Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Come Here Little Hunter ~ Privado

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Come Here Little Hunter ~ Privado

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Dic 09, 2017 9:19 am

Aquella noche era perfecta para salir a cazar y poder tener algo de diversión, hacía unas semanas que había salido solo de noche –la última vez, en realidad- y lo que me deparó aquella noche ni siquiera podría haberlo previsto. Me había encontrado con otra cazadora, una a la que le faltaba mucho por aprender de aquel oscuro y siniestro mundo, entrelazando nuestros caminos aquella noche de una manera que jamás llegué a sospechar. Al final me había conducido a la boca del lobo pensando que ella podía tener una información muy valiosa para mí; la búsqueda de una pareja de licántropos, aquellos que había deseado matar durante muchos años, desde que era joven. Finalmente las cosas no habían salido como esperaba, nos habíamos metido en la boca del lobo y casi sus afilados colmillos nos rasgaron la piel. Salimos ilesos y vivos de milagros por los tejados de las casas de París, hasta que finalmente logramos perderles la vista. Había querido matarla en aquel momento cuando los despistamos, pero algo dentro de mí que no supe qué era me lo impidió. Desde entonces había quedado con ella un par de noches para cazar, pero esa noche… era solamente mía.

Miré todas las armas que tenía encima de la mesa y las limpié y preparé una a una, era una manía que había cogido desde que era cazador y que siempre hacía antes de salir a cazar, eran mis herramientas, por lo tanto debía de mantenerlas bien cuidadas y preparadas… no podía dejar nada al azar. Me guardé las dos dagas pequeñas en la funda detrás de los muslos escondidas a la vista, las otras dos algo más grandes a los costados de mí cadera, y finalmente, pasé a limpiar y revisar cada una de las flechas que iba a utilizar esa noche. Me gustaban porque la punta estaba recubierta con plata algo que iba a ser muy útil para esta noche, que sería luna llena, y donde encontraría algún lobo que matar. Sonreí ladino ante la idea, por fin iba a poder cazar aquella noche a solas sin tener que estar pendiente de Astrid y que no la mataran, siempre había odiado cazar con alguien y aquella noche iba a estar libre de preocupaciones. Reí ante aquello y pasé a guardar las virutas en el carcaj antes de limpiar y comprobar la ballesta. Una vez que tuve todo listo, vestido de negro como la misma noche, me puse aquella cazadora algo más ligera de cuero negro, me enfundé a la espalda la ballesta siempre cargada con una viruta pero con el seguro puesto, y salí hacia la noche y la espesura del bosque. Seguramente tuviera suerte y encontraría algún lobo merodeando por la zona.

No tardé mucho en llegar y lo primero que hice fue coger la ballesta entre mis manos, al más mínimo movimiento que viera no dudaría en disparar. La velocidad y la rapidez eran factores cruciales si querías asestar el primer golpe, y nada como estar totalmente preparado para darlo; si encontraba algún licántropo no quería que me diera a mí la sorpresa… más bien, quería dársela yo. Comencé a andar por el bosque ya que la luna llena pronto se alzaría en todo su esplendor e iluminaría el cielo y el lugar con su particular luz. Todavía quedaba un poco para que eso pasara, pero quería llegar antes y encontrar a mí presa… sino la diversión sería mucho menor y no era lo que estaba buscando. Siempre había odiado a los licántropos, mucho más, desde que aquella pareja mató a mis padres y nos dejaron solos a mí y a mí hermana, vagando por el mundo. Por suerte nuestro tío nos acogió en su casa y yo siempre tuve pesadillas con aquella bestia que había visto cómo mataba y degollaba a mí padre. Mi hermana nunca lo supo, pero yo sabía bien lo que había visto. Y no tardé mucho tiempo en que mi tío me contaran que ambos habían sido cazadores, ya retirados, y que aquello no era un simple lobo… algo que yo ya intuía. Odiaba a todos los seres sobrenaturales, pero en especial, a ellos. No podía soportarlo y la simple idea de matar a uno esa noche me regocijaba con ello sintiendo el monstruo de mí interior danzando y clamando por sangre, y venganza.

Por fin había encontrado un rastro que seguir en aquel lugar, había pisadas que parecían que eran recientes y que seguiría con la esperanza de que me llevara ante un lobo como mínimo, los vampiros no dejaban ese tipo de rastro y de huella y quizás todavía el licántropo no se había transformado por no ser luna llena todavía y siguiera en forma humana, si ese era el caso esperaría mientras luchábamos para que se convirtiera porque no sería tan divertido y ya que salía a cazar qué menos que me divirtiera un poco. Esa noche salía solo y solamente tendría que preocuparme del entorno, de estar atento a cualquier señal y no de prestar atención a una cazadora que me descentraba porque tenía que estar cuidando de ella para que no la mataran. Seguí el rastro que había seguido con la ballesta sujeta en mis manos hasta que di con la figura que estaba siguiendo, estaba a unos pocos metros de distancia y parecía que no se había percatado de que le seguían. Por la forma de la silueta supe que se trataba de una mujer, así que sigiloso como pude me acerqué por la parte de arriba que quedaba a un par de metros de donde se encontraba ella hasta que salté posicionándome a su espalda.


-Ni te muevas o te atravieso con la flecha –dije con la voz firme y fría, la punta de la flecha tocó su espalda para hacerle ver que iba armado y que no me andaba con tonterías- levanta las manos despacio y, de igual forma, gírate –dije sin apartar la ballesta cogiéndola con firmeza mientras esperaba a que la joven a la que había pillado por sorpresa hacía lo que le había pedido y se giraba para enfrentarla, aunque bien sabía que no se rendiría tan fácilmente y que tendríamos que luchar, pero eso era precisamente lo que esperaba. Por fin un poco de diversión.



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Re: Come Here Little Hunter ~ Privado

Mensaje por Helida Darsian el Vie Dic 22, 2017 12:43 pm

Todavía no estaba segura de qué hacía allí. Un ramalazo de nostalgia quizás, una inyección de demencia. Fuera lo que fuera, Helida no se detuvo cuando llego a la linde del bosque. Siempre había sido parte de su rutina pasar por aquel lugar cuando decidía ir de caza, le aportaba la serenidad que le faltaba, la calma que no tenía y luego la enfundaba de salvajismo. Hacía meses que no pisaba aquellos caminos. Desde que había comenzado con las peleas clandestinas, ni se había acercado. No sabía por qué aquel día había decidió tomar esa ruta. Por qué aquel día era diferente al resto. Puede, tan solo puede, que tuviera que ver con el aniversario de la desaparición de su padre.

