Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Demon || Naxel Eblan

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Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Nov 05, 2017 6:41 pm

Las últimas semanas han sido un completo desastre, me digo, mientras avanzo con paso firme entre la maleza. La espalda aún se queja a cada movimiento, pese a ello las heridas han curado lenta pero cuidadosamente. Recordar todo lo ocurrido me trae escalofríos de vuelta, tando dolor, tanto horror, tan irreal. El encuentro final co Naxel Eblan solo empeoró la situación, debería haberlo evitado a toda costa, haberme quedado en casa sanando y recuperando mi mente, pero la completa pérdida de raciocionio me llevó de vuelta a él. Jamás en mi vida había sentido tanta incertidumbre a costa de una persona. O demonio. La oscurad del cazador es algo que aún no consigo descrifrar. Muchas han sido las noches en vela en su honor.

Aparto las ramas de mi camino y recoloco la bolsa de cuero, el peso comienza a ser una carga y el roce del asa sobre mi espalda una molestia. Después de un largo tiempo sin entrenamiento cualquier esfuerzo físico requiere de toda mi energía. Aún evito los encuentros con Gael. Retiro el pensamiento y su nombre de un plumazo, necesito claridad. Mientras avanzo recopilo todo cuanto veo, la primera vez que crucé esta zona del bosque la noche nos engullía, recuerdo la sensación de mis extremidades congelandose y el cazador imponente ante mi.

Ahí está, la cabaña. Su refugio.

He tardado varios dias y expediciones en dar con este lugar. Maldito Naxel y maldita su estampa. Después de la noche en el teatro jamás volví a saber de él, Alfred se encargó de hacer visitas contínuas de reconocimiento en su vivienda oficial, por el simple hecho de comprobar si seguía con vida. Nuestro último encuentro no fue fácil ni agradable después de todo. Siempre que nuestros caminos se cruzan, nuestras vidas peligran. La visión de un Naxel herido se queda tras mis párpados, la sangre empapando la camisa bajo el traje de gala, su rostro empapado en sudor, el dolor reflejado en sus párpados. Recuerdo haber posado mi mano en su mejilla en busca de un consuelo mutuo, uno que nunca sentimos.

La cabaña es mucho mayor que en mis recuerdos, tiene hasta cierto encanto con su chimenea humeante y los árboles rodeándola hasta casi dejarla oculta. Habría que mirar dos veces para poder encontrarla. Un claro reflejo de su habitante. Me guío por el sonido proveniente de la parte trasera, una pila de leña recién cortada me indica que Naxel está aquí. Por supuesto que lo está. Con cautela dejo mi bolsa a un lado y avanzo hasta quedarme al borde de la esquina, ni un paso más para no ser vista. Ahí está, entrenando. De espaldas a mi, descubierto, puedo apreciar claramente el estado de sus heridas, o al menos de aquellas que deberían estar aún curando. Su piel presenta claros sintomas de cicatrización, pero resultan heridas muy lejanas, casi invisibles. Yo estaba en lo cierto, el maldito embustero debe haber conseguido algún tipo de ayuda, si no, no me ecploco la agilidad de sus movimientos mientras golpea el saco que cuelga de un tronco. Los golpes son secos y certeros, podrían ser mortales si no se tratase de un objetivo inerte. Observo sus movimientos, el sudor perlando su torso y su cabello azabache absorbiendo el sol. Es inhumano. Con lentitud, cautelosa de donde piso, saco una de mis dagas, apunto y la dejo volar. Ésta se clava en el saco de forma directa, pero sé que él ha podido percibirla incluso antes verla venir. Sin decir nada salgo de mi escondite y vuelvo a lanzar otra, ésta impacta a pocos centrímetos de su pie derecho. Alzo una ceja, en un claro desafío, no he pasado días deseando romper esa bonita sonrisa para nada.

-Buenos días, cazador-sí, ese es el desconcierto que busco aunque, de algún modo, puede que haya estado esperándome.
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Astrid J. Bergès
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Nov 11, 2017 1:01 pm

Habían pasado ya unas semanas desde que había acudido al recital de Liara, tal y como le había prometido acudí para verla tocar en aquel teatro donde tuvo lugar el recital. Verla tocar siempre era algo mágico, mi hermana tenía el don y la capacidad de sumergir a todos en la melodía que tocaba y dirigirnos por donde ella quería, las veces que la había visto tocar siempre había tenido el mismo efecto incluso en alguien tan frío y carente de sentimientos como lo era yo, pero ella lograba traspasarnos a todos como si su alma cándida y su calidez se fundieran con la melodía y nos transportara a todos a lugares lejanos. Lo que no había esperado en esa noche era haberme encontrado con Astrid, pero cómo no la señorita “voy a salvarte aunque tú no quieras” tenía que acudir a ese recital seguramente también intrigada por conocer a mi hermana, y eso era algo que era totalmente mi culpa, porque se me había escapado el día que desperté en su habitación y ella no había podido evitar la tentación de acercarse al teatro y a ese recital para conocerla. No me había gustado en absoluto que se acercara a algo tan íntimo y personal como era mi hermana, ya tenía bastante con alejarla de mi vida como para que conociera a mi hermana, tan distinta y tan diferente a mí. Podía ver como miraba a Liara con esa incredulidad en sus ojos cuando la conoció, quizás se había pensado que mi hermana podría ser como yo y conocerla viendo lo cándida que era le habría chocado. Quizás incluso le chocó verme así con ella pero Liara era mi punto más débil, aquel por el cual podrían hacerme muchísimo daño y hacer que perdiera la cabeza por completo. Era como mi ancla, la brújula que me mantenía en el norte y si la perdía a ella o si algo le pasaba... juraba que arrasaría con la maldita ciudad sin tan siquiera pensarlo. Ver a Astrid esa noche no me gustó para nada, ya le había dejado en claro que no la quería cerca de mí o que se metiera en mi vida pero ella, haciendo caso omiso de mis palabras, había acudido al teatro acompañándome al palco con las entradas que había comprado para ambos, ya le dije que la tentación del diablo era demasiado fuerte en ella y sí, pretendí burlarme y ser mordaz en todo momento, al final caería en la oscuridad y luego no podría echarme la culpa de las veces que le había dicho que se alejara.

Pero como siempre pasaba, como si ya fuera un tópico cada vez que nos veíamos, esa noche no podía acabar bien y sin ningún percance a la vista. No esperé que esa noche los vampiros atacaran, sobre todo cuando yo más débil estaba, cuando no me podía mover todavía bien porque aún me quedaban varias sesiones con Logan para que curara mis heridas del todo... y atacaron, y aunque estuve herido y apenas pudiera moverme, incluso aunque le había prometido a mi hermana una noche tranquila no se lo pude conceder. Me jodió enormemente tener que romper mi promesa pero cuando la vida de mi hermana peligraba perdía todo rastro de juicio, todo se torció y lo que más me jodió de todo es que fui herido en el pecho, una herida profunda que me dejó débil y sangrando frente a las dos mujeres que me habían acompañado esa noche. Pude ver el miedo y el terror en los ojos de mi hermana, pude ver la preocupación de Astrid en sus ojos castaños y aunque la quise apartar, aunque le di de manotazos para que se apartara y le gritaba que se largara porque si había algo que odiara más en la vida era que me vieran débil, no se fue y tampoco se apartó. Mi respiración había sido errática y mi frente se había perlado en sudor y aun así no se movió, siempre tan misericordiosa, siempre con ese halo angelical que poseía dejó su mano en mi mejilla como si intentara calmarme, pero ambos sabíamos que por mucho que intentara llevarme hacia la luz lo cierto es que la oscuridad nos consumía. Yo estaba acostumbrado, desde hacía muchos años vivía en una constante penumbra, pero ella no pertenecía a ese mundo y caería al frío de la oscuridad... yo lo sabía y ella se empeñaba en salvarme y llevarme a la luz cuando eso sería, más que nada, su perdición.

Me encontraba en la cabaña entrenando un poco después de haber tenido que volver a pasar por curarme, había tenido que llamar de nuevo a Logan, a ese maldito hechicero que aparecía cuando le daga la real gana y su sonrisa socarrona era lo que más me molestaba de todo, cuando me vio después de la noche del recital me soltó un “estás hecho mierda” que le hizo divertirse a mi costa y a mí gruñirle cabreado como el maldito infierno por su burla, pero necesitaba que me ayudara con la curación y con las heridas de la espalda. Tardó cuatro sesiones más de lo previsto pero finalmente me curó bastante bien las cicatrices, otro sin esa atención mágica seguiría sin poder moverse y yo odiaba el hecho de sentirme parado sin hacer nada, me desesperaba y mi humor que ya de por sí era intratable se ponía peor cuando no entrenaba o no me iba a de caza. Me dijo que esperaba unos días tras la última visita para recuperarme del todo y a primera mañana cumplido el plazo me fui a la cabaña a entrenar, necesitaba despejarme y alejarme de la ciudad y de lo que había pasado en ella recientemente. La intrusión de Astrid en mi vida me era un verdadero quebradero de cabeza, desde esa noche no la había visto y pretendía seguir sin verla, quizás con la esperanza de que se hubiera dado por vencida de una vez de que no la quería cerca, de que odiaba el hecho de que me viera débil –ella y cualquiera- y que su cercanía hacía que la odiara más de lo que ella siquiera pudiera llegar a saber, por cosas que ni de coña diría nunca en voz alta y tampoco las pensaría como si de esa forma las pudiera borrar de un plumazo, igual que intentaba olvidar de un plumazo a Astrid y su absurdo intento de salvarme del infierno y de la fría oscuridad en la que era mi vida... como si intentara salvar mi alma del diablo cuando no se daba cuenta de que yo era el diablo.

