Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Master of Death → Privado

Mensaje por Asbjørn Lindstrøm el Dom Oct 22, 2017 11:26 am


Durante noches enteras, había estado siguiendo la pista de un vampiro que estaba demostrando ser especialmente escurridizo. Asbjørn era eficaz, y paciente cuando debía serlo, pero este asunto estaba acabando con su paciencia. No sabía si estaba distraído por su reciente encuentro con Olympia, ese vínculo que lo unía a su pasado en Egipto, o que finalmente había encontrado un enemigo de su talla. No sólo eso, el hombre que lo había contrató le dijo que lo necesitaba con vida, que le diera caza, pero que él se encargaría de matarlo. El cazador giró los ojos y aceptó, no podía ser de otro modo, considerando que la paga fue más que generosa. Suposo que había un viejo odio entre el hombre y el inmortal, asunto que a él no le interesaba, desde luego.

Por quinta noche consecutiva, se armó con un arsenal ligero pero suficiente y allá fue. Ya más o menos conocía los lugares que el inmortal frecuentaba, también había logrado captar lo suficiente de su imagen como para poder reproducirlo en un dibujo, mismo que cargaba consigo como si la imagen de un santo se tratara. Esto ya se estaba tornando personal. Y estaba desperdiciando muchas noches despejadas en una sola causa, lo cual le estaba haciendo perder billetes. No que el dinero le interesara mucho, pero de algo tenía que vivir.

Lo vio entrar en el burdel. Sonrió y se escabulló al callejón que estaba detrás del maldito lugar de mala muerte. No era un sitio que frecuentara él por voluntad propia. Se quedó ahí, escondido en las sombras. La puerta trasera se abrió, un hombretón corpulento sacó a patadas a un sujeto, escuchó algo de que no fuera si no tenía para pagar, no prestó mucha atención, aprovechó para deslizarse por la puerta abierta y hasta el interior del lugar. Estaba en la parte donde las mujeres llevaban a sus clientes, y algo en todo eso le dio náuseas. Continuó caminando, mirando a cada sitio como si en cada rincón pudiera haber un enemigo.

Dio un respingo cuando alguien lo tocó por la espalda, al girarse, sólo vio a una trabajadora del lugar, que le sonreía. Le dijo que si buscaba con quien divertirse y a Asbjørn se le rompió el corazón. Dijo que no, pero le dio unas monedas y continuó por el pasillo, hasta llegar a una convergencia de varias puertas, ahí se quedó pensando qué camino seguir. Parecía un laberinto, y se dijo que tendría que ir, hacer el recorrido “normal”, es decir, de la entrada hasta ese sitio, y conocer mejor el lupanar.

Escuchó un grito, venía desde atrás y regresó sobre sus pasos, ese debía ser el vampiro que buscaba. Al regresar, encontró a la chica a la que le había dado el dinero, muerta contra la pared, con marcas de colmillos en el cuello. Asbjørn torció el gesto, de haber tardado más, la hubiera podido haber salvado.

Sé que estás cerca —musitó y giró sobre su eje, buscando.


Última edición por Asbjørn Lindstrøm el Miér Nov 22, 2017 6:01 am, editado 1 vez


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Re: Master of Death → Privado

Mensaje por Rebekka Herbjørnsrud el Mar Oct 31, 2017 9:49 pm

Qué lugar más extraño, aquel burdel de mala muerte. Las risas ebrias y los gemidos extasiados se oían desde afuera, pero apestaba a muerte. Rebekka sentía tiritar su ojo izquierdo y gruñir a su perra loba.

Quieta, Gerda. — ordenó, calmando al animal antes de entrar al lugar.

¿Qué hacía ahí? Antes muerta que vender su cuerpo. Tampoco iba a visitar a su madre al trabajo. Sólo era que el encargado le había encomendado la misión de descubrir la causa tras la desaparición de varias de sus chicas. Valía la pena; la paga era buena. Mentira; la paga era una miseria, pero a Rebekka le servía. Una noche en un cuarto para comer y dormir.

Se estaba desvistiendo en su habitación cuando Gerda se puso a arañar la puerta. Sabiendo lo que significaba, Rebekka tomó su espada y salió hacia el pasillo, a medio desvestir. Ah, reconoció esa piel de luna apenas vio a ese vampiro. Él seguía a una de las prostitutas que lo tomaba de la mano. Rebekka lo miró a los ojos y fue correspondida en la intensidad. El espíritu de Eldbjørg, la hechicera, aulló de furia dentro de la cazadora. Sin embargo, esta última se mantuvo impávida, dejando ir al inmortal. Ya sabía lo que ocurriría, y siendo franca con ella misma, no era mala idea.

