Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Reservoir dogs | Libre

Mensaje por Bastien Argent el Sáb Nov 04, 2017 4:06 pm

Dos o tres semanas habían transcurrido desde que experimentó la traición de su sangre en carne propia. Sus demonios le consumían lentamente y, así mismo, perdía el control de sus emociones y el orden de su cotidianidad. Pasó día y noche dando vueltas a lo acontecido, reviviendo en su mente el instante en el que la felonía se tornó tangible, un golpe seco en su cabeza seguido de un oscuro, denso e infernal vacío del que despertó más cabreado que nunca. El impacto de la roca contra su cráneo le había causado disminución temporal de la movilidad en el hemisferio izquierdo de su cuerpo. Afortunadamente, su lado dominante era el diestro e intensas sesiones de terapia diarias habían servido el propósito, devolviéndole paulatinamente la capacidad de desenvolverse en el campo como el diestro cazador que siempre fue.

La recuperación había requerido de él un tiempo muerto, un cese de sus actividades que se sintieron más como unas vacaciones en el mismísimo averno, sobre todo, conociendo ya el rostro de la bestia que le había arrebatado a su familia entera, el único y real perpetrador de su más grande tragedia. No se hallaba a sí mismo postrado en una cama, dependiendo de otros, aguardando a que el tiempo pasara mientras aquel hijo de puta continuaba con vida y su hija, ignorante o no de la verdad, ya fuera por el influjo de la maldición o por simple necedad, protegía a quien, por historia y naturaleza debía ser su enemigo, el más grande de todos los que el mero porte de su apellido les declaraba; de encontrarla, le impondría castigo que le haría lamentar haber nacido y si aquello no le corregía, no tendría más opción que mandarle a mejor vida, a congelarse en el noveno círculo del infierno con los demás traidores.

Colocó dos cubos de hielo en un vaso corto y vertió en él el contenido de una botella de ron hasta la mitad. Acercó el cristal a sus labios, vaciló un instante tensando la mandíbula y de un solo trago bebió el ambarino líquido, gruñendo rabioso cuando el alcohol escoció en su garganta. Sus cavilaciones le atormentaban, laceraban su ego, su odio, su alma y de permitir que continuaran fluyendo sin control, más temprano que tarde perdería la razón. Se había dispuesto a verter una nueva tanda licor, mas del arrebato de ira que le acogía terminó lanzando la botella de lleno contra la pared, seguida del recipiente donde bebía.

El tapizado humedeció de ron y los fragmentos de vidrio cayeron gráciles sobre la alfombra. Apretó los puños con fuerza, incrustándose las uñas en la piel. No lo toleraba más, necesitaba una distracción, matar, comer del muerto y así descargar la cólera que incineraba en su interior. Ir de caza no era una opción, incluso si el progreso de sus terapias era considerablemente bueno, aún no era suficiente para aventurarse en una cruzada y, a decir verdad, desconocía el paradero de la bestia que deseaba asesinar. No obstante, en las afueras de París residía una tentadora alternativa.

Vestido de traje, justo como llegó de su trabajo y sin otra defensa que sus puños desnudos, el cazador salió como alma que lleva el diablo en busca de sangre. Al lugar donde se dirigía no necesitaría de espadas, revólveres o dagas, ni siquiera de la plata que acarreaba como legado, únicamente requeriría de su habilidad para combatir y, como complemento, de la furia destructora que llevaba a cuestas.

Sus pasos le llevaron hasta un establecimiento de mala muerte donde se desarrollaban actividades clandestinas, especialmente enfrentamientos entre hombres que, como él, buscaban solucionar sus problemas a golpes o, por el contrario, dinero fácil y entretención. Cualquiera que fuese el motivo, claramente, aquel lugar no era el tipo de garito que hombres de su clase acostumbraran a frecuentar. ¿Qué hacía Bastien Argent, quien ante los ojos de la sociedad era noble de respetable empleo, fortuna y reputación, en semejante antro? Nadie estaba realmente seguro. Algunos apostaban a que el aristócrata resguardaba deseo de muerte, otros tantos teorizaban que quizá se había extraviado de su camino y los demás simplemente no prestaron la más mínima atención a su presencia.

El cuerpo de un hombre con el rostro hinchado y sangrante era arrastrado fuera del improvisado cuadrilátero; el campeón invicto, una mole de puro músculo y carente técnica, elevaba los brazos con soberbia y exaltación, desafiando al siguiente idiota que estuviese dispuesto a recibir una paliza, a entrar en el ring. Los demás individuos, aduladores y bulliciosos, engrandecían el ego del gorila que se golpeaba el pecho en clara demostración de hombría. Bastien ladeó la sonrisa entretenido y alzando la mano, se ofreció como la siguiente víctima del vencedor.