Había partido algo de leña para mantener la lumbre encendida, llevaba casi media semana en la cabaña mejorando día a día con los entrenamientos, el bosque era un buen lugar para entrenar y ponerte en forma sin que nadie se percatara de lo que estabas haciendo. Dejé la leña a un lado de la casa para ir cogiendo conforme me hiciera falta y me fui a la parte de atrás donde tenía varios blancos que había hecho para lanzar desde lejos y mejorar la puntería, y colgado de un árbol una bolsa para mejorar mis golpes, llevaba desde bien entrada la mañana entrenando y me había quitado la camiseta dejando mi torso al descubierto por el calor que tenía. Frente al saco mis golpes se sucedieron de forma seca y continua, me movía hacia los lados y pegaba golpes y patadas en diferentes ráfagas tal y como Keith me había enseñado, pero sobre todo quería entrenar la parte de arriba moviendo la espalda, Logan había hecho un trabajo muy bueno porque apenas notaba dolor y podía moverme bastante bien, las marcas de los latigazos se habían quedado en mi piel aunque menos visibles gracias a la magia pero estaban ahí, como un recordatorio de lo que tendría que hacerle a aquel hijo de puta, una que pensaba devolvérsela en cuanto tuviera la oportunidad. El sudor perlaba mi frente y hacía que algunos mechones se pegaran a mi rostro mientras seguía asestando golpes al saco, no me pasó desapercibido escuchar unos pasos que provenían de un lado de la casa, sentí la presencia de alguien y no me giré pensando que sería mi tío quien se había pasado a verme, ya me dijo que se pasaría y lo más seguro es que fuera él. Enarqué una ceja cuando sentí que lanzaba una daga en la dirección en la que estaba, clavándose en el saco, y sonreí de forma ladina dejando el saco quieto lanzando una risa corta.


-¿De verdad pretendías asustarme así, tío? Pensaba que eras mucho mejor en ese sentido y no tan pésimo como me acabas de demostrar –me giré mirando hacia el lugar de donde había sido lanzada la daga esperando a que apareciera- oh, ¿pretendes jugar? Vamos tío, ambos sabemos que puedo alcanzarte siquiera antes de que te des cuenta, ya no vales para esto – me crucé de brazos, lancé una pequeña carcajada irónica y miré al cielo cuando una segunda daga fue lanzada que impactó a unos pocos centímetros de mi pie y cuando alcé la vista para ver al que supuestamente había sido mi tío el que lanzó la daga, me encontré con esa mirada castaña puesta en mi persona, fruncí el ceño cuando la vi a ella parada a unos pocos metros de distancia de donde me encontraba, tenía una sonrisa pintada en sus labios y me miraba como si esperaba algo por mi parte, me dio los buenos días y yo le gruñí en respuesta. Lo cierto es que me había preguntado cuándo aparecería, había notado que su criado se había pasado alguna que otra vez por mi casa y supe que en algún momento aparecería, aunque esperaba en el fondo que no lo hiciera y dejara las tonterías que se traía en mente, con esas mariposas que le revoloteaban alrededor de esta y que no le hacían ver con claridad- ¿qué cojones haces aquí, Astrid? –Pregunté sin apartar mis ojos de los suyos, en una mirada fría y oscura manteniendo ese halo de oscuridad que siempre me caracterizaba en alza con ella, fue inevitable que todo lo que había pasado desde que la conocí surcara mi mente y eso me hizo enfurecerme aún más. No entendía por qué se empeñaba tanto en salvarme, no entendía esa maldita obsesión que se traía conmigo y tampoco quería entenderla- creí que todo había quedado claro la última vez que nos vimos –mis ojos brillaron con cierta furia ante el recuerdo, odiaba que la gente me viera débil, odiaba que ella me viera así- pero al final voy a acabar pensando que sí has caído tentada por el demonio –dije de forma mordaz cambiando el peso del pie de uno a otro- ¿tanto me echabas de menos que has venido a buscarme a mi cabaña? –Enarqué una ceja y sonreí de lado de forma ladina pretendiendo enervarla, me había lanzado aquella daga en un claro desafío y me agaché para cogerla, comencé a lanzarla al aire haciendo que girara- seguro que te ha costado encontrarla, ¿cuánto te ha llevado? –Pregunté porque dudaba que se acordara del camino de la vez que estuvo aquí. Me paré un momento a mirarla, con esa ropa de cazadora que siempre solía llevar, muy diferente del vestido con la que la había visto en el teatro, una imagen muy diferente de la cazadora donde apenas sí parecía ella, o quizás es que parecía más ella que nunca mientras que vestida de cazadora era como si portara una máscara, algo que yo sabía muy bien porque siempre portaba máscaras que hacían que no pudieran saber quién era realmente ni llegar a conocerme del todo. Llevaba el pelo recogido como si llevara un moño aunque llevaba unos mechones sueltos ondulados que enmarcaban su rostro, una blusa de color azul clara donde encima llevaba un corsé negro, los pantalones oscuros y las botas para cazar... dos imágenes de la misma persona pero que sin embargo formaban una sola, igualmente en ambas desprendía esa candidez y ese calor que la caracterizaba, el sol brillaba y daba directo a su pelo haciéndolo parecer algo más claro de lo normal y sus ojos castaños brillaban por la luz, sus labios ligeramente entreabiertos seguramente por la caminata. Tan ella, como siempre, como ese ángel misericordioso que siempre me había parecido que era. Comencé a andar en su dirección y me quedé delante de ella a tan solo un par de pasos en una distancia ínfima entre ambos, quería imponerle con mi altura y mi envergadura, imponerme sobre ella como siempre hacía para llevar el control de la situación. Bajé ligeramente mi rostro para dejarlo a su altura y la contemplé de cerca, sentía su respiración dar en mi rostro y sonreí de lado dejando la daga contra su pecho- tú daga, ángel. Seres como tú no deberían de llevar tales armas –apunté antes de bordearla y dirigirme hacia la entrada de la cabaña cuando me fijé en la bolsa de cuero que había en el suelo, supe que era de ella en ese instante y me giré a mirarla- ¿a qué has venido, Astrid? Si es con intención de quedarte te aseguro desde ya que en mi cabaña solo hay sitio para uno y para nadie más, si esa era tú intención puedes volverte por dónde has venido –hice una leve pausa mirándola- ¿qué quieres esta vez? Pensé que te había dicho que no volvieras a acercarte de nuevo y te encuentro aquí, seguro que tú criado te ha informado de que llevaba días sin estar en casa ¿no es así? No es que fuera muy discreto en su trabajo, supuse que vendrías como una polilla atraída por la llama... acabarás quemándote Astrid, me obligarás a que sea ese demonio porque me lo estás pidiendo a gritos.



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Feb 21, 2018 3:51 am

Había caído. Había sido tentada por el demonio y éste llevaba sus ojos.

Naxel Eblan me observa con su característica sonrisa ladina en los labios, una mezcla de sorpresa y frustración en su mirada, como si hubiese descubierto al cervatillo en el claro y se hubiese olvidado las armas. Para qué negarlo, estoy saboreando cada segundo de haberlo dejado al descubierto. El sudor perla su piel.

-Buenos días a ti también, cazador- repito, las palabras salen perezosas de mis labios, cayendo en la cuenta de que en nuestros encuentro él jamás saluda, ni se despide. Viejas costumbres, supongo. Jamás admitiría que encontrar su cabaña me ha la costado más de lo que pensaba, pero menos de lo que él habría esperado, así que me limito a encogerme de hombros mientras avanzo hacia él con cautela - Se admiten apuestas... Te aseguro que no fue fácil, pero al final el camino se hizo predecible - capto el destello indignado en sus facciones, mis palabras se clavan en su orgullo - Deberías empezar a plantearte si no es hora de cambiar de madriguera, Sí una pobre e inexperta niña como yo puede rastrearte, ¿qué será lo siguiente que te encuentre? - una reverencia burlona por mi parte, aún la última de mis dagas jugando en la punta de mis dedos - Te concedo el sentirte agradecido, Naxel, hoy has tenido suerte.

Él no retrocede en su avance y por un instante todo mi cuerpo se prepara para su contraataque. Pero vuelvo a olvidarme de que el verdadero daño lo causa con las palabras. Me entrega la daga como quien devuelve la pelota a un niño, sin darle más importancia que la propia mención. Mi ceño se frunce ante su cercanía, pese a la distancia simbólica que siempre mantiene entre nosotros algo en su acercamiento es distinto. Quizás, como bien ha dicho siempre, está harto de mis intentos vanos por comprenderlo, tal vez mi presencia me haya convertido en una simple polilla orbitando a su alrededor. Todos sabemos que los insectos se aplastan. Sea como sea, es lo que siempre ha pretendido Naxel conmigo. Pero hoy es distinto. Hoy, bajo la sombra de los árboles que rodean la caballa, no soy más que una hoja para él.

Su respiración me roza la frente, remolinos de aire caliente acariciando mi piel. Por alguna razón recuerdo nuestro primer encuentro y sus manos sobre mi cuello, una ira ardiente en el fondo de su mirada, el deseo silencioso de la muerte en sus labios. Recuerdo que temí por mi vida y lo odié hasta el tuétano. Un recuerdo que ahora se me antoja muy lejanos, como si en el espacio entre nosotros aún existieran años y décadas y siglos por recorrer. Observo sus ojos oscuros, tan opacos que parecen negros, intentando descifrarlos como tantas otras veces, el calor que emana su cuerpo después del entrenamiento resulta familiar y a la vez asfixiante. Justo cuando creo que va a hacer gala de su humilde cortesía me sorprende con su indiferencia.

