Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El hijo del oso y la fulana (privado)

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El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Miér Nov 22, 2017 1:10 am

Frente a las puertas de Akershus y apuntados por los arcos desde las almenas alcé las manos, mi montura resoplaba bajo mis piernas.
Enarqué una ceja mirando al que parecía mandar y que con su mano en alto para detener a los vigías me pedía que me identificara.
Al ver que no era un norteño, me recordaba que estábamos en guerra, nadie traspasaba la muralla si Höor no lo consentía.
-Mi nombre es Sloan, no busco a vuestro conde, si no a un escoces que me han informado se encuentra en estas tierras, concretamente en Akershus.
Vengo cansado, mi montura tiene sed y mis ánimos distan mucho de entablar batalla, solo quiero cobijo por una noche y poder hablar con ese hombre, tengo algo importante que decirle.

Uno de los arqueros le dijo que debía referirme a Stan, el hombre oso que acompañaba al conde.
El general mandó a dos de los hombres para que abrieran las puertas y me apresaran desarmandome, no iban a correr riesgos hasta que Stan me identificara, al parecer Randulf era un maestro en las argucias.
Le entregué las armas a uno de los jóvenes soldados y así entre en aquella ciudad.

Me hicieron entrar en una habitación, una especie de despacho con un mueble bar y unas cuantas sillas en forma de media luna.
Seguramente allí se reuniría el consejo estaban construyendo una mesa central de madera maciza, parecía que la sala estaba siendo re-decorada con un propósito.

Mi mirada se desvió hacia la puerta cuando esta se abrió...
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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Miér Nov 22, 2017 11:05 pm

El highlander estaba entrenando a un cadete a esas horas porque lo habían mandado a las almenas y no tenía ni puta idea de cómo tensar la ballesta pesada, así que se arremangó la camisa y le enseñó a hacerlo para luego bajarlo al patio de armas y darle unas pocas lecciones con el lanzavirotes contra una diana. Ahora ya podía hacer la guardia, pero McQuinn le tendría el ojo puesto encima porque no se fiaba. Desde que llegó al país nórdico se había incorporado a las tareas de la guardia de Akershus, muchos de esos soldados eran jóvenes e inexpertos y poco a poco había que ir formándolos para combatir en la guerra, pero apenas daba tiempo, siempre se estaban mandando a los veteranos a las misiones complejas porque Randulf no daba tregua. A él no le importaba hacerlo, llevaba cuarenta años pelándose el culo de frío en guerras que no eran la suya, porque los mercenarios luchaban como medio de vida.

Le avisaron de que alguien quería verle y fue a la sala de la guardia, quitándose las vendas con las que había fajado sus dedos, algo primordial para no despellejárselos tontamente al recargar la cuerda de la enorme ballesta. Entró en la sala y observó al extraño mientras terminaba de sacarse las vendas y dejarlas sobre la mesa. Su aspecto era el habitual, botas, kilt con el tartan de su clan, camisa "blanca" que en mejores horas lo fue y ahora era casi marrón, y la melena suelta cayendo sobre la espalda. Clavó sus ojos verdosos en los del joven y tras echar un trago de agua de una jarra que había en ese cuarto de descanso le habló.

Soy McQuinn. ¿Quién pregunta por mi?


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Jue Nov 23, 2017 3:05 am

Un hombre de pelo semilargo y ligeramente ondulado como el mio, ojos pardos, barba y una constitución similar a la del oso que era, entró por la puerta.
Francamente lo había buscado tanto tiempo que ahora mismo, teniéndolo frente a mi no sabia no como reaccionar.
Escuchaba como el agua entraba por su garganta, mi boca reseca parecia incapaz de articular palabra.
Era la primera vez que tenia frente a mi al que según madre era mi padre.
-Soy Sloan -dije tajante antes de guardar un silencio sepulcral algo nervioso.

Podía decirle que era su hijo, fruto de su breve relación con la prostituta de un burdel, darle el medallon y decirle que lo había buscado de forma incansable.
Mi mano estaba en el bolsillo, iba a sacarlo, eso hablaría por mi y sin embargo, no lo hice, lo dejé caer de nuevo en el bolsillo y ladeé la sonrisa extendiendo la mano en su dirección.
-Soy Sloan, quiero ponerme a su servicio, quiero convertirme en un guerrero -dije hundiendo mi mirada en la del oso.

No sabia nada de él, ni siquiera si era un buen hombre ¿como decirle sin mas que era su hijo?
Quizás me mandara a la mierda, se riera de mi...hasta ese momento mi valor me había hecho llegar a él, pero ahora mismo no creí tan buena idea decirle la verdad.
Era un hombre con un gran apellido ¿por que iba a querer un hijo bastardo que tuvo con una puta de la que había pasado?
-Trabajaré duro, se lo aseguro -dije tajante -se manejar el acero, no soy un cobarde.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Jue Nov 23, 2017 11:06 pm

Observó al muchacho y su sentido del olfato úrsido le devolvió cierto olor familiar. Quizás viniera de algun lugar que él conocía bien. Su nombre era escocés sin duda, y significaba "luchador o guerrero".

Ajá. Así que vienes de la madre patria.— Le estrechó el brazo en gesto de saludo y palmeó su hombro. Todo escocés era hermano, y al igual que los hermanos, podían pegarse entre ellos, pero nadie podía ponerle un dedo encima sin que todos se le echasen al cuello.— Me parece bien, si quieres entrenar será mejor que lo hagas conmigo que con estos vikingos descreídos. Nah! son buena gente, pero los escoceses no tenemos problemas de evacuación, estos no comen avena y siempre tienen cara de vinagre.

Stan McQuinn siempre solía tener una sonrisa entre la barba, pocas veces se le veía serio o taciturno porque para qué engañarnos. Llevaba viviendo 60 años y había visto de todo, había superado momentos muy dolorosos y había aprendido que la vida era mejor vivirla con cierto humor, porque si tenía la oportunidad de arrancarle una sonrisa a alguien era como acariciar lo más parecido a una felicidad.

Spoiler:

Observó su kilt, hecho del típico tartan marrón pardusco que no pertenecía a ningun clan de forma distintiva, era la tela que se vendía a granel en cualquier mercado para aquellos que no tuvieran un apellido con historia, y eso no lo hacía menos hombre ni menos escocés a sus ojos. Muchos eran los clanes que habían desaparecido, muchos los hijos de viudas de la guerra y otros avatares de la vida. Escocia era una tierra tan dura como Noruega, de clima adverso y cosechas difíciles, así que todo hijo de Escocia era  ya un héroe sólo por eso.

Bien Sloan, veamos que sabes hacer. Si quieres entrenarte bajo mi mando tengo que saber de qué estás hecho, en qué cojeas y qué se te da bien. Mi especialidad es la Claymore, pero llevo muchos años empuñando las armas... cachorro.— le guiñó un ojo, a buen seguro que el joven ya había notado que él era un úrsido.

