Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Behind The Truth ~ Privado

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Behind The Truth ~ Privado

Mensaje por Naxel Eblan el Miér Ene 03, 2018 9:53 am

Habían pasado varias semanas desde que había acudido al recital para ver a Liara tal y como le había prometido, me había costado porque las heridas que sufrí semanas antes del concierto me impedían andar con naturalidad y tuve que esforzarme mucho –además de convencer a un buen hechicero que me ayudara con dichas heridas- para que ella no lo notara. Sabía que no le gustaba el trabajo que hacía por las noches, sabía que quería que me lo dejara pero ella jamás había podido convencerme en mi ciego empeño por darles caza y muerte a la pareja de licántropos que mató a nuestros padres, porque no podía dejarlo pasar y necesitaba vengarlos, era algo que tenía en mi interior y que me pedía a gritos que hiciera algo para que sus muertes no quedaran de esa manera. Yo de los dos había asumido el camino de mis padres, uno que quizás ellos no quisieron que nosotros supiéramos ni conociéramos pero las cosas habían salido así, nuestro tío Keith se había encargado de nosotros y a mí me había formado por ese camino de luchas, de sangre y de oscuridad en el que se había convertido mi vida... dejarlo, a esas alturas, era algo un tanto complicado dado la implicación que llevaba, no después de que posiblemente hubiera podido conseguir una pista que me conducía más cerca de ellos. Habían intentado cazarme, me habían puesto trampas y habían utilizado a la cazadora que se había cruzado en mi camino para atraerme hacia donde ellos querían... incluso así no habían podido acabar conmigo y solo esperaba poder darles el golpe de gracia algún día, cada vez los iba cercando más y eso era algo que ellos sabían y sentían, el círculo se reducía y finalmente lograría mi tan ansiada venganza; nuestros padres serían vengados. Después ya vería qué es lo que hacía cuando ese vacío me dejara y aliviara la carga de mis hombros, aunque tenía otras preocupaciones en mente como por ejemplo saber que mi hermana había trabajado para una vampira, una la cual intenté persuadir sin mucho éxito de que dejara a Liara tranquila, sin embargo la había seguido contratando pese a mis amenazas. Sabía que Liara era muy buena, no había nada más que recordar el recital y como nos llevó a todos con la música como quiso, a través de las emociones que ella nos quiso mostrar y llevarnos, guiándonos mientras nosotros sentados escuchábamos y nos dejábamos hacer.

Era muy buena y se lo había dicho muchas veces, cuando tocaba el piano era como si se fusionara con este y podía llevarte por los caminos que ella quería, y para que eso lo dijera yo que no tenía emoción alguna más que las negativas... era prueba de sobra. El recital, después de que acabara, no había acabado como yo había pensado en un principio... había pensado pasar una noche tranquila junto a mí hermana, y junto a la inesperada aparición de la cazadora que no había podido evitar la oportunidad de pasarse por allí intrigado por cómo sería mi hermana, pero pronto nos habíamos dado cuenta de que la noche no sería tan tranquila como a mí me habría gustado. Tuvieron que seguirnos un pequeño grupo de vampiros, no hubiera sido nada grave sino fuera porque esa noche no quería que nada pasara y porque además con las heridas que tenía no podía hacer gran cosa, y la cazadora tampoco. Acabé herido de nuevo para disgusto de mi hermana aunque quise evitarlo a toda costa, pero desde el momento en que murieron nuestros padres había jurado que nada le pasaría a ella y eso es lo que hice; protegerla a costa de mi vida. Jamás quise que la oscuridad y lo sobrenatural se acercara tanto a ella pero de alguna forma es como si estuviera fallando en mi cometido y en mi misión. Nos las apañamos, nos costó pero lo hicimos... sabía que tendría dudas después de eso, de verme herido, de saber lo que podría haber pasado... yo jamás quise que se enterara y sin embargo había pasado de esa forma, me daba muchísima rabia pero no podía cambiar lo que ya había sucedido. Necesité de nuevo de la visita de aquel hechicero que conocía para que me ayudara con las heridas, eso y que pasaran un par de semanas para invitar a Liara a casa para que se cerciorara de que todo estaba bien y que no había problema alguno. Rara vez era la ocasión en que mi hermana entraba en mi casa ya que casi siempre solíamos quedar en la suya, sin embargo concedí esa excepción únicamente para que viera que estaba bien. Tenía algo de cena preparado a falta de que llegara y había recogido todas las armas y aquello que pudiera incomodarla para que no lo viera. Estaba apoyado en la encimera cuando escuché los golpes en la puerta, me acerqué para abrirla y ver que estaba al otro lado, sus ojos azules me contemplaron repasándome de arriba abajo como si quisiera cerciorarse de que estaba bien.


