Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



NIGEL QUARTERMANE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
AMANDA SMITH

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
BÁRBARA DESTUTT DE TRACY

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP


RYLEY ENDE

MODERADOR

ENVIAR MP
GIULIA VAGGÖ

MODERADORA

ENVIAR MP
LOREENA MCKENNITT

MODERADORA

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

MODERADOR

ENVIAR MP

CLIMA CE QUI NOUS UNIT - PARTICIPAN DAMIAN ALARCÓN Y LORA BELLAMY. RELEASE THE BEAST - PARTICIPAN ASTOR GRAY Y GWANGJONG GOREYO. VANN STEIN - PARTICIPAN HÖOR CANNIF, ULF TOLLAK, GIULIANA MORDRAKE, DANIELLE MORGAN, LUND, STAN MCQUINN, KHAYLA. NOSTALGIA - PARTICIPAN SUNI KANG y GWANGJONG GOREYO.




Espacios libres: 05/48
Afiliaciones élite abiertas
Última limpieza: 28/11/17


COPYRIGHT/CRÉDITOS

En Victorian Vampires valoramos la creatividad, es por eso que pedimos respeto por el trabajo ajeno. Todas las imágenes, códigos y textos que pueden apreciarse en el foro han sido exclusivamente editados y creados para utilizarse únicamente en el mismo. Si se llegase a sorprender a una persona, foro, o sitio web, haciendo uso del contenido total o parcial, y sobre todo, sin el permiso de la administración de este foro, nos veremos obligados a reportarlo a las autoridades correspondientes, entre ellas Foro Activo, para que tome cartas en el asunto e impedir el robo de ideas originales, ya que creemos que es una falta de respeto el hacer uso de material ajeno sin haber tenido una previa autorización para ello. Por favor, no plagies, no robes diseños o códigos originales, respeta a los demás.

Así mismo, también exigimos respeto por las creaciones de todos nuestros usuarios, ya sean gráficos, códigos o textos. No robes ideas que les pertenecen a otros, se original. En este foro castigamos el plagio con el baneo definitivo.

Todas las imágenes utilizadas pertenecen a sus respectivos autores y han sido utilizadas y editadas sin fines de lucro. Agradecimientos especiales a: rainris, sambriggs, laesmeralda, viona, evenderthlies, eveferther, sweedies, silent order, lady morgana, iberian Black arts, dezzan, black dante, valentinakallias, admiralj, joelht74, dg2001, saraqrel, gin7ginb, anettfrozen, zemotion, lithiumpicnic, iscarlet, hellwoman, wagner, mjranum-stock, liam-stock, stardust Paramount Pictures, y muy especialmente a Source Code por sus códigos facilitados.

Licencia de Creative Commons
Victorian Vampires by Nigel Quartermane is licensed under a
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en http://www.victorianvampires.com




La espada de la corona |Höor Cannif

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

La espada de la corona |Höor Cannif

Mensaje por Lena Windsor el Vie Nov 03, 2017 7:37 am

La espada del guerrero sabio no corta ni atraviesa;
refleja la luz.
—Alejandro Jodorowsky —