Recogió su espadón y salieron al patio de armas. Algo en ese chaval le resultaba como conocido, quizás fueran parientes lejanos o algo similar. El clan McQuinn no era muy grande pero sí importante en las Hébridas orientales, cerca de la isla de Skye.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Vie Nov 24, 2017 12:51 am

Mi semblante era mas serio que el de mi padre, supongo que porque yo si era consciente de la verdad de este encuentro, no era un hombre mas que iba a enseñarme el manejo del acero, era el que me dio la vida junto a mi madre.
Asentí cuando dijo que si quería aprender antes tenia que demostrar lo que sabia hacer, había sido un autodidacta, en el burdel había siempre mucho trabajo que hacer.
Aprendí de ver las peleas que en ese lugar se formaban, los animados por el alcohol se batían con el acero en demasía.
Ademas, después empecé a ser yo quien las protagonizaba, intenté defender en demasiadas ocasiones a mi madre y a las compañeras que no siempre eran bien tratadas.

Llegamos al patio de armas, desenvaine la espada larga y la afiancé en mi diestra alzando la mirada desafiante.
La ladeada sonrisa de mi padre me invitaba a atacar, no necesité subirme las enaguas, gruñí y con agilidad embestí contra este.
Mi mayor don no era la fuerza bruta, mis movimientos eran ágiles y fluidos como los de un felino, a esta altura seguramente mi padre ya sabia que como él era un cambiante y por mis movimientos uno ágil.
Esquivé su claymore ladeando el cuerpo y arrastrando mi pie inquiero viré hasta posicionarme en su espalda.
Iba a golpear su costado con la hoja cuando su codo golpeó mi rostro lanzándome al suelo.

Me lamí el labio que me sangraba, mis ojos centellearon mientras me alzaba gruñendo, yo no era de los que se rendían.
Mi padre era un mole, era fuerte y su golpe fue duro, no se andaba con chiquitas y la verdad, lo agradecía.

Volví al ataque, los aceros chocaron, baile de pies que elevaba la tierra mientras ambos gruñíamos en un combate para nada igualado.
Mi padre era un diestro guerrero, yo buscaba el modo de seguirle el ritmo pero comía el polvo mas veces de las que me hubiera gustado.





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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Lun Nov 27, 2017 12:25 am

El chico no lo hacía mal, pero se notaba que no habia tenido una instrucción como debía ser. Eso no sería problema, con las indicaciones y el entrenamiento suficientes podría hacer de él un buen soldado, garra no le falataba y como c ontaba con aquella ventaja biológica de la rapidez, flexibilidad y precisión felina, sería un gran guerrero.

Descuidas la zurda Sloan, las tres veces te he ganado por ahí.— se señaló la cabeza con el dedo.— Hay que engañarla, hay que hacerla pensar con las dos partes del cerebro, una para atacar y la otra siempre en guardia defendiendo el flanco descubierto.

El chaval mordió el polvo varias veces, pero realmente era un diamante en bruto y al parecer tenía muchas ganas de entrenarse y ser alguien. Si no tenía un clan, posiblemente perteneciese a la clase más desfavorecida y por tanto no habría tenido maestros ni armas en condiciones. Le despertó algo tierno en el fondo de su corazón. Si su hijo Stan hubiera vivido, ahora posiblmente tuviera una edad similar y posiblemente estarían en el patio de armas entrenando y riendose con él. El pasado era mejor dejarlo atrás porque anclaba de una forma insana.

Observa, el movimiento debe ser así, porque cuando giras en este sentido y compensas con tu brazo, no pueden sorprenderte. Necesitas saber las cien posiciones de lucha a espada. Mañana por la mañana te unirás a los reclutas para aprenderlas, quizás te parezcan absurdas, pero hasta que no las sepas no tendrás posibilidades en combate. Si por la tarde quieres seguir practicando buscame aquí mismo..— Le pasó el brazo por los hombros susurrando y sonriendo.— Alguna ventaja debías tener por ser de la madre patria...jejejeje. Ahora vamos a la taberna, te enseñaré Akershus.

Para Stanley McQuinn no había más patria que Escocia, la tenía en su corazón y a pesar de ser un mercenario, su esencia corría fuerte por las venas. Si un hijo de Escocia lo necesitaba, haría cuanto estuviera en sus manos para protegerlo, ya fuera en sus tierras o en las de los vikingos.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Lun Nov 27, 2017 1:50 am

Sus palabras eran sabias en la lucha, se notaba que no solo gozaba de la fuerza que le daba su condición de cambiante, si no que había entrenado toda su vida, posiblemente su padre lo entrenó y antes lo hizo su abuelo con su padre.
Sus ropas denotaban los colores de su casa, de su apellido, venia de una familia noble, por contra de seguro no le habría pasado desapercibido que yo era un muchacho del mas bajo estrato social.

Seguí sus indicaciones, no repliqué y todas y cada un de las veces que mordí el polvo me alce, desafiaba con la mirada al que era “mi padre” no iba a ceder hasta convertirme en un guerrero, quería que estuviera orgulloso de mi y sin embargo posiblemente cuando descubriera la verdad me pegaría una patada en el culo y me devolvería al burdel, a la gente como yo, las cosas nunca le salen bien.

Cuando acabamos el oso me echo el brazo por encima, mi cuerpo se tensó ante su cercanía no esperada.
-¿Vas a quedarte mucho tiempo en Akershus? -pregunté de camino hacia la taberna.
Los clanes en Escocia no solían prescindir por mucho tiempo de sis lideres y según tenia entendido él lo era, con lo cual algún motivo importante debía retenerlo aquí.

Pedimos dos jarras de cerveza negra, di un trago profundo, estaba sediento después del entrenamiento.
-Al menos el alcohol aquí es bueno -busque unas monedas que saqué de mi cinto para pagarle a la posadera mi consumición.

“Padre” siempre parecía estar de buen humor, reía y miraba a las mujeres y sus posaderas enormes como yo, aunque yo me retraía mucho mas debido a que su presencia me intimidaba un poco.
Estaba frente a mi padre, había soñado con este momento desde que era un niño, lo había idealizado y odiado de adolescente por abandonarme a mi suerte y ahora, estaba allí...sin mas.



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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Vie Dic 01, 2017 9:38 am

El muchacho apuntaba muy buenas maneras, era sobre todo hábil y rápido, y en cuanto mejorase la técnica sería un gran esgrimista. Los osos eran potencia pura, los felinos precisión. Ambos contaban con esas ventajas naturales y sacarles partido era lo más inteligente. Sloan parecía algo cohibido, pero eso no le molestaba a Stan, lo que solía molestarle eran los cantamañanas estúpidos, los bocazas sin seso. Él podía pecar de payaso o de bocazas, pero él se lo podía permitir porque ciertamente tenía un encanto natural que lo compnesaba. "Caía en gracia" como solía decirse.