-Si Alfred hubiera querido ser discreto no habrías notado su presencia- lo sigo en dirección a la cabaña sin esperar una invitación, sus pisadas firmes sobre la tierra- Después de lo que ocurrió en el teatro desapareciste por completo, ¿cómo voy a apartarme si no dejas de darme motivos para acercarme a ti?- mi voz toma un desliz oscuro- Pero está claro que te las has arreglado bien en solitario, ¿cual ha sido el precio?- y sé exactamente que sabe a lo que me refiero. Sus cicatrices. Casi curadas, apenas unas líneas rosas sobre la carne maltratada, la mano ágil de un mago sin duda debe haber sido el causante de tal milagrosa curación. Tampoco me es indiferente la cicatriz en el pecho causada la noche del recital, casi curada. Niego levemente con la cabeza para apartar el recuerdo de un Naxel desplomado, de su sangre en mis manos y la mirada horrorizada de Liara sobre nosotros. Han sido muchas las veces queme he preguntado por si seguridad, pero he dejado los intentos por querer acercarme a ella sabiendo que Naxel se ocuparia de ella. Bastardo. Él sabe que mis heridas siguen encarnadas, estoy segura de que casi puede oler mi piel aún sangrante en las zonas más sensibles, y aún así… No debería sentirme molesta por tal cosa, al fin y al cabo, es Naxel Eblan, el demonio solitario.
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Mar 03, 2018 11:02 am

Si había algo que odiaba más por encima de todas las cosas era el hecho de que alguien me viera herido, para mí era un signo de debilidad y yo no tenía tales cosas... yo era un demonio forjado en las llamas del infierno que se había mantenido en la oscuridad con el paso del tiempo, que había prevalecido en las sombras y que había construido y erigido murallas de hielo en mi interior para que nadie pudiera acercarse o siquiera atreverse a indagar en mi interior, no podrían hacerlo porque estaba protegido por capas y capas de grueso hielo. Jamás había dejado que nadie ajeno a mi familia se acercara lo suficiente como para poder siquiera apreciar esos muros internos que tenía, pero como ya me había pasado algunas veces a lo largo de mi vida el destino era demasiado irónico y quienes manejaban mi destino debían de ser muy perras porque cuanto más quería que no se acercara ella más lo intentaba. Estaba cansado de sus juegos de niñas, de sus mariposas que revoloteaban en su cabeza y sus sueños de color de rosa entorno a mi persona... yo era un maldito demonio y me enorgullecía de ello, todo lo que me rodeaba era oscuridad y no dejaba que la luz entrara en mi vida porque no quería que entrara. Ya le había advertido de que se alejara y mantuviera las distancias o al final me obligaría a ser ese demonio que tanto le estaba advirtiendo, estaba jugando con fuego con un demonio y al final cuando menos se lo esperara acabaría quemándose en las llamas del infierno y yo, acostumbrado a arder, la vería sin hacer absolutamente nada porque ella se lo había buscado. Aunque ella no lo supiera había sido “gentil” dentro de mi rudeza advirtiéndole que se alejara, pero iba a tener que tomar medidas más extremas para que se alejara de una maldita vez y me dejara tranquilo. No quería tener nada que ver con ella, no quería que me siguiera rondando y que viniera con la idea de que podía derribar mis muros y aportar un rayo de luz en medio de toda mi oscuridad como si pudiera salvarme... yo no quería ser salvado, y al margen de eso, tampoco podía serlo. Vendí mi alma hacía demasiado tiempo al demonio y dejé que se la llevara a cambio de poder algún día cumplir mi venganza por la muerte de mis padres, estaba vacío por dentro y pretendía seguir estándolo por el resto de mi vida porque las emociones nublaban el juicio, porque la emociones te hacían débil y eso es lo último que quería.

Sin embargo pese a todas mis advertencias, que al parecer no las tomaba en serio, allí estaba frente a mí presentándose de improvisto en mi cabaña lanzando sus dagas como si fuera un reto, uno del que pasé olímpicamente porque no iba a entrar en su telaraña y no caería en su red, sin embargo ella aunque no lo supiera sí había caído en mi red y había sido tentada por el demonio... ah, ese angelical ser había caído en la trampa del demonio y había caído tentada, era como una polilla atraída por las llamas incapaz de permanecer lejos e incapaz de borrarme de su vida. Era irónico porque, desde un principio, quien quiso que me alejara había sido ella y sin embargo las tornas habían cambiado y ahora era yo quien quería que no me alejara. Yo no estaba acostumbrado a trabajar en equipo y la única vez que lo había hecho nos habían tendido una trampa para después.... gruñí al recordarlo, cada vez que ella estaba cerca de mí algo malo sucedía y no entendía como no había captado la indirecta. Yo sabía que iba a acabar quemándose, me iba a obligar a sacar a ese demonio y sin embargo parecía no importarle y aun así seguía intentándolo... con sus sueños rosas y sus mariposas, pero lo intentaba. De hecho había pensado cuánto tardaría en aparecer de nuevo aunque le había dejado muy claro que no quería volver a verla, después de lo del recital le había dejado las cosas muy claras y había sido franco, rudo y directo.... no la quería cerca de mí, no la quería en mi vida y en vez de aceptar eso volvía atraída por mis llamas y mi oscuridad. Al final acabaría siendo un ángel caído y luego no podría echarme la culpa de ello porque se lo había advertido muchas veces pero nunca me había hecho caso. Gruñí cuando me quiso picar y lanzar una daga imaginaria directa a mi orgullo dando de pleno, quería burlarse por haber sido capaz de encontrar la cabaña que utilizaba para llevar allí a mis presas, seguramente lo hizo con la intención de que me sintiera herido de alguna forma y la manera en que la miré y el gruñido que escapó de mis labios fue todo lo que necesitó para saber que lo había logrado.

Maldita desgraciada, no solo venía sin invitación alguna a mi lugar secreto, sino que encima venía en una actitud que distaba mucho de ser las que había tenido conmigo anteriormente. Las primeras veces que habíamos coincidido se mostraba más tímida, más intimidada por mi persona y mucho más insegura... sin embargo ahora cuando hablaba y cuando me miraba desprendía una seguridad que antes jamás había mostrado, derrochaba seguridad y confianza en sí misma y yo podía notarlo, su cuerpo estaba más relajado y ya no estaba tan tensa como antes, se atrevía a mirarme de forma más fija a los ojos y ya no apartaba la mirada avergonzada e intimidada como las primeras veces... y no me gustaba para nada. Desde que había pasado la noche de los lobos cuando nos emboscaron su actitud había cambiado por completo, cuando antes me temía ahora ya no veía ese miedo que desprendían sus ojos, era como si se hubiera acostumbrado y lo que pasó hubiera hecho que avanzara un poco más en mi dirección, como si se hubiera atribuido alguna especie de victoria en su cabecita llena de mariposas entorno a mi persona... y lo odiaba, por eso no quería que nadie me viera débil nunca, porque luego pasaban estas cosas. Igualmente cuando me acerqué a ella quise recordarle que era más alto y más fuerte que ella, que si quería podía derribarla y vencerla antes de que pudiera darse cuenta de lo que hacía y que, para mí, no me suponía ninguna amenaza. Por eso le devolvía la daga de esa forma como si no me importara, como si eso fuera un juguete para ella que no sabía ni podía utilizar aunque era muy consciente de que sí podía. Pero ahí radicaba todo; en no hacérselo saber a ella. Siempre desprendía esa calidez que me recordaba a Liara, ella era cándida y no entendía por qué seguía rondando a un demonio como yo. Siempre era mordaz e incisivo con ella para ver si se alejaba pero nada funcionaba, y ahora la tenía en la cabaña con una bolsa de cuero como si pretendiera quedarse por un tiempo aunque ni de coña iba a pasar eso. Después de haberle advertido que iba a ser ese demonio que ella estaba buscando que fuera, porque me estaba provocando para serlo, pasé de ella y me giré para ir en dirección a la entrada de la cabaña dejándola atrás. No era bienvenida y podía largarse por donde había venido, pero me giré a contemplarla enarcando una ceja como si creyera por un momento que su criado podía espiarme sin que yo me diera cuenta.



