Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Yuna Song el Vie Dic 29, 2017 10:23 pm

Yuna había llegado a París hacía escasos días, por lo que aún carecía de eso que llamaban vida social, y con ello también le faltaba información. En la época que corría todo giraba en torno a los contactos y a la clase social que tuvieras, y la muchacha no era ninguna ilusa, sabía que tenía que hacerse un hueco en la lujosa y privilegiada vida parisina si quería llevar a cabo sus planes. Hacía sólo un año, había seguido una serie de pistas que la habían llevado hasta allí, el centro de París, dejando a su hermana sola en otro país sin siquiera molestarse en darle una explicación. Desaparecer era lo suyo, estaba claro, y de todos modos no era algo que a Nara le fuera a sorprender; la vampira era un espíritu libre, y su hermana lo sabía más que nadie. Una vez allí, ¿qué debía hacer? Nunca nadie le dijo que sería fácil, así que no debía suponerlo de antemano. Ir a las zonas más concurridas era el mejor plan, y el único de momento; en los restaurantes se hablaba demasiado, y lo hacían mientras se iban olvidando de lo que habían soltado escasos segundos atrás con cada copa de vino. Era el mejor lugar si quería empaparse de su cultura, sabiduría y mejores cotilleos, gracias a que conocía el idioma por las aburridísimas clases que su padre le había obligado a tomar.

Yuna llegó, sujetando su aparatoso vestido y sonriendo como la muchacha más dulce del lugar. Era de noche, la oscuridad se había hecho dueña del lugar y corría una suave brisa que acariciaba sus brazos y revolvía su cabello, que le llegaba unos centímetros por debajo de sus pechos. Su elegante vestimenta sacaba a la luz su buena situación económica, y puede que su belleza fuera casi dolorosa, demasiado para ser humana. Escogió una mesa vacía, de las más alejadas del local, y se sentó con elegancia. Escuchar iba a ser aburrido, increíblemente monótono para una chica de acción como lo era ella, así que inspeccionó el lugar en busca de alguien con quien entablar una conversación y a quien ofrecerle un poco de compañía. Sabía que llamar la atención no sería un problema en aquella ocasión; su creador le había hecho llegar el mensaje de que se encontraba en París, él mismo quería reunirse con ellas, de lo contrario se habría mantenido oculto como la rata que era. Nara tampoco sería partidaria de encontrarse con él, y quizá por eso aún no había llegado. Le había mandado el aviso hacía mucho tiempo, pero tenía un segundo plan en caso de que el primero fallara. Puede que su hermana mayor no le debiera nada, pero debían estar juntas al menos hasta que aquello finalizara.

Los hombres allí presentes miraban a Yuna con evidente curiosidad; la muchacha podía adivinar lo que estaban pensando: ¿qué hace una chica semejante tan sola en un lugar como este? ¿Estará de viaje, o pensará quedarse el tiempo suficiente para ser una molestia en París? ¿Será una dama de buen provecho? La vampira recibía ese tipo de miradas todo el tiempo, tanto que se alimentaba de ellas. Adoraba ser el centro de atención y sabía que sobresalía en cualquier ocasión, aunque fuera por un mal motivo. También era conocedora de que no solían ver a demasiados asiáticos en su día a día, y ella heredó, como su hermana, los rasgos marcados de su padre y un bonito cuerpo de su madre. Apartó uno de los mechones de pelo que cubría su cara, rozando su ojo derecho. Llevaba el cabello suelto casi en su mayoría, pero le habían hecho un bonito peinado que dejaba más despejado su rostro, consiguiendo que su mirada felina fuera la protagonista. Los desconocidos seguían preguntándose cuándo llegaría la cita de la castaña, o si es que había decidido ir sola por puro placer, incluso barajaban la opción de que algún mal hombre le hubiera dado plantón, lo cual sería un escándalo para una joven de su edad. Yuna odiaba aquellos pensamientos, y los juzgaba como antiguos, aunque por mucho que quisiera vivir en otra época, aquel seguía siendo su único mundo. ¿Dónde estaba Nara cuando la necesitaba? Por lo menos cuando se encontraba con ella nadie dudaba que fueran hermanas, y parecía ser más aceptada aquella idea, que la locura de verla andar sola por cualquier parte, a pesar de lo fuerte y resistente que era, algo que por supuesto nadie tenía por qué saber.



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Re: The night has just begun. | Libre

Mensaje por Kwang-Ri Seung el Lun Ene 15, 2018 4:50 am

En ocasiones, cuando rozaba el límite de la estupidez, se preguntaba si existía en algún recóndito lugar la cura para sus males. Anhelaba el día en que Yuri desapareciera de una vez por todas. Otras tantas, cuando se encontraba en sus retorcidos cávales asumía la condena que le acompañaba e incluso extrañaba al demonio cuando no le escuchaba quejarse.