En la taberna ya lo conocía y lo saludaban, el escocés tenía palabras para todos, no perdía la oportunidad de hacer una chanza o de preguntar por la mujer de alguno en clave de humor.

Pues nos quedaremos hasta que recuperemos la reliquia de San Andrés, el Saltire que le fue robado, y después... quien sabe. Los McQuinn tienen buenos jefes de clan, mis hermanos gemelos mayores Logan y Alistair lo eran y ahora lo son sus hijos, así que yo no hago falta en verdad.— porque en realidad tenía sesenta años, y sus hermanos ya estaban mayores para empuñar armas.— ¿Quieres regresar a Escocia ya? si quieres aprender bien el arte de la lucha tienes que vencer a cien enemigos distintos, cuanto más viajes más estilos de lucha conocerás, más costumbres y formas de hacer las cosas. Ser sabio nunca fue malo, créeme. Cuando eres joven el ímpetu te puede y aunque el hogar de un escocés siempre será su tierra, tenemos la buena costumbre de caer bien allá donde vamos, no como esos estirados de mierda ingleses, o estos de aquí.— señalo a los vikingos.— Se parecen bastante a nosotros pero que no te engañen...no llevan faldas, así que no son tan hombres.— Sonrió ampliamente y chocó la jarra con la del joven, completamente ajeno a que éste era su hijo.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Vie Dic 01, 2017 9:28 pm

Escuché con atención lo que me decía, al parecer buscaban una reliquia, según sabia la reliquia de San Andrés fue robada antaño por los vikingos y al parecer mi “padre” quería devolverla a sus dueños, los escoceses.
-Me gustaría ayudar, se que me falta mucho por aprender, pero como tu mismo dices, si no entro en combate, nunca lo haré.
Llevaba toda una vida sobreviviendo, así que tampoco es que me temblara el pulso al blandir el acero.
No era tan diestro en técnica como mi padre, posiblemente porque me faltaba adiestramiento, pero no seria la primera vez que la muerte fuera encontrada por mi enemigo a mis manos.

Me reí relajando mi cuerpo en el respaldo de la silla, mi padre siempre estaba haciendo chanzas, era bastante bocazas peor no tenia mal gusto y mis ojos también se iban detrás de algunas norteñas que no se cortaban en absoluto en mostrarte sus atributos.
-De camino a Akershus encontré una joven de nuestra patria, había sido atacada por un ejercito de hombres, malos tiempos parecen correr en tierras Noruegas.
No pude salvar el resto de personas que la acompañaba, peor ella se aferró a la vida, así que iré a visitarla al salir de la taberna -le dije -pero esta tarde estaré en el patio de armas, dices que he de aprender los movimientos básicos, entrenaré con los jóvenes para hacerlo y te venceré -apunté ladeando la sonrisa de forma engreída -es cuestión de tiempo -afirme.
Ciertamente ganas de demostrarle a mi padre que era un gran guerrero no me faltaban.





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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Lun Dic 04, 2017 9:53 am

Durante los siguientes días hubo una relativa calma en Akershus y no tuvieron que salir de misión fuera de la fortaleza, con lo que McQuinn se dedicó a entrenar a los soldados en aquello que podía ser útil. A veces Ulf y él combatían el uno contra el otro para ilustrar con ejemplos a los jóvenes. Oso y lobo chocaban aceros haciendo saltar las chispas y riendo después en la taberna.

El joven Sloan destacaba por su concentración, su extrema predisposición a todo, no desaprovechaba ninguna oportunidad para absorber conocimientos y ponerlos en práctica. Ojalá tuvieran más soldados como él, disciplinado, meticuloso y rápido de entendederas. Acostumbraba a llevárselo a la taberna después con sus camaradas escoceses, incluso Angus que era su mano derecha le había cogido cierto apego al chaval. Ya les había contado que venía de la baja clase en busca de un poco de fortuna, de ser alguien en la vida y a los mercenarios les pareció una elección muy respetable. Al estar lejos de casa eran todos como una pequeña familia y se ayudaban entre ellos. Algunos dormían en pensiones, otros en el cuartelillo de la guardia y Stan normalmente en una posada cerca del castillo, así siempre estaba enterado de lo que sucedía. Esa noche Angus lo despertó sacudiéndolo, hacia apenas dos horas que se había acostado a dormir la mona.

pero qué coñ...?
shhhhh no hagas ruido. Ahí afuera he visto algo.
¿algo? estás borracho Angus? has vuelto a ver a tu madre vestida de payaso?
calla, imbécil!! no, esta vez es otra cosa, o sea...es gente pero es peor y... pffff. Que vengas!!! y no te pongas mucha ropa, igual necesitamos que te conviertas en oso.
¿Tan grave es el asunto?.— Angus lo miró dudando de qué responder a eso.— Vale... si, por tu cara diría que lo es.
¿Nos llevamos al chico? puede ser útil.— McQuinn asintió, si era un asunto para cambiantes, es que era algo raro y peligroso. Se escabulleron pegandose a las sombras de las paredes hasta llegar a los dormitorios de la guardia donde fueron a por Sloan. McQuinn básicamente lo despertó tapándole la boca y arrastrándolo fuera.

Se pegaron a la muralla y atravesaron media ciudad tratando se pasar ocultos hasta llegar a los almacenes de grano. Cuando se iban aproximando, Angus hizo el signo del silencio y les hizo una señal. En los silos habían varias criaturas como si fueran perros pero mucho más grandes y con dos cabezas, sin duda criaturas de Randulf que estaban protegiendo la entrada. ¿Qué se traía entre manos? estarían robando el trigo? o quizás envenenándolo? tenían que detenerlos o mucha gente sufriría las consecuencias. Puso una manaza sobre el hombro de Sloan.

¿Puedes convertirte en león? no podemos enfrentarnos a eso con espadas. Angus también es cambiante, pero ave, no puede ayudarnos. ¿Crees que podrás hacerlo? no podemos dejar que esas criaturas ataquen a los civiles, tenemos que liquidarlos antes de que se pierdan por la ciudad.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Mar Dic 05, 2017 2:01 am

Dormía en los barracones tras una noche de jarana en la taberna con los demás soldados.
Tenia que reconocer que cada vez me sentía mas cómodo en Akershus. Los vikingos lejos de tratarme como a un extranjero me acogieron bien, las chanzas de unos y otros nos mantenían hablando, bromeando y bebiendo durante horas así que al llegar al lecho íbamos doblados y nos dormíamos casi de inmediato.

