Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El corazón de piedra verde (privado)

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El corazón de piedra verde (privado)

Mensaje por Bethania el Miér Dic 06, 2017 4:32 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Contaban las leyendas incas que el dios Inti, el soberano del Sol, regaló a los primeros homabres una joya de jade verde en forma de corazón para que la colocasen en una estatuilla con su efigie en el templo elevado en forma de pirámide en Cuzco. Cada amanecer, sus rayos la atravesarían y proyectarían en el techo del templo sus símbolos sagrados. Los sacerdotes y sacerdotisas del dios Inti interpretarían los signos que portarían los mensajes del destino, el corazón de piedra verda otorgaría a su portador el don de la visión futura. Cuando los conquistadores españoles llegaron a Perú y saquearon la ciudad, el templo fue sepultado por los sacerdotes, convirtiéndose en ruinas que con el tiempo se cubrieron de vegetación, escondiendo también el paradero y la historia de la joya mágica. Muchos trataron de encontrarla, pero con el tiempo y los fracasos cayó en el olvido, quedadando como una mera leyenda.

* * * * * * *

Bethania repasaba con los dedos el mapa dibujado toscamente sobre un pergamino de tela desgastada mientras con la otra mordisqueaba una manzana, sentada en su cama a bordo del Inferno, el buque de guerra de 74 cañones que fondeaba en Akershus. La Almirante Morgan comandaba la flota rebelde que contaba varios barcos cañoneros, su buque insignia seguía siendo la Venganza de la Reina Ana, pero el Inferno y el Avenger era los más pesados y armados. Había sido la pupila y mano derecha de Danielle desde que ella la sacó del mercado de esclavos, pero llegada la mayoría de edad, la dejó formar parte de la tripulación del Inferno en calidad de contramaestre, necesitaba que se formase, que aprendiese todo cuanto le faltaba para ser algun dia capitán.

Seguía pasando temporadas a bordo de la Reina Ana, pero ahora volaba sola en el otro cañonero. Hacía unos años que llegó a sus manos ese mapa acompañado de leyendas sobre la joya de jade inca y al haber ido a Perú en un par de ocasiones, recabó la información necesaria para creer que en verdad existía tal joya y podía encontrarse. Algún día lo haría, viajaría hasta allí y encontraría esa reliquia que les otorgaría a los norteños el don de la visión, la posibilidad de anticiparse a los movimientos de Randulf sin la necesidad de utilizar a jóvenes vírgenes oráculo. Necesitaba preguntarle una cosa a la hechicera del conde Cannif, la mujer del general Ulf. Ella también tenía el don de la clarividencia, pero era distinta, y quería estar segura de cómo se podía usar tal joya a su favor.

Descendió la pasarela y se encaminó hacia la casa de los Tollak, normalmente solía estar allí, pero en esa ocasión Giuliana se había ausentado. Cuando llamó a la puerta Arne, el sirviente, la hizo pasar al salón donde el segundo hijo de los Tollak se encontraba discutiendo con su padre porque éste no le dejaba ir con él a una expedición al Norte. El primogénito, Brökk, sí que viajaba con el ejército de Cannif a pesar de ser tan sólo un año más mayor que Alrek. La discusión se detuvo cuando Bethania hizo aparción en el salón.

Ehm...lamento si interrumpo algo. Buscaba a la señora Giuliana pero... puedo volver más tarde.


Última edición por Bethania el Vie Dic 08, 2017 11:46 pm, editado 1 vez
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Re: El corazón de piedra verde (privado)

Mensaje por Alrek Tollak el Lun Ene 29, 2018 10:55 pm

Estaba tensa, la confrontación entre Alrek y Falkor la había puesto muy nerviosa, sabía lo brutos que eran los vikingos y no imaginaba que los cambiantes fueran aún más viscerales, pero por lo que había podido comprobar, lo eran. Respiraba agitada, Dani la iba a matar si se enteraba que había provocado un lío en un trayecto tan corto. Joder!! Sólo tenia que entregar un maldito mensaje en el castillo y volver, no era tan complicado ¿no?. Alrek sangraba por el labio, al parecer era casi toda la sangre del búfalo, él era un carnívoro y el otro un herbívoro con muy mala leche. Miró alrededor y vio una toalla sobre una silla y se acercó a quitarle la sangre de la cara.

— ¿Y tú estás bien?.— estaba deseando poder cruzar algunas palabras con él, pero a la vez lo evitaba porque sabía que sería un lio y…¡basta ya de pensar tonterías!.— quería venir pero…no puedo escaparme tan fácilmente.*

La miré mientras esta deslizaba el trapo por mis labios para limpiarme los restos de sangre aun viva.
Era evidente que esto iba a traerme consecuencias, el gilipollas cornudo ese era hermano de Atharal y le había abierto el cuello.
-Estoy bien -dije sin poder dejar de buscar heridas por su cuerpo -¿te ha hecho algo ese hijo de puta? lo hubiera matado.
La adrenalina aun corría por mis venas, era un lobo y la verdad en pleno apogeo, el control no era mi fuerte en estos momentos.
-Escapaste para cruzar medio mundo, dudo que no hayas podido venir antes, mas bien no has querido.
Siempre era directo, decía lo que pensaba y las medias tintas no eran lo mío.
-pero lo entiendo.

Hizo un mohín y lanzó la toalla a la silla de nuevo. Eso no era verdad.
— Eso es injusto. Quería venir, pero me juego mucho. Tenía que pensar y no está la situación para que nos caigan ya más broncas. Igual a ti te da lo mismo, pero a mi no. Quiero ser capitán, algun día lo seré, es lo que siempre he querido, demostrar que soy mucho más que una cría enclenque que Dani rescató de un mercado de carne. Me crucé con Falkor por casualidad, y… bah! Da igual. No te importa en absoluto.*

Enarque una ceja todavía con el cabreo patente en mi mirada.
-¿Tengo pinta de que me importe un mierda lo que me cuentas?
Me encogí de hombros, dejando escapar el aire algo frustrado y caminé hacia la mesa donde una botella de whisky medio vacía y dos vasos se encontraba.
-¿quieres? -pregunté llenando a medias mi vaso y esperando una respuesta.
-Tu madre es una gran anfitriona, no le presentes a muchos novios parece experta en lanzarlos por la borda.*

Puso lo ojos en blanco, no le faltaba razón en lo que estaba diciendo, pero él no tenía ni idea de cómo era Dani en realidad.
— Vale, no fue la mejor cena del mundo, pero tú tampoco tienes la razón universal!! No tienes ni idea de quién es!! Es la única persona que sin saber ni mi nombre se apiadó de mi. ¿Qué hubiera hecho tu padre? ¿comprarme para ordeñaros las vacas? Me ha dado una vida, una educación y aunque no pienso como ella, le debo un montón de cosas y no quiero joderla más. ¿Tanto te cuesta entenderlo? .— cogió uno de los vasos y se bebió el contenido de un trago.*

Guardé silencio por un momento mordiéndome la lengua, no porque esencia le faltara razón. Mi padre era un lobo, no lleva bien machos en su territorio, ni siquiera sus propios hijos cuando ya alcanzábamos cierta edad, de igual modo en tiempos difíciles lo primero era criar a su prole y si, supongo que la hubiera comprado como mucho para eso.
Pero no hablábamos de mi padre, si no de su madre y si bien era cierto que la había acogido como una hija, eso no le daba derecho a mover los hilos de su vida, a no ser que en parte a Beth le interesara que así fuera.
-Es mas fácil poner como excusa a tu madre que tener que decirme a la cara que ni de lejos soy lo que quieres en tu vida.
-¡BOOM! También se me daba bien eso de soltar las cosas directas, en algo me parecía a su querida madre.*
Lo miró de hito en hito cerrando los puños, la barbilla empezó a temblarle notando como la ira la corroía y pujaba por salir. En eso no era como dani, tenía tendencia aq explotar mucho más fácilmente que ella.
— ¿Y qué quieres tú? Una aventura como Falkor? Pues te puedes ir a la mierda como él!! ¿qué quieres de mi? Que te prometa que te haré la cena y te llevaré las zapatillas si llegamos a algo? Pues no!! Ve enterándote ya!! .— su pecho subía y bajaba agitado, plantándole cara al cambiante, una dura lucha interna en la que se debatía su temperamento contra sus instintos. No era norteña, nació bajo el sol mediterráneo y no iba con ella ese carácter tan frío que ostentaban los británicos.*

El vaso que sujetaba con la diestra fue lanzado con fuerza contra la medio apagada chimenea, el fogonazo no se hizo de esperar, tampoco mi gruñido que delataba hasta que punto sus palabras me habían ofendido.
-¿eso piensas de mi? Lo mismo que Dani ¿verdad? Por eso no replicaste, no te has esforzado en conocerme una mierda, aquí el único sincero he sido yo. Tu eres una cobarde que se esconde detrás de la casaca y de tus sueños para no afrontar la única verdad que hay en esto. ¡No soy mi padre!

Me acerqué a la puerta para abrirla.
-Tenias razón, esto es una muy mala idea, te acompañaré a puerto.*

— desde luego que no eres tu padre…piensas demasiado.— le replicó cerrando la puerta en sus narices y agarrándolo por las mejillas para besarlo con furia. Era un maldito cabezota engreído que pensaba cuando no tenía que pensar. No era ahora cuando deseaba que le entrase el sentido común, joder. No pensaba que fuera exactamente como Dani dijo, pero estaba insegura, tampoco pensaba que Falkor estuviera casado, ya se la habían colado una vez, y deseaba que Alrek no se la colara pero ¿cómo saberlo? Era complicado conocer a la personas, y que éstas no cambiasen con los años y las cosas que les sucedían… qué sabía ella!! Si sólo era una pipiola con más responsabilidades de las que la chicas de su edad solían asumir.*

La puerta se cerró en mis narices, iba a replicar cuando un beso salvaje acalló mi furibundo gruñido. Mis manso ávidas de ella se deslizaron por su cuerpo mientras mis labios respondían aquel frenético beso en el que nos habíamos sumido. La puerta se convirtió en lecho improvisado, mi cuerpo en cárcel y el encuentro empezó rudo, ambos necesitábamos descargar toda al adrenalina de la pelea, de la discusión y de nuestros propios miedos.Mas terminamos desnudos frente a la lumbre buscándonos, encontrándonos, saboreando un instante mas calmo en el que las caricias se sucedieron y las miradas se prendieron de fuego.