-¿Estás de coña, Astrid? ¿Crees realmente que tú criado podría haberme estado espiando sin que yo no lo supiera? –Me reí, sí, me reí de forma fría y sarcástica mientras negaba con la cabeza riéndome de ella y volviendo a andar hacia la entrada de la cabaña, de sus palabras y de sus patéticas ilusiones que tenía. Después de lo que había pasado con los licántropos había estado mucho más atento a todo lo que en cuanto a mi casa y demás lugares que frecuentaba se refería, si su criado me hubiera estado espiando sin dejarse ver tanto igualmente lo hubiera sabido... ya no dejaba ningún cabo suelto y además tenía a alguien que trabaja para mí en ese sentido, por lo que lo hubiera sabido. Me volví a parar de nuevo por sus siguientes palabras haciendo que me girara para mirarla de forma fija, con mis ojos brillando como si fueran dos dagas de hielo clavándose en sus castaños, un gruñido que brotó de mi pecho a pesar del matiz “oscuro” que tenían sus palabras- ¡Yo no te doy motivos para acercarte! –Porque nunca había querido que lo hiciera, porque siempre la estaba apartando constantemente- ¿en qué maldito mundo de color de rosa y lleno de mariposas vives, Astrid? Yo jamás he querido que te acercaras a mí porque siempre he estado apartándote, no quiero que revolotees a mi alrededor como si fueras un cachorro pidiendo por atención porque jamás te la voy a dar. Te lo dije, eres demasiado angelical para acercarte al demonio que soy... pero parece que es lo que te gusta porque no dejas de buscarme, te han informado de que he desaparecido un par de días de mi casa y te ha faltado tiempo para venir a buscarme en la cabaña... dime, ¿tan dentro estoy en tu cabeza? ¿Tan hondo he calado en tus pensamientos que la simple y absurda idea de que no me tengas controlado te haga venir hasta aquí para comprobar qué, que estoy bien? Pues déjame decirte algo –dije acortando la distancia con ella sin cambiar mi semblante- el demonio no necesita que nadie cuide ni vele por él, y más te vale alejarte Astrid porque al final acabarás siendo un ángel caído tentado por el demonio y la oscuridad te comerá y te envolverá. Y cuando eso pase, ángel, déjame decirte que no podrás echármelo en cara porque no pares de provocarme para que eso pase. Quédate en tú maldita luz y déjame a mí en mi oscuridad, seguro que puedes encontrar por ahí a alguien que si quiera y merezca ser salvado pero en lo que a mí respecta –me incliné para quedar mi rostro a su misma altura sintiendo su aliento contra mis labios, sus ojos fijos en los míos y en vez de haber dado un paso hacia atrás como hubiera hecho siempre se quedó quieta en su sitio como esperando a que dijera lo que tuviera que decir en esos momentos- me gusta ser el demonio que soy. Apártate de mí camino ángel, o te convertirás en un ser de oscuridad como lo soy yo. ¿Acaso quieres ser un cascarón frío y vacío? Porque si es así, entonces, vas por el buen camino –sonreí de forma ladina y me volví a girar para adentrarme en la cabaña de donde cogí un vaso de cristal y lo llené con un poco de bourbon para bebérmelo, no es que bebiera demasiado pero en ese momento lo necesité. Y como ya era de esperar mis palabras no fueron suficiente para que se marchara porque escuché sus pisadas adentrándose en la cabaña con la bolsa que dejó en uno de los sillones, giré mi rostro ligeramente para darme cuenta de que sus ojos se mantenían fijos en mi espalda como si no pudiera creerse que estuvieran ya casi curados y sonreí de lado. Claro que sabía a qué se había referido con su pregunta, a las marcas de los latigazos, a las heridas que había recibido cuando me cambié por ella... aún en ese instante seguía sin saber por qué lo había hecho- Magia –dije sin más aunque seguramente ella ya sabía la misma respuesta que acababa de darle- tengo contactos y gente que me debe favores así que simplemente me los he cobrado. Tú podrías haber hecho lo mismo o haber caído en la cuenta de que un hechicero, por un precio módico, podría haberte ayudado con tus heridas que entiendo que siguen curándose de forma tradicional y de forma lenta –comenté volviendo a llenar el vaso que llevaba en la mano salvo que esa vez serví otro y restando la distancia que nos separaba se lo entregué para que lo tomara, mi cuerpo rodeó el suyo pasando por su espalda donde deslicé uno de mis dedos de hombro a hombro de forma lenta- ¿por qué no acudiste a un hechicero, Astrid? ¿Acaso querías dejar que tus heridas sanaran de forma natural con tanto dolor para recordarte lo que no debes hacer, de que no debes de meterte con demonios? Quizás te convendría, un ángel como tú acabaría siendo devorada por cualquier demonio que se precie... en cuanto vieran tu aura angelical y misericordiosa serías como un bocado delicioso y apetitoso –mi cuerpo se quedó a su espalda aunque apenas había contacto entre uno y otro, pero estaba más como ladeado contra su hombro izquierdo quedando ella de perfil para mí, mi nariz fue a su pelo notando esa esencia que siempre desprendía y que me recordó a cuando estuve tumbado en su cama herido y sangrando, ese olor dulzón que era tan característico en ella y que siempre dejaba a su paso allí por donde iba, luego bajé mi rostro para que sintiera mi aliento en su oreja y en su mejilla- tan brillante –dije para subir mi mano a su mentón y girar su rostro para que quedara a mi altura observándola- tan pura –mis ojos se clavaron en los suyos dejando que mi aliento impactara en sus labios, bajé mis ojos a estos por unos segundos y me mordí el labio volviendo a mirarla con una sonrisa, preguntándome si sería realmente pura en todos y cada uno de los sentidos. La última vez que mordí su labio me había soltado un puñetazo así que esa vez solo rocé sus labios con los míos antes de separarme para beber del vaso acercándome a la lumbre- y dime, ¿a qué has venido realmente? Si era para saber si estaba bien podrías haberte ido en cuanto me hubieras visto entrenando. ¿Qué quieres de mí, Astrid? –Me giré para mirarla observando su figura que era lamida por las llamas de la lumbre otorgándole a su piel y a su ropa tonos anaranjados y rojizos, iluminando su piel que brillaba con diferentes formas por el movimiento de las llamas.



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Mar Mar 06, 2018 10:40 am

He metido el dedo en todas y cada una de las llagas que Naxel pueda tener. Y me siento extrañamente orgullosa de ello. Soy muy consciente del efecto que tienen mis palabras en él, su expresión cambia pese a que sus movimiento se mantienen relajados, me observa de esa forma en la que miran las personas que se debaten entre las grandes decisiones. Se da la vuelta sin esperar respuesta por mi parte, aún sostengo la daga que me ha entregado con una sutil burla en los labios. Espero. Tiro un poco más de la cuerda que nos ata, del camino entrelazado. Y estalla.

Entre las virtudes y los defectos de Naxel se encuentra el hecho de que cuando el demonio se despierta no puede parar, todas sus palabras son hirientes, dagas quebrando mis esfuerzos por mantenerme entera ante él. Me desprecia, lo sé, y odio que no se dedique a disimularlo, lo remarca cada vez que se dirige a mi. Una niña en un mundo de mariposas. parece olvidar que las niñas crecen y las mariposas mueren. Me muerdo el interior de las mejillas para controlar el impulso de contraatacar sus palabras.

¿Tan dentro estoy en tu cabeza?

Buena pregunta. Se acerca en pocos pasos en un intento por intimidarme, su tono es oscuro y grave. Tiene razón, él no merece mi luz, esa luz de la que habla y que yo jamás he encontrado en mi misma. Gael siempre ha merecido mi luz. Y yo intento dársela también a Naxel, ilusa de mí, como si pudiera hacer algo real por él.

Me niego a apartarme cuando su respiración roza mi rostro, observo las marcas de cansancio y el leve sudor que humedece su pelo. No digo nada,de la misma forma en la que él me trató minutos antes le resto importancia a sus actos con el mero silencio. Por dentro estoy ardiendo. En cuando se da la vuelta me siento tentada a lanzar la daga contra él, probarlo, ver qué reflejos mantiene después de la curación y que demuestre lo mucho que me odia pero, sobretodo, quiero desafiarlo.

Sin ser invitada lo sigo hasta la casa ya que si realmente hubiera querido que me marchase se habría encargado él mismo de llevarme a rastras. El aroma de la cabaña resulta extraño, una mezcla del fuego de la lumbre y pastel de limón recién hecho, demasiado hogareño para el ser que la habita, la última vez que puse un pie aquí los olores eran completamente ajenos. Dejo mis pertenencias sobre el sofá sin ningún cuidado y me giro hacia él con los brazos cruzados, estoy claramente molesta y quiero explicaciones, pero no tengo que volver a preguntar cuando es él mismo el que habla.

Ya, un hechicero. Alzo las cejas remarcando lo obvio de su comentario, me toma por estúpida, se burla de mí.

-Sólo un hombre desesperado haría tratos con hechiceros-me encojo de hombros-Debo aprender de mis errores Naxel, y si eso implica quedarme con un par de cicatrices en la piel podré soportarlo-otro ataque sutil, de eso se trata la batalla entre nosotros. Porta dos vaso anchos en las manos y me ofrece uno a pesar de comentarle que no bebo, sujeto el recipiente y el líquido oscuro baila dentro. El contacto me produce escalofríos y sé que él es consciente de ello, no puedo esconder que su cercanía me despierta la piel, tentada y alerta. Mi mirada sigue posada en el liquor, no quiero mirarle porque sabrá que está logrando intimidarme, si bien antes eran amenazas en toda regla ahora todo en él parece una peligrosa invitación.

-¿Vas a devorarme?-susurro, apenas audible, porque él es hijo de demonio y yo voy a perder las alas. Tan brillante, susurra. No lo soy, Dios sabe que no. Mis labios se entreabren en un intento vano por decir algo tajante y apartarlo de mí, puedo notar cómo me respira mientras ladeo levemente la cabeza en un acercamiento involuntario. Tan pura, me dice, su mano en mi rostro y mis ojos sobre los suyos, se muerde la boca y mis pestañas siguen el gesto. Tiene tanto hielo en las pupilas que quema. Me doy cuenta de que estoy manteniendo la respiración en el preciso instante en que sus labios vibran sobre los míos, apenas un simple roce. Algo en mí esperaba que me mordiera como tantas otras veces para así poder apartarlo de mala gana, odiandolo. Vuelve a alejarse de forma casual y yo, sin pensarlo, doy un trago a la bebida, el sabor no es de mi agrado y mi garganta se queja.

-Al final va a ser el demonio el que cae ante el ángel-digo, está de espaldas a mí y no puedo leer su expresión pero sabe muy bien a qué me refiero. Otro sorbo para encontrar las palabras, me acerco a la ventana poniendo más distancia entre nosotros. Sin permitir réplica me adelanto a lo que sea que pueda decir-Mi tío fue un gran cazador y jamás precisó de curaciones mágicas, todo lo que hacía era por su familia y se aseguraba de recordarlo cada vez que observaba sus cicatrices- dejo el vaso en el alféizar y me apoyo en la pared, mirándolo-No quiero nada Nax, ¿es eso tan difícil de comprender? No estoy aquí porque quiera algo a cambio o por regalarte mi compañía. Te dije que cogeríamos a los licántropos juntos, y tú protegerías a Naitiri, fue un trato-anque eso suena ya muy lejano. Abro la bolsa de cuero y saco un saquito de tela, el olor a pan, queso y naranjas inunda el salón, saco un recipiente de madera, dentro está algo del guiso de anoche. Algunas armas quedan a la vista, junto con ropa limpia que he traído. Me encamino a la cocina-Además, en esta jodida cabaña no hay comida decente.