La multitud se mofó de él a carcajadas que se acallaron tan pronto como sacó un fajo de billetes que apostó a su nombre. Emocionados por la oportunidad, los espectadores vociferaban sus apuestas en contra del ingenuo noble. Bastien, muy seguro de sí, ingresó a paso firme a la jaula mientras su contrincante le seguía los pasos, fulminándole con la mirada y dedicándole gestos con los que daba a entender que tenía intenciones de arrancarle la cabeza.  El cazador lo examinó de soslayo y sin emoción, ignorando por completo las provocaciones mientras desabotonaba con porte la chaqueta de su traje para lanzarla a un lado del ring con poco cuidado.

Desabrochó las mancornas, las guardó entre el bolsillo y se arremangó la camisa por encima del codo, entonces, ya listo para la contienda, se extendió de brazos, altanero, incitando a su oponente a comenzar. La mole, con el orgullo herido, no se hizo esperar y se abalanzó contra él, asestándole uno, dos… tres golpes en el rostro que lo hicieron retroceder hasta recargar su espalda contra la madera que cercaba el ring, en necesidad de apoyo.

Su musculoso contrincante, engrandecido por los primeros golpes, se dio media vuelta, evidenciando que no tenía una sola pizca de temor mientras, fanfarrón, animaba al belicoso público. Los abucheos zumbaban en el oído del cazador, quien, entretenido se irguió, se acomodó la mandíbula y con la mano se limpió la sangre que escandalosa fluyó de su labio, abierto por el impacto de los fuertes nudillos.

¡Hey! — Llamó la atención del gorila

Inmediatamente el hombre se volvió a él con expresión furiosa, Bastien le sonrió malicioso, tensando su cuerpo y cubriéndose el rostro con los puños a la espera del inminente ataque. La mole arremetió en su contra, mas esta vez lo esquivó con agilidad, contraatacándole con un fuerte gancho  y entonces, de una certera patada en el muslo, el gorila cayó de rodillas retorciéndose de dolor. Sus labios se curvaron complacidos. Sin dar espera, de otra patada, esta vez en la cara, el cazador tumbó al hombre de espaldas y lo embistió con una ráfaga de golpes que pronto le desfiguraron el rostro en una masa inflamada, rosácea y bañada en carmesí.

Agitado, su pecho se elevaba y distendía con vigor. Bastien descargó toda su frustración sobre aquel hombre y sólo se detuvo hasta sentir un efímero instante de sosiego, cuando su cruz se sopesó lo suficientemente ligera como para paladear el sabor de la libertad que, en su caso, traducía en venganza. Jadeante, el cazador se puso en pie, permitiendo que los asistentes remolcaran el cuerpo inconsciente fuera del cuadrilátero. Sacó un pañuelo de su pantalón y con él limpió la sangre que remojaba sus nudillos, no muy seguro si era de su oponente o era propia.

Sorprendidos, todos los presentes se sumieron en un pesado silencio. Terminando de remover la sangre impregnada en su piel, Bastien elevó la mirada con una sola pregunta implícita en ella:

“¿Quién es el siguiente?”




"Los que escalamos a la cima de la cadena alimenticia debemos ser despiadados.
sólo hay una regla: caza o sé cazado."


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Re: Reservoir dogs | Libre

Mensaje por Bloondy Blackbird el Dom Nov 05, 2017 12:16 am

Solo paseando por la oscuridad que ahora ofrecía la ciudad francesa, tener invitados inesperados en casa le había dado ideas que de otro modo no se le habría ocurrido, los susurros reían en su mente cuchicheando, pero ahora la mujer no-muerta andaba sumida en sus propios problemas y pensamientos. Acariciaba sus colmillos con la lengua, oculta de miradas indiscretas de los mortales, mientras avanzaba con aire despistado, pero nadie se acercaba a "socorrerla" quizás aun sin que el resto supiera lo que es en realidad conseguía el efecto de alguien a quien no te acercarías.

Meditaba mientras caminaba, la verdad que la nueva adquisición en la mansión era algo escentrica y desde luego completaba las ideas alocadas de Bloondy, dandole otras para completar y arraigar más la falta de cordura, quizás se completaban de alguna forma, al fin y al cabo eran familia.