Sentí una mano en mi boca, mi mano buscó el cuchillo con el que dormía para poder defenderme, mas al centrar la imagen me di cuenta que era mi padre el que me requería.
En un principio pensé que me había descubierto, creo que fue eso lo que me llevó a no aflojar del todo el agarre al mango del arma, pues quizás quisiera acabar con el bastardo que jodía su linaje. Nuestras miradas se encontraron, pronto me di cuenta que mas bien era otra cosa, me necesitaban por mi condicion de cambiante.

Guardé silencio alzándome cuando por encima me contaron que algo atacaba los almacenes de grano.
Así que me calcé la ropa y las botas y a toda velocidad salí con ellos ocultándome con facilidad entre las luces y las sombras que ofrecía la iluminación de Akershus y la media luna del cielo.
Enarqué una ceja por lo sumamente ruidosos que eran esos dos, por suerte, los lobos de dos cabezas estaban demasiado ocupados abriéndose paso hacia el grano.
-¿Que puta aberración es esa? -pregunté al ver lo feos que eran.
Mi padre me preguntó si podía trasformarme en león.
-¿no te sirve en gato? -pregunté ensanchando la sonrisa antes de empezar la trasformación ante sus ojos.

Pronto unas patas musculadas quedaron sobre el suelo, poderosa mi envergadura y la melena oscura que lucia cuando mis fauces se abrieron dejando que un gruñido delatara ahora si mi presencia ante aquellos bichos.
Con una velocidad y potencia inusitada me lancé contra uno de esos seres, experimentos de Randulf.
Pronto nos enzarzamos en un duelo de mordiscos, zarpazos. Mis movimientos mas poderosos y letales no tardaron en malherir al lobo que aullaba de puro dolor con el cuerpo ensangrentado.
Con mis patos en su lomo desgarré a bocados su carne alzado la cabeza cuando un segundo se unió al baile.
Eran muchos e iba a necesitar ayuda porque notaba como la manada iba rodeándome y yo apenas podía mantenerlos a raya a base de zarpazos.




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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Jue Dic 07, 2017 9:07 am

El enorme oso salió de una esquina embistiendo a una de esas criaturas y estampándola contra otra. Después desgarró sus yugulares con las zarpas y se giró con rapidez contra otra de ellas que se le había lanzado al lomo e hincaba los dientes en su grueso pelaje. McQuinn era gigantesco en forma de oso grizzly pero además de su potencia ostentaba una agilidad inaudita para una bestia tan grande. Los gurhals ostentaban la protección de la madre tierra Gaïa, la deidad de todos los cambiantes y habían sido bendecidos con esa sabiduría y esa anatomía privilegiada.

Su tendencia era rugir, pero prefirió no hacerlo porque no quería alertar a nadie y tampoco podían permitirse que los bichos que quedaban pudieran escapar. El almacén de grano era indispensable para el sustento de la ciudadela, si aquellas bestias estaban aguardando afuera es porque dentro había algo más o alguien más perpetrando algun tipo de maldad. El oso despedazó el abdomen del perro mutado y después le arrancó una de sus cabezas lanzando los restos al suelo, antes de encaminarse a la entrada del almacén. Emitió un leve gruñido a Sloan que se estaba deshaciendo de alguna aberración más, para que le siguiera dentro.

Una vez atravesaron la puerta, sus ojos se acomodaron a la oscuridad en seguida, para eso eran cambiantes; en uno de los almacenes las vigas de madera sostenían poleas y sacos sobre las montañas de trigo y cebada, se balanceaban en la oscuridad suspendidos de sus cuerdas emitiendo leves crujidos. Entonces les saltaron encima, no lo esperaba pero aquellas mezclas de araña con escorpión, tenían bolsas de veneno al final de la cola y claramente iban a envenenar las reservas de grano de la ciudad.

McQuinn agarró una con la zarpa antes de que ésta le clavara el aguijón y le arrancó la cabeza de un mordisco, aplastó otra con su enorme pie descargando su voluinoso peso sobre ella antes de que alcanzara con su veneno verde la montaña de grano.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Lun Dic 11, 2017 1:35 am

Mi padre era voraz como guerrero, pero como oso era titanico, bajo sus enormes patas y sus grandes fauces los lobos de dos cabezas caían ante su poder. A mi tampoco se me daba mal, aunque la técnica era algo distinta, donde el con un golpe derribaba a uno, yo lo hacia atrapando la yugular de las bestias con mis fauces mientras con mis poderosas zarpas desgarraba su carne hasta que la pieza acababa exhausta y malherida, en ese instante le daba el golpe de gracia.

Juntos nos adentramos en el almacén, por suerte ambos gozábamos de infravision por nuestra condición de cambiantes, lo que nos llevó a ver otras aberraciones de la naturaleza que debían su existencia a Randulf.
Una especie de araña y escorpión con el culo lleno de veneno, sin duda de no haber irrumpido allí hubieran infectado todo el trigo y las consecuencias para los norteños y para nosotros mismos hubieran sido temibles.

Al vernos se dejaron caer de las poleas, del techo apresurados unas en darnos muerte y otras en acabar su cometido, echar a perder la cosecha con la que pasarían el invierno.
Mi padre estampó varias dejando caer sobre ellas su enorme pata.
Yo las lanzaba contra la paredes aturdiendolas para después sacarles la cabeza del sitio con la garra.
Eran demasiadas, aun así mi padre y yo hacíamos un buen tandem, no se el tiempo que nos llevó acabar con la ultima, pero ambos jadeábamos al buscarnos con la mirada para saber que el otro estaba bien.

Sacudí mi melena negra mientras rugía como el rey de la selva que era orgulloso de mi proeza, mostrar a mi padre mi poder era algo que todo hijo debía hacer.
Recuperamos nuestra forma ambos en bolas.
-Estamos ahora para irnos a beber a la taberna -bromeé – tenemos que asegurarnos de que le grano no ha sido envenenado.
No huele a ponzoña -aseguré arrugando la nariz -avisemos a los soldados para que saquen los cada veres antes de que se pudran -dije con asco mientras me acercaba hacia la puerta del almacén. Intuía que acabado el trabajo mi padre no queria nada mas de mi.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Jue Dic 14, 2017 11:52 pm

Los escorpiones-araña cayeron muertos or la acción de las garras afiladas del oso y el león, juntos habían hecho un tandem mortal del que no había escapatoria alguna. Cuando ya no detectaron más amenazas vivas, cambiaron de forma, cubiertos de sangre negra de los bichos, roja de los perros de dos cabezas y grano pegado a la piel y pelo, estaban para pintarles un cuadro.

Sonrió de medio lado y tras darle órdenes a Angus para que fuera en busca de personal que limpiera aquel desacato se dirigió a Sloan.

Si vas con esas pintas al burdel te echarán al barro de los cerdos. ¿Qué tal un baño? hay una casa de baños que abre muy pronto, eso sí lo tienen los norteños, el invento este de la sauna es la leche, deberías probarlo, vamos.

