Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Jue Nov 23, 2017 4:59 pm

Bosque. Frondoso, húmedo y fresco bosque. Tan distinto a su tierra árida natal donde el sol castigaba con fuerza. Y, sin embargo, en esos momentos estaba lleno de dicha fuera lo que fuera que estuvieran haciendo allí. La naturaleza en todo su esplendor fue recibida por el indio con energías renovadas, ansiando poder salir corriendo y perderse en la espesura, pero bien consciente de que Ysgramir iba pegado a él y no le concedería tan fácilmente ese deseo. No había entendido palabra de lo que el demonio le había explicado acerca de aquella excursión, pero poco importaba con tal de salir de ese castillo en el que estaba encerrado. Todo a su alrededor latía con fuerza, podía notar en su interior al cuervo revoloteando de emoción, surcando libre el aire que le rodeaba. Aquella salida era un pedazo de paz que no se había esperado, y tampoco pensaba arriesgar aprovechando para escapar. Tal vez, si se quedaba tranquilo acompañando al demonio, volverían a salir más a menudo. Aunque ese pensamiento le hiciera sentir cual perro domesticado, no tenía otra opción.

Cuando llegaron al límite fronterizo del territorio Paine se puso serio de inmediato al ver los esqueletos que rezaban atados a los árboles. Era extraño. La crueldad que les recibía no tenía nada que ver con el espíritu que percibía en aquel lugar. Podía sentir paz, amor, unión... y en cambio la entrada era una clara amenaza. Miró de reojo al vampiro, preocupado por dónde le estaría llevando. Sin embargo el recelo desapareció en cuanto llegaron a la cabaña de madera. Allí el amor que se destilaba era mucho más intenso y Napa se relajó.

Observó a la mujer que les recibía. Toda ella desprendía serenidad y eso le gustó, nada malo le esperaba con ella ahí. Se mantuvo al margen mientras el amo y ella conversaban, y se dio el gusto de dar unos pasos alrededor para hacerse con el lugar. Notó la incisiva mirada de alguien no muy lejos, alguien cuyo espíritu se parecía al de aquel lobo que rondaba el castillo. Podía percibir un instinto de protección muy fuerte saliendo de él, por lo que regresó junto al cainita a la espera de saber qué estaban haciendo allí.

-Jau - se presentó, alzando la mano. - Napayshni Yuvaraj - pronunció su nombre tan rápido como siempre, a la espera de como siempre notar que a los rostros pálidos no se les daba bien decirlo completo.
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Re: Con paciencia y saliva... | privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Dom Dic 10, 2017 3:03 pm

La llegada del vampiro y el indio era esperada, por ello nadie les cortó el paso hacia la cabaña. Aunque varios pares de ojos les seguían todo el camino. Se les permitía el paso hasta la casa del alfa por expreso deseo de Aletheia y con el consentimiento de Leif, pero una señal por su parte y la manada caería todos a una sobre los intrusos.

Aletheia le había pedido a Leif que le dejara un poco de espacio en la casa y que se llevara con él a Viktor. La excusa era que prefería no tenerlo allí, por si se ponía a llorar. Pero la realidad era que prefería que el niño estuviera con un padre, bien protegido, por lo que pudiera pasar en esos primeros encuentros.

Cuando fueran avanzando y tuviera más confianzada con el indio, no tendría ningún problema en dejarle interactuar con el pequeño si se daba el caso. Pero sin tener una comunicación fluida y sin conocer las costumbres que pudiera tener el indígena, prefería pecar de precavida.

Se llevó la mano al pecho para indicar que se refería a sí misma.
-Aletheia.

Con una sonrisa amable, le invitó a seguirla al interior de la casa, a la cocina. Sobre la mesa, había dispuesto varios platos con comida. Si iba a tener que enseñarle todo un idioma, lo primero que necesitaba aprender era a satisfacer sus necesidades básicas.

Se sentó en una de las sillas y le ofreció asiento al otro lado de la mesa. No había cubiertos o platos dispuestos, únicamente los que contenían la comida. No iba a dejarle, de momento, cuchillos al alcance. Eso lo dejaría para lecciones posteriores.