Muchas cartas habían llegado de cada rincón de Inglaterra y más allá de los mares que la separaban. La coronación de la que próximamente sería la reina de Inglaterra reunía una gran expectación y de lo que más se hablaba en esos días por las calles inglesas, era cuanta realeza asistiría dicho acontecimiento. Tantas eran las misivas provenientes de otros países que se estipulaba que estas en efecto, eran las confirmaciones reales a asistir a la coronación. Mal encaminados entonces se debían encontrar los mensajeros que recurrían a esas cavilaciones en voz alta por las calles y tabernas de Inglaterra. Lena, como toda una Windsor, pensaba adoptar su papel de anfitriona a la perfección, sin embargo, no muchos serían invitados con sangre azul por sus venas. Toda Inglaterra asistiría; sus condes, sus duques y todo quien poseyera un título que le otorgase los méritos de permanecer a la realeza Inglesa acudirían. Más no los de países extranjeros. En este caso Lena había escogido celebrar dichoso día rodeado únicamente de todos sus súbditos y también de su pueblo. Celebraría con todos ellos su llegada al trono y repartiendo la comida  sobrante entre los más necesitados del calor de la corona, pensaba llegar a sus corazones. Su reinado sería largo y como tal, era su ínfimo deseo que este fuera beneplácito y lleno de lealtad hacia su figura. Pensaba reinstaurar el orden en sus plazas, llevar Inglaterra a cotos más altos de poder y con ello; de riquezas. Llegados a ese momento, una vez la corona pendiera formalmente sobre su cabeza, entonces si empezarían los acuerdos estratégicos y comerciales con el resto de países. Allí empezaría verdaderamente su camino. Pese a su corta edad, tenía mucha ambición, no obstante, era lo suficientemente inteligente y cauta para no mostrar todas sus cartas antes de tiempo. Una Windsor siempre jugaría para ganar la partida, jamás para perderla. Y para jugar contra el rey de reyes, primero ella debía ser la reina.

Seguramente por estos motivos, cuando recibió una carta del duque neerlandés Höor Canniff se llevó una grata sorpresa. Este no le felicitaba de su coronación, por el contrario le exigía como todo hombre norteño que era le correspondía, de verla inmediatamente para tratar un asunto de suma urgencia. Una reina normal seguramente se hubiese sentido insultado y habría despreciado la carta, Lena sin embargo no podía decirse que fuera a ser una reina corriente. Inmediatamente contestó al duque, a quien en su juventud recordaba entrenando con ella cuando su madre y él eran invitados por la mano de su padre a sus tierras inglesas. Se verían la noche anterior a su coronación. El lugar del encuentro tomando en cuenta que la llegada del duque se haría en barco, sería en uno de los puertos y ciudades más seguras de Inglaterra. A apenas unas horas de distancia del palacio de los Windsor, el encuentro se daría en el puerto de Londres, en el condado de Berkshire. Sin saber que se encontraría a su llegada, había ordenado que una primera escolta fuera inmediatamente al encuentro del duque, y luego, siguiendo el plan que había entablado con su consejo acudiría ella a medio camino entre Londres y Windsor a esperar que su visita llegase ante ella. En Londres la presencia del norteño pasaría desapercibida, en cambio, la de la futura reina podría llegar a provocar rumores, y a pesar del estatus social del joven Cannif que se encontraba casado, la intención de la corona era minimizar ante todo cualquier habladuría sobre el futuro de la reina y su compromiso con el que algún día sería Rey de Inglaterra.

Aquella misma noche, se ocupó personalmente de la guardia que acudiría al encuentro de Höor y de su propia guardia que la protegerían hasta el encuentro. Rápidamente el primer grupo de soldados partió hasta el puerto londinense y pocas horas después, tras acabar con los preparativos de la coronación, partieron ella y su sequito sin más dilación. Bajo el amparo de la noche ya oscureciendo el camino, Lena cruzó a galope seguida de la guardia real mientras el tiempo se les echaba encima. Desde lejos cualquiera podría deducir que la joven encapuchada era una noble. Pese a haberse puesto la ropa más humilde en un intento de pasar desapercibida, la educación y su noble cuna la delataban a leguas de distancia. Aun así, todos parecían creer que se trataba de cualquier joven de la realeza antes de que su futura reina. Y eso estaba bien. Como reina debía actuar completamente a lo que se espera de ella, y más gobernando una nación como Inglaterra. Sin duda, así sería, pero en lo que sería su última noche de libertad no deseaba encerrarse en las cuatro inmensas paredes que algún día serían su cárcel. Lena era una joven valiente e indómita; una reina que no se dejaría vencer. Y así Höor mejor que nadie, la conocía. La noche cada vez era más oscura, y con la oscuridad únicamente se lograban oír las pisadas de las monturas y algunos que otros grillos y animales nocturnos que empezaban a recorrer el bosque en busca de presas, o de escondites. Con antorchas alumbrando el suelo, no fue difícil seguir la marcha para una amazona tan capaz como ella lo era. Las horas a caballo cruzando los campos y bosques sin querer se le pasaron con suma rapidez y en cuanto llegaron ante el tramo en el que los dos jóvenes debían reunirse, una estela de banderas y caballos empezaron a redefinirse en la lejanía al poco de llegar. La yegua de Lena resopló y acariciando tiernamente está a su montura, una de las yeguas más veloces de su establo, tomó la marcha encabezándola mientras con aplomo acudía al encuentro del norteño, el que una vez fue; uno de los mejores amigos que había podido tener a su lado.


