Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

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Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Jeremías de Olivares el Vie Nov 10, 2017 8:18 pm

Recuerdo del primer mensaje :

La oscuridad de la noche comenzaba a disiparse, el manto oscuro que cubría París se iba aclarando poco a poco y un sol casi rojizo amenazaba con salir a saludar en el horizonte. Pronto las calles se llenarían de gente yendo a trabajar y sería ya demasiado tarde para un malherido Jeremías el moverse entre ellos con el costado como lo tenía. Se apretaba con la zurda por encima de la empapada camisa, pero la sangre no parecía dejar de brotar. Necesitaba encontrar refugio, un lugar caliente y una enfermera o médico que le atendiera. ¿Pero a quién podía acudir? No era un corte normal, no podía ir mostrando semejante zarpazo como si se hubiera hecho daño arando el campo. Ni siquiera un doctor que hubiese visto leñadores lastimados por un oso se creería que aquellas profundas hendiduras habían sido causa de semejante animal. Pero no tenía tiempo para ponerse pejiguero, no podía tomarse la libertad de escoger dónde caer moribundo o incluso muerto.

Observó a su alrededor y en cuanto encontró el jardín de una gran mansión, se coló, saltando el muro de piedra que lo rodeaba, cayendo de lado y aplomo contra el suelo de tierra húmeda y tulipanes. Ahogó el quejido que el golpe le quiso arrancar de los pulmones y, como pudo, se aproximó a una de las ventanas traseras del lugar. Las luces estaban apagadas, ni siquiera sabía si había alguien en casa. Muchas de aquellas grandes torres estaban vacías, eran lugares para que los ricachones vinieran de visita unas semanas al año y el resto del tiempo permanecían abandonadas a su suerte y a la pasión tejedora de las arañas. Se encaramó al alfeizar de una ventana e hizo palanca con una rama para abrirla, sonando un chasquido seco cuando ésta se partió, aunque no sin antes dejar un hueco entre el marco y el portón. Sonrió levemente, deslizándose al interior, que estaba cálido, lo que le dio mala espina. Una casa inhabitada estaría fría, casi helada, posiblemente la humedad hasta teñiría las paredes, y éstas al tocarlas estaban secas, bien cuidadas. Pero ya estaba muy cansado, hecho polvo, no podía perder el tiempo en buscar otro lugar. Maldijo por lo bajo y con pasos torpes, errados, se dirigió a las escaleras para usar la barandilla como soporte y observar las estancias a la vista o intuir lo que habría en aquellas que no alcanzaba su mirar. Necesitaba alcohol, ¿habría en la cocina, en la alacena, en el despacho principal? Recordaba que su padre siempre guardaba el buen licor en un armario en su oficina, escondido tras un viejo cuadro pintoresco de un perro perdiguero con un pato colgando de su boca por el pescuezo. Sacudió la cabeza, apartando aquel fragmento de pasado de su memoria y prosiguió, avanzando hacia la cocina. Rebuscó en los armarios y dio con una botella de vino, no era el alcohol más adecuado pero fue lo único que encontró. La descorchó con los dientes, porque había sido abierto anteriormente, y dejándose caer contra la pared de al lado, se escurrió hasta quedar sentado en el suelo de madera. Levantó la camisa que casi parecía una segunda piel, rechinando los dientes por el dolor que el tirón le provocó con la sangre ligeramente seca, y vertió el líquido sobre la herida, gruñendo ferozmente por el calor ardiente y, encima, poco útil para la curación. Siseó, intentando hurgar en la abertura porque estaba convencido que se le había quedado dentro parte de una uña, un trozo de garra letal y certero que por poco le hace añicos las costillas.

Y tan concentrado estaba en escudriñar en el corte que no se percató que en el piso de arriba, se prendía un candil. Había alguien en la mansión, alguien que, seguramente, hasta sus quejidos dormía. Pero se había despertado y mientras él intentaba curarse, se aproximaba lentamente a su posición, paso a paso, y sólo Dios sabía si ese alguien estaba armado.


Última edición por Jeremías de Olivares el Miér Ene 17, 2018 4:54 pm, editado 1 vez



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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Jeremías de Olivares el Vie Abr 27, 2018 10:32 pm

Sonrió al notar como la joven le tomaba de la mano. Pensó que la sujetaría de otra manera, así que cuando los dedos de amos se entrelazaron, automáticamente estrechó el agarre con cuidado. Salieron juntos al pasillo y aunque, originalmente, fue él quien guio el camino y se aseguro de que no hubiera nadie antes de dar cada paso, de pronto ella tomó la iniciativa y con un acto inesperado, en uno de los laterales se abrió una puerta que dio paso a un estrecho y húmedo pasadizo. La expresión del cazador delató su sorpresa, grata cabía decir, pues en ningún momento pensó nada malo de la chica porque conociera aquellos secretos de la casa. A fin de cuentas, ella vivía allí desde niña y había tenido años para explorar cada esquina.
 
Ladeó la sonrisa ante las explicaciones que le daba la rubia y asintió arqueando una ceja. -Inteligente y preciosa, sin duda.- Aseguró, dándole toda la razón a Mía. No podía verle bien la cara porque ella guiaba y sostenía la vela, pero después de tantos días, estaba seguro que en aquel instante las mejillas siempre claras de la joven, estarían coloradas y encendidas.
 
El último comentario de la inglesa le hizo plantearse una pregunta que tras meditar unos segundos, pronuncio en voz alta, aunque tono bajo, pues no sabía hasta dónde podía alcanzar el sonido de lo que allí se decía. -¿Los usas habitualmente los pasillos? Imagino que de niña debía ser toda una aventura, pero me pregunto la utilidad que tienen para una mujer adulta… Aparte de para escapar de una madre excesivamente autoritaria y de la imposición que le desea de un marido.- Él mismo ya respondía a la cuestión, pues en las charlas que había ido manteniendo con su salvadora, había descubierto muchas cosas sobre ella. Era un hombre observador y la muchacha había captado de inmediato su atención en más de un sentido.
 
Entonces se detuvo y tiró un poco de la mano que sujetaba para que la chica se diera la vuelta y le mirara. -No me malinterpretes, no te estoy juzgando. Sólo tengo curiosidad, porque aunque siempre te has mostrado bastante tranquila, desde el primer instante vi fuego en tu mirada. Y sé que dentro de ti hay una mujer impulsiva, te he visto reaccionar ante algunas situaciones que te han delatado.- La observaba con intensidad, pero sin verse invasivo. -Dime que te mueres por vivir una aventura, por algo de acción en tu vida...- Murmuró con la voz teñida de un extraño deseo similar a la esperanza, como si se aferrara a esa idea que bailaba en su mente desde hacía días.



