Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The arrival of secrets

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The arrival of secrets

Mensaje por Ludovic McQuoid el Vie Dic 22, 2017 4:55 am

¿Cuántas muertes serán suficientes para proteger a su linaje? Ya han sido demasiadas, tantas despedidas, tantos dolores, que el mundo se está convirtiendo en un cementerio agónico, y entre más se acerca a su destino, una muerte más cercana predomina. Estaba sacrificando todo para llegar a él, a su pequeño. Convirtiéndose en egoísta, en un animal que apenas reconoce un hogar, porque se ha vuelto callejero, cuidando de quienes mantiene en anonimato, porque ni su mente está a salvo, jugó con el control durante mucho tiempo que ahorita porque reconoce de las armas poderosas de los inquisidores; de sus enemigos. Sabe contra lo que va y con lo que tiene que lidiar para destruir…

Aceptando que esta batalla tiene que ser solo de él, porque nadie más ha sobrevivido a este rescate. Esto es señal de que solo debe continuar, por lo que se despidió de su mujer y de su mejor amigo, y de todos aquellos involucrados, ya no los iba a exponer más ¡Que donde quieran que estén, descansen al fin, su esposa, su amigo, su hermano, y demás! Sobretodo  al viejo Lionel; quien fue de gran ayuda y le estará siempre agradecido, más su muerte es algo que lleva encima, porque a pesar de que lo salvo, (lo liberó de una matanza, podría haber sobrevivido, pero es más el daño recibido que es imposible sobrellevar, por ello tuvo que ejecutar su petición, el acabar con él después de haber compartido tanto durante un largo tiempo), ¡no se engaña!, sueña con ese instante cada vez que trata de conciliar el sueño, recordando la promesa de cumplir con terminar con su agonía, y cuidar a su hija. Desde ese entonces, ha tenido que proporcionarle dinero, mientras continúa con su propia guerra. El dinero enviado a la pequeña Helida, (Primero la tuvo que encontrar y eso hizo, después en cada envió, solicitaba a un niño, diferente siempre, para que le entregara la carta con una pequeñas palabras y la cantidad suficiente para sobrevivir y lo use para su uso cotidiano). Pero lo que le preocupaba es de la doble vida que lleva, le ponen en peligro… Y no hacía referencia a la caza como tal, sino a lo que se convertía por las noches, en liberarse. Sabiendo demasiado de ella por Lionel, y algo que tano por cuenta propia, pero llegó el momento en presentarse, antes de que sea demasiado tarde para salvarle. ¿Por qué? Porque ella tiene un gran parecido a él, se han convertido en bestias. Y eso, cualquier padre haría lo imposible para que no se destruyeran a sí mismos, por eso es que permanece parado sobre la pared de una pequeña taberna, en espera de que un joven llamado Ebran, lleve a exhibir sus pinturas para venderlas a un precio sumamente bajo en cuanto al valor real. Y a sus 21 años, al fin se le acercó (porque fueron 2 años que solo le observaba y procuraba de lejos), y cuando termino por poner su oleos en venta, caminó a él con una bolsa de dinero pequeña, aventando y atrapando esta, observando cada obra con determinación. Hasta eso, el cazador es un amante del arte, y más desde que un joven le otorgó el retrato de su hijo en un lienzo, ahí fue que comenzó a creer en los sueños, en el futuro, en la adivinación porque en lo demás, a la mala lo descubrió.

— Interesantes son sus obras joven, parecen decirnos que no somos lo que solíamos ser, que intentamos escapar de lo que debería de ser, y no escondernos en solo balas y especie de cacerías. Al menos eso es lo que han logrado transmitir en mí, más, en usted, ¿qué es lo que quiso decir con ellas?

Cuestiono y comenzó el juego entre cazadores, y ahora unidos por alguien en especial. Ludovic, con su voz gruesa y el atuendo de todo un señorón de clase; con su sombrero, el traje donde su apariencia no es lo importante sino sus palabras, el hecho de que este frente a ella, y por un instante miró fijamente su rostro, sonriendo por dentro porque su padre debía estar muy orgulloso por lo que logró con su descendiente, toda una guerrera, y peligrosa, porque reconoce cuando esta frente a otra bestia.

— Me pregunto, ¿por qué es que unas obras tan beneficiosas, son revendidas a este precio? Acaso, ¿su arte no merece más? Es triste, pero hay algo más que no comprendo, ¿por qué se aferra a esta vida? Un viejo amigo nuestro me dijo que podría ver mi misma imagen en este lugar, y de no haber sido por ello, no me habría parado en este lugar.