Rondó los claros, subió las copas, corrió junto a la corriente del rio y paseó entre los árboles. Nunca había dejado de llevar armas. Si bien ya no practicaba la caza, no se fiaba de sus alrededores lo suficiente como para deshacerse de sus armas. No era como si se viera asaltado día tras día. Sin embargo, cuando se daba el caso de que alguien consideraba injusto que ganara tantas peleas seguidas, las armas blancas eran efectivas para disuadirlos. Helida dejó escapar un suspiro. Era tarde y probablemente si decidía marchar hacia las peleas, apenas quedarían las migajas, así que prefirió regresar a casa. O eso pretendía. Pero al parecer aquella noche alguien más estaba en contra de sus planes.

Una voz, áspera y ruda. Masculina. Clara. Alta. Desbordante en seguridad, como la de ella. ¿Qué demonios? ¿La estaban confundiendo con una bestia? Helida no supo si sentirse ofendida o halagada, así que simplemente siguió las indicaciones del desconocido. Ambos quedaron frente a frente y ella ladeó el rostro con las manos en la cabeza.

¿Es usted un agente de la ley? Hasta donde mi mente limitada de mujer alcanza, caminar por el bosque no es ningún delito, ¿o sí? ─pero conforme dejaba escapar el sarcasmo, las facciones en penumbra del desconocido se hicieron más claras.

Lo conocía. No íntimamente, pero lo había visto alguna que otra vez. Sabía que era cazador. Como ella o como ella lo había sido. La pregunta era… ¿Le recordaba él a ella? Porque en su torcida cabecita se estaba comenzando a formar una idea, una idea que prometía mucha más diversión que la que podrían haberle ofrecido en las peleas clandestinas. ¿Qué tal hacerse pasar por aquello que el cazador andaba buscando?

¿Así tratáis a todas las damas? No creo que sea un método de cortejo muy eficaz, ¿me equivoco? A no ser que esa no sea vuestra intención, puede que ni si quiera me consideréis una dama. Con este cuerpo fibroso, sin duda parezco una loba, ¿verdad? Fíjese usted que vuestra carne comienza a antojárseme apetecible, así que apuntad, antes de que relama hasta el último de sus huesos.

Le tentó la posibilidad de realizar un movimiento imprevisible, pero verse a si misma con una flecha enquistado en el corazón no era algo gustoso.

Pero que decepción, en armas de tiro fácil os apoyáis. ¿Tanto miedo tenéis de esta lobita incauta? No es justo lo que prometéis, estoy invalida a su merced. ¿Por qué no os deshacéis de ese arpón y me arrastráis al infierno con las propias manos?

Y eso es exactamente lo que la muchacha deseaba; una pelea. Una pelea que encendiera sus instintos. Algo que prendiera la mecha de su sol.




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Re: Come Here Little Hunter ~ Privado

Mensaje por Naxel Eblan el Miér Ene 03, 2018 10:46 am

En noches como aquella la mejor de las opciones siempre era acabar en el bosque, no había habido noche que no me encontrara con alguna bestia en noches como la que teníamos en ese momento, necesitaba algo de acción, algo de diversión que pudiera calmar toda la oscuridad que llevaba en mi interior. Yo no sabía como “sacar” todo lo que llevaba dentro, yo era un témpano y un cubito de hielo que no dejaba traspasar nada en mi interior, nada de emociones, nada que me pudiera parecer o hacerme ser débil frente a los ojos de los demás. Siempre me había reforzado tras una muralla de hielo que me protegía de todo, era impenetrable y eso había hecho que mi vida fuera mucho más fácil, reprimir las emociones durante tanto tiempo al final era tan fácil que hacía mi vida más sencilla... no tenía escrúpulos, no conocía el remordimiento y desde luego las dudas jamás me asolaban tras una cacería. No pensaba, tan solo actuaba cuando veía un vampiro o un licántropo y no me paraba a pensar en mucho más de lo que había detrás, porque para mí no existía. Era un demonio que había sito tocado por la oscuridad desde hacía muchos años, un humano con un corazón oscuro que me hacía ser diferente en ese aspecto. Me había protegido con el frío y la oscuridad y ahora estos eran mis aliados, caminaban junto a mí cada noche y yo me dejaba guiar por ellos bajo la máscara del demonio, una que bien podría representarme sin problema alguno. Agradecí haberme pasado por el bosque cuando encontré una presa en mitad de este, una joven que no se había percatado de mi presencia y que ahora iba a pagar las consecuencias sin lugar a dudas. Cargado con la ballesta en donde tenía ya preparada una flecha con punta de plata para debilitar a los licántropos, apuntaba a la joven que sería la primera de esa noche, esperaba que me diera algo de diversión y que no fuera fácil ni decepcionante. Mis órdenes sonaron altas y claras, mis palabras se escucharon en aquel lugar donde solamente estábamos los dos y sin dejar de apuntarla, haciendo un poco de presión con la punta de la flecha en su ropa para que viera que iba totalmente en serio, observé cómo levantaba las manos tal y como le había pedido.

Estuve atento a cada posible movimiento que pudiera hacer, sabía que eran rápido aun en su forma humana y no podía dejarme engañar bajo ningún concepto, si hacía el menor movimiento dispararía y con satisfacción vería cómo la flecha con punta de plata atravesaba su carne y comenzaría a debilitarla por momentos. Finalmente con las manos en alza se giró para mirarme y fue entonces que di un paso más cerca para restarle cualquier opción a escaparse, el más leve movimiento y la flecha saldría dispara, a esa distancia era imposible incluso para un licántropo sortear la trayectoria de la flecha y esquivarla. Me reí de forma corta y fría tras sus palabras preguntándome si era un agente de la ley, lo cierto es que no, yo hacía mi propia ley y tenía mis propias reglas... dudaba que alguien de la ley supiera qué era lo que pasaba por las noches en la ciudad Parisina y lo que mataba a mucho de sus ciudadanos en una noche de luna como aquella. En cuanto estuvimos de frente la observé, sus ojos de un azul claro me contemplaron tal y como lo estaba haciendo yo, había algo en ella que al contemplar su rostro me resultó vagamente familiar, aunque no podía discernir con exactitud qué era exactamente. La había visto, la había visto en algún otro sitio y no de pasada como a cualquier otro ciudadano, sino que la había visto varias veces en algún lugar y la pregunta que me hacía era ¿dónde? Yo no solía cruzarme demasiado con la gente, de hecho, esquivaba bastante a la gente porque no me gustaba el contacto físico, me limitaba a los encargos que le hacían a mi tío y que yo hacía porque él ya no podía y en ayudarlo en la tienda de armas... fruncí ligeramente el ceño, tenía una vaga noción de ella, una imagen clara de ella junto a un hombre casi de la misma edad que mi tío, no es que la conociera de forma íntima pero sí nos habíamos cruzado alguna que otra vez. Sí, en la tienda de armas, cuando su padre venía a por alguna mercancía o algún pedido que le hacía a mi tío, pero si mal no recordaba su padre había sido un cazador y mi tío Keith me había hablado de él alguna que otra vez. Sonreí de lado de forma ladina tras sus palabras.