avatar
Lena Windsor
Realeza Inglesa
Realeza Inglesa

Mensajes : 24
Puntos : 9
Reputación : 3
Fecha de inscripción : 19/06/2017
Localización : En el trono de Inglaterra

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La espada de la corona |Höor Cannif

Mensaje por Höor Cannif el Dom Nov 05, 2017 4:15 am

En el navío reina Anna, cruzamos el mar del norte, un mar marginal de Océano Atlántico que colindaba en al este con las Islas Británicas.
Por suerte el tiempo acompañó en la travesía, los dioses parecían estar de nuestra parte, lo que me daba a pensar que este acuerdo tan necesario para el norte iba a ser fructuoso.
Hacia mucho tiempo que no veía a Lena. De niños habíamos compartido juegos, travesuras y confesiones bajo las sabanas.
La recordaba como una adolescente impetuosa, indómita y valiente, su templanza nunca fue ignorada ante mis ojos.
No dudaba que se convertiría en una reina sabia, en una mujer dedicada a su reino.

La clandestinidad de nuestro encuentro no me sorprendió, nos conocíamos, ella sabia que nunca me caractericé por ser elocuente en mis palabras. Al menos, no del modo que espera la corte, demasiado rudo y abanderando esa sinceridad tan norteña que la gente podía resultarle rozaba la falta de respeto, pero que en mi opinión, solo era el modo de decir las cosas sin enmascararlas.
Vivíamos en un mundo donde la importancia en la palabra se había perdido, donde una mentira acababa convertida en una vorágine de muchas mas. Yo era fiel a mi palabra, en mi se podía confiar, porque siempre cumpliría con aquello que prometía y nunca juraría lealtad si no la sentía.

Atracamos en una pequeña cala, mi visita debía pasar desapercibida, era consciente de que comprometía a la reina, pues ella a diferencia mía tenia que mantener las formas, en ese baile de nobleza en el que como gallinas cluecas narraban con malas intenciones historias no verídicas que podían quebrar la imagen de la futura reina.

Sobre mi espectro emprendí camino hacia el bosque donde nos veríamos, a mi espalda la bastarda tintineaba, esa era mi única escolta. Mis hombres eran necesarios en Akershus, estábamos en guerra.
Mal norteño y peor guerrero seria de necesitar damas de compañía para encontrarme con una amiga y aunque quizás no fuera lo correcto según el protocolo estipulado por la realeza, estaba ya muy grande para no luchar mis propias gestas.

Las antorchas con sus haces naranja parecían combatir con la dama blanca que desde el cielo nos observaba.
Espoleé la montura para apresurar la marcha y tras unos metros mas de marcha me detuve frente a la amazona que cubierta me miraba.
El silencio se instauró entre ambos mientras desmontábamos.
Un paso, otro, el baile había empezado, bajo su capucha, haces de plata y el viento mecieron su cabellera ondulada.
Mi sonrisa arrogante fue presa de sus ojos cuando extendió la mano como si fuera un conde cualquiera.