Desvió la mirada y camino a un cuadro en especial ese al que le pidió precio, y se hinco para estudiarlo más. Después, se puso de pie, dirigiéndose a él; —  Realmente me encantan, me llevo todos pero si acepta acompañarme por unos tragos, ¿qué le parece? No le quitare mucho tiempo, y ya que estamos cerca, ¿por qué no aprovecharlo? Me llamo Ludovic, Ludovic McQuoid, para que no desconfíe de mí. Entonces, ¿qué dice, me acompaña? —. Brindo la confianza para que le aceptara al brindarle el apellido, los McQuoid son reconocidos y respetados muy a pesar de las tragedias de las que se hablan, y es admirado porque a pesar de todo han logrado sobrevivir en el mundo sin ser derrotados. Y es lo que enseñara al pequeño que tiene enfrente, y está ansioso porque le cuente a lo que aspira. Quizás y así le quiera mostrar quien es en verdad.



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Re: The arrival of secrets

Mensaje por Helida Darsian el Lun Ene 15, 2018 4:56 pm

Como todo artista que se precie, pintaba para sí misma. Sin embargo, había momentos en su vida en los que, si deseaba ganar algo de dinero, debía dejar sus inquietudes a un lado y pintar algo para el gusto de todos; un bonito retrato, un paisaje…Aquel no era uno de aquellos días ya que las imágenes no parecían querer dejarla en paz. Estaba inspirada sin duda, podía percibir a su Musa acechándole, que a diferencia de lo que se hubiese podido pensar de una Musa, no estaba construida en base al rocío y la primavera, sino que su esqueleto se erigía sobre espinos esquirlados y aroma metalizado. Helida estaba condenada a pintar para ella aquel día, para su Musa. Salpicó de colores muertos una bestia, de piel entintada y expresión animal. Salpicó también sus facciones, de carmesí ajeno. Su carmesí. Y el mundo dejó de existir. Su realidad se solapó alrededor del lienzo y permaneció inexistente, haciendo perecer lentamente todo aquello que no era oleo. Tal fue su abstracción, que la voz de un varón no la hubiese sacado de su ensimismamiento de no haber encontrado significado a sus palabras. Helida alzó el mentón, la mirada oculta bajo su sombrero, se clavó en el extraño. Sin duda, siempre era sospechosos cuando alguien se paraba para contemplar sus pinturas cuando eran tan personales. La mayoría, pasaba de largo espantado y en ocasiones incluso deseaban echarla, debido a que las imágenes que plasmaba incomodaban a los viandantes. Por eso y por las palabras del hombre, la muchacha se irguió, en guardia.

Sí, eso mismo quise decir ─respondió, escueta. No era alguien que deseara revelar sus más oscuros secretos, mucho menos al extraño que acababa de insinuar sobre la caza. Helida lo miró recelosa ─. Los precios de mis cuadros son bajos, sin duda… Pero tan solo soy un humilde pintor, señor. No aspiro a más que a unas pocas monedas a cambio de compartir mis entrañas. Es el trágico destino de los artistas.

Lo analizó, repasó sus ropajes, demasiado acomodados como para alguien que se parara a observar a un artista callejero. Helida se vio sorprendida por lo siguiente que salió de sus labios. Tal fue su desconcierto que al percatarse de que estaba jugando con ella, la máscara de Ebran comenzó a desencajarse. ¿Un viejo amigo de ambos? No estuvo segura de si lo que deseaba era provocarla o simplemente desestabilizarla. Lo miró fijamente, tratando de descubrir si lo conocía de algo. “Ludovic”, le dijo. Ludovic, Ludovic, Ludovic…Sin duda lo había escuchado en alguna parte… Ludovic Mcquoid.

Ah.

Encantado, puede llamarme Ebran. Será un gusto para mi aceptar su oferta de buena gana.

Recogió los bártulos, entregando los tres cuadros que tenía aquel día en exposición y lo siguió. No estaba acostumbrada a entrar en una taberna como Ebran, Helida sin embargo, había conseguido que los hombres se acostumbran a su presencia. Pero no había opción a que la reconocieran si no miraban dos veces. Era una muchacha alta y vestida de hombre, simplemente parecía un joven zagal un tanto bajito, tampoco tenía demasiado pecho, por lo que era fácil de disimular y, el característico color de sus ojos se veía ensombrecido por su sombrero. En cuanto a su voz, era rasgada, fácil de modular hacia un tono más grave. Pero claro…, aquel que tenía frente a ella, parecía conocedor de todo.

Por favor, no me haga preguntarle sobre sus intenciones, no se me da bien eso de andarme con rodeos─. Pidió una jarra para ella y le propinó un trago─. Así que decidme, ¿qué os ha dicho ese perro viejo? Por eso estáis aquí, ¿no? Por Lionel…

Ludovic McQuoid: cazador, viejo conocido de su padre, Lionel Darsian. ¿Qué podría haberlo atraído hasta ella sino su padre? Lo que le molestaba, sin embargo, más que el hecho de que su padre hubiese contactado con alguien que no hubiese sido ella después de años, que le hubiese concedido su identidad, que le hubiese regalado a Ebran. Debía de confiar mucho en aquel hombre. Pero a Helida por el momento no le había demostrado nada. Se reclinó recelosa contra su silla.



