Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Castigo de uno, escarmiento de muchos.

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Castigo de uno, escarmiento de muchos.

Mensaje por Helida Darsian el Jue Dic 21, 2017 6:19 pm

"Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla;
y al que llama, se le abrirá..."

Nuevo testamento"Mateo 7:7"




Un chillido se filtró entre los bramidos y Helida bajó la mirada hacia el ratón que husmeaba en la mugre del suelo. Hastiada, le tiró un trozo de pan y observó como se lo llevaba a la boca, ignorando el despliegue de testosterona a metros de donde se encontraba. Levantó las pestañas al mismo tiempo que los nudillos de un joven chasqueaban contra la mandíbula de un hombre. El muchacho, escupió un alarido, sujetándose la mano, mientras que el hombre aprovechó su error para abalanzarse sobre él y vencer la pelea. En otra ocasión, Helida hubiese explotado en carcajadas ante su pésima utilización de los puños. Sin embargo, aquel día, el sopor la tenía maniatada. Normalmente, cuando caía en las redes del aburrimiento, acudía a aquel lugar y se permitía estallar. Pero esta vez su aburrimiento era tal que alcanzaba la resignación. Ni si quiera tenía temple para beber una botella, lo que le hizo preguntarse por qué había acudido hasta allí. Al principio había sido divertido, pero ahora se había convertido en otra rutina más. Aborrecía admitir cuanto echaba en falta salir de caza, la incertidumbre de ganar o perder, vivir o morir. En aquel lugar, no existía incertidumbre que le hiciera dudar de sus capacidades. Aun cazadora oxidada que era, superaba a todo aquel que se le había puesto por delante hasta el momento.

Sin embargo, decidió hacer un esfuerzo y dar una ultima oportunidad a aquel espantoso día. Así que se abrió paso, accediendo a la maltrecha pista de combate. Vio resignación en los ojos ajenos cuando, así como emoción al verla. La mitad de los allí presentes la odiaban, la otra mitad, la adoraban. Ella estaba entre los primeros.

El vencedor de la anterior pelea puso los ojos en blanco cuando reparó en su presencia y abandonó la pista resignado. Helida frunció el ceño, molesta. ¿Ni si quiera lo iba a intentar?

¡Eh! ¿Pero adonde vais? Aquí hay una mujer esperando ser ensuciada, ¿dónde ha quedado la caballerosidad?

El tipo respondió con un gruñido, casi imperceptible. La muchacha le había arrebatado su momento de gloria con su mera aparición.

¡Atento! Dejare de utilizar la mano derecha, ¿le parece?

Un creciente murmullo se convirtió en un zumbido cuando los allí presentes comenzaron a hacer sus apuestas. La excitación se contagió y ella sonrió, mientras que el hombre se detuvo y la evaluó. Miró el brazo tras su espalda y luego la miró a ella. Helida esbozó una delicada sonrisa, casi inocente.

Vamos…He ocultado mi mano dominante…


***


Su espalda hizo temblar el suelo cuando lo derribo. La excazadora apretó los labios, evidenciando su fastidio. No estaba segura de que deseaba más, si enfurecerse o explotar en llanto. Ni si quiera había conseguido que su pulso se acelerase. El hombre se marchó, humillado y ella permaneció allí, decepcionada.

Está bien, ultima oportunidad ─dijo entre suspiros, mirando a todos y a ninguno a la vez─. ¿Alguna vez os han concedido un deseo? Hoy es vuestra noche de suerte. Pedid y se os dará. Pero antes, debéis vencerme. Aquel que lo haga, será otorgado con aquello que más anhela.

Ladeó el rostro tiernamente. Escaneó a los escasos participantes y permaneció quieta en su gloriosa arrogancia, a la espera de que aquella noche valiera la pena mínimamente. Sino era así, se marcharía y como otras tantas veces, arrasaría con la despensa de la taberna más cercana.




Última edición por Helida Darsian el Jue Feb 08, 2018 3:59 pm, editado 1 vez



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Re: Castigo de uno, escarmiento de muchos.