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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Mía Belanger el Vie Mayo 04, 2018 9:46 am

Sin duda alguna agradecí que en ese momento no tuviera al español de frente porque de lo contrario hubiera visto el tomate que mi rostro se volvio, ese bochorno inevitable que te aqueja al ser descubierta era el que me estaba atacando en este momento provocando que la mano con la que sostenía la vela se tambalease un poco, bueno que seguramente igual se me hubiera tambaleado en otro momento con lo acelerada que solía ser era muy normal que tirará el mundo a mi paso.–De acuerdo, admito que hago uso de esto muy amenudo, cuando todos me creen dormida...aunque ya hace un par de semanas que no declinó por degustar la brisa nocturna, por eso mi nana estaba de tan buen humor y a todo me decía que si.– dije dándole a entender porque mi nana fungía como mi más confiable complice en eso de mantenerlo oculto y la razón por la que no había hecho tanto escándalo cómo seria lo más normal. De hecho las únicas personas que sabian de mis pequeños paseos nocturnos eran mi nana y Henry, que estaba igual de descolocado que yo, por eso congeniabamos tanto, eso y que fácilmente podía pasar como mi gemelo, de ahí que me confundieran con el cuando me ponía pantalones. Rei ante la imagen de Henry portando el vaporoso vestido en el que estaba enfundada, sin duda sería una cosa muy bizarra con claireles rubios. Su delicado tirón me trajo de vuelta en conjunto con su voz modulada que a pesar de ello se distinguía en mi memoria como un credo que fui aprendiendo en el transcurso de los dias, por inercia me gire aluzandonos con la vela para así poder capturar aquellas avellanas que eran sus ojos, por supuesto que refleje mi duda y ese temor a ser juzgada porque yo sabía bien que mi proceder no era sensato ni propio ante los ojos de la sociedad, pues mis salidas las podrían asociar con el libertinaje y un sin fin de hechos errados.

Lo sentía, aquel cosquilleo producto de mi respuesta ante su intensa mirada que parecía haber visto más allá de lo que inclusive yo percibía en mi, contuve por un momento el aire, el me leyó sin ningún problema identificando mi espíritu en simples acciones diarias. Entre cerré los ojos un momento de forma casi analitica – No está poniendo aprueba mi prudencia verdad? Acaso le contrato mi madre para delatar mis intenciones, Por qué de ser así me temo le decepcionaría ya que no concibo otra cosa mas aventurera que pasar mis días de soltería aprendiendo a ser una futura buena esposa– Por un momento la seriedad de mi rostro ponía en duda el sarcasmo implícito hasta que no aguante la risa y el eco de mi risueño canto me recordó que no debía pronunciar mi presencia en aquellos pasillos.

– Suelo fantasear con cada aventura que leo por las tardes, y llegué a la conclusión que no quiero imaginar cómo seria embarcarme en busca de lugares ocultos o una travesia que me acelere el corazón y le de sentido a mi vida. Me rehusó a conformarme con bailes y clases para tejer. Quiero más.– le confese con esa misma chispa que había mencionado porque la idea me encendía, el saber que en algún punto iba a poder salir de esa monotonía llena de hipocresía. O por lo menos imaginarlo era muy satisfactorio, suspiré con fuerza regresando la mirada al rostro varonil ya que en algún punto de mi confesion mis ojos se perdieron en la pequeña flama de la vela.–Asi que, la respuesta es si, muero por ver más allá. Aunque el peligro este en cada luna llena o en la belleza más tentadora.– Lo último lo dije con sutil transfondo, que alguien ajeno al oculto mundo que nos rodea pasaría simplemente de largo. Fui consiente que mi mano libre aún aprisionaba la varonil así que demanera sutil deshize el gesto apenada, no quería pasar frente a sus ojos como una ostigosa recientemente confesada rebelde.–Que piensa?, A cambiado en algo su concepto de mi?–pregunté mirándole fijamente sin darle trejua o opción de esquivar mis esmeraldas, porque algo en mi me urgía saber que pensaba sobre lo dicho.




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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Jeremías de Olivares el Mar Mayo 15, 2018 12:34 am

Escuchó todas y cada una de las palabras que salieron de aquellos labios a los que, a pesar de la poca luz que los alumbraba, no podía dejar de mirar. Intentaba centrarse en los ojos color miel de la joven, pero su vista se desviaba constantemente. Empezaba a comprender el humor ácido y algo confuso de la muchacha y en cuanto le contestó que toda la aventura que ansiaba era la de pasar tiempo aprendiendo a ser una buena esposa, sonrió por no hacer ruido y demostrar, al mismo tiempo, que había comprendido que lo que le decía en aquel instante no era cierto. Pero fueron sus siguientes frases las que le hicieron ampliar la mueca de su rostro, satisfecho. Aunque una sombra cruzó por su mirada cuando analizó en mayor profundidad las palabras usadas por la chica. Que específicamente hiciera mención a la luna llena se le antojó ajeno a una casualidad. Entornó la mirada, aproximándose a la rubia, tanto que su aliento bañó los belfos ajenos. -¿Qué sabes de la luna llena, Mía?- Su tono bajo, como un susurro, pero serio, apagando aquella sonrisa que hasta hacía unos segundos pintaba los labios del español. ¿Había sido algo fortuito y él lo estaba exagerando? ¿Tal vez lo decía por todos aquellos libros que leía? Recordaba haberse encontrado con una novela fantástica que hablaba sobre vampiros entre los tomos que le había llevado para entretenerlo en sus horas de aburrida soledad en la recámara en la que descansaba todos los días desde que la joven inglesa le encontrara malherido en su cocina.
 
Se percató que con su actitud la estaba acorralando y dio un paso hacia atrás, desviando la mirada hacia un lateral de aquel estrecho pasillo por un instante, regresándola a su compañera. -Disculpa, no pretendía… Olvida lo que te he preguntado. Salgamos de aquí.- Giró de nuevo, buscando la salida de aquel lugar. Pero era un laberinto, sin un plano o la guía de la muchacha, él no sería capaz de salir de allí, o al menos no en mucho más tiempo del que pretendía invertir en perderse en esos pasillos secretos. Incomodarla era lo último que deseaba, así que intentaba darle algo de espacio. Pero huir tampoco era la solución. Echó la mano hacia atrás y buscó la muñeca de la rubia. -Vamos a que nos dé el aire, esta humedad y oscuridad comienzan a agobiarme.- Comentó, aunque estaba acostumbrado a cuevas y lugares peores, porque lo que le sabía mal era el cambio de actitud que él había demostrado con la joven hacía tan sólo un par de minutos.



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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Mía Belanger el Vie Mayo 18, 2018 5:29 am

Abrí los ojos un poco y sinceramente no se si fue por la breve cercanía o por lo extraña de su pregunta lo que me dejo con cara de idiota, porque evidentemente no fui capaz de pronunciar una respuesta, nunca habia sido buena fingiendo y la mirada seria no me daba la seguridad para contestar o decir algo que desviara la necesidad de sincerarme. Acorralada, así me sentí por un segundo, por supuesto el no paso por alto el leve titubeo que me embriago por su reacción y como era de esperarse se aparto dando un paso hacia atrás, el pasillo no daba espacio para mas era inevitable mantener una distancia que no invadiera espacio personal, solté el aire contenido una vez que este se giro dándome la espalda por un momento, sin evitar la sensación que esta vez se me fue la boca demás, así que solo fui capaz de pronunciar un leve y casi inaudible ¨si¨mientras le pasaba la vela de manera rápida.