-Para mí es un delito incluso que estés respirando el mismo aire que yo –la contemplé de forma fija un par de segundos preguntándome si, igual que yo, ella también me había reconocido- ¿te importa acaso demasiado si es un método de cortejo o no? ¿Acaso quieres que te corteje? –Enarqué una ceja sin dejar de apuntarla bajo ningún concepto, sobre todo por las palabras que dijo a continuación en los que me confirmó lo que ya sospechaba: que era una loba. Le gruñí aferrando con más fuerza la ballesta imponiendo mi altura y mi envergadura sobre ella, ahora que ella misma se había delatado no sabía si considerarla demasiado atrevida, loca o simplemente estúpida... quizás fuera una combinación de las tres cosas- ¿comerme? Lo único que te vas a comer va a ser la flecha de plata que atraviese tu cuerpo y que llegará hasta tú corazón para ver cómo, entre agónicos gritos, se va acabando tú vida –mi tono no dejaba duda a que eso sería lo que le pasaría antes de que siquiera intentara moverse, yo tenía las de ganar con esa cercanía. Sin embargo lo que no me esperé es que me pidiera que soltara el arma y que la matara con mis propias manos, mis ojos se clavaron como dos dagas de hielo en sus ojos azules, y una lenta sonrisa se extendió por mis labios hasta que salió una pequeña carcajada. Estaba loca sin duda alguna, pero me ofrecía algo que no iba a rechazar: diversión. Mataría a esa pequeña loba con mis propias manos sin arma de por medio, así mucho más divertido, un combate más igual. También podría haberme negado y simplemente disparar el arma ya cargada, pero no me gustaban las cosas fáciles y aceptaba de buen grado el reto que me había lanzado- Estaré más que encantado de arrastrarte al infierno con nada más que mis manos loba, acabas de firmar tú sentencia de muerte. Me haré un bonito collar con tus colmillos cuando acabe contigo y tú piel me abrigará en el largo invierno –solté el arma nada más terminar de decir aquellas palabras y, cuando mis manos dejaron caer la ballesta ni tiempo le di a reaccionar con lo que estaba pasando que me lancé a por ella para darle el primer golpe. Mi puño se estampó con fuerza en su rostro tomándola desprevenida, me abalancé sobre ella y ambos caíamos al suelo en donde ella quedó bajo el peso de mi cuerpo, ¿quería una pelea a muerte? Perfecto, le enseñaría el mayor error que había cometido en su vida y de paso le haría saber lo despreciable que era por haber sido una cazadora y haberse dejado convertirse en el monstruo que ella afirmaba ser.



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Re: Come Here Little Hunter ~ Privado

Mensaje por Helida Darsian el Lun Ene 08, 2018 4:14 pm

El cazador dejó caer el arma con una sonrisa macabra en los labios, la misma sonrisa que sujetaba Helida. La situación prometía. Acababa de conocerlo y ya se encontraba en un puesto muy alto en su lista de personas que le agradaban. Y eso, sin duda, era un gran honor puesto que la lista estaba vacía prácticamente. Helida ladeó el rostro, satisfecha. Satisfacción que se convirtió en dolor cuando impulsivo él, se abalanzó sobre ella. Ahogó un gemido amortiguado y acto seguido sonrió. Sin duda tenía problemas de autocontrol; como ella. Otra cosa que tenían en común. La muchacha se dejó hacer, sin borrar el gesto del rostro. Para qué negarlo, estaba emocionada, agitada, frenética por continuar con la pelea, pero también, deseaba provocar.

Debo admitir…Puede que hubiese estado interesada en que me cortejaras, hasta ahora. Es muy arrogante por tu parte dar por sentado que a una dama disfruta en que la traten hoscamente. Quizás, dependiendo de quién, lo prefiera más suave…─reprimió una sonrisa insinuativa─. O más… ¡fuerte!

Con la última palabra, agitó la cabeza hacia delante, haciendo que su coronilla colisionara con la nariz de él. Sin esperar respuesta, hundió la rodilla en el estómago del hombre e hizo palanca con la suela de sus botas y su abdomen, quedando ella encima esta vez.

Vaya, eso también ha sido un poco arrogante por mi parte. Y soy un poco egoísta, debo admitir. Así como exquisita…─dejó escapar un suspiro soñador y enredó la mano en el mentón de él, clavando su mirada en la ajena─. Estoy pensando…Creo que empezaré por esos bonitos ojos como dos pozos. Pero no tan rápido…tan solo estamos en el calentamiento, ¿no es así?

Se retiró, poniéndose en pie y alejándose unos pocos pasos para tomar espacio. Cuando él estuvo sobre sus dos piernas, fue ella esta vez quién se abalanzó. Corrió hacia él y ágil como era, apenas a medio metro, se dejó caer y se deslizó bajo sus piernas, quedando tras él con la bota en alto, pateando su columna. El ardor de sus músculos le agradeció la acción. Helida, se preguntó, cuanto tardaría el hombre en percatarse en que su fuerza no era precisamente la de un licántropo, ni mucho menos. Esperaba que, de darse cuenta de ello, deseara continuar jugando a la loba y el cazador. Por dios, otra noche tediosa no. Así, para continuar engañándolo, se las dio de presumida.

Como ves, no estoy utilizando toda mi fuerza. Sería una lástima terminar una partida de forma precoz. Aunque no juzgo, puede que a las demás mujeres las tengas acostumbradas, pero yo soy un poco más exquisita.

Se rio para sus adentros. Si era tan arrogante como ella, cosa que intuía, aquello lo prendería y con suerte, la quemaría.



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Re: Come Here Little Hunter ~ Privado