Mensaje por Darren Farquharson el Sáb Ene 06, 2018 9:43 pm

El Dermot interrumpió el viaje que daría por el mundo con su bestia, tantas ciudades recorridas con grandes cantidades de dinero guardado en su bolsillo. Lo que se propuso, lo consiguió al explotar al animal. ¡Ese animal, nombrada la bestia, es el mismísimo Darren Farquharson! jamás perdió una batalla, la mayoría muertos terminaban pero aquellos que vivían fue porque pagaron más para no matarlos. Aunque, ¿quién querría vivir con esa humillación? Nadie, ¡ah, no, ellos! los débiles y jodidos sobrevivientes gracias a su dueño. Porque de haber sido por él, los habría destripado sin piedad alguna. Que dieran gracias a Dermot que fue adiestrado para obedecerlo. Pero debían regresar a Paris. Al parecer tenía asuntos pendientes su señor, que no debían esperar más, por lo que volvieron a la misma casa, y él a su jaula junto con su maldita madre. ¡Y fue por ello que estaba entusiasmado!, (¡regresaría a ella después de un largo tiempo!) Y no demoro mucho en hacerle la vida miserable, debió haberle extrañado, (cada insulto, cada golpe que le brindaba, era tratado de regresarlo) porque así llevan una vida. La bestia Darren posee una maldición por ella (su madre es gitana y maldijo a todos sus hijos, porque todos fueron por violaciones), pero el placer no duro más de lo que ansiaba, llegó el momento en recordar quien es el campeón de las peleas clandestinas. Al parecer alguien le estaba suplantando su lugar, y fue más irónico que una mujer sea aquella susodicha, golpeó el orgullo del animal no tanto como a su dueño quien perdía a su gente quien le daba preferencia a su ganador.

Por lo que llegó el momento de pasearlo, le llevó hacia la arena, donde la sangre, la muerte y las tripas adornan ese recinto. Así tan pronto llegaron, en la parte trasera de la edificación, (en un agujero abandonado prepara a su animal. Lo alista de manera muy crucial, toma un palo de metal, y en su forma humana golpea a Darren, provocándolo, sacando lo peor de él), pero si supiera que siempre está enojado, que el salvajismo nunca desaparece. Gritándole quien era su contrincante, lo que debía hacer y terminaba con la frase “ganar, ganar”. Llevándolo al punto de agresión, ya estaba listo que lo lleva al ring, y sube, como todo un perro (hablando de manera psicológica, porque sigue siendo humano pero con gestos de animal)

Presentado con el torso desnudo, llevando un tipo de pantalón roto, descalzo y sin ninguna marca de lo antes acontecido (tenía que ser cambiapieles, ¡vaya premio!) y la miro como a una basura más, es la diferencia entre los que suben ahí a él, que no posee humanidad Darren, da todo sin perder nada, porque no tiene nada. Y ese es el excitante juego; donde la audiencia grita, braman por la llegada de la bestia. Y uno que otro bufido, pero ahí está, furioso, tronándose el cuello y después las manos. Mientras es presentado, ya se podía escuchar las apuestas, dinero arrojado a la arena.

— De animal a alguien te digo que necesitaras ambas manos y hasta pies para derrotarme. Has dicho que el que te venza le darás lo que quiere. Al final de mi triunfo hablaremos, mas no esperes tratos especiales. No veo a una mujer sino a una cosa que debo destruir. Ahora es que comienza la gran pelea, porque las anteriores, solo fueron porquerías.

Las palabras salían con disgusto, una aversión profunda que al examinar. Realmente, ¿era una idiota para aceptar la pelea? Que mire bien porque no es cualquiera, ni como ella. Es mucho peor y lo demostrara pero no es de los que den el golpe primero, hasta eso es divertido dejar que den el primero y recibirlo solo para saber la magnitud de la fuerza que posee. Sin embargo, la diferencia es mucha, y no por ello será compasivo con aquella.



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Re: Castigo de uno, escarmiento de muchos.

Mensaje por Helida Darsian el Vie Ene 26, 2018 10:38 am

Quién iba a decir que sus palabras terminarían por llegar a buen puerto. O mal puerto, depende de cómo se mirase. Pero Helida podía ser positiva y al igual que encontraba diversión en rasgar sus tendones, su cuerpo se agitaba entero de emoción cada vez que algo la aterraba. Y el hombre que tenía frente a ella, sin duda, la aterraba. Buena intuición que se hizo eco en los escandalosos gritos del público, delirantes ante la aparición del extraño. Así que era alguien celebre por aquellos lares. Lo miró. Repasó sus tatuajes que lo bañaban en tinta y su mal gesto, salvaje, peor que él de ella. Y por eso, se merecía un gran premio.