Con una mano, trazó un círculo para indicar que se refería a todos los alimentos.
-Comida. ¿Tienes hambre? -Tomó una manzana de un plato y se la ofreció-. Co-mi-da -silabeó, para que entendiera bien la palabra.

Tras esa primera palabra, vino tratar de enseñarle algo más concreto: pan, carne, agua, leche, fruta.
Seis palabras para un primer día estaban bien. Cuando volviera al día siguiente podría enseñarle más.






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Re: Con paciencia y saliva... | privado

Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Mar Dic 19, 2017 1:02 pm

Aleseia. Así pronunció por primera vez su nombre tras presentarse como Napayshni. En su tribu era una total falta de respeto no pronunciar correctamente el nombre de otra persona, por lo que se mostró avergonzado hasta que finalmente supo decirlo correctamente algunos días después. La decisión de Ysgramir de presentarle a la bruja y preocuparse de que aprendiera el idioma, pudiendo así en un futuro comunicarse debidamente, era algo que le chocó sobremanera, sobretodo con el recuerdo de sus fuertes manos aún marcado en su piel por lo sucedido la primera noche en su castillo. Era consciente que seguía siendo un esclavo, pero la experiencia con sus dos anteriores amos hacía que el vampiro resultara ser todo un misterio para él. Le tenía encerrado, robándole la libertad, no obstante le trataba mejor que cualquiera de ellos antes.

Y vaya que estaba aprendiendo. Napa no era en absoluto el tonto que podía parecer a simple vista debido a la enorme diferencia de culturas. Absorbía cual esponja todo cuanto la bruja le enseñaba, esforzándose en escucharla atentamente en cada encuentro para familiarizarse, no solo con el vocabulario, sino en la pronunciación. Era una gran mujer, sin duda, y la ternura que desprendía le recordaba siempre a su hermana, a quien más echaba de menos de la familia.

Llegó un punto en el que Ysgramir ya no se quedaba esperándole, otras noches incluso hacía que fuera alguien del servicio quien le acompañara al bosque. Era un hombre ocupado, de eso no cabía duda, y el indio lo prefería así. Ya era suficiente presión la presencia de los lobos alrededor, pendientes de él y de lo que hacían. Podía notar que cualquier movimiento en falso provocaría que todos cayeran sobre él. No le asustaba, pues no tenía ninguna intención de herir a nadie, pero sin duda resultaba un poco incómodo. Además, había llegado a la conclusión que no abriría boca frente al vampiro hasta no dominar mejor el idioma. Ya habían sufrido suficientes malentendidos entre ambos, siempre llegando a las manos, de modo que pensaba esperar a saber defenderse debidamente antes de volver a entablar palabra con él.

Aquella tarde noche, varias semanas después de haberse conocido e iniciado las clases, Napa había llevado consigo un regalo para la mujer. Quería demostrarle cuán agradecido estaba con ella. No solo por enseñarle, sino por tratarle tan bien. Como un humano. Algo que no le sucedía a menudo desde que pisó el nuevo mundo. Su tono de piel parecía dar permiso a cualquiera de tratarle con inferioridad, pero ella no era así. En cuanto su acompañante le dejó en el territorio, acudió a la puerta llamando con los nudillos como se le había enseñado.

-Buenas noches, Aletheia - saludó con una sonrisa, extendiendo las manos para entregarle el presente. Se trataba de una figura de madera que había tallado él mismo. Dos lobos, cuyos cuellos enroscados demostraban el amor que se tenían, y uno más pequeño a sus pies, el cachorro. - Napayshni quiere dar gracias Aletheia. Ser buena y enseñar bien. Napayshni hacer esto. Espero gustar.
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Re: Con paciencia y saliva... | privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Jue Ene 04, 2018 3:00 pm

La hechicera no esperaba ningún presente, así que fue a saludar a su alumno exactamente igual que el resto de días. El detalle la hizo sonreír con ternura. Tomó la talla de manos del indio y la observó con detalle.
-Es preciosa, Napayshni. Me gusta mucho. Muchas gracias. Ven, vamos a buscarle un lugar apropiado.