Minutos después, ingresó sin pedir permiso adonde el vampiro había sido invitado. La mujer se estaba desangrando contra la pared. El maldito no la había secado por completo. Estaba sufriendo. Con el rostro neutral, pero lleno de pensamientos, Rebekka se acercó a la desgraciada y le susurró consolándola, en su inevitable trayecto a la muerte. La pobre, aun en su estertor, dio un alarido horrorizado, como si continuase viendo el rostro de su atacante.

Tranquila. Estás soñando. Así es, sólo es un sueño. Vuelve a dormir. — y la agonía llegó a su fin. — Ha det bra. — se despidió en su idioma natal.

Acarició el rostro del cadáver como si estuviera hecho de mármol, como si no hubiera sido humano alguna vez. «Mejor así», pensó. La vida de las meretrices nunca era larga, pero ella no había alcanzado a sufrir tanto. Ahora sabía la causa de las jóvenes borradas y su trabajo estaba terminado. ¿Valía la pena ir tras ese vampiro? No para ella. Podría haber evitado una muerte esa noche, pero no lo hizo, deliberadamente. Para la Noruega, si no mataban a esa chica en el acto, la mataban mañana. Ninguna flor nocturna con dos dedos de frente podía aspirar a vivir más de veintiún años con suerte.

Iba a informarle al encargado cuando oyó pasos y se ubicó tras una cortina junto con Gerda por precaución. Un hombre de semblante frío ingresó. La vagabunda no lo había visto antes en el lugar; tampoco daba la impresión de andar buscando una revolcada, pero ella reconoció su acento. Rebekka tomó un largo y desganado respiro. Haría algo que detestaba hacer: hablar con extraños. Puso un pie fuera y se dejó ver.

No creo que tu amigo vuelva aquí. Ya sabe que lo conocemos y a qué lugar frecuenta. — dijo desinteresadamente y con rudeza, meneando el filo de su espada en el aire. Intuía que el vampiro los estaba observando, apegado al techo o camuflado entre las prendas, pero no lo buscaba con la mirada para no tener que enfrentarse a él.

El desconocido podía hacer lo que quisiera; las horas extras no salían a cuenta, pero la consecución de los deseos sí. En cuanto a la muerta… bueno, hasta le daba gusto que hubiera fallecido, para evitarle algo peor. Lo sabía, pues se había criado entre medias y mujerzuelas.


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Re: Master of Death → Privado

Mensaje por Asbjørn Lindstrøm el Miér Nov 22, 2017 6:35 am


Algo no le estaba cuadrando, y eso le disgustó, aunque no al grado de perder los estribos, porque se conocía, y sabía bien lo que era capaz de hacer cuando eso sucedía. Los antiguos guerreros vikingos entraban en trance tras drogarse, pero él… él no necesitaba nada más que la furia desnuda de alguna afrenta lo suficientemente grave como para encender la chispa e iniciar el incendio. Tomó dos dagas, una con cada mano, las acababa de pulir y afilar, así que el puro destello plateado parecía poder lastimar la noche. Escuchó ruidos muy cerca, y se quedó quieto.

No obstante, lo que menos esperaba era ver a una chica aparecerse así como si nada. Los ojos desiguales llamaron su atención a pesar de la poca luz en el lugar. Asbjørn movió los propios rápidamente, dándose cuenta que no estaba solos, pero no hizo nada de momento, regresó su atención a la joven, a la que de entrada, confundió con una trabajadora del lugar, su poca ropa y su belleza pueril así se lo indicaron, hasta que abrió la boca y el acento nórdico, como el propio, lo golpeó de lleno, en la cara, un derechazo bien dado. Y es que no esperaba escuchar esas marcadas erres en un lugar así. Era todo, se sorprendió, nada más.

¿Tú hiciste eso? —preguntó, ignorando lo que acababa de escuchar. No era tonto. Señaló vagamente con la cabeza el cuerpo de la prostituta que seguía ahí, en un charco de su propia sangre, con la mordida en el cuello, y una herida más que seguramente fue la que terminó de matarla. Ese aroma no le causaba mayor repulsión al noruego, no así el regusto a alcohol que también permeaba en el lugar. Echó un vistazo a las manos de la joven, que jugaban con la espada y entornó la mirada.