Vaya ─sacudió sus hombros con énfasis─. Qué escalofrío.

Lo sentía, lo sentía en su corazón, frenético, bombeando contra su pecho. Aquella sería una pelea memorable. De esas que sacaban lo mejor/peor de ella, que le permitían morder, arañar, insultar, gritar y reír. Oh, cuanto deseaba sentirse así, pintaría el más horripilante de los cuadros tras aquel encuentro.

De dama a animal ─hizo eco de sus palabras─, no deseo ser tratada como tal, así que encuentro halagador que me denominéis “cosa”. Es lo más bello más bello de los adjetivos que me han dedicado en meses─. Hizo batir sus pestañas con evidente ironía─. Y en cuanto a la recompensa…Venid a buscarla.

Y sin hacer esperar a tan ávido público, se abalanzó tan de frente que se la podía considerar una demente. Apenas se encontraba a medio metro de distancia que, haciendo uso de sus escurridizas habilidades, se deslizó por el suelo entre las piernas de la fiera y resurgió tras él, la pierna en alto y la suela de su bota golpeando contra su columna. No espero a que absorbiera el golpe, sino que recuperó la distancia, midiendo su reacción. Deseaba tomarse aquello con calma, saborearlo despacio, antes de entrar en climax del combate. ¿Qué gracia tendría si se ensañaban el uno con el otro rápidamente? Jugar nunca estaba demás. Ladeó el rostro, sin apartar los ojos del tatuado.

Me llamo Helida por cierto, lo comunico puesto que si pretendéis dirigiros a mí con un nombre mejor que el de “cosa”, que sea por el propio y no por los que puedas escuchar por aquí; “Víbora”, “Furcia de acero” “Guarra”. Qué mal gusto, ¿verdad?

Apenas había terminado de hablar que avanzó de nuevo hacia él, dispuesta a eludirlo estaba vez no escapando por entre sus piernas, sino volando por encima de su cabeza. Grácil como una gacela, se aproximó. Una gacela ingenua, que al parecer todavía no se había percatado todavía de que no se encontraba frente a otra de su calaña, sino frente al mismísimo lobo feroz.




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Re: Castigo de uno, escarmiento de muchos.

Mensaje por Darren Farquharson el Vie Feb 02, 2018 10:34 am

— Eso, un animal soy, pero si dices no ser tratada como una, ¿por qué demonios sacarlo? Nadie hizo mención de nada cosa, y será la última vez que lo escuches. ¡No me interesa quien seas!, eres lo mismo aquí o allá, te quedaras nombrada de esa forma. Te lo ganaste al ser mi contrincante.

Brava, la hembra estaba brava, pero no lo suficiente a comparación de Darren, por más que se agitara, la bestia aun sin ejercer algún movimiento es la representación de la intimidación. Y vaya que lo prenden con las aceleraciones, esas pulsaciones escandalosas que percibe; el escuchar ese bombardeo que era contagioso, no para que el suyo se agitara, sino que se uniera a sus movimientos, a los despliegues, de un lado a otro, esperando el golpe, que atacara por donde fuese. Es obvio que lo iba a recibir, dejando a un lado las palabras. Él quiere sangre, golpes, dolor... En su pensamiento no había cabida para fantasear en el premio, en el cómo terminaría, solo está ahí, frente a ella, observando cómo se mueve, el cómo alardea. Parece que no sabe acerca de las peleas, que entre más uno habla, deja el aire escapar, y por ende se es más fácil de recibir el impacto del golpe (porque uno se cansa genera más pesadez), pero no la calla, como que le atrae el tono de su voz, podía hasta responderle con el sonido de los puños, de las patadas que pronto le dará.