Cuando entro descubro que estaba en lo cierto, hay pastel de limón y eso puede implicar que Liara haya estado aquí aunque esa posibilidad me parezca remota. La hermana de Naxel es su bien más preciado, dudo que la haga testigo de tu verdadero ser. Al menos sé que ese pastel lo ha hecho ella, lo sé por la forma en la que olía su cabello cuando la sujeté para evitar que uno de los vampiros acabase con su vida en el recital. Dejo las cosas en la encimera y apoyo ambas manos para sostenerse y tomar aire. Mi iré pronto, cuando tenga respuestas, me digo. Siento el cansancio más pesado en mi, la espalda duele y tira y son más que evidentes mis ojeras. Comienzo a abrir los cajones buscando algo que pueda servir para un té improvisado, ignorando el hecho de que el dueño de la casa puede estar hecho una furia ahora mismo. No me giro pero detecto que está en el umbral de la puerta.

-La noche del recital me trataste como si fuera la peste- no pensaba sacar ese tema pero las palabras salen antes de que pueda controlarlas- Eres un hombre duro, lo entiendo, el vestido no pudo contigo- apenas un comentario para restar importancia mientras abro otro cajón y encuentro té de lilas. Sonrío despacio, incluso en la cabaña de los horrores Liara está presente- Sé que tu hermana corría peligro, todos lo estábamos. Hice lo que pude para mantenerla a salvo... Pero en tu mente no fue suficiente, crees que deberías haber sido tú el que la protegiese- pongo agua a hervir sin mirarle aún- Pero lo hiciste. Y cuando te estabas desangrando quise parar la hemorragia y me apartaste. Quise hacer algo por tus heridas y me apartaste- me doy la vuelta, lo miro, lo atravieso- Quise ponerte a salvo y elegiste la posible muerte a ceder ante mi.
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Mar Mar 13, 2018 11:53 am

Odiaba que la cazadora siguiera con su incesante idea de que tenía que salvarme, de que viera en mí una luz que yo no tenía y que no poseía como si pidiera por ayuda y por auxilio cuando, realmente, lo único que hacía era alejarla más y más constantemente. Pero nada de eso funcionaba porque no se daba por vencida y al final es que acabaría por terminar de ser ese demonio que estaba buscando que fuera, que sacara la peor versión de mí y que al final le hiciera el daño que buscaba para que dejara de acercarse cada vez más, parecía que era lo que andaba pidiendo porque por más que le decía no me hacía ni puto caso... estaba jugando y tentando al demonio a que asomara tras la máscara de la que estaba escondido, yo lo retenía en su mayoría pero podía notar como en mi interior bullía por asomarse, por darle ese susto que tanto se merecía, por mostrarle toda la oscuridad que había en mí y alejarla de una maldita vez. Sí, mi demonio me pedía que arrancara la máscara y dejara tomar el control para cortar de raíz aquella estúpida idea fantasiosa que tenía la cazadora, tentada y atraída como lo eran las polillas a la luz y a las llamas y es que se acabaría quemando pero ¿qué más podía hacer yo cuando ya le había avisado varias veces? Perdería su luz y sus alas, caería en el abismo de la oscuridad más profundo y luego no podría echármelo en cara porque se lo advertí. Notaba las garras del demonio como si arañara el cascarón vacío que ocupaba y en el que me había convertido tras todos aquellos años, quería salir a la superficie y emerger frente a ella aunque yo lo controlaba, ¿por qué? Esa era una pregunta en la que no quería pararme en detalle ni mucho menos en pensar porque seguramente la respuesta fuera una parecida a la que tuve aquella noche de los latigazos. Yo me alejaba y alejaba más y más de ella, había ido a la cabaña en un vano intento de que se diera por enterada de que no quería tener nada que ver con ella pero no, tenía que aparecer con una bolsa de cuero irrumpiendo en mitad de mi entrenamiento, siguiéndome hasta la cabaña y encima reprocharme de alguna forma que yo llevara mi espalda curada mientras ella seguramente todavía estuviera curándose sus heridas porque no había pasado tanto tiempo y esas heridas en concreto tardaban más en curarse. Bueno, si a ella no se le había ocurrido la brillante idea de ir a un hechicero no era mía la culpa, cada uno velaba por sus propios intereses y yo no iba a quedarme así por meses esperando a que se curaran porque la paciencia tampoco es que fuera lo mío.

Mis ojos fueron a los suyos cuando me devolvió aquella pulla que yo mismo le había lanzado, mientras sostenía el vaso entre mis dedos llenos de bourbon la contemplé tras sus palabras mucho más envalentonada de lo normal. La primera vez que la conocí había temblado de miedo cuando mi mano se cernió sobre su cuello privándole del aire, esa noche pudimos escapar de los lobos por pura y mera casualidad y aunque le dije en claro que no quería tener nada que ver con ella apareció para seguir investigando. La siguientes veces se había mostrado con algo de miedo y algo de terror, eso le gustaba a mi demonio porque siempre quería tenerlo todo bajo su control obsesivo, y verla en ese estado era más que perfecto y maravilloso. Apenas si se atrevía a mirarme a los ojos quizás para no ver toda la oscuridad que anidaba en mi interior, sin embargo en esos momentos permanecía tranquila y serena frente a mí, cruzada de brazos me observaba de forma detenida mientras yo me preguntaba cuándo había adquirido tal confianza y se había envalentonado tanto ante mi presencia, un hecho que odiaba fervientemente porque eso a ella sin duda alguna le daría alas y esperanzas, unas que debía de cortar de raíz antes de que se hiciera ideas equivocadas. No la quería, ¿qué narices no entendía de esas palabras? No la quería cerca y ella se empeñaba en acercarse más y más cuando yo intentaba mandarla lejos... me enervaba, tenía esa facilidad aunque no pensaba dejárselo en claro, pero odié el cambio que había en ella porque si yo lo notaba ella no sería menos, notaría que en mi presencia estaba más segura y más firme, no titubeaba, me miraba a los ojos y aunque su voz a vez sonara trémula no se callaba las cosas como antes, me devolvía los golpes aunque yo siempre intentaba llevarlo todo a mi terreno para que no tuviera opciones. Como el comentario sobre las heridas y el hechicero, sabía que lo hacía a posta para meter el dedo en la llaga y que explotara, aunque no entendía muy bien por qué quería que lo hiciera, pero su comentario lo entendía la perfección como un ataque que, aunque sutil, pude apreciarlo perfectamente. Elevé la esquina de mi labio sin soltar el vaso de mis manos, lo acerqué para dar un trago mientras ahora que le he tendido el vaso esquiva mi mirada como si lo más interesante fuera su contenido, no tengo por qué darle explicaciones del motivo por el que he llamado a un hechicero, pero el círculo que rondan los licántropos cada vez lo van cercando más y no puedo permitir otro ataque como el último que me hicieron, no van a volver a pillarme desprevenido por segunda vez.