Seguía su paso mientras tarareaba una canción en latín que había aprendido hace poco para la obra, estaba algo emocionada de que la hubieran cogido, así podría mostrar algo de sus talentos, hasta en la oscuridad puede haber voces bonitas, sonrió para si misma mientras seguía paseando, no le gustaba mucho esos sitios, había mucho borracho y la sangre con tanto alcohol le repugnaba ciertamente.

Se acarició levemente la nariz mientras avanzaba, llegaba al lugar recomendado, nada apto para damas de alta cuna como ella, pero su compañera lo había recomendado, aunque eso solo mostraba lo amante del caos que era realmente. Eso dibujó una sonrisa en la cara de la vampiresa por un momento, miró la puerta del antro de mala muerte, ahí tenía aspecto de que solo los caballeros eran los habituales en el local, aunque quizás la palabra caballero les venía algo grandes, más eso no echó para atrás a la vampiresa, aguardo unos segundos observando con avidez. Le costó decidirse entrar en el sitio, y se paseó por ahí, llamaba algo la atención sin duda, pero ahora todos parecían demasiado entusiasmados con las apuestas y alguien que parecía ser la revelación de las apuestas, la vampiresa le echó un vistazo, aunque ahora estaba ciertamente embriagada por el aroma a sangre que percivía debido a las heridas causadas por las peleas.

Observaba con sus negros ojos como el que parecía haberse llevado la victoria desprendía la adrenalina del momento, relamió sus rojos labios al oler la sangre del derrotado, pero simplemente observaba lo que acontecía en el cuadrilatero, el ganador parecía querer más a lo que la vampiresa dejó escapar una risilla maliciosa, y caminó entre los asistente mientras escuchaba las maliciosas ideas de los susurros en su mente, se acercó a un tipo enorme que había disfrutando del espectaculo, Bloondy le acarició el hombro y fijo sus ojos en los del hombre para poder utilizar sus habilidades vampiricas, consiguió que el hombre se inclinase para acercarse a su cara y así susurrarle en el oido.

Debido a la habilidad de la vampiresa el hombre sencillamente cumplió sus deseos y se ofreció voluntario para enfrentarse a quien ahora se mantenía en el centro del cuadrilatero, Bloondy dió una carcajada maliciosa y sencillamente se sentó a observar como iba a continuar la cosa ahora, el hombre al que había incitado a pelear era muy grande y tenía un buen brazo con el biceps bien marcado, veamos si la adrenalina volvía a dar la victoria al hombre que ahora estaba ahí en medio.



Al caer la noche mis rosas son las más punzantes. Las más hermosas y peligrosas
-"¡Locura, dices! ¿Me temes? ¿Tienes miedo de lo que podría hacer, de lo que podría decir? Qué reacción tan fascinante. ¿No la consideras algo molesta?"


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Re: Reservoir dogs | Libre

Mensaje por Bastien Argent el Dom Dic 03, 2017 8:35 pm

Bastien giró sobre su propio eje, deslizando sus egeos por el establecimiento en busca de contrincante; la suya usualmente era una mirada glacial, mas aquella velada ardía como lava volcánica. Con el rabillo del ojo captó una presencia ajena a la esencia de aquel garito, una dama de alta cuna, cuya apariencia distaba de pertenecer a un lugar semejante, justo al igual que la propia. A cualquier otro le hubiese pasado desapercibida entre la muchedumbre, pero no a él, él era un hombre de detalles, precisamente, el éxito de su caza recaía en su astucia para batallar y su agilidad para encontrar el punto débil del contrincante. Bastien tenía un ojo agudo y aunque era un cazador letrado, diestro en el manejo de todo tipo de armas y el combate cuerpo a cuerpo, era su astucia aquello que le hacía realmente peligroso.

Continuó girando sobre sí, arrasando con la mirada el espacio que con ella recorría. No había necesidad de palabras mordaces, era consciente de que su incisivo temple representaba desafío suficiente para los presentes, hombres que contentos entrarían al cuadrilátero a asestarle un par de golpes en la cara de no ser por que se trataba de un noble. El dinero en apuesta no semejaba incentivo suficiente para llevar en las manos la sangre de uno como él, mas bien sabía que de seguir presionando pronto encontraría en alguno punto de quiebre. No obstante, en tanto sus ojos volvieron al punto en el que encontraron a la mujer que desentonaba del vulgar ambiente, grande fue su sorpresa al encontrar un puño que voló directo hasta su rostro.