Me dejé caer a un lado de la alfombra con mi pecho aun subiendo y bajando, giré la cabeza con una sonrisa boba para mirarla.
-No ha estado mal -bromee riéndome -supongo que no puedes quedarte…*

Resopló colocándose la mano en la frente, no, no podía quedarse si no quería que la castigaran a limpiar las letrinas todos los días de su vida.

— No puedo. Pero espero que me pasen al primer grado pronto. Cuando al menos me deje bajar a puerto y hacer las labores normales, aunque sean de marinero raso…— se mordió el labio inferior.— No creo que seas como tu padre. Estaba enfadada por haberme encontrado con Falkor, que me dijo que… bah, da igual. No quiero pensarlo. Lo siento, yo sólo… quiero creer que te importo lo suficiente como para…pffff…tengo que irme.— se levantó y empezó a vestirse, no podía demorarse más y tampoco quería hablar más porque ya se había ido de la boca demasiado.*

Beth se levanto dejando las frases a medias, eso no me ayudaría a comprender que demonios esperaba de mi.
-No puedes hablar y no decir nada...termina la frase, no es tan difícil -dije mientras buscaba mis pantalones, mi camisola y como ella me calzaba las botas.
-Voy acompañarte, no porque sea un machista que piensa que una mujer no es capaz de protegerse sola, si no porque me preocupo por ti y no quiero vuelvas a encontrarte a ese cretino,sin mi. Se que tu madre y mi padre no son precisamente grandes amigos, se que tu madre piensa que mi padre es un bárbaro que tiene a mi madre esclavizada, quizás deberías hablar con Giuliana, te darías cuenta de que no es así. No voy a decirte que es fácil estar con un lobo, pero ¿acaso lo es con un pirata? Höor no es lobo y tampoco siempre lidia fácil con tu madre ¿no es cierto?*

— Lo sé, los he visto durante años mirarse en silencio porque estaban enfadados y a la vez desear que el otro rompiera ese silencio…absurdo, estúpido…yo que sé. Pero.. lo que quiero decir es que… no puedo creer en la palabra de nadie Alrek. No tienes ni idea de lo que es ser vendida una y otra vez, no saber si mañana despertarás o te habrán comido los cerdos. Mi madre me prometió que cuidaría de mi, y…la mataron. Falkor me prometió cosas y nada era verdad…¿cómo puedo fiarme de alguien? Dani siempre me dijo que tengo que ser fuerte porque el mundo es duro, y lo he comprobado desde pequeña, ella no me ha engañado ni me ha prometido nada. Ha cumplido su palabra, me dijo que aprendería a ser lo que yo quisiera y que su misión siempre sería ayudarme en eso.— se encogió de hombros colocándose su camisa y abotonando las piezas redondas que se había soltado.— ¿cómo puedo saber que no me estoy exponiendo a sufrir de nuevo? Llámame cobarde, no me importa, los piratas no somos héroes.*

-No lo sabes, tampoco yo, en esto no hay el camino fácil, bueno si, el de salir corriendo, pero tampoco pensaba que los piratas fuerais unos cobardes.
No te he prometido nada...Falkor si lo hizo ¿sabes por que no he prometido que te haré feliz? porque no se si seré capaz de hacerlo, ni si esto es lo que quiero. Se que aspiras ser capitán, yo se que no quiero una vida como la de Höor. Llámame bocazas, lo soy, pero mi padre me enseño a decir la verdad.
Él mostró a mi madre su cara desde el principio,ella fue libre de tomarla o no... yo veo la tuya aunque me la escondas, el mar es tu hogar, pero la tierra es el mío y no se si puedo encontrar puntos intermedios.
Anda, vamos a puerto, o tu madre te colgará o te hará saltar de las tablas esas... o como quiera castiguéis los piratas.*

Al final resultaría que Alrek Tollak no era un completo patán, y había hablado con mucho sentido común. No podía prometerle nada porque no sabía si era lo que quería, porque si lo supiera como poco sería extraño, a esa edad y sin conocerse, no sería normal que considerasen que estaban hechos el uno para el otro, sería de memos. Asintió y se alejaron hacia el puerto donde la pasarela de la Reina Ana unía tierra y mar.

— Bueno… entonces…nos vemos por ahí…cuando no esté castigada. Que descanses.— no iba a decirle que no buscase a Falkor, porque al final entre ellos pasaría lo que tuviera que pasar y ella no podría hacer nada al estar encerrada en el buque. Cruzó la pasarela y subió a cubierta saludando al vigía del segundo turno de noche.*



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Re: El corazón de piedra verde (privado)

Mensaje por Danielle Morgan el Mar Ene 30, 2018 12:27 am

Danielle se quedó en el castillo tras recibir el mensaje de manos de la morenita, como sabía que estaría tentada de pasar a ver a Alrek mandó a alguien a seguirla y regresó al rato con el informe. Se sentó en el borde de la cama de Höor.

Lo que imaginaba. ¿Qué hago? Lo dejo pasar? Ha desobedecido la orden de no desviarse de sus tareas…pero también puedo entenderla. No quiero que le rompan el corazón.— le preguntó a Höor que estaba lavándose la cara frente al espejo.— pffff… no me mires como si estuviera loca. Estoy segura de que si en vez de Alrek fuera Sirius estarías frenético porque una pirata con malas pulgas lo podría hacer trizas sentimentalmente hablando.*

Ladeé la sonrisa escuchándola, tomé la toalla secando las gotas que resbalaban por mi mentón y mis pestañas y tras devolverla a su lugar caminé hacia la pirata.
-Es Joven, es normal que se salte las normas y los castigos y tu has impuesto uno demasiado duro. Por esa regla de tres Niels viviría eternamente en el torreón del castillo.

— pues deberías valorarlo…los padres de las muchachas de Akershus te lo agradecerian.— sonrió, porque en cuestiones de hijos Höor tenía más experiencia y se fiaba bastante de su consejo.

-Pues agradece que Beth tenga buen juicio y en vez de fijarse en mi hijo, lo haga en el del General Tollak. Es un buen muchacho, es cierto que tiene carácter ¿pero quien no lo tiene a esa edad?. No podemos protegerlos de sufrir, hemos criado a nuestros hijos, les hemos dado herramientas para discernir lo correcto de lo incorrecto y equivocarse es parte del aprendizaje, no decidas por ella. Sirius ama una loba que en luna llena se convierte en bestia y ¿me ves nervioso?. También es verdad que mi hijo puede arrasar Akershus con una tormenta, quizás, eso me ayuda a pensar que nada es lo suficiente peligroso para él -bromeé.

Asintió reflexionando sobre aquellas palabras. Él había sido un padre bastante ausente por las incesantes campañas y no habían salido nada mal, ella había estado bastante encima de Bethania, quizás se estaba equivocando en presionarla así. Hablaria con ella cuando regresase al puerto.

Quizás tengas razón, he sido bastante dura, pero sin disciplina no se sobrevive en el mar, aquí las cosas son distintas. Supongo que por esta vez tendré que fiarme de la forma “Cannif” de hacer las cosas…— estiró las manos haciendole un gesto para que se acercara, siempre había preocupaciones en Akershus, ya fuera la guerra, la cosecha, los negocios o los hijos. Como equipo funcionaban bastante bien, así que se tomaría en serio el consejo que había pedido.— Así que soy demasiado dura…¿y contigo? Tú también te saltas mis cabreos por el forro?*

Gateé sobre su piel con picardia, quedando sobre ella, mi aliento penetró entre sus labios mientras admiraba a la mujer que tenia entre mis brazos. - Me salto tus cabreos porque ya tengo practica en ello. Eres imposible, pero admito que nunca me han ido las cosas fáciles. ¿y tu que? me dejas con la palabra en la boca y me das la espalda, hacerte claudicar es mas difícil que traer a Akershsus la paz.

Deslicé mis dedos por su rostro, Dani y yo habíamos pasado mucho y aun a día de hoy siempre sentía que nuestra relación estaba en una cuerda floja.
Supongo que ambos eramos complicados…*

— El héroe perfecto y la mujer equivocada…¿qué esperabas?.— pasaba el tiempo y se entendían algo mejor, eran capaces de no romperse la vajilla en la cabeza a la mínima que soplara el viento en otra dirección. Pero seguían siendo como dos elementos distintos chocando sin parar: fuego y agua.— ahora no estoy enfadada…¿acaso quieres empezar una batalla?.— lo provocó conteniendo la sonrisa a duras penas.*

Empuje mi pelvis contra su centro acomodándome entre sus piernas.
-Batallar contigo es un placer indescriptible pirata -susurré contra sus labios devolviéndole la provocación.
-¿te arrepientes? ya sabes a lo que me refiero... dices que temes que Alrek haga daño a Beth, pero nosotros nos hemos hecho daño muchas veces, tu vida hubiera sido mas fácil lejos del rebelde equivocado.*

Deslizó los dedos por su rostro aún húmedo al que seguía sin acostumbrarse, era como contemplarlo por primera vez cuando lo tenía cerca.

— Y las que nos quedan…¿cuándo he dejado yo escapar un reto?. Hum. Es cierto que quizás mi vida sería más fácil de haber elegido a un cocinero, a estas horas lo tendría haciendome postres y trayendo chocolate para hacer más dulce la batalla…pero como eres un guerrero más agrio que la bilis de troll, me conformaré con un meneo así, al estilo nórdico. Bleh.— picarse era cuanto necesitaban para acabar riendose o dando un portazo, el resultado era variable segun la ocasión.*

Me eché a reír negando con la cabeza, con la pirata no se podía hablar en serio, siempre salía con alguna de estas.
-Asi que un cocinero -susurré arrastrando las palabras -tendré que matarlos a todos -musité antes de perderme en el sabor de sus besos.
Alcé su camisola y con rudeza le arranqué las bragas ladeando la sonrisa.
-Dosis de troll en marcha -bromeé adentrándome en su abismo despacio, acallando sus gruñidos con mis labios.
Nuestros cuerpos se enredaron como la hiedra sobre el blanco lecho de sabanas recién puestas.
La lumbre lamió nuestra piel que se perlaba en sudor por la fricción de dos cuerpos que como nosotros combustionaban cada vez que se encontraban.
Si bien era cierto que éramos polos opuestos, era innegable la atracción que producía eso.
-Te quiero -susurré centrando mi mirada turbia en sus dos mares navegables.
Puede que mi vida siempre pendiera de una soga, no solo porque Dani era una pirata y yo el Héroe de una tierra infestada de monstruos, si no porque la vida que habíamos elegido era demasiado complicada para dos humanos.*

Muchas veces había subestimado la capacidad emocional de Höor y finalmente era él el más expresivo de los dos, aunque a veces perdiera el control con más furia, se desbloqueaba antes que ella. Le había costado mucho tiempo decirle que le quería, no era dada a ello, era como si al decirlo fuera más vulnerable o como si perdiera sentido…era extraño. Pero sabía que él también necesitaba oirlo.