Dos noches atrás, su hermano menor, Taeyang, llegó a la residencia con ideas de amor eterno en la cabeza. Muy inusual dado que era Tae el sensato de sus hermanos, el único a quien podía acudir cuando la locura se tornaba agobiante. Ahora, era Tae quien iba de un lado a otro como si cargara demonios con él, no, como si sus demonios hubiesen decidido no respetarle y parlotear tanto como Yuri lo hacía constantemente. Sin esperar a ser invitado, entró al estudio donde los hijos de Seongdeok discutían la situación de los Condenados.
"¿Por qué no?" alegaba Yuri, "Somos parte de esta familia, también"
"No" reprochó, "Yo soy parte de esta familia. Tu solo eres una horrible carga que viaja como polizonte en m equipaje."

Tomó asiento junto a los enormes ventanales de cristal y roble tratado, marcos pintados color hueso brillante y cortinas pálidas como las nubes antes de la lluvia. Escogió dejar las respuestas al mayor, él sabría traer los sentidos del pequeño de regreso..., o es lo que creyó ante la indecisa respuesta que quedó en el aire antes de que Hyun se marchase. A pesar de los lazos de sangre y demonios que les ataban como hermanos, Kwang jamás se deleitó con los dramas familiares, iba de aquí para allá haciendo su maldita voluntad, pero, hasta él, era capaz de sentir preocupación hacia lo poco que quedaba de lo que alguna vez fue la familia más imponente y extensa de la antigua Corea. Partió de la residencia con la única advertencia que le daría qué pensar a Tae "Ella no estaría de acuerdo", era todo lo que ameritaba decir. El nombre, la bestia en sí quedaba implicada con el simple juego de palabras.

Desde entonces, desde el instante en que estableció las líneas con tan pocas palabras, antes de unirse a sus hermanos, no había escuchado palabra de Yuri. Debería sentirse en sosiego, después de todo deshacerse del insufrible demonio fue lo que siempre deseó, ¿no? No, concluyó.
"¿Dónde estás?" siseó con las manos en los bolsillos traseros del pantalón de tela negro, paso delante del otro por las calles de París. "Sé que estás ahí ¿Qué es lo que te molesta ahora?" no guardaba detalle al hablarle mientras recorría las calles. Mucho menos la primera vez que el demonio que habitaba en él jugaba hacerse el ofendido. "Bien, ¿no quieres hablar? Grandioso, lo mejor será estar solo por una buena maldita vez"
La única verdad entre aquel muchacho y su demonio literal personal, es que han convivido tanto el uno con el otro que ciertamente se han acostumbrado a la indeseable compañía, y para un demonio incluso de la calaña de Yuri, palabras de desplazamiento son suficientes para ponerle de mal humor.
"Bastardo sensible" añadió Kwang, "Has de ser la vergüenza del infierno"

En busca de chantajearle, concluyó sus pasos hasta un ostentoso restaurant "Menos mal que vengo vestido para la ocasión" dijo, tan acostumbrado ya hablar con su compañero. Al no obtener respuesta, una vez dentro del lugar, cuyas luces y decoración iban a juego con los comensales tan pretenciosos como sin valor, siguió las miradas hacia la mesa lo bastante aislada para obtener la atención de los presentes sin causarles ningún tipo de incomodidad, como si estuviese colocada al centro del escenario.
"Si tu insistes en jugar al dolido, entonces tendré que buscar alguien más con quien tener un poco de diversión" dijo al demonio instalado en su interior, a la desesperación abrazado por la locura de nombre y temperamento propio. Decidido, con la gracia que los de su clase saben proyectar sin necesidad alguna de esfuerzo, una ceja levemente arqueada y su mejor sonrisa pícara, caminó hacia la dama. Una vampira, percibió de inmediato, vaya que esto iba a ser divertido.

Caminó, como actor nato, Levantó un tanto los brazos al cielo y besó ambas mejillas de la dama de belleza tan exquisita como letal, cuidada en cada extensión, recordándole con aquellos ojos feroces la tierra que hace años dejó atrás.
Lamento la demora, dulzura. Ya sabes cómo son los negocios.
Tomó asiento sin esperar a que ella cediera y, como si aun conversase con Yuri, le susurró en mismo tono de voz: —Puedes agradecerme luego. Luces como alguien que necesita un poco de diversión —elevó las cejas divertido, le brindó aquella sonrisa ladina muy suya y decidió dejar al demonio con vida propia berrinchar un poco más. Él ya había encontrado como matar el tiempo.
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Re: The night has just begun. | Libre