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Re: The arrival of secrets

Mensaje por Ludovic McQuoid el Mar Ene 23, 2018 4:51 am

Siempre contemplaba paisajes sin duda magníficos, estuvo presente en parajes que su belleza sobrepasaba los límites de la razón, buscando secretos ancestrales, acechando sobrenaturales que le guiaban siempre a encontrar su esencia animal, (parece que todos se encargaron de transformarlo) A lo largo de la vida se encontró con obstáculos que sin cansancio esquivo para poder llegar a un final. Más no acaba, está ahí, cumpliendo su promesa. Ya que, durante mucho tiempo solo podía sobrevivir a base de un recuerdo fugaz que se hacía imposible de borrar. La vida le puso sobre caminos difíciles llenos de oscuridad, llenos de sentimientos que difícilmente podía dejar atrás. Ahora nuevamente, aunque el exterior se torne visceral; juega con el mundo, un alma más entre bestias, y frente a ella al fin, recordándole a su viejo amigo; tan idénticos, hasta del mismo pensamiento. ¡Si, sigue observando, que diga, ¿qué es lo que mira, un traidor o a un confidente?! Siendo extraño, observando por debajo de ese sombrero, interesado en su reacción, pero complacido de conocerla. — Debo decir que son las palabras más preciosas que un artista ha dicho, entrañas, sin duda lo son.

Dio la razón, dando un paso hacia adelante luego de unos segundos, hacia atrás, yendo a ayudarle cuando la aceptación escuchó, eso quería, y cuando los tres cuadros seleccionados fueron dados, los tomo, terminando de recoger sus cosas. Decidió caminar hacia la taberna. Mostrándose caballeroso al ayudarle, solo él sabe que es una mujer, pero quizás y ella ya lo dedujo. Es inteligente y vaya que posee extraordinarias habilidades.

Ya una vez adentrados a la taberna, tomando asiento en la barra, y esperando, simplemente esperando a que ella diera el primer paso. Y cuando ordeno, ¿quién diría que vería aquella acción? Si fuese su propia hija, le habría quitado la jarra, y le daría algunas lecciones, lo que le hizo llegar a quitársela, (sin brusquedad, con toda amabilidad) y dio un trago a esta, listo para las inquietudes y sentir culpa una vez más. — No debería de tomar, no cuando su padre solo se enorgulleció de la cazadora que tenía. ¿No es así señorita Helida? Oh, disculpa joven Ebran. Y ya que lo ha pedido, comencemos. No me gustan los rodeos pero si quería observarle un poco más. Aunque no le permito que se dirija de esa manera al hombre quien dio todo por usted —; dejó la jarra sobre la barra, mirándola fijamente, — debería guardarle más respeto…

Aguardo un momento, solo un segundo para que procesará sus palabras, se dirigía hacia Lionel como un difunto, y espero que lo comprendiera. — Su padre siempre fue un leal amigo, en las buenas y en las malas estaba ahí, apoyando, no había día sin que hablara de su hija, tan enorgullecido la presumía, y más fue la sorpresa cuando se refirió a su otra vida. Envidie cada palabra, desee algún dia conocerle que al final, fue el más afortunado por irse de este maldito mundo. Más, siempre me pregunte, ¿dónde está esa hija, porque nunca lo busco? Y al final comprendí todo.

Se giró, y tomo la jarra con ambas manos, empinándola que se tragó el restante. Una sed tremenda le inundo, trayendo la imagen de la despedida y el cómo sus manos se tiñeron de sangre al matarlo. Siempre será esa carga; el dolor que lleve como recordatorio de que aún es humano. Y no la bestia que cree ser o todos ven. Que el conocer a Lionel, quiso devolverle el favor cuando se contaron sus historias y los secretos. Ahora, quería hacer lo mismo, pero con ella. — Sé que la verdad no conoce, y por lo visto ni se ha tomado la molestia de investigar, ¿por qué razón? Acaso, ¿el tiempo que paso con usted no fue el suficiente? No quiero recriminarle, ni mucho menos juzgar, solo necesito comprender. Sé que me conoce, sé que está enterado de que soy un viejo amigo de él, y que todo este tiempo estuvo a mi lado, pero quiero preguntar, ¿quiere realmente saber lo que sucedió con él? Porque si lo pide, se lo diré todo, todo lo que le inquiete le diré. Porque él lo quiso así.



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Re: The arrival of secrets

Mensaje por Helida Darsian el Mar Feb 06, 2018 5:40 pm

El descarado le arrebató la jarra y además con parsimonia, como si ni si quiera se la estuviera robando. Helida confundió el gesto con una broma insípida, pero al parecer no había sido aquello lo que le había arrastrado a despojarla de su vicio. La muchacha siguió el movimiento con incredulidad.

