Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Noah Cecereu el Lun Nov 20, 2017 7:11 am

Cada decisión en su vida, cada acto había sido dictaminado previamente por alguien más. Ni siquiera le otorgaron el derecho de crecer dentro del seno familiar que cada niño tiene ganado por derecho. Cuando tuvo uso de razón, notó que existían siempre personas con mayor rango que disponen del resto de los demás, era muy joven y desconocía tanto del mundo que giraba impaciente afuera de las murallas de la Inquisición, pero si de una cosa estuvo consciente desde ese entonces era de saber lo que no quería en su vida y eso era, ser ordenando o lineado por alguien más. Constantemente iba en contra de ciertos preceptos, ciertas normas y dictámenes bajo los cuales eran gobernados, porque aunque se regían por un ambiente de fe, también eran entrenados como asesinos, debía castigar al impuro, al mancillado por el pecado. Para Noah no resultó fácil re adaptarse una vez que descubrió más de una falla en su sistema y aunque hubiese querido escupirles en la cara, se contuvo lo mejor que pudo.

No obstante cuando las circunstancias le orillaron a ir en contra de la mano que le dio de comer, nada más le importó y de ese modo se convirtió en el soldado más prometedor que había en su generación, en un detractor y cobarde buscado por toda una horda de inquisidores enfurecidos. Noah había vivido los horrores de la traición y la muerte de cerca, su carácter fuerte le ayudó para salir avante de dicha eventualidad. Y como un animal mal herido huyó para re encontrarse nuevamente. Fueron días difíciles en los cuales pensó en más de una ocasión quitarse la vida y cayó en la cuenta que era demasiado cobarde incluso para eso. Frustrado y solo, se estableció en las afueras de la ciudad por dos razones principales; su poca o nula capacidad de entablar conversación con las personas y la más importante, salvaguardar su paradero.

Su refugio era modesto y se limitaba a comer lo que cazaba en los bosques aledaños, siempre cuidando que nadie más le siguiera. Esa noche, se adentró un poco más para darse un baño en una pequeña laguna, una vez terminado aquel acto se dirigió hace un claro para atrapar su cena. De manera sigilosa trepó a los árboles y alistó la flecha, aguardó como era su costumbre a que las presas se aproximaran, el olor, la humedad, la forma en la que el viento se movía entre las ramas eran factores que Noah había aprendido a leer para tener una mejor posición. Un par de minutos habían pasado cuando un par de liebres descansaban en el claro. Apuntó a una de ellas y supo que debía ser rápido si quería atrapar a la segunda también, esto le proveería de comida por esta noche y la mañana siguiente. El rugido de la flecha hizo apenas un eco ligero en el bosque y se incrustó de inmediato en el cuello de uno de los animalitos.

Descendió de prisa del árbol y preparó de inmediato la segunda flecha, su segundo tiro habría sido certero de no ser por el grito de una mujer que le pidió detenerse. ¿En medio de la noche? ¿Quién podría interrumpir de ese modo? Su sorpresa fue mayor cuando descubrió entre las sombras la efigie de una bella joven.

–¡Mira lo que has hecho, por tu culpa he perdido mi cena!– soltó con cierto dejo de molestia.

La liebre que había sido alcanzada previamente yacía en medio de ambas figuras, entonces Noah apuntó a la mujer, desconfiado como lo era siempre.

–Solo aléjate ¿De acuerdo?–




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Re: Idem | Privado

Mensaje por Tayce Cecereu el Vie Dic 01, 2017 12:42 am

Los descansos de Tayce eran sumamente escasos últimamente, todo gracias a que el nuevo cocinero del café era todo un experto de la cocina. Si bien tener menos descansos durante la semana significaba más trabajo y más propinas, su padre se estaba preocupando mucho por ella, sacando a colación cada que veía una oportunidad, que el que ella trabajara no era realmente necesario y que él, era capaz de mantenerla. Ante aquellos comentarios de su padre ella se limitaba a sonreír, antes de añadir que no podría renunciar cuando al café le iba tan bien, que no quería ser una mujer mal agradecida; claro que la verdad era que Tayce deseaba ser la que trabajará, darle a su padre una vejez apacible y sin preocupaciones. Su padre era su motor, era lo que la impulsaba a levantarse por las mañanas y andar hasta el café para trabajar arduamente hasta que la tarde cayera para volver a su hogar, cenar junto a padre y charlar con él hasta que fuese la hora de descansar. Esa era su rutina, la cual, se veía modificada en días como aquel donde el descanso le era obligatorio.

