Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Schmetterling el Vie Oct 13, 2017 10:57 pm

Su vida entera había estado al servicio de Dios. No había una autoridad superior a la que ella entregara sus actos y sus palabras salvo al que sacrificó su vida por la humanidad. Dentro de la organización se sabía existían distintos tipos de devotos y aunque a últimas fechas una minoría buscaba más bien un objetivo personal, existían aun integrantes como Schmetterling que difícilmente anteponía sus propios intereses. Absorta en un silencio ensordecedor el crujido de las llantas del carromato parecía ser la única posible distracción en su distracción espiritual. Un velo oscuro cubría el rostro níveo de la inquisidora y aunque no había algo más oscuro que la consciencia misma, el refulgente brillo de los ojos cerúleos sobresalían entre el espesor del tul.

Entre sus dedos se entrelazaban las cuentas de un rosario, instrumento que había sido testigo fiel de muchos castigos en contra de aquellos que osaran desafiar los preceptos cimentados por su mentora. Los latidos calmos de la mujer se asemejaban al aleteo constante de un ruiseñor en cautiverio, pero sin dejar de lado la fortaleza que le hacía un integrante digno de temer y admirar entre las filas de los inquisidores. El cochero advirtió que estaban próximos a arribar al encuentro con el sobrenatural que causaba problemas los últimos días. La instrucción era sencilla, aniquilarlo y llevar consigo una parte del cuerpo del monstruo como prueba de haber concluido el trabajo. La mujer asintió y una vez que descendió del carruaje, pidió al cochero marcharse. Ella sabría cómo regresar a los cuarteles.

Se abrió paso entre los pasadizos. Los árboles que delimitaban el terreno susurraban sigilosos ecos de muerte y lobreguez. Se fundió entre las mismas sombras pálidas y frías que reptaban por los muros acanalados y frágiles, la estructura misma parecía derrumbarse en cualquier instante. La aparente calma se vio quebrantada por el respirar agitado del sobrenatural en cuestión, hecho que parecía tranquilizar a la inquisidora, pues nunca había errado en sus misiones posteriores.

–No me obligues a hacerlo de mala manera–

Susurró a la oscuridad.

El aura de su anfitrión revelaba a un licántropo quizás. Sentía en el alma el tener que fungir como el verdugo en las últimas horas de esa bestia, pero, tampoco podía darse el lujo de fallar. A su paso recogió lo que parecía ser la gabardina maltrecha, perteneciente al otro, a pesar de tener las manos protegidas por los guantes sedosos, las visiones llegaron a su mente de forma violenta. Un pequeño siendo transformado por un licántropo mayor, había vendido su parte humana para salvar a su familia, hermanos, una madre enferma ¡Basta! Arrojó con repudió la prenda y entonces las respiraciones se volvieron más palpables, su instinto le advertía lo que posiblemente fuera a encontrar ahí pero quiso asegurarse.

–Clamare Lux–

El destello que rodeó enseguida a la inquisidora le mostró a un jovencito de no más de 12 años, herido y cabizbajo. Había regresado a su forma humana minutos atrás probablemente.

–Pero si solo, es un niño– musitó.



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Re: Ouroboros | Privado

Mensaje por Bartolomé Nazgul el Jue Oct 19, 2017 1:07 am

Siempre le dolía todo el cuerpo al momento de regresar a su forma humana. Aún así era un dolor que aceptaba con gusto pues los primeros días, luego de la luna llena, Bartolomé se sentía más dueño de sí que nunca. Luego, poco a poco como el correr de los años, volvía la bestia con la que compartía su cuerpo a dominarlo todo… pero no en esos momentos, respiraba y se sentía a salvo de sí mismo.

Desde su llegada a París, Bartolomé usaba las catacumbas como refugio de la bestia… allí iba cuando necesitaba aplacarla, calmarla un poco para que le permitiese vivir. Claro que no siempre lo lograba, el tormento solía ser mayor…  y eso que lo atormentaba estaba ligado con la muerte –tenía la certeza más profunda que jamás hubiese sentido ante ninguna otra cosa, aunque no pudiese explicarlo con palabras-, antes de la luna llena su cuerpo le impelía a visitar cementerios, catacumbas, hospitales… cualquier cosa que se relacionase con la muerte, cualquier sitio en el que pudiese sentir el helado dedo del fin rozar su columna vertebral, y de todos los lugares ese era el que más frecuentaba y el que había elegido esa noche.

