Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

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Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Jacob Lennox el Dom Nov 26, 2017 11:05 pm

Las calles de París volvían a darle la bienvenida, pero, para Jacob, ese regreso sólo le traía malos recuerdos. La primera vez que pisó suelo francés fue en compañía de Jane, su amada esposa, en un viaje con el que llevaban mucho tiempo soñando. Tras pasar un solo día allí, ambos supieron que querían tener una residencia en aquella ciudad, un lugar al que poder ir durante largas temporadas y en cualquier época del año. Habían incluso hablado sobre cómo querían que fuera: algo totalmente opuesto al opulento castillo de Glasgow y que tuviera un pequeño jardín que la propia Jane cuidaría. Ese sueño, sin embargo, se truncó el día de la muerte de su esposa, lo que hundió al actual barón en una depresión tan profunda de la que todavía no creía haber conseguido salir.

Poco recordaba de la noche en la que algo cambió en él, la misma en la que despertó con esa sed que nunca se apagaba y que le obligaba a buscar presas con las que intentar saciarla. Aunque el tiempo que había pasado desde entonces no había sido mucho, sí fue el suficiente como para haberse dado cuenta de en qué se había convertido; las leyendas sobre seres nocturnos eran mundialmente conocidas, y había muchos libros que hablaban sobre ello. La mayoría, por supuesto, meras hipótesis de escritores a los que se les había dado por auténticos desquiciados. Hasta que no lo vivió en su propia piel, el mismo Jacob había creído que eran sólo los delirios de unos versionados por otros, todavía más chiflados que el autor original.

Ahora, sin embargo, estaba cada vez más seguro de que aquello que había leído y de lo que se había mofado hasta hartarse era cierto. Ese, y no otro, había sido el motivo por el que viajó a París de nuevo en busca de respuestas. En uno de los bolsillos del abrigo llevaba un papel doblado donde había descrito cada una de las imágenes que había ido recordando de la noche en la que se convirtió al vampirismo. Lo más nítido, y a la vez más borroso, eran esas dos mujeres que lo habían seducido y llevado al infierno. Él sentía que todo comenzaba en ellas porque había algo en ese recuerdo que lo alteraba y lo excitaba al mismo tiempo, pero no era capaz de definir qué era exactamente. Creyó que debía encontrarlas, pero había un problema: no sabía cómo. Hubo momentos en los que un olor, un sonido o incluso un reflejo en los charcos de la calzada evocaban en su subconsciente la imagen de esas dos féminas, como si hubieran estado ahí momentos antes que él. Jacob sabía que estaba cerca, pero su incesante búsqueda sin respuestas se estaba volviendo cada vez más desesperante.

Pasó varios meses en París y lo único que consiguió fue matar a un número ingente de inocentes (o no) para poder sobrevivir. ¿Desesaba ser un asesino sin ningún propósito en la vida que valerse de otros para seguir existiendo? No. Jacob Lennox ni era, ni quería ser así.

El barón había leído mucho sobre las leyendas de vampiros y, aunque había innumerables cosas que aún desconocía, otras las había aprendido casi antes de saber en lo que se había convertido. Una de ellas era la debilidad de esos seres a la luz del Sol. Desde el primer día supo que los rayos del astro rey dolían como el fuego, pero con el tiempo aprendió que una exposición más prolongada podía terminar con su vida. Muchas veces estuvo tentado de quedarse hasta el alba para comprobar hasta qué punto el mito se convertía en realidad, pero el miedo a que todo fuera cierto se lo impidió.

Esa noche, sin embargo, la sensación de derrota y la falta de su amada Jane (algo que siempre lo acompañaba) eran tan fuertes que sabía que iban a terminar matándolo, así que, ¿para qué esperar? Jacob salió de la habitación donde se alojaba sin miedo alguno. Vagó alimentándose sin ningún tipo de pudor de todo aquel que se le pusiera delante. Dejó el cuerpo del último pobre infeliz en un callejón oscuro y se limpió los restos de sangre antes de dirigirse calle arriba. Llegó al Pont Neuf, desierto a esas horas salvo por una jovencita que estaba demasiado cerca de la barandilla. No le hizo falta leerle la mente para saber sus intenciones que, casualmente, eran las mismas que las de él.

¿No hay otra manera menos traumática de hacer lo que pretendes hacer, muchacha? —preguntó, curioso, saliendo de entre las sombras—. Seguro que sí, vosotros los tenéis más fácil que nosotros.


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Solange Sarì-Lennox el Vie Dic 15, 2017 12:43 am

Dejaré esta rosa en el abandono, el abandono está lleno de rosas.
Mario Benedetti.



No tenía salidas ni alternativas, lo había intentado todo pero hacia donde mirase encontraba barreras infranqueables. Se hallaba acorralada hacía tiempo ya, más del que cualquier persona que quisiese mantenerse cuerda podría resistir.

Todos sus males tenían rostro, sus miedos tenían voz –una muy grave, de hecho-, su angustia estaba plagada de recuerdos, padecimientos, su amenaza tenía un nombre: Ernest. Lo había conocido hacía poco más de un año, podía parecer un breve periodo de tiempo pero no lo era para ella, una muchacha que había abandonado su hogar, y su inocencia, para buscar éxito en la gran ciudad. No, para alguien como Solange Sarì un año era mucho tiempo, cuánto más si era de padecimientos.

Él le había dado todo. Un empleo que le permitía sustentarse y enviar una buena cantidad de dinero a su familia, una cifra que jamás hubiera imaginado que les podría enviar. Le había dado seguridad, la ayuda para encontrar un buen lugar donde vivir. Le había dado dinero y lujos, ropas hermosas y algunas joyas. Le había dado y dado a manos llenas, mas ahora el hombre pedía ser recompensado por su generosidad y, ante la negativa de Solange de seguir teniendo encuentros sexuales y el posterior rechazo a la propuesta de matrimonio, Ernest se había tornado violento y amenazante. Si se tocaba, a Solange aún le dolía el cuarto metacarpiano de su mano derecha, allí donde la habían fracturado quienes la atacaron hacía no mucho tiempo. Ella sabía que había sido por orden de un Ernest enojado ante su negativa, lo intuía y él no tardó en confirmárselo días después cuando hasta se atrevió a mencionar a Charlotte.