— Y sigo sin saber si lo merezco. Yo también te quiero, Höor Cannif.— acarició su nuca instándolo a quedarse así abrazados un rato, no le molestaba su peso, si apoyaba la rodilla en el hueco de sus piernas, no la aplastaba y le apetecía sentirlo así, completamente en sus brazos.*

Aun adentró, acompasando nuestra respiración a la del otro y con los dedos de Dani paseándose por mi espalda y nuca me pregunté si yo hubiera dado la misma respuesta que ella.Sin duda era la mujer de mi vida, pero si había algo de lo que me arrepentía, al final siempre entre nosotros quedaban medias tintas, había evolucionado mucho la relación hasta nuestros días y aun así, guardábamos miedos y secretos bajo las sabanas.




No hay manera ♡ VIDEO♡ :

☆ ● Gracias Will● ☆  :

Piratas y vikingos:

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Re: El corazón de piedra verde (privado)

Mensaje por Bethania el Mar Ene 30, 2018 11:24 pm

Lo sucedido esa noche se quedó ahí, Danielle regresó a la mañana siguiente al barco y se sentó a desayunar con Bethania, indicándole que sabía lo que había ocurrido.

— Esto es una ciudad pequeña, aquí todo se sabe.— La morenita iba a protestar para decirle que no fue culpa suya que Falkor anduviera por allí dando la murga, pero la almirante levantó la mano en un gesto autoritario.— Déjalo. Estás relevada de tu castigo, tienes el primer grado, empieza por traer los albaranes de descarga de los próximos días.

La inglesa decidió hacerle caso a Höor y dejar que su niña cometiera sus propios errores. No podía protegerla de todo, ya era una mujer y aunque en el fondo siempre sería para ella esa niña desvalida que la miraba con ojos de corderito sobre la tarima del mercado de esclavos, debía dejarla volar. Beth enarcó las cejas. ¿En serio? No solo no la castigaba sino que le levantaba el otro castigo? De qué iba todo aquello? Danielle levantó los ojos del té y la miró.— ¿Piensas que me voy a hacer vieja esperando esos albaranes? largo!.— cuando Beth se marchó todavía algo alucinada, la rubia sonrió y negó con la cabeza apurando su té, tenía mucho papeleo que hacer.*

Como esperaba, de vuelta del puerto, Falkor clamaba venganza, claro que no solo. Bien sabia que quejarse a mi padre o a su hermano del ultraje recibido por un niñato de nada le serviría, los vikingos solucionábamos a golpes nuestros problemas con frecuencia, asi que nadie se metería en esto que nos enfrentaba a ambos.
Ladeé la sonrisa con mis ojos centelleando ámbar.
-Vaya, una reunión de herbívoros, ¿que habéis decidido dar una lección al lobo? -bromeé con cierta diversión, mientras me ponía en guardia.

La paliza de seis contra uno no fue poca cosa, pero mi honor quedó intacto y Beth había llegado sana y salva, si tenia que evaluar la noche con una palabra, seria positiva.
A la mañana siguiente como de costumbre fui al patio de armas a entrenar, padre me giró la cara con los dedos percatándose de que iba marcado con puñetazos, el labio roto, peor no hizo comentario al respecto, posiblemente ya sabia lo que había sucedido con Beth, en Akershus la información corría como la pólvora.
-Tu madre dice que tienes que pasar después por el templo ,algo relacionado con la piedra verde que encontrasteis.
Asentí volviendo a lazar el acero para golpear el del general...

Horas después, tras darme un baño en el lago, acudí ante madre donde me habían requerido, debía ser algo importante, pues desde la ultima vez que vimos algo ayudados por la piedra de la clarividencia, no habíamos vuelto a ser convocados.*

Tras acabar sus menesteres en el puerto, regresó al barco a llevar los papeles. Lo cierto es que sentaba de lujo volver a pisar tierra, a hablar con la gente y simplemente a oler los puestos de comida, porque estar encerrada en el barco era un suplicio, más que nada porque estaba anclado, no tenía nada que ver con cuando se echaban al mar. Buscó entre la gente los ojos traviesos del cambiante, pero no caería esa breva, era un guerrero y debía entrenar para sus objetivos. Después de comer llegó un mensajero de Giuliana, que requería a Beth en el templo. Habían reconstruido un viejo templo de piedra que ya no estaba consagrado a ningun dios en particular y lo usaban a veces de improvisado laboratorio de magia o para cualquier cosa que necesitasen. El corazón de piedra verde había sido ubicado allí para estudio y vigilancia por parte de las oráculo y las brujas y brujos del lugar, pero no le habían sacado apenas nada en claro.

Beth llegó sola hasta la puerta y atravesó el linde, que estaba protegido por unas runas. Allí estaba Alrek también y lo miró con cierta cara de extrañeza. La madre del rubio se acercó a ellos, ya debía estar al tanto de lo que había pasado, pero al parecer había algo urgente que tratar. Ulf también estaba y Danielle acudió más tarde con Höor, andaban repasando la reconstrucción del Avenger, seriamente tocado tras la última batalla. Atharal se adelantó unos pasos y se colocó en medio de todos para ser escuchado.

— traigo nuevas de Siveringen. El ataque que fue predicho por esa piedra, se dio tal cual lo describisteis. Lo pudimos contener, gracias a la advertencia, y las bajas han sido mínimas. El resultado ha sido muy positivo. La visión fue completamente igual a la descrita.

Así que era eso, habían sido los receptores de la visión y se había cumplido al cien por cien. Giuliana miró a los dos jóvenes.

— Necesitamos que pongáis de nuevo las manos sobre la piedra, yo intentaré unir las mías, a ver si consigo entender cómo funciona y por qué lo hace sólo con vosotros.*

Me acerqué al altar donde tenían la piedra, Beth caminaba a mi lado, sin duda si aquello ayudaba a los míos, si evitaba ataques de Randulf bienvenida fuera esa magia que nos unia a ambos.
Ladeé la sonrisa de forma engreída mirando a la pirata.
-Parece que el destino se empeña en juntarnos ¿vas a desobedecer los designios de los dioses? -pregunté guiñándole un ojo mientras posaba mis manso en la piedra de Cuzco.
Era un bocazas, eso era innegable, pero de momento quería seguir conociendo a la pirata, había pasado una buena noche con ella y me era indiferente las advertencias de Dani.*

No había más remedio que hacerlo, igualmente no estaba muy segura de por qué eso funcionaba sólo cuando ambos colocaban las manos a la vez, había hipotetizado un montón de tonterías sobre eso, y no daba con ninguna que pudiera servir. Avanzó y lo hizo igual que la otra vez, pero cuando los ojos se les pusieron blancos absorbidos por la potente magia de la piedra de jade, Giuliana colocó la mano sobre las de los dos y su magia oscura entró en conflicto con la del dios sol Inti. Al parecer, no era capaz de conectarse a la energía limpia de esa piedra y la bruja fue sacudida hacia atrás con violencia. Inti no quería revelarle el sino a nadie más que a sus dos descubridores. La visión fue bastante potente: una boda en una aldea, la plaza del pueblo adornada y engalanada y de pronto ríos de sangre carmesí tiñendo el suelo. El ataque sería fatídico y los resultados muy penosos para los rebeldes. La visión se desvaneció y despertaron del trance.

— Podría ser cualquier aldea…— protestó Atharal.
— había un pequeño fauno con dos flautas en la fuente del pueblo…— Beth trataba de fijarse en los detalles, porque eso era lo que les ayudaría a descifrarlo.*

Al poner ambos las manos sobre la piedra verde sentí una sacudida de poder, mis ojos se volvieron blancos y de un respingó mi cabeza se lanzó hacia atrás adentrándome en una especie de sueño. Es ese duermevela, vi aquella aldea donde se celebraba una boda llena de felicidad, niños e invitados celebraban ante nuestros dioses el enlace de sus allegados
Luego caos, sangre, muerte, niños con miembros cercenados, mujeres violadas...
Abrí los ojos de golpe y los hundí en los de Beth por un instante.
Mi madre había salido despedida, Ulf la ayudaba a levantarse, aferrándola con fuerza preocupado.
-No, no es cualquier aldea -corregí a Atharal, la cascada cae del fiordo directo a un lago de aguas claras. Lo vi a sus espaldas.
-Es la aldea de Fossmork -atajó Höor -estoy casi seguro, por la descripción, ha de ser ahí.
-Era de día -dije mirando a Höor, tenemos que ir, no sabemos cuando se producirá el ataque, ni si ya ha pasado.*

— Yo también voy.— sentenció la morenita. Danielle enarcó una ceja e iba a responder que ni hablar, pero Höor le puso la mano sobre el antebrazo deteniéndola. ¿Y ahora qué? También tenía que dejar que fuera a ponerse en peligro? Resopló y frunció el ceño. Miró a Höor y a Alrek y les apuntó con el dedo.
— Es responsabilidad vuestra si le pasa algo, os cortaré los huevos y los colgaré del palo mayor.*

-Tu mujer tiene muy mala Hostia Höor -dije ladeando la sonrisa mientras este se echaba a reír.
-Pues mas te vale que no le pase nada, le tengo gran estima a los huevos que cuelgan entre mis piernas.
Höor confiaba en los dos, supongo que estaba mas acostumbrado a dejar que sus hijos corrieran peligros, al fin de cuentas nos habían entrenado para ser guerreros, no niños a los que meter en burbujas.

-Y tu Beth, cuida del mendrugo del hijo de mi general, tienes mas cabeza que él insensato ese -dijo Höor sin mas dándonos la espalda. Dani no parecía muy contenta con la decisión, pude verlo en su mirada, pero no enfrentó en ese momento a Höor y su decisión tomada. Padre dijo que prepararía un pequeño ejercito que nos acompañara y que partiríamos con las primeras luces del alba, que mas nos valía descansar.
-¿Te vienes a mi casa a descansar Beth? - dije con una sonrisa antes de que Dani me atravesara con sus afiladas dagas.*

Los ojos de Morgan fulminaron a Alrek, de no ser porque Höor y Ulf estaban delante y se llevaría infinidad de chascarrillos durante días, le habría arrancado las orejas. Frunció los labios en una mueca de no estar nada conforme pero dio su brazo a torcer.