Y ahí va, se abalanza con todo, ¡que venga, ya la estaba esperando!  Sí que sería entretenido, toda una alimaña, no está nada mal como se desliza por debajo, (que tan perfecta vista se podría llevar la maldita de él, eso seguro). Mirándole de reojo, sus instintos ya le habían alarmado que se girara, más acepto el golpe en la columna, motivo por el que fue orillado a avanzar hacia el frente. Escuchandose un truak en sus huesos. ¡Se los habrá acomodado, quizás, o dislocado! Quien sabe, pero como grito, ¿por dolor, o por befa? Un poco de ambas. Porque la fuerza se aplicó bien en su columna, y se debió de emplear más de esta si queria derrotarlo, (pero vamos, es una mujer, una simple cosa humana), y como era de suponerse, su dueño sí que lo entrenaba muy bien, ¿si no, como se compararía a los barras de metal? Y, esbozo una amplia sonrisa, saboreándose su ataque, y se giró de un salto, alzando la ceja; en advertencia que era su turno, pero pronto quiso moverse, equivocada idea, no debió de hacerlo, porque tan pronto su cabeza se topó en la suya, le recibió regresándosela con intensidad, demasiado potente para que se abriera y le escurriera sangre. ¡Eso sí, le fascino! Le prendió todos los instintos, hizo que deseara más, y no se detuvo, era momento de emplear los puños, directos y precisos en los costados, como una maldita bolsa llena de piedras; golpeo de un lado a otro, soltando el aire conforme el golpe aterrizaba. Él prefiere la cercanía para quien no es como él, (como un cambiante, o un sobrenatural, ahí es que la distancia es preferente, lo contraria de ella) Ella misma cayó.

Que del último gacho, lejos le arrojó, una prudente distancia en la que los gritos eran más feroces, las bullas y las exigencias de desgarrarla gritaban. Y como el muchacho ni vendajes llevaban, a nudillos descubiertos, esa es su manera de combatir, y que no use las patas, ni las piernas, porque eso es ya el infierno, es tan ágil, tan salvaje. Pero le está dando oportunidad de ver más, la quiere cansar, hasta que sude sangre, hasta que no pueda levantarse, tirada, pidiendo que se detenga con su cuerpo marcado. Ya que no tenía nada que perder, es un jodido de la calle, un perro, algo que fue entrenado por bajezas. Más, ahí  se percató que su frente aparte de la sangre de ella, era la propia, un bloqueo sí que debió de ser. —Vamos, ¿tanto que alardeas y tan rápido te has abatido? Ven, te estoy esperando, Darren te está esperando. Anda, denle los palos, denle algo para que sea pareja la pelea. O, ¿deseas que solo emplee una mano?

Le regreso su gesto, siendo realmente un desgraciado. Tan así, que alzo los brazos, solo para darse el tiempo de disfrutar a la audiencia, ¡su maldita audiencia! otorgando la oportunidad de que le hiciera daño, porque no bastara con ella sola.



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Re: Castigo de uno, escarmiento de muchos.

Mensaje por Helida Darsian el Jue Feb 08, 2018 3:57 pm

Qué deliciosa podía llegar a ser la ironía. Helida, había tratado de ser suave con él, con la única intención de saborear cada momento, de alargar la escaramuza y disfrutar en profundidad, pero lo chistoso era que quién parecía estar controlándose era él. Amoratada, ahogó un placentero gemido. Solo el de abajo sabía cuánto había echado de menos aquel dolor, tan crudo y espantoso, como el sabor de la sangre que rodaba desde su cabeza. Alejó en carmesí de sus ojos con el brazo, tan solo para toparse de frente con la expresión sardónica de su contrincante.

“O, ¿deseas que solo emplee una mano?”

Hijo de puta…─siseó para sí.

Esbozó una sonrisa rabiosa a la par que entretenida, puesto que aquello era exactamente lo que Helida hubiese dicho. ¡El arrogante! ¡Sí incluso era peor que su persona! Unos palos, decía… Tan pronto como el pensamiento cruzo su mente, un hombre del publico le tendió uno de aquellos objetos, incrementando que sin él, apenas tendría oportunidad. La mirada de la joven resultó mortífera. Tomó el palo, se puso en pie y le sonrió con falsa gratitud.

Os lo agradezco buen hombre─. Batió su rostro con el palo, devolviéndoselo─, pero desearía que no volvierais a insultarme así.