No había estado solo allí, una pequeña manada lo había acompañado pero extrañamente no había tenido problemas con ellos, cada bestia vio por lo suyo bajo esa luna y si bien no se sintió aceptado o integrado, tampoco lo molestaron.
Le gustaría decir que todo había pasado rápido, pero no había sido así… la tortura parecía durar cada luna un poco más y en los momentos de enajenación más profunda la bestia recordaba y alimentaba su dolor con viejas sensaciones a las que recurría. El aullido de la que había sido su alfa en las épocas en las que pertenecía a un grupo, a una manada, cuando era aceptado y tenido en cuenta, cuando a alguien le importaba. Los violentos coitos en los que se veían irremediablemente enredados cuando estaban convertidos en bestias… El momento en el que lo habían expulsado del grupo, la traición y el odio. Todo, absolutamente todo era recreado en su mente –la del demonio- una y otra vez y él no tenía salida, no podía más que asistir como testigo a aquella tortura.

Volvió a su forma humana, le costó un poco hallar la ropa de repuesto que siempre llevaba pero lo hizo y, tras vestirse, no pudo hacer más que dormir. Simplemente se dejó caer en un rincón del húmedo y pestilente lugar, pues ya le daba igual todo. Se despertó sobresaltado, alterado. Su instinto le avisaba que se acercaban problemas y que más le valdría salir del lugar cuanto antes… pero también sabía que no estaba solo, la manada con la que había compartido aquel lugar en la noche había dejado atrás a un niño. Lo entendió tarde pues la mujer ya estaba allí. ¿Quién era? Su aura le decía que era especial, una bruja tal vez…


-Buenos días –saludó, mientras su mente corría veloz para intentar inventar a tiempo una historia convincente-. Oh, veo que hemos venido a este sucio lugar por lo mismo, por este niño… que lamentablemente es mi hijo. –Mentía, claro, pero con su más seductora sonrisa-: ¿Ha hecho algo malo este mocoso mal aprendido, señora mía? Dígamelo y me encargaré yo mismo de castigarle.


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Re: Ouroboros | Privado

Mensaje por Schmetterling el Dom Nov 26, 2017 7:04 pm

Un ciclo interminable. Eso había sido la vida de Sabine desde el primer día que puso un pie en los sagrados recintos de la Inquisición. Aunque poco quedaba ya de esa mujer temerosa del mundo y de los alcances que sus propios poderes podían causar. Ni siquiera el recuerdo borroso de su verdadero nombre por el cual su madre le había bautizado o del hombre que la había desposado años atrás y de quien ahora se hallaba oculta nuevamente bajo la custodia y magnificencia de quienes alguna vez juraron fidelidad al creador. Su mente fue perturbada ligeramente por demonios propios y por aquellos que habían sido desprendidos de tajo de aquella prenda perteneciente al sobrenatural. La mirada asustadiza de este causaba quizás excitación en muchos otros inquisidores, pero no en Schmetterling. Y eso no le facilitaba en nada las cosas.

Se sorprendió al ver aquel ejemplar un pequeño licántropo que se hallaba muy por debajo de los otros monstruos a quienes había tenido que liquidar en misiones previas. No obstante el sendero de muerte que rodeaba su aura era motivo suficiente para que dejara de lado su lado condescendiente. Sonrió apenas con amargura al ser ella la última imagen que ese pequeño bastardo tendría de ese mundo terrenal. Aparentemente acabaría antes de lo que había predispuesto, no obstante como un tirón de luz en la oscuridad, una presencia más se estaba sumando a la escena. Un ligero escalofrío le recorrió a través de su espina y apenas tuvo tiempo de suspirar. El destello que aún tintineaba a su alrededor le permitió verle por completo.

Errar era un lujo que no se había permitido hasta ese entonces y aunque aquel hombre poseía un arsenal de habilidades como cualquier otro de su tipo, ella no cedería hasta que su último aliento fuese arrancado de su cuerpo inerte. Su objetivo primordial se hallaba demasiado exhausto debido a su transformación así que no significaría un elemento en contra de momento. No obstante se vio interrumpida.