Atrapé su mano, mis dedos acariciaron sus nudillos y sin cortarme tiré de ella hasta que su cuerpo cayó entre mis brazos.
Mis labios susurraron meciendo mechones de su pelo con mi aliento sobre su oído.
-Estáis preciosa -aseguré antes de separarme deslizando mis ojos por su cuerpo. Ladeé la sonrisa al ver su mirada echa fuego sobre mis pardos y el rubor en sus mejillas por nuestra cercanía.

Atrás su escolta desenvainaba dispuestos a plantar cara a aquel que había osado tocarla.
Enarqué una ceja mirándolos por encima del hombro de la reina, no me durarían ni un asalto, pero mi actitud era completamente relajada.
-Mi reina, paseamos -le dije sin mas, ignorando la amenaza que ella silenció con un movimiento de mano.
La visita no había sido de placer, tenia algo que pedirle y como en mi misiva le dije, apremiaba la urgencia, aunque ahora que me encontraba frente a ella no podía negar que cierta sensación de placer me invadía.
-Empiezo a pensar que habéis quedado aquí conmigo porque os avergüenzo -bromeé con una sonrisa socarrona -eso, o porque aprovechando la clandestinidad, pensáis disfrutar vuestra ultima noche de libertad, conmigo. He oído que mañana es vuestra coronación.


Spoiler:

Spoiler:
Dungeons & Valeria:
alt eller ingenting:
Min ånd, min galskap:
Obligasjonen av blod:
gracias Lakme:
mi demonio:

los polvos Cannif:
V&H:
Arizona, 2017:
avatar
Höor Cannif
Realeza Neerlandesa
Realeza Neerlandesa

Mensajes : 682
Puntos : 723
Reputación : 112
Fecha de inscripción : 21/09/2016
Localización : el placentero infierno de tus piernas.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La espada de la corona |Höor Cannif

Mensaje por Lena Windsor el Sáb Dic 02, 2017 9:00 am

Entre la espada y la pared, me lanzo hacia la espada.
—Elis —



La espera para ver al norteño tras tantos años, fue realmente corta. La expedición de hombres leales a él que debían acompañarlo, no existían. Como no era de extrañar el norteño había decidido acudir solo a ese llamamiento. De haberse dado el encuentro en la corte, aquella inusual conducta hubiese sido tildada sin miramientos como una grave irresponsabilidad, pudiéndose a partir de aquel momento verse trucada la relación entre ambos países, hasta el extremo de terminar en guerra o ser considerados enemigos. Por suerte, si lo acompañaban los soldados que ella misma había enviado para su escolta personal y había hecho bien, tanto o más que no hacerle pasar por el examen de la corte inglesa. En esos bosques y a esas tardías horas oscuras, más de un maleante recorría los caminos en busca de víctimas, y aunque el duque no pudiese ser una víctima fácil, no siempre actuaban solos. A veces uno no podía correr el riesgo, y como la futura reina de aquella gran nación, prefería no tomar riesgos antes de la coronación que la oficiaría como reina. No le hacía falta ni quería más problemas de los que ya de por sí tenía con tantas especulaciones sobre su alrededor y su figura. El ser mujer, jamás se era visto como una bendición y ahora deseaban imponerle en los siguientes días tras la coronación que escogiese quien ocuparía el trono a su lado como su rey. En esos instantes, había especulaciones y todo su gobierno privado se reunía nuevamente para considerar en votación secreta el apoyo a los futuros monarcas y cúales eran los candidatos con mas apoyos. Debía de cubrirse las espaldas lo más pronto posible y aquello, solo hacía que presionarla y en asuntos tanto de estado como del corazón eso era lo que no deseaba. Quizás solo necesitaba ser ella antes de tomar esas decisiones y escapar un instante de sus responsabilidades.