El objeto repiqueteó contra el suelo, junto al hombre, que cayó sobre el gentío, ahogando un grito. Igual había sido un tanto dramática. Se encogió de hombros y busco a Darren. El provocador incluso había osado darle la espalda. Bufó. Le estaba ofreciendo margen para atacarlo por detrás. ¿Quién demonios se creía? Aquello sin duda, comenzó a alimentar su rabia. Y sin embargo, no lo quiso creer, algo no encajaba…Tocó sus costados, palpando el escozor de los golpes que había recibido…Certeros, dolorosos, pero contenidos. Sus sospechas se avivaron. Sus sospechas, o la intención de buscar una explicación al hecho de que alguien la hubiese derrumbado tan fácilmente. Helida podía resultar sumamente rencorosa cuando su orgullo se veía herido. Fuera como fuera, pronto comprobaría si estaba en lo cierto. Sus pupilas se clavaron sobre el tipo. ¿Quería darle la espalda a propósito? Bien. ¿Deseaba combatirla con un solo brazo? Perfecto. Se lo pondría fácil.

Ágil, se alzó sobre sus pies. Saltó, empujando la espalda de Darren con la suela la bota, a la par que tomaba su brazo derecho con maña. Presionó con el pie y tiró con las manos, aferrando su brazo encarecidamente. Debía de hacerlo rápido, así que lo retorció cruel tras su espalda hasta sentir el “pop”. Un chasquido, anunció la rotura del hueso. No fue escuchado por encima del bullicio, sin embargo, Helida lo sintió, se lo había roto. Ahora tan solo quedaba esperar… Si no era humano aquello no le supondría demasiado. Si lo era…

¡Ups!

Se inclinó, a la altura del encogimiento que le había provocado y esbozó una sonrisa cándida.

Pero que tramposo…Peleándose con una niñita cuando sabe que la puede despedazar en un parpadeo. ¿No crees que es un tanto cruel, Darren? ─arrastró su nombre con rentintín─. Aunque acláramelo te lo suplico, aun estoy dudosa. ¿Licántropo o cambiante? Supongo que cambiante, todavía no te escuché aullar. Bueno, quizás no tuviste la oportunidad de hacerlo. ¿Aullarás para mí ahora?

Burlona, hundió los nudillos contra su “hocico” y reculó. Debía ser menos presumida ahora que había descubierto el pastel, pero era incapaz de contenerse. Probablemente tenía todas las de perder y un poco de cautela tampoco le vendría mal, así que puso espacio entre ambos. Al fin y al cabo, no le extrañaría que tuviera que salir corriendo en algún momento. Sus habilidades estaban más que oxidadas y hacía años que no se las veía con un sobrenatural. Pero mientras tanto, la diversión estaba servida.




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Re: Castigo de uno, escarmiento de muchos.

Mensaje por Darren Farquharson el Lun Feb 26, 2018 11:52 pm

¿Se podría decir que parecidos eran? Notaba inconformidad, molestia, esas bestiales ganas de derrotar y devolver el golpe con más daño, quería lastimar, lo podía notar, quería atacarlo y destruirlo, se pudo sentir, al igual que él, ella aclama el goce de los puños, los gruñidos del contrincante derrotado, manchada de sangre y golpeada pide por más, no se dará por vencida fácilmente, parece que necesita vivir como Darren; quiere gritar, actuar como una cobra. Siseando, y alargando su venenosa lengua, matarlo lentamente, agonizando, eso quería y lástima que no será de esa manera. Se defiende, toreando más a la cobra, que se estirara queriendo picarlo, así es como se mueve, sin abandonar esa sonrisa de su rostro, tanto como ella lo disfrutaba, como él lo hacía, sí que aquella le otorgó una diversión que muchos no saben dar. Y si se ofendió por la gentileza de otorgarle armas para igual la pelea, era su problema, estaba completamente estúpida si creía que con su simple cuerpo lograría derribarlo. Porque creyó que tomaría con salvajismo los palos que le brindaron, la audiencia aclamaba que ya lo emplease pero indignada, paleando al pobre hombre quien le hizo entrega del palo, en su rostro quedó la ofensa y lo noqueo, cayendo al suelo junto con el repiqueteo del mismo, mofándose estaba la bestia, el escándalo de los humanos le molestaba, hacen tanto alboroto por un miserable hombre, quien quiso tratar como damisela a alguien catalogada como cosa. Ahí estaban las consecuencias, y lo peor es que desatendía a Darren, lo estaba dejando reposar y eso ya es una desventaja para ella, recobra sus energías y era un paso más a su victoria sin esfuerzo alguno.