-Bueno, supongo que cada uno lleva sus cosas como más le apetece y más le place. Pero sí, te vendría bien acordarte que con los lobos grandes no deberías de meterte... aunque algo me dice que con los vampiros tampoco deberías, pero te empeñas en ello ¿no es así? Igual que te empeñas en otros absurdos menesteres –sí, ahí está el golpe que le devuelvo porque no puedo evitarlo, no está en mí dejar una pulla pasar sin que pudiera responderla, verbal o físicamente. Acorto las distancias mientras le advierto que debería de dejar de jugar, que al final será un ángel caído mientras mi cuerpo rodea el suyo en un intento por intimidarla. Las palabras que le digo no lo hago por herirla, es lo que realmente pienso de ella y lo que siempre me ha parecido: brillante y pura. Desde la primera vez que la vi fue el pensamiento que surcó mi mente y nadie va a poder cambiar eso de ella, todo lo que la rodea desprende ese halo de luz angelical y misericordiosa que la envuelve, su calidez, la forma en la que actúa... no está hecha para la noche y los horrores que esta alberga, pero si se quiere dar el batacazo al final caerá con todas las consecuencias. Tras su pregunta de si voy a devorarla una leve risa sale de mis labios sin que yo pueda evitarlo, me río porque es imposible no hacerlo cuando su rostro se gira para encontrarse con el mío, sus ojos evitan en esos momentos mirarme pero cuando muerdo mis labios veo que sus ojos bajan a esa acción. Sí, ¿por qué no podría devorarla? Quizás así se fueran todos mis males y acabaría por desaparecer todos mis problemas con ella, opté por separarme tras rozar sus labios y tomar algo de distancia para dar de nuevo un trago al vaso, la contemplo por sus palabras y no evito el reírme delante de ella ante sus palabras de que al final el demonio va a caer ante el ángel- ¿es eso lo que quieres, ángel? ¿Qué caiga ante ti? –Di un nuevo trago observándola- serías un bocadito, ¿podrías estar a la altura realmente de un demonio como yo? –Mis ojos la siguen cuando se dirige a la ventana y la dejo hablar para saber qué diablos quiere de mí, de nuevo vuelve al hecho de que su tío tampoco necesitó de hechiceros- ¿me lo estás echando en cara, ángel? –Pregunto enarcando una ceja por ello- yo lucho también por mi familia pero no puedo dejar que estando débil los licántropos estrechen el cerco y se acerquen a mi hermana, ¿cómo la voy a defender si no puedo moverme? Me vigila una manada de licántropos y no pienso dejar que me pillen por sorpresa una segunda vez, si para ello tengo que curar mis heridas con ayuda de un hechicero lo haré... haré todo lo que tenga que hacer para mantenerla a salvo, y me importa una mierda quién se interponga en mi camino –digo con tono frío y serio, si ella quiere seguir con sus heridas y con el dolor es cosa y problema suyo, cada cual lleva sus batallas y su vida como realmente quiere. Vuelvo a reír de nuevo por sus palabras y doy otro trago al vaso- todo el mundo quiere algo, consciente o inconscientemente lo quiere y lo busca... así que no, no creo que hayas venido aquí si no quieres algo a cambio. Suéltalo y así podrás largarte cuanto antes –recordé a la joven que había visto en su casa, aquella que había sido perseguida por vampiros y que juré que también protegería de estos mientras averiguábamos por qué la seguían, parecía alguien importante para la cazadora y el matar vampiros siempre me divertía así que ¿por qué no? La vi acercarse a la bolsa y sacar algo de comida, pasar por mi lado y dirigirse a la cocina donde había algo de lo que sobró de aquel pastel de limón que hizo Liara, lo había llevado a la cabaña para comérmelo porque no quería que ella viera esa parte mía, esa que con la cazadora no me importaba mostrar constantemente. Mis ojos se fijaron en su espalda recordando sus latigazos y gruñí por el mero pensamiento, luego escuché sus palabras cuando saca el tema del recital, tema que por cierto no me agrada en absoluto por lo que pasó- oh, ¿te pusiste ese vestido rojo que ensalzaba tus atributos quizás para que el demonio cayera esa noche? Admito que te ves distinta con ese traje, desde luego no pensara que bajo esa ropa tuvieras un pecho como ese –doy otro trago a la copa apoyado contra el marco de la puerta viéndola hacer, si fuera a detenerla seguiría igualmente así que espero que haga lo que tenga que hacer, termine pronto y se marche. Frunzo el ceño cuando dice que ella intentó ponerla a salvo y lo reconocía, pero claro que yo debí de hacer algo más para protegerla, era su hermano y juré que conmigo nada le ocurriría... había fallado mi maldita palabra y odiaba eso. Entonces es cuando dice lo que le molestó, que la apartara, aunque yo me pregunto ¿por qué cuando siempre la he estado apartando? Para cuando se gira y me mira ya estoy tras su espalda, tiene que elevar la mirada para encontrarse con mis ojos pero aun así no los aparta, se mantiene firme y me atraviesa con su mirada. Puedo ver lo que ese hecho le molesta, siempre le he dicho que es como un libro abierto que muestra demasiado, expone demasiado... algo que sin duda tiene que controlar- ¿eso es lo que realmente te molestó, Astrid? ¿El que te apartara de mí? ¿El que no dejara que me ayudaras de nuevo cuando estaba herido? –Se puede notar el odio y la ira que hay en mi voz, un tono oscuro que presagia la tormenta que hay en mi interior- entiende esto ángel; un demonio jamás va a ceder ante ti –digo para que entienda que jamás lo voy a hacer ante ella, ya lo hice una vez y siempre me reprochaba haber cedido al cambiarme por ella, era la única vez que se lo iba a conceder. Mis brazos fueron a cada lado de su cuerpo apoyándolos en la bancada de la cocina, mi cuerpo se pega al suyo y hago que este a su vez se pegue también a la bancada para arrinconarla, no tiene escapatoria y voy a ser bastante claro y conciso sobre ese tema- ¿eso es lo que más te molestó, que no te dejara ayudarme? Deberías de saber que no dejaré que lo hagas nunca, creí que eso ya lo tenías más que claro. No soy como tú y no pienso serlo nunca, jamás dejaré que me alcances con esa luz y desde luego que revoloteando como una polilla atraída por mi oscuridad no vas a hacer que cambie de parecer. Soy un demonio y estoy cómodo con lo que soy, yo lo elegí, yo lo preferí y no me arrepiento de la decisión tomada. Soy un cascarón vacío que no alberga nada así que no esperes nada de mi parte porque te adelanto que no vas a encontrar nada, solo frío y oscuridad –le digo para que lo tenga bastante en cuenta, me impongo sobre ella y la observo con mis ojos fríos, opacos que no dejan ver nada tras estos más allá de todo lo que le he dicho- así que déjate este estúpido juego que te gastas y dime para qué has venido para que puedas largarte de una maldita vez, no me creo que no hayas venido por un motivo porque todos queremos algo, incluido tú ángel –la miro de forma fija- a no ser, que hayas venido para finalmente caer tentada por el demonio finalmente –elevo una de mis manos y mis dedos se enredan en el mechón que ha quedado suelto- dime Astrid, ¿qué deseas de mí? –Mi voz ha bajado un tono, aunque mantiene ese matiz oscuro, pero es algo más ronco con la pura intención de que caiga a merced del demonio que soy tentándola. Mi rostro se inclina al suyo y mi aliento choca contra sus labios de forma deliberada, muerdo mis labios y veo que sus ojos no pierden ese detalle que hace que sonría de lado- ¿quieres que te devore? –Pregunto en un tono bajo y sugerente, tentador en el máximo de los sentidos. Mi dedo se desliza por su rostro y se pasa por sus labios de forma que dejo que se humedezca un poco al bajarle su labio inferior ligeramente, mi recorrido sigue por su cuello y baja por el centro de su pecho por sobre su ropa. Soy consciente de su cuerpo tenso contra el mío, su respiración que casi es inexistente porque contiene el aliento y eso me divierte, me hace preguntarme cosas sobre la pequeña cazadora- estás muy tensa ángel, quizás deberías de liberar tensiones –lo dijo sobre su oreja de forma tentador, con un claro deje de doble sentido aunque bien puedo referirme simplemente a eso: liberar tensiones entrenando o luchando- y bien, ¿qué será de todo? Vamos ángel, sé que no has venido solo a traerme comida... ¿tanto me echabas de menos?



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Abr 18, 2018 6:51 pm

¿Es eso lo que quieres, ángel? ¿Qué caiga ante ti?

Quizás la respuesta siempre ha estado ante mi, fría, inquietante, prohibida. Sigo observándolo aún con los brazos cruzados mientras el agua hierve y el vapor roza mi espalda. Aún no puedo admitir que su comentario me ha herido, sería demasiado para mi orgullo, Naxel considera que no soy suficiente para él, solo una niña que juega y disfruta retándolo. Me muerdo el interior del labio mientras observo sus movimientos con astucia, siempre alerta ante su carácter voluble.

-Me alegra que fuese de su gusto, mi señor- respondo de forma sarcástica, haciendo un gesto a modo de reverencia. Es cierto que esa noche estaba fantástica, la tela se ajustaba a mi cuerpo y el rojo de la seda resaltaba sobre mi pálida piel. Recuerdo haberme mirado en espejo bucando las similitudes de mi humanidad en comparación con los vampiros. El pensamiento que cruzó mi mente fue tentador y terrorífico al mismo tiempo, y lo deseché como humo. Si me convirtiese en vampira dejaría de parecerme a mi misma en todos y cada uno de los sentidos. No me muevo cuando él corta distancias y apoya ambos brazos en la encimera dejandome entre ellos, su rostro muy cerca mientras me observa. Siento cómo el calor de su cuerpo embriaga el mío propio. Hago caso omiso a sus palabras, o al menos eso intento, estoy cansada del demonio, de su oscuridad y su ser frío y distante, estoy demasiado agotada de y crueldad como para querer darle importancia. Pero él siempre consigue que todo lo que dice duela perforándome la piel. Quiere que me marche. No quiere que me marche. Puedo notarlo, el Naxel de hace meses me habría sacado a rastras de su cabaña, me habría asustado hasta casi desear la muerte dejándome en la cuneta. El Naxel Eblan que tengo ante mi se debate internamente.

-No me molesta que me apartes de ti, Nax, me molesta que no seas capaz de admitir que tenerme a tu lado te hace sentir vivo- susurro, sus rostro se ladea, sus labios tentando la piel de los míos, se muerde el inferior en una clara invitación. ¿Cuándo se volvió natural tener a Naxel así de cerca? ¿Cuándo quedó atrás la muchacha que habría considerado esta situación como un insulto a la cordura?- ¿Acaso no lo ves? ¿No lo sientes? - Poso una de mis manos sobre su pecho para mantenerlo donde está, ni más cerca, ni más lejos - Tus pupilas se dilatan de exitación, me gritas que me vaya pero me acorralas ¿No te cansas de esto?- Quizás tengo las alas condenadas desde el principio. Puedo notar cómo mi mentón se inclina hacia él en busca del contacto, de la gran prohibición. Sólo unos centímetros y podría caer, esta vez de verdad, ante él. Su pregunta eriza cada uno de los poros de mi piel y me maldigo por ello. No, no es esto lo que quiero. No. No él. Mantengo la respiración como si el simple acto me causase dolor. Por una milésima de segundo el rostro de otro hombre se cruza tras mis párpados. Gael y Naxel son tan opuestos que jamás podría compararlos por completo. Noche y día. Ambos en los extremos de una balanza que yo me empeño por mantener. Pensar en él me llena de angustia. Si supiera que me encuentro en compañía de Naxel o mejor dicho, que he venido voluntariamente a él, algo se rompería entre nosotros. Ambos conocen de la existencia del otro, que lo acepten es otra historia. Naxel es un peligro para mí, para todos -Aparta- comento, mi voz un fino hilo, un suspiro se escapa de mis labios delantando el esfuerzo que me supone la petición -Es suficiente. Apartate, Naxel- a modo de eco la tetera comienza a sonar por la presión. Veo duda en él y sé que se plantear el tentarme un poco más, sabe que está cerca de conseguir su objetivo, sea cual sea, pero antes de permitirle si quiera pestañear clavo mi puño en uno de sus costados y la sorpresa hace que su brazo se aparte. Es obvio que no le ha dolio, pero ha sido suficientemente rápido como para apartarlo. Maldigo por lo bajo y con un acto frustrado aparto la tetera del fuego, podría romperla en mil pedazos. Intento recuperar la corduda, centrar todas las ideas- Vamos a entrenar.

Salgo por la puerta antes de recibir respuesta, pero sé que va a seguirme. Arranco la daga que quedó en el marco de madera en mi ataque sorpresa de antes, preparo mi cuerpo estirándolo los músculos mientras avanzo hacia el terreno frente al porche. Algo me roe las entrañas, quiero destrozarlo todo, quemarlo todo. Al girarme puedo divisar su silueta por el ventanal de la cocina. No debo, pero mi mano es más veloz y la daga estalla contra el cristal y se clava en alguno de los muebles, muy cerca de él.