A McQuinn ya lo conocían en la sauna, se había aficionado a ir relativamente limpio desde entonces. Era muy relajante sentarse en esa cabina de madera y que el vapor subiese hasta arriba. Se calzó el kilt igual que Sloan y ambos aparecieron por los baños con pinta de haber salido del culo de un troll.

La dueña de la sauna les llenó dos barreños grandes de agua caliente para que se quitaran primero la mierda más grande y después se sumergieron en las aguas gélidas para quitarse el jabón. Les aguardaba la cabina de vapor y allí el oso casi se queda dormido.

Has peleado bien, chaval. Espero que no te haya molestado que fuera a buscarte así, era una emergencia y para estas cosas los cambiantes rendimos como cuatro hombres. Tomate la mañana de descanso, yo también lo haré. Pensaba ir a la herrería a encargar otra Claymore, tienes que practicar con ella y la mía no se toca. Se llama Barn, que significa Sentencia en gaélico. Los nombres son importantes. Me gustaría decirte que me la legó mi viejo, pero qué va, yo soy el pequeño de cinco hermanos. Esa belleza la compré con el sudor de mi frente y me ha acompañado durante todos estos años y necesita un buen afilado. Acompáñame y que te la hagan a la medida de tu brazo.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Vie Dic 15, 2017 12:57 am

Mi padre insistió en ir a dejarnos juntos un baño, después a la sauna, la verdad es que íbamos llenos de mierda, así que no nos vendría mal ir a donde este decía.
La mañana la tendría libre para poder dormir, así que la idea de conocer un poco mas a ese hombre me tentó lo suficiente como para no despedirme sin mas y acompañarlo.

La mujer nos indicó los pasos a seguir, estaba tan cansado que hubo un momento que me quedé traspuesto cuando el agua caliente destensó mis músculos.
Una vez en la sauna, mi padre empezó a darme conversación que me despejo un poco.
-Yo nací en un burdel, que pertenezco a la clase mas baja es algo que tu bien sabes, no dispongo del atuendo de una de las grandes casas, soy un bastardo, así que...eso es todo, como ves mi historia es breve. Supongo que es el acero el que ha guiado mi camino desde que tuve edad de blandirlo.

Me relamí los labios húmedos por los vapores mientras desviaba la mirada hacia otro lado que no fueran los intensos ojos del oso mirándome.
No le había mentido, en esencia esa era mi vida, con la diferencia de que madre antes de morir me confesó el nombre y apellido de mi padre, eso me llevó hasta aquí.
-No soy diferente a millones de niños escoceses que como yo vienen de los suburbios de nuestra patria, así que no necesito piedad, solo entrenar y convertirme en el hombre del que mi madre se hubiera sentido orgullosa de conocer...sin mas -alcé la mirada dispuesto a cambiar de tema.

Mi padre aseguraba que la Claymor no la había heredado de su padre pues era el menos de cinco hermanos.
-Mi espada fue un regalo de un hombre que frecuentaba el burdel, yo era un joven inquieto que se metía en mas líos de los que podía asumir, este hombre supongo que se acabó apiadando de mi y decidió enseñarme un poco el manejo de la espada.
Me trajo un día la que empuño, nunca he tenido dinero suficiente para comprarme otra, la verdad.

Medité su oferta.
-Prefiero ganarme las cosas por mi mismo, no quiero que pagues mi espada, tengo una y voy a seguir empuñándola hasta que por mis propios medios pueda pagar una claymor.



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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Dom Dic 24, 2017 9:50 am

Había dicho que nació en un burdel así que era hijo de alguna prostituta. Para muchos, ese hecho lo haría un bastardo sin padre, un indigno o algo similar. Pero no para Stanley McQuinn. Le colocó la mano sobre el hombro y lo miró muy serio.

— Muchacho, jamás te avergüences de tu origen, jamás reniegues de tu madre. Todas las mujeres son dignas de respeto, ellas paren guerreros o reyes, sólo depende de la suerte que les toque al nacer, así que nunca olvides que lo que somos en parte es debido a de donde venimos.

Cuando escuchó que Sloan quería ganrse su arma con sus propios medio sonrió de medio lado.

Eres un digno hijo de Escocia, un león en toda regla. Pero cuando toque pelear de verdad llevaré otra espada de repuesto, el templado de la tuya no resistirá las hachas y escudos de los soldados de Randulf. No es compasión, es que no quiero que esos cabrones te dejen manco por una cuestión de orgullo, peleas muy bien y no puedo perder guerreros tan buenos. A todo esto...¿cómo está tu amiga la que dejaste en la posada?.— le hizo un par de levantamientos de cejas, insinuándole que esa "amiga" fuera algo más que eso.— la verdad es que las mujeres de aquí son un poco feas...algunas tienen tanta barba como sus hombres y tienen tanta mala leche como las nuestras.— soltó una carcajada y sonrió de medio lado.



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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Dom Dic 24, 2017 10:07 pm

Escuché esas palabras que en parte me rechinaron, no vi que se quedara con mi madre, una fulana, siguió su camino y nunca preguntó que había sido de su vida pese a que durante un tiempo mantuvieron una “relación”.
No quería reprochar nada, peor no era yo el que se avergonzaba de lo que era.
-No me avergüenzo de mi madre, fue fuerte, me sacó adelante, no corrían tiempos fáciles para ella y lucho, lo hizo contra viento y marea.
Mi madre era una gran mujer, mi madre nunca fue egoísta, todo lo que tuvo me lo dio y me inculcó el orgullo de ser quien soy.

Negué cuando dijo que llevaría una espada de repuesto.
-Puede que quiebren mi acero, peor no doblegaran mi alma, luchare si la espada se rompe con las garras. No puedo aceptar un regalo de tanto valor de ti -dije en parte dejando claro que algo de rencor le guardaba. No quería que ese hombre que no me había educado, ni ayudado nunca lo hiciera a estas alturas. Yo solo quería conocerlo...con eso era suficiente, no quería pedirle nada, ni tomar nada que laguna día pudiera echarme en cara.
-He mejorado mucho bajo tu pupilaje, te agradezco el tiempo que me estas dedicando.

Mi madre siempre decía que era de bien nacido ser agradecido, así que era lo menos después de rechazar su espada que podía hacer.
Ladeé la sonrisa con picarda.
-Confieso que es una pelirroja de ojos verdes que no me importaría calentará mi lecho en algún momento ,pero no hay nada entre ambos.

Pasaron las semanas, el entrenamiento fue duro, yo ahorraba todo cuanto podía para comprar una espada en condiciones, sabia que mi padre tenia razón, con esa no llegaría lejos, pero mi orgullo me impedía aceptar otra.
Y así llegó el día de mi primera gran misión, una mezcla de emoción y cierto..temor me invadía, claro que el orgulloso león no dio muestra de ello, simplemente me presenté armado ante mi padre dispuesto a seguir la senda del guerrero.