Siendo demasiada bulla, tomo la decisión de atacarla, ¡ya fue demasiado espectáculo!, el tiempo perdió, era momento de abrirle los ojos, y demostrarle quien era ella, y él. Y cuando se giró, esas irises demoniacas, irritada, y embravecida fue por él, de un salto quiso sorprenderle por la espalda, ¿debería decirle que a cada paso que dé, él podría adelantarse?  Estaba realmente cabreada, y eso es que no piensa con exactitud que hay algo distinto entre ellos, pero quiso contradecirle, que perdiera la cordura, que se viera ganadora, y ponerle algo fácil a ver si caía, por lo que fue tomado del brazo, recibiendo el impacto de un tacón en su columna, nuevamente el mismo método, tenía que sorprender a Darren y no darle lo esperado si en verdad pensaba al menos darle un poco de dolor, y cuando lo echo hacia atrás, quebrando su cuerpo, arriesgándose demasiado que se victimizo, gritó, cayendo al suelo de rodillas y con la cabeza de lado, con la maldad de hacer sufrir a sus apostadores, que sintieran el riesgo de perderlo todo, que temblarán, pero al menos al principio lo creyó aquella, pero fue demasiado para que aceptara, se percató de su farsa y no quedo de otra que esperar…

Tal como sospecho, lo descubrió, pero a este grado, ¿quién no lo haría?, le dio tantas pistas y demoró, se había tardado la maldita en reaccionar, y fue un error que incrustara los nudillos en su hocico, fue más ágil, más precavido, ella quiso retroceder, y él no se lo permitió, la jaloneo del brazo y la hizo estamparse contra la tierra, recibiendo el choque su espalda y él con atrevimiento y picardía, quedó encima de ella, apretando con los muslos sus costados, sujetando su cuello con ambas manos, queriendo asfixiarla, que pataleara y manoteara con desesperación, necesitaba ver su demencia para con la vida, confesando su secreto, aunque ya para ser un campeón, ¿que podría suceder? querrían tener al animal para siempre. Pero sólo él es de uno, y a él le debe esta pelea.

— No veo más que a una cualquiera tanteando territorio desconocido. Vienes a insultar y ahora que sabes qué clase de bestias existen, el enfrentarte con una, ¿te da miedo? No seas hipócrita, hasta un gato podría haber hecho más que tú, pero si al animal quieres ver, es aceptar tu muerte después de ello. Así que dime, ¿quieres verlo en acción?

Se había inclinado, rabioso, esparciendo su rabia, y no cualquiera, sino esa acumulación babosa, el que un animal derrama de su hocico, saboreando la situación, dando un salto sobre ella misma para aplacarla, ya que intentaba zafarse del agarre, y le gruño, paseando su dentadura por su oído, sin que escuchase nadie, solo ella, y de un arranque, la libero, echándose hacia atrás, rodando hasta que quedo en cuclillas, ladeando el rostro. — ¿Quieres continuar con esta absurda batalla, o comenzamos a pelear en verdad? Esta vez no me resistiré, si es así, comienza a correr, mira que el animal que soy, come carne humana, y lo presenciaras después de todo, acabemos con este espectáculo, que ya me he aburrido de parlotear y escucharte, para poder ir a las garras y al hocico.

Se alzó, corriendo hacia ella, impulsándose con la misma velocidad ejercida que salta, alzando el pie y le patea en la nuca para que cayera, noqueándola y así terminara, quería saber quién era, se lo daría, pero para eso debían ser exclusivamente ellos dos y, contando estaban, ya ansiando el final y que lo declaren ganador. Siendo así lo esperado, su dueño demandó el dinero apostado, y Darren se llevó el cuerpo a su corral dentro de ese apestoso cuarto abandonado, sin conocer alguien de este, pero quería su premio pero eso sería hasta que despertara, por lo que tomo una cubeta donde le daban de beber a Darren, y se la volteo, mojándola…— ¡Despierta! ¡Qué despiertes de una buena vez!