No sabía que compartiríamos la jarra ─observó, irónica, dispuesta a arrebatársela de vuelta cuando él despegó los labios.

No solo le dijo que no debería tomar, sino que además osó decir su nombre en alto y por si fuera poco, evocó el de su padre. La muchacha estaba lista para saltar, simplemente abofetearlo y marcharse. Pero la rabia se convirtió en algo inesperado; vergüenza. El sentimiento se reflejó en sus mejillas y Helida bajó la mirada, algo impropio en ella. Enrojecida y con el ceño fruncido, se sintió de nuevo como si se tratara de una adolescente siendo regañada por su padre. Pero ah, él no era su padre y sin embargo, la entonación en la que emergieron sus palabras, le afectó del mismo modo del que lo hubiese hecho de haberse tratado Lionel. Tanto, que no volvió a hacer amago de arrebatarle la jarra. Y es que, no le faltaba razón, si su padre la viera, borracha por las noches, intoxicada hasta las trancas, intimando con cualquiera que se cruzara en su camino y sucumbiendo a la miseria humana de las peleas clandestinas…

Levanto las pestañas tan solo cuando Ludovic continuó hablando. Sus palabras, se enquistaron una tras otra, en su pechó, dolorosas, tiernas, crueles…Ahora que comenzaba a olvidar, los recuerdos la atormentaron… Y de pronto, unas palabras sin retorno; el nombre de Lionel en pasado. Perecido. Recibió la noticia impasible. Los orificios de su nariz se dilataron. El viejo se había atrevido a morirse. Algo chasqueó en su mente y se alejó del sentimiento de vergüenza y culpa para bañarse en un doloroso rencor. Dejó escapar una sonrisa en apariencia tranquila y alzó el rostro, con una mascara de emociones falsas.

Así que al final ha estirado la pata. Me alegro por él, seguro que se sintió aliviado de terminar con su mísero recorrido de una vez por todas─ La amargura bañó su encendida mirada─. La pregunta, no es por qué no fui en su búsqueda, sino ¿por qué demonios me abandonó? Se marchó, sin más, se que lo hizo de forma consciente, nadie me lo arrebató de mi lado. Y yo esperé, paciente, confiando en que algún día regresaría. Porque, ¿qué tipo de hija sería si no confiara en las decisiones de mi padre? ─El cascarón que protegía a Ebran comenzó a romperse y, Helida se perdió, olvidó las apariencias y continuó alzando la voz, demasiado femenina para un muchacho─. Y ahora le digo que no me importa. ¡No me importa lo que me tenga que contar! ¡Está muerto y no ha podido tardar más en hacerlo! ¡De nada me sirve, su trágico final cuando se olvidó de mí! Cuando me amoldó, convirtiéndome en un todo y un nada, en un soldado destinado a nada más que la podredumbre de la caza. Destino del que por mucho que reniegue, me llama, una y otra vez, de regreso. Me mata y me encanta. Lionel me convirtió en una enferma y me abandonó. ¡Pues al diablo con él y con usted Señor McQuoid!

Apartó la jarra vacía de un manotazo. Los cristales estallaron contra la pared más cercana, al igual que lo había hecho Helida, que ahora se marchaba por la puerta principal, seguida por las desorientadas miradas de los concurrentes de la taberna. En el exterior, caminó endiabladamente rápido, su corazón atormentando su pecho. Estaba tan furiosa, que abrió sus nudillos contra una fachada. Trató de engullir el nudo que se agolpaba en su garganta, incapacitada. La sangre, rodó suicida desde sus nudillos hasta los adoquines del suelo, unificándose con la lágrima solitaria que se escapó de entre sus pestañas. Lágrima traicionera y, reveladora de sus verdaderos sentimientos.




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Re: The arrival of secrets

Mensaje por Ludovic McQuoid el Mar Feb 20, 2018 5:37 pm

— Hemos compartido más que una simple jarra.

Continuo, lo había hecho, comenzó a darle honor a lo que su padre le contaba sobre ella, sin siquiera limitarse a observar un poco más, ¿podría ser que solo con verle pudo confiar en él? Porque de haber sido otro, ya le habría puesto una trampa, si solo de palabras, y miradas decididas bastaban. Pero, ella podría haber tomado la jarra, y no le impediría el gesto, le aconsejo de no hacerlo, pues ¿quién era él para regañarla? Pero estaba aprendiendo a conocerla, aun a pesar de que ya conocía algo, tenía que darse el tiempo para comprobar si seguía siendo la misma, pero quizás ya era demasiado tarde. Que libero una pequeña risa, y comprendió que ese instante significaba más para Ludovic que para ella. Pero no se pondrá sentimental, le miro de reojo solo para ver sus reacciones a lo dicho, a lo que posiblemente podría ser un dolor insuperable, ya que era su padre, y solo por ello debía doler. Mas, exteriorizo un coraje, un miedo fue lo que interpreto y sin decir de su odio. Alterada respondió, no espero menos de ella, eso le quería decir que si fue un impacto total.