-Liara –le hice una seña para que pasara al interior y cerré la puerta tras ella, tomé su abrigo para colgarlo cuando me lo entregó y no esperé a que sus brazos rodearan mi cuerpo y me abrazara, a veces me costaba acostumbrarme a esas muestras de afecto, de lo cándida que era ella... pero no podía negar que me gustaban, siempre que venían de ella me calmaban y me gustaban más de lo que jamás admitiría alguna vez. Dejó un beso en mi mejilla y se adentró mirando todo con curiosidad, lo cierto es que mi casa no es que estuviera demasiado decorada porque no pasaba mucho tiempo en ese lugar, era muy distinta a su hogar, pero al menos no habría nada a la vista que la incomodara- ¿qué tal estás? –Pregunté mientras andaba por el pasillo hasta llegar a la cocina y sentía sus pasos tras de mí, observándolo todo a lo que no dije nada porque sabía de sobra que lo haría- ¿has recibido muchas solicitudes tras tu brillante actuación? –No es que quisiera tocar demasiado el tema del recital pero, conociéndola, seguramente le hubieran hecho muchísimas ofertas y quería saber cómo iba en ese tema, quería centrarme más en ella que en mí porque de centrarnos en mí seguramente que me echara la charla y la bronca por lo que pasó, por lo peligroso que era mi trabajo y mi vida... pero no lo dejaría, y si ella supiera toda la verdad... me mordí el labio con fuerza y bajé mi vista para coger un par de vasos y colocarlos en la mesa, no quería ni pensar qué pasaría si supiera toda la verdad, la verdad de lo que una vez hice.




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Re: Behind The Truth ~ Privado

Mensaje por Liara Eblan el Sáb Ene 27, 2018 2:09 pm

A pesar de que ya habían pasado varias semanas desde ese último recital y su fatídico final, Liara todavía tenía pesadillas al respecto. Más que el ataque en sí —que para ella sólo había supuesto el susto, puesto que había salido ilesa físicamente—, lo que la hizo sentir miedo fue el hecho de ver a su hermano luchando contra los vampiros que los habían seguido. Nunca jamás lo había visto combatir, y en ese momento se dio cuenta de que podía haber vivido sin presenciar una de sus luchas. Además, esa misma noche supo que, algunas atrás, una de sus cacerías se había complicado más de lo esperado y había acudido al recital lleno de heridas sumamente graves. ¿Cómo había sido tan insensato y callarse algo así? De haber sabido que estaba tan grave no le habría permitido ir al recital, incluso le habría pedido a Keith que se quedara con él para vigilar que no salía de la cama. Pero no, el cabezota de Naxel lo había mantenido en secreto y ahora se encontraba mucho peor.

Tras mucho insistir, Liara había conseguido convencerlo de que le dejara visitarlo en su casa. No quería hacerle ir a la suya porque, aunque no quedaba especialmente lejos, era un paseo que debía dar, y la joven prefería que su bruto hermano se moviera lo menos posible. Esperaba que, al menos, no fuera tan insensato como para salir a cazar en esas condiciones. En parte, ese era uno de los motivos por los que había insistido tanto en ir a visitarlo: si estaba en su casa no se atrevería a salir. «Por encima de mi cadáver».

Preparó una cesta con unos pastelitos que había comprado esa misma mañana y salió sin entretenerse demasiado, rumbo a la casa de Naxel. No recordaba cuándo fue la última vez que la visitó, pero fue hacía mucho tiempo ya, tanto que se confundió de calle un par de veces, lo que la retrasó más de lo que esperaba. Cuando llegó frente a la puerta suspiró aliviada y tocó con los nudillos un par de veces. Su hermano no tardó en aparecer al otro lado, y antes incluso de saludar lo miró de arriba a abajo, inspeccionándolo sin ningún miramiento.

Cuando se cercioró de que no estaba peor —porque bien tampoco lo veía, sus ojeras daban buena cuenta de ello—, dejó la cesta en el suelo y lo abrazó.

Hola, Naxel —dijo antes de darle un beso en la mejilla—. ¿Que qué tal estoy? Preocupada, ¿cómo quieres que esté? Si al menos me hubieras dejado venir a verte antes...

Cogió la cesta y siguió a su hermano hasta la cocina. Dejó los pastelitos sobre la mesa y se sentó, observando detenidamente los movimientos del cazador, esperando el momento en el que hiciera la mínima mueca de dolor para mandarlo a descansar. Ella misma podía poner la mesa si a él le resultaba molesto.

He recibido algunas, sí —contestó de manera muy vaga, y se notó—, pero no me interesa ninguna de ellas. —Miró a Naxel esperando su reacción. Todavía no le había contado la propuesta que la misma reina de los Países Bajos le había hecho algunos días antes de ese recital y que Liara había aceptado casi sin pensar—. Me han ofrecido un trabajo que aún no me creo que sea cierto, y que por supuesto he aceptado. No os he contado nada, ni al tío ni a ti, porque no quería adelantarme demasiado por si no seguía adelante —calló un momento antes de continuar y lo miró, con una sonrisa de emoción en el rostro—. Me han nombrado pianista personal de la reina de los Países Bajos.