— bien. Pero no te acostumbres.— miró al cambiante y entornó los ojos.— bien jugado, por esta vez.*

Ladeé la sonrisa de forma soberbia, sabia lo que Dani pensaba de mi y Beth lo que yo pensaba de lo nuestro, así que supongo que las cartas estaban sobre la mesa a falta de que la joven pirata levantara las suyas. Mi padre no se materia en nada de esto, como Höor pensaba que los líos de faldas eran cosa mía, y aunque imaginaba lo que podía pensar de Dani y de la vida que tenia, él no iba a opinar si una vida sin mujer que calentara mi lecho cada noche es lo que yo elegía.
-¿eso es un si Beth? -pregunté devolviendo mis ojos pardos a ella.*

La joven miró a unos y otros como pensando “¿qué cojones pasa aquí?” Que todo el mundo opinaba sobre su vida y lo que debería o no hacer. Se cruzó de brazos y compuso una mueca de disconformidad.

— No, no quiero descansar, quiero ir a cenar y a la taberna, llevo un mes recluida.— y luego lo que sucediese a continuación, sería solo cosa de ellos, como si quería dormir colgada del palo de la bandera.

A Dani no le hizo gracia, evidentemente, pero al menos Beth había dado una respuesta completamente suya, sin darle la razón a ninguno, ni a su madre que prefería que durmiese en el barco, ni a Alrek que daba por hecho que iría con él. Los piratas siempre hacían lo que les daba la gana. La morena se dio la vuelta y salió del templo resoplando pero al sentir los rayos del sol en la cara se detuvo e hizo un gesto con el puño. Era libre otra vez!! Encaró a Alrek con la sonrisa en el rostro.

— ¿Vamos? Y mañana iremos a impedir que eso suceda!! Serás el héroe y yo te ayudaré, como habíamos planeado!!.*

El plan sonaba bien, cena y taberna ¿que mas podía pedirle a una mujer?
-¿Cenamos en mi casa? estamos al lado de la taberna y así puedes probar lo bien que preparó la carne poco hecha.

-No seas rata -le dijo mi padre pegándome una colleja -saca a la chica fuera, beber y divertiros, ya a tu casa llévala al final de la noche.- Cuando la pirata lo fulminó con la mirada se echó a reir echándole el brazo a Hoor por encima.

-¿Vamos al asador? -le pregunté rodeando su cintura con mi brazo divertido -¿así que seré el Héroe?*

— humm… te dejaré el mérito a ti, bocazas. Como siempre pasa con los piratas. Al menos pagarás tú la cena ¿no?.— Se marcharon bromeando y dándose empujones y collejas.

Danielle se cruzó de brazos y miró a Höor un poco contrariada. Había dado su brazo a torcer al levantarle el castigo a Beth, pero de ahí a que Alrek le tomase el pelo de esa forma y con Ulf delante…el cabreo estaba servido, pero no lo manifestaría delante del lobo.

— Tengo trabajo que hacer, nos vemos luego.— salió del templo algo airada y resoplando.
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Re: El corazón de piedra verde (privado)

Mensaje por Alrek Tollak el Mar Ene 30, 2018 11:25 pm

En el asador olía a carnes y a especias formando una amalgama de deliciosos olores. Ocuparon una mesa y pidieron cervezas mientras debatían como hacer las cosas al día siguiente. Seguro que Ulf llevaba en el contingente a los soldados más preparados, sabrían reaccionar y actuar, pero ellos habían tenido la visión y ellos podían saber con cierta antelación lo que iba a suceder.*

Mi padre le dejó claro a Höor con un codazo que esa noche le dejaba la llave de la casa bajo el felpudo, sin duda iba a necesitar el sofá para aposentar su culo.
Yo, con la victoria en mis alforjas me fui con Beth hacia el asador, bromeábamos, reíamos dándonso empujones y en alguna ocasión me quejé con un siseo al tocarme las costillas que llevaba amoratadas por la paliza de los herbívoros.
-Tienes que cuidarme -dije echándole morro al asunto -un masaje, unas friegas en la verga, ya sabes -bromeé mientras esta negaba.

Así llegamos al asador, olía a carne medio cruda y eso despertó mis mas puros instintos.
-Ummmmm que hambre tengo -la repasé de arriba a bajo dejando claro que no era solo de carne de lo que vivía el hombre.
No estaba nervioso, padre llevaría algunos soldados experimentados y otros jóvenes para disimular un poco...
Yo estaba hecho para la guerra, así que la verdad es que tenia que acostumbrarme a que esto bien podía ser mi día a día.*

Ya lo había curado en Cuzco, y el cambiante le echó el mismo morro que le estaba echando ahora. Le dio un trago a la cerveza y decidió descolocarlo un poco.

—yo también tengo hambre, quizás debería pasar de la carne asada y directamente pasar a la poco hecha.— lo miró de arriba a abajo deteniendose en su entrepierna y relamiendose el labio inferior. Sabía que le gustaban sus labios, solía besarlos y morderlos incluso cuando ya no estaban empujando.— ehm… no! paso, prefiero cenar primero.!!— soltó después alegremente mientras pedía una bandeja para los dos, estaba hambrienta de verdad.*

Tal y como hablaba mi hombría se enardecía, su boca era una fruta jugosa, me excitaba mucho, aun no había decidido si tanto o mas que sus dos montañas o ese pandero redondo, duro y perfecto, peor entre esas tras partes andaba el juego.
-No te faltará estando conmigo un trozo de carne que llevarte a la boca -dije casi ya decidido a pedir la cuenta, no había que dejar desaprovechar la ocasión, pero entonces -¡boom! otra vez me hizo lo mismo, dejarme con las ganas.Gruñí malhumorado mientras maldecía por lo bajo, aunque el enfado se me pasó en cuanto llegó la carne.Tiré de la morena sentándola en mi regazo mientras con mi zurda iba cogiendo trozos de carne y llevándolos a mis labios.
-¿estas nerviosa por lo de mañana? -pregunté relamiéndome los labios.*

— hmmm… supongo que un poco. No es lo mismo estar a bordo y esperar el abordaje, pelear a sable y pistola contra otros que son como tú… es decir… humanos. Pero Randulf tiene criaturas horrendas a su servicio y…¿y si mañana me las encuentro de frente? No sé qué haré, es la primera vez que participo en algo así. Antes sonaba muy bien pero ahora que lo digo en alto…me dan ganas de quedarme hecha una bola en la cama y no salir.— cogió un trozo de carne que le robó de sus dedos cuando casi iba a comérsela y la engulló sin darle opción a recuperarla.*

-Yo te protegeré -bromeé quitándole hierro al asunto. Entendía que estuviera nerviosa, si bien era cierto Höor insistió aprendiera a esgrimir el acero no era una escudera si no una pirata.Me quedé con la boca abierta cuando devoró mi trozo de carne, una pirata con ciertos dotes de ladrona. Mis labios buscaron los suyos como si pretendiera recuperar la carne, no podía decirse que yo no le echaba morro a las cosas.
-Saldré bien, evitaremos esa masacre y te dejo que te hagas una bola bajo mis mantas durante todo el viaje -dije guiñándole un ojo -creo que hoy a Höor le toca una buena..tu madre estaba furibunda -bromeé pasando con la cerveza la carne. -¿Te he dicho que tienes una boca muy apetecible? -dije con mis ojos fijos en esta.*

Tonteaban, se echaban los trastos a todas horas, se insinuaban sin pudor y después cumplían parte de las provocaciones cuando chocaban a solas sin ropa. Quizás fuera cosa de la edad, o bien de que no tenían tantas cicatrices en el corazón como Danielle y Höor, eran más inconscientes y sólo disfrutaban del momento. ¿Por qué no? Beth no quería involucrarse demasiado con el rubio, pero tampoco iba a desaprovechar la oportunidad de pasarlo bien, de reirse, de estar a gusto con alguien y de paso borrar la mala experiencia acumulada con el hermano de Atharal.

Le guiñó el ojo a Alrek cuando le dijo algo que ya sabía, pero que como a cualquier mujer, le gustaba oir: que era deseable.

— No me lo habías dicho, pero ya lo sabía. Tú tienes un morro muy mono.— le dio un bocado en la nariz, se refería al morro en forma de lobo, por supuesto. Le gustaba mucho su forma animal, era precioso y suave.— ¡Eh! No lo harás todo tú, yo también quiero evitar la masacre! Y si eso sucede igual te dejo a ti hacerte bolita bajo las mantas. Pero… buf, no! Lejos del barco por favor. He tenido mar para una larga temporada.

En eso hablaba en serio, el castigo la había hecho aburrir los viejos maderos del Inferno.*

-¿un morro mono? -enarque una ceja bufando, aunque en el fondo me estaba descojonando por dentro -¿eso es todo lo que me tienes que decir? - pregunté fingiendo estar ofendido -en vez de ..¡oh, que verga mas gorda tienes! oh que bueno que estas..yo que se, algo mas allá de que mono eres -dije frunciendo mas el ceño.
Beth se moría de la risa, los dos nos picábamos, nos llevábamos bien y si no pensábamos en nada mas que en el presente, como tenia que ser ahora, nos lo pasábamos bien.
Ninguno tenia nada claro, pero nosotros no éramos nuestros padres, éramos jóvenes, teníamos derecho a equivocarnos, a vivir y a hacernos daño. Ya veríamos que nos deparaba el destino, quizás murieramos en este viaje y habernos comido la cabeza era una tontería, así que...carpe diem.

Acabamos los postres, una tarta de chocolate fundido por encima que me hizo relamerme y chuparme los dedos.
-Gracias por la cena -dije ensanchando la sonrisa. -Ya que queréis tanta igualdad, deduzco me invitaras -bromeé sacado unas monedas que dejé caer sobre la mesa -anda, vamos a la taberna, bebamos un poco, tengo que emborracharte para que dejes de verme mono.*

Bufó por el comentario de la igualdad, si no estuviera degradada y sin un miserable real, habría pagado al menos la mitad. Tampoco sabía que Danielle le había heredado un buen patrimonio, cuentas bancarias incluidas, porque la pirata aún no se lo había dicho. Beth era propietaria del Inferno junto con otras propiedades, ya que la Reina Ana estaría a nombre de Sirius.