Ese día se levantó más tarde de la usual, cansada de las largas jornadas que cumplía desde hacía cerca de un mes. De hecho, fue tan tarde cuando despertó que su padre ya no se encontraba en casa, pues lo único que Tayce encontró fue un desayuno sencillo que su padre hiciera para ella. Con una sonrisa en el rostro, la joven comió lo que su progenitor preparará con tanto amor para ella, solo para después asearse y salir de casa con rumbo a los bosques, donde ella encontraba la paz y la calma necesarias para cargarse de energía.

Con paso animado, la Cecereu recorrió la zona más humilde de Paris para pronto adentrarse en el espeso bosque al que muchos temían más ella adoraba; ahí, se dejó envolver por el verdor y la belleza, limitándose a andar sin rumbo definido por la zona, hasta que llegó a un bello claro rodeado por frondosos árboles y siendo uno de aquellos árboles, el que llamó a Tayce a cobijarse bajo su sombra para descansar algunos minutos. Lo que en un principio serían minutos se transformaron en horas cuando el cuerpo, aun agotado del trabajo, de la mesera logró acomodarse entre las hojas alrededor del árbol, siendo pues cuando la noche caía y el frío comenzaba a calarle cuando los ojos de la muchacha se abrieron para encontrarse con la oscuridad.

Alarmada, no porque fuera oscuro y estuviera en los bosques sino por lo que su progenitor estaría pensando, la Cecereu se levantó rápidamente de dónde se encontraba, sin embargo, no inicio la marcha de inmediato sino que espero un par de minutos a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. Fue cuando sus ojos dieron con la figura de dos liebres en medio del claro que supo que era el momento de partir, más antes de dar su primer paso y ante sus ojos, una flecha impacto en una de las liebres, provocando que de la impresión, la muchacha gritara. Su escandalo, provocó que la otra liebre escapara de una nueva flecha que era lanzada por un joven que ágilmente descendía de unos de los árboles y que sin reparos, culpaba a Tayce por el escape de la liebre.
Lo lamento, es que fue todo tan repentino que… – sus ojos, abiertos de par en par fueron de la figura del joven a la de la liebre muerta en medio del campo. El animalito aún se movía aunque cada vez con menor fuerza – ¿Alejarme? – preguntó volviendo la mirada al joven, quien con el arco preparado apuntaba en dirección a Tayce – No voy a hacer nada – de manera inconsciente levanto ambas manos – Yo me quede dormida y trataba de volver a casa – explicó aquello esperando que el joven se tranquilizara y dejara de apuntarle.



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Re: Idem | Privado

Mensaje por Noah Cecereu el Miér Mar 21, 2018 10:51 pm

Habituado a desconfiar incluso de su sombra. El joven no apartó un solo segundo sus ojos de la joven que escuetamente trataba de darle una explicación lógica. Los hombres como Noah no eran algo fácil de tratar, su rencor hacia el mundo era solo la fachada que le protegía de ser lastimado una vez más. Si bien no era justo que cargaran su ira contra el resto de quienes se cruzaban en su camino, el francés jamás aprendió como socializar con desconocidos. Sus pasos eran calmos aunque la guardia se mantuvo en lo alto todo el tiempo, respiro un poco tenso apretando las mandíbulas. El flequillo ligeramente caía sobre su frente y bajo la espesura de sus cejas los ojos acribillaban de pies a cabeza, una mirada que nacía en la oscuridad de sus orbes y se desplegaba a través de la forma que tomaba el arco mientras tensaba la cuerda de cuero para evitar soltar un segundo disparo. No fue sino hasta que acortó la distancia entre ambos que fue extrañamente invadido por una sensación hasta entonces desconocida. Como un relámpago que cae en picada violentamente sobre un campo desolado, sintió una congoja y nostalgia en su corazón.