Cuando su mano capturo mi muñeca para continuar con nuestro andar, la verdad  me sentí mas tranquila ya que por un momento su reacción la sentí mas como un rechazo, no se porque, últimamente andaba de un sentido con medio mundo.

-No sera que le tiene miedo a la oscuridad?-

Dije a manera de romper aquella extraña tensión que se creo por unos segundos-Cuidado, escaleras.-murmure avisándole mientras me detenía pues sentí que habia pisado algo, no me libere de su agarre así que solo me agache un poco recogiendo del suelo una pulsera demasiado familiar, me levante mostrandole mi descubrimiento a Jeremias quien parecía no entender mi sorpresa.-Es de mi nana...pero es imposible, ella nunca usa estos pasadizos.- quizas me estaba haciendo ideas raras dejándome llevar por el ambiente que propiciaba los túneles.-Debe estarme buscando, seguro se perdió...- una tenue sonrisa disimulo mi creciente preocupación, avance pasandole por un lado al moreno con evidente inquietud de igual manera no necesitaba tanto la vela podia andar en aquel lugar con los ojos vendados después de todo en mi infancia era mi lugar de juegos, el eco de nuestras pisadas se fue haciendo mas pronunciado conforme bajábamos cada escalón y de no se por que Jeremias venia detrás mio me hubiese caído con aquel charco de agua al final de las escaleras que me provoco resbalar.

-Perdón, es que habia agu...-deje al vuelo la frase ya que mis ojos repararon que aquel liquido estaba lejos de ser agua.-Jeremias...- murmure dándole un tirón a su camisa para que confirmara lo que mis ojos estaban viendo, cuando alce la mirada la vela fue apagada por la corriente de aire provocando un escalofrió que me recorrió el cuerpo, suficientes señales para indicar que lo que debía ser un relajante paseo se habia terminado.




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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Jeremías de Olivares el Sáb Mayo 26, 2018 3:56 pm

Con la vela en una mano y la muñeca ajena en la otra, fue él quien emprendió camino, aunque obviamente no tenía claro el destino. Él era nuevo en el lugar, algo que incluía mucho más que aquel laberinto de pasillos, englobando también la zona, el barrio e incluso la ciudad misma. Tanto era su desconcierto y la sensación aquella que pulsaba en la parte trasera de su cabeza que ni se percató de las escaleras de las que le avisó la inglesa, deteniendo su paso con un leve tirón que hizo que, aunque algo brusco, no hizo que se zafara del agarre que Jeremías tenía sobre ella. Con la mirada siguió el gesto de la rubia al agacharse y observó el objeto que entre sus dedos se movía. Alfo no le olía bien, y eso sin saber que su nana no era habitual de su escondrijo, porque por la relación que mantenían bien podían haberlo estado usando para hablar de sus cosas a escondidas de oídos ajenos. -Nunca los usa, ¿pero sabe de su existencia?- Formuló la pregunta en voz alta, una que fue suscitada por los comentarios de la joven británica que divagaba sobre las posibilidades, sobre los motivos posibles por los que la joya de su mujer de confianza podía estar allí.
 
Ella avanzó, así que él fue tras ella, soltando su mano para que le resultara más fácil descender por la escalera. El lugar esa estrecho, cada vez incluso y no había barandilla, así que apoyarse en las paredes era lo más práctico, aunque tocarlas pudiera llegar a dar incluso asco. Sus reflejos evitaron que la muchacha se cayera de culo en los escalones, rodeándola con un brazo por la zona lumbar y deteniendo su bajada. La ayudó a incorporarse y en cuanto ella comenzó a disculparse, el semblante de él se ensombreció con la mirada fija en el charco de suelo, oscuro y de olor férrico. Cubrió los ojos de la joven con una mano y la atrajo hacia él, logrando que la espalda de Mía se apoyara contra su pecho. -Shh…- La vela ya no iluminaba y reinaba la oscuridad en los pasillos. La mano del cazador fue bajando hasta que el dedo índice se posó en los labios de la chica. -No hables y sitúate detrás de mí.- Le susurró en tono sumamente bajo junto al oído, meciendo su cabello con la respiración.
 
Descendió despacio hasta colocarse frente a ella, cubriéndola con su cuerpo para protegerla. Buscó en su bolsillo hasta dar con una pequeña caja de cerillas, mas no prendió la vela con ella, sino que únicamente encendió un pequeño fósforo para dar un rápido vistazo a su alrededor y ubicarse. -Hay un casi imperceptible camino de sangre que va hacia delante y a la derecha, ¿qué hay en esa zona?- Le preguntó a su acompañante, aquella que se conocía el lugar como la mismísima palma de su mano. Necesitaba trazar un plan por si lo que había allí no era la señora medio desangrada sino un animal o algo peor que pudiera atacarles.



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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Mía Belanger el Dom Mayo 27, 2018 10:28 am

–Por supuesto, solo que no tendría que haber andado por aquí, la única entrada que conoce es la de la biblioteca y dejamos un hilo rojo hasta la salida al kiosco para que no se perdiera...no me explico cómo...ella no sabía que yo estaría aqui, a todos les dije que me iba a mi habitación...– murmuré confundida porque no encontraba una explicación adecuada si se suponía que mi nana estaba en la sala atendiendo a nuestros invitados. Eso sólo dejaba incertidumbre y desconcierto en mi; el silbido del viento en aquellas paredes me causaba escalofríos y la preocupación se extendía en mí como una enredadera asfixiante. La verdad no esperaba que el español tapara mis ojos y por ello mi corazón se sobresalto, no supe si fue su tacto o el ambiente tan extrañamente tétrico que comenzaba a recrearse, le escuche atenta asintiendo a su petición. Me mantuve detrás de su espalda, la cercanía me permito embriagarme de su agradable aroma quizás romero o cedro era lo que despedia su camisa, me tranquilizó y reconfortó sin duda que su cuerpo me cubriera de manera protectora; cuando este se detuvo mis manos se posaron en cada hombro como apoyo para pararme de puntillas y con mi barbilla apenas rozando su hombro alcance a divisar como era el camino hacia ese pasillo trate de recrear en mi mente lo que había en aquella dirección pues no era un lugar que me agradara. Las mazmorras, cuando recién descubri a donde iba ese pasillo supe que no quería volver ya que el lugar era demaciado macabro siempre se oían cadenas arrastrándose y ese tipo de cosas aunque claro siendo una niña no le daba mucho crédito a mis recuerdos aunque tampoco me eh dado el tiempo de comprobar en que estado se encuentran.

–Te llevan a unos calabozos...siempre los eh evitado, no es muy agradable el ambiente de ese lugar, trato de no pasar por aquí normalmente– eso era la absoluta verdad, nunca entraba por aquí siempre usaba el pasadizo de la biblioteca o el del gran salón que me evitaban pasar por este peculiar lugar pero como esta vez no iba a entrar sola opte por usarlo. Las palabras dichas apenas fueron audibles, mientras mis dedos se apretaban un poco sobre la tela que cubrían aquellos anchos hombros, estaba comenzando a ponerme ansiosa por el camino de sangre que alcanzó a distinguir Jeremías; quería correr a rectificar que no era la sangre de Amelia la que marcaba el piso y así quise hacerlo pero el brazo varonil me detuvo. Me imaginé sientos de cosas, desde un ladrón hasta  la peor de las bestias, esas imágenes me albergaron un miedo, pero no por mí si no por mí Nana y Jeremías, como protegerlos si resulta ser que un hombre no está detrás de esto, tenía que contemplar esa posibilidad–Tengo que saber si ella esta aqui...– susurré en aquel tono tan bajo e íntimo que por un momento dude si este me habia escuchado. No quería pensar que esa sangre le pertenecía, el corazón me latía con tanta fuerza y el hueco iba creciendo conforme los segundos pasaban; imposible no sentir que esto solo es el principio, era algo que el lugar gritaba.