¿Cómo sabía él el nombre de su hermanita? ¿De dónde había sacado información? ¿Qué le haría a Charlotte y a su madre si ella no consentía a su propuesta de matrimonio? Acabó por dejarse besar por él, se dejó tocar y se le entregó esperando que así el hombre olvidase todo, que olvidase que ella tenía una familia vulnerable que necesitaba del dinero que mensualmente Solange enviaba. Pero no hubo paz para ella luego de eso, sino asco y dolor. Miedo.

Llegó al puente esa noche dispuesta a acabar con todo. Con las torturas, con las insinuaciones y las amenazas. Estaba convencida de que Ernest no sabía más que el nombre de su hermana y que la única forma que tendría de averiguar algo más sería sólo si ella habría la boca, cosa que no pensaba hacer pues ya se imaginaba flotando en el río, muerta. Tras dos intentos fallidos de escape, sin destino, Solange supo que no podía hacer más. Estaba agotada físicamente, pero mentalmente se hallaba anulada.

No oyó los pasos. Estaba concentrada en no resbalar de la cornisa y era curioso, pues se había trepado allí con mucha determinación. Iba en su vestido azul, el que más le gustaba porque la hacía sentir bella. Llevaba el anillo que con esfuerzo su padre le había regalado cuando cumplió quince años, le había costado ponérselo porque todavía tenía la mano hinchada.
Cuando el hombre le habló, Solange dio un respingo y buscó en vano a qué sujetarse para no caer. Tuvo que apartarse el cabello largo y castaño del rostro para verlo bien, pues el viento se lo había alborotado. Lamentablemente no se había hecho ningún peinado que se lo sujetase, ¿para qué perder tiempo en peinarse para morir?


-No, no soy tan valiente como para clavarme una cuchilla. Tampoco tengo dinero para comprar alguna poción –le dijo, sin saber por qué le respondía-. Esta es la mejor forma, la menos sucia y gratuita. Váyase –pidió, pero al notar que estaba usando un modo imperativo, tal vez demasiado severo, con alguien que nada le había hecho, Solange relajó su tono de voz-: por favor, déjeme a solas. No quiero que me vea nadie hacerlo, por favor siga su camino –le rogó, dando un pequeño paso más hacia el borde de la cornisa.

Aquello de quitarse la vida en una forma tan escandalosa -pues sabía que al caer gritaría- le daba mucha vergüenza y no era eso lo último que quería sentir antes de abandonar ese mundo en el que había sido tan feliz con sus padres y Charlotte.


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Jacob Lennox el Miér Ene 03, 2018 9:09 pm

Caminó los pasos que le quedaban hasta llegar a la baranda del puente y apoyó los antebrazos sobre ésta, cruzándolos y cargando el peso de su cuerpo en ellos. Observó la escena, dramática hasta niveles novelescos: la joven chiquilla sobre la cornisa enfundada en un precioso vestido azul agitado por el viento, con el pelo enredado tapándole parte de su hermoso rostro. Había algo en todo aquello que a Jacob le maravilló. No sabía si era la determinación de la muchacha por terminar con su vida, el reflejo de las sedas de su vestido sobre el agua revuelta o el aroma dulce procedente de la piel tibia que le llegaba con el viento. También existía la opción de que fuera la simple fragilidad de la vida, la misma que él había perdido hacía ya un tiempo y que tan clara había visto ahora en ella. Fuera lo que fuera, lo amarró a esa baranda con una soga invisible y lo mantuvo allí, haciéndole compañía a la chica suicida, a pesar de que ella había insistido en que quería estar sola.

No tengo un camino que seguir, sólo vagaba esperando a que amanezca —dijo con tono indiferente, como si le diera igual lo que ella dijera—. Pero no te preocupes, si eres capaz de esperar hasta el alba me verás deshacerme con los primeros haces de luz, de la misma manera que un papel al que se le prende fuego. Moriré yo antes que tú, y entonces quedarás sola para lanzarte al río —explicó, tan estoico que no parecía que estuviera hablando del proceso de creación del vino, y no de vida y muerte—. ¿Podrás darme el placer de estar acompañado hasta que llegue mi hora? Al contrario que tú, yo no deseo morir solo —confesó—. Ya he pasado demasiado tiempo sin compañía.

Lo último fue más un pensamiento en voz alta que algo dirigido hacia ella. En aquel momento, el rostro de Jane se dibujó claro frente a él. ¿Sería, acaso, producto de la lucidez que se sufre antes de morir? A Jacob poco le importó el motivo, sino que disfrutó de esa imagen de su difunta esposa tanto como pudo. El viento fue el que, cruzando por delante unas cuantas hojas desprendidas de algún árbol cercano, desdibujó a su hermosa Jane, devolviéndo al viudo a la realidad.

¿Puedo preguntar por qué una chica joven como tú, con toda una vida por delante, quiere acabar con ella de la peor de las maneras? —giró el rostro y se quedó mirándola—. ¿Qué te ha pasado para que desees un final así de trágico?

Y lo preguntaba con verdadera curiosidad. Él nunca eligió la inmortalidad, fue algo impuesto y que, para colmo, nadie le explicó, así que todo lo que sabía había sido fruto de un duro esfuerzo por su parte. ¿Habría preferido morir antes que esa no-vida? Por supuesto, pero ella no tenía el mismo problema que él; no tenía sus poderes demasiado desarrollados, pero había aprendido bien pronto a diferenciar a los de sus especie del resto de los seres del planeta. Ella era una humana, joven y hermosa, y para nada creía él que pudiera tener motivos para quitarse la vida.