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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Mar Ene 02, 2018 9:23 am

Lo llevaba pensando unos días y se había dado cuenta de que Sloan le recordaba a alguien y no sabía a quién. Quizás fuera un gesto, la forma de su risa, sus estornudos o la forma en la que inclinaba el cuerpo al sentarse... a saber. Pero le resultaba familiar y no sabría decir de qué.

Como no solía detenerse demasiado en los rompecabezas sin sentido, decidió olvidar el tema y conforme pasaban los días, se entrenó con el cambiante para asegurarsed de que estaría listo para aquella misión de reconocimiento y defensa de las aldeas del oeste. Randulf asediaba Akershus a todas horas, cuando no estaba planificando ataques a gran escala, mandaba pequeños contingentes de mercenarios o salvajes para que menguaran las aldeas. Su papel en todo aquello era comandar una tropa de unos ciento cincuenta hombres hasta el oeste y monatr la guarnición, tratar de contener a los saqueadores, a los atacantes y montar unas defensas estables en aquellos territorios. Eso les llevaría alrededor de un mes como poco, viajaban con carretas de suministros, montarían campamento y se pondrían manos a la obra.

Llegaron al lugar tras varias jornadas de viaje, se movían lentos porque eran muchos y con carros. La primera tarea fue cavar letrinas y establecer una pequeña zanja con picas de madera dentro, si les atacaba la caballeria o las bestias de Randulf, más de una caería ensartada como un pincho moruno. Un buen campamento bien organizado te quitaba de muchos quebraderos de cabeza. A nadie le gustaba cavar, pero él mismo se puso manos a la obra y en cinco o seis horas habían hecho el trabajo más duro y pudieron por fin descansar. Esa noche junto al fuego se reparttieron las tareas para el día siguiente. Unos irían de partida de caza para capturar presas, porque no querían tener que pedir comida a aquellas pobres gentes. Otros recolectarían la leña y se harían cargo de campamento y su protección, y el tercer grupo irían visitando la región recopilando los datos sobre los movimeintos de los grupos de mercenarios que mandaba Randulf.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Mar Ene 02, 2018 10:12 pm

Llegamos a la aldea, Stan se dedicó a fortificar aquel lugar, desde luego no podía decir que mi padre no pusiera empeño en todo lo que hacia.
El mismo empezó a cavar la zanja para montar las empalizadas.
Al final nos dividimos en tres grupos, yo iría junto a unos cuantos mas a sacar toda la información posible sobre los hombres de Randulf, mercenarios incluidos.

Padre me advirtió que me mantuviera alerta, estábamos en territorio enemigo y podríamos llevarnos mas de una sorpresa.
Asentí con una ladeada sonrisa asegurandole que antes del anochecer regresaríamos y tras unas cuantas bromas mas los tres hombres partimos al galope hacia la parte mas profunda del bosque.

Habíamos pasado horas recorriendo las aldeas trazando en nuestra cabeza una idea precisa de los movimientos de los mercenarios, de sus bases, de todo aquello que pudiera ayudarnos a reducir al enemigo y cuidar de las aldeas colindantes.
Empezaba a caer la noche, era hora de regresar con la oscuridad los trasgos, orcos y huargos correrían por el bosque como demonio en la noche.

Íbamos de camino al campamento cuando nos emboscaron, mis instintos felinos fueron lo único que me separó de la misma suerte que corrieron los dos humanos vikingos que fueron esputados bajo las fauces de dos huargos que ocultos en el camino saltaron hasta ellos.
Ahí emprendí veloz camino, al galope hacia donde padre me esperaba, peor no dudaron en seguirme, asediarme, eran muchos, eran rápidos y una lluvia de flechas calló en las inmediaciones.

Eso no detuvo mi avancé, si lo hizo el horco que alabarda en mano apareció en medio del camino golpeándome como si fuera un bate hasta derribarme, mi carne se desquebrajo bajo el filo, jadeé por el puto dolor, mi mano se manchó de carmesí, mas poco tiempo tuve para gruñir pues alabarda en mano volvió a intentar morder mi carne, volteé por el suelo para evitar mi trágico final, el dolor me atenazaba y aun así saque la bastarda que como predijo padre se partió al ser interpuesta para evitar le tercer golpe.

Mi vista se nublaba solo escuchaba los jaleos del resto que me querían muerto mientras el orco disfrutaba del momento.
Gruñí, no moriría sin presentar combate, pero cambiar de forma con aquella herida era casi imposible, apenas lograba mantenerme en pie.
Fue entonces cuando escuché los cascos de lo caballos acercarse, era mi padre con una pequeña horda que al ver que no llegábamos a la hora prevista habían salido en nuestra búsqueda.
Escuché los cuernos enemigos tocar retirada cuando vieron que los superaban en numero.

Cuando abrí los ojos padre me sujetaba, apretaba la herida con fuerza para que no me desangrara.
-En el petate hay aguja e hilo -aseguré señalando la bolsa que había en el lateral.
Stan no dudó en buscarlo mientras dos de sus hombres prendían raudos un fuego y el resto hacían guardia, salvar mi vida era un contrarreloj pues perdía mucha sangre y no llegaría vivo al campamento sin una buena sutura.
Fue entonces cuando vi la cara de desconcierto de padre, mis ojos se centraron en los ajenos y bajaron hasta el medallon que enredaba en sus dedos.

Podía ver aquel interrogante ¿de donde lo has robado?
-Es tuyo -dije con un quejido en la voz pero manteniendo el orgullo intacto -ata cabos, no es muy difícil..soy tu hijo.







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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Jue Ene 11, 2018 10:36 pm

La partida de reconocimiento era una misión algo peligrosa pues se adentrarían en territorio enemigo, pero confiaba que el joven Sloan sacara ventaja de su sigilo por ser cambiante felino. El bosque estaba lleno de criaturas y fauna maligna de la que Randulf solía frecuentar, por si no fueran suficiente los saqueadores y los mercenarios. Pero bueno, alguien tenía que hacer ese trabajo y él no podía estar en tres lugares a la vez. Con el paso de las horas comenzó a inquietarse, él era un oso, paciente, calmado cuando lo requería la situación, pero explosivo cuando lo molestaban; su instinto le gritaba que algo no andaba bien y decidió salir a buscar a los exploradores, pero con un pequeño contingente, porque si habían podido con esos tres es que no eran pocos o no eran débiles.