Mensaje por Naxel Eblan el Dom Ene 21, 2018 12:06 pm

La cazadora me había estado provocando para que en vez de un combate con las armas lo hiciéramos, mejor, cuerpo a cuerpo para que así fuera algo más igualado ya que no era noche de luna llena y no se podría convertir en una loba todavía, para darle más emoción al asunto y yo solamente sonreí de lado porque aunque tenía las de ganar con la flecha presionando su espalda, en lo que solo me bastaría apretar el gatillo y que la flecha saliera disparada directa a su corazón, vi que sería mucho más divertido hacerlo a su forma y además yo no me achantaba ante nada, no le tenía miedo y no iba a demostrarle lo contrario, ¿quería una pelea cuerpo a cuerpo? Entonces la tendría. Ni siquiera le di el tiempo suficiente para que se posicionara en cuanto mis palabras salieron de mis labios, aceptando aquel combate, me lancé sobre ella y mi puño se estampó contra su rostro siendo el primero de los dos en golpear, ella bajo mi cuerpo me contemplaba pero parecía complacida porque lucháramos cuerpo a cuerpo y por un momento pensé que debía de estar loca, más si sabía lo que podíamos hacer los cazadores y ella lo sabía sin duda alguna, porque la había visto un par de veces por la tienda de armas que regentaba mi tío junto a un hombre de la misma edad que este, no era difícil saber que ella era conocedora del mundo de los cazadores porque aquel hombre lo era, mi tío me había hablado alguna vez de él y ahora comprendía –tras atacar un par de cabos y de hilos sueltos- que la joven de la que me hablaba en relación a ese hombre era la misma que tenía bajo mi cuerpo, la misma a la que le había estampado mi puño en su rostro y la misma que me había pedido por una pelea cuerpo a cuerpo. ¿Desde cuándo había dejado el camino del cazador y se había dejado cazar por una de las bestias que debíamos de perseguir? Aquello me encendió, sobre todo porque por encima de todas las razas que había odiaba la de los licántropos, un odio visceral me recorría cuando pensaba en esos seres y saber que ella ahora se había convertido en uno de ellos me corroía por dentro, me dieron más ganas de matarla con mis propias manos y hacerle sufrir lo máximo que pudiera, alargando su sufrimiento, su agonía, que me suplicara por clemencia y por piedad para que acabara con su vida y yo haría oídos sordos, hasta que no pudiera más y sucumbiera ante la muerte. Convertirme en su parca personal y privada me produjo un éxtasis inusual, una adrenalina potente que recorrió mi cuerpo mientras la escuchaba hablar de fondo con mi cuerpo sobre el suyo.

Chasqueé la lengua ante sus palabras sin entrar ni caer en ese juego que se pretendía conmigo, por ahí sí que no me iba a pillar porque yo era un hombre que rehuía de todo lo que era humano, del contacto, del afecto, del cariño... hacía años que me había convertido en un demonio recubierto por un caparazón de hielo, rodeando mi corazón bajo capas y muros de hielo erigidos por los años que había dejado de sentir como un humano, había dejado de parecer a uno de estos y más bien me había convertido en el demonio y en el monstruo que ella ahora tenía frente a sí. No me interesaban las mujeres en lo más absoluto salvo en una cosa: el sexo. El placer era el placer e incluso los demonios lo buscaban, pero simplemente para eso, una noche de placer y desaparecer entre las brumas sin dejar rastro alguno, jamás repetía con ninguna, jamás me había acostado dos veces con la misma mujer porque solo buscaba lo que buscaba, y una vez obtenido me largaba. Además sobraba decir que no había pagado, nunca, por algo como eso... lo cierto es que no me había hecho falta y no pensaba hacerlo bajo ningún concepto. Solté una risa mirándole cuando pretendía que cayera en su trampa y negué con la cabeza, ¿yo pretender cortejar a una mujer? Pero qué poco me conocía, jamás había buscado algo como eso y desde luego que no iba a empezar ni esa noche ni con ella, tras sus palabras justo cuando terminó de hablar alzó su rostro de forma que con coronilla me diera en la nariz, gruñí por aquel golpe y pronto sentí que con un movimiento que hizo con su pierna y ejerciendo presión con la bota consiguió que ahora mi cuerpo quedara contra el suelo y ella sobre el mío. Ahora era ella la que en parte se “mofaba” de cómo era, llamándose arrogante y exquisita haciendo que me riera de forma irónica y fría por ello, su mano fue a mi mentón y la aparté de un manotazo con fuerza porque no me gustaba que me tocaran y no lo llevaba demasiado bien en lo que ella lanzaba un suspiro, y nuestras miradas se centraban en la del otro.



-Aparta tus manos de mi rostro –le dije cuando le di el manotazo con fuerza, ella se repuso y se levantó alejándose un par de metros tomando espacio, observándome mientras yo me levantaba para volver a la pelea que nos ocupaba entre manos, una vez levantado cuando fui a lanzarme hacia ella esta lo hizo más rápido que yo y corrió hacia mí, me preparé para entablar de nuevo una pelea entre ambos cuerpo a cuerpo pero lejos de hacer eso se deslizó entre mis piernas, quedando así tras mi espalda dándome una patada en la columna que me hizo alejarme un par de pasos, para girar mi rostro y mirarla con furia por aquello en lo que se levantaba, fue entonces cuando dijo que no estaba utilizando toda su fuerza como licántropo porque, según ella, no quería terminar demasiado pronto... y eso fue lo que me quemó por dentro. Apreté mis manos cerrándolas en sendos puños y me abalancé sobre ella para comenzar otra pelea de nuevo, mi puño esa vez se estampó en la boca de su estómago y la otra le dio un puñetazo en su mandíbula con fuerza que le giró el rostro mientras la rabia corría por mis venas de forma desaforada, sumándose a la rabia principal que tenía por los lobos y a lo que ella se había convertido dejando atrás ser una cazadora no siguiendo el legado de aquel hombre como debería de haber hecho, siendo débil frente a mis ojos. Ni siquiera paré o pensé en lo que estaba haciendo, para mí era otro enemigo más que abatir y que matar y solo podía pensar en eso: en matarla entre sufrimiento. Aprovechando que tenía el pelo suelto, cuando le di el puñetazo en su mandíbula, cogí su pelo con mi mano y di un tirón a este para volver a acercarla dándole una patada en todo el pecho que la hizo caer de bruces contra el suelo, chocando su espalda contra el suelo... y no quedó ahí la cosa. Me abalancé sobre ella quedando sobre su cuerpo, ambos forcejeamos para intentar mantener el control y ahora, después de aquel truquito de rodar para dejarme bajo que ya me conocía, hice lo posible para que no lo hiciera de nuevo. Nos pegábamos golpes sin apenas quejarnos de los que recibíamos en aquella lucha encarnizada que nos traíamos. En un momento dado en el que ella pretendió volver a quedar sobre mi cuerpo, ejerciendo más fuerza cuando lo intentó la pude dejar boca abajo contra el suelo quedándome sobre su espalda, cogí una de sus manos y la retorcí haciéndole una llave de forma que tiraba el brazo hacia atrás ejerciendo tal presión que, de un movimiento brusco, podría partirle el brazo de ser necesario, ella intentaba darme con sus piernas pero me había puesto de una forma que no pudiera darme dejando una de mis rodillas sobre ambas piernas, y la otra sobre su espalda haciendo presión hacia abajo. Mi otra mano se enredó en los mechones de su pelo haciendo una presión en su cabeza hacia abajo mientras la otra mano tiraba de su brazo casi a punto de partírselo, nada grave para un lobo ya que se regeneraría de forma rápida y volvería a su estado. Fue entonces, en ese momento cuando me percaté y me di cuenta de una cosa que había pasado por alto todo ese momento ahora que mis manos tocaban más su piel: no ardía. Aquello era completamente extraño porque había cazado a demasiados licántropos como para saber que incluso en su forma humana estos tenían la piel ardiendo, mucho más caliente como si estuvieran con fiebre, sin embargo ella... ella no tenía la piel de esa forma- ¿qué demonios? –Pregunté en un tono bajo dándome cuenta de que su piel no ardía bajo mi tacto, con mis dedos enredados en su pelo levanté un poco su cabeza y le di un golpe contra el suelo enfadado por aquel engaño- ¡¿Me estabas engañando, maldita zorra?! –Porque sabía que sí, lo había estado haciendo todo ese tiempo- ¿de verdad te pensabas que no me iba a dar cuenta, eh? ¿Tan estúpida eres? –Incluso así no solté mi agarre, pero sí giré su rostro para poder mirarla- he matado a demasiados licántropos como para reconocer el calor de su piel y tú, maldita embustera, no lo tienes –gruñí enfadado por ello, ¿por qué se había hecho pasar por una loba?- Sabías que era cazador, sé quién eres... ¿de verdad pensabas que te ibas a salir con la tuya? –Pregunté fulminándola con la mirada, con mis ojos clavados en ella como si fueran dagas- ¡contéstame! -rugí furioso porque me hubiera engañado de esa forma.