Arrugó ligeramente la sien. Buscaba una explicación lógica, pues en el adiestramiento que recibió durante todo ese tiempo le fue enseñado de esa forma metódica. ¿Qué era? ¿Quién era esa desconocida? Capaz de hacerle sentir de ese modo. Miró de reojo como el pequeño animal dejaba de moverse por completo fue entonces que liberó un poco de tensión sobre sus hombros. La mujer parecía decir la verdad, ni siquiera tenía intenciones de discutir con él y aunque no creía de todo en su palabra tampoco iba a agredirla si no había la necesidad.

Desarmó el arcó colocando su flecha sobre estuche que portaba en la espalda.

–¡Maldita sea!, solo quédate donde estas–

Caminó hacia donde la liebre yacía y de inmediato colocó sus dedos índice y medio para cerciorarse que no siguiera con vida. Retiró con sumo cuidado la flecha, tratando de no lastimar la piel. Limpió la punta con el borde de su camisa y observó con detenimiento la misma, habían pasado un par de días sin que hubiese cambiado de ropa o tomado un baño. La inclemencia de la temporada pronto le obligaría a buscar refugio en las tabernas o en la vieja casona que un par de semanas atrás improvisó a las afueras de la ciudad.

–Es una lástima que por tu culpa haya perdido la otra liebre, en verdad la necesitaba–

Exclamó mal humorado.

Amarró a su cintura el cuerpo de la criatura que más tarde cocinaría y después de colocar la flecha y el arco en su lugar le miró una vez más.

–Es tarde para que deambules por estos lugares, sino sabes cómo volver a la ciudad puedo guiarte un par de metros más, no me gusta perder mi tiempo así que sería todo lo que podría hacer por ti–

Se encaminó y sin mantener contacto visual con ella, esperó a que le siguiera.

–Es noche dime ¿Te quedarás ahí de pie?–




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Re: Idem | Privado

Mensaje por Tayce Cecereu el Mar Mar 27, 2018 1:54 am

Se mantuvo en pie, inmóvil, aguardando porque aquel muchacho dejará de apuntarle con el arco pues por la manera en que la miraba y hablaba, Tayce estaba segura que si se movía acabaría con la flecha clavada en el pecho. Tragó saliva con dificultad, pensando en que era gracias a su descuido que acababa metida en aquel problema y justo se metía en líos cuando más importante era que regresara a casa, al lado de su padre que ya estaría más que preocupado por ella.

El muchacho, quien seguía apuntándole, se acercó lentamente hasta ella y finalmente cuando estuvo a una distancia segura pero suficiente como para contemplara, Tayce levantó el mentón y le miró a los ojos. Por un par de escasos segundos, la mirada turbada del joven le recordó a la de su padre, más ella atribuyo el hecho a la preocupación que en ese momento experimentaba. Temiendo que el que lo mirase a la cara lo hiciera enojar más, la mesera desvió rápido la mirada, enfocándose en el suelo sobre el que se mantenía parada.

Un par de segundos más pasaron antes de que el muchacho dejara de apuntarle y desarmara su arco. Tayce suspiro entonces, solo para sobresaltarse una vez más al escuchar la maldición que fluía de los labios del hombre.
Sí, aquí me quedaré – respondió al tiempo que levantaba los brazos, mostrando así que no pensaba hacer nada y que ni siquiera tenía algo para defenderse. Con atención siguió los pasos masculinos, mismos que se detuvieron a un costado de donde se hallaba ya inmóvil la liebre que ocasionara el encuentro. Desde la distancia, la Cecereu admiró como es que el hombre sacaba la flecha del conejo para después, volverla a guardar al lado de las demás y sujetarse posteriormente el animalito a un costado. Aquel acto que él realizaba no le sorprendió, al menos no ahora que sabía lo que procedía, contrario a lo que ocurrió cuando de la nada apareció volando una flecha.