Creo que no alcanzamos ni siquiera a doblar aquella esquina para adentrarnos al pasillo que nos llevaría a las mazmorras cuando un olor bastante desagradable me hizo dar algunas arcadas, solo pude tapar mi boca y tratar de no aspirar más de aquel aroma o en definitiva me vomitaria; quise avanzar de nuevo pero Jeremías no tenía intención de hacerlo pues se había parado en seco y cuando su mirada se topó con la mía supe que no podía ser nada bueno de inmediato le arrebate la caja con fosforos y encendí uno a un cuando esté intento frenarme. Quedé helada, no pude pronunciar ninguna palabra simplemente cuando la oscuridad volvió me refugie con fuerza en el pecho ajeno negando con la cabeza como si eso pudiera deshacer aquello. –No puede ser ella...– Dejé de escuchar, solo oía un pitido llenar mi audición alze el rostro por demanda del moreno y solo veía como este movía los labios con mirada alterada, su brazo jalo el mío llevándonos devuelta por el camino que ya habíamos recorrido. Mi visión era lenta, no quería irme sin mi nana e intente frenar el paso pero una vez más el español no me lo permitió solo veía como movía los labios mientras tiraba de mi, me deje llevar hasta que terminamos de subir las escaleras, como si el estuviera lejos le escuche pronunciar mi nombre mientras sacudía mis hombros con un poco de energía.

–Su ropa...no era lo que traía esta noche. Si mi nana...falleció quien está con mi familia en este momento...– pensé en voz alta, al reparar en ese detalle. Frío, fue lo que senti, las lágrimas no me dejaban ver y de poco aquel pitido fue desvaneciéndose permitiendo recuperar la audición. Al fondo de la escaleras se escucharon unos pasos, me gire viendo a Jeremías y rápida busque aquella palanca para que el muro se deslizara y salir de aquel lugar ya a estas alturas no importaba si me veían con Jeremías cuando alguien nos estaba siguiendo, tome aire abordando el corredor de los empleados que para mi sorpresa no estaba iluminado.

–Debemos...debemos...– mi labios temblaban, no entendía nada, me parecía una pesadilla...un mal sueño. Disparos y gruñidos? , Si eso fue lo que se oía, mi visión se enfocó y justo a unos metros pude ver la sombra de un cuerpo tendido en el suelo y encima de este había alguien que cuando se dió cuenta de nuestra presencia alzó el rostro regalandonos una mirada carmesí...




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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Jeremías de Olivares el Mar Jun 12, 2018 10:48 am

Notaba el miedo recorrer el cuerpo de la rubia, porque aunque ella no se percatara, temblaba ligeramente, como una diminuta hoja de un joven árbol creciente, siendo mecida por el helador frío invernal de los Pirineos. Los orbes del cazador se oscurecieron, adaptándose mejor a la oscuridad, obviamente no era capaz de vez como lo haría un gato, pero con años de entrenamiento tenía una visión mucho mejor que la de cualquier hombre normal. Los susurros de la inglesa rozaron su oreja con una calidez que le sobrecogió de algún modo, pero fueron sus palabras y el aroma que alcanzó sus fosas nasales lo que le pusieron aún más alerta. Mía insistió en avanzar, empeñada en descubrir si su nana estaba o no más adelante, en si la sangre era suya. Pero el español se lo impidió en reiteradas ocasiones, sobretodo porque el hedor le decía que de ser ella la causa de aquel charco, no llevaba allí únicamente un rato, al menos hacía dos días que eso que destilaba semejante peste, que a cada paso que daban aumentaba, se estaba descomponiendo en aquellos pasillos, en aquellos calabozos.

La británica le quitó la caja de cerillas a Jeremías y prendió una, lo que destapó aquello que el conde ya sabía, porque había sacado sus propias deducciones, y dejó helada a la muchacha que se apretó contra él, intentando ocultar su dolor, su temor y su grito. La rodeó con los brazos, intentando reconfortar algo que sabía era muy complicado de eliminar, pues aquella imagen quedaría grabada para siempre en el recuerdo de la joven Bélanger. -Tenemos que irnos.- Le susurró al oído y sujetó a la rubia del brazo para guiarla por el mismo camino que habían recorrido hasta alcanzar aquel punto. Ella se debatía, quería quedarse allí con aquella mujer que la había cuidado y visto crecer, pero no podían. Lo que fuera que hubiese acabado con ella, estaba cerca. Tenían que largarse de inmediato, ya habría tiempo para velatorios y llantos cuando Mía estuviera a salvo. Estaba seguro que aquella difunta mujer estaría de acuerdo con él. Pronto la muchacha se dio cuenta de lo mismo que él, aunque ambos habían alcanzado la conclusión a través de distintas pistas. Lo peor de todo, era que solamente existían dos tipos de criaturas capaces de adoptar la apariencia de otro ser humano: Poderosos hechiceros y los nosferatu. Esperaba que se tratara de lo primero o estarían en serios problemas, porque aunque achacados por la edad, los últimos eran sumamente poderosos y muy difíciles de vencer, más aún de matar.

Algo sonó a sus espaldas, lo que hizo que el cazador apremiara su paso. Lo primordial era sacar a la inglesa de allí y luego él enfrentaría al sujeto a solas, sin poner en peligro la vida de la joven. Sin embargo, cuando regresaron al domicilio, comprobó que no había un sólo ser allí, sino mínimo dos, aquel que resoplaba por los pasillos laberínticos del sótano secreto y el ser de ojos rojizos que les observaba desde el salón, sobre la última víctima de sus actos. Ese destello le delataba como vampiro, lo que hacía decantar peligrosamente la balanza hacia un nosferatu. Rápidamente se interpuso entre la chica y el sujeto. -¿Qué es lo que andas buscando?- Espetó el español, desafiando a la criatura con sus orbes azules como el océano. El individuo se irguió al completo y dio un paso al frente, dejando que la luz de la luna bañara su perfil, marcando sus pálidos pómulos, sus labios teñidos de carmesí, linfas que se deslizaban por su espigado mentón hasta gotear en el suelo. El cuerpo de Jeremías se tensó, ansiaba proteger a la británica, pero estaba desarmado y su mejor opción era darle tiempo a ella para huir de la casa. Giró un poco la cabeza, sin dejar de observar a la criatura que parecía oscilar ligeramente de un lado al otro al tiempo en que emitía un extraño sonido con la lengua, como un grillo. -Cuando te diga, echa a correr por el pasillo de la derecha y sal por la ventana de la cocina.- Le susurró casi sin despegar los labios, esperando que eso bastara para que el cainita no se los leyera o, al menos, no le entendiera.