Fue demasiado tarde para esquivarlo. Aquel era un juego sin reglas, no habría campanada, ni hembra en tangas paseándose por el ring marcando el inicio del asalto, este comenzaría cuando el primer golpe fuese lanzado y vaya que le había quedado bien señalado en el rostro. Los nudillos de su contrincante se estrellaron contra su rostro con fuerza tal que cortaron la piel de su pómulo. El golpe le dejó aturdido y por un instante el cazador quedó fuera de sí permitiéndole al otro el lapso conveniente para continuar y asestarle un segundo, un tercero y un cuarto, siendo el último el que lo hizo tambalear en reversa hasta la cerca de madera delimitaba el cuadrilátero. Finalmente, el hombre lo agarró de la camisa y sin medir fuerza le lanzó como un muñeco de trapo, haciéndole rodar por el suelo del cuadrilátero hasta el lado opuesto.

Su vista se nubló y un molesto y agudo silbido retumbó en los recovecos de su oído izquierdo. El cazador paladeó el ferroso sabor de la sangre que se disolvía entre su boca y utilizando sus brazos de apoyo, alzó la cabeza, siguiendo con sus violentos mares los movimientos del hombre que se acercaba a paso firme, dispuesto a acabar con él. De un salto se puso en pie, a un lado escupió la mezcla de saliva y sangre que se acumulaba en su boca y tronó los huesos de su cuello; su cuerpo estaba resentido más el dolor era para él una dosis de adrenalina. Una sonrisa maniática cruzó sus labios. Se había tomado el tiempo de estudiar a su opuesto, el hombre tenía un buen brazo y también era bastante grande, pero a diferencia del primero este no peleaba por fanfarrón mas por la simple satisfacción de propinarle una golpiza.

Su contrincante sabía bien por donde arremeter, pero anticipándose a los hechos, el cazador ya tenía planeado cómo reaccionar. El sujeto levantó el puño derecho y lo osciló con fuerza en dirección a su rostro. Bastien preparado para arremetida semejante atrapó el brazo en el aire y sin soltarlo, raudo y brusco pasó su cuerpo por debajo del mismo, torciéndolo tras la espalda del hombre. Sólo al sentir el hueso quebrarse, el cazador liberó el agarre, empujándolo con fuerza hacia delante.

Su oponente trastabilló un par de pasos hacia delante en busca de equilibrio, mas cuando lo encontró, se volvió a él con rabia, ira forjada en el quinto círculo del infierno que se fijó sobre él dispuesto a darle muerte. Bastien lo contempló extrañado, cualquier humano corriente se hubiese retorcido del dolor, mas a aquel singular individuo poco y nada le importó, prosiguiendo de inmediato a la batalla, lanzado golpes a diestra y siniestra sin reparar siquiera en la mano el brazo que ondeaba al aire como una gelatina.

Bastien tanteó las posibilidades, podría tratarse de algún sobrenatural mas la lesión no aparentaba sanar, por el contrario, empeoraba debido a la violenta ondulación del brazo que buscaba estrellarse con su piel. Caviló mientras evadía los puños en busca de una respuesta. El cuerpo del hombre aparentaba moverse bajo el influjo de algún hechizo maligno… o el dominio de algún otro ente. Como fuera, ya había sido suficiente.

Gruñó cabreado.

Tan pronto como el siguiente golpe fue lanzado, el cazador se inclinó evadiendo la colisión y prosiguió a tomar al hombre de la nuca con firmeza, empujando la cabeza del mismo contra la madera que cercaba el ring, estrellándolo reiteradas veces hasta romperla, no obstante, para entonces su contrincante ya había perdido el conocimiento.

El cuerpo del hombre se desplomó sobre el suelo. Al elevar sus azules, estos se encontraron con los oscuros orbes de la mujer que había captado antes y que ahora susurraba al oído de otro bastardo. Con su pecho elevándose y distendiéndose con brusquedad, entrecerró los ojos y ladeó la cabeza, ella le sonría maliciosa, mas cuando él dio un paso adelante dispuesto a acercarse el individuo que escuchaba atento la dicción de la dama, sin quitarle la mirada de encima, se abalanzó furibundo en busca de pelea. Comprendiendo lo sucedido, el cazador rugió y, con destreza, rápidamente se deshizo de pobre diablo sin perder de vista a señorita que ligera se escabullía entre la multitud.

Con temple imponente el cazador avanzó fuera del cuadrilátero, abriéndose paso entre la multitud y otro par de hombres que intentaron obstaculizar su camino. Cuando finalmente la alcanzó, ya encontrándose cara a cara, curioso de la naturaleza de la mujer, el cazador se relamió de los labios la sangre que aún brotaba.