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Re: Come Here Little Hunter ~ Privado

Mensaje por Helida Darsian el Mar Ene 30, 2018 7:23 am

Había visto esa mirada antes, aquel fulgor de odio y veneno, corrosivo, como las contaminadas aguas del Sena. Lo reconoció en si misma, en su ardor por los inmortales. Sin duda, aquel tipo debía de haber sufrido una grave experiencia con los licántropos puesto que su odio era palpable, Helida lo podía saborear en la punta de la lengua. ¡Y qué delicia! Más fuertes serían los golpes, mayor la insensibilidad y más anestesiante resultaría el caos. Su centro tembló de excitación. Él no se hizo esperar rezumbando en odio. Y qué inocente la muchacha que creyó qué tras dos años retirada, podría combatir a un cazador en plenas facultades lleno de ira. Pero, a decir verdad, los golpes sentían tan bien que los recibió de buena gana. Interceptó un puñetazo y giró su pulgar con fuerza para retorcerle la muñeca, pero sin si quiera parpadear, sus nudillos ya se encontraban sobre su mandíbula. Helida dejó escapar una carcajada de lunática hasta que el puñetazo en su estómago le arrebató la respiración. Ni si quiera tuvo tiempo de bromear; la agarró del cabello y le hubiese caído bien por utilizar juego sucio de no haber comenzado a temer que le desfigurase el rostro. Y aquel ridículo miedo la despisto lo suficiente como para no alzar las suelas de sus zapatos cuando él se abalanzó sobre ella en el suelo. Batió su cabeza contra su nariz, hundió el codo en el hueco de su clavícula y trató de hacer palanca de nuevo, pero ya había aprendido el truco. La venció y Helida tan solo pudo mascullar un quejido cuando su brazo se vio retorcido tiranamente. Escupió un juramento seguido de un gruñido.

Ya desistid en aferrarme del cabello ¡No soy un potro salvaje, mamarracho!

Aulló, cuando el hueso de su brazo por poco cedió. Lamentablemente, tendría que decir la verdad si no quería verse como una lisiada durante los próximos meses. Aunque al parecer, no le haría falta, puesto que él mismo se percató de la jugarreta. Y qué ironía, en vez de soltarla, se ensañó más con ella. Helida quiso reír, pero tan solo fue capaz de gruñir, dolorida. Le giró el rostro y sus ojos se clavaron en los ajenos.

Vale… ─musitó, tratando de sonar apaciguadora, algo insólito en ella─. Vamos a calmarnos, ¿de acuerdo? Primero, no sé a quién llamáis estúpida, el tiempo que habéis tardado en percataros de que era humana ha sido vergonzosamente amplio─. Decidió que no se le daba bien implantar la paz entre ambos, así que se calló un momento tratando de pensar algo que no sonara sardónico o provocador, pero precisamente así es como ella era; sardónica y provocadora─. Segundo, ¿qué necesidad tenéis de llamarme zorra? Qué de mal gusto…Aunque si usar ese tipo de adjetivos es lo que os prende, no juzgaré. En cuanto a mi inocente mentirijilla, no me malinterpretéis, tan solo quería un rato de diversión. Pero, vamos…tenéis que admitirlo, ha sido divertido, ¿no es así? Ahora, visto que nos soy una amenaza, podéis soltadme y dejar de tratarme como a un jamelgo, temo que mi brazo no pueda aguantar más. Qué pecado sería invalidar a uno de los vuestros, no creéis, ¿Naxel? Así es vuestro nombre, ¿verdad? ─recordó─. Me puedes tutear y llamar Helida, yo haré lo mismo. A decir verdad, desde que era una mera adolescente, te admiré de por demás. Tan solo pretendía buscar un pretexto para poder probar tu fuerza en primera persona ─mintió─. Al parecer fui egoísta. ¿Me podrás perdonar?

Esbozó una tímida sonrisa y batió sus pestañas, como lo hacían las mujeres que se arremolinaban alrededor de sus cuadros; inocente y femenina.

Vamos, suéltame…

Suéltame, que no pretendo marcharme sin antes bañarte en purpura.




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Re: Come Here Little Hunter ~ Privado

Mensaje por Naxel Eblan el Vie Feb 16, 2018 10:35 am

La maldita mentirosa había estado jugando con fuego y se había metido con el hombre equivocado, porque yo no tenía demasiada paciencia y porque además si había algo que odiaba más en todo el mundo era a los licántropos, los odiaba por encima de todo y siempre estaba dispuesto a despedazar alguno para divertirme en rato, esa noche había salido con la intención de encontrarme alguno al que despellejar, al que torturar hasta causarle la muerte mientras veía como su vida se apagaba, calmando y saciando al demonio que llevaba dentro que siempre pedía por más y más como si jamás pudiera quedar saciado, al menos, completamente... pero se contentaba con las piezas y las presas que podía conseguir para aguantar una noche más, porque a la noche siguiente volvía a emerger de nuevo de la oscuridad de mi interior y me pedía por más sangre, más presas, más víctimas con las que hacer una lluvia de sangre, como un tributo y una ofrenda al demonio en el que me había convertido. Me reproché mentalmente el hecho de que no me hubiera dado cuenta de que me había mentido, cierto era que la había reconocido de verla por la tienda varias veces pero la idea de que fuera una licántropa era bastante factible teniendo en cuenta que muchos deseaban, más que matarnos, convertirnos en lo que ellos eran en una cruel y satírica ironía que a ellos les divertía bastante puesto que nos convertían en bestias, pero éramos cazadores, entrando en una dualidad ética que para muchos era difícil y complicada. Lo cierto es que si a mí en algún momento de mi vida, me pasara eso, sabía muy bien cuál era la opción a seguir: acabaría con mi vida. Primero mataría a los que me habían hecho eso y luego pondría fin a mi vida porque prefería morir que convertirme en una bestia como esa y pasar así el resto de mi vida, era algo que siempre había tenido muy claro y lo mismo si por alguna maldita casualidad acababa convertido en vampiro... era algo que siempre había sabido y que tenía muy muy claro, prefería ser humano y ser los que cazaba a esas bestias. Así que esa maldita joven había jugado una carta muy peligrosa en su favor, me había hecho pensar y creer que era una loba y mi instinto de cazador, seguido de mi demonio y esa rabia que siempre me acompañaba habían actuado y despertado por sí solos haciendo que la pelea comenzara, había preferido hacerlo en un cuerpo a cuerpo y yo no puse objeción alguna. Sí que era cierto que, para ser una loba –o fingir que lo era al menos- no tenía tanta fuerza y no caí en ese pequeño detalle, centrado en la batalla y en el odio que procesaba por esas bestias ni me percaté hasta que no fue demasiado tarde, justo cuando la tenía bajo mi cuerpo aferrando su pelo con mis dedos preso de la ira porque me hubiera mentido de aquella manera y yo hubiera caído en su juego.

