seguía pensando que era posible y más después de ver cómo habíamos salido del pantano, el camino con él no sería fácil pero era posible. Él para mí no era mi enemigo, de serlo no lo habría ayudado y se lo dejé claro, podría ser el nieto de Randulf pero eso a mí no me decía nada porque no lo veía que fuera como ellos, de serlo no habría dudado en intentar escaparse, o intentar llevarme al castillo costara lo que costara... no se habría comportado igual y sobre todo; no me habría ayudado en la celda. Tampoco me habría abrazado en el sofá... porque fue él quien lo hizo por decisión propia, él no era como ellos pero criado así tanto tiempo era normal que lo pensara. Me dijo que no quería mi amor y yo enarqué una ceja por eso, ya que no había hablado de tal cosa, pero sí de que me importaba y de ahí mí ayuda. Mis ojos lo observaron de forma fija cuando dijo que no quería sentir pero sí que reconoció sentir deseo por mí aunque según él eso no cambiara nada... mas se equivocaba porque siempre me había dicho al principio que nada sentía por mí ya que no me consideraba siquiera una vikinga, luego reconocía que sí me deseaba... bueno, eran pequeños pasitos. Lancé un suspiro y negué con la cabeza sin soltarlo aprovechando que él tampoco me apartaba y que su mano seguía en mi pelo.



-No eres un monstruo Kriger, eres un lobo y un guerrero pero no un monstruo... tú no eres como tu padre o como tu abuelo, distas mucho de serlo porque ellos no habrían salido de este pantano, ellos no habrían hecho la mitad de cosas que tú sí has hecho incluso por mí, aun cuando no estábamos vinculados –mis dedos recorrían su nuca- ¿y por qué no podrías estar destinado a ser feliz y a luchar hasta morir al mismo tiempo? ¿Acaso ambas cosas son incompatibles? Mi padre es feliz y luchará hasta morir aunque eso acabe con mi madre, mis tíos son felices y lucharán hasta morir, mi abuelo es feliz y luchará hasta morir... toda mi familia es feliz y luchará hasta morir, ¿por qué acaso tú no podrías hacerlo, qué tienes de diferente que te lo prohíbe? Absolutamente nada, créeme Kriger, eres capaz de hacer ambas cosas porque ninguno sabemos nuestro destino, solo lo saben los dioses y rara vez se manifiestan para decirnos cómo acabaremos –sonreí sin dejar de mirarle- no eres un monstruo y ni tú mismo sabes a qué estás destinado, pero puedes ser feliz si quieras lobo, solo que no has tomado esa decisión por el momento –nuestros labios se rozaban con cada palabra pronunciada sin dejar de mirarnos- ¿quién ha hablado de amor, Kriger? He dicho que me importas, que esté enamorada de ti... son dos conceptos diferentes porque yo soy así con todos, me preocupo por aquellos que me importan y aunque no lo creas sí, me importas... de lo contrario no te habría ayudado, no te habría soltado en la celda –mordí mi labio inferior por sus palabras- tú no eres como tu padre Kriger, ellos te han criado para que pienses de esa manera pero no es cierto y ya te lo he demostrado con creces en varias ocasiones. Te han hecho creer que eres un lobo malo y feroz, es cierto que eres un lobo; pero no eres malo... si lo fueras no habrías hecho ciertas cosas, y hacerlas no te hace débil –mis dedos acariciaban su nuca- tú padre, junto con tu abuelo, son dos hijos de puta que no tienen miramientos... que tú nacieras así no significa que ese sea tú sino Kriger, tú puedes elegir tú propio camino lejos de todos aquellos que quieran imponerte; ellos o incluso yo misma. ¿No te das cuenta de que el único que es dueño de su camino, de su vida, y de su destino... eres tú mismo? Puedes decidir no volver, puedes tomar un camino diferente ajeno al de todos... no tienes por qué forzarte a ser como ellos igual que no puedo forzarte a que vengas conmigo. Sé que crees que en Akershus vas a volver a estar encerrado y que te pasará lo mismo, pero si digo lo que has hecho y expongo tú situación nadie osará hacerte nada, no porque me tengan miedo, sino porque ellos son más razonables y saben que el cae a manos de Randulf a veces no sabe ni lo que hace. Todos merecen una segunda oportunidad, incluido tú Kriger. Eso no significa que tenga que ser conmigo, puedes empezar una vida nueva en otro lugar tú solo... aunque sé que acabarás echándome de menos –sonreí riendo levemente entre dientes, seguía negando con la cabeza y lancé un suspiro para luego mirarlo de forma fija por sus últimas palabras- así que... ¿ya no vas a llevarme ante tu abuelo? ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? –Alcé mi rostro para acariciar su nariz con la mía- ya no pretendes arrastrarme allí, quizá porque en el fondo sí que te importo y no quieres que me pase nada... quizá sí empieces a sentir algo, aunque sea algo de “cariño” hacía mí además de solamente deseo, quizás incluso por empezar a acostumbrarte a estar conmigo todos los días. No tienes por qué volver, puedes quedarte y empezar una vida de cero, yo puedo ayudarte de ser necesario... no a mí lado pero sí puedo mostrarte que hay otra forma de vivir que obedecer a alguien que no tiene miramientos por ti y que no le importa lo que te pasé, muchos han cambiado sus vidas ¿por qué tú no podrías hacerlo? Eres igual que todos y las segundas oportunidades existen por algo, solo tienes que dejar que se de la ocasión –aunque algo me decía que acabaría volviendo con Randulf por la fuerza de la costumbre- en Akershus puedes ser libre si lo desearas, o en cualquier otro lado también... se puede empezar de cero y yo puedo mostrarte cómo –ladeé mi sonrisa por sus palabras- no soy una misión “fácil” lobo, soy mucho más complicada de lo que aparento a simple vista -y él podía dar buena cuenta de ello- sin embargo te equivocas en dos cosas; la primera es que sí sé empuñar un arma, salvo que he elegido el camino de no hacerlo porque no lo veo necesario, ¿acaso te he puesto yo una espada en el cuello y te he obligado a venir conmigo, o a que me ayudes a cambio de tú vida? –Negué con la cabeza porque simplemente se lo había pedido y ya- y lo segundo es que a veces Kriger no se es preciso tener un arma para hacer daño, o para infligir una herida... las palabras tienen mucho peso y son hirientes y dolorosas, y esa es la mejor arma que yo utilizo –y que él bien sabía y conocía por mi parte. Mis labios acortaron la distancia antes de que el lobo pudiera decirme algo que, de seguro, iba a reprocharme o contradecirme sin darle la opción a que pudiera hacerlo presionando sus labios, dejando que volviera a centrarse en ese beso donde mordí su inferior separándome ligeramente para mirarlo- yo te he dado la opción para que puedas redimirte Kriger, si en algún momento deseas tomarla seguirá estando en pie –sonreí apartándome no sin antes dejar un mordisco en su labio- y ahora continuemos, debemos volver a la hoguera a por nuestras cosas –y lo mejor sería dar un rodeo evitando de nuevo la zona, no quería que pasara lo mismo así que tomé su mano y tiré de él importándome poco lo que pudiera decirme.


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Nailah Zahir
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