Y el lugar apropiado era justo encima de la chimenea, donde todo el mundo pudiera verlo. Intuía que Leif iba a protestar, pero le daba lo mismo. Aquella era su casa tanto como la del lobo y ese presente era una muestra de gratitud y se merecía estar allí. Amén de que representaba justo lo que ellos eran: una manada, una familia.

Después de eso, como era costumbre al iniciar sus lecciones, llevaba a Napa a la cocina, donde ya tenía la mesa dispuesta para él. La excusa de enseñarle a comportarse en la mesa, le servía también para asegurarse al menos de que comía con propiedad una vez al día. No iba a cuestionar abiertamente a su amo, pero en su casa iba a hacer las cosas a su manera.
-Siéntate. Veamos si recuerdas los nombres de las cosas que necesitamos a la mesa -empezó, tomando asiento en el lado contiguo de la mesa. Cogió los cubiertos y se los fue pasando, esperando a que recordara el nombre. Tenedor, cuchara, cuchillo. Luego vinieron el vaso y la servilleta-. Muy bien -alabó-. Estás aprendiendo muy rápido. ¿Recuerdas cómo se usaban el cuchillo y el tenedor? -cuestionó dejando ante él un plato con un filete de tamaño mediano.

Si iba a enseñarle el idioma y los modales, se encargaría de que éstos fueran los correctos. El uso de la vajilla y los cubiertos, el partir la comida en trozos adecuados a un bocado, el pan, las copas... puede que fuera un esclavo, pero ella iba a darle la formación de un caballero, pues nunca se sabía cuándo iba a serle de utilidad. Quizás algún día recuperara su libertad o su situación cambiase.

Los primero días se había sentido más insegura con él y había tomado precauciones que poco a poco había ido relajando. Ya no le importaba dejarle cuchillos o quedarse a solas con él en la estancia, aunque sabía -y seguramente él también pudiera percibirlo- que había al menos un par de ojos lobunos pendientes de ellos... Por si acaso.

Era una manada incipiente, pero leal. Y ella, aunque todavía no se hubiera habituado a ello, era la mujer del alfa. Y pensar que un año antes los licántropos eran las criaturas que plagaban sus pesadillas... El destino era caprichoso a veces, aunque se alegraba de haber superado ese temor y haber formado aquella familia. Era feliz.

-Me gustaría que me enseñaras tú también algo de tus tradiciones.






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Re: Con paciencia y saliva... | privado

Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Dom Ene 21, 2018 10:12 am

El oasis de tranquilidad que ofrecía la compañía de Aletheia hacía que esperara con ansias cada encuentro. Y no solo por la comida. La forma en la que Ysgramir le observaba, aunque no tuviera intenciones de hacerle daño, le hacía sentirse como un pedazo de carne con patas. Allí, en cambio, no había incomodidad ni tensión alguna. Podría incluso decir que se sentía un poco como en casa, aunque siguiera siendo territorio y gente extraña para él. Esperó a terminarse aquel suculento filete antes de satisfacer la curiosidad de la bruja de muy buen agrado.

-Tierra Napa no ser verde como aquí. Poca agua, pero mucha vida. Sol fuerte, hacer mucho calor y nosotros no usar ropa. Mujeres no tener... - frunció ligeramente el ceño buscando en su cabeza la palabra adecuada, pero la vergüenza no estaba aún en su diccionario - ...mujeres no sufrir enseñar cuerpo. Es ley vida, bebés vienen a mundo sin ropa - resultaba sorprendente para sí mismo cómo en cuestión de meses había logrado ser capaz de formar tantas frases juntas, apenas interrumpiéndose para tener que pensar en las palabras. Aún se trababa o debía darle vueltas para decirlo de otra forma cuando no tenía un vocabulario específico, pero se sentía orgulloso y, lo más importante, que finalmente podía comunicarse sin problemas. - Gente Yuvaraj vivir de tierra, de espíritus naturaleza. Ser muy parecido aquí - señaló por la ventana que daba al huerto de la casa. - Tener animales y cultivo. Vivir juntos, ayudar entre todos.

-Familia Yuvaraj ser de muchas familia protegida por ototeman. Familia Yuvaraj tener Cuervo. Napa ser Cuervo Rojo, ser guerrero. Hermana ser Cuervo Blanco, ella sanar. Ototeman dar habilidades. Poder contactar animales, hablar con muertos, sanar, ver mañana. No ser fácil, niños tener que aprender como Napa aprender de Aletheia.