–¿Que tenemos aquí?–

Giró levemente su cuerpo para encarar a su nuevo enemigo, una bestia más en el ciclo natural donde el más fuerte sobrevivía y los débiles debían sucumbir ante la supremacía contraria.

–Solo he venido a tomar una vida, pero si la noche me ha traído una presa más, no seré quien vaya en contra los designios divinos. Guardé sus saludos buen hombre, este niño ha asesinado a más de 10 personas en menos de dos noches y si usted es su responsable debería tener una buena explicación para esto que acabo de descubrir–

El olor a humedad en aquellas catacumbas crispaban los nervios sin lugar a dudas, los muros eran testigos ciegos de quizás muchos otros enfrentamientos o torturas que habían tomado lugar en sus pasadizos. Nadie echaría de menos a ninguno de los protagonistas de dicha escena sea cual fuere su destino después dela venidera batalla, después de todo, los tres pertenecían a un mismo grupo de seres sobrenaturales, pero dependería mucho la decisión del hombre que recién arribaba en la escena.

–Descuide que para eso existimos nosotros, para castigar a quien ha obrado mal–

Algo se movió dentro de la hechicera al tener en cuenta el supuesto vinculo que el hombre presumía tener, no obstante no bajó la guardia.



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Re: Ouroboros | Privado

Mensaje por Bartolomé Nazgul el Sáb Dic 16, 2017 11:19 pm

De Bartolomé Nazgul podían decirse muchas cosas –y de hecho había mucho que se decía, solo que pocos eran los que conocían su verdadero nombre y apellido y por eso él siempre encontraba la forma de acabar librado de todo-, menos que era un ser estúpido. Por eso fue que rápidamente cambió de estrategia a una por completo individualista, le hizo un gesto de disculpa al muchachito poniéndolo en aviso de que le soltaría la mano en aquella cuestión, ya vería como se las apañaría con la inquisidora, ya no era problema de Nazgul. Si alguien de los allí reunidos estaba pronto a arder en la hoguera o a ser desollado vivo, ese no sería Bartolomé, juraba al cielo que no.

-Ah, con que un asesino… Entonces he de serle sincero, ¿cómo mentirle a una mujer tan hermosa como usted? No, no hay forma… La verdad es que no lo conozco, descuide que no seré impedimento para que se haga justicia con él, bella dama, que pague lo que deba pagar –le dijo, con su más radiante sonrisa-. Yo digo que debemos hacer como que yo nunca estuve aquí. Olvídenme y también yo los olvidaré. A menos, claro, que la señora aquí presente me acepte la invitación a almorzar alguno de estos días…

Era un loco, amante de la adrenalina. Y sí, eso no podría negarlo. La invitó por dos motivos principales, el primero era porque estaba frente a una mujer bella, sensible, evidentemente vulnerable ante los halagos; el segundo que sabía bien que ella no aceptaría, suerte tendría si lo dejaba salir de allí sin que hubiese una pelea previa. ¿Quién se llevaría a un solo licántropo cuando podía atrapara a dos y quedar bien posicionada ante sus superiores? Ah, pero Bartolomé no era Bartolomé si no podía intentar seducir a las mujeres… Y a algunos hombres, ¿para qué ocultarlo?

-No es que suela comer con inquisidores, pero si usted pudiese dejar esa condición suya, tan honorable por cierto, a un lado por una sola velada vería que en mi compañía se lo pasaría muy bien… Al menos es eso lo que la mayoría de las mujeres me han dicho –le volvió a sonreír, seductor-. Váyase, querida. Haga lo que deba hacer con este asesino que no hace más que ensuciar a los sobrenaturales con sus crímenes horrendos, y piénsese mi propuesta.

Como si nadie lo notase, Bartolomé pasó junto a ellos rumbo a la salida. Al parecer, y de momento, estaba teniendo suerte en su táctica de distracción previa a su huída.

-Piénselo y si acepta puede encontrarme en el restaurante Lune D’or del centro de la ciudad el próximo sábado al mediodía –si, la hora perfecta pues dudaba que se atreviesen a montar un escándalo para capturarlo con tanta gente rondando-, la estaré esperando.


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