No se equivocaba cuando le hizo caso a su sexto sentido, Sloan estaba en aprietos, podía sentir esas vibraciones en el aire que llevaban el peligro y el dolor a cuestas, además de que el olor de la sangre era captado rápidamente por sus desarrollado sentidos de oso. Cabalgó a un ritmo endiablado hasta llegar donde la masacre comenzaba a tomar forma, pero ellos eran soldados entrenados y pronto los superarían en destreza y número. Barn, la Claymore de McQuinn cuyo nombre significaba Sentencia, sajó cabezas de dos en dos, ensartó cuerpos como si fueran de mantequilla y pronto la nieve se tiñó de sangre oscura y fétida. ¡Como odiaba a Randulf y a sus feos engendros!

Sonaron los cuernos enemigos tocando a retirada y los norteños montaron un campamento improvisado para atender a los más graves que no soportarían una cabalgada hacia el campamento base. Rasgó las ropas de Sloan y observó como sangraban las heridas con profusion; taponó una con un jirón de tela y cuando fue a hacer lo mismo con la siguiente sus ojos se quedaron atrapados en el medallón que colgaba de su cuello. Lo sostuvo entre los dedos, porque aquello le traía viejos fantasmas a la memoria... no podía ser. ¿De dónde lo había sacado? Era un medallón que mandó hacer para el pequeño Stan, era un oso celta grabado en plata, pero nunca se lo pudo regalar porque Amarie se marchó antes de que lo tuviera acabado. Lo guardó todos esos años como recuerdo de lo que fue, pero con la muerte de su mujer y su hijo en un naufragio y los siguientes años de dolor, decidiño regalárselo a la unica persona que le ofreció un poco de consuelo a su tormento: la madre de Sloan. No había otro medallón igual y ahora lo tenía el joven cambiante.

Spoiler:

Por un instante las dudas lo hicieron tambalear porque aquello acababa de dejarlo en shock, pero reaccionó cuando su oso interior le rugió y con su vozarrón pidió agua y vendas. Suturó las heridas con esmero rezongando por lo bajo mientras Sloan se debatía entre la vida y la muerte.

— vamos muchacho...pelea un poco, ahora no puedes largarte.—
vendó sus cortes y esperaron a que dejaran de sangrar. Todavía no se lo podía creer, pero las horas fueron transcurriendo y ese medallón lo hizo rememorar las noches del burdel, esas en las que más que un polvo buscaba dormirse en los brazos de ella, olvidar su dolor por unas horas. Siempre la trató bien y le dio mucho más dinero del que pedía, pero un día se largó de Escocia y dejó atrás todo, también a Sloan, porque no sabía que existía. Pero ahora sí, y lo tenía allí. Siempre había querido tener hijos, le gustaban las familias enormes y ruidosas como la suya, pero él no había tenido suerte. El muchacho era muy válido, era fiero, se esforszaba por aprender y tenía honor. De pronto se sentía muy orgulloso de él, pero era desconcertante.

La noche estaba por caer y allí no podían quedarse, así que montó al cambiante en una especie de camilla hecha con ramas y la ataron al caballo, partieron a pie, caminando horas bosque a través hasta llegar al camaneto base y allí lo instalaron en una tienda caledeada con braseros, curaron sus heridas con hierbas y ungüentos y lo dejaron descansar.

McQuinn se quedó a su lado casi todo el tiempo, sólo salía para dar órdenes o ir a buscar alguna cosa necesaria.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Jue Ene 11, 2018 11:38 pm

En un estado de semi inconsciencia y con el dolor atenazando mi cuerpo sentí que me movían, apreté los dientes cada bache del camino, escuchaba de fondo a mi padre vocifear, dar ordenes a diestro y siniestro.
Sus palabras retumbaban en mi cabeza

No se las horas que pasaron, o si fueron días pero con las primeras luces del alba abrí los ojos en una especie de enfermería improvisada donde no era yo el único herido.
Mi padre estaba sentado a mi lado en una silla, con claros signos de no haber pasado su mejor noche y francamente no sabia que decirle ahora que él sabia quien era yo.
-No he venido a pedir nada -fue lo primero que le dije con la voz entrecortada por el dolor mientras trataba de incorporarme para sentarme en la camilla -solo quiera conocer mis raíces -apunté como si necesitara justificarme.

Esperaba que eso lo creyera, era cierto, había mentido, peor también el abandonó a mi madre en el burdel ¿que esperaba? ¿que me plantara allí diciéndole, hola soy tu hijo?
Para mi las cosas no funcionaban así, me ofreció una espada y la rechacé, yo estaba acostumbrado a forjar mi propio destino y a ganarme aquello que ostentaba.
Que su sangre corriera por mis venas no me convertía en su hijo y que hubiera pasado la noche velandome, no lo convertía en mi padre.

No sabia que decir, así que guardé silencio deslizando mis dedos por el medallon, recordando el momento en el que mi madre me lo dio.
El pudo hacer mas por mi madre, pero la dejó allí, en un lugar de mala muerto donde sola tuvo que sacarme adelante.
Ella siempre me habló bien de él, en el fondo creo que siempre estuvo enamorada de un hombre que como pago le dejo ese medallon que ahora prendía de mi cuello.
-Soy hijo de una fulana -dije alzado la mirada ocn orgullo. Tiré del medallon arrancándolo de mi cuello para lanzarselo al regazo de mi padre.
-Se lo diste a ella, pero ella ya no está en este mundo, el medallon es tuyo.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Dom Feb 04, 2018 10:17 pm

Lo miró con esos ojos castaños y serenos del oso que ya había vivido 60 años. Escuchó las palabras de Sloan y cuando le dio el medallón lo sostuvo entre sus dedos repasando con el pulgar sus relieves, recordando un montón de cosas.

— Lamento que así sea. La vida no trató bien a tu madre, supongo que a ninguno de nosotros. Ella fue un rayo de luz cuando navegaba entre tinieblas y sé que pensarás que debería haber hecho más por ella, que debería haberla llevado conmigo, pero la vida es complicada Sloan. No he vuelto a compartir mi vida con nadie desde que perdí a mi esposa y a mi hijo. Ese dolor es más viejo que tú y sin embargo sigue doliendo. Si algún día eres padre o encuentras a la mujer con la que quieras pasar el resto de tus días, sólo deseo que la conserves y que la vida no te los arrebate.— detuvo el movimiento de los dedos y le tendió el medallón a Sloan.— esto lo encargué para hijo Stan, pero nunca lo llegó a ver, su madre se lo llevó lejos de mi y murieron ambos en un naufragio. Sería un honor para mi que tú lo llevases. No esperaba nada de todo esto, pero eres mi hijo y así te voy a considerar de ahora en adelante. Sé que no has venido a pedir nada, te has ganado el respeto de todos por tus propios medios, pero déjame que te de aqullo aquello a lo que tienes derecho, si es que así lo quieres. Eres un McQuinn, y todos los McQuinn llevamos los signos de nuestro clan. Píensalo, no hay prisa. Y siento no haber estado ahí, no sabía que existías, pero si no es demasiado tarde, me gustaría remediarlo a partir de ahora.