Conforme hablaba de su tierra iban viniéndole recuerdos a la mente que hicieron aflorar el brillo salvaje en sus ojos, la nostalgia en una sonrisa. Echaba tanto de menos a su familia, su gente, sus costumbres... Pero los espíritus de sus antepasados aún no le permitían volver.

-Aletheia poder preguntar, Napa feliz compartir vida.
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Re: Con paciencia y saliva... | privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Sáb Ene 27, 2018 6:44 am

La hechicera sonrió cuando habló de la falta de pudor de las mujeres en la tierra del indio. Para alguien con la educación que ella había recibido, ése era un signo de salvajismo, de atraso, algo que se debía corregir. Pero al escuchar hablar a Napa, al ver a algunos de los miembros de la manada que estaban construyendo, al propio Leif... Cada vez le parecía un rasgo más natural. Por supuesto ella no pensaba pasearse desnuda por el bosque, pero ya no se escandalizaba si veía pasar a un lobo a medio vestir.

Por un momento dudó en preguntarle cómo había llegado allí, pero decidió no hacerlo, porque no quería quebrar la confianza que se estaba formando entre ellos obligándole a recordar algo que debía ser traumático y doloroso para él, mucho menos tratándolo como mera frivolidad.

-¿Cómo es tu familia?

Ella le contó también acerca de la suya. Le habló de sus padres y sus hermanos, que vivían lejos. Le habló de Leif y de Viktor. Aprovechó la charla para ir enseñándole cómo se llamaba cada parentesco, los más cercanos. Le enseñó a decir padre y madre, hermano y hermana, hijo, abuelo. Palabras simples y cotidianas pero que escondian grandes significados.

Le gustaba Napa. No era su primer alumno, pero sí era especial, porque se mostraba ansioso de aprender y cada palabra nueva que incluia en su vocabulario era una pequeña victoria contra esa sociedad que no le trataba como realmente se merecía.

Por un momento pensó en qué podía hacer ella para liberarle, pero era consciente de sus limitaciones, de lo que podía perder, del peligro al que expondría a su familia si ayudaba a ese hombre a escapar. No podía hacerlo, pero sí podía darle las herramientas para aprender, para desenvolverse, para avanzar. Podía poner a su alcance todos los conocimientos necesarios para, llegado el caso, que pudiera liberarse a sí mismo y enfrentarse al mundo con garantías de sobrevivir.






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Re: Con paciencia y saliva... | privado

Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Miér Feb 07, 2018 5:17 pm

Cuando Aletheia le preguntó por la familia, sobretodo cuando ella le habló de la suya propia, algo se quebró en el interior de Napayshni. Desde que fuera desterrado por sus actos y a lo largo de la odisea que le había llevado hasta ese día, realmente no se había detenido a pensar en sus parientes más cercanos. No más allá de esperar que estuvieran bien y preguntarse si le echaban de menos, pues él sí lo hacía. Al llegar a su turno para hablarle de ellos lo hizo con la mirada perdida más allá de la ventana y el corazón totalmente encogido. Le habló sobre su abuelo, el gran chamán de la tribu y aquel en quien todos confiaban. Sus padres, férreos luchadores para la supervivencia del clan, y sus hermanos, cuya unión era tan fuerte que incluso en la distancia podría saber si alguno de ellos sufría algún percance. Le habló de Uma, su sobrina, a la que no podría ver crecer, la pequeña tan esperada que jamás sabría quién era su tío Napa, pues no era más que un bebé cuando él fue desterrado.

Y conforme más contaba y más se abría, más sentía. Ni siquiera fue consciente de cuando llegó a la parte en la que le echaron de casa por culpa de su naturaleza desviada. - Sexo entre hombres no ser bueno... no traer vida. Cabrear a antepasados. Yohue, pareja Napa, morir por honor en manos su tribu. Napa tener peor suerte. Napa no poder morir, tener que vivir para recuperar honor arrebatado a familia... Pensar en Yohue aún le encogió más el pecho. No se dieron tiempo para saber si era amor o solamente curiosidad, fuera lo que fuera el tiempo se había acabado. Y Yohue murió por su culpa.