Toma —dijo, y metió la mano en uno de los bolsillos. Cuando sacó el puño cerrado, en el interior llevaba unas cuantas monedas que dejó sobre la barandilla—. Ten unas monedas para poder comprarte una poción en condiciones. Tú las aprovecharás mejor que yo, puesto que a mí ya no me harán falta. —La volvió a mirar—. Sólo haz el favor de volver a este lado del puente.


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Solange Sarì-Lennox el Dom Ene 14, 2018 6:45 pm

Le llamó la atención que le dijese que con el amanecer él se desharía, ¿era una metáfora acaso? No lo parecía, su tono de voz había sido imperturbable. ¿Quién era ese extraño que la interrumpía en uno de los momentos más trascendentales de su vida? No tenía idea de su identidad, pero sí se reconocía en su tono de voz triste, en sus palabras cargadas de final. Él estaba sufriendo, lo sabía ella que de sufrimiento había experimentado mucho.

-¿De verdad le parece que esta es la peor de las maneras? –le preguntó, considerando el pedido que él le había hecho-. Me parece que peor es arrojarse a las vías del tren, como hizo ese hombre hace unos días. ¿Lo ha leído en el periódico? Eso es horrible y, a la vez, muy valiente.

Conocer aquella noticia era lo que le había dado la idea a la propia Solange. No había considerado el suicidio como escape a su dolor antes de conocer la historia de ese hombre que en su desesperación había acabado con todo de esa forma sangrienta. El periódico daba detalles por demás específicos, horrendos, y era por eso que Solange ni siquiera había considerado la posibilidad de llegarse a las vías del ferrocarril, no podría imitar a aquel sujeto porque no se odiaba tanto como para arrojarse a una crueldad tamaña. En cambio el puente tenía un dejo de romanticismo incluso, si se lo proponía podía fantasear con que volaba antes de caer al agua helada. Claro que sabía que la caída –aunque elevada- no la mataría, sino que moriría arrastrada por las aguas del río. Ya lo había imaginado todo, incluso se había encaramado allí muy decidida, estaba determinada. Solo le faltaba reunir el valor y saltar, eso y que su inesperado acompañante mirase para otro lado.

-¿Tú también quieres morir? –le preguntó tuteándolo y en cuanto lo notó se disculpó-: Lo siento, ¿le molesta si lo trato con confianza? Después de todo ambos estamos por morir… ¿qué más da? Te contaré mi historia si me cuentas la tuya, tal vez entre las dos consigan deprimirnos tanto como para saltar juntos, lo siento pero la idea del fuego no me atrae en lo absoluto, prefiero el agua –dijo y miró hacia abajo una última vez-. Bueno, puede esperar unas horas esto, supongo que el río no se secará, me seguirá esperando. ¿Me ayudas? –le pidió tendiendo una mano hacia él-. Que no quiero caerme antes de tiempo –se rió, ¿cómo era posible que hubiese espacio para reír en medio de su dolor?-, no puedo caer sin oír tu historia.

Se sintió insultada al ver las monedas brillar. Ella no quería dinero, después de todo era lo que le había malogrado el presente. Ese afán de juntar dinero para pagar el lugar donde vivía, para poder comer dignamente, para poder enviarle a su hermana… El dinero, sufría y lloraba por no llegar a reunir lo suficiente. Solange le dio una patada a las monedas que el hombre había dejado junto a sus pies, era un lujo hacer eso, ver como esas monedas volaban por el aire para acabar en el fondo del río, pero ninguno de los dos necesitaría de aquello ya, nunca más.

-Lo siento, siempre quise hacer eso. Lograr que el dinero no me importe en lo absoluto. Si me hubiese dado esas monedas ayer me las hubiera guardado en lo más profundo del escote de mi vestido. Pero hoy ya no nos sirven a ninguno de los dos.


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Jacob Lennox el Sáb Ene 27, 2018 8:44 pm

No, no era la peor, ni mucho menos. Como ella bien había apuntado, arrojarse frente a un tren en marcha era mucho peor, más sucio y egoísta para aquellos que tuvieran que presenciarlo. Debía reconocer a la joven algo de mérito en eso, puesto que quería acabar con su vida sin obligar a otros a presenciar algo tan terrible como ver morir a alguien. ¿Qué era más valiente, lo que hizo el hombre del periódico o intentar morir sabiendo que no habría nadie que te lo impidiera? Quitarse la vida no era algo que un cobarde fuera capaz de hacer, eso Jacob lo sabía bien, pero hacerlo solo tampoco creía que fuera una tarea sencilla. En ese momento se dio cuenta de quizá sí la estuviera molestando, aunque ya era tarde para dar media vuelta y seguir su camino.

Hace tiempo que decidí no leer el periódico —comentó—. Bastantes noticias y quehaceres tengo a mi alrededor como para pararme a pensar en las que están fuera de mi alcance. Si ocurre algo importante que me ataña, lo sabré. No hay mejor noticiero que unos informantes de confianza.

¿Para qué le contaba todo aquello? Supuso que sería la desvergüenza del que sabe que no vivirá un día más. ¿Qué importaba que aquella chiquilla supiera los secretos más íntimos de su vida, si él ya no estaría en el mundo para recoger la cosecha de esa simiente? Al menos había encontrado a alguien con quien hablar.

—contestó rotundo a su pregunta, tan seguro de sí mismo como que dentro de unas horas se convertiría en polvo—. Me encantaría saltar contigo, pero eso no terminaría con mi sufrimiento, y, por fortuna, tú no puedes morir abrasada como yo.

Le tendió las manos para ayudarla a cruzar a un lugar seguro y, cuando la muchacha hubo estirado el cuerpo él la sujetó de la cintura con firmeza. Era delgada y Jacob la sintió frágil entre sus brazos, igual que su Jane. Por un momento imaginó que era ella y, si cerraba los ojos, podía incluso verla allí con él, paseando a la luz de la luna por una ciudad amada por ambos.

