Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Eres parte de mi pasado, y mi presente (Privado)

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Eres parte de mi pasado, y mi presente (Privado)

Mensaje por Chiara Di Moncalieri el Sáb Nov 25, 2017 2:01 am

No supo porque, sentía la imperiosa necesidad de estar en aquel lugar. Si intentaba recordar cual era el motivo o la razón, que su alma, su corazón,le exigían pasar las horas en ese lugar, su memoria se bloqueaba, haciendo que un dolor punzante en su pecho, le provocara la angustiosa necesitada de huir de aquel lugar. Mas siempre volvía, día tras día, semana tras semana. Desde que en aquella primera conversación que mantuviera con Ralston, recordara los nombres de su hijo y esposo, no podía dejar de preguntarse donde podrían estar, como tampoco la razón de aquella manía que le llevaba a cruzar media ciudad, con el único propósito de pasar una o varias horas en silencio, dentro del recinto sagrado.

Aquel medio día, luego de terminar sus tareas en casa de los esposos Burgess, se encaminó a la catedral, el sol era tan suave, la brisa acariciaba sus rosadas mejillas y sus cabellos parecían jugar con ese viento que no lograba molestarla, pero que despeinaba sus cabellos. Los había dejado suelto, como cuando era aún una adolescente y paseaba despreocupada por los bosques que rodeaban Turín, - Turín - susurró Chiara, dándose cuenta que una nueva pista de su pasado llegaba a su mente. A diferencia de la primera vez que recordó algo de su pasado, en ésta oportunidad, su rostro mostró una amplia sonrisa, pues había recordado el lugar de su nacimiento, - Así que mi hogar se encuentra en Turín -  dijo en voz alta, mas pronto su rostro volvió a mostrar preocupación, - ¿Pero, donde queda Turín? -  se preguntó, sin poder encontrar una respuesta a tal acertijo.

Aún su mente se debatía en esa pregunta, cuando sus pasos se detuvieron en frente de la magnifica fachada de la Catedral de París, -¿Acaso tú podrías llegar a responder todas las preguntas que ahogan mi alma? - susurró, en el instante en que se disponía a entrar al sagrado recinto. No supo el porque, pero aquel lugar le provocaba sentimientos encontrados, pues por un lado, sentía que si se encontraba en el interior de la nave, aquel hombre a quien había amado - y del que solo recordaba su nombre- llegaría hasta ella, para por fin exorcizar sus miedos. Pero por el otro lado, aquellos terrores que la perturbaban y que eran los responsables de que aún no recordara, también se intensificaban, apenas ella ponía sus pies adentro de la iglesia, ¿acaso esa sensación que la embargaba podía tener algún sentido?  

El perfume a incienso, vino a golpear sus pensamientos y a que volviera a la realidad presente, tratando de no hacer ruido al dar sus pasos, se acercó al altar mayor, haciendo la señal de la cruz y cubriendo su cabeza con una mantilla de encaje negro, aunque unos mechones dorados se dejaban contemplar, mientras iluminaban su rostro angelical, - Padre Eterno, tú sabes cuanto le necesito, deja que vuelva a mi, que mi pasado regrese y me lleve junto a mi familia - imploró, arrodillada, con sus manos unidas y los ojos cerrados en la mas humilde y agonizante suplica.





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Re: Eres parte de mi pasado, y mi presente (Privado)

Mensaje por Eghon Grant el Mar Dic 05, 2017 9:28 pm

Muchas cosas habían sucedido desde que Cedric, su hijo apareciera y su hermana, Lorelei hubiera llegado a París a brindarle ayuda. Para empezar, Eghon decidió dejar la investigación de la desaparición de Chiara en manos en expertos investigadores, quienes le guiaron hasta la que se supo era la culpable de la desaparición de su amada. Emelia era una inquisidora despiadada, una mujer que sin motivo aparente escogió al matrimonio Grant para hacerlos sufrir y de esa manera, encontrar ella un entretenimiento.

Así pues, sabiendo entonces que Emelia era la causante de toda su desdicha,  Eghon se enfrento a la licántropo, exigiéndole que le revelara el paradero de su amada esposa, sin embargo, de Emelia no pudo conseguir mucha información. Aquella inquisidora estaba dispuesta a llevarse la información de Chiara a la tumba y siendo que muerta no le serviría de nada al inquisidor, el escoces debió dejarla en paz y simplemente ponerla bajo investigación pues nada más podía hacer, solo esperar a que aquella mujer diera un paso en falso y entregara de manera inconsciente información sobre el paradero de la esposa del Grant, que llevaba desaparecida ya demasiados meses.

Esa tarde, después de una reunión más con los investigadores, Eghon se encontraba sumamente desanimado. Ninguno de los hombres a los que contratará le llevaba algo de información relevante, ni siquiera Dylan, quien hubiera sido el que descubriera que Emelia estaba detrás de la desaparición de su esposa, era capaz de darle al Grant un nuevo destello de esperanza, así que tras darle las malas noticias, con respecto a la ausencia de información, tanto a su hijo como a su hermana, el inquisidor salió de la mansión que durante años compartiera con Chiara y dirigió sus pasos hasta la zona norte de París. En aquella parte de la ciudad se encontraba la Catedral, sitio que alguna vez fue uno de los lugares favoritos del inquisidor, quien sentía tener mucho que agradecer al creador, sin embargo, desde que su amada esposa hubiera desaparecido, Eghon no creyó tener más motivos por los cuales asistir a aquel lugar. ¿Agradecerle a Dios?, ¿Qué iba a agradecer?, ¿Qué su esposa desapareciera?, ¿Qué su familia se cayera a pedazos así como sus ganas de vivir? No, él no iba a agradecerle al creador el que lo dejará de lado, abandonado; o al menos eso fue lo que pensó durante tantos meses y si ahora decidía visitar aquel sitió olvidado, era más que nada porque iba a rogar como si de un animal arrepentido se tratará. Eghon iba a pedir perdón por sus imprudencias y a suplicar porque Dios le devolviera a su amada.

Al ingresar entonces a la Catedral, el Grant se encontró únicamente con otra alma, una que se encontraba arrodillada muy cerca del altar y a la cual no presto atención puesto que su misión no era interrogar o interesarse por otros, su misión era única y exclusivamente pedir por el retorno de Chiara. Con pasos firmes pero la mirada puesta en el altar, Eghon llegó a posicionarse a una distancia prudente detrás de la fémina que pedía de rodillas y con voz suplicante, le habló a aquel que decidió ignorarle durante meses.
Sé que no he sido un buen adepto en los últimos tiempos pues he renegado de ti, sin embargo sabes que has alejado de mi a quien era la luz de mis ojos – hizo una pausa – Vengo hasta ti arrepentido e implorante, pues he agotado mis recursos y mis fuerzas; ahora eres el único que puede ayudarme a encontrar a la mujer de mi vida… – al decir aquello, bajo la mirada, centrando su atención en la dama hincada así como en los cabellos rubios de la misma, esos que creyó reconocer – Chiara…


No hay nada como el amor. Deberías probarlo.
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