Le dio una patada, ahí estaba su caballerismo.



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Re: Castigo de uno, escarmiento de muchos.

Mensaje por Helida Darsian el Sáb Mar 24, 2018 9:46 am

El más placentero de los hormigueos la recorrió al escuchar el quejicoso rugido de la bestia. Su gruñido vibró por todo su cuerpo haciéndolo cantar, prendiendo una mecha en su vientre. Verlo caer de rodillas le produjo escalofríos, haciendo que toda ella rezumbara en poder. Por poco exhalo placentera. Cuanto había echado de menos experimentar aquel tipo de control. Pero ah, se dejó llevar por el momento y pecó de arrogante. Sintió sus dedos cerrarse alrededor de su muñeca, tirando de ella, gesto que prendió otro tipo de emoción más similar al descontrol. Ahora estaba encima de ella, conteniéndola. Helida ahogó algo a medio camino entre un quejido y un gruñido, casi parecía ella quién no era humana. Sabía que contra la fuerza de alguien como él no podía hacer nada, y en aquella posición tan solo se sintió como un juguete. Sentimiento que se profundizó cuando sus manos se cerraron alrededor de su cuello. Por un momento, no estaba segura de si realmente continuaba jugueteando con ella o la verdad era que pretendía asfixiarla. El pánico ensombreció sus sentidos unos instantes en los que con desesperación trató de hacer la más inútil de las jugadas, apartar sus manos. No había pensado con claridad desde luego. Retorció sus caderas, haciéndolas girar, pero ni si quiera eso le permitió. Cuando sintió que el oxígeno le abandonaba al completo y las lágrimas atoraban su mirada ultramar, alzó las manos buscando los ojos claros de quién la tenía presa. Sin embargo, sus pulgares dieron con él aire, puesto que pronto la soltó.
Estaba jugando.

Tosió, incorporándose pesadamente. Él le habló, arrogante, discurso que Helida a duras penas pudo escuchar. Con la mano en la garganta y la sonrisa recelosa en el rostro, levantó el mentón burlona, como si haber estado a las puertas del desmayo tan solo le hubiese servido para potenciar su carácter vanidoso. Escupió a sus pies, planteándole la provocación.

Carne humana dices… ─observó, la voz rota─. Una pena que ese calificativo ya no me represente. Te hubieses muerto por probar un bocado de este lindo trasero.

Ni si quiera lo vio venir. Cuando giró el rostro estaba y ya no estaba. El público desapareció y con ello, el sarcástico comentario de la muchacha. Lo que le siguió, resultó comparable a un cubo de agua fría, porque lo fue. El enfrentamiento continuaba a flor de piel y tan pronto como sintió la bota del tipo contra su cuerpo se despertó. De forma instintiva aferró su tobillo y tiró, con la única intención de derribarlo. Ni si quiera fue premeditado.

Helida tosió, incorporándose con evidente desorientación.

¿Qué demonios? ─musitó, sus ojos recorriendo el corral ─. ¿Es esta tu tierna morada? Permíteme decir que deja mucho que desear ─. Su mirada recayó sobre él, expectante─. Tú, bicho extraño, ¿por qué narices traerme aquí? Tienes una cabecita retorcida, ¿no es así?

Una rigidez pareja a la que consigo traía los minutos previos de una tormenta se estiró entre ambos. Helida no comprendía todavía muy bien cual había sido su decisión por llevarla hasta aquel lugar. Si ya la había vencido frente a la multitud, ¿ahora que deseaba? ¿Un té con pastas? Quizás era verdad la amenaza que le había propuesto y simplemente quería devorarla. Estaba acostumbrada a huir de cambiantes lunáticos, pero de aquello hacía años y aquel sin duda era un espacio muy reducido para practicar las triquiñuelas que siempre la sacaban de un apuro. Cerró el puño tras su espalda, en el cual había aferrado una buena cantidad de tierra del suelo. Al mínimo movimiento lo arrojaría a sus ojos, e ahí su billete temporal de salida de aquella chabola.

¿Y bien? ¿Qué es esto? ¿Una cita romántica? ¿O un día normal en la vida de Darren?




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