Sólo la soltó cuando supo que no corría peligro de caerse al agua, pero lo hubiera hecho antes de haber podido. El calor que emitía su cuerpo era abrasador a pesar de que el frescor de la noche había bajado su temperatura. ¿Hacía cuánto tiempo que no tocaba a un ser humano sin la intención de comérselo? Demasiado tiempo, casi incluso desde antes de convertirse en vampiro. Dio un paso en su dirección siguiendo el olor de ella, tan dulce que parecía un oso atraído por la miel, y observó su rostro desde esa nueva perspectiva. Su vista no lo había engañado antes: era muy bonita.

Observó con curiosidad cómo la muchacha pateaba las monedas. ¿No había dicho, acaso, que no tenía dinero suficiente para comprar una poción? Ahora él se lo había dado, y Jacob sabía que con esos francos tenía para hacerse con un veneno que primero la dormiría, para matarla sigilosamente después. ¿Qué mejor muerte que esa, la de dormir y no volver a despertar? El vampiro estaba dispuesto a cambiar todo lo que tenía por ese regalo que la joven no se daba cuenta que poseía, y que a él se lo habían arrebatado hacía ya demasiado tiempo.

Razón no te falta. Vivimos en un mundo en el que el dinero importa demasiado, pero créeme, no lo es todo, en absoluto —dijo, mirando las monedas caer al río—. Si cambias de idea, estaré encantado de ayudarte a conseguir una buena poción con la que no sentirás ningún dolor. —Se volvió hacia ella y metió las manos en los bolsillos del pantalón—. Quizá te preguntes por qué me empeño en ayudarte, pero creo podrás entenderlo cuando escuches mi historia —concluyó—. ¿De verdad quieres hacerlo?

Se arrepintió nada más formular la pregunta. ¿Y si ahora le contestaba que no y volvía a cruzar la baranda? Antes de que algo así pasara, Jacob se colocó junto a ella y apoyó el trasero en el borde de la barandilla, de manera que para que saltara tendría que esquivar los reflejos superdotados de alguien como él.

Lo que me ha traído aquí hoy empezó cuando conocí a una mujer que terminó convirtiéndose en mi esposa —comenzó—. Era tan hermosa que no podía dejar de mirarla. Cuando sonreía le salían unos hoyuelos en las mejillas, y cuando tenía que pensar algo con fuerza fruncía el ceño de una manera muy divertida. —Sonreía mientras hablaba, porque esos eran los recuerdos buenos que conservaba de ella—. Fuimos increíblemente felices hasta que ella nos dejó. —Calló unos segundos, puesto que el recuerdo de la muerte de su esposa todavía seguía afectándolo—. Su pérdida fue demasiado dolorosa para mí. Esa noche bebí demasiado, y recuerdo poco de lo que pasó, pero sí sé que algo cambió en mí. Me quitaron algo que tú aún tienes, eso de lo que te quieres deshacer hoy. —Tomó una mano de la joven entre las suyas y la envolvió con suavidad—. ¿Sientes el frío? ¿Sabes a qué se debe? —La miró a los ojos. Eran hermosos—. Yo no estoy vivo, muchacha, y algo que no está vivo difícilmente puede morir.

Se quedó ahí, con la mano de la joven aún sujeta, sintiendo el calor de la vida en sus palmas. Por un momento, tuvo la tentación de pegarse a ella y morder su cuello; si su olor era así de dulce, su sangre debía serlo también.

¿Has oído hablar de los seres como yo, esos que sólo salen de noche porque la luz del sol acaba con ellos? Dicen de nosotros que somos bestias inhumanas, demonios peligrosos que es mejor aniquilar, pero yo te aseguro que eso no es del todo cierto; llevo solo mucho tiempo, y la perspectiva de seguir así el resto de la eternidad me abruma, me entristece y me angustia. —Soltó su mano y devolvió las suyas a los bolsillos de su pantalón—. Si dejas que te ayude significará que algo bueno queda en mí, a pesar de todo.


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Solange Sarì-Lennox el Mar Feb 20, 2018 2:30 am

En cuanto se tocaron, Solange sintió algo inesperado: toda la piel se le erizó. No era tanto por lo helada que estaba la mano del hombre, era más bien como un escalofrío cargado de sentimiento, como si su cuerpo quisiera advertirle algo… ¿Se estaría por engripar? Ah, qué más daba… Al día siguiente a nadie le importaría si la suicida que había saltado del puente estaba resfriada o no.

Sí, a alguien sí. A Charlotte le importaría saber un detalle así.

No tenía que pensar en esas cosas pues podían llegar a detenerla. Volvió a ver al hombre y se sintió repentinamente incómoda y no era por la forma en la que la había sujetado, con firmeza, sino porque su mirada parecía querer contarle algo que ella no entendía. El vestido azul, pese a ser su favorito, ya no le parecía bonito. Hasta hacía unos segundos se sentía valiente y decidida, pero ahora le parecía que todo aquello no había sido más que un espectáculo patético de su parte.

Tal vez era eso lo que debía hacer, pedirle dinero y comprar un veneno capaz de hacerla caer dormida al río, pero Solange no quería morir dormida, quería morir estando bien viva.


-Claro que oiré tu historia –le dijo, con la vista clavada en el agua que la mataría. No sabía nadar, nunca había aprendido pese a los esfuerzos de su amiga Marene por enseñarle-, para eso me he bajado… Habla, puedes confiar en mí.

Ah, el amor verdadero. Qué golpe para alguien como ella, que en el pasado –hacía algunos años- había sido una muchacha llena de ilusiones románticas y de sueños de amor. Sintió que debía decir algo, porque no tenían confianza como para que le palmease el hombro o diese un abrazo, pero no hallaba las palabras adecuadas.