— ¿Se alegra de su deceso? Comprendo, creo que se quiere desahogar, hacerlo. Solo debe tener cuidado con sus propias palabras, no sabe lo que ha sucedido y aun así ¿es capaz de actuar de esa manera? Ya no es una pequeña. Se fue aliviado, no por dejarle sino porque siempre siguió sus pasos y vio que era momento de dejarle ir. Más su pobre corazón no le permitía irse en paz. Se fue con el pendiente de quien estará con su hija, quien será su soporte, el confort.

Respondía de la manera más sensata, golpeándole con el sentido de las palabras y verdades que debía admitir Helida si quería liberar el rencor, y toda esa afectación. Tenía que escucharle, había tanto que contarle  y poca disposición para ello. Sin embargo, ataco, la siente mezquina, enfurecida, y él no se preocupaba de ello, tenía que ser paciente, iba a esperarla…— Entonces, ¿por qué es que lo golpea con sus palabras? Pídamelo, dígame que le diga los motivos que tuvo para hacerlo. Usted más que nadie lo conocía, usted debió siempre tener una respuesta del porque sucedió. Y por qué decidió confiar en él, nunca debe perder eso, confié plenamente en él.

Cuando ella silenció, le seguía Ludovic, siendo observados por los de a su alrededor, Helida había alzado la voz, pero no le importo, ni siquiera se incomodó, más allá de su estado aceptaba que las noticias dadas, si habían perjudicado quiera aceptarlo o no. Más, tienen mucho en común, podría decirse que hasta idéntica al maldito Ludovic se refleja. ¡Que sorpresas da la vida! Aunque, tomo la opción de que meditara, le daba su tiempo a exteriorizar su humor. Mentiría si dijera que nada de eso le importaba o que no hay daño tanto como ella lo expresaba, realmente le arremetió sus palabras, el hecho de pensar que su propia sangre sienta tanto rencor. ¡Se libero! Fue demasiado la carga y exploto, ahí la tenía, a la auténtica Helida Darsian,  la descarada bestia a la que murmuraban por ahí, que se echó para atrás tras percibir el manotazo, al estrellarse el objeto en la pared y los vidrios esparciéndose por todos lados, llamo más la atención, todos miraban el espectáculo, la contienda que al parecer quería determinar ella. Dejando que se desquitara, sin detenerla cuando opto por irse, le estaba dando la espalda, se marchó como una cobarde, huyendo de lo que le da miedo descubrir. Y cuando vio que era prudente, se levantó, encargando los cuadros al encargado de la taberna. Yendo detrás de ella, esperando que estuviese afuera, pensando, que mientras iba caminando a la salida, quería hallarla ahí, y cuando miro a un lado, era Helida.

— Nunca se olvidó de su hija, la crió para que sobreviviera, pensó en que algún momento tendría que seguir el camino sola... Me dijo que la caza le llama, ¿por qué huir de ese destino? Solo debe enfocarse en vivir, y lamento decirle que no permitiré que siga hundiéndose. Vine a ayudarle, y podrá mandarme al carajo tantas veces que le sea posible pero soy muy obstinado, y una vez que me enfoco en algo, lo cumplo sin importar que tenga que sacrificar.

Quizás le brindó consuelo en las palabras, o simplemente dejó en claro su posición, demasiado que se atrevió a acercarse a ella, a recargarse en la pared por seguir viendo el descargo de sus emociones contra la violencia, sentir dolor quería, y estaba dispuesto a presenciar su fortaleza, por lo que se cruzó de brazos, esperando hacer lo mejor para ella.



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Re: The arrival of secrets

Mensaje por Helida Darsian el Sáb Mar 24, 2018 4:40 pm

¿Realmente iba a permanecer allí llorando como un infante inexperimentado?

Helida apretó los puños, mordiendo su labio con tan énfasis que obligó a que la sangre rozara la superficie sin llegar a emerger. Resultó mucho peor que durante su berrinche en la taberna Ludovic se hubiese mostrado comprensible, casi tranquilo, como si hubiese previsto su reacción. Aquello no hizo sino enfurecerla más, empujándola a encogerse en su propia vergüenza. ¿Cuándo dejaría de ser una niña? Acarició la piel en carne viva de sus nudillos, hallando confort en el dolor.

