Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Nada como un té caliente (libre)

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Nada como un té caliente (libre)

Mensaje por Delila Heartsmith el Lun Oct 16, 2017 2:04 pm

La tarde era fría, lluviosa como era costumbre incluso en verano. Los londinenses ya no se dejaban impresionar ni por las lluvias de verano. Caminaban bajo paraguas o con la mera protección de un sombrero de copa raído ya por todas aquellas veces en las que había quedado empapado. Los caballeros acogían a sus damas entre sus capas, usando el tiempo como excusa para mantenerlas cerca. Los caballos ni se inmutaban con el frescor del agua al caer en su lomo. En realdiad no resultaba de ninguna manera molesto el clima, alguna vez me había aventurado por otros lugares en verano y el calor resultaba insoportable.

Distraída observaba el panorama desde el otro lado del cristal. Sobre la mesita descansaba un periódico del día, una humeante taza de te y mi cuaderno de bocetos con una hoja en blanco. Aquella mañana decidí tomarme el día libre. Llevaba unas semanas atendiendo a negocios sin darme un simple respiro y las fuerzas empezaban a brillar por su ausencia. En estos casos una buena taza de té en una de las mejores cafeterías de Londres (o al menos aquella lo era para mi) y una sesión de bocetos con la simple compañía de mis pensamientos arreglaban todos los males.

Tras tomar un sorbo de aquella deliciosa bebida me dispuse a dibujar. Cada vez que me veían entrar por la puerta los dueños se alegraban de verme. Si bien es cierto que tendía a ocupar largas horas una mesa era uan clienta asidua. Además, no me limitaba a pedir una sola cosa para toda la mañana, si no que iba haciendo pedidos en momentos estratégicos para que a los dueños les compensase tenerme allí. Paseé la mirada por al cafetería, planteándome si plasmar la delicada decoración interior, acorde con las mesitas de té y los pequeños silloncitos que le daban un aire tan acogedor al local, pero caí en la cuenta de que probablemente ya tuviera más de un dibujo de aquello. Miré de reojo al camarero limpiando con cuidado el mostrador y colocando con amor las pastitas. Quizá podría dibujarle a él, pero si por un casual veía mi dibujo podría llevar a queivoco, y prefería evitar una situación incómoda. Miré por la ventana de nuevo buscando algún tipo de inspiración, y entonces lo vi.

Un coche de caballos descansaba al otro lado de la calle. En realidad no tenía nada de especial. El carruaje no estaba en absoluto decorado, era completamente negro, de madera raída y cortinas igualmente negras y un caballo a juego con todo lo anterior. Aquel caballo fue en realidad el que captó mi atención. El animal tenía un aire triste, quizá porducto de las crines húmedas por la lluvia y de la posición de la cabeza. Quizá porque mis ojos habían captado tanto negro que me recordaba a los coches fúnebres que había visto muchas veces, aunque sabía que este no era de esos. El animal miraba hacia el suelo. De no ser por las anteojeras habría jurado que el animal tenía la mirada perdida. Su pata trasera izquierda estaba en posición de descanso, sin embargo no paraba de mover las orejas con cierta inquietud.

Por mi mente se pasaron muchas preguntas. ¿De quién sería aquel carruaje?¿qué circunstancias habrían traído a quien quiera que fuese allí?¿por qué aquel caballo me parecía tan triste?. Con varias hipótesis en mi cabeza, a cada cual más fantasiosa, me dispuse a dibujar. De cuando en cuando daba un sorbo a mi té para evitar tomármelo frío. Nada apetecía más que una buena taza de té caliente en un día lluvioso de verano.


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Re: Nada como un té caliente (libre)

Mensaje por Eleonor Divella el Dom Nov 05, 2017 4:11 pm

Cuenta la leyenda que dentro de los barcos existen pequeñas criaturas que suelen avisar de las futuras muertes…No son roedores, son animales pequeños que nadie puede ver, pero todos pueden oírlos y quien vea uno augura su muerte…

Esas son mentiras, lo que ocurre es que muchos subimos como polizontes y terminamos siendo confundidos como parte de esas leyendas ya que casi no dejamos vernos a los ojos de los humanos. Así estaba en ese viaje, como una polizonte enterrada entre los barriles vacíos asustada de ser vista, mis pequeñas provisiones se iban acaban y con todo el miedo esperaba que pronto atracáramos en puerto porque no quería estar más en medio del mar, no luego de lo que ocurrió hace años. Trato de no pensar en ello y solo me concentro en cosas alegres y positivas como nuevos botines, a más de que la razón de este viaje se debía a una sola causa y era estar tras aquella persona, aquella bruja que se movía entre las turbias aguas del mercado negro.

Inglaterra no era uno de mis lugares favoritos, me traía recuerdos muy molestos y desagradables, sobre todo en los días lluviosos. La tarde para cuando llegamos era una de esos momentos, las pequeñas gotas de lluvia, la niebla de la ciudad y el aroma pestilente de la ciudad era tan característico como inolvidable. Tuve que tomar todo el acopio de mi ser para no vomitarme ni bien bajar del barco, parecía estar pálida por lo que tuve que tomarme varios minutos antes de recuperar el color de mi pelaje.