-Seguramente tendría que decir algo reconfortante, pero no sé qué –le dijo, al oír de su pérdida-. Te puedo comprender bien, también me dejó alguien a quien amaba, alguien a quien necesito… Si él estuviese vivo yo no estaría aquí esta noche.

Casi no tuvo tiempo de entristecerse al pensar en su padre y su partida, pues con cada frase que el desconocido pronunciaba, el rostro sincero de Solange Sarì iba mutando… ¿Qué estaba queriendo decirle? Otra vez su mano junto a la de él, otra vez el frío que despertaba algo en su cuerpo, una advertencia que no lograba descifrar…

No era tonta, sabía de la existencia de seres sobrenaturales. Su amiga Marene le había hablado de ellos: los no vivos, criaturas de la noche que vivían gracias a la sangre que pudieran robar de otros. ¡Él era un vampiro! ¿Era eso lo que quería con todo ese cuento? ¿Qué ella le diese su sangre? No lo creía, su dolor parecía genuino… Ningún demonio sería capaz de inventar algo así porque no tenía la necesidad, si quería su sangre podía tomarla sin tener que engañarla.

Se apartó el cabello del rostro y con ese movimiento le dijo a su cuerpo que no le permitiría quedarse paralizado, sin importar lo que sucediese. Tenía miedo, sí. ¿Pero qué era lo peor que podía pasarle? ¿Morir? Ella había ido allí buscando justamente eso. Aún así comenzó a temblar, recuperó su mano privándosela a él y se abrazó el cuerpo.


-He oído sobre seres así, tengo una amiga que sabe mucho de eso. Pero… no sé –suspiró, ¿cómo podía comprobar que él no le mentía?- . Permiso, necesito constatar algo…

Con manos temblorosas, se lanzó al cuello del hombre para desabotonar su abrigo, su camisa. Quería llegar a tocar su corazón, ver que era cierto que no latía. Era algo incómodo, pero lamentablemente no era el primer cuerpo que tocaba, además la inminencia de la muerte la volvía más osada que de costumbre. Se demoró demasiado en aquello, estaba en verdad nerviosa, pero cuando pudo llegar a colar una mano dentro de las ropas de él constató que no mentía: su corazón no latía. Dio un respingo, su espalda chocó contra la barandilla y la lastimó un poco.

-Lo siento. Yo, no es que no… No sé ni qué decir. ¿Esto es por mi sangre? ¿Es eso lo que quieres? Pues te la doy, me da igual morir contigo o en el agua… ¡Te la vendo si la quieres! –le dijo, porque una idea asomó en su mente confusa-. Puedes beber de mí hasta el final si me juras que le enviarás mi valor en libras a mi familia. Así podrías ayudarme. Oh, ni sé cuánto valgo…

¿Pero qué estaba diciendo? ¡Qué locura, por favor! ¿Qué sucedía? Hacía solo unos minutos se preparaba para contarle su historia al hombre, para retribuirle con la confianza que él había mostrado en ella,  y ahora ya quería hacer un negocio con su muerte…

-Perdona, estoy diciendo estupideces. Me he puesto nerviosa. –Se acercó a él, sin dejar de temer, y se apoyó en la barandilla helada, de frente al río-. ¿Sabes nadar? –le preguntó y tras contar mentalmente hasta cinco, Solange se giró volviendo a admirar la intensa mirada de él-. Nunca podré aprender a nadar… sí, me estoy lamentado por eso pero supongo que todas las decisiones drásticas conllevan pequeñas pérdidas y yo perderé esta noche la posibilidad de aprender a nadar. ¿Cuáles son las tuyas? –no sabía por qué, pero su historia la había conmovido y de pronto se interesaba por él más allá del miedo que le daba saber lo que era-. Tus pequeñas pérdidas, ¿cuáles son? Ya me has compartido la más grande, la insuperable, pero ¿qué hay de las otras?

En verdad le atraía más la idea de morir por alimentarlo a él que arrastrada al fondo del río, pues para beber de ella él la sujetaría entre sus brazos y ella se iría con la falsa sensación de haber sido abrazada en el final.

-Me llamo Solange. ¿Podemos olvidar lo que acaba de pasar? Solo… sigamos hablando de tu historia y de la mía. No importa lo que seamos ni que tan vivos estamos –le dijo, aunque sí que importaba.


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Jacob Lennox el Lun Feb 26, 2018 10:41 am

Esa no fue la reacción que se esperaba por parte de ella. Cuando comenzó a hablarle sobre él, su historia y lo que realmente era ahora, su mente se había imaginado a la muchacha —de nombre Solange, tal y como le dijo después— corriendo despavorida por el puente hasta llegar a un lugar seguro. Los vampiros no eran seres a los que la gente común quisiera tener cerca, pero esa chica, tan frágil a ojos de Jacob, no sólo no es que no hubiera huído de allí en la primera ocasión, sino que, contra todo pronóstico, ¡había metido la mano por dentro de su camisa! Jacob sintió el calor que emanaba, la suavidad de su palma en contraste con la de él, suave como la piedra pulida pero dura, fría. Muerta. De no haberse visto tan increíblemente sorprendido por ella, le habría tomado la mano y la habría acariciado con las yemas de sus dedos, llevándola después a los labios para besarla como toda mujer merecía. Lo que hizo, en cambio, fue mirarla a los ojos mientras veía, a través de sus facciones, cómo todo tomaba forma en su mente.

¿Por tu sangre? —preguntó, confuso, puesto que no entendía qué demonios estaba diciendo ella—. No, no quiero tu sangre —contestó seguido, casi ofendido, mientras se abrochaba la camisa. Su estatus no le permitía ir con ese terrible aspecto por la calle, aunque su intención fuera morir en unas horas—. ¿Por qué piensas eso? Si hubiera querido beber de ti lo habría hecho. Te recuerdo que te he tenido sujeta mientras cruzabas la barandilla.