Lo que volvió a tomar por sorpresa a Tayce, fue la manera tan grosera y vil en que el muchacho le reclamaba.
¿Mi culpa? – preguntó antes de negar firme – yo reaccione de la manera en que lo haría cualquier persona que esta tranquilamente en el bosque al ver como de la nada, aparece una flecha – hizo una pausa entonces, cayendo en cuenta de algo que por la sorpresa y el temor inicial ignoró – Si hubiera andado más aprisa, esa flecha me habría dado a mi –  aquello lo dijo más para si misma pues se daba cuenta de lo cerca que estuvo de salir seriamente lastimada, detalle que al parecer no le importaba lo más mínimo al joven, quien sin prestar mucha atención a las palabras de la Cecereu  le dijo que la acompañaría una parte del trayecto a la salida del bosque.

Ofendida pero sobre todo confundida, la mesera permaneció en su sitio hasta que el muchacho se volvió a ella.
Caminaría sí, de no ser porque alguien insistió mucho en que no me moviera de aquí.



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Re: Idem | Privado

Mensaje por Noah Cecereu el Vie Jun 08, 2018 6:45 pm

Difícilmente mantenía contacto con el resto de las personas. Noah era un chico que acariciaba con facilidad el termino de misantropía, ente más lejos se mantuviera del mundo mucho mejor. Pero existían razones de peso detrás de ese corazón dolido aún y la mirada lánguida, porque a pesar de que su fachada de pocos amigos funcionaba excelente como mecanismo defensivo, era cierto que también se perdía por días pensando si aquella decisión de abandonar la inquisición habría sido lo mejor. Aun inseguro e inmaduro por diversas razones. Entonces, reverberaba ese espíritu de libertad y sabía que nada le ataba ya a ese lugar, le daba la certeza de que había sido lo mejor, no había marcha atrás viéndose ahora como un traidor que pronto tendría que saldar cuentas con quienes le buscaban. Resultaba curioso y le tomaba por sorpresa que llevara ya más de 15 o 20 minutos intercambiando palabras con aquella desconocida ¿Qué era aquello que le orillaba a sentir esa inquietud de cierto modo por lo que a ella le sucediera? Los pasos de Noah se escucharon ligeramente cuando las botas aplastaban la hojarasca a su alrededor, entonces la voz de la mujer nuevamente llegó a sus oídos con una escueta explicación que le puso de malas nuevamente.

De mala gana regresó a donde ella se hallaba tomándola del brazo.

–¡Maldita sea!, solo camina ¿quieres? Quiero alejarme de aquí y de todo lo que tenga que ver con esta situación–

Ensimismado en su posición incómoda el joven tiraba del brazo de ella para poder salir del bosque. Entonces, el odio agudo de Noah escuchó un par de pasos más no muy lejos de ahí.

–Rápido sígueme–

Indicó mientras trataba de hallar un lugar donde esconderse. El conocía a la perfección que esa zona resultaba ideal para otros cazadores, incluso para seres sobrenaturales, salir de ahí era imprescindible. Estando a salvo detrás de un par de arbustos crecidos el joven intuyó que quizás el rastro de sangre de la liebre había atraído a un lobo, no poseía habilidades como Nina, así que le resultaba complicado saber si se trataba de un licántropo o de un simple animal.

–Si quieres conservar tu vida, cierra la boca y no hagas algo tonto ¿De acuerdo?–

Susurró a la joven. De manera imprevista se veían enfrascados en una situación por demás peligrosa. El poseía la habilidad suficiente para salir avante, pero no contaba con el factor sorpresa al que enfrentaba, además de que estar con la joven le proporcionaba un punto más por el cual preocuparse. Inmediatamente Noah colocó la flecha que había retirado del cuerpo de la liebre sobre el arco, apuntando ahora al lobo. La voz de la joven le alertó de una segunda presencia animal a sus espaldas, la bestia se arrojaba sobre ellos mientras el cazador disparaba el arma clavando la flecha sobre el cuello del mismo, evitando de ese modo que el ataque cayera de lleno sobre la mujer.

–¡Corre! ¡De prisa!–

Con dificultad pudo acabar con la vida del animal, aunque él también había resultado herido del mismo.

–Mierda– mustió en lo bajo mientras caía de bruces debido al exceso agotamiento físico y a la sangre que ahora brotaba de su pierna izquierda.




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Re: Idem | Privado

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