— No necesitas emborracharme para eso, cuando no te veo mono, te veo como un cerdo, así que tú eliges!!.— cambiaron del mesón a la taberna y allí se tomaron unas cuantas jarras, pero la pirata no quería abusar porque al día siguiente debían rendir.— ¿y tú nunca te pones nervioso?.— le preguntó al rubio, que siempre aparentaba estar sentado sobre sus cojones.*

Me eché a reir con la jarra en la mano, ella era muy divertida y esa pregunta se las traía.
-Claro que tengo miedo -sabia que esto iba a ser motivo de mofa, algo que ningún vikingo reconocía ni aunque le aplastaran los huevos para ello -si, también estoy nervioso, pero supongo que el entrenamiento hace su parte..ya he matado antes y cuando lo haces sabes que el acero no solo hiere..soy consciente de que mañana puede que los dioses me reclame para subir al Valhalla y ¿te cuento un secreto? No quiero ir, al menos no todavía...nuestros padres hablan de la muerte como si fuera un paso...algo que llegará y que esperan con valor. No parecen sentir miedo, bromean con que las valquirias tetonas vendrán por ellos, peor..¿que quieres que te diga? yo prefiero tocarte a ti las tetas y dejar lo del Valhalla para bastante mas adelante. creo que la final nos acostumbramos a bromear sobre la muerte porque la enfrentamos a diario, es el modo de protegernos del miedo, pero todos lo sentimos, porque si nos vamos dejamos aquí demasiadas cosas, hijos, padres, hermanos... *

Tenía bastante sentido lo que decía, siempre había pensado que los vikingos estaban locos por desear el Valhalla, por buscar la muerte de esa forma. Pero era su creencia, y de la misma forma no entendía a los cristianos por poner la otra mejilla. Se levantó y tiró de la mano de Alrek sonriendo entre dientes.

— Pues tendrás que añadir un nuevo miedo a tu lista…podría engullirte con esta tentadora boca mientras duermes. ¿Y si resulta que soy un súcubo y no lo sabéis ninguno?.— el alcohol la había achispado un poco y estaba juguetona, el miedo regresaría luego, pero en ese momento sólo tenía ganas de saborear de nuevo la rebeldía, la libertad de estar fuera del castigo y encima “premiada” con una excursión.*

Me alcé de la silla riéndome, ella bromeaba mirándome, moviéndose delate mío como si fuera un súcubo. Hundí mi hombro en la boca de su estomago y la lacé como si fuera un saco, los vitorees ebrios de los norteños retumbaron en nuestros oídos mientras yo le daba un manotazo en el trasero.
-Vamos a ver lo súcubo que eres -añadí saliendo de la taberna rumbo a mi casa.
No estaba lejos, era cruzar la calle y dábamos de bruces con mi puerta, así que mientras esta se reía, con su larga melena casi rozando el suelo yo me divertía de ese incesante suéltame.

Cumplí sus deseos una vez atravesamos le umbral de la puerta, la dejé caer sobre las pieles que cubrían el lecho mientras la miraba de arriba a bajo.
-¿que ibas a comerme? -pregunté tentándola.*

Se incorporó y paseó las manos por la camisa sacándosela por la cabeza luego deslizó los dedos por los abdominales hasta llegar al cinto. Lo desabrochó hábilmente mientras su bocas apenas se mantenían separadas por unos milímetros.

— la vida…debería comerte la vida.— desgranó lentos besos por su cuello, bajando por el pectoral y después por la línea alba hasta el ombligo. Sus labios iban dejando el rastro de su calor por la piel del cambiante hasta descubrir su dureza por la que paseó también la lengua. Por un instante recordó a Falkor, eso era algo que le gustaba que le hiciera y se lo sacó de inmediato de la cabeza. No era el búfalo, era el lobo y era allí donde quería estar y con quien quería estar. No iba a permitir que los malos recuerdos de la otra experiencia ensuciaran lo que fuera que tuvieran ahora.*

Con la cabeza ligeramente hacia atrás y los labios entreabiertos por donde escapaba mi pesada respiración me dejé hacer. Los gemidos inundaban la estancia sintiendo mi piel arder, mi hombría vibraba entre sus labios engrosada sintiendo como la pirata la colmaba de atenciones. Tiré de su pelo cuando no pude aguantar mas y despacio gateé sobre su piel buscando sus labios, que mordí con placer relamiendo el sabor de ambos.
Sobre el lecho hicimos el amor despacio, plagándolos de besos de caricias, de risas cómplices.
El vaivén de sus caderas marcó un nuevo ritmo al encuentro, embestidas mas rudas se sucedieron hasta que acabé sucumbiendo sobre su cuerpo tras alcanzar juntos el clímax.
Cerré los ojos sin bajarme de ella, sintiendo sus dedos revolver mi pelo juguetones.
-no puedo moverme -bromeé. Tampoco quería hacerlo*

— es porque al final te he comido la vida.— murmuró relajada, casi somnolienta, había sido un día de muchas emociones, el regreso al trabajo, la magia del corazón de jade, la cita en toda regla que había tenido con el rubio y el postre final. Así iría menos tensa al día siguiente, de hecho, en ese momento se encontraba en un estado de idiotez curioso, tenía la felicidad del borracho o del que acaba de descargar en el burdel, sabiendo que se iba derecha a una masacre y sin importarle…bendita hidromiel. Si Alrek le contestó o no, no estaba segura porque se le empezaban a cerrar los ojos. Esperaba que él se despertase a tiempo por que si no…— mmmm…pues… no te muevasss…— arrastró las palabras mientras se enroscaba contra su cuerpo, pero con la intención de dormirse.*



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Re: El corazón de piedra verde (privado)

Mensaje por Bethania el Sáb Feb 03, 2018 10:39 pm

Se despertaron temprano porque Alrek abrió los ojos y la sacudió, a ella la hidromiel la había dejado bastante dormida. Se levantó bostezando y desayunaron algo rápido, sólo para tener algo de energía pues tenían que llegar a la aldea y después ya se vería. En teoría iban a llegar antes que los enemigos, porque en la visión se estaba poniendo el sol, pero aún así se marcharon temprano, acudiendo al patio de armas a reunirse con los soldados que Höor había designado a aquella misión, y finalmente decidió que también Sirius los acompañase. El hechicero podía provocar una tempestad, un terremoto o una ventolera bárbara, y siempre podría ser de utilidad.*

Sacudí a Beth cuando las primeras luces del alba se colaron por los postigos de la habitación. Me reí por la cara que se gastaba, apenas había bebido, peor aparentaba tener una resaca de esas épicas que no te permitían hacer nada. Besé su nariz, sus labios, mordí su mandíbula y arrastré por su cuello mi nariz hasta que ella me dio un manotazo pidiéndome que nos pusiéramos en marcha, algo que me hizo gracia.

Tras un desayuno mas ligero de lo que me hubiera gustado, algo que me permitió bromear durante todo el camino por sus malos dotes culinarios llegamos al patio de armas.
Al parecer, ademas de los soldados también nos acompañaría Sirius, era un hechicero poderoso que bien podía salvarnos el culo a todos, me atrevería a decir, que él solo podía hacerse cargo de la misión y en ese instante me sentí un poco fastidiado pues pensaba que yo estaría al mando. Sirius se acercó con la humildad que le caracterizaba y me preguntó que hacia donde íbamos, era un tío bastante elocuente y también empático, sabia que yo necesitaba sentirme como mi padre, el general en esto, y para nada se mostró altivo pese a que para él ni de lejos era la primera gesta a la que acudía.
Saludó a su "hermana" y bromeó con ella para quitar hierro al asunto y así emprendimos la marcha hacia la aldea de la "boda roja”*

Cuando vio a Sirius se quedó más tranquila, de pequeña siempre prefería pasar tiempo con él antes que con Orn o Fio, que sólo querían pegarse y Valeska que sólo quería hacerle trenzas. Era inteligente y más callado, quizás era no era la palabra, ”prudente” lo definía mejor. Sabía de su gran poder y de sus enormes esfuerzos por controlarlo y lo cierto es que si iban con él, no había nada que temer. Montaron en los caballos que les correspondían y salieron al trote hacia la aldea, mientras iban conversando. Sirius quería saber todos los detalles del viaje a Perú, como había estado castigada sin salir del Inferno, no habían podido hablar. Le contó todas las peripecias que sufrieron en aquella pirámide inca y cómo las superaron. Sirius se rió de los pasajes más divertidos y los tres hicieron medio camino con tranquilidad. A medida que se acercaban al poblado cambiaron la conversación por el plan, la organización y lo que haría cada uno.*

Pasamos un buen rato riéndonos de todo aquello que habíamos pasado e Perú, hasta le enseñé mi cicatriz echándole un poco de belicosidad a la escena del puma, los vikingos tediamos a hacerlo todo a veces mas grande de lo que era, sobre todo si así sonaba épico.
-No sabes lo que ligo con esto -dije señalando la marca que atravesaba mi ojo.
Fue cuando a mitad camino nos dimos cuenta de que la gesta se aproximaba cuando el semblante discernido de todos los presentes fue mudando en uno mas solemne. Ahora el punto fuerte era hablar de las posibilidades que encontraríamos para proteger una aldea de ganaderos en su mayoría.
-Creo que deberíamos aprovechar la situación estratégica del terreno, quizás podamos montar trampas, enterrar algunas picas, de ese modo cuando los jinetes vengan hacia la aldea, podemso elevar la barricada y al menso perderan la primera linea de caballeria, si los pillamso por sorpresa podremso darles muerte en el suelo a melé.
La segunda podríamos echarla a bajo con arqueros...
Si pudiéramos ocultarnos ya que no nos esperan seria como pillarlos con la verga fuera.
-yo me ocuparé de crear una neblina lo suficientemente espesa como para que no distingan nada hasta que no estén encima -dijo Sirius.*

Beth los escuchaba y trataba de entender la estrategia que querían hacer, pero no había peleado en batallas de tierra y estaba algo perdida.

—¿Y qué hago yo? ¿con quién voy?.— porque ella sabía luchar con el sable y disparar con las pistolas, llevaba dos, un saco de pólvora y treinta proyectiles. Sabía que tardaría en recargar, así cuando más lejos de la batalla, más segura estaría, pero no a más cincuenta metros, porque necesitaba al menos quince segundos para recargar el arma disparada. El concepto de francotirador se acuñaría años más tarde, pero lo más sensato para la pirata era quedarse oculta, atrincherada en algún lugar desde el que tuviera ángulo de visión.*

Miré a Beth fijamente, no quería que le sentaran mal mis palabras, porque ya me conocía yo eso de "¿lo dices porque soy mujer?"
-Tu, al igual que los dos arqueros que nos acompañan quedareis atrás, en principio he pensado que podíamos colocar algunos carros volcados, incluso cavar unas trincheras pequeñas e individuales desde donde tengáis bastante ángulo para la batalla. Las dos escuderas y los guerreros experimentados junto a mi estaremos en la primera fila del combate, remataremos a la caballería y lucharemos a melé contra lo que venga. Sirius debería estar atrás del todo, su magia es mas efectiva que el acero en sus manos.*

Asintió porque ella no tenía mucha idea de lo que se cocía en una batalla de infantería de tierra y caballería, tenía claro que la jerarquía se respetaba en el ejército, al igual que en la flota y allí mandaba Alrek, a Sirius lo habían enviado de apoyo, era la forma de “probar” al cambiante, su padre lo enviaba como líder a una misión y tendría que dar la talla.