Cuanto cerró el último botón de la camisa, colocó los cuellos dando pequeños tirones y, seguido, abrochó el abrigo —que en realidad no necesitaba— siguiendo el mismo proceso. También se colocó las mangas y sacudió el cuerpo con elegancia para que todo se asentara correctamente, mientras escuchaba hablar a aquella chiquilla. ¿Qué demonios le habría pasado para tener esa necesidad de perder la vida, fuera como fuera? Jacob todavía no era capaz de controlar los poderes que, como vampiro, poseía, pero, de haber podido, no habría dudado en ver aquello que pasaba en ese momento por su mente.

Se colocó junto a ella, apoyado de la misma manera en la barandilla, solo que, en vez de mirar al agua que corría, fijó los ojos en Solange.

Sí, aprendí a nadar cuando era niño. —Desvió los ojos hacia el río—. Mis padres tenían unos amigos que poseían una casa junto a un lago. Cada vez que íbamos, mi hermano y yo nos bañábamos en él a diario, pero Mikolaj aprendió antes que yo. Siempre se le ha dado todo mejor. —Sonrió con añoranza—. Él siempre ha hecho lo que ha querido, mientras que yo he tenido que hacer lo que me decían, pero, aún así… Creo que saber que no volveré a verle sería una de esas pequeñas pérdidas.

Definitivamente, su familia —y en especial Mikolaj—, era lo único que podría frenarlo en su deseo de abrasarse con los rayos de sol. ¿Qué le ofrecía la baronía? Nada. Su nacionalidad inglesa no era bienvenida en el país de su difunta esposa, a pesar de todos los intentos que había hecho por encajar entre ellos. Además, la residencia que tan felizmente había compartido con Jane ahora se le antojaba fría, sin vida, exactamente igual que él. Si nada podía devolverle un pedacito de humanidad al hombre, ¿acaso podría alguien devolver la calidez de la familia al hogar? Jacob tenía serias dudas al respecto, pero no pensaba esperar para comprobarlo.

Ya te he contado mi historia, lo que me ha llevado hasta aquí esta noche. Ahora, háblame de ti —dijo, irguiéndose y apoyando la espalda en la barandilla—. ¿Por qué estás aquí? ¿No hay nadie que vaya a extrañarte? —Se cruzó de brazos y la miró con curiosidad sincera—. Padres, hermanos. Un prometido. —Reflexionó unos segundos antes de seguir, puesto que una idea fugaz cruzó su mente, aunque Jacob no tuvo claro si fue producto de su intuición, o que había sido capaz de captar parte de lo que rondaba por la mente de la muchacha—. ¿Hay alguien que haya hecho que te metas en problemas?


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Solange Sarì-Lennox el Miér Mar 07, 2018 5:57 am

-Lo dices como si estuvieses muy seguro de que mi sangre es horrible –se ofendió, aunque aquella conversación resultaba absurda. ¿Por qué le hablaba tan confiada? ¿Por qué no huía de él? Tal vez porque en el fondo le costaba creer que estuviese junto a un vampiro real, y de seguro no huía porque no le importaría morir de otra forma a la que había planeado inicialmente-. No me gusta nada la sangre, verla me descompone, no entiendo que haya gente que la beba –lo pensó en voz alta, sin reparar en si eso le molestaba u ofendía a él, ¿qué más daba?

-Yo tampoco volveré a ver a mi hermana, a Charlotte –le dijo y cuando pronunció su nombre Solange se desarmó, toda la fuerza que había mostrado, toda su entereza y resolución se hicieron añicos frente a la sola mención de Charlotte-. Me va a odiar, lo sé. Ella no es así, es buena, tiene un corazón precioso, pero me va a odiar –las lágrimas heladas cayeron, dibujando senderos que recorrían sus mejillas-. Ya la abandoné una vez, la dejé sola… y ahora me iré definitivamente, tiene todo para odiarme y jamás podría culparla por eso.

Se había guardado esa historia para sí. Con nadie había hablado en París sobre su madre y su hermana. No lo hacía por renegar de ellas o de sus orígenes humildes, sino para preservarlas, las cuidaba de la maldad que había en la gran ciudad. Ellas, Charlotte en especial, eran su debilidad. Por eso también había tomado la determinación de acabar con su vida. Ernest había descubierto su punto débil y la amenazaba con dañar a su hermana… pero si ella ya no existía, él no gastaría su tiempo en molestar a Charlotte. Esa era la única manera que Solange tenía de cuidar a su familia, aunque pareciera tremendamente drástica.

-Lo hago para cuidar a mi familia –le dijo a él, como comienzo de su historia triste-. Mi mamá y mi hermana trabajan en el campo, he venido a la ciudad para ganar dinero y enviarles. Solo somos nosotras tres, no hay ningún prometido que me espere –le dijo, con una sonrisa triste-, las campesinas no pensamos en esas cosas, son muy pocas las que pueden pensar en ser amadas y yo no soy una. –Suspiró, intentando elegir las mejores palabras que le permitieran contar lo sucedido-. Yo solo quería cuidarlas –le dijo, como si alguien lo hubiese puesto en duda… tal vez era ella la que dudaba al respecto-, quería ganar dinero y enviarles porque mi madre está enferma y es Charlotte la que en verdad trabaja. Es una niña, mi niña, pero tan fuerte y responsable... Lo hago, les envío todos los francos que logro juntar, pero nunca es suficiente. Comencé a trabajar en la taberna del centro, ¿la conoces? Ahí conocí a Ernest, él me ayudó mucho… pero también me pedía cosas a cambio, cosas que me avergonzaría contar –bajó la vista y se secó las lágrimas viejas, ya no lloraba, aunque la angustia no la abandonaba-. Y ahora que no quiero tener nada más que ver con él, que quiero huir lejos y buscar otro empleo donde no tenga que acceder a ciertas cosas para tener más dinero… él se ha enojado y me ha hecho cosas horribles, he pasado mucho dolor estas semanas. Me dijo que matará a mi hermana si no me caso con él y tengo miedo porque yo jamás le hablé a nadie de mi familia, solo a ti ahora, ¿cómo sabe él todo eso de mí? ¿Cómo sabe el nombre de mi hermana? ¡Es más poderoso de lo que pensé! Yo creo que si ya no estoy él no tendrá interés en lastimarlas. Si yo muero ellas no le servirán, las dejará tranquilas.