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Re: Behind The Truth ~ Privado

Mensaje por Naxel Eblan el Vie Feb 16, 2018 9:31 am

Estar siempre con Liara hacía que bajara los escudos y todas las defensas, no sabía cómo lo hacía y lo lograba pero conseguía que me calmara y era la única que tenía esa capacidad conmigo, la que conseguía que cambiara y no fuera ese ser tan frío sin escrúpulos que solía ser con el resto de la gente. Quizás fuera por su alma tan cándida que tenía, por lo dulce y cariñosa... tenía algo que anulaba todas y cada una de mis defensas y sin duda era la única que conseguía colarse por el único hueco en todos mis muros erigidos durante tantos años. Hacía muchos años que no venía a mi casa y el motivo principal de ello es que no quería que viera las armas y demás accesorios de cazador que tenía, mi casa distaba mucho de ser como la suya que era más agradable y más acogedora, allí pasaba poco tiempo ya que siempre estaba entrenando, o en la tienda con Keith o bien en la cabaña del bosque donde llevaba a mis presas para interrogarlas y sacarles información. Había recogido todo para que no hubiera nada a su vista y que no se pudiera sentir incómoda, de normalidad iría a su casa pero tras lo que había pasado en el recital con la aparición de los vampiros y que se había enterado además de que había acudido herido se había empeñado en presentarse a mí casa para nuestra próxima visita, y allí estaba, tras darme un abrazo y un beso en la mejilla dejando la cesta que portaba sobre el banco de la cocina observando todo con curiosidad, sonreí de lado elevando la curvatura de mi labio mientras la dejaba cotillear porque era algo también innato en ella, no iba a ver nada que pudiera molestarla o incomodarla a su vista por lo que estaba tranquilo. Solo encontraría una casa un poco austera y “fría” en el sentido de que no había mucha decoración y solamente había lo justo y necesario para vivir, por lo demás si no supiera a qué me dedicaba no podría saber que era cazador ni que guardaba bajo llave armas y demás utensilios. Como era normal en ella tras darme el abrazo y ese beso en la mejilla me preguntó cómo estaba yo, preocupada al saber que había acudido herido al recital, se había enfadado por ese detalle y me lo había dejado bastante claro en su momento. Incluso se atrevió a decirme que no debería de haber ido pero ¿cuándo fallaba yo a mis promesas? Nunca, y no iba a empezar esa noche. Había procurado que un hechicero con el que tenía trato me ayudara con las heridas en todo lo posible, no estaba como siempre pero al menos sirvió para que pudiera acudir al recital y verla, si no hubiera ido jamás me lo hubiera perdonado nunca.

Eso y lo que pasó en esa noche acrecentó en mi hermana la ya tan idea de que dejara de ser cazador, su preocupación si antes estaba a una escala de nivel “5” –por ejemplo- ahora había aumentado considerablemente y su preocupación era máxima... yo no quería que eso pasara, bastante tenía ella con saber que salía por las noches a cazar como para ver en primera persona lo horrible que era y que podía salir herido. No es que antes no lo supiera, pero una cosa era pensarlo y otra muy diferente era verlo con sus propios ojos, siempre evité que ella tocara o presenciara algo que tuviera que ver con ese mundo, y maldije a los malditos vampiros que tuvieron que aparecer esa noche, aun no sabía con qué fin pero estaba convencido que junto con Astrid lo averiguaríamos, porque nos buscaban a los dos y eso solo podría significar una cosa: problemas. Dejé a un lado esas preocupaciones y me centré en disfrutar de su visita, se la veía bastante bien y quise que no pensara en todo eso aunque sabía perfectamente que le estaría rondando por su cabeza, porque se notaba en su gesto y porque ella mismo me confirmó que estaba bastante preocupada por lo que había pasado. Lancé un suspiro cuando dijo que debía de haberle dejado venir antes pero, ¿para qué? ¿Para que me viera herido y se reafirmara en la idea de que tenía que dejarlo? No, bastante había sido conque la cazadora tuviera que cuidarme la anterior vez y atender mis heridas como para dejar a mi hermana que lo hiciera, no quería preocuparla y a eso le tenía que sumar el hecho de que odiaba por encima de todo que me vieran débil, me sacaba de mis casillas y no podía controlarlo. La miré por el rabillo del ojo cuando se sentó sintiendo su mirada puesta en mí de forma fija, enarqué una ceja preguntándole sin decir nada qué quería aunque podía intuirlo, sabiendo como era seguramente no me dejara hacer nada y estaba esperando la menor oportunidad para echármelo en cara. Si pensaba que iba a ver alguna mueca por mi parte, o el más mínimo gesto, estaba equivocada... porque yo no me mostraba débil ante nadie, porque estaba demasiado acostumbrado al dolor y no dejaría que ella tuviera esa visión de mí; nunca. Mientras terminaba de sacar las cosas de espaldas a ella, ya con la cena preparada para poder servirla en la mesa, escuché su vaga contestación sobre que había recibido varias ofertas... y no me extrañaba, había sido la gran triunfadora de ese recital sin duda alguna.