Llegaron a la aldea y avisaron a la gente que se preparaba para la boda. Les dijeron que se encerrasen en sus casas a partir del mediodía, pero en ese momento les tendrían que ayudar a levantar la barricada. Beth observó la plaza del pueblo, estaba abierta a donde seguramente llegaría la caballería enemiga, no era una aldea grande, apenas 15 o 20 casas. Distinguió la fuente y un pequeño templo con una campana en la pared. Se la señaló a Alrek.

— ¿Ese te parece buen sitio? Está en alto y a cubierto.— desde allí podría verlo todo y disparar sin ser alcanzada.*

Si algo tenia de bueno el norte es que hasta en el caso de las aldeas mas pequeñas estaba acostumbradas a la devastación, a la guerra y a la muerte.
No se instaló en el lugar el pánico, si no mas bien una colaboración intensa con los soldados de Akershus por salvar su propio pellejo aferrándose así a la esperanza como si este fuera un clavo ardiendo.

Elevé la mirada cuando Beth me preguntó si ese campanario seria un buen lugar.
-Si, desde ahí tendréis una visión estrategia de todo, ademas de que estaréis a salvo de los ataques con el acero, el punto elevado también os garantizará mas aciertos.
En este momento no le hablaba tanto como el joven que sierpe le tiraba puas y trataba de besarla. Estaba demasiado ocupado en pensar como salvar el culo de todas esas personas que depositaban sus vidas en nuestras manos.

Todos nos ayudaron a cavar, algunos hombres sacaron filo a troncos no demasiado anchas pero lo suficiente como para aguantar el envite del caballo. Las mujeres preparaban un rincón para poder curar a los heridos en la casa central. Desde allí tendrían acceso a todo. También recopilaban las pocas medicinas y vendas que encontraban. Los niños eran útiles en la guerra, aquí teníamos que aportar todos nuestro gano de arena, así que en la empalizada buscaron fallos, cualquier tronco movido o hueco que necesitara ser reforzado.*

Se prepararon lo mejor que pudieron, cada uno sabía qué lugar debía ocupar y cuando se dio cuenta el sol comenzaba a bajar y se puso nerviosa. La hora llegaba y en su cabeza se le repetían las imágenes que vio en el templo: sangre mezclada con el barro, una manita muy pequeña inerte en el suelo al girar una esquina…gritos y ese silencio odioso que precede a la muerte y que se instala tras su paso. Respiró hondo y se acercó a Alrek.
— ten cuidado…yo… estaré ahí arriba.— como si no lo supiera, pero era la forma que tenía de decirle que estaba preocupada ante la inminente pelea y nerviosa porque en teoría acababa en masacre y ahora empezaba a ser consciente de ello.*

Acuné su rostro al ver su gesto desencajado.
-Te prometo que no voy a dejar que te hagan daño, vamos a salir airosos de esto -ladeé la sonrisa con ese aire engreído que me caracterizaba y el di un azote haciéndola dar un respingo y de paso fruncirme el ceño. -Vamos pirata, he sobrevivido a semanas de travesía en un barco y admito que mas de una vez me hubiera lanzado por la borda enloquecido en busca de tierra, esto comparado es pan comido -le guiñé el ojo soltándola - manda a muchos de esos al Valhalla*
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Re: El corazón de piedra verde (privado)

Mensaje por Alrek Tollak el Mar Feb 06, 2018 11:04 pm

Se encaminó a la torrecilla del templo donde tenía visión elevada y se atrincheró allí con dos arqueros. Oteó todo el poblado tratando de vislumbrar alguna señal de que se acercaban los enemigos, pero estaba en clama. ¿Esa era la sensación de la calma que precede a la batalla? Respiró hondo un par de veces y cuando escuchó unos gritos supo que había comenzado. El contingente de Randulf, montado en gélidos, una especie de reptilianos bípedos, atacó a los rebeldes. Habían fallado, no eran caballos, eran criaturas escamosas, y algunos de ellos cayeron en la empalizada de estacas, atravesados por las puntas de madera entre sus placas grimosas. Otros consiguieron sortearlas o saltar y se colaron dentro del poblado, allí algun soldado fue engullido por esos reptiles de fauces afiladas, la sangre manchó la tierra y todo se disparó a un ritmo frenético. Apuntó a un gélido y le metió una bala en el cuello, desvió su trayectoria hacia un rebelde, pero no lo mató. Cargó de nuevo y disparó esta vez contra el que lo montaba, y el bicho suelto se encabritó y fue a por otro bocado de carne. Le dio instrucciones a un arquero y éste abatió al monstruo mientras ella recargaba, sus pistolas requerían al menos 15 segundos de recarga. Se le disparó la adrenalina y se vio abrumada por demasiadas cosas que hacer y tan poco tiempo.*

Me equivoqué, aquellos jinetes lejos de venir a caballo según lo previsto montaban unos reptilianos de cuerpo escamoso verdusco y ojos de lagarto. En su mayoría lograron vencer la muerte de las estacas, su piel mucho mas dura les sirvió como escudo y si bien era cierto les hirió, no les mató.
Rugí de plena rabia con el acero bailando entre mis dedos.
Descargué una estocada en el pecho de uno de los jinetes que se había venido abajo con su montura empalada entre los maderos.
Ordené a los arqueros a voz en grito abatir a los que habían superado la primera linea.

Uno de esos reptiles se lanzó hacia mi, con la zurda, saqué, una pequeña hacha de mano y la incrusté en su craneo, la espada danzó en mi diestra incrustandosela por debajo de la barbilla donde no parecía tener el escudo natural de su piel y lo abatí plantando cara ahora al jinete, abriendo los brazos en cruz rugiendo para una batalla a mele.
Era un orco que bien podía sacarme un cuerpo.
-¡Vamos!

Cuando consiguió recargar de polvora las dos pistolas disparó fijando el objetivo a un orco que estaba justo detrás de Alrek y que avanzaba maza en mano dispuesto a hundirle el cráneo. Después abatió a otro que se acercaba a un rebelde desarmado porque en el choque había dejado caer la espada, y de nuevo tuvo que recargar. ¡Maldita sea! Aquello era lento!! Pero era lo mejor que podía hacer, era de largo alcance y preciso, una bala, una muerte. Siguió recargando y disparando, a la vez que los arqueros hacían lo mismo.*

Atrás Sirius clavaba su mano en el suelo, bajo nuestros pies la tierra tembló sus ojos del mismo tono rojizo con toques un tanto pedregosos lo fusionaban con el elemento tierra, que a su voluntad se alzó en una especie de muro que se elevó varios metros frente a sus manso protegiendo y así aislando a las personas de aquellos seres, el ejercito de Randulf era como el circo de los horrores.

Un disparó pasó por mi lado abatiendo con tino al orco que a mis espaldas se acercaba maza en mano, hubiera alzado la cabeza para mirar a la dueña del disparo, pero el orco que había frente a mi no se paró en tonterias y descargó su enorme clava contra mi.
Rodé por el suelo esquivando así la mordedura mientras atacaba su flanco derecho con mi espada haciéndole un buen tajo.
Otro se acercó a mi espalda, eran demasiados, mis ambar centellaron ladeando mi cuerpo lo suficiente como para que el hacha saliera disparada de mi mano hundiéndose en su frente.
-¡Ahhhhhhhh! -rugí sintiendo la sangre caliente resbalar por mi cuerpo.*

Escuchó el rugido de Alrek y se puso nerviosa, tiró el balín que tenía entre los dedos, sacó la cabeza para ver qué pasaba y al verlo aún se puso más nerviosa. Con dedos temblorosos consiguió recargar pero al volver a asomarse divisó a otro soldado a punto de ser devorado por una bestia y a Alrek defendiéndose del ataque ¿qué hacía? ¿a quién debía disparar? Un instante de duda bastó para que la bestia cerrase las mandíbulas entorno a la cintura del vikingo y le sacó las tripas. Esa visión se congeló en sus ojos. Un segundo de duda y ese hombre estaba muerto, ella la culpable de que ese norteño hoy no regresase a Akershus. Uno de los arqueros la sacudió para que reaccionase y finalmente su mente entró en piloto automático, recargando y disparando, hasta que no quedaron proyectiles en su bolsa.*

Sirius apretaba los dientes, no sabia cuanto podría aguantar, frente al muro se congregaba una buena parte de los draconianos con aquellos jinetes oscuros montados completamente cubiertos de armadura completa, no tenían ojos, solo oscuridad, vacío y frío. Un grito que se trasformó en gruñido y la tierra se convirtió en afilados picos que salieron disparados de sus manos dejando así lo que antes era un muro en una infinita secesión del lanzas que como lluvia afilada se hundió en el cuerpo del enemigo.
Sirius cayó de rodillas posando una de sus manos en el suelo para sujetarse, la magia era poderosa, pero tenia un precio.