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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Mía Belanger el Sáb Jun 16, 2018 11:55 am

Ante mi estupor el cuerpo varonil me cubrió dándome la espalda, resguardandome de la visión de aquel ser que producía un ruido totalmente desagradable con la lengua, por instinto mi mano derecha busco enredar sus dedos con los ajenos mientras mi mejilla húmeda por un momento mantuvo contacto con la tela de su camisa. Sentí como todo el cuerpo de Jeremías se sostuvo tenso y alerta, yo sabía perfectamente que era aquel ser, había visto esos mismos ojos en mis peores pesadillas después de descubrir que nuestra existencia era debil, pero eso no quería decir que el lo supiera después de todo no era lo mismo cazar osos a vampiros, tenía que decirle a que se enfrentaba. Una pregunta que no fue contestada bailo en el silbido extraño de aquellos labios frios mientras mis dedos se apretaba más a los del Español, que haríamos?, Correr no era una opción cuando aquel gozaba de habilidades que sobrepasaban las humanas, no teníamos oportunidad o si?

–No es humano...–

Susurre dejando que un remolino de imágenes se agolparan de un tirón en mi memoria, había estado tan cerca de esos seres con antelación que al ver esos orbes color rubi gritar por sangre, no pude evitar congelarme por lo que pareció una eternidad, el frío se apoderó de mí pecho e inclusive parecía que mis piernas se habían dormido al no obedecer mis deseos pues tuve el instinto de querer proteger al español al ver que este avanzaba lento, provocando a Jeremías, y yo simplemente eche raíz detrás de el, inoportunamente de nuevo sentía ese eco en mi cabeza martillando con fuerza, estaba mareada por tanta información debatiendose en mi interior buscando algo que en aquellas noches de lectura pudiera ayudarme, hasta que el susurro varonil me devolvio al presente. Le mire como si estuviera loco mi mano atada a la suya subio apretando su brazo con ímpetu reclamando por el, con un pavor evidente por lo que me estaba pidiendo ya que en ningún momento dijo que me alcanzaría...

– Y tu?–

Murmuré con incertidumbre de solo imaginar lo que le pudiera pasar por darme el tiempo para salir de esta locura. No hubo tiempo de que este me respondiera ya que el piso comenzó a vibrar y la pared que daba al pasadizo también lo hizo, provocando la risa del vampiro mientras tallaba su barbilla como si aquello fuera lo más divertido.

«Todo será más fácil si cooperas pequeña Mía...asi que ven»


La voz sono tan lasciva mientras nos barria con la mirada a pesar que estaba oculta detrás del cazador, me desconcertó tanto oírlo en mis pensamientos que retrocedi unos pasos alejandome de Jeremías hasta que en un pestañeo la pared se rompió provocando que todo se llenará del polvo que soltó el material, no hubo oportunidad de reaccionar todo sucedió tan rápido; lo que salió del enorme orificio se abalanzó encontrá del español que era el que estaba más cerca impactandolo contra la mesita decorativa, oí el jarrón impactar contra el suelo al igual que la mesa crujir.– Jeremías!!!– grite exaltada, entre tanto polvo levantado era difícil la visión lo cual el vampiro que oí en mi cabeza aprovecho moviéndose tan rápido para arrinconarme contra la pared alzando mis brazos con una sola mano mientras yo luchaba en vano por soltarme.

–Eso es, llora...–

Su lengua fría recorrió mi mejilla limpiando las lágrimas que no había sentido deslizarse por mi piel. Gire mi rostro impotente intentando que me dejara, sin poder controlar el temblor de mis labios, la fuerza en el agarre me impidió seguir luchando pues me inmovilizo tan fácil...




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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Jeremías de Olivares el Sáb Jun 23, 2018 1:07 pm

La muchacha había deducido hábilmente que no se trataba de un ser humano. Podría haber sido un loco escapado del sanatorio, un asesino despiadado, un sádico. Un caníbal que se alimentara de la carne de otras personas. Pero no, aquel fulgor en sus ojos, el rojo rubí brillante, delataba que aquel ser no era de este mundo o, mejor dicho, no debería permanecer en él.

La pregunta de la rubia fue sólo un susurro, pero antes de que el cazador pudiera instarla a salir corriendo sin poner en duda sus palabras, el suelo tembló como si de un terremoto se tratara. Quiso, de nuevo, proteger a chica, pero ésta, presa del pánico, en vez de resguardarse en él, dio varios pasos, alejándose. -¡Mía!- El español giró para recuperar la cercanía con la joven, pero era demasiado tarde, porque un ser apareció quebrando el muro que daba a los pasillos húmedos y oscuros, un engendro que se abalanzó contra él, tirándole al suelo a pesar de la resistencia que él interpuso con sus pies casi arañando el suelo enfundados en las botas de cuero.

Mientras él se debatía por sacarse a la maldita criatura de encima, el nosferatu rodeó a la inglesa con su brazo, atrayéndola, bañándola en su asqueroso aliento. Jeremías la buscó con la mirada bajo los jadeos de la bestia, sintiendo las gotas ácidas de su saliva caer sobre su barba. -¡Suéltala, desgraciado!- Parecía no prestar atención a su propia lucha, sin embargo, estaba siendo astuto a su manera. Mientras con su voz y orbes se centraba en el que mandaba y su presa, usaba el brazo derecho para presionar la yugular del monstruo, evitando con toda su fuerza que los dientes de éste se hundieran en su mejilla. Pero, de manera oculta y sin que nadie se percatara, su zurda andaba buscando una daga de plata oculta en la pernera de su pantalón. -Quita tus sucias manos de la chica.- Gruñó, aún mirando al vampiro milenario. La fiera rugía contra su rostro, le apestaba con su aliento, le calcinaba con sus babas y le aplastaba bajo su excesivo peso. Era complicado moverse, más aún hacerlo con sigilo, sin que descubrieran sus intenciones hasta que fuera demasiado tarde. Pero para vencer debía ceder, buscar un punto ciego del animal. En parte estaba cansado, su herida recién había sanado. Así que dejó una abertura que el monstruo no desaprovechó. Con ferocidad hincó sus amarillentos dientes en el hombro del cazador, perforando piel, músculo e incluso resquebrajando el hueso de la clavícula. Fue entonces, justo cuando la sangre comenzó a brotar que en un movimiento brusco y tosco, pero firme, arremetió con el puñal contra el ojo del ser, ayudado por un golpe de la palma de su diestra, porque el brazo izquierdo era el que estaba siendo atacado por la bestia. La hoja de hundió rápidamente al principio, atravesando el glóbulo ocular como si fuera mantequilla, pero se complicó la cosa al llegar a la membrana que recubría el cerebro del engendro, porque no era un cráneo normal, como el de un humano o un animal corriente, con esos hubiese sido sencillo acabar con él al atacar por ese flanco. El monstruo se resistió, devolvió el ataque con un zarpazo en el muslo de Jeremías al intentar apartarse de él, buscando espacio, una escapatoria.