Ahora sí he captado su atención.
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Dom Abr 29, 2018 11:12 am

De algún modo u otro sabía lo que hacía Astrid en la cabaña del bosque aunque ella no quisiera decírmelo, incluso hasta había esperado el momento en que apareciera porque sabía que tarde o temprano lo haría, aparecería como una polilla atraída por las llamas para acabar quemándose de una forma lenta, tentada por el demonio que yo era haciendo que el ángel probablemente se convirtiera en un ángel caído en el que la oscuridad lo devorara todo a su paso y arrasara con la luz que ella siempre parecía tener rondándole en todo momento, con esa calidez que desprendía y que muchas veces le había dicho que algún día sería su perdición porque contra el mundo en el que ella luchaba no había nada que pudiera hacer, los seres que moraban en la oscuridad eran expertos en arrebatar dicha luz y ella al final acabaría apresada entre las fauces del lobo, ya se lo había advertido y para cuando eso pasara no podría decirme que no la había avisado porque desde que la vi se lo había estado repitiendo, pero ella era tan obstinada y con unas fantasías viviendo en un mundo de color de rosa donde se pensaba que el bien vencía al mal, y eso en las historias de hadas y de fantasía quedaba demasiado bien, pero la realidad era una bien distinta y muchas veces el mal triunfaba frente al bien. Hasta en cierto sabía que, muy en el fondo, ella ya había sido tentada aunque dijera lo contrario y por ese mismo motivo estaba en aquel momento en mi lugar más personal y privado, el lugar que yo consideraba como un refugio y donde no quería que nadie se acercara al menos que yo le hubiera dado el permiso para que así lo hiciera. No quería pensar en esa pequeña libertad que ella se había concedido pero que lamentaría haber venido porque en algún momento haría que así se sintiera, no podía entender cómo todavía seguía volviendo para buscarme después de todo lo que le había hecho, después de todas las cosas que le había dicho para mantener la distancia y que se alejara de mí... pero ella siempre volvía, como si fuera un efecto “búmeran” que acababa de nuevo cerca de mí mientras yo la odiaba por eso. La odiaba también por muchas cosas en las que no quería ni pensar porque entonces las cosas podrían acabar muy mal, ya bastante había sido con todo lo que había tenido que pasar junto a ella como para encima recordarlo y que mi ira y mi cabreo fuera tan elevado que dejara salir al demonio que llevaba dentro, aunque pensándolo por otro lado quizás debiera de darle la lección que tanto ansiaba ella y hacer que de una vez por todas se alejara de forma definitiva y que no volviera de nuevo rondándome, porque parecía eso, como una polilla que me rondaba atraída por mi oscuridad y por la tentación que representaba para ella y que al parecer no había conocido en otra persona más que en mí. Yo siempre tenía bien altos los muros erigidos, las capas de hielo que no podía hacer que nada las atravesara y con ella siempre mantenía los escudos en alzas para que no me alcanzara nunca porque sabía que en el momento en que sus pensamientos y sus teorías de mariposas dieran su resultado y ella se percatara de ello... entonces ya no tendría salida posible y más lo intentaría.

Mientras solo pensara que no tenía efecto alguno sobre mí no había problema alguno y yo tenía que hacer que así fuera por mucho tiempo, mi objetivo entre toros era apartarla y ya pensaba de forma seria en sacar al demonio que llevaba dentro para asustarla del todo y que no le quedaran ganas de acercarse de nuevo a mí, aunque sabiendo lo cabezota y testaruda que era me preguntaba si eso daría el resultado esperado. Mientras tanto lo que estaba haciendo frente a ella era tentarla, ponerla nerviosa porque sabía que mi cercanía la ponía tensa y nerviosa aunque menos que las primeras veces cuando nos habíamos conocido. No sabía qué había pasado exactamente pero desde hacía un tiempo la notaba más segura de sí misma en mi presencia, sabía exactamente cómo mantenerse firme y no ponerse a temblar como había hecho en los primeros encuentros. Antes era incapaz de mantenerme la mirada durante unos minutos, sin embargo eso ahora no pasaba y me la mantenía de una manera seria aunque su cuerpo tenso delatara que no estaba del todo segura de sí misma y que un resquicio de duda asolaba su cuerpo. La imponía con mi presencia y a veces conseguía anular la seguridad que desprendía, pero yo quería mucho más y quería que volviera de nuevo a cuando era incapaz de mantener la mirada y su voz temblaba cuando me hablaba. Sonreí de lado cuando me dijo que se alegraba que el vestido fuera de mi gusto, lo cierto es que había notado la diferencia a cuando llevaba la ropa de cazadora con la que siempre la había visto, aquel vestido había remarcado demasiado sus curvas acentuándolas aún más cuando con la otra ropa apenas se vislumbraba con certeza, el escote también había sido algo diferente a la ropa más cerrada que llevaba en las noches de caza y el semi recogido había dado a su rostro un toque diferente, como más fino, con más luz... la misma que ella desprendía. Verla con el vestido había reafirmado de alguna forma la mujer que era y que con los ropajes oscuros apenas se apreciaba. Aunque mis palabras siempre iban con la misma intención que siempre: herirla. Porque esa era una de las formas que mejor se me daban para alejar a la gente, porque aunque en mi mente pensara y repasara su figura con aquel vestido y pensara que había estado hermosa, mis labios jamás dirían esas palabras y mi intención sería puramente abrir una herida en ella, un motivo más por el que no quisiera permanecer a mí lado y alejarse en todo momento. Pero ella pese a todo ahí seguía, y si al principio mantenía la boquita cerrada por el miedo que me tenía y no decía nada eso también había cambiado y ahora, gracias a esa confianza que no sabía de dónde sacaba y se gastaba, me replicaba sin callarse lo que pensaba. Mis ojos bajaron hacia la mano que había dejado en mi pecho para luego subir mis orbes castaños a los suyos frunciendo levemente el ceño por sus palabras, ¿Qué su presencia me hacía sentir vivo? Como siempre ella y su mente fantasiosa plagada de mariposas que revoloteaban por todos lados, como si esto fuera un cuento y ella fuera capaz de hacer que el demonio que yo era, la bestia que moraba en mí, pudiera sentir algo de calor ante el frío y el vacío que desprendía en todo momento. Mordí mi labio inferior mientras mi dedo se deslizaba por su rostro perfilando su mandíbula, mi dedo bajó apenas un poco su labio inferior dejando estos entreabiertos sintiendo su aliento cálido, quiero volver a ponerla nerviosa y sentir cómo temblaba en mi presencia y por ese motivo la encierro y acorralo contra la encimera de la mesa, mis brazos como una cárcel que le impiden moverse. Sentí sus ojos en mis labios cuando me los mordí y sonreí ladino porque sé que, por mucho que se resista, está más tentada que nunca a caer en la tentación que supongo para ella... y en cuanto lo haga no habrá marcha atrás, será su completa y absoluta perdición. Ella sigue preguntando mientras mi dedo ahora baja por su garganta sintiendo como traga con fuerza por mi toque, hasta dejar mi dedo en el centro de su pecho mientras mi mirada, intensa, escudriña la suya en busca de las señales que quiero ver en ella.