Salí corriendo en su dirección, muchos habían muerto con aquel devastador ataque pero otros quedaban en pie y lo matarían si no lograba evitarlo.
Me fui abriendo paso acero en mano, abriendo el pecho de los orcos, destripándolos en una carrera hacia el mago.*

Ya no le quedaban balas, así que descendió de la torreta y sacó el sable de la vaina corriendo en la misma dirección que Alrek, hacia Sirius, se zafó un mandoble y le barrió los pies a un orco sajando sus tendones, éste hincó las rodillas en tierra y con el cuchillo lo apuñaló bajo la barbilla sacando la hoja por la nariz. Le costó un poco desincrustarla, Beth no era un guerrero, su tamaño cuadraba mejor con una asesina o con lo que era, una pirata, y aunque estaba fuerte, no lo estaba tanto como para rendir bien en una batalla así, donde los enemigos le doblaban el tamaño. Corrió empujando una puerta y atravesando una vivienda, huyendo de uno enorme que la perseguía. Se pegó a la pared y esperó que entrase en tromba, entonces le hundió el sable en el estómago y le lanzó una silla, rompiéndola contra la mole negra. En el segundo que estuvo aturdido, hundió por el mismo lugar que al de antes una de las patas de la silla y la dejó ahí, recuperando su arma y saliendo por la puerta de atrás. ¿Qué estaría pasando en la plaza principal? Los había perdido de vista.*

-¡Sirius! -rugí al ver como uno de los jinetes oscuros viendo al hechicero en el suelo alzaba la espada para descargarla sobre su cuello.
El mago se revolvió, con las pocas fuerzas que le quedaban, sacó de su bota una daga que clavó en la yugular del monstruo, justo donde el cascó dejaba la obertura para unirse con el resto de la armadura. Lo empujó con el pie lanzándolo al suelo.
Ruido metálico al desplomarse el cuerpo, ríos carmesí bañaban las tierras de nuestros ancestros. Un segundo enemigo no llegó al mago, pues salté por los aires convirtiéndome en un enorme lobo rojo que cayó sobre el orco devorandole la cara, tirando con mis dientes y haciendo palanca con mi poderosas patas de las venas de su cuello, mientras gruñía plantando cara a un segundo.*

Corrió a la plaza principal donde Alrek convertido en lobo desguazaba a la criatura con sus dientes y garras, la sangre teñía su pelaje y la cara de Sirius, que agotado estaba arrodillado en el suelo. Todavía chocaban aceros y se escuchaban los sonidos de la muerte, pero poco a poco iban acallándose, la morenita consiguió llegar cerca de donde estaban ambos, pero se detuvo cuando vio al soldado devorado porque ella no había disparado a tiempo. Tenía los ojos abiertos y las tripas fuera, se detuvo frente a él y ese rostro se le grabó en las retinas. Ya no lo olvidaría jamás.*

Me alcé relamiéndome el hocico, pocos eran ya los enemigos que quedaban en pie, el cuerno llamaba a retirada. Donó con fuerza, retumbando en la aldea, habíamos ganado, la profecía de la piedra verde no se produciría.
Fue entonces cuando me percate, Beth estaba parada frente a un cadaver, absorta en sus pensamientos de un modo tal que n ose dio cuenta que pro su flanco derecho un huargo malherido alzó la cabeza casi atrapando su brazo, con al potencia de sus mandíbulas bien podía cercenarselo. Me lancé a la desesperada rodando en mi caída por el suelo con el perro ensangrentado, los dos mostrándonos las fauces, claro que a mi me pillo de refilón y eso hizo que la bestia clavara en mi un bocado rápido que me hizo aullar de dolor.
Me revolví empujándolo con las patas traseras y cuando me lo saque de encima cargué de nuevo enganchando su yugular, desgarrando su carne sintiendo como daba sus últimos coletazos de vida entre mis dientes.*

El aullido del lobo la sobresaltó y la sacó de su ensimismamiento. Llevaba el cuchillo en la mano y apuñaló al huargo con saña, una y otra vez, incluso cuando ya estaba muerto, sumida en un bucle caótico, donde su cabeza estaba tratando de no sucumbir por completo a la devastación de la culpabilidad, y ese pellejo sanguinolento era quien lo estaba pagando.*

Fue Sirius el que abrazó a Beth desde atrás susurrando que ya había terminado todo.
Su mano atrapaba el puñal de acero para quitárselo a la pirata que había entrado en bucle y no pensaba. Mis ambar se hundían en sus dos tormentas pendencieras mientras frente a sus ojos y con gesto de dolor empezaba a recuperar mi forma. Me puse en pie, manchado de sangre, mas del enemigo que propia, caminé hacia ella abriendo los brazos para acogerla. Sirius la soltó para que yo pudiera calmarla mientras cansado se dejaba de nuevo caer al suelo evaluando los daños.*



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Re: El corazón de piedra verde (privado)

Mensaje por Bethania el Mar Feb 06, 2018 11:07 pm

Bethania temblaba y tenía las manos llenas de sangre, esa sangre podía ser la del soldado caído por su culpa, esa sangre tampoco se la quitaría de la cabeza de ahora en adelante. Cuando sintió el abrazo del cambiante se revolvió y después poco a poco se calmó, bloqueada, en bucle hasta que el silencio tras la batalla se impuso y sólo la propia respiración y la de Alrek era todo cuanto podía oir. Se levantó despacio y miró alrededor. Habían evitado la masacre, los gélidos y los orcos estaban desparramados por doquier y ni una baja civil, tan sólo tres o cuatro guerreros.*

Aparté los mechones ensangrentados de su rostro acunando con mi mano su rostro para que me mirara.
-Hemos ganado, hemos salvado a la gente, has sido una gran escudera -susurré buscando sus labios.
Su cuerpo temblaba entre mis brazos. Sabia como se sentía pues la guerra es cruenta y ver de frente a la parca en ocasiones demasiado difícil de asimilar a la primera.
-Ha terminado todo Beth, estas viva, estas conmigo*

En ese momento no sabía cómo reaccionar, se dejó llevar de aquí para allá, aseguraron el perímetro, pidieron a los lugareños que les ayudaran a retirar los cadáveres, las mesas que habían sido preparadas para la boda, sirvieron de asiento y descanso para los soldados, aquellos que estaban heridos fueron atendidos en el mismo lugar para al menos poder llegar bien a Akershus. La profecía no se había cumplido y cuando la noche dio paso al dia y hubieron descansado un poco, montaron de nuevo y regresaron a la fortaleza. Beth no había dicho ni una palabra, se centraba en realizar tareas, curar heridos,  limpiar la zona… cualquier cosa que le impidiera pensar. Tan sólo quería irse, largarse de allí…olvidar la sangre que manchaba sus manos.*

La llegada a Akershus fue como la de nuestros padres antes que nosotros, llena de vítores, de felicitaciones, la gente se arremolinaba a nuestro alrededor tocandonos como si fuéramos héroes. Al llegar al patio de armas solo vi los ojo de mi padre  orgullosos, fue un instante, como si todo lo demás no importara, desde niño llevaba esperando esa aprobación que hoy encontraba. Madre me abrazó con fuerza, ella también sufría por su hijo, pero se resignaba a lo que era, un guerrero como mi padre con las mismas ambiciones, ser algún día general.

No pude evitar buscar con la mirada a Beth, la había traído con vida, pero algo se había roto dentro de ella y yo lo sabia. Sirius golpeaba su frente con la de su padre, ambos se reían, conversaban, los dos tenían una gran relación. El brazo de Höor atrapó a Beth para atraerla hacia ellos, parecía tan destrozada que ni siquiera reaccionaba ante un abrazo.*

Se perdió entre los brazos de Höor que la abrazó, pero sin responder a su contacto, estaba como rígida, abatida. Danielle lo notó de inmediato y atrapó su cara mirándola a los ojos, sabía que le sucedía algo, pero allí no era el momento de hablarlo, así que le pasó el brazo por encima de los hombros.

— ¿Nos vamos al barco o prefieres el castillo?
— Barco.

Respondió como una autómata, y lo lógico hubiera sido que prefiriese el castillo, después de haber estado castigada en el barco durante un mes. Pero en ese momento no quería que nadie la molestara, le preguntara por los detalles de la incursión, no quería hablar, quería simplemente encerrarse en su cuarto y desaparecer. Danielle miró a Höor con una elocuente mirada, y éste entendió que algo sucedía, asintiendo. Se marcharon hacia el puerto y como ya venía siendo costumbre, la dejó a su aire un rato. Beth se encerró en el camarote, se quitó la ropa y se metió en la tina, frotándose bien, como si quitar esos restos de sangre de su piel pudieran hacer que olvidara aquellos ojos abiertos e inertes frente a ella. Soltó la esponja cuando la piel le ardía de tanto frotar y apretó los dientes. ¿Por qué era tan cobarde? Alrek y Sirius habían ido, habían cumplido con su deber y habían vuelto, y como si nada. Pero ella se había bloqueado varias veces, no había reaccionado como debería y por su culpa había muerto alguien. Su puto miedo es lo que había causado el mal.

Salió del baño y se enrolló en una toalla tumbándose en la cama, y acabó por sucumbir al sueño, mecida por las familiares olas, escuchando los crujidos de la madera y las gaviotas de fondo. Despertó un par de horas más tarde cuando escuchó a Dani llamar a la puerta. Se frotó los ojos, se vistió, y con ropa limpia y algo más descansada salió a cubierta.

— ¿Necesitas algo?
— No.
— ¿Tienes hambre?.— Beth se encogió de hombros, no sabía muy bien ni lo que quería. Esa noche seguramente cenarían todos juntos en el castillo, o al menos es lo que solían hacer.
— ¿Vendrás a cenar?.— la morena se lo pensó un poco, porque realmente no le apetecía hablar con nadie, pero tampoco podía estar así eternamente. Asintió. Danielle suspiró, no sabía qué decirle, entendía que estaba afectaba por lo que hubiera pasado allí, pero si no quería contárselo, aunque se lo preguntase le daría respuestas esquivas, tenía que esperar a que ella quisiera hacerlo, era su forma de ser y ya se conocían.*

Con mi brazo rodeando la cintura de madre me iba hacia su casa, según ella había preparado un buen entrecot que era mi plato preferido con patatas y guarnición.
Padre se reía por la cara que ponía, pero francamente estaba hambriento, podría comerme una vaca entera yo solo literalmente. Como un ciclón vi pasar a Elaine a caballo cruzando el patio de armas con una sonrisa en sus labios. Al parecer estaba fuera de Akershus, apuesto que con las manadas que lideraba y al saber de la llegada de su esposo había venido lo mas rápido que había podido para el reencuentro.
Ladeé la sonrisa al escuchar atrás el choque de ambos cuerpos, los besos y las palabras cómplices que se dedicaban. De nuevo pensé en Beth, sabia que no estaba bien pero me sentía impotente, lo intenté, intenté comprender,  lo hice durante todo el viaje pero me esquivaba.

Comí con mis padres y hermanos, risas, alcohol, y como no, la narración con todo detalle de lo que había pasado y como habíamos impedido la boda de sangre. Tras acabar el postre, darme un baño y dormir un poco me despedí de mis padres, a fin de cuentas yo ya no vivía con ellos y esto no cambiaba nada, me gustaba tener mi propio territorio y así mi relación con padre sin duda mejoraba.

No pude evitar pasar por puerto, quizás no debí, pero quería saber como se encontraba, así que me encalomé por la pasarela del Reina Anna siendo parado por un marinero que al verme me saludo y avisó a Dani de inmediato.*

La almirante salió a cubierta y cuando vio al cambiante le hizo un gesto para que subiese a bordo, llevándolo a donde estaba el timón. Beth aún estaba en su camarote y quedaba un rato para irse al castillo.