Mensaje por Yuna Song el Mar Ene 16, 2018 12:25 pm

El vestido era tan aparatoso como elegante, y su tez blanca como la nieve resaltaba debido al color oscuro de su ropaje. Parecía una muñeca de porcelana, con la belleza propia de una vampira y los rasgos asiáticos de su lugar de origen, los mismos que compartía con su hermana. Su confianza fue en aumento después de su abrazo, pero también se creó un vacío en sí misma, en el interior de su alma, si es que aún la tenía. Detrás de cada asesinato ella había muerto un poco más, hasta acabar con la muchacha que una vez fue humana. Era consciente de aquello, pero todavía tenía ciertas actitudes humanas. Después de todo, sólo tenía algo más de cien años, podía recordar gran parte de sus memorias humanas, aunque éstas fueran todas mediocres y patéticas. Por eso le resultaba fácil ponerse en la piel de sus víctimas, saber qué pensaban o qué deseaban, y finalmente utilizarlo en su beneficio. Estaba orgullosa de haber evolucionado hasta lo que era, teniendo en cuenta que su creador la había dejado abandonada después de destruir a toda su familia.

Antes de encontrarse con Nara, antes incluso de que su hermana pisara Francia, había decidido conocer su nuevo hogar. Yuna era de espíritu nómada, iba de aquí a allá sin considerarse de ningún lugar, pero adueñándose de todos y cada uno de ellos, por lo que no le resultaba complicado acostumbrarse a un nuevo entorno. Sí era más difícil no llamar demasiado la atención, pero en aquella ocasión no le preocupaba; aquel hombre al que había buscado durante tantos años ahora quería verlas, y no parecía con intención de marcharse antes de hacerlo. Se lo podía imaginar, gloriosamente sentado sobre un caro trono, vestido con un traje elegante que resaltaba su belleza y sonriendo para mostrar sus afilados colmillos. Podía ver la satisfacción y el orgullo en su mirada mientras observaba a las hermanas, algo que él había creado, algo que él había destruido. La muchacha podía sentir la furia recorrer sus venas cuando pensaba en él, cuando su imagen volvía a su cabeza. Puede que él fuera un auténtico demonio, pero su recuerdo y el odio que sentía hacia él la había mantenido en pie.

Todo el restaurante cuchicheaba mientras la miraba. Podía escuchar lo que decían, incluso cuando no tenía interés en hacerlo. Algunos cuestionaban su pureza, otros se alentaban mutuamente a acercarse y entablar una amable conversación con la desconocida, y otra parte, liderada por mujeres, la miraban desconfiadas, con cierto brillo de envidia en su mirada por la atención masculina que recibía. Yuna esperó con paciencia, aunque de eso le quedaba poco, a la espera de algo de diversión. Los humanos a su alrededor parecían de buenas familias, una sangre fresca y de buena calidad, su preferida; sin embargo, ninguno se acercaba a la muchacha. Aquello le ocurría en múltiples ocasiones. Por un lado, su belleza y perfección imponía a gran parte de los hombres humanos, por el otro, esperaban ansiosos a la espera de captar su atención, sintiendo la ferviente necesidad de creer que habían sido ellos los que habían conseguido su admiración y no al revés. En ocasiones jugaba a eso, daba exactamente lo que ellos querían sólo para aprovecharse luego de su sangre y su dinero, pero no haría eso en París, necesitaba hacerse una reputación si quería permanecer allí durante un tiempo.

Cuando parecía haberse dado por vencida, escuchó una voz masculina que atrajo la atención de muchos de los presentes. Hacía escasos minutos lo había estado observando; él también era un vampiro, lo podía percibir por su aura, y al igual que ella era asiático. Había entrado en el lugar como si fuera su dueño, rebosante de seguridad y confianza en sí mismo, algo que elevaba su atractivo de manera considerable. Su belleza también era notable, y el tono de su voz fue tan encantador como el suyo propio. No tardó en averiguar qué estaba haciendo, y le siguió el juego con tanta facilidad que los humanos que seguían observando dieron por hecho que se conocían
—. Descuida, querido, no llevo demasiado tiempo esperando —respondió de inmediato, esbozando una sonrisa encantadora y radiante. Si los hombres bufaron al descubrir que iba acompañada, que parecía tener un interés romántico a su lado, las mujeres fulminaron con la mirada a Yuna por llevarse la atención del hombre más elegante y guapo del restaurante. Por supuesto todas soñaban con estar en su lugar, pero muy pocas conocían a lo que se arriesgaban al tratar con criaturas de la noche, tal como eran aquellos dos—. Para estar muerto eres muy avispado —bromeó al escuchar al vampiro, manteniendo su sonrisa. Ella no era alguien que tratara con delicadeza la muerte, lo cierto es que llevaba tanto tiempo muerta que lo consideraba más natural que estar viva—. Acabo de llegar a París y temía que fuera aburrido, pero he de reconocer que no lo es tanto —añadió. No sólo se había encontrado con un vampiro casi al instante, sino que también era asiático, rasgos que tenían en común.