Él tuvo suerte de aparecer cuando su ira se vio amansado. Lo hizo con los cuadros bajo el brazo, objetos que Helida había olvidado al completo. La muchacha se recolocó el sombrero que ocultaba sus ojos y le denegó la mirada. Si posaba las pupilas sobre aquel rostro pausado e ilustrado, perdería los papeles otra vez. Su voz no era mucho mejor, la había sentirse necia, como si él fuera poseedor de toda la verdad del universo y ella volviera a tener dos años. Halló seguridad y desahogo en sus palabras, sensación que avivó su rabia. Había estado sola durante los últimos años, no necesitaba a nadie más, ella era la única que podía hacerla seguir con vida. Como animal herido, se apartó ligeramente, como si el mero acercamiento con aquel extraño fuera suficiente como para hacer que se derrumbara. Temía que la semilla de la dependencia se viera plantada en su cabeza, ya había sufrido una vez por ello, no deseaba volver a hacerlo. Por ello despachar al prójimo con ponzoña era lo más indicado.

No me diga… ¿Eres entonces quién mi padre creyó que sería mi confort? ¿Mi soporte? ─siseó, levantando el mentón─. Pues deja que le diga…Ha hecho un pésimo trabajo. ¿Dónde ha estado estos dos años? ¿Dónde ha estado cuando he ahogado mi vida en el culo de una botella o yacido con el más de los desgraciados parisinos? Dímelo, porque yo no te he visto por ninguna parte. Es demasiado tarde para arroparme, ni deseo ni necesito su ayuda, así que puede marcharse por con su obstinación allá por donde ha venido. Le aseguro que si insiste haré que su vida sea un infierno, y créame, es uno de mis dones más innato, lo hago sin esfuerzo alguno, así que imagínese si quisiera ponerle algo de empeño.

Dispuesta se encontraba a girar sobre sus talones para marcharse de aquel endemoniado callejón, sin embargo, tras el primer paso, se detuvo. Sabía que no dormiría tranquila si no preguntaba. Por más que lo negara, deseaba saberlo, deseaba saber con todas sus fuerzas que había sucedido con el viejo endemoniado. Apretó los dientes, ladeando ligeramente el rostro, asomando su perfil por encima del hombro. Le reconcomía tener que preguntárselo a él, que había aparecido en su vida como ángel de la guarda al que no había dedicado oración alguna. Lo miró, fría, glacial y ardiente como la lava, pero despegó los labios:

¿Qué le sucedió?

Tan pronto como formuló la pregunta, supo qué sería de ella si hallaba una respuesta que le complaciera. Sabía qué si la muerte de su padre había surgido por fuerzas externas a él, no se detendría hasta darle caza ella misma, lo degollaría y lo colgaría del más alto de los pinos hasta que la podredumbre de su cadáver apestara la ciudad entera. Así todos y cada uno de los seres de aquel maldito mundo sabrían que nunca debían de haber tocado a Lionel Darsian.




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Re: The arrival of secrets

Mensaje por Ludovic McQuoid el Lun Mar 26, 2018 12:02 am

A veces resulta ser cierto, necesitar de un impulso para ver el mundo como es, expresar lo que a uno le falta y exigir que sea llenado el vacío resultante del desgaste de la vida misma, del arduo trabajo para sobresalir y sobretodo el tener que cargar con uno mismo es la peor carga que cada quien lleva consigo mismo. Siendo interesante con qué o con quien está enfrentándose Helida, si con ella misma o de cazadora a cazador. Tenía que abrir los ojos y sin remedio de aceptar lo que se le presenta. Pero, ¿cómo tomaría las nuevas? Tenía que calmarse, liberar toda su rabia y el cúmulo de sensaciones que le están sacando de sus estribos, el soltar lo sucedido con su padre de un jalón sería imprudente en ese estado, por lo que aguardo, viendo como sus nudillos se marcaban con el golpe a la pared, hallo la manera de descargarse, pero no era aceptable que se lastimara. Sin embargo, ¿quién no lo hace de esa manera? Por experiencia tenía que hallar las palabras correctas, ¡maldita sea la hora! No le dieron la oportunidad de ser un padre para con su hijo, y el estar ahí, con ella, deseo hacerlo, mas su respuesta fue la denegación a su mirada, se ocultó. Aunque, supo cómo atacar, dañar más a Ludovic como al parecer él lo hacía con ella. Quería devolverlo, y lo tomaría.

— Él creía más de lo que usted y yo no pensamos que podrá suceder, pero durante años, tuvimos que compartir guerras, invadiéndonos de solo muerte y despedidas inconclusas. Está en todo su derecho de reprochar, sé muy bien que el dinero que le ha sido asignado como mesada no era lo suficiente para mantenerla en un buen camino, pero quise empezar por algo, y no me iba a atrever a jalarla en mis problemas, ya eran suficientes con los que carga, que por eso mismo, por ver que se estaba hundiendo cada vez más, decidí venir. ¡No es tarde! Jamás lo es para retomar el camino correcto. Pero, ¿por qué lo hizo? ¿Qué es lo que buscaba en todo eso, amor, compañía, el sentirse querida, o necesitada? No tengo porque juzgar, pero si me atrevo a pedirle que lo haga. Que intente superar el infierno en el que ya me he envuelto. No es la única que ha pasado por momentos difíciles.