¿Disfrutando del espectáculo? — Inquirió con una sonrisa incisiva




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Re: Reservoir dogs | Libre

Mensaje por Bloondy Blackbird el Lun Dic 04, 2017 2:35 pm

La visión de la mujer se encontrarón con los azules ojos del hombre que en el ring se encontraba, al menos así fue durante unos escasos instantes, donde pudo disfrutar de sobremanera el espectaculo que el hombre dió cuando se enfrentaba al enorme hombre, qué le pilló por sorpresa al estar distraido por la visión de la dama vampiresa, ciertamente Bloondy no era alguien que encajase en ese lugar, no solo por las señales que daba a pertenecer a la alta cuna, si no tambien por lo estrafalaría que la vampiresa tambien podía ser.

Inclusó los negros ojos de la dama se mostraron levemente abiertos con sorpresa cuando aquél que en el ring estaba se vió en apuros por uno de los hombres, que en frenesí atacaba despiadadamente, incluso por unos pocos segundos juró que el hombre de ojos mar iba a perder ese combate antes de que ella pudiera enviarle a otro influido por sus encantadoras habilidades de cainita. La no-muerte a veces le resultaba exageradamente divertida a la dama, que inclinaba la cabeza observando con avidez lo que acontecía.

La naturaleza muchas veces es muy dificil de esconder, sobre todo cuando te dejas llevar por ella con tanta abundancia como lo hacía ella, y cuando de uno de los golpes dados en esa pelea, el hombre de azules ojos empezó a sangrar, la vampiresa no pudo evitar cerrar los ojos al captar el aroma de la sangre, mientras sus pupilas se dilataban con ansiedad, más debido al color negro absoluto de sus ojos era dificil apreciar esa reacción en ella, solo alguien lo suficientemente observador podría, aunque esos detalles se le estaban escapando a todos los que allí se encontraban gritando y aplaudiendo, pues quizás alguno estuviera viendo como la suerte se le cernía en aquella pelea, pero no parecía todo tán sencillo, puesto que hasta la vampiresa se sorprendió de la audaz reacción del campeon que pareció dislocar si no era rotura del brazo del grandullón, aunque dejó escapar una pequeña risilla cuando vió que este aun se mantenía en pie y dispuesto a seguir en la pelea, pero ahí quedo la cosa pues nuevamente fue derrotado a no mucho tardar por el hombre de ojos claros, que estrelló su cabeza repetidas veces, hasta la vampiresa se llevó la mano a la boca por la sorpresa y la violenta reacción.

Más la cosa no iba a terminar, pues los ojos de ambos se cruzarón y más cuando ella condución a otro grandullón al ring, pero para su desgracía la pelea duró menos de lo deseado, no eligió bien y eso se notó por lo facil que lo despachó, más la vampiresa se alejó un poco entre la multitud con una discreta sonrisilla en los labios, se estaba divirtiendo, ciertamente. Más lo que no se esperó es que aquel hombre trás ella se fuera abandonando al ring, y el rostro de la vampiresa reflejó cierta sorpresa cuando finalmente cara a cara se encontrarón.

La vampiresa estudió al hombre de forma minuciosa con la mirada, mientras mantenía el semblante afable, a pesar de poder ver...cierto grado de locura en la mirada del hombre que parecía sentir curiosidad por ella. Y remarcó en que parecía, ya que la dama vampiresa quedó algo desconcertada por que trás ella fuera.

-Si, un memoriable espectaculo, ha sido todo un merito el como ha despachado a esos dos hombres tán grandes, es usted realmente habilidoso.- Alagó la vampiresa en respuesta cuando el hombre la habló, no iba a ser descortés, no había motivo. La vampiresa deslizó su vista hasta sus labios, donde la sangre se había presentado debido a la pelea. - ¿No le duele...? debería curarse esa herida, o ponerse un poco de hielo..- Musitó la vampiresa mientras practicamente degustaba la sangre debido al aroma, casi se relamió de forma involuntaría. Aunque procuró hacer esa acción lo más discretamente posible. -Y bien...¿con quien tengo el honor de hablar?.- Ella sonrió de forma lisonjera, cargada de intenciones o de simplemente jugar con quien ahora frente a ella se encontraba. La verdad pensaba como conducir la situación de tal manera que esa noche acabase pudiendo probar de primera mano el liquido carmesí y por qué no decirlo, de la garganta de aquél hombre de rasgos atractivos. Tomó asiento dejando que él quedase en más elevada posición mientras mantenía su sonrisa procurando no mostrar sus afilados colmillos, mientras le observaba jugando con un mechon de su negra melena.



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