Al llegar ante ella y su escolta, enseguida los ojos de Lena dieron con él. En medio de la guardia, custodiado el regio norteño se alzaba en su montura cual salvaje gobernante, que no teme, ni temerá jamás. Aquel comportamiento suyo, aquella forma de ser tan impulsiva y valiente, con coraje, fue desde buen principio lo que desde pequeños los unió en sus pequeñas pero audaces aventuras. Una rápida mirada al joven que ya no era adolescente, sino todo lo contrario, le fue suficiente para atestiguar por su propia cuenta de que Hoor no había cambiado ni un ápice. Únicamente había madurado y con ello; todo él se había formado tal y como debía. Los norteños para las demás naciones eran salvajes, primitivos, no obstante, eso no quitaba el hecho de que fueran a su forma bellos. Como un semental salvaje, o un potro sin domar. Con aquel pensamiento, provocando una ligera sonrisa en la reina, bajó de su montura lentamente y fue hacia él. Se miraron y el silencio reinante trajo recuerdos de su última visita a su hogar. En él también había habido un silencio atroz. El silencio hiriente al pensar que quizás jamás volverían a cruzarse en sus caminos. Desde aquel entonces habían pasado muchas situaciones tanto en un país como en otro, y ahora todo, había cambiado de forma al completo. Ya no era aquella niña, ni él; aquel jovencito risueño.

Hoor —Lo saludó al tiempo que le tendía la mano tal y como se esperaba del protocolo, aunque era obvio que él no la ayudaría en su papel. En cuanto sintió su mano contra la propia y sus dedos acariciando juguetones sus nudillos, en un segundo temió lo que sucedería a continuación y no erró en cuanto de sus labios escapó el sonido de su risa al volar hacia sus brazos. Le miró desde abajo y sonrojándose al cosquilleo de su voz erizando la piel de su cuello, se sujetó a él por su nuca mientras con la otra mano calmaba a los soldados que ya se preparaban para sacarla a la fuerza de aquel osado que la había tocado. —Y vos sois un descarado. Nunca cambiaréis ¿verdad?— le contestó enmarcando en sus labios la gran sonrisa que solo él era capaz de remover en ella. Para suerte de Hoor, él era considerado su amigo y conociendo el buen corazón de la futura reina, ya sabía que no dejaría que nada malo le pasara. Aún menos en su presencia. Sin soltar aquella sonrisa de sus labios, logró erguirse, salir de aquellos brazos antes de que se le ocurriera volver a incomodar sus guardias de nuevo.

Ordenando que su escolta se quedase a unos pasos tras ellos pero lo suficientemente lejos como para tener cierta intimidad, tomó el brazo masculino y dejó que él la llevase en dirección al bosque frondoso y oscuro que se cernía sobre ellos. De nuevo las palabras del joven hicieron reír a la joven reina y esta le miró al tiempo que detenían su marcha. El duque era unos centímetros más alto que ella, pero aquello no le importaba. Miró hacia arriba, hacia él y río, negando sus palabras. —También yo podría deciros que parece como si solo hubierais venido a mofaros de mi guardia y a retarla— río y separándose de su brazo en cuanto uno de los guardias se les acercó y les dio una antorcha para alumbrarse, regresó sus divertidos y brillantes ojos a sus pardos. —Sé que la corte no es lugar para aquellos que son indomables y poseen el suficiente carisma como para sonrojar a reinas y princesas. Aun así, debo deciros que habéis oído bien, mañana es mi coronación y en vez de estar preparándome para mi gran día, estoy paseando por este oscuro bosque. — Le miró y sonrío. La noche era oscura, más la única luz que los alumbraba era la antorcha que él portaba consigo — Espero que tengáis un buen motivo para hacer correr a la reina de Inglaterra en esta audaz aventura.


avatar
Lena Windsor
Realeza Inglesa
Realeza Inglesa

Mensajes : 24
Puntos : 9
Reputación : 3
Fecha de inscripción : 19/06/2017
Localización : En el trono de Inglaterra

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La espada de la corona |Höor Cannif

Mensaje por Höor Cannif el Lun Dic 04, 2017 5:53 am

Se de lo que soy capaz; ahora soy un soldado; un guerrero. Soy alguien a quien temer.-Pittacus Lore.