Estando bajo mi cuerpo boca abajo intentó hacerme lo mismo que la otra vez, intentó hacer palanca de un movimiento con su pie y poniendo su codo en mi clavícula pero yo, que ya había analizado los movimientos de mi “víctima”, logré que se quedara como estaba porque deseaba tenerla en esa posición con mis dedos aferrando su pelo. Era una auténtica salvaje que se movía como tal y que no se estaba quieta, tenía furia y eso me gustaba... pero sin duda alguna le faltaba todavía mucho para convertirse en una gran cazadora, para ser el cazador que un día fue su padre. Parecía descuidada y algo desentrenada en sus golpes aunque sí tenía madera, pero no la veía tan ágil como debiera de estar una cazadora y sin duda alguna jugar la baza de ser una loba si sabía quién era yo... era casi firmar una sentencia de muerte. De ahí que estrellara su cabeza contra el suelo, de ahí que se notara mi ira y mi furia en mis actos siendo algo violento en mis maneras, rudo en mis formas. Me reí de forma corta e irónica por sus palabras cuando hizo alusión de que no era un potro salvaje, aunque a mí sinceramente sí me lo parecía por la forma en la que tenía de moverse y de intentar soltarse. Sin duda alguna le habría hecho daño pese a la risa algo lunática que escapó de sus labios cuando le golpeé, no era como las demás señoritas de su edad que se escandalizaban con aquello, ella misma había buscado y provocado la pelea y pronto se calmó cuando sintió su brazo estirado hacia atrás, tan sólo me bastaría un movimiento para partirle el brazo y joder, bien sabía el demonio de mi interior que deseaba hacerlo con todas mis fuerzas. Sin embargo sus palabras me hicieron enarcar una ceja y mirarla sin moverme dejándola bajo mi merced y mi control, ¿se pensaba que ahora iba a creerme alguna de sus palabras? Le gruñí cuando hizo alusión al tiempo que había tardado en percatarme, burlándose de mí abiertamente sin contemplación alguna.


-Cuidado con lo que dices niña, ¿se te olvida que tengo tu brazo a un simple movimiento de escuchar el chasquido que anuncia que te lo he partido? –Pregunté de forma fría y baja haciéndole ver que era yo quien llevaba el control de la situación y no ella, que era yo quien tenía su brazo sujeto y que de un movimiento se lo partiría... luchaba contra la tentación de escuchar el tan familiar y gratificante chasquido cuando un hueso se parte, había escuchado muchos y al final me gustaba dicho sonido, dolor para la otra persona pero un inmenso placer para mí. Seguía con lo mismo del lenguaje y apreté el agarre de su brazo para que se callara, no estaba en condiciones de echarme nada en cara porque yo llevaba la ventaja ahí y no ella- oh, te sorprenderías al saber lo mucho que a algunas le recuerden lo que son, unas auténticas zorras –sonreí de lado bajando mi rostro para llevarlo a su oreja, hablando en un tono bajo, casi en un susurro frío y oscuro como la misma noche- ¿Y sabes qué más? Que por lo general las que más se quejan... son las que más le gusta que se lo digan –sonreí de lado para luego escuchar sus palabras que, sinceramente, no me creía para nada y de ser verdad me importaba una soberana mierda. Me había dicho su nombre, Hélida, y ella sabía el mío porque me reconocía de haber ido junto a su padre a la tienda de mi tío... pero si pensaba que eso iba a hacer que la tuteara estaba muy equivocada porque yo era completamente diferente al resto de los hombres, incluso al resto de las personas. Decía que había sido divertido y que buscaba eso, pero quería que la soltara porque su brazo no aguantaba más y no había necesidad de lastimar a uno de los “míos”, sinceramente yo jamás había pertenecido a ningún bando pero entendía que se refería a los cazadores en general- oh, ¿ahora sí que prefieres ser una cazadora y no una loba? Vaya, lo que puede cambiar la cosa en cuestión de unos pocos minutos... antes afirmabas ser una loba, ahora afirmas ser una cazadora... pero ¿sabes qué? No me importa lo que seas, no a estas alturas, lo que sé es que te has metido con el demonio equivocado, has querido jugar con fuego y has acabado quemándote... a veces pasa, y te ha tocado a ti –sonreí con diversión sin soltar su brazo para nada, siempre me gustaba ejercer poder y dominación sobre las demás personas y eso era algo que no me iba a quitar en esos momentos. Antes me había mentido y sabía muy bien que los mentirosos no solamente mentían una vez, sino que lo hacían con frecuencia... antes me había pillado pero en esos momentos en que tenía la guardia alta, y siendo el demonio que era, tendía a desconfiar de todo y de todos por lo que no me terminaba de tragar sus palabras al completo, y de ser ciertas no me importaba, para mí carecía de importancia el que me admirara o no puesto que esas cosas para mí eran absurdas- oh, ¿ahora dices que siempre me has admirado? –No se quedó solo en eso, sino que además, giró su rostro y me miró de esa forma en la que hacían muchas mujeres para conseguir sus objetivos- la verdad es que no me importa que me admires o no, yo hago mi trabajo por placer y no para que alguien me admire allá por donde paso.... me gusta matar lobos, me gusta matar vampiros y torturarlos hasta la muerte, disfruto con ello y encuentro hasta placer en ese hecho –aseguré mirándola- así que más te vale buscarte otra excusa que no sea esa, porque ya no me trago nada de lo que dices –apreté un poco su brazo para darle a entender que iba en serio, pero luego lo solté aunque no así el agarre de su pelo, me levanté de encima de ella y tiré para que se levantara quedando de pie pero dándome la espalda, saqué la daga que llevaba en el cinto y la coloqué en su cuello, mi rostro lo acerqué al suyo y sonreí de lado, divertido con la situación- dime mujer, ¿por qué exactamente debería de dejarte con vida? Soy un demonio, y como tal, lo único que ansío en estos momentos es hacerte daño y puede que incluso matarte... pero sobre todo hacerte daño, para que aprendas la lección de con quién debes de meterte.