¡Cuánto le dolía hablar de eso! ¡Era volver a ver lo acorralada que se hallaba! Al menos sabía que saltaría por amor -y esa era la gran coincidencia entre ambas historias-, por amar a su familia, pero eso no la consolaba. Rápida, Solange volvió a trepar el murillo. Otra vez quedó de pie frente a la muerte, teniendo en el corazón el valor que hacía falta para saltar.


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Jacob Lennox el Sáb Mar 24, 2018 1:18 pm

¡Y él, que creía que sus motivos para dejar ese mundo eran lo suficientemente fuertes como para no dudar ni un solo segundo! Escuchó atentamente la historia de la joven, mirándola fijamente como si se tratara de un niño frente a un cuentacuentos. Parecía que su falta de decoro venía de la mano de la inmortalidad, pero nada más lejos de la realidad; estaba fascinado con ella, con esa valentía que había demostrado al marcharse de su casa, sola, en busca de un futuro mejor para su familia. Él, que había tenido todo lo que había deseado, nunca había sido consciente de lo difícil que era la vida para los que no tenían más que sus manos y sus ganas de vivir. Era injusto que fuera ella la que tuviera que tomar esa decisión tan crucial, la de morir para salvar a su familia, y todo por la lujuria de un tipo al que Jacob no conocía, pero que ya odiaba.

Baja de ahí —le ordenó, quizá de una forma un tanto brusca—. Bájate, por favor.

Alzó las manos y la sujetó por la cintura; por suerte, era lo bastante alto como para no tener que subirse él también. Tiró de ella hacia atrás con suavidad y la bajó de nuevo a la calzada como si fuera una niña pequeña. Tomó una de sus muñecas y la obligó a que se girara para quedar frente a él, pero, esta vez, no soltó su agarre, si no que lo afianzó para que no volviera a subirse a la barandilla.

Escúchame —le pidió, clavando sus ojos en los de ella—. No conozco a ese tal Ernest, no sé qué te ha hecho y no estoy seguro de querer saberlo, pero sí te puedo asegurar una cosa: no eres tú la que debería morir hoy, sino él. —Sonó rotundo, y se podía decir que hasta terrorífico, pero era un vampiro. ¿Qué cabía esperarse de él?—. No he conocido nunca a nadie tan valiente como lo has sido tú. Solange —pronunció su nombre y se llenó la boca con él; era hermoso, exactamente igual que ella—, puedo ayudarte, y quiero hacerlo. Concédeme ese deseo, por favor.

Miró río arriba, hacia el horizonte, y sintió que el sol estaba a punto de salir. Aún estaba todo oscuro, no había ninguna luz rojiza que anunciara el alba, pero su instinto de supervivencia le advertía que, si no se ocultaba pronto, el amanecer lo freiría como a una polilla que vuela hacia la luz. El problema era que no quería dejar a la chica sola porque, si lo hacía, nada le impediría saltar al vacío y morir ahogada, y todas sus buenas intenciones para con ella quedarían en eso, en buenas intenciones frustradas.

Hagamos un trato —dijo, volviendo a fijar su mirada en ella—: yo me esconderé del sol si tú no saltas este puente. Cuando se vuelva a hacer de noche, llévame hasta la taberna donde trabaja ese sinvergüenza de Ernest y dime quién es. Lo vigilaré y me aseguraré de que nada malo te hace.

La sujetó de las dos muñecas y la mantuvo frente a él, esperando una respuesta. Esperaba que dijera que sí, porque su empeño por ayudarla podía llegar a asustar y, si Solange decía que no deseaba recibir nada de parte de él, Jacob sabía que no la iba a dejar tirarse al río, aunque eso supusiera darle un buen golpe en la nuca y llevársela de allí inconsciente.

Miró a la lejanía, donde ya asomaba un ligero resplandor de color ocre que se empezaba a fundir con el cielo nocturno.

No me queda mucho tiempo, así que decídete rápido —le apremió—. Además, aún tengo que buscar un lugar donde quedarme durante el día; no creo que me dé tiempo a llegar hasta mi hotel.


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Solange Sarì-Lennox el Jue Abr 05, 2018 6:51 am

Y Solange bajó. Tal vez por el tono autoritario que él empleó, quizás porque le pareció bien dejarse sujetar y mover por ese desconocido que ya le había confesado y probado que su corazón no latía.

-Yo quiero morir, debo hacerlo por ellas. Quiero cuidarlas, tú no lo entiendes… él, Ernest, es demasiado poderoso. Tiene hombres fuertes que trabajan para él, me han lastimado ya –le dijo y tendió a él su mano, quizás no se notase a simple vista pero tenía la cuarta falange desviada levemente producto de una quebradura-. Agradezco que quieras ayudarme, pero te lastimará… -Un momento, él era un vampiro. ¿En verdad era tan poderoso Ernest como para enfrentarse a él? No lo creía e instantáneamente cambió de opinión. -O tú lo lastimarás a él. Yo no tendría como devolverte eso, esa ayuda… ¿Cómo te llamas? –lo preguntó y solo así fue conciente de que no se había soltado del agarre del hombre, Solange dio unos pasos hacia atrás hasta que su cuerpo chocó contra la fría piedra.