¿Trabajas aquí? No, no trabajas aquí. Haces lo mismo que yo, ¿verdad? ¿Te mandaron también a cazar al mismo desgraciado? —cuestionó, y esta vez miró el rincón donde el vampiro se había mimetizado con las sombras; lo hizo de manera descarada y sonrió.

Niña, lo lamento, pero debo entregarlo con vida, o con… lo que sea que estas porquerías tengan —habló con desprecio. Odiaba a los seres sobrenaturales, pero a los vampiros sobre todas las cosas. Empuñó con más fuerza los cuchillos en sus manos—. Hazte a un lado, lamentaría tener que herir a una colega. —Entonces avanzó y empujó a la chica con el brazo, no de manera muy brusca, aunque ella había demostrado no ser la más refinada.

Se giró para verla y le sonrió. Le sonrió con suspicacia y luego, en un movimiento raudo, viró 180 grados, para lanzar uno de sus cuchillos en dirección a la oscuridad de una esquina. Se escuchó un quejido, y luego el vampiro se inclinó al frente, lastimado de la pierna. Era un arma de plata, así que esta herida sí era significativa para el inmortal.

¿Ves? Aquí está mi amigo —declaró y caminó hacia el vampiro que, a pesar del ataque, tuvo fuerza para ponerse de pie y abalanzarse contra Asbjørn, que, por desgracia, cayó tras la embestida y forcejeó en el pequeño espacio a su disposición. ¿La chica iba a ayudarlo? Parecía bastante indolente ante todo.


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Re: Master of Death → Privado

Mensaje por Rebekka Herbjørnsrud el Vie Dic 01, 2017 3:14 am

Le aburrían esas preguntas en las que responder implicaba hablar de ella. No estando dispuesta a pasar más tiempo en esa pocilga, se saltó ese trámite con una advertencia (lo más amistoso que haría en toda la noche).

Ya se acabó. Déjalo así. Ese bicho acaba de comer. No tendrás a quién entregar si estás muerto. Evita las tonterías.

Pero él la ignoró. Rebekka arrugó la nariz como una niña. No, no le había dolido ese rudo pasar, pero cómo odiaba cuando un desconocido la rozaba. Amante de su espacio personal, no le gustaba ser tocada.

Como quieras. Vamos Gerda. — dijo antes de ponerse en marcha.

Pero su suerte perra no la dejó desertar. El otro cazador había dado en el blanco y ahora pagaba el precio. De pronto, la joven se encontró en un callejón sin salida. Debía olvidarse de caminar por ahí como si nada. El vampiro ya había sido atacado y no había forma de que confiara en su inocuidad. Tendría que ponerle fin. Rebekka no supo a quién detestaba más: si a su colega trabajólico o al vampiro que se le había abalanzado. Ambos habían hecho algo muy tonto. Y sí, tonto implicaba todo aquello que la desviara de su camino habitual o que la forzara a trabajar en equipo. Porque ya estaba involucrada. En eso consistía su básica vida: en realizar trabajos desagradables para evitarse otros todavía más vomitivos.

Ella miró a su enemigo directamente a su rostro casi deformado de ira, forcejeando con el hombre. Necio subnormal, ¿por qué la obligaba a matarlo? Levantó la espada que aferraba y gruñó mientras ésta se hundía profundamente en el aire para cortar el cuello del vampiro. Pero éste, insuflado por las energías renovadas, estaba en las mejores condiciones; esquivó el ataque a medias, auxiliado por su velocidad sobrenatural. Rebekka estuvo cerca de cortarle la cabeza, pero el corte no dio para tanto. Su presa presionó con una mano la fea herida que sangraba con furia y con la otra hizo sujetó a la chica por el cuello en el aire.

¿Cometí un error y maté a la zorra equivocada? —preguntó el vampiro relamiéndose los labios.

Gerda acudió al rescate, mordiendo la ropa de los pies del inmortal. Un ataque inofensivo, pero suficiente para distraerlo. Rebekka cayó al suelo, reincorporándose con agilidad. Sabía cómo caer, irónicamente, porque un vampiro le había enseñado cómo.

Era joven, pero no inexperta. Vencer a un vampiro saciado no era fácil. A regañadientes, llamó a su semejante.

¡Eh! Tú nos metiste en esto, anciano. Levántate, que este bastardo se divierte y nosotros no reiremos al final.

Había que matarlo, antes de que el frenesí asimilara el deseo por la sangre de los dos cazadores.


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