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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Mía Belanger el Sáb Jun 30, 2018 12:58 am

El aroma putrido llenaba mis pulmones y las manos frías que me aprisionaban se sentían ásperas, no podía parar de sollozar de impotencia al no poder hacer nada contra aquel que me retenía y aún pese a mis inutiles intentos su lengua seguía marcando la piel de mi rostro bajando lentamente hasta mi cuello para detenerse a la mitad de mi hombro, chupando la piel de manera lasciva. Sabía que sería lo siguiente, no me moví, dejé de luchar, quizás debido a que mi preocupación no estaba en mi destino si no en el del hombre que se debatía con aquella bestia, oí el rugido del animal y conste con mis propios ojos las heridas que le estaba ocasionando...tanto fue mi miedo por la seguridad de Jeremías que no fui conciente en que punto aquellos afilados colmillos atravesaron mi piel, no salió ningún grito de mis labios, aún a pesar de la presión del cuerpo ajeno que me moldeaba a su antojo para mejor deleite. No sé porque, pero la ingesta no duró ni dos segundos cuando aquel inmortal se separó de mi con violencia limpiando mi sangre de su boca mientras maldecia.

–Maldita bruja!!!–

Por inercia mi mano fue a dar donde tenía la herida y confundida en totalidad observé cómo a este le salía humo por la boca llevándose las garras a la garganta, mi sangre le quemaba?, No lo sabía con certeza pero sin duda era algo que debía aprovechar, así que sin pensarlo mucho me quite una zapatilla lanzandola justo en la cabeza de aquel animal que tenía acorralado al moreno, surtió efecto pues a pesar de tener el rostro ensangrentado sin duda volteo a mi dirección rugiendo con aquella daga clavada en ojo, bien tenía su atención y la tuve aun más cuando le lance el otro par, le estaba dando oportunidad a Jeremías. Un rugido más, tuve la intención de correr pero el aún agonizante vampiro me tomo con fuerza del brazo lanzándome al suelo, dolió, mi cabeza rebotó con fuerza en el frío piso.

–Veamos que pasa si te devora...–La voz del horrible ser salió afónica y rasposa, cuando menos pensé mi rostro se veía manchado por la sangre que escurría el animal, cerré los ojos con fuerza, esperando algo que no sucedió pues disparos se oyeron solo sentí que un arma era lanza por el piso en dirección a Jeremías y un tirón que me levanto antes de que la bestia muerta me cayera encima, los brazos que me aprisionaron me eran demasiado conocidos.

– Tranquila...estas bien? Déjame ver esa mordida– murmuró Henry, uno de mis hermanos, por fortuna no estaba solo ya que detras de el venian Nilton y Steve, el último fue el que le lanzó el arma a Jeremías. Puso una de sus manos sobre mí y la herida comenzó a cerrar tras unas palabras que no entendí, le mire sorprendida.– Habrá tiempo de explicar después, quien es el, lo conoces ?– No lo pensé dos veces cuando señaló al moreno, pues corte la distancia.

–Jeremias...– murmure olvidando que estaba herido pues le envolví con mis delgados brazos, fue hasta entonces que oí su quejido que le solté, tenía demasiado comprometido el hombro izquierdo. Nilton se acercó y vociferando un tosco "Puedo?" Inspeccionó la herida expuesta en el cazador.

–Esta fracturado Henry, no lo podrás curar con un hechizo, una posion quizás, llevas contigo?– dijo girando a ver a nuestro hermano.

– No, pero en Rockford tengo. Le curarán cuando lleguen, este lugar no es seguro aún estamos siendo atacados y ese nosferatu va a volver solo está herido, una vez que en su cuerpo no haya rastro de belladonna regresara. Nuestra prioridad era encontrarte y me alegro que estés bien en medida–lo último nos lo dijo viéndonos a mí y al cazador cavilando en nuestra extraña cercania, le mire confundida sin tomar importancia a su escrutinio pues de todo lo que dijo solo identifique el nombre del antiguo castillo perteneciente a la familia de mi madre, que no estába abandonado? Pestañee sin entender mucho, manteniendome como un imán a lado del español aún tenía lágrimas escurridizas en el rostro y estaba luchando fervientemente para no desmoronarme, me enfoque en detener el sangrado con tirones de la tela de mi vestido mientras mi mano temblaban.

–Les dijo que buscaba? Supieron como entró? – aunque la pregunta la hizo en plural su mirada estaba puesta en el español.




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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Jeremías de Olivares el Vie Jul 13, 2018 11:45 am

El pestilente aliento del engendro chocaba contra su rostro, caliente, mientras sangre y saliva goteaban y el cazador giraba la cara para que no le entraran en la boca. Gruñó, intentando zafarse de la criatura, pero pesaba demasiado y era muy fuerte como para poder lograrlo. Y los gritos de Mía, su sufrimiento, no hacían sino hacerle sentir culpable por no poder salvarla de aquel maldito Nosferatu. -¡Suéltala, abominación!- Gritó en un gruñido. Justo en ese instante vio como el cainita hincaba los colmillos en el cuello de la rubia y un desgarrador rugido salió de lo más profundo de la garganta del español que con toda la fuerza que le quedaba, empujó a la bestia para sacársela de encima. Logró empujarlo lo suficiente como para girar y dejar de estar bocarriba. La queja del vampiro le sorprendió y centró su mirada en lo ocurrido, sin comprender nada.
 
Reptó por el suelo un par de palmos, pero el monstruo volvió a dejarse caer sobre él, clavando de nuevo los dientes en el hombro herido. Por el rabillo del ojo vio el zapato de la inglesa volar hasta golpear la cabeza del engendro. -No hagas eso, Mía… ¡Huye!- No le importaba morir si con ello protegía a la chica. Si su vida significaba salvar la de la joven, habría valido la pena. Sin embargo, muchas cosas ocurrieron muy deprisa. Varias personas se abrieron paso en el lugar, justo antes de que la mole atacara a la rubia y le lanzaron un arma por el suelo que el español no dudó en agarrar, apuntar y disparar contra el mismo ojo en el que había clavado la daga, donde ya había preparado la entrada. Una sola bala bastó para derrotar al bicho, no en vano era un experto tirador desde niño.
 
Seguidamente se desvaneció durante unos minutos, perdiéndose la conversación, la preocupación de la inglesa. La falta de sangre le causaba estragos y su consciencia iba y venía a su antojo. -Siento que haya durado tan poco... tendrás que volver a curarme…- Murmuró con los ojos casi cerrados y la voz ronca, mientras sonreía levemente al sentir los brazos de la joven al rodearle y ese aroma a flores que siempre desprendía, envolviéndole.
 
La voz de uno de los varones le hizo recordar que no estaban solos y despegó los párpados para fijar sus marrones orbes de pupilas dilatadas en el rostro de aquel que les hablaba. Le costaba enfocar sus facciones, pero le recordaba en cierto modo a Mía. -La quería a ella.- Su voz seguía rasposa, pero su tono fue seguro, pues no dudaba de lo que decía. El Nosferatu iba tras la rubia, pero no sabía el motivo, aunque tal vez los quejidos que dejó escapar cuando la mordió, fueran la respuesta a aquella pregunta que se hacía.
 