Pero, mientras ella meditaba en lo que él le ofrecía, el vampiro la tomó de ambas muñecas, haciéndole notar su poderío. Solange entonces se permitió serse por completo sincera: ¿en verdad quería morir? No si podía evitarlo, pero no podía evitarlo si Ernest estaba en medio y por eso le parecía conveniente aceptar la ayuda del vampiro, pero ¿a qué costo? Tenía unos pocos segundos para decidir, instantes para sopesar sus opciones. ¿Le creía? ¿Creía en verdad que ese hombre deseaba ayudarle? No podía estar segura, pero sus ojos parecían sinceros.


-Vamos –le dijo y tomó su mano, entrelazando sus dedos a los fríos de él-, vivo aquí cerca. Puedes quedarte en mi casa.

Tiró de él y juntos atravesaron el puente, Solange no entendía todavía si era un milagro lo que esa noche le había ocurrido o si se estaba metiendo en problemas. ¿Y qué más daba? Había buscado su muerte y había encontrado a ese hombre, si la mataba podría considerarse que no había perdido nada, que simplemente había logrado su objetivo.

-Quiero vivir –pensó en voz alta-. Ahora sé que quiero vivir, vivir bien sin temerle a nadie.

Caminaron las dos calles que los separaban del lugar que Solange rentaba. Era más bien orientado a marineros que atracaban en el cercanísimo puerto, la señora Hilda le había dejado tomar una de las habitaciones –la última de todas, al fondo del largo pasillo- porque le había caído bien la muchacha, pero en general eran los tripulantes y las prostitutas los que iban y venían.

-Tengo que decirte que mi casa no es una casa en sí, rento una habitación aquí –le señaló el lugar con un poco de vergüenza, se notaba por sus ropas y modos que era un hombre de clase alta que jamás había estado en un sitio como aquel-. Ven, te aseguro que no es tan malo como parece. Además, no tengo ventanas por donde vaya a entrar el sol. Las habitaciones con luminosidad cuestan dos francos más, no puedo permitírmelo –le confesó y se encogió de hombros.

Caminó por el largo pasillo sin techo. A su izquierda el alto paredón, a su derecha la sucesión de puertas –y algunas ventanas-. ¿Quién habría construido algo así? La división de seguro era idea de Hilda para sacar el máximo de dinero por metro cuadrado. Solange llegó al final del pasillo y puso la llave en la cerradura, abrió la puerta y con un gesto invitó al vampiro a ingresar a su pequeño, pero limpio, refugio.



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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

Mensaje por Jacob Lennox el Dom Abr 15, 2018 9:16 pm

La cálida mano de Solange agarró la suya en un gesto que, para Jacob, supuso más que placentero. No sólo por el contacto con la piel suave de la muchacha, sino porque eso significaba que, al menos, no había desechado su propuesta sin siquiera meditarla. Nada le impedía dejarlo a él en un lugar oscuro y salir durante el día en busca de su fatídico final, pero él confiaba en que no fuera a ser así. No creía en el destino, pero sí se creía capaz de cambiar el de ella.

El lugar al que le llevaba no quedaba demasiado lejos, cosa que el vampiro agradeció. La luz era cada vez más intensa en el horizonte, y Jacob no recordaba la última vez que había estado tanto tiempo despierto. Mientras caminaba, observaba con detenimiento su entorno, captando el olor del alquitrán con el que calafateaban los cascos y escuchando el crujir de los cabos cuando las naves se mecían. Los marineros, que ya estaban preparando sus bártulos, los miraron desde sus barcos confundiéndolos con una prostituta y su cliente; al parecer, los hombres bien vestidos no pisaban esa zona de la ciudad para otros asuntos que no fueran los placeres carnales.

El último vistazo que echó antes de doblar la esquita que los llevaría a su refugio estuvo dedicado al cielo rojizo que asomaba por el horizonte, cuya luz le recordó el último amanecer que compartió junto a Jane. Sonrió al pensar en ella, lo que hizo que apretara la mano de Solange, aunque fue tan ligero que ella apenas lo habría notado. El calor que le transmitió con ese gesto, sin embargo, hizo que Jacob desviara los ojos hacia ella, raramente fascinado y entusiasmado por conocer más de esa extraña joven.

El edificio donde residía era el más humilde en el que el vampiro había estado. La madera del suelo crujía con cada paso, y las pequeñas ventanas no supondrían ningún peligro ni siquiera para él, sensible a cualquier rayo de luz. La habitación, que ella había señalado con vergüenza —esos detalles eran imposibles de ocultar frente a él—, le pareció el lugar más adecuado para pasar el día.

No te avergüences —le pidió, entrando en el lugar—. He estado en casonas mucho menos acogedoras que tu casa, créeme. —Echó un vistazo a su alrededor antes de dirigirse a ella—. Es el lugar perfecto.

Nada de lo que había dicho era falso. Si bien la habitación tenía lo justo, estaba limpia y ordenada. Todo desprendía el olor de la muchacha, ese que Jacob ya había memorizado para entonces. La falta de ventanas, lejos de ser un estorbo para él, suponía un alivio, puesto que era imposible que se filtrara luz aunque se quisiera.

Me llamo Jacob, Jacob Lennox —se presentó, al fin, tomando su mano para besarla—, y te prometo, Solange, que pienso ayudarte a que vivas sin tener miedo de nadie. —La miró y sonrió levemente, sin llegar a enseñar los colmillos—. Sé que tenemos mucho de lo que hablar, pero debes estar cansada y no quiero agobiarte. Creo que lo mejor será que los dos descansemos, aunque sólo sea unas horas, y hablar después.

Sin más dilación, buscó unos trapos para poner en la parte inferior de la puerta y cubrir así la pequeña línea de luz que se colaba desde el exterior. Satisfecho con el resultado, colocó las manos en la cintura y se volvió hacia Solange. Él veía, pero, probablemente, ella no.

Yo me echaré en el borde de la cama. En realidad, no necesito más.


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Re: Mi Sol | Flashback {Solange Sarì-Lennox}

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