-No se te nota demasiado entusiasmada con la idea, ¿no era acaso lo que querías?
–Pregunté sin entender por qué estaba de esa manera, había luchado y se había esforzado mucho por conseguirlo y no entendí esa actitud que me tenía un poco descolocado. Rodé los ojos cuando al girarme la vi mirarme fijamente mientras dejaba los platos delante de ella para que los sacara a la mesa- estoy bien Liara, créeme, me he visto en situaciones peores que esa –sí, como por ejemplo la de la noche de los latigazos con ese maldito hijo de puta al que había jurado matar para cobrar mi venganza- ya estoy recuperado y me encuentro bien –no era mentira del todo porque Logan había hecho un excelente trabajo, solo quedaban unas cuantas cicatrices como recuerdo de esa horrible noche y nada más. Sacó los platos dejándolos en la mesa con la cena ya casi preparada y volvió para contarme otra noticia que por su tono de voz le hacía más ilusión. La miré observando esos ojos azules tan nítidos y claros que tenía, unos ojos preciosos que contrastaban con los míos más oscuros y apagados, viendo la emoción en ellos mientras hablaba y la sonrisa que tenía con aquel tono cantarín con el que me contaba la noticia. Enarqué una ceja por sus palabras, ¿la reina de los Países Bajos? ¿Su pianista personal? No supe por qué pero algo no me gustó en lo que me dijo, algo que no me terminaba de encajar y que me hizo mirarla de forma fija durante unos segundos sin decirle absolutamente nada mientras la emoción se veía reflejada en ella. Me di cuenta, entonces, de que debía de decirle algo y no quedarme callado- me alegro mucho por ti Liara, seguro que es una oportunidad única para ti y... veo que te hace especial ilusión –tomé una de sus manos con las mías acariciando su palma de forma suave, sutil incluso, mientras no apartaba mis ojos de los suyos- sabía que lograrías grandes cosas e incluso estoy convencido de que nuestros padres están muy orgullosos de ti –mi otra mano se alzó para acariciar su dorado cabello, mis dedos se enredaron en los mechones dorados acariciándolo para luego dejar mi mano en su mejilla- se te ve muy ilusionada con la idea, pero... ¿eso significa que vas a tener que irte allí? –No me gustaba no tenerla cerca, o mejor dicho, no me gustaba no tenerla controlada. En París aunque ella no lo supiera siempre velaba por su seguridad y que estuviera a salvo, si se iba a los Países Bajos no podría vigilarla y además en cuanto se fuera de casa investigaría a esa tal reina de la que me había hablado, no me fiaba de nadie y bastante había tenido con Sebastien como para que pudiera suceder de nuevo. Aparté mis manos de ella y me giré para coger lo que había preparado como cena en una olla, algo caliente para las noches de frío que estaban haciendo- ven, vayamos a la mesa y me cuentas cómo ha sido todo –sabía que había venido a ver cómo estaba y a cerciorarse de que me curaba, pero no quería que ese tema imperara toda la noche.  




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Re: Behind The Truth ~ Privado

Mensaje por Liara Eblan el Vie Mar 30, 2018 11:58 am

No siguió insistiendo en las heridas de Naxel. Lo conocía demasiado bien como para saber que si decía que no, siempre sería que no. Se limitó a coger los platos que él le había dado y a ponerlos en la mesa, tal y como hizo, noches atrás, en su casa. El olor de la cena casi lista inundó la cocina, haciendo que el estómago de Liara rugiera por el hambre. Naxel podía decir lo que quisiera, pero era un gran cocinero. Regresó a su lado en busca de los vasos y los cubiertos —que también repartió en la mesa— sin darse cuenta de que su hermano no había saltado de alegría al escuchar la gran noticia que le había dado. Le extrañó, y mucho; Naxel no se caracterizaba por ser muy expresivo, ni siquiera con ella, pero algo así debía ser motivo de alegría, hasta para una mísera piedra. Lo miró con el ceño fruncido incluso después de que hablara. Había algo que no le encajaba.

Al que parece que no le hace ilusión es a ti —comentó—. Es una gran oportunidad, Naxel. ¿Te das cuenta de lo que eso significa? Tocaré en la corte de un reino, ¿cuántos músicos pueden decir lo mismo? Además, seamos sinceros —acompañó al cazador hasta la mesa y se sentó en la silla que siempre ocupaba—, esta sociedad no ve con buenos ojos que una mujer trabaje, y menos en algo así. El mundo de la música está destinado, principalmente, a los hombres. La reina ha puesto toda su confianza en mí, y es algo que creo que debo aprovechar.

Esperó a que sirviera la cena, una sopa de verduras y carne que le sentaría estupendamente en una noche de frío como aquella. Tomó la primera cucharada y se dio cuenta de que estaba demasiado caliente, así que dejó el cubierto a un lado y esperó a que se templara un poco.

No, no me iré allí a vivir —contestó—. No siempre, al menos. Claro que tendré que viajar a los Países Bajos, pero lo haré como parte del séquito de la reina. Ella se hará cargo de mi estancia allí, así que no tienes que preocuparte por eso. —Tomó un poco de sopa en la cuchara y sopló para enfriarla, llevándosela seguido a la boca—. El resto del tiempo seguiré viviendo en mi casa, esa que tan bien conoces. —Sonrió—. Ella también da fiestas aquí, en París, así que me estaré moviendo entre ambos lugares. Lo cierto es que tengo muchas ganas de ver cómo es aquello; dicen que está lleno de flores, ¿te lo imaginas? Debe ser una explosión de color.