Napa no lloraba. No tenía derecho a llorar por lo perdido cuando él mismo tenía la culpa. Sin embargo, sentía un nudo tan pesado en la garganta que solo deseaba gritar. Y el tótem recibía los sentimientos del indio e, igual que una canalizador, lo transmitía en la naturaleza. Fuera de la casa, los cuervos estaban arremolinándose alrededor de la cabaña graznando al unísono. Tardó en darse cuenta, pero en cuanto lo hizo supo que debía poner remedio. Los lobos que ahí habitaban lo verían tal vez como un mal augurio y no podía permitirse que creyeran que estaba haciendo algo indebido contra ellos.

-Vamos fuera. Napa querer enseñar Aletheia...

Salió al porche de la cabaña y miró las sombras oscuras revoloteando entre las ramas. Haciendo lo que él no podía hacer: gritar. Graznar, en su caso. Y volar... Solo un guerrero fuerte y muy entrenado en la meditación era capaz de volar, y él no había llegado a ese nivel. Del saco que colgaba a su espalda, donde solía meter la ropa tras despedirse de Aletheia, sacó una flauta que él mismo había hecho usando la madera de los muebles de casa del vampiro. El castigo fue severo, pero nada comparado con el placer de poder llevar consigo algo muy propio de su tierra. Tomó asiento en las escaleras y empezó a insuflar el aire entonando una melodía que solían usar para calmar a los niños.

melodía:

La música, primero suave, fue extendiéndose por el bosque como un río entre árboles. Lentamente los cuervos fueron callando, quedándose quietos en las ramas aparentemente en trance. Incluso los lobos, sin él saberlo, se verían afectados por la paz que la música a través del protegido por ototeman transmitía. En algunas tribus la usaban como otra arma de guerra, pero para los Yuvaraj solo podía usarse para la sanación o calma.
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Re: Con paciencia y saliva... | privado

Mensaje por Aletheia Brutus Ayer a las 3:45 am

La suave melodia que se extendía por el corazón del territorio Paine transmitía una paz que parecía entrar en consonancia con todo el bosque. La hechicera sintió que en esos momentos todo estaba bien, como si todas las fuerzas de la naturaleza se hubieran alineado para transmitirles un mensaje.

No sabía cuál, pero ahí estaba, colándose bajo su piel hasta lo más profundo de su alma.

Cuando acabó, pasaron unos segundos en los que se mantuvo esa tensión en el ambiente que hacía que no quisiera ni respirar por miedo a romper la magia del momento.

Sí, magia. La había sentido oscilar en su cuerpo, acomodándose y reaccionando a las notas, creando una fuerte conexión entre ella y el indio, permitiéndole entender la profundidad del sentimiento de tristeza y culpa que albergaba en su interior.

Le tomó la mano entre las suyas y sonrió. Al igual que para el pueblo nativo, en París las relaciones desviadas no estaban bien vistas, salvo algunas excepciones en las que la posición de poder o privilegio era más importante que los cánones culturales. Pero el pueblo murmuraba y era común que los que se erigían como adalides de la moral se tomaran la justicia por su mano y trataran de devolver a golpes al camino recto a los pobres desgraciados que tenian la osadía de vivir por encima de lo que sus estrechas mentes eran capaz de entender.

Lo sabía, porque muchos años atrás, cuando su madurez era insuficiente para comprenderlo, cuando era una niña voluble y temerosa del rechazo, habia creído compartir esas ideas. Mas por suerte, los años habian formado una mente más abierta, unas convicciones propias y la fortaleza para defender lo que creía justo.

-Sé lo que es perder a alguien así. Pero la culpa no te lo devolverá y esté donde esté, quiere que sigas adelante sin el lastre de su recuerdo. Eres fuerte, Napa. Y muy valiente. Sé que llevas una vida de esclavo -subió una mano para tomarlo del mentón y mirarlo a los ojos-, pero las cadenas en tu cuerpo no tienen por qué estar en tu corazón. Y eso que sientes, eso que todos se empeñan en decir que esta mal... no lo está. Ellos simplemente son demasiado cobardes para aceptarlo.






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