Ladeé la sonrisa al escuchar sus palabras, no podía evitar ver en ella a esa chica que conocía desde niño, solo que había cambiado, se le veía mas madura, mas mujer, infinitamente mas sabia e incluso mas bella.
-¿así que consigo sonrojar a una reina? -pregunté con cierta picarda mientras extendía mi brazo para que lo tomara y poder alumbrarnos con la llama naranja de la antorcha que lamia su piel.
-Algo me dice que nacisteis preparada para esa coronación y también que preferís pasear con un..como habéis dicho, hombre indomable que estar en vuestro lecho soñando con portar sobre vuestra cabeza una dorada corona. ¿No es acaso ese el motivo de que este oscuro bosque os de cobijo?

La reina no se andaba por las ramas, sabia que esta visita nada tenia que ver con rememorar tiempos pasados, si no mas bien de la impetuosa necesidad que tenían mis hombres de blandir acero ante un rey que nos masacraba.
Ademas de eso, mi petición iba mas allá, Akershus necesitaba una flota de barcos y eso se compra con dinero.
Mi gente se moría de hambre, así que incautar todo lo que Randulf trajera por mar era imprescindible para nosotros.
Eramos vikingos, el saqueo corría por nuestras venas y ahora mismo estas eran nuestras opciones, todo pasaba por esa reina que tenia frente a mi.

Mis pardos se centraron en sus dos faros, me miraba atenta y en este momento la seriedad imperó entre ambos.
-Mi urgencia por veros nada tiene que ver con vuestra reciente coronación, si no mas bien con una petición.
Sabéis que soy el rebelde que encabeza la resistencia contra el reinado de mi tío. Este lejos de ser un rey que mira por su pueblo, se dedica a diezmarlo como si fuéramos ratas, los impuestos son abusivos, se cobra en pernada lo que  la gente ya es incapaz de pagar. Viola jóvenes, secuestra niñas, y los hombres, cada vez a mas temprana edad, van a la guerra para defender una causa demasiado complicada para comprender siquiera.
Necesito tu ayuda Lena, soy orgulloso, me conoces de sobra como para saber que mi impetuoso carácter nunca me hubiera traído aquí tras tanto tiempo lejos de ti. No tengo mas opciones, necesito acero y el dinero para construir una flota de barcos.

Deslicé mis dedos al interior del chaleco sacando una hoja doblada, en ella detallado al milímetro la cantidad de barcos y cañones que necesitaría, así como un precio estimado de lo que constaría ser elaborados.
Mi petición no era en absoluto barata y menos aun para tomar a la ligera, así que mis ojos se mantuvieron fijos en su rostro mientras esta, papel en mano, repasaba mi detallada petición con el semblante serio.

Solo cuando alzó la mirada se encontró con mis pardos.
-No es necesario deciros que tenéis mi espada a vuestra disposición, y no porque aceptéis, si no porque os aprecio desde niño.
Pedir a cambio lo que deseéis y os lo concederé si está en mi mano.

Su cuerpo había quedado apostado contra un árbol, su espalda en el reposaba y con esa ímpetu del que yo hacia gala, mi mano quedó contra el convirtiéndome en cárcel de piel y hueso.  Mi otra mano sujetaba la antorcha que nos lamia la piel con sus tonos vivos y naranjas mientras atento la miraba esperando su veredicto.
Era su turno, yo había movido ficha ¿que haría ella?


Spoiler:

Spoiler:
Dungeons & Valeria:
alt eller ingenting:
Min ånd, min galskap:
Obligasjonen av blod:
gracias Lakme:
mi demonio:

los polvos Cannif:
V&H:
Arizona, 2017:
avatar
Höor Cannif
Realeza Neerlandesa
Realeza Neerlandesa

Mensajes : 682
Puntos : 723
Reputación : 112
Fecha de inscripción : 21/09/2016
Localización : el placentero infierno de tus piernas.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La espada de la corona |Höor Cannif

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.