La sopa seguía caliente, así que dio un sorbo al agua y miró a su alrededor un segundo. Siempre le había parecido que la casa de Naxel tenía poca vida, y muchas habían sido las ocasiones en las que pensó que una mujer haría maravillas allí dentro. Hasta el día del recital, nunca había conocido a nadie del círculo de su hermano, pero parecía que esa única persona no había entrado ahí aún. Quién sabía si lo haría algún día…

Me conoció a través de madame Mimieux —dijo, comenzando la historia—. Di un pequeño concierto, ya sabes, parecido al de la última vez —Se humedeció los labios, puesto que todavía se le erizaba el vello al recordarlo— y, al terminar, me estaba esperando en el camerino. Comenzamos a hablar y ¡ah, Naxel! No te haces idea de qué interesante es esa mujer. Siempre creí que los reyes serían más… no sé, más serios, o más soberbios. Pero ella no es así; me habló con naturalidad desde el principio, incluso me pidió que la llamara por su nombre. —Las manos de Liara no paraban quietas, volando alrededor de su cabeza y acompañando el discurso con gestos efusivos—. De hecho, ni siquiera supe con quién estaba hablando hasta que se despidió de mí. ¿Te lo puedes creer? Una reina que no hace gala de su título a la primera de cambio.

Por fin pudo cenar sin quemarse, así que hizo un descanso en su cháchara en el que se zampó más de medio plato de sopa. Sin embargo, no dejó de mirar a Naxel de reojo, puesto que había algo de lo que ninguno había hablado pero Liara se moría por comentar.

Oye, Naxel. ¿Cómo está Astrid? —preguntó, como si nada—. Ya que no quieres hablarme de cómo estás tú, háblame, al menos, de cómo está ella.


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Re: Behind The Truth ~ Privado

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Abr 28, 2018 11:58 am

Siempre había pensado que Liara era como ese bálsamo que a veces uno necesitaba en ciertos momentos y ella conseguía y tenía ese efecto en mí, en realidad siempre lo había tenido y sentía que era lo que necesitaba aunque lo pedía en silencio, solamente a ella, a la única a la que le dejaba y le permitía todo en cuanto a mí se refería, porque yo por mucho que con los demás elevara las murallas y fortaleciera los escudos que ponía con ella simplemente parecían derruirse y caerse por sí solos, como si con su sola presencia, con ese brillo y esa candidez que siempre tenía los derritiera haciendo que mi mundo frío y oscuro se llenara por unos momentos de algo de luz en mitad de tanta oscuridad. Era consciente de que había cosas que ella no sabía y que pretendía que jamás llegara a saber a lo largo de su vida, siempre me había propuesto la tarea de defenderla y lo hacía porque no consentiría jamás que se expusiera al mundo de oscuridad y de seres sobrenaturales que había en aquel mundo. Ella no debería de saber que existían y aunque ya lo sabía porque era consciente de la situación que teníamos y que éramos cazadores Keith y yo jamás dejaría que conociera más allá de las palabras dicho mundo. Por eso me había tenido que encargar personalmente de aquel vampiro que la rondaba, porque sabía que en el fondo todos eran iguales y se aprovechaban de la inocencia de ciertas personas para ganarse su confianza y cuando menos se lo esperaran acabarían tomando su vida, bebiendo de su sangre sin que se enteraran pues los vampiros utilizaban muchos trucos y jugaban con la mente de las personas como para no hacerlo, así que seguramente hubiera acabado haciendo de ella lo que hubiera querido, su muerte estaba más que justificada aunque era un secreto que siempre me llevaría a la tumba porque jamás dejaría que ella lo supiera, no quería pensar en las consecuencias que traería el que Liara supiera que el causante de que el vampiro ya no se acercaba a ella ni la veía era porque yo lo había matado... mejor guardarme ese secreto y que nunca saliera a la luz porque no quería hacerle daño, aunque más bien, lo que temía era una fractura entre ambos y que ella cambiara la visión que tenía de mi persona. Ella no me consideraba un monstruo aunque yo lo era, pero me gustaba que no me viera de esa forma como si solo se quedara con la imagen de su hermano... no quería que se descubriera los ojos y apartara la venda que los tapaba, no quería que me viera como el ser frío y sin corazón, el monstruo que mataba sin razón ni lógica alguna, que disfrutaba torturando... porque de ella no podía soportarlo.