De nuevo se fundió todo a negro, con su diestra aferrando la zurda de su amiga. Al menos sabía que estaba a salvo y eso le tranquilizaba. Tal vez fuera ese el motivo por el que, en aquella ocasión, no luchó por despertar enseguida.



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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Mía Belanger el Dom Jul 22, 2018 3:25 am

El apretón de mano y el verle inclinarse de apoco aún costado mío me hizo gritar su nombre preocupada, Nilton que era el más cercano ayudó a que Jeremías al perder la conciencia no terminará en el piso pasando el brazo derecho de este por su cuello mientras lo sostenia con cuidado tratando de no mover su brazo.

–Iras con ellos, nosotros, si todo sale bien les alcanzaremos.–

Iba a replicar pero no me dió tiempo tras acercarse y besar mi frente, puso su diestra sobre la pared murmurando en un idioma desconocido con total concentración hasta que de esta empezó a surgir un círculo verde que giraba con fuerza en espiral hacia el centro era un poco más grande que yo.

–No cometas imprudencias, mantente en el castillo por favor. Nilton, si no regresamos para mañana, que Jean cierre los portales ningún acceso magico debe quedar abierto.–

Lo primero supe que me lo decía a mi y aunque le vi mal por muchos motivos no dejo de preocuparme lo último, no entendía nada, me mente se esforzaba de manera exigente en encontrá el hilo de lo que pasaba en mi familia. Pero no hubo tiempo de enfrascarse en aclarar la situación, pues la imagen del español me robaba fácilmente la atención al verle de esa manera nuevamente, el instinto de quererle ver con bien me ahogaba y esa parte protectora se encontraba dividida de algún modo.

–Mia date prisa, tu amigo no aguantará mucho si continua perdiendo sangre.–

Me alentó Nilton mientras cruzaba aquella pared, gire a ver una vez más al rubio que tanto se parecía a mí, o mejor dicho yo a él.

–No entiendo que sucede, pero necesito que vuelvan...todos, con bien.–

Y con toda la angustia perdí el contacto con él al cruzar aquel extraño círculo, por raro que suene termine en la sala  común del castillo donde fue criada mi madre, caminé por aquel largo pasillo dándome cuenta que efectivamente estaba en las costas de Irlanda. Por unos segundos me quedé pasmada con aquel vestido de fiesta manchado de sangre ajena, luchando con mi mente que insistia en repetir escenas de lo sucedido una y otra vez, no fue de extrañar que aquel toque en mi hombro me exaltará.

–Lo siento mi lady, el joven señor me pidió le acompañara a la habitación en la que cura al cazador.–

Me sentí apenada por mi reacción y por ello quizás pase por alto que se había referido a Jeremías como Cazador, cosa totalmente extraña porque en ningún momento les mencioné que era. Mantuve mis sentimientos guardados en una pequeña caja invisible hasta que abrí aquella puerta y mis ojos fueron testigos de las heridas que tenía el español, Nilton estaba poniendo una especie de mordasa en su boca mientras que una peliroja vaciaba el contenido de una botella en la herida, solo vi el cuerpo del hombre tendido moverse con brusquedad mientras mi hermano intentaba tenerlo inmovil.

–Es necesario, el estara bien su recuperación sera más rápida.–

Me dijo mi hermano mientras acomodaba el cuerpo que había dejado de luchar tras haberlo hecho masticar una hojas. No sé en qué momento caminé hasta la cama tomando la mano de Jeremias, estaba cansada tanto física como mentalmente pues todo ocurrió demasiado rápido.

– Mía necesito que descanses y te cambies esas ropas, estás herida?–

– No lo estoy...No me querio apartar, si desmejora o despierta quiero estar aquí...–

–Debes hacerlo por el momento, Jean se quedará cuidándole asi que no seas necia, te prometo que esta en buenas manos, estara bien la hemorragia paro y no despertara antes de 5 horas.–

Sus brazos me separaron del cazador llevándome a la puerta mientras débilmente yo negaba con la cabeza, necesitaba estar al pendiente de Jeremías para alejar los pensamientos hirientes y la incertidumbre que todo esto me generaba, pero no importó cuanto lo deseara ya que fui sacada por Nilton quien me dirigio  hasta una habitación cercana y una vez adentro me dió a beber de una taza humeante.

– No quiero dormir...–

Murmure intuyendo el contenido de lo que había bebido pues sabía muy extraño, luchando por no cerrar los ojos recargue mi cabeza  en la cabecera mientras lo último que veía era a la primera mujer que me tope al llegar, dándome cuenta que mi hermano ya no estaba ahí.




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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Jeremías de Olivares el Miér Ago 08, 2018 11:18 am

No supo cuánto tiempo transcurrió desde que vio por última vez el rostro preocupado de la rubia hasta que sintió un calor abrasador que le bajaba por la garganta y se extendía por todo su cuerpo. En la inconsciencia no sabía lo ocurría, mas su figura convulsionaba frente a los ojos del hermano de la inglesa y de ésta misma. El cazador permanecía con los ojos cerrados, sin despertar físicamente, pero con una mente mu activa que no hacía más que mandar imágenes a toda prisa a su cerebro, trayendo recuerdos de todas sus luchas del pasado, encuentros con centenares de seres sobrenaturales, de heridas, de derrotas y victorias. De secretos que pesaban sobre sus hombros, del miedo que, en escasas ocasiones había experimentado. Temor por no volver a ver a sus hermanos, a desaparecer de sus vidas sin haberse despedido como correspondía, dejándoles atrás con la carga de las mentiras que se llevaría a la tumba si alguna vez caía en una de sus batallas que nadie conocía. Y aún con todos aquellos errores y remordimientos, ninguno le dolía tanto como la idea que llegó a rondarle cuando creyó que no podría salvar a la británica. Le sobrevino el desasosiego de nuevo, el pavor a perder aquella vida sin poder remediarlo y de un sobresalto abrió los ojos con sudores fríos empapando su frente y el centro de la espalda.
 
Sin poder moverse, pues parecía que todo su cuerpo se negaba a responder a sus exigencias, observó cuanto pudo a su alrededor. Únicamente podía girar un poco la cabeza, más no despegarla de la mullida almohada que la acomodaba. -¿Dónde…?- Alcanzó a preguntar con la voz áspera y una considerable molestia en la garganta, como si se hubiera tragado una antorcha encendida durante un espectáculo en el circo gitano. Una joven de cabellos rojizos se le acercó y le pidió que se mantuviera en reposo y que enseguida vendría un tal Nilton a verle. -¿Dónde está… Mía?- Se forzó de nuevo a hablar. Aunque le quemara hasta decir basta, necesitaba saber que la chica estaba bien, que su última visión antes de perder el mundo de vista era cierta y que nada le había ocurrido tras desfallecer. No se perdonaría jamás haber caído inconsciente y la joven había resultado herida tras dejarse llevar Jeremías por el dolor y el cansancio. -Necesito verla... por favor…- Su tono era cada vez más ronco y la pelirroja le pidió que guardara silencio con una sonrisa, asegurándole que la joven Belanger estaba sana y salva y no debía preocuparse. Mas él no se conformaba con palabras vacías, necesitaba asegurarse. -Quiero verla.- Intentó que su tono sonara más demandante, aunque postrado como estaba en la cama y con todo su cuerpo extrañamente dormido, no se viera nada amenazante.



