Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Once again || Privado

Mensaje por Nara Song el Sáb Dic 30, 2017 12:38 pm

El último año había pasado muy rápido para Nara. Había estado recorriendo el mundo junto a su hermana en busca del hombre que había acabado con sus humanas vidas, hasta el momento en el que Yuna, como de costumbre, quiso volver a desaparecer. Aquello no era una novedad para la castaña, ya que sabía a la perfección que su hermana no era trigo limpio, para ser sinceros, Nara tenía cierto afecto hacía ella, ya que era la única persona viva con la que compartía sangre, pero estaba harta de tantos viajes, de tantas búsquedas. Sabía que su hermana andaba obsesionada con aquel tema y que no pararía hasta capturar al que las había convertido en lo que eran ahora, pero desde que Nara se convirtió en vampiro no le había dejado vivir su vida. Al fin la castaña había encontrado la tranquilidad estos últimos meses, ya que habitaba en España desde que su hermana quiso volver a desaparecer del mapa, ni se molestó en buscarla, pero sí en rehacer su vida. Había conocido a un noble cuya familia era de clase alta, no era lo que más le importaba a Nara, bueno, en parte sí, ya que si algo había aprendido Nara en todo este tiempo de su hermana era que mejor gastara dinero la otra persona. Pero no era sólo por aquella frase que había memorizado Nara, sino porque el chico tenía los pies en la tierra, de alguna forma u otra, Nara veía a su antigua chica rebelde y protestona reflejada en este. Él supo lo que era y no tuvo miedo en ningún momento al saber que Nara no era una humana tal y como él pensaba, de hecho, quiso que le convirtiera en vampiro para así estar toda la vida a su lado. Nara inocentemente creyó que podría vivir una vida totalmente nueva y que se casaría con el chico, pero estaba totalmente equivocada.

Una noche cualquiera regresó a la mansión donde vivía con el chico, el aposento donde ellos dos dormían se encontraba hecho un desastre y él yacía muerto en la cama de matrimonio, ensangrentado. No tuvo que leer la carta que le había dejado justo encima del cadáver para saber de quién se trataba, pero aún así, la abrió. ‘’Te espero en la Catedral de Notre Dame. No llegues tarde.’’
Yuna le había mandado otra carta hacía meses, pero Nara no le hizo caso alguno, ponía exactamente lo mismo que en la que había dejado la noche en la que mató al pretendiente de Nara, lo único que había agregado era aquel ‘’no llegues tarde’’ Nara no lo quería tanto como para perder el tiempo llorando, pero sí sabía que nunca podría vivir una vida feliz con su hermana en ella. Tenía que quitársela de encima tarde o temprano y ahora más que nunca estaba dispuesta hacerlo, por ello esa misma noche partió hacia París. Odiaba tener que seguirle el juego a su hermana, pero más odiaba el hecho de no poder llevar una vida normal como la de todos los humanos.
Nada más llegar a Paris, Nara supo qué hacer. Se dirigió hacía Notre Dame, la catedral más hermosa que había visitado a día de hoy. La castaña se conocía París como la palma de su mano, ya que durante bastantes años había sido como su hogar. Y al fin llegó. Al ver la catedral, Nara se cruzó de brazos y fue inspeccionando a todos las personas que pasaban al lado suyo, para ver si podía ver la negra y larga cabellera de su hermana Yuna. Algo le decía a Nara que esta sería la última vez que tendría que seguirle el juego a su querida hermana.


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Re: Once again || Privado

Mensaje por Yuna Song el Lun Ene 01, 2018 9:15 pm

‘’No llegues tarde’’.