-De nuevo, ángel, te equivocas por completo en todo –sonrío de forma ladina porque aunque es ella la que intenta reconducir la situación y llevarla a su terreno yo, que soy el demonio, veo sus intenciones y me adelanto varios pasos a su jugada- no puedes hacer que algo se sienta vivo cuando ya está muerto –quiero dejarle claro que sus intentos son en vano, que no tienen efecto en mí aun cuando siento la palma de su mano en mi pecho y noto el calor que esta desprende, pero es algo que ella jamás en toda su vida sabrá- ¿qué he de notar, qué he de sentir? No sabes nada ángel, te quedan demasiadas cosas por aprender en este mundo lleno de oscuridad... como por ejemplo, que el diablo siempre tienta de una forma en la que cuando quieras darte cuenta ya has caído... las trampas perfectas para que la víctima no note lo que pasa... ¿acaso lo puedes notar tú? –Reí por sus siguientes palabras negando levemente con la cabeza porque ella lo veía de ese modo, pero era totalmente diferente a lo que se pensaba- me gusta tener a mis presas bajo mi control y mi poder, me gusta ver la forma en la que se siente intimidades e imponentes por mi presencia... me gusta sentir el miedo que mi presencia les provoca –un susurro para que ella puedo oírlo, un susurro mientras no dejo de sonreír haciéndole ver que soy el mismísimo diablo y que ella está cayendo en la trampa que he elaborado para ella- me excita ver tus dudas, tus titubeos y tu miedo, ¿no te das cuenta de que te estoy presionando justo de la manera en que yo quiero presionarte, ángel? –Fue justo decir esas palabras y nota como ella levantaba el mentón en busca de un roce como si me buscara, su respiración se contiene por un momento y pienso que al final va a caer en la tentación y justo cuando la tengo ahí, a unos centímetros de distancia en el que tan solo me basta inclinar la cabeza para rozar sus labios se aparta y yo, como depredador, sonrío de lado ante su petición de que me aparte- ¿ahora me quieres lejos, Astrid? –Pregunto con cierta sorna buscando precisamente eso, hacerle daño para que no vuelva querer acercarse de nuevo, para dejar claro que no debe de volver a mí. No hago caso a su petición y solo me aparto cuando sin esperarlo me da un golpe con su puño en el costado de mi cuerpo, no me ha hecho daño pero basta para apartarme y dejar que se gire ya que la tetera nos hace saber que todo está listo y la contemplo apartado un poco a su lado para ver como la aparta del fuego. No me aparto porque no quiero dar el espacio que ahora, en ese claro momento, necesita ya que quiero que mantenga esa sensación mientras yo no borro la sonrisa de mis labios, sé que ha estado cerca y su cuerpo tenso me lo hace saber en todo momento. Se gira con un “vamos a entrenar” y la sigo con la mirada apoyado en la bancada de la cocina, veo que coge la daga y una pequeña risa sale de mis labios al ver que la pequeña cazadora quiere entrenar conmigo, pues bien, no pienso ser gentil o contenerme porque es ella si quiere un entrenamiento conmigo... va a morder el polvo varias veces. Voy a moverme cuando de pronto la misma daga que ha tomado del marco de la puerta atraviesa la ventana atravesando el cristal para clavarse cerca de donde estoy yo, miro la daga que arranco y llevo en mi mano mientras con pasos grandes y rápidos me planto fuera donde ella me está esperando. Lanzo un par de veces la daga al aire contemplándola y ladeo ligeramente mi rostro- vas a tener que pagar por el cristal roto, llévate cuidado ángel, no voy a ser indulgente contigo solo porque vayamos a entrenar –cojo por última vez la daga al vuelo y la lanzo hacia uno de los tocones donde suelo entrenar clavándolo en una especie de diana que tengo, perfectamente clavada en el centro- así que quieres entrenar ¿eh? –Río por lo bajo mientras salgo de la casa y me voy acercando hacia donde está ella- ¿puedo quitarme la camisa o crees que será demasiado para ti luchar conmigo semi desnudo? Da igual, me la quitaré porque no quiero luego reclamaciones cuando hayas perdido –no le he dado tiempo a responderme y sí, mi comentario es frío y mordaz mientras me posiciono frente a ella y la contemplo con una sonrisa ladeada, no voy a contenerme por ser ella y quizás hasta le venga bien que alguien no lo haga por primera vez en su vida- ¿empezamos, ángel? –Pregunto preparado para su ataque mientras busco de alguna forma provocarla, tentarla para que caiga de una forma diferente y sacar la ira y la rabia que lleva dentro, esa tensión que he notado en la cocina y que ha hecho que terminara por salir fuera de la casa. No tarda en hacer el primer movimiento y se lanza contra mí, pero le veo venir las intenciones y paro el golpe con mis brazos, cojo su muñeca, la giro un poco y la aparto de un empujón aumentando la distancia a la par que al girarse le hago un gesto para que venga a por mí. Vuelve a atacarme de nuevo y yo vuelvo a esquivarlo otra vez con una sonrisa ladeada pintada en mis labios, sé que es capaz pero en ese momento no es capaz de pensar y sus movimientos son previsibles como si fuera un libro abierto, su mente cegada quizás por todo no la deja pensar con claridad y eso hace que pueda leer cada movimiento que va a darme, paro otro de sus golpes y la giro de forma que su espalda choque contra mi cuerpo en una llave para retenerla- así no vas a conseguir darme, despeja tú mente Astrid. Espera aquí –la suelto y me doy la vuelta para buscar dos palos largos de madera en forma cilíndrica y le tiendo uno a ella mientras me preparo- ahora ataco yo –digo y no le doy tiempo a asimilarlo cuando ya le estoy atacando, mis golpes son fuertes, duros e implacables y alguno que otro le da en el cuerpo, pero no deja de intentarlo mientras el sol cae sobre nosotros en esa mañana, nuestros cuerpos se mueven por el lugar y los golpes se suceden uno detrás de otro mientras los palos chocan con su sonido característico. Se nota también que sus heridas no están igual de curadas que las mías, su movimiento es algo un poco más restringido mientras que el mío es algo más libre- ¿Qué pasa Astrid? ¿Acaso el otro cazador es incapaz de enseñarte nada? –Mi pregunta va con tono mordaz y con todo el veneno que puedo desprender con mis palabras, quiero cabrearla y que saque todo lo que lleva dentro- ¿qué haces cuando estás con él, jugar a las casitas? Pensaba que al menos te tendría algo más preparada... ya veo por qué acudes a mí –mi risa suena en el lugar mientras mis ojos la contemplan, el sudor empieza a perlar su cuerpo y sus mejillas están algo sonrojadas. Ella misma me comentó que estaba entrenando con un cazador cuando la acusé, una de las veces, que no sabía nada... claro que ella apenas me había comentado algo de manera muy vaga, pero yo sí sabía quién era él y estaba convencido de que no le gustaría en absoluto que ella estuviera conmigo en esos momentos, me había ganado una fama en las calles y entre algunos cazadores de la que me enorgullecía de ello- si pretendes demostrarme lo que sabes con todo esto, te diré que está siendo decepcionante –sí, mis palabras son hirientes pero sé que tiene mucho más por sacar y que solamente así va a poder hacerlo- ¡deja de pensar Astrid, y atácame bien de una jodida vez! –Mi golpe es algo más fuerte y duro, pero busco una reacción en ella que espero que llegue con mis palabras- tanta luz no es buena en un mundo de oscuridad, demuéstrame que me equivoco.



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès Hoy a las 10:15 am

Pagar un cristal roto es el menor de mis problemas ahora mismo. Observo a Naxel Eblan recortando la distancia entre nosotros, sus pasos en los escalones de la entrada son firmes, tranquilos. Tiene el arte de sacarme de quicio, su voz no me permite concentrarme, siempre hiriendo y desviando mi atención. Procuro permanecer atenta a sus movimientos y no pierdo el tiempo, mis primeros intentos por atacarle se quedan en gestos vanos, nada determinados. Él me frena sin esfuerzo y entonces sé lo predecible que estoy resultando. Solo quiero golpearle, me da igual cómo. Cuando me sujeta y mi espalda choca contra su torso suelto un quejido, apenas está haciendo fuerza en la llave que ha utilizado en mi muñeca y ya duele. Me muerdo el labio frustrada, sabiendo que no estoy haciendo nada bien. Esto no es propio de mi. Sus palabras me frustran más de lo debido y antes de poder quejarme ya me ha soltado, un momento después me lanza la que será nuestra arma improvisada. No me da tiempo de detener el primer golpe.

El entrenamiento se extiende más de lo esperado, Naxel es incansable y, aunque el sudor perla su frente y su torso, no parece inmutarse. La espada de madera me permite mantener distancia entre nosotros, pensar con más detenimiento los movimientos que realizaré, leer su expresión. El calor comienza a ser asfixiante pese a que una leve brisa nos envuelve, nos encontramos danzando en círculos, golpe breves de nuestras armas en una desesperante sincronía. Sin detenerme amplío el espacio que nos separa y con la mano libre comienzo a desatar las ligas del corsé que presiona mi tórax y hace que el contacto con las heridas sea incómodo. Muevo los hombros para liberar tensión y vuelvo a mi posición. La sola mención de Gael, por muy indirecta que sea, hace que el rostro me arda y las manos se cierren con más fuerza sobre la madera.

-Me enseñó a dar puñetazos, ¿recuerdas?-claro que sí, no podría olvidar el momento en el que mi puño cruzó su rostro, meses atrás y la sangre brotó de su labio roto-¿Cómo puedes concentrarte con esa voz tan irritante que tienes?-doy un paso largo y arremeto contra él de nuevo, esta vez proyectando todo la fuerza en lo brazos. Le golpe, por fin, en el brazo derecho y sé que el daño está hecho, pero antes de poder disfrutar de mi pequeña victoria Naxel cambia la vara de mano y me golpea en el muslo haciendo que mi equilibrio decaiga. Me incorporo tan rápido como puedo, la madera choca de forma constante, no hay pausas mientras él intensifica la fuerza de sus movimientos. Descubro que estoy gritando con cada impacto pero me escucho muy lejos. Y entonces encuentro el momento, la fisura. Me agacho deslizándome, un leve giro para conseguir impulso, y golpeo con todas mis fuerzas la parte trasera de sus rodillas provocando que pierda el equilibrio. De haber sido un oponente real habría golpeado de frente para partirlas. Un toque sobre sus omóplatos, justos donde sé que las cicatrices se curan, es lo que me hace falta para hacerlo caer del todo. Alzo mi espada de madera sobre él, mirándolo desde arriba con el pulso a punto de explotar- Jaque mate-un toque en su costado-Hablas demasiado cazador, resultas exasperante-procuro evitar la mueca de dolor ya que, ahora que estoy quieta, puedo sentir todos y cada uno de los lugares donde me ha atacado con certeza, sin piedad-Si admites que ha sido divertido yo admitiré que me encanta tenerte así-coloco la punta sobre su pecho para frenarlo y con el pie derecho presiono sobre la mano que sujeta la vara de madera-Tu problema es que no admites un no, y desgraciadamente nos parecemos en eso, te niegas a aceptar que quiera ayudarte sin pedir nada a cambio. Hicimos un pacto, la protección de Naitiri por mi ayuda contra los licántropos. Lo quieras o no, somos un equipo-presiono un poco más-Lo quieras o no, estoy aquí. Siempre encuentro la forma de llegar hasta ti. No te tengo miedo, Nax-inspiro profundamente saboreando por una vez su silencio, observo su torso contraerse, la tierra sobre él, sus ojos fríos, odiándome-¿Por qué te cambiaste por mi aquella noche?-no suena a pregunta. Ni siquiera sé porqué he dicho esto, esa noche es un recuerdo que prefiero tener ahogado. Ahora soy yo la que se queda muda, expectante. Por una vez, queriendo escuchar su voz-Responde, Naxel.

Necesito saberlo, simple y llanamente. Sé que hubo algo que le hizo despertar, estoy segura de que algo de luz hubo dentro de él para haber tomado esa decisión, interponer su vida por la mía. Pienso en ello constantemente, en su mirada suplicante y sus gritos ahogados. En sus labios gritando mi nombre. Casi morimos aquella noche.
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Re: Demon || Naxel Eblan

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