— ¿Qué pasó en esa aldea? no me digas que se lo pregunte a ella, te lo estoy preguntando a ti, ella no quiere hablar, y no te atrevas a mentirme.*
-¿mentir? -dejé escapar una risa irónica. Sabia que Dani me odiaba, me lo dejó claro la última vez que pisé su barco - ha pasado lo que en todas las guerras, que la gente muere, que quitas vida para salvar otra. Que el acero baila entre tus manos y hace sangrar. No lo se, no se que le pasa..tampoco ha querido hablar conmigo.- Fui sincero, estaba tan perdido como ella.*

Se pellizcó el puente de la nariz. Lo que fuera que le pasaba a Beth, no tenía al cambiante en medio, ni siquiera le había hecho responsable de nada. Era algo suyo, algo interno, algo que le había supuesto un antes y un después, como le sucedió a Morgan tras el asunto “Japón”.
— Bien, de acuerdo. Si habla contigo dímelo. Temo que pueda hacer otra estupidez como la de largarse a Perú. Espera aquí un momento.

Eso era verdad, si Beth se sentía fuera de lugar no dudaría en embarcarse rumbo a donde fuera y poner millas de distancia con Akershus. Había salido igual de terca que Danielle, sólo que la inglesa ya contaba con la madurez de la experiencia y sabía que si lo hacía sería por no hablar las cosas. Bajó la escaleta y llamó a la puerta de la morenita.

— Alrek está aquí, ¿sales?.— la joven se pensó un poco y respondió.
— Dile que lo veré mañana.— Danielle se acercó al rubio con cara de resignación.
— Necesita un tiempo. Dice que mañana te verá.*

Enarqué una ceja ante la negativa de Beth de verme ¿mañana? esta noche iríamos a la taberna y quería que viniera conmigo después de cenar con sus padres.
-Tengo que hablar con ella -dije sin mas esquivando el cuerpo de Dani para bajar las escaleras.
Nunca se me dio bien obedecer y si Beth quería que me marchara, tendría que pedírmelo en persona. Yo no había hecho nada para merecer su indiferencia y su actitud me cabreaba.*

Estaba sentada sobre la cama, vestida para ir a cenar, pero con el pelo suelto y sin trenzar, no había tenido ganas después del baño, y francamente tampoco tenía ganas de levantarse para ir al castillo, pero había ciertas cosas que eran de obligado cumplimiento. El cambiante irrumpió en su camarote y Danielle detrás de él. Se enfrentó con los ojos de ambos y finalmente asintió a la pirata.
— Está bien.— Danielle cerró la puerta y salió a cubierta  lamentando la maldita hora en la que su hija tocó aquella piedra. Beth miró a Alrek alzando los escudos, como había hecho desde que acabó el fatídico día.— Me alegro de que tu padre esté orgulloso de ti.*

-No he venido para hablar de mi padre -atajé caminando hacia ella con el gesto sobrio, me detuve frente a ella, sin saber bien si podía o no tocarla -¿que pasa Beth? llevas esquivándome días.  Tu madre me ha dicho que no quieres verme ¿por que?.- Aparté con mi mano el pelo rebelde y suelto que caía sobre su rostro. -Quiero entenderte Beth, pero no me lo estas poniendo fácil.*

Se levantó y resopló cogiendo el cinto y colocándolo alrededor de sus pantalones, también ella quería entender algunas cosas, pero no encontraba las respuestas.
—No soy una guerrera, ya lo hemos comprobado. Me bloqueé, me quedé en blanco, no supe reaccionar… un instante de duda y a ese soldado lo devoraron, le sacaron las tripas…un sólo instante, un segundo…y lo tenía a tiro, podría haberlo evitado pero te escuché gritar y miré hacia otro lado y… por mi culpa no ha regresado vivo. Siento… siento vergüenza de mí misma, siento que soy una decepción. He intentado morder más de lo que podía abarcar, creía que podría ser una heroína, como siempre han sido tu padre y Höor, pero soy una rata cobarde, una inútil en la batalla y por mi culpa muere gente. Sirius y tú nos sacasteis de ese entuerto, si no hubierais estado…pfffff… si esa gente dependiera de mi actuación estarían todos muertos.*

Negué con la cabeza hundiendo en sus pardos mis aceros.
-¿sabes cuantos civiles hemos salvado? lo viste Beth, lo viste cogida de mi mano, ríos de sangre, cuerpos de niños cercenados. En la guerra siempre hay bajas, es cierto hemos perdido amigos en esto, pero...ellos saben a lo que se enfrentan al desenvainar el acero. No eres una cobarde, has hecho un gran trabajo, eres valiente, mas de lo que esperaba, francamente. Se que no te importa, pero yo estoy orgulloso de ti. No tienes porque volver a luchar, no tienes porque ser una escudera, eres una pirata y no volveré a llevarte conmigo a la guerra, pero olvida esto, porque no tienes la culpa.Yo dirigía la misión, si necesitas culpar a alguien, deberías mirar al frente, soy el único a quien puedes acarrear muertes.*

— ¿Orgulloso de mi?.— frunció el ceño. ¿Era broma?.— ¿cómo puedes estarlo, si fui una inútil, salí corriendo cuando ese orco se me acercó y sólo tuve el valor de matarlo emboscándolo en la casa.?— Si hubiera una guerra que sólo discurriese a campo abierto, tenía la duda de si ella saldría corriendo en la dirección opuesta y eso la avergonzaba profundamente. No había sido educada para blandir el acero en modo berserker, ella había aprendido las triquiñuelas navales, las jugarretas que podían decantar la victoria por mar y en el ámbito del comercio, pero se sentía como un pequeño león que quería rugir y no sabía cómo. Crecer a la sombra de Danielle, una maestra del ardid, y de los hijos de Höor, todos muy competentes y grandes guerreros o hechiceros, la dejaban a ella un poco eclipsada y si bien antes había pensado que ser intrépida y buscar aventuras le daría su lugar, hoy estaba aún más lejos de saber cuál era, de lo que estaba al principio.*

-No estas siendo justa contigo, lo mejor es que sabes que tengo razón. ¿Soy útil en alta mar? quizás podría sacar como mucho lustre a cubierta..me desesperé en el viaje, me sacaste las castañas del fuego mas de dos y tres veces. Si hubiera ido sin ti me hubieran tirado al mar para convertirme en pasto de tiburones.No soy un pirata...-me eche a reir -puedo hace joooo, beber ron, pero no se mas de barcos. Soy un guerrero, llevo con el acero en mi mano desde que tuve uso de razón, una espada de madera era mi juguete.
Somos distintos ¿y? yo puedo defenderme en tierra, he sido entrenado para ello, tu podrías por contra sortear una tempestad, enfrentar a Randulf a cañonazos. Beth estoy orgulloso de ti porque has luchado con valor, porque lo mas sensato para ti hubiera sido ni si quiere venir y Höor te hubiera dado la razón, pero has venido para luchar por los míos, por el norte y por eso estoy orgulloso de ti.*

— Pero si no lo hago más…dejarás de estar orgulloso. Y me dirás que todo lo arreglo huyendo. Lo he visto demasiadas veces en las discusiones de Höor y Dani. ¡Ahhh…! Yo que sé. Todo es muy confuso.— se echó las manos a la cabeza, que le iba a estallar y  acabó mirando a la puerta.— Tengo que ir a cenar al castillo.*

Me eché a reír mirándola, su cabeza iba demasiado rápido hasta para mi.
-Siempre podemos hacer una estupidez y volver a Peru a beber y jugar a las anillas -le dije guiñándole un ojo.-Me puse en la puerta impidiendo que saliera -antes dos promesas..bueno, una.Que vendrás esta noche conmigo a la taberna y dos..no es una promesa, es una petición, no vas a irte sin darme un beso.*

— No me apetece celebrar nada…¿lo podemos dejar para mañana?.— se refería a la taberna, lo del beso no estaba tan mal, ahora sí le apetecía ese abrazo que se había negado a si misma porque pensaba que no merecía que la reconfortaran, sino que la castigaran por haberlo hecho tan mal. Se acercó casi tímidamente apoyando la mejilla en su pecho y rodeando con los brazos su cintura.*

Dejé escapar el aire contra su pelo, supuse que era lo mas justo, no podía obligarla a venir conmigo aunque yo así lo deseaba.
-Nos vemos mañana -susurré meciendo sus mechones rebeldes.
Alcé su mentón para depositar un casto beso en sus labios y me hice a un lado para darle paso y que pudiera marcharse.Yo había quedado con los chicos para cenar y después celebraríamos en la taberna que seguíamos vivos y que la masacre había sido evitada.*

Salió a cubierta y se cruzó con Danielle que estaba apoyada en la baranda cruzada de brazos, la joven cruzó la pasarela y la almirante esperó a que el cambiante saliese para detenerlo sujetando su brazo.

— ¿Y bien?¿qué te ha dicho?*

Sabia de la preocupación de Danielle y aunque una parte de mi la hubiera mandado a la mierda después del trato recibido, en el fondo no quise hacer saña con esto. Si decírselo podía ayudar a madre e hija, lo haría con gusto.
-Piensa que ha sido cobarde, que ha dudado y que por eso han muerto soldados. Ya se lo he explicado y creo que me ha entendido, aunque con tu hija nunca se sabe, os parecéis demasiado -ladeé la sonrisa, bien podía entender Danielle a lo que me refería.*

Soltó el brazo de Alrek mirándolo intensamente. Era un niñato sobrado que no entendía de modales y que creía que podía hablarle como si fuera uno de sus colegas. No lo era, era la almirante de Akershus y debería saber comportarse ante un superior con las formas correctas. Frunció los labios y le hizo un leve asentimiento de cabeza. Eso sería todo el “gracias” que recibiría por su parte, dado su exceso de confianza.

Enfilaron la subida al castillo, allí les esperaban los Cannif para cenar. Recibió felicitaciones pero ella desvió todo el mérito hacia Sirius, que era el verdadero héroe, sin él no habrían tenido posibilidades. Cenaron en familia y se quedaron a dormir allí, como tantas veces antes.

Cené con algunos de los soldados que nos habían acompañado y después me reuní con los Cannif y mis hermanos en la taberna para beber, contar las chanzas de la batalla y echarnos unas risas. Cuando ya no nos teníamos en pie nos fuimos a dormirla a casa y aunque con el alcohol corriendo por mis venas sentí el deseo de ir a ver a Beth, desistí ante la idea de encontrarme en este estado de frente a la almirante con cara de condescendencia.

     
   * * * * * * * * * * *


UNOS DÍAS MÁS TARDE…

Habían capturado a Brökk en una misión al borde de la frontera cercana a Trondheim. Habían rescatado a una mujer que huyó de la fortaleza de Randulf vestida de novia y después cuando les atacaron se los llevaron a ambos.

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