Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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East of Eden

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East of Eden

Mensaje por Nora Salazar el Miér Ene 03, 2018 4:31 pm


París
Septiembre de 1791

Hacía pocos meses que Nora había cumplido los catorce años cuando tuvo la menarquia. Para madame Moreau fue todo un acontecimiento, casi como un festejo, que la joven no terminaba de comprender. Esos dolores tan intensos que había tenido no podían ser algo bueno, por no hablar de la cantidad de sangre que había perdido en el proceso.

Todavía recordaba el día que había sentido los primeros calambres. Volvía del mercado junto a otra chica de su edad que ya había comenzado a tener sus períodos hacía más de un año. No era la primera vez que Nora pensaba que nunca le tocaría a ella y, hasta que no tuvo los primeros síntomas, se sentía la mujer más desdichada de París. Todas las jóvenes a su alrededor se habían convertido en mujeres. ¿Cuándo llegaría su turno?

Ay, pobre niña inocente.

Caminaba con un cesto de comida en las manos y apoyado sobre su vientre. La zona baja de la espalda le dolía más de lo normal, pero lo achacó al cansancio de los últimos días. Llegado un momento dejó el cesto en el suelo y echó el cuerpo hacia delante, estirando las piernas y la zona lumbar. El alivio fue