Aquella había sido la última advertencia de Yuna a su hermana, Nara, que había ignorado su carta anterior. Puede que la muchacha fuera una vampira y que tuviera toda la eternidad por delante, pero bien era sabido que incluso los sobrenaturales no duraban demasiado con tantas guerras en pie, y Yuna tenía un montón de cuentas pendientes con criaturas alrededor del mundo; ella no tenía tiempo que perder, y la paciencia no era su fuerte. La primera carta la había enviado hacía meses, cuando recibió el mensaje de su creador, que se hallaba en París. Él quería encontrarse con ella, resultaba evidente, y su hermana pondría mil y una excusas para no hacerlo. Puede que fuera una trampa, incluso podrían parecer dos chiquillas idiotas acudiendo a la llamada de su sire, pero no perdería aquella oportunidad después de más de cien años esperando. Su primer aviso fue en vano; Nara ignoró su carta y siguió jugando a ser humana. Yuna odiaba aquella parte de su hermana. ¿Realmente creía que podría rehacer su vida, que podía actuar como si fuera humana? Ella quería casarse con un buen hombre, mejor si era de buena familia, y aunque sabía que le era imposible tener críos, se las arreglaría para rellenar ese vacío en su vida. Yuna podía ser caprichosa, podía ser insolente e impulsiva en muchos sentidos, pero le resultaba injusto que a ella la tacharan de loca cuando era su hermana la que terminaba en la cama de un humano confesándole su secreto bajo la cálida luz de su lujosa mansión. Por eso tuvo que apañárselas; no tenía tiempo para ir y volver a París arrastrando a su hermana con ella, tenía que vigilar el terreno antes de eso, acostumbrarse a Francia como si fuera su propio hogar, por lo que ideó otro plan. Uno de los ‘’suyos’’, como llamaba a sus fieles esclavos, llevó a cabo el asesinato por ella, dejando al pobre hombre, cuyo único delito había sido conocer a las hermanas Song, desangrado sobre su cálida y cómoda cama. Era uno menos, un hombre menos al que matar por el capricho de su hermana mayor, pero un nombre que se sumaba a la lista de víctimas de Yuna. Por supuesto que aquel no había sido el peor. Hacía mucho tiempo, todavía en Londres, la joven se encargó de asesinar al primer amor de su hermana, un acto que tuvo como consecuencia la enemistad y el rencor eterno de ésta. Desde entonces, aunque habían permanecido juntas, Nara tenía mucho cuidado cuando hablaba con ella, procurando no decir demasiado sobre su vida privada. Resultaba fastidioso que incluso a pesar de sus esfuerzos, Yuna siempre se enterara de todo.

La asiática caminó en mitad de la noche, vestida con prendas propias de una señorita de su categoría, cubriéndose los hombros y parte de los brazos con un delicado chal. Claro que ella no sentía el frío, pero sería un tanto extraño ver a una muchacha como ella a esas horas de la noche soportando la brisa que corría cuando todos los demás se refugiaban en sus hogares. Era ágil y rápida, y siempre se le dio bien ocultarse entre las sombras, por lo que terminó llegando a la catedral de Notre Dame a tiempo de ver a su hermana llegar. Sus pasos fueron seguros y ligeros, parecía tan grácil como la mejor bailarina de la ciudad, y su mirada resultaba despreocupada. Yuna siempre odió que, mientras ella se había quedado anclada en el pasado, odiando con todas sus fuerzas al hombre que le robó parte de su vida, Nara parecía olvidarlo todo con suma facilidad. Ella no quería vengar a sus padres, no quería vengarse a sí misma, y la castaña no entendía esa parte de su personalidad. La asiática se mantuvo oculta durante unos minutos, para finalmente caminar despacio y sin hacer ruido, frenando únicamente cuando estuvo a unos pasos de su hermana. Aunque sólo podía ver su espalda, pudo observar que su cabello seguía igual que antaño, pero parecía vestir mejores vestidos
—. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, mi querida hermana —murmuró, dejando que su aterciopelado tono de voz resonara en la calle vacía y solitaria. Nara se dio la vuelta para encarar a la muchacha, cuya voz podría reconocer fácilmente—. No me mires así —comentó Yuna al percibir cierta hostilidad en los ojos de la chica—, esta vez es importante, esta vez es real —añadió. La última vez que la había llamado había resultado ser una falsa alarma, pero aquella vez no era así; estaban más cerca que nunca de su objetivo. Dudaba que la incomodidad en el rostro de su hermana fuera debido a su abrupta desaparición; ella solía marcharse sin avisar, algo a lo que Nara se habría acostumbrado ya. Yuna sabía muy bien que a su hermana mayor no le importaba su creador, que únicamente lo perseguía por ella, y por ese motivo prefería investigar en solitario. Nara sería un estorbo, de hecho procuraría evitar encontrar a su sire con tal de no tener más problemas—. Está aquí, Nara, en París, y quiere vernos. Sé lo que vas a decir, que es peligroso y que nos está engañando, pero no voy a dejar pasar esta oportunidad —advirtió, mientras un sinfín de posibilidades aparecía en su mente. Por supuesto estaba hablando desde la impulsividad de su locura, y sonreía como si aquella noticia fuera el mejor regalo que le habían hecho en su larga existencia, pero Nara debía pensar muy diferente a su hermana.



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