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Re: Come Here Little Hunter ~ Privado

Mensaje por Helida Darsian el Mar Mar 06, 2018 9:47 am

Las aletas de su nariz se dilataron. Helida respiraba con fuerza y ahora sí, comenzaba a enrabietarse de verdad. El juego, había dejado de ser juego para ella y parecía haberlo empezado a ser para él. Le soltó el brazo, a lo que exhaló aliviada, pero no le dio tregua, que la levantó amarrándola por el cabello y el filo contra su cuello. Sus mentiras dieron contra la pared, y resbalaron hasta quedar bajo las botas de Naxel. Nada le importó ninguna de sus excusas y eso por un lado gustó a la muchacha, pero por otro la trajo por el camino de las amarguras.

¿Te golpeaste la cabeza cuando eras niño? ¿O te ofendió que una mujer pudiera llegar a tomarte el pelo? ─siseó, mientras mantenía la cabeza en alto y el cuello estirado─. Una razón para dejarme con vida dices. ¿Qué tal la de ser un cazador? ¿O es que ahora también os dedicáis a matar a seres humanos por el simple hecho de haber herido vuestro orgullo? Si me matas, no habrá nada que te diferencie de los seres a los que cazas. Ahora bien, si eso no te molesta, por mi te puedes ir al infierno porque te aseguro que no me voy a poner a suplicar por mi libertad. Te bastó llamándome zorra, apuesto a que estás disfrutando de esto más de lo que deberías.

Bufó, maquinando una forma viable con la que poder liberarse. No soportaba sus aires de suficiencia y a punto estaba de hacer algo de lo que más tarde podría arrepentirse. Podía accionar el resorte de su bota, el filo que ocultaba en su talón saldría disparado hacia atrás y se hundiría en la pierna de Naxel. Pero no, eso tan solo lo utilizaba con los sobrenaturales, no con los humanos. Además, hacia dos años que no lo empleaba, ¿quién le aseguraba que no se había oxidado y que todavía funcionaba? Desechó la idea y pensó en algo distinto. Estaba decepcionada consigo misma, enfadada. ¿Por qué demonios había creído que jugar al perro y al gato había sido buena idea?

Ahora bien, si lo que planeas es darme una lección, a qué estás esperando, el sopor comienza a abrumarme, puede que me duerma y no tengas con quién jugar. Así que espabila, o lo haré yo.

No se creyó que pudiera matarla, y quizás era un error, pero tan solo por ello se arriesgó. Golpeó su talón contra la espinilla del cazador, un golpe insulso y tan insignificante que era ridículo, pero aun así, ese simple tanteo creaba la suficiente incomodidad como para que alejara ligeramente el filo de su cuello. Así fue que al mismo tiempo que apaleaba su espinilla, enredaba los dedos alrededor del filo por el escaso hueco que lo separaba de su cuello. La hoja se hundió en su palma, punzante y fría. Mascullo un gruñido, aferrando el férreo brazo del cazador con la otra mano y levantando los pies en el aire, hacia delante, tomando impulso. Bruscamente se columpió hacia atrás, arrastrando con el lanzamiento al hombre, haciendo que ambos volvieran a rodar sobre el suelo. No fue tan sencillo, sin embargo, que Helida sintió la hoja profundizando su corte en su palma, rasgando su hombro incluso. Se sobrepuso, pisando la muñeca de Naxel con la suela de sus botas, arrebatándole la daga y presionándola ahora contra el cuello ajeno mientras que con la otra mano sujetaba su otra muñeca.

No te muevas o aprieto ─advirtió, presionando contra su cuello. De su palma abierta rodó la sangre, manchando la piel del varón. Helida sonrió─. Dime hombre, ¿por qué exactamente debería dejarte con vida?

Repitió sus palabras, buscando la burla, la provocación. Después se inclinó sobre su oreja y con la mayor sorna posible susurró:

¿Dónde esta la lección que me prometiste dar? Realmente decepcionante.





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Re: Come Here Little Hunter ~ Privado

Mensaje por Naxel Eblan el Mar Mar 27, 2018 9:50 am

No podía, ni iba a negar, que la joven cazadora que me había encontrado en aquel bosque y que se había hecho pasar en un principio por loba era de lo más “divertida”, aunque no en el sentido literal de la palabra, pero al menos me estaba entreteniendo un rato y aunque no fuera una loba realmente como me hubiera gustado que fuera al menos podía asestar un par de golpes y me presentaba batalla, algo que me estimulaba mucho y que me distraía, pero hubiera preferido que sí fuera una loba para destriparla como había pensado hacer. Sin embargo me desafiaba y no se achantaba para nada aunque en sus palabras podía ver la mentira, pero tenía agallas y me devolvía los golpes que era lo realmente importante... aunque se notaba que le quedaba mucho por aprender, o más bien, parecía que estaba algo oxidada la cazadora, porque sus movimientos aunque sí certeros eran algo más lentos de lo debido, parecía que tardaba algo más en procesar las cosas y en buscar una salida que la ayudara a salir de la situación en la que se encontraba. Ella había pedido pelea y yo se la había dado, nos habíamos pegado y habíamos hecho que el otro de una forma u otra sangrara devolviendo cada golpe. El problema para ella es que había decidido jugar a ese juego con un hombre que, realmente, era más bien un demonio y al final no solo iba a acabar quemándose sino que además iba a conocer de primera mano la oscuridad por mi parte, porque se lo había ganado a pulso con su jueguecito y con engañarme... si lo que buscaba era a un demonio con el que bailar en esa noche estaba de suerte porque lo había encontrado sin duda alguna, esa noche bailaría con el diablo y ya veríamos como acababa tras un baile conmigo, pero aunque sí sabía que venía de familia de cazadores se la veía como que no estaba puesta al día, como si hiciera tiempo que no hacía una cacería y no salía por la noche a cazar bestias, y eso lo denotaban su falta de fuerza y sus movimientos. Sí, como todo cazador entrenado tenía madera... pero parecía que había perdido fuelle y eso fue algo que anoté mentalmente, sin embargo aunque se había confundido de hombre debía de admitir que me gustaba su fiereza, porque no se dejaba dominar por nada y yo era un demonio al que le gustaba ejercer tal domino y tener a todos bajo mi control, y ella esa noche no iba a ser menos.