Habló con una voz alta, recia y con el fin de ser superior al de ella, negando cuando se giró, dejándolo hablar solo, volviendo a darle la espalda, ¿cuantas más tenía que esperar?, se iba a mover cuando ella giró el rostro y al fin preguntó.

— Si desea escuchar lo que paso, le aconsejo que me siga, usted decide.

Se movió de la pared en la que estaba recargado, caminando en dirección al callejón de aquella taberna, caminando mientras va sacando del bolsillo de su saco una carta, y al ver que ella le seguía y al estar lejos de la multitud en un lugar silencioso y prudente para platicar, se giró y le otorgó aquella carta que supuestamente su madre le escribió a su padre.

— Todo comenzó con esta carta, él siempre amó a su madre, la fue a buscar como ahí dice, pero él no sabía que era todo una mentira, estaban llevándolo a una trampa y jamás pensó que ese día se convertiría en su propio calvario. — dio una pausa, observaba cada gesto en ella, hallando la manera de decirlo sin que afecte más, pero espero que así fuera. — Él llegó al lugar citado, y lo que encontró fue solo un instante de deseo, se profesaron amor y todo comenzó a tomar sentido, su madre fue manipulada por un sobrenatural, la uso para llevar al ratón a su ratonera con un queso y este lo mordió. Pelearon cuando el vampiro se presentó ante su padre, el dio todo, peleo pero no fue suficiente, perdió y ahí le encaró a su padre que por su culpa perdió a su familia, y quiso hacer lo mismo con él. Pero como era de suponerse de las bestias, lo convirtieron en vampiro, y el peor golpe fue hacer que se alimentara de su mujer, y cuando se es neófito, no hay manera de detenerse, él, la mato y aquel vampiro lo dejó vivir con esa pena. Mas fue un gran golpe para él, y en el pensamiento jamás se perdonó lo sucedido y el pensar en su hija, no soportó el daño que le ocasionaría.

Callo, no debía decirle el cómo murió, pero con los acontecimientos ella debía suponerlo, fue valiente su amigo, el decidir exterminar en lo que se convirtió, era de sentir orgullo por ello. Ahora, ¿qué es lo que pensara ella de su padre?



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Re: The arrival of secrets

Mensaje por Helida Darsian el Mar Jun 26, 2018 6:40 pm

Si le preguntaban, Helida sabía decir a la perfección cuál era el mayor de sus hierros, y es que su orgullo era el principal motivo por el que moriría algún día. En aquel caso, sería el culpable de que su clase media comenzara a tambalearse, puesto que, frente a ella, se encontraba el causante de las cartas misteriosas. Un misterio resulto en menos de un segundo. Qué simple podía ser la vida en ocasiones y que caprichosa otras tantas.

Está bien ─murmuró, con aparente tranquilidad─. No deseo vuestra compasión, os podéis quedar ese lastimero intento paternal. Si vuelvo a recibir una de sus cartas, quemaré el dinero antes de hacer uso de él. Si conocéis a mi padre sabréis que no miento.

Y es que así era la muchacha, moriría de hambre antes de hacer que su orgullo tambaleara. Su madre había tratado cambiar aquella parte de la joven, pero el tiempo que habían pasado juntas nunca había sido suficiente.

Helida levantó las pestañas, mirando al cazador que tenía frente a ella, que se alzaba como una torre. Afirmaba poder darle la información que necesitaba, así que la joven mordió su lengua viperina y siguió los pasos de Ludovic. Incluso la sombra del hombre parecía atormentada. Si era honesta, no distaba mucho de la actitud taciturna de Lionel, y aquello le provocó un doloroso sentimiento de nostalgia, más similar a unos dedos enredados en sus entrañas que a la enternecedora melancolía de una hoguera.

Lo atendió sin mediar palabra. Tan impersonal resultó su expresión, que parecía estar escuchando la historia del padre de una persona ajena. Digirió la información, alzando una pared de mármol con cada palabra. Petrea, se acercó al cazador anulando el espacio personal de ambos. Sus pupilas añejas se hundieron en las de ella.

“Será necio”, pensó para sí. Dejarse llevar por los sentimientos, aquellos que no había demostrado nada más que pare despedirse de ella. Sin duda el viejo chocheaba. Tragó las lágrimas y las arrastró lejos de sus intenciones. Ahora su atención estaba en Lionel, no en su padre senil.

Y supongo que el mártir halló la paz con el suicidio…─asumió, saboreando el destino de Lionel con amargura─. Es sin duda una desdicha no haber sido informada antes de todo esto. Sin embargo, le perdonare, con una condición… Daremos caza juntos a ese endiablado inmortal. Tan solo cuando su descompuesto corazón se vea atravesado, mi perdón será verdadero.

Observó a Ludovic, dio un paso atrás y extendió su mano. La más fina y diminuta de sus dagas, rasgo su piel nívea. La sangre brotó, como capullos de rosas madurando. Helida tendió la palma y el carmesí se suicidó.

¿Tenemos un trato?




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Re: The arrival of secrets

Mensaje por Ludovic McQuoid el Mar Jul 17, 2018 6:36 am

¿Qué es lo que estaba haciendo con ella? Si quería alejarla del mundo intrincado en el que se ha estado envuelto Ludovic McQuoid, desvincularla de la venganza y la sangre, ya que nada resulta bien de ese camino que desea seguir con un cazador que solo caza inquisidores, que tiene motivos personales por el que rechazarla, donde su padre no quiso nada de esto, por algo la abandonó, por algo es que la dejó continuar con su vida, y solo lo que posee McQuoid no es nada de lo que él le daría a ella, sufrimiento y más dolor, ira y vacío es lo que resulta de todo esto, y ella debía seguir su sendero, no compartir cargas y es que verla, el interpretar sus palabras y la maldita manera en la que actúa, tenía que detenerla, tenía que asustarla para que declinara de la decisión que tomó, porque si fuese el desalmado cazador, dejaría que le siguiera, que en el primer intento dejarla morir, porque está lleno de enemigos y si de los seres más queridos pudieron matarlos, ¿que se espera de ella? pero no, no podría ser así, juro protegerla, y ahí lo demostraba, liándose con las exactas palabras para no romper su juramento. Que si los vieran juntos, dirían que son: padre e hija, ¡tan idénticos los desgraciados! Pero, ¿con el dolor? ¿qué sucede con ello? Nada, ella no lo conocía lo suficiente para decir: ¡basta! Y espera que así permanezca, es por ello que con él no tenía que estar, pues las consecuencias serían pésimas, el permitir que las maldiciones le sean arrojadas, y que sus enemigos vayan tras de ella. Representaban sus lazos demasiados obstáculos para Helida Darsian, y apenas es una niña para los ojos del cazador.

Como lo pensó, nadie es de mármol para no ser afectado por la información dada, y el objeto de una remembranza, hicieron que la tuviera demasiado cerca, que algo dentro de él añoro verla llorar, ¿por qué? lo desconoce pero estaba demasiado atento a ello, y pudo percibir aquellas pupilas dilatarse, el ser invadidas por escasas lágrimas que jamás salieron a brote, se estaba haciendo la fuerte y no se atrevió a darle la mano, ni el abrazo, se limitó a escuchar, y quiso darle una bofetada por tal descabellada decisión, prejuzga y no era nadie para hacerlo, mucho menos para alguien mayor, y más tratándose de su padre, se enfado, no lo niega, afirma su postura al dar un paso a su lado, interrumpiendo el encuentro con las miradas.

— Si no conoce de la congoja, no debe porque presumir de su fortaleza, nadie es tan fuerte como parece, y tuvo sus razones para hacerlo, pero déjeme decirle una cosa, es de sentir orgullo por lo que hizo, nadie en su lugar lo hubiese hecho y más en el estado en el que se encontraba, el ser un inmortal y estar manipulado por uno, tuvo que haber roto el enlace para poder hacerlo, y eso es complejo de realizar. Es como si yo fuese un neófito mandado a arrebatarle hasta la última gota de su linfa, la sed es monstruosa y bajo una ordenanza de esa índole, ¿que hubiese hecho? …— lo dejo a mediación, sin permitir que hablara, ya que completara su pensamiento y se lo quería compartir. — Si hubiese sido yo en su lugar, habría hallado la manera de liberarme y acabar con quien me creó, y al final, matarme, porque no tengo más lo que me sujetaba a este mundo. — Exactamente eso es lo que ha estado haciendo el desgraciado, y se giró, mirando la mano ofrecida, ella espera un trato, y él solo el perdón a su padre, porque no merece que ella, a quien amó sobre todas las cosas termine siendo odiado, es así como quiso limpiar eso en nombre de Lionel. Más lo que no sabe ella, es que las promesas a veces se hacen para no cumplirlas, y quizás ese es el porque tomo la daga y se cortó la palma, ejecutando la abertura para que la sangre brotara en hilo y extendió el brazo, tomando su mano y dando el apretón, era un trato.

— Será un trato bajo mis reglas, y a mi manera, y si esa es la condición para su perdón, adelante, pero eso me deja claro que no fue un amor puro ni lo suficiente para con él, no lo hago por usted, lo hago por él, por Lionel, además de que así me aseguraré de que camino debe tomar. Y me gustaria que solo mostrara esa faceta suya, ser un joven pintor, y comenzare a tutear si no le importa.

Inclinó la cabeza, y soltó su mano para lamer la herida, es cuidadoso en no dejar rastro alguno de él, y eso debía aprender ella, ahora más que nunca debían ser cuidadosos, y sin querer, llego ahí para cuidarla.



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