Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Hasel & Ludmilla

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Hasel & Ludmilla

Mensaje por Hasel el Miér Dic 20, 2017 9:29 pm



La escucho cuando dice que no puede matarme porque me quiere, y la creo. Vivo gracias a ella. Ludmilla me salvó de caer en las garras de la fría muerte y se lo debo.  

Todo esto comenzó cuando mis pulmones se negaron a funcionar y la falta de oxígeno colapsó mi cuerpo, el tóxico fósforo blanco que había inhalado en la fábrica de cerillas se había solidificado en las paredes de mi pecho y su sangre era lo único que podía salvarme.

Durante años había seguido mi rastro, a pesar de que todos la creían muerta. Lloré su desaparición hasta que el dolor se tornó una triste aceptación. Ludmilla sabía que tuve que abandonar el circo por una lesión grave en la pierna, había crecido y ya no era aquel niño pícaro pero inocente que robaba en el mercado y las tiendas con impunidad, esperando ingenuamente que los gendarmes no le apresasen.

Mi pequeña no respira, no envejece, no emana calor, aunque sigue asegurándome que su corazón es mío. No está viva, pero se alimenta de seres humanos para poder estarlo. Es una asesina atrapada en un cuerpo de niña de 12 años. Una abominación celestial de cabellos rubios y ojos azules tan intensos como un cielo de verano, la niña que recordaba de mi infancia, mi amiga, mi compañera de juegos, mi amor, mi dulce Ludmilla.

Sufre por ser como es, y yo sufro con ella por ver el monstruo en que se ha convertido.

La sangre que creía era una especie de don, un regalo, algo que Dios me había enviado para curarme a través de ella se ha convertido en una maldición. Ahora comprendo la naturaleza infernal de las criaturas inmortales como ella.

No encuentro forma humana de librarme de esta unión  forjada en el mismo fuego de las tinieblas, bendecida por el diablo, santiguada por nuestro amor. Dependo del infierno en que vivo cuando su sangre no me alimenta. Soy cómplice de sus actos atroces al beber la sangre que fluye de su cuerpo, pero la necesito...

En las peores noches de descontrol deseo que desaparezca y me libre de su dominación. La acompaño de noche cuando sale a cazar para que no pasee sola, elige las víctimas de forma aleatoria, pero nunca niños. Respeta a los infantes, tal vez porque físicamente ella nunca dejará de serlo. Tal vez porque quien le hizo esto no tuvo compasión de ella. En algún resquicio de su mente queda una chispa de humanidad y empatía hacia los niños, estoy seguro.

No mentiré, he pensado en la posibilidad de buscar un cazador de vampiros que acabe con esto y me libere de la condena autodestructiva que vivo a su lado y a la que yo mismo me he hecho un adicto. No sé como definirlo, después de probar su sangre no pude parar de ingerirla, quería más y más, me falta voluntad para ser yo mismo quien le hunda una estaca en el corazón, ese corazón que Ludmilla asegura que late solo por mi, a pesar de no ser cierto.

La quiero más que a nada en este mundo, pero su crueldad y sus métodos de caza sobrepasan el aguante psicológico que lucho por salvaguardar aún intacto dentro de mi. Mi humanidad se resquebraja, lo siento en mi cabeza y en mi corazón.  Me arrastra con ella hacia ese vacio donde no hay nada, ese abismo donde no hay nada para un mortal como yo.

Ella ya no es ella, aunque su cuerpo si lo sea, su apariencia física y el poder de su sangre me confunde y envenena lentamente mi cabeza.

Seré un loco, pero quiero recuperarla, quiero que Dios me la devuelva tal y como era, sueño con eso porque aún puedo soñar. Lo hago por los dos...

Esta madrugada falleceré con ella, dormiré abrazado junto a su pequeño cuerpo frío, me dará la vida con su sangre a la noche siguiente, me la quitará de nuevo, y seguirá condenándome a vagar con ella en la oscuridad sin que la luz del sol me toque... no sé hasta cuando.  

Dice que no puede matarme porque me quiere... Y yo, la creo.


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Hasel
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