Como ya esperaba de lo que había visto de ella, y sobre todo porque se había empezado a cabrear de verdad haciendo que sonriera de lado de forma ladina, no le gustó demasiado que la tuviera cogida y que mi daga estuviera tocando con el filo la piel de su cuello, le pedía una razón por la que la dejara con vida cuando realmente la estaba poniendo a prueba, había sido muy estúpida al decirme que era una loba y eso era algo que iba a pagar, pero quería ver de qué pasta estaba hecha realmente y qué era aquel fuego que desprendía... era un demonio, y como tal también sabía engañar, mentir y fingir. Siempre llevaba puestas muchas máscaras para que nadie pudiera llegar hasta mí, para que nadie pudiera conocerme realmente y durante muchos años había erigido un muro de hielo, tan alto y grueso, que nadie pudiera atravesarlo. Solté una risa fría tras sus palabras sobre todo cuando me dijo que estaba disfrutando con aquello, y es que ella no podía ni siquiera hacerse una ligera idea de cuánto disfrutaba. Yo no medía las cosas y si tenía que matarla poco me importaba hacerlo, era un demonio dentro de un cascarón frío y vacío que no miraba por nada ni nadie, que no tenía escrúpulos y no conocía la empatía, para mí su muerte no significaba nada en absoluto y podía jurar que, el demonio de mi interior, me pedía que la matara porque lo deseaba fervientemente, darle la lección que se merecía y bañarme en su sangre por haber jugado conmigo. Y es que yo, de normalidad, no diferenciaba entre lo que estaba bien de lo que estaba mal y no pensaba en que ella era una humana como yo, una “cazadora”... más bien pensaba en que había jugado con el demonio equivocado e iba a pagar las consecuencias. Volví a reírme cuando me dijo que podía irme al infierno, pero lo que ella no sabía, es que yo ya estaba en el Infierno y habitaba en él la mayoría de los días. Ahora me pedía que si debía de darle una lección empezara a hacerlo porque comenzaba a aburrirse, de lo contrario, me la daría ella a mí y eso volvió a hacer que me riera de nuevo pensando en cómo una cazadora como lo era ella podía hacer algo para darme una lección a mí cuando tenía mucho que aprender, y mucho por lo que mejorar y entrenar sin duda alguna.



-A los demonios como yo les gusta disfrutar de las cosas, todo a su debido tiempo, ir rápido significaría que tú sufrimiento sería menor y no es algo en lo que esté pensando en estos momentos –mi respiración seguía golpeando su oreja, teniendo todavía el agarre sobre su cuerpo- dudo muchísimo que te duermas, te mantendré bien despierta para que notes todas y cada una de las cosas que quiero hacerte –fue entonces cuando la cazadora se movió y tomó parte de aquello, golpeó mi espinilla haciendo que ese nimio golpe aflojara un poco el agarre que tenía sobre la daga y que presionaba su cuello, momento que aprovechó para interponer su mano entre el filo y su cuello y hacer presión para apartarlo de su piel, gruñó cuando el filo de la daga cortó su piel haciendo que sangrara en ese momento y se movió de forma que nos hizo caer y rodar por el suelo ganando ella una posición elevada sobre mí aunque intenté mantener el agarre sobre ella. El filo de la hoja se apartó de su cuello y rasgó un poco en su hombro, el líquido carmesí bajo por este y finalmente ella acabó al rodar sobre mi cuerpo, una de sus botas pisó una de mis muñecas contra el suelo, la daga acabó en su mano y la otra que quedaba libre tomó mi muñeca aprisionándola contra el suelo, sentí el frío de la daga contra mi piel mientras ella me miraba, la sangre resbala de su palma y manchaba de sangre mi piel mientras contemplaba qué iba a hacer ella, sin temerla en ningún momento. Repitió mis palabras y mis preguntas en parte como una burla aunque no me creía, ni por un solo segundo, que pudiera llegar a matarme como yo había jurado hacía unos minutos que haría con ella. Acercó sus labios a mi oreja y repitió mis palabras y yo comencé a reírme de ella, de la forma en la que tenía de imitarme, de lo poco que me la creía en esos momentos porque no la veía capaz de matarme- ¿de verdad crees que puedes matarme? –Reí de nuevo contemplándola, desafiándola en todo momento retándole a que lo hiciera porque en el fondo sabía que no lo haría, que no era capaz- no eres capaz de hacerlo, es una de tus tantas mentiras que has dicho en esta noche... eres una pequeña mentirosa –sonreí de lado disfrutando del momento dejándome hacer, viendo hasta dónde era capaz de llegar- ¿sabes lo que he aprendido de ti en esta noche? –Ladeé un poco la cabeza sonriendo de forma ladina- que no eres quien dices ser, que no haces lo que dices que harás. Lo he notado, cuando estábamos peleando he notado la falta de fuerza que tienes para ser una “cazadora”, lo oxidada que estás en estos momentos para pertenecer a una familia de cazadores –dije recorriéndola con la mirada con el filo de la daga todavía contra mi cuello- sé quién es tú familia, os he visto varias veces en la tienda y sé a qué se dedica tú padre... pero tú, sin embargo, ¿te haces llamar cazadora cuando no lo eres? Por favor, no me hagas reír –comencé a hacerlo frente a ella sin importarme nada en absoluto- estoy convencido de que vas a negármelo fervientemente, pero no eres una cazadora... no podrías serlo con lo oxidada que estás. Te falta fuerza, te falta velocidad, agilidad y te falta determinación... ¿no decías que ibas a matarme? Aprieta entonces la daga, porque yo sí que soy capaz de acabar con tú vida porque no eres nadie para mí, tu vida me es indiferente –concluí dándole veracidad a mis palabras- ni loba, ni cazadora... solo una niña ingenua que no sabe en dónde se ha metido, estoy convencido de que eres la vergüenza de tú familia –mascullé buscando el hacerle daño, herirla de alguna forma. Nada más dije esas palabras con una distancia prudente entre nuestros rostros, alcé mi cabeza para darle un golpe con fuerza a la suya, la daga se clavó en mi piel haciendo que sangrara pero no me importó en absoluto, ella, mareada un poco por el golpe perdió fuerza y eso me dio la libertad que buscaba y rápido giré dejándola bajo mi cuerpo. Mis manso fueron a su garganta para apretarla y comenzar a privarla de aire y de oxígeno, mis ojos clavados como hielos en sus castaños viendo cómo le faltaba el aire, cómo luchaba por respirar y yo seguía apretando sin soltar el agarre. Pataleaba, luchaba, me arañaba pero no conseguía deshacerse de mi férreo agarre mientras el aire se le acababa... solo, en un momento dado, decidí soltarla en lo que tomó una gran bocanada de aire, tosiendo mientras se reponía. Mi mano tomó sus muñecas alzándolas sobre su cabeza, mi otra mano tomó su melena entre mis dedos y alcé su rostro dejándolo cerca del mío- no olvides que esta noche vives porque a mí se me antoja, no olvides que he sido el dueño de tu vida y de tu muerte por esta noche, Helida. No me provoques niña, la próxima vez no voy a parar hasta robarte todo el aliento del cuerpo –promesas frías que cumpliría como siguiera jugando con fuego, mi demonio me pedía por más porque no había disfrutado lo suficiente cuando justo en ese momento oí, de lejos, un aullido que provenía del bosque; lobos. Sin duda alguna habrían sido atraídos por la olor de nuestra sangre.



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Re: Come Here Little Hunter ~ Privado

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