Anduve por la ciudad unos cuantos pasos, entre las cacerías de perros y uno que otro cazador chinchón hasta que llegué a uno de las famosas esquinas de la ciudad londinense, donde el aroma de los cafés y tes de la tarde son lo que más abundan. El paso de los caballos se escucha por la calle, aun me recuerdan ese día, bajo por aquella calla transitada y llego hasta donde está la parte más adinerada, donde muchos dandys frecuentan aquella zona comercial. Un pequeño acto que causa admiración entre todos, entre uno de los callejones encuentro algo de tela roída y sucia y lo acomodo como un collar de payaso junto a un pequeño gorro de fiesta en cartón.

En las calles la gente observaba riéndose y aplaudiendo mi acto, pero solo era parte de la distracción, mientras más se acercaban podía observarlos y tasar su valor, sus pertenencias y lo que puedan ocultar en sus bolsillos; uno de aquellos “espectadores” llevaba una bolsa llena de dinero, monedas de oro pero el muy tacaño solo da una moneda de plata, una pequeñita chelin que no ayudaría más que solo para un vasito con cuarto de agua. Que gente más avara, pero eso es bueno porque él es el indicado para que se convierta en un “benefactor” al menos por unas horas.

El acto termina y sigo sigilosamente al sujeto, veo en qué lugares entra y para mi suerte ingresa a la sastrería, bingo, al entrarme por el techo veo al sujeto que probarse traje por traje dejando un lado la leva con la bolsa de dinero, “mí día de suerte” , me acerco en silencio hasta tomar la bolsa, sin dejar de ver al hombre como desprecia al pobre anciano que solo le sonríe asintiendo. Al salir con el botín, aquel tipejo suelta los gritos y las cosas que me arroja intentando atrapar, pero soy más ágil de lo que esperaba y con la velocidad del rayo salgo como alma que lleva el diablo corriendo por las calles pero el grita y veo que hay más de esos hombres de azul, a uno de ellos reconozco del pasado, así que corro como alma que lleva el diablo y me meto entre las patas de los callos para perderlas la pista pero nada, siguen tan ostinados, corro más rápido hasta llegar a una cafetería donde entro aprovechando que tienen la puerta abierta y meto debajo de la primera mesa tomando algo de aire, pero no me percate que esa mesa estaba ocupada hasta que un sonido de lápiz y el aroma de alguien más llegó a mi pequeños bigotes.

Maldigo mentalmente por haberme metido debajo de una mesa ocupada y por haber regresado a Londres.





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Re: Nada como un té caliente (libre)

Mensaje por Delila Heartsmith el Mar Nov 28, 2017 6:35 am

Ajena a lo que ocurría fuera, o más bien, haciendo como que no me daba cuenta seguí dibujando. Era increíble como Londres estaba lleno de personas maravillosas con secretos muy bien guardados. Cambiantes, vampiros, licántropos. Conocía cada uno de esos olores, de esos aromas que se cruzaban una y otra vez en mi camino. Siempre que esto ocurría ambos nos mirábamos con complicidad, sabiendo lo que había tras esa tapadera. También era increíble las diferencias sociales existentes. Mis padres desde pequeña me habían enseñado a llevar el dinero justo, y a no aparentar. Ser presumido era lo peor que podías ser en Londres, te convertía en blanco de todos aquellos necesitados que no tenían otra opción.

Cuando sentí que aquel pequeño y ágil animal de largos bigotes se escondía bajo mi mesa le hice notar que estaba allí haciendo algo de ruido. El suficiente para que lo escuchara y el necesario para que nadie se girara a mirar a mi mesa. Podía imaginarme qué le llevaba hasta ahí, pero no era quién para juzgar, y después de todo no llevaba nada de valor en mi bolsa. Tan solo el dinero justo para pagar en la cafetería y mis materiales de dibujo.

Con disimulo bajé la bolsa entreabierta hasta el suelo, no sin antes poner sobre la mesa mi monedero como indicando que quería pagar ya. Mientras la camarera iba con aire distraído a traerme la nota me agaché para guardar mis materiales de dibujo. Miré con disimulo al pequeño hurón que respiraba con nerviosismo y en un susurro le dije: - Puedes meterte en mi bolsa, pero como hagas alguna tontería te puedo asegurar que tendrás a un gato bien grande persiguiéndote- Si nuestro encuentro hubiera sido en la naturaleza, en uno de mis paseos libre de responsabilidades quizá las circunstancias habrían sido algo diferentes.

Me incorporé de nuevo con tranquilidad dejando el dinero con algo de propina sobre la mesa. Me levanté de mi asiento para ponerme el abrigo y la bolsa bajo el brazo y salí por la puerta. Crucé la calle con calma. Todo el mundo estaba revuelto, los policías iban registrando a la gente, las personas de alta cuna se susurraban unas a otras indignadas y la mayoría estaban tan confundidos que simplemente miraban la escena con la boca abierta. Nadie reparaba en mi, tan solo era una muchacha ajena al bullicio que acababa de salir de una cafetería. En un momento dado giré hacia un callejón por el que apenas pasaba gente. Dejé de nuevo mi bolsa en el suelo a la espera de que el pequeño animal saliese de su escondite. -Estamos en un sitio seguro, nadie va a verte.-Dije con un tono calmado y suave.


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