Escuchaba sus palabras contándome sobre lo que le había pasado y la nueva oportunidad que le habían ofrecido y, sinceramente, era verdad que me alegraba por ella porque sabía lo importante que era en su carrera, lo mucho que se había esforzado para lograr aquella meta y lo que había luchado. Tenía un don innato y nuestros padres estarían muy orgullosos de ella, de eso no tenía duda alguna. Sabía que no lo estarían tanto de mí pero por eso había tomado yo el camino de la venganza y de la oscuridad, todo porque ella no lo tomara y no se convirtiera en lo que yo era. Me había dado cuenta de que me había quedado callado más de la cuenta cuando me comentó la gran noticia, mis ojos la observaron por un par de segundos sin decir absolutamente nada dándome cuenta que algo tenía que decir, pero ante la idea de saber que una reina de la cual no me fiaba en absoluto y de la que pensaba investigar en cuanto ella se fuera de casa, y ante la idea de que estuviera lejos de mi alcance, de mi protección y seguridad me ponía de los nervios y me cabreaba en cierta medida. ¿Vivir en los Países Bajos? Menuda clase de locura y aunque no me gustara y supiera que tenía que aceptarlo pues era su decisión, eso no quitaba para que yo me quedara tranquilo teniéndola lejos, fuera de mi vigilancia, fuera de peligro donde yo no pudiera salvarla... ¡por supuesto que no me gustaba! Sin embargo y quitando todo eso me había dado cuenta, aunque tarde, que ella no se merecía mi trato en algo que para ella tenía suma importancia y que parecía que yo no pensaba lo mismo, por lo que en cierto sentido me sentó mal que pensara de esa forma y que incluso me lo echara en cara pero tenía toda la razón del mundo en ese sentido porque yo no lo había dicho con demasiada alegría en mi voz pero... no se me daba aparentar algo que no pensaba o no sentía, me costaba demasiado y es que aparte tampoco lo quería en absoluto. Lancé un suspiro mientras ella ponía la mesa llevando los platos con la sopa que había preparado para ambos en esa noche, poniendo los cubiertos y los vasos mientras se me quedaba mirando. Sabía también que había ido para comprobar que estuviera bien y no es que quisiera hablar demasiado del tema, bastante tenía con saber que mi hermana me había visto herido en una pelea con un vampiro, con el pecho manchado de sangre, el traje salpicado, Astrid intentando ayudarme... bastaba de todo eso y aunque me jodía en lo más profundo con tenerlo en mi memoria y saber que había pasado era más que suficiente. Ella me miraba con el ceño fruncido ante mi falta de entusiasmo y era algo que no podía rebatirle, pero iba por otro lado totalmente diferente al que ella se pensaba. Finalmente nos sentamos en la mesa y esperé un poco a que la sopa se enfriase, no me gustaba tomarla demasiado caliente y mientras tanto observé a mi hermana frente a mí con esos ojos azules color cielo, ese brillo en ellos, su cabello dorado, la sonrisa que tenía en los labios pese a todo... ¿cómo no preocuparme por ella estando lejos cuando era lo único que me hacía mantenerme en pie cada día?



-No es que no me alegre por ti, Liara, créeme que me alegro mucho de que vayas avanzando en tu carrera, que alguien tan importante se haya fijado en ti y te haya dado trabajo, que tus esfuerzos sean compensados y correspondidos con todo el trabajo que le has puesto desde hace mucho tiempo. Sé que no es un mundo fácil para una mujer pero también sé que sabía que llegarías lejos, porque eres muy buena y porque en aquel recital brillaste con luz propia como si fueras una estrella –observé que cogía la cuchara y tomaba algo de sopa, pero todavía quemaba así que sopló un poco para enfriarla antes de llevarla a sus labios, momento que aproveché para tomar su mano libre entre mis dedos, podía jurar que hasta su piel parecía tener más calor que la propia- siento que no pensaras que me alegrara –con ella era con la única que me salía una disculpa- es sólo que... no me gusta tenerte tan lejos –confesé realmente exponiendo por qué no había visto tanto entusiasmo en mi persona cuando me lo explicó- sé que tú no lo habrás visto de la misma forma que yo pero no me gusta tenerte fuera de mi alcance donde sé que puedo protegerte si algo llegara a pasarte, no me gusta la idea de tenerte lejos y no saber cómo estás o si te pasa algo, si algo te ocurriera no podría acudir en un momento en tú ayuda y eso es lo que me mata –los licántropos sabía que estaban urdiendo y tramando planes contra mi persona, y eso sabía que tarde o temprano la incluiría a ella porque si querían hacerme daño de verdad solo tendrían que ir a por ella, intentaba protegerla y esconderla pero sabía que si se iba de mi ala correría riesgos y yo eso no podía asumirlo- desde que pasó aquello hace tanto tiempo y tomé este camino me juré a mí mismo que no dejarían que tocaran lo único que me queda en este mundo, no permitiré que te pase nada malo y velar por tu seguridad y saber que estás bien es una de las cosas que me mantienen en pie, Liara –además de la venganza, pero principalmente saber que nada ni nadie le haría daño nunca jamás- ¿entiendes mi preocupación cuando sé qué hay en la noche y pienso que estás lejos sin que pueda ayudarte? Si algo te pasara yo... –me mordí el labio con fuerza y aparté la mirada hacia un lado, ella era mi talón de Aquiles, el hueco por el que de verdad podrían asestarme un golpe mortal y ahora de pensarlo sentía que la rabia me apoderaba. Cerré los ojos unos segundos y lancé un suspiro apartando mi mano de la suya como si su tacto quemara y me abrasara, dejé que continuara hablando aunque el saber que estaría bajo el séquito de la reina me tranquilizaba mínimamente aunque no lo suficiente- me gustaría que me informaras cuando te fueras allí, solo para quedarme tranquilo si alguna vez voy a tú casa y no te encuentro allí –sí, era un maniático del control pero mis palabras eran verdaderas y no había mentira alguna- me quedaría más tranquilo saber que la Reina pondrá protección para ti, aquello podrá ser muy bonito y estoy seguro que lo será más que París pero en todos lados hay seres de la noche y ante esa idea no me quedo tranquilo –ella siempre parecía obviar ese hecho pero yo, un cazador como era, no lo dejaba pasar por alto. Escuché el resto de su relato contándome que había sido la propia Reina quien había ido a buscarla al camerino para preguntar con ella, que le había ofrecido irse con ella, que era interesante y que incluso no hacía gala de su título cuando habló con ella y que la propia Liara no se enteró hasta el final de su conversación- ¿una reina que no hace gala de su título? Bastante extraño –comenté escuchándola hablar con ilusión y brillo en sus ojos, una enrome sonrisa mientras gesticulaba igual que madre lo hacía cuando estaba viva, ella había tomado las manías más propias de madre ya que ella también gesticulaba mucho con las manos cuando hablaba. Parecía radiante mientras me lo contaba y supe que por mucho que me jodiera que se fuera no podría hacer nada para evitarlo, era su crecimiento profesional y de ello dependía una gran pasión de ella- ¿podría yo hablar con ella? Me quedaría más tranquilo saber que te pone protección allá donde vayas, no sé si conocerá ese otro mundo pero lo primero y más importante es tu seguridad Liara, y me quedaré más tranquilo de saber que en ese sentido estás cubierta –comenté antes de tomar con la cuchara más sopa- ¿se lo has comentado a Keith? Seguro que se alegrará mucho de saber que vas progresando en tu carrera musical, se siente muy orgulloso de ti –mucho más que lo estaba de mí, pero no iba a comentar nada al respecto. Hubo un pequeño momento en el que ambos nos quedamos callados e imperó el silencio, supe por la forma en la que me miraba de qué iba a hablarme y para cuando lo hizo clavé mis ojos en los suyos de una manera fija dejando la cuchara sobre el plato. El nombre de la cazadora volvió de nuevo a sonar en mi presencia y sentí que una ira y una furia me recorría por entero, de hecho, apreté el agarre que tenía entorno a la cuchara que sujetaba entre mis dedos y fruncí el ceño recordando lo que había pasado las dos últimas veces que la había visto, como si fuera una consecución de flashback que pasaban frente a mis ojos recordé el instante de los latigazos, mi cambio por ella, el tiempo que pasé en su casa tumbado sobre su cama cuando caí inconsciente y me curó, sus palabras al día siguiente, mi advertencia antes de marcharme de su casa, verla aparecer con aquel vestido rojo en el recital, sus palabras, al acabar cómo nos atacó el vampiro, mis heridas en el pecho, ella ayudándome, yo apartándola y Liara contemplando horrorizada por primera vez algo como aquello... no pude evitarlo y con la otra mano di un puñetazo a la mesa que hizo que los vasos temblaran ligeramente sobre esta y que Liara prestara su atención en mí no esperándose ese golpe que había dejado caer sobre el madero. Fruncí el ceño al recordar todo y lancé un pequeño gruñido por las palabras de mi hermana al preguntarme por ella, ¿qué cómo estaba ella? Ni siquiera lo sabía porque no la había vuelto a ver desde entonces y, desde luego, que no quería volver a verla porque le había dejado las cosas bastante claras a la pequeña cazadora- no vuelvas a mentar su nombre, Liara –ella pudo apreciar sin duda alguna el matiz oscuro que desprendieron mis palabras, Astrid sacaba una parte de mí que no era fácil de llevar y yo quería mantener distancias mientras ella solo quería acortarlas- no quiero saber nada sobre esa pequeña cazadora ni mucho menos volver siquiera a verla. Tiene unas ideas un tanto fantasiosas con mariposas revoloteando sobre su cabeza acerca de mí y la quiero lejos –pero ella parecía que cuanto más la alejaba más se acercaba, como si hubiera caído en la tentación y en la trampa del demonio- no quiero tener nada que ver con ella y más la valdría alejarse de ser cazadora porque no vale para ello, no está hecha para eso... “y al final acabará bajo las fauces del lobo” terminé en mi cabeza y no en voz alta. Mis ojos se fijaron en los azules de mi hermana y volví a tomar con la cuchara la sopa llevándola a mis labios como si aquello no hubiera pasado, quería borrar todo rastro de ella y que mi hermana la mentara no era algo que me gustara en lo más mínimo- ¿sabes cuándo partirás hacia los Países Bajos? –Cambié radicalmente el tema porque ese, y el del vampiro, eran temas que no pensaba tocar con Liara por miedo a que todo saliera a la luz.




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Re: Behind The Truth ~ Privado

Mensaje por Liara Eblan el Mar Mayo 01, 2018 1:15 pm

Cuando Naxel agarró su mano, Liara giró su muñeca para poder envolver la masculina entre sus dedos. Era bastante más grande que la de ella, una mujer menuda en general, y menos suave que la femenina. El motivo de esa diferencia estaba claro; el trabajo de Naxel requería de mucho esfuerzo físico, al contrario que el de ella, y eso se dejaba notar en el cuerpo de cada uno de los hermanos: él, musculoso y fuerte; ella, delicada y de piel suave.

Ya sé que te alegras, Naxel —dijo, sonriéndole—, y también sé que te da miedo. ¿Crees que a mí no? Pero es una oportunidad increíble que sé que no se va a repetir. ¿Qué estaría haciendo si no la aprovechara? —Dio un apretón a la mano de su hermano y dejó que la retirara—. Claro que te avisaré cuando vaya a marcharme, pero de verdad, Nax, no debes preocuparte por mí. —Apoyó los brazos en el borde de la mesa, justo debajo de su pecho, y cargó el peso sobre ellos—. Ya te he dicho que voy a formar parte de su séquito, y no creo que haya nada más seguro que el entorno de un rey. No me pasará nada, te lo prometo.

Cada vez que recordaba el encuentro con Amanda en el teatro su piel se erizaba como si una corriente de aire frío le rozara la piel. Todavía aquel era el día en el que no terminaba de creerse lo que había vivido, y al contarlo en voz alta sentía como si estuviera relatando un sueño, pero nada más lejos de la realidad. Estaba segura de que no terminaría de creérselo hasta que no tocara para ella en ese primer concierto que tanto ansiaba y, a la vez, tanto temía. Si fallaba quedaría en ridículo delante de gente importante, y lo que era peor, dejaría en ridículo a la reina, con lo que la tensión y el empeño por hacerlo bien se multiplicaban.

Hablaré con ella y le preguntaré si es posible que vayas a verla, si quieres, pero no te prometo nada —dijo—. De todas formas, no soy una niña, Naxel. Sé que te quedas más tranquilo si vas a hablar con ella, pero no es necesario que lo hagas. —Esta vez, fue ella la que alargó la mano para tomar la del cazador y apretarla con cariño—. ¿Confías en mí? —preguntó clavando sus ojos en los ajenos—. Deja entonces que, por una vez, haga las cosas a mi manera.

Soltó la mano de Naxel y volvió a su cena, pero parecía que la paz que reinaba entre ellos no iba a durar mucho. El golpe que dio sobre la mesa la pilló completamente desprevenida e hizo que Liara diera un respingo en el asiento, acompañado de un grito corto y ahogado. Dejó caer la cuchara sobre el plato, salpicando la mesa de sopa, y se cubrió la boca con ambas manos.

¿Por qué no quieres que la nombre? —acertó a preguntar, todavía con el susto en el cuerpo—. Yo creía que… no sé, Naxel, estabas con ella en el recital. Nunca me presentas a nadie de tu círculo, ella ha sido la primera. Creía que os llevabais bien, pero ya veo que no.

Se pasó un mechón por detrás de la oreja y volvió a coger la cuchara. Siguió comiendo, pero lo cierto era que la actitud hostil de Naxel le había quitado el apetito. ¿Qué clase de ideas fantasiosas tendría la joven con respecto a su hermano que lo ponían de ese humor? Parecía como si, cuanto más conociera el mundo de Naxel, más preguntas se le formularan en la mente, todas sin respuesta, claro, puesto que razonar con él era imposible hasta para ella.

Aún no lo sé, pero te avisaré.

Tomó un último sorbo de sopa y dejó la cuchara en el plato. Se limpió los labios con la servilleta y la dejó extendida sobre sus piernas, mirándolas fijamente. Después de haber visto el arrebato de Naxel, no se atrevía a preguntar sobre Astrid, pero la forma en la que él había hablado sobre ella no le gustó. ¿De verdad podía ser tan insensible? Tragó saliva y lo miró. Aunque parecía estar absorto con su cena, ella ya sabía que por su cabeza estarían pasando un millón de cosas.

No puedo creer que no te interese saber cómo está —comentó si apartar la vista de él—. No vuelvas a golpear la mesa, Naxel Eblan —le advirtió, muy seria, como si la mayor de los dos fuera ella—. Estuvo allí, igual que tú y que yo. Ahora me dirás que esto no es asunto mío, y sí, tienes razón, no es asunto mío —inclinó el cuerpo hacia delante, quedando ligeramente sobre la mesa y acortando la distancia que la separaba de su hermano—, pero si no valiera para ser cazadora, habría huído a la menor oportunidad, y no lo hizo. Se quedó allí para ayudarnos a los dos, a ti y a mí.

Se quitó la servilleta y la dejó, arrugada, sobre la mesa. Acto seguido, se levantó y recogió su plato. Con él en la mano, se plantó junto a Naxel a la espera de que terminara para poder hacer lo mismo con el suyo.

No te estoy pidiendo que tengáis una buena relación, ni que la invites a cenar, ni que la visites a diario, pero sí te pido que, al menos, te preocupes por cómo está —dijo—. Si no quieres ir tú, dime dónde vive y la visitaré yo. Ella también corría peligro esa noche, Naxel.


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