Le palmeó suavemente el hombro, porque estaba muy magullado y salió al exterior de la tienda, necesitaba un poco de aire y de paso le dejaba a Sloan que se pensara lo que le había dicho. Era un McQuinn y como tal tenía derecho al apellido, al tartan rojo y negro y al badge que lo sujetaba. Eran las distinciones que se hacían entre los clanes, y quizás no fuera suficiente para que eso forjara una relación paterno-filial, pero era un comienzo. Él jamás se avergonzaría de sus vástagos, vinieran de donde vinieran, y el reconocimiento para él era importante por las tradiciones de los clanes.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Dom Feb 04, 2018 10:42 pm

Escuché las palabras de padre hasta que dejaron de retumbar en mi cabeza, podían tener un sentido, un significado o por contra solo ser la escusa que escudara sus actos.
Pudo y debió hacer mas por mi madre, pero la decisión estuvo tomada el día que partió y esta prefirió no atarlo a ella porque en sus entrañas engendrara un hijo nunca deseado.

Repasé con mis dedos el relieve que bien conocía de ese medallon, lo había hecho tantas veces soñando en como era mi padre y ahora lo tenia frente a mi, ofreciéndomelo todo por el simple hecho de que por mis venas corriera su misma sangre.
Me ofreció tiempo, el necesario para pensar, tomar una decisión quizás cuando el dolor de mis heridas no atenazara mis propios pensamientos.

Se marchó fuera, el necesitaba tomar aire y yo el espacio para poder cerrar los ojos aun con el medallon aferrado en un puño.
La decisión era complicada, no porque no deseara llevar sus colores, si no porque ¿quería aceptar un favor?
Cuando regresó me encontró sentado al borde de la cama, pude leer en su serena mirada cierta preocupación.
-No -tajante, así salieron mis palabras -la respuesta es no. Si ayer que no me sentías tu hijo no merecía ni una sola de tus insignias no la merezco hoy.
La sangre no siempre hace al hombre, soy mas bastardo que Mc Quinn, no acepte tu espada y ya sabía que era tu hijo, no aceptaré nada que no me haya ganado como he hecho desde que mi madre me trajo al mundo. Llámame insensato o orgulloso o sendas cosas y quizás no te equivoques en ninguna, pero no me gusta aceptar algo de un desconocido y hoy sigues siendo eso para mi. Vine para conocerte, es cierto, quería saber como era el hombre que me engendró, cuan fuertes eran mis raíces, pero, nunca vine para convertirme en tu hijo, eso requiere tiempo y no se si lo tienes o lo tengo.
Trátame como lo que soy, un soldado sin colores, ni bandera y veamos a donde nos lleva la senda de los años.

Me puse en pie apretando los dientes, mis heridas irían cerrando, pero habían mas heridos y de donde yo venia uno se preocupaba por los suyos.
-¿donde están los caídos? Lucharon con valor y merecen un adiós.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Dom Feb 04, 2018 11:05 pm

No podía decir que le extrañó la contestación del joven Sloan, si había sido un bastardo toda la vida, no bastaban cuatro días para cambiar eso.

— Como quieras. Pero tengas el tiempo o no, eres un McQuinn y eso cambia muchas cosas. Yo soy un bastardo como tú, pero tus abuelos me acogieron de muy niño y siento los colores desde siempre. Entiendo que para ti es diferente, pero lo quieras o no, ahora ya no eres Sloan el bastardo por mucho que te empeñes. Entiendo que no me consideres tu padre, que eso debe forjarse con el tiempo, pero ahora ya no estás solo, así que ve acostumbrándote.

Cuando lo vio levantarse frunció el ceño y levantó la mano impidiéndole avanzar, él estaba aún muy tocado para abandonar la tienda.

Tienes un carácter fuerte y obstinado, no me cabe duda de que eso lo has heredado de mi. Pero si no quieres ser mi hijo por el momento, entonces esto será a tu manera. Como tu superior te ordeno que te quedes aquí, a ver si te crees que esta es la primera guerra en la que lucho, pazguato. Desde luego que los caídos tendrán su homenaje, pero tú te quedarás aquí que es donde debes estar, soldado.— Se dio la vuelta negando con la cabeza y esbozando una sonrisa murmuró entre dientes.— me cagüen mi puta calavera...encuentro un hijo perdido y lo primero que hace es desafiarme...McQuinn te vas a cubrir de gloria, desde luego tienes lo que te mereces..— solía hablar consigo mismo de esa forma mentalmente pero esta vez lo dijo en alto.


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

Mensaje por Sloan el Dom Feb 04, 2018 11:27 pm

Enarqué una ceja al escucharlo hablar solo, no pude evitar ladear la sonrisa ahora que no me veía, había jugado bien sus cartas, como superior no podía negarme a obedecer su orden, como padre no tenia ningún tipo de poder sobre mi persona.
Sus palabras podían tener un significado, pero de momento yo no sentía esos colores de los que hablaba y no los vestiría hasta habérmelos ganado por mis propios medios.
A la orden -me limité a decir dejándome caer sobre la mullida cama.

Cerré los ojos, estaba cansado, así que no tardé en sumirme en un profundo sueño que mi cuerpo necesitaba mas que nada. No se las horas que pasaron hasta que volví a abrirlos, pero era ya de noche, estaba solo, no había nadie en la tienda aunque las vendas me las habían cambiado y un paño húmedo reposaba sobre mi frente perlada en sudor.
Este cayó sobre las sabanas cuando me incorporé de nuevo con esa terquedad que me caracterizaba y paso a paso salí hacia el exterior.
En piras daban sepultura a los caídos, desde la puerta de mi tienda observé como el fuego se fundía dotando de haces naranjas la noche cerrada y como los cánticos de honor anegaban aquel lugar.

Mi padre presidia la ceremonia, guardé silencio, era el mínimo respeto que merecían los muertos.
Muchos de ellos jóvenes que no merecían este final.
-Si he aprendido algo de los colores, de las casas y de los apellidos es que son motivo de orgullo, mas también la razón de muchos derramamientos de sangre, quizás nos iría mejor a todos si fuéramos bastardos y con eso nos conformáramos ¿no crees? -pregunté cuando mi “padre se acercó a mi.
Había crecido escuchando en el burdel los enfrentamientos entre las grandes casas escocesas, viendo como distintos clanes se quitaban la vida saltando por la minucia mas absoluta pus el odio ya anidaba desde antaño, por guerras pasadas que ni siquiera les pertenecían, un ejemplo lo teníamos entre la misma mujer que salve de camino a Akershus ¿hubiera actuado diferente si los colores de mi casa fueran los de mi padre?


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Re: El hijo del oso y la fulana (privado)

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