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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

Mensaje por Mía Belanger el Vie Ago 10, 2018 6:04 am

Cuánto tiempo transcurrio?...
No lo sabía con exactitud.

Al abrir mis ojos lo primero que pude ver fue la figura de Henry sentado aún lado mío sosteniendo mis muñecas mientras pronunciaba mi nombre. Dejé de luchar y el aflojó el agarre inmediatamente dejandome libre, verle me causaba dicha pues eso significa que las cosas habían salido bien no?.

—No quería despertarte, pero estabas gritando.—

Mis brazos lo rodearon por un momento comprobando que realmente estuvieran aquí, las imágenes iban cayendo de una en una con cada pestañeo y aún me sentía ajena, como si yo no hubiese vivido eso, entonces reviví aquella imagen que también en sueños me atormentaba.

—Jeremias...—

Murmure intentando levantarme de la cama, deseaba verlo pero de nuevo el brazo de mi hermano me retuvo esta vez menos brusco que cuando me desperté.

—El está bien según a lo que me ha dicho Nilton, Jean no se le a despegado, en parte por que aún no despierta.—

Sentí un pinchazo en el corazón, yo debía cuidarle, debía estar ahí cuando después de todo de algún modo salió herido por mi culpa. Si, ese horrible sentimiento me comenzaba a invadir, mi hermano me entendía, siempre lo había hecho después de todo éramos los más cercanos y no hacía falta que fuéramos gemelos para tener una fuerte conexión, trato de calmarme con sus palabras « “Aleja esos pensamientos que el culpable no se encuentra entre nosotros; antes de ir a ver a tu amigo, Patrick quiere hablar contigo, necesito que seas muy fuerte Mía se vienen cosas difíciles”» pero estas solo fueron un simple eco, pues no deseaba más que ver al Español para calmar este miedo y sentirme segura por extraño que pareciera. Tan solo me limité  a responderle con un escueto si; después de eso todo transcurrió bastante confuso ni siquiera recuerdo haberme vestido, solo noté en el reflejo del ventanal que llevaba un vestido completamente negro al igual que un pequeño sombrero con un velo del mismo color, en la pequeña capilla descansaba el ataúd con los restos de mi nana y aún lado mío estaba Henry junto con todos mis hermanos...mi padre no estaba, tampoco mi madre, fue entonces que el aire me comenzó a faltar de apoco, había tenido tan presente a Jeremías en mis pensamientos todo el día que di por hecho cosas, como el que mis padres también habían vuelto....

Ya no estábamos velando a mi nana, si no en una habitación que pudiese ser una biblioteca o algo similar, Henry permanecía recargado en la chimenea y Patrick no paraba de hablarme sentado frente a mi, tomando de vez en cuando mis manos, en otros tantos paseaba su mano por mi mejilla o acomodaba el cabello que insistia con rodar por un costado de mi cara.

—....te prometo que los encontraremos hermana, por lo pronto tengo que hacer el reporte a la Iglesia de lo sucedido mientras mis padres estén desaparecidos yo estoy a cargo, así que ya veremos la forma de sumar números a nuestra causa por lo cual te pido que contemples que una unión po... —

—Creo, fue suficiente informacion Patrick, deja que lo procese, ya habrá tiempo para lo demás, ahora no es prudente.—

Mire de un lado a otro ni siquiera había sido consciente del momento en el que Henry se había situado detrás mio con ambas manos en cada lado de mis hombros. Ambos varones cruzaron miradas, mientras yo me levantaba de la silla de manera pausada. No deseaba seguir ahí, no quería escuchar más o indagar en las posibilidades que mis progenitores tenían de estar vivos, ni pensar sobre maldiciones familiares, ni el hecho que mi familia estuvo ocultándome que pertenecían a la Inquisición, nada de eso me hacía sentido en estos instantes.

—Puedo lidiar con ello Henry, está bien.— Murmure una enorme mentira pues incluso mi voz parecía ajena y mostraba una calma que no era para menos que despertara preocupación en el rostro del rubio que tenía a mis espaldas. La verdad era muy distinta, pero por lo pronto intente mostrar serenidad, con una tenue sonrisa toque el hombro de mi hermano mayor a manera de despedida, dando por terminada la conversación.

—Debo ver a Jeremías. Si me permiten—

—Mia debo recordarte que no es bien visto el...—

—Yo estaré con ella, puedes dejar eso ya? Comienza a fastidiar. — de nuevo Henry interrumpió al castaño de ojos claros, yo no entendí esto último pero supuse que a mis expensas se discutió el porque de mi cercanía con el español, en esos momentos no me importaba sinceramente, solo quería verlo, saber que él estaba bien.

Ante murmullos de evidente descontento dejamos atrás a Patrick mientras caminaba hacia la habitación del cazador acompañada de mi hermano, que supo interpretar mi silencio y no trato de hacerme charlar porque la verdad no creo que en estos momentos pudiese salir algo de mi boca, sentía la garganta cerrada y los ojos hinchados adornados por unas ojeras marcadas, en el trayecto nos encontramos con Nilton a lo que Henry rápido le dijo que Félix lo buscaba así que él se encargaría de verificar el progreso del cazador, asi que mi otro hermano no tuvo más remedio que dar la vuelta y perderse por el pasillo mientras nosotros continuamos nuestro andar. Al abrir la puerta pude oír la voz altiva de Jeremías, me embriagó la tranquilidad, quise sonreír pero no pude así que solo continue mi andar  hasta rodear la cama, me quite aquel sombrero inecesario dejándolo en el suelo  y aún sin pronunciar palabra alguna me acurruque al lado derecho del cazador sin darle importancia a otra cosa, pegando mi mejilla a un costado de su tórax, teniendo cuidado de no lastimarle o mover vendajes y así fue como las lágrimas comenzaron a salir silenciosas, sin miedo. Estaba contenta porque él estaba conciente y dentro de lo posible, bien, pero el velar a mi nana, la desaparición de mis padres, la conversación con el mayor de mis hermanos, fue mucho para un día, estaba tan agotada que solo quería quedarme así.

—Jane, creo que mejor esperar fuera....Mia...cualquier cosa...solo...— la voz de Henry sono un tanto extraña quizas incómoda más no molesta, tras un señalamiento con el dedo indicando que estaría justo detrás de la puerta, se marchó atrás de Jane con paso un tanto contrariado mientras no pasaba por alto la cara de molestia en la peliroja.

—Lo siento...—

Murmure como pude una vez solos acunandome mientras cerraba los ojos, Jeremías no había sido tan abierto en cuanto a contarme sobre su familia después de todo no tenía porque, pero seguro que le esperaban y el estar tiempo de más a mi lado solo ocasionó que resultará herido, pudo haber muerto y yo ni siquiera sabía su apellido. El solo pensar que pudo haber sido de no contar con la ayuda de mis hermanos me creo otro agujero en el pecho.




-M & J-:
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Mía Belanger
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Re: Refugio inesperado // Privado - Mía Belanger

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