Yuna no solía entablar conversación con hombres, no al menos si no eran humanos a los que luego pudiera utilizar como cena, o si se trataba de su mejor y único amigo en toda su existencia, pero aquel muchacho podría ser la excepción. Durante toda su vida y dado su historial, había visto a los hombres como un peligro inminente, pero el vampiro frente a ella tenía algo que despertaba su curiosidad
—. Me llamo Yuna, y esta noche serás mi acompañante, puede que nos divirtamos juntos. —La chica esbozó una sonrisa pícara y apoyó el mentón sobre su mano derecha, mientras miraba al vampiro. Ella era una montaña rusa de emociones y comportamientos contradictorios, aquel era un dato que él desconocía, pero puede que él escondiera peores secretos que los de la muchacha. Puede que a su lado, ella fuera un ángel. El camarero llegó para ver qué les apetecía beber, o si en su lugar querían algo de comer—. A mi prometido le gustaría un buen vino, así que tráenos el mejor que tengas —respondió educadamente, con un aterciopelado tono de voz que dejó embobado al pobre hombre durante unos segundos. Cuando Yuna volvió a fijar la vista en su acompañante, sonrió—. ¿Cómo quieres que te llame? —preguntó. Lo más lógico habría sido preguntar por su nombre, pero ella no quería un nombre sin significado, quería el nombre con el que él se sintiera identificado en aquel momento.



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Re: The night has just begun. | Libre

Mensaje por Kwang-Ri Seung el Dom Mar 25, 2018 5:15 pm

Captar la atención de Kwang no es misión que cualquiera pueda realizar, es hiperactivo, va de un lado al otro y si tienes la audacia de intentar entablar algún lazo con él, es muy probable que no cuenten con la suerte de regresar con vida. Es lo que sucede cuando osas estar frente a la presencia de dos demonios encarcelados en un mismo tiempo, han visto lo suficiente para no caer en cualquier donaire. Y no es que la vampiresa de sagaz sonrisa y cautivante mirada resultase agraciada, sin embargo, con Yuri en medio de sus berrinches, Yuna le ofrecía un entretenimiento completo.

Sonríe ante la respuesta que obtiene por parte de la vampiresa.
“¿Escuchaste, Yuri?” dice internamente al demonio “Tal parece no eres tan indispensable.” Sonríe ante las palabras de la vampira, muerde su labio inferior y ladea un tanto al cabeza, como quien busca el mejor ángulo. Cómo llamarle, fueron tantos los años en los que perdió su identidad que, una vez se deshizo de los demonios sin importar que Yuri aún rondaba en su interior, disfrutaba alardear de ser capaz de escuchar su nombre de nacimiento. De pequeño su madre le llamaba de acuerdo al demonio en turno, tan pronto estuvo segura que su hijo contaba con la edad suficiente para resistir mantener la puerta del infierno abierta pronto olvidó el nombre que su padre el rey le había otorgado al respirar el aire de este mundo.

Kwang —disfruta cada letra—, aunque algo me dice que mientras estemos aquí seré “querido” “amor” quizás —tanteó el ambiente con descaro—. Descuida, no tengo intenciones o interés en preguntarte qué estás haciendo aquí por tu cuenta.

Disfrutaba estas situaciones. Las miradas sobre ambos no le molestan en lo más mínimo y por primera vez en tres mil años cree poder sostener la improvisada velada sin que Yuri intervenga.

Desde su llegada a Francia, dar con entretenimiento de buena calidad se tornó en una odisea, con sus hermanos ocupados en sus propios asuntos y Seol en américa, sus opciones se reducían a la nada misma.
“Su sangre debe ser exquisita” de pronto Yuri se asoma a la superficie; el que uno de los demonios posara atención en Yuna despertaba la curiosidad del segundo.
“Tienes razón pero no voy a morderla…, ciertos tipos de intimidad deben permanecer como tal” alega, dividido entre el demonio que habita en su interior y el cuerpo presente frente a la vampira.
Aunque, sí me veo en la obligación de admitir ver en una extraña rasgos conocidos, y que tenga sentido del humor. Es justo lo que necesita esta soporífera ciudad.  
“Quiero salir” insiste Yuri intrigado por la vampira.
“Si lo permitiera cada vez que cruzamos camino junto a una mujer hermosa, ya este cuerpo sería todo tuyo.”
“No lo entiendes, mocoso. Dejame hablar con ella en persona.”
“Debes contar con la cualidad de persona para hacer tal cosa.”
Decide ignorar el debate, siendo capaz de sentir como Yuri va de un lado a otro en su cabeza, inquieto.
¿Que desea cenar mi deslumbrante prometida? —se inclina hacia delante apoyando los codos sobre la mesa y dejando reposar sobre las manos, imitando el acto de la vampiresa, siendo escasa la distancia entre sus rostros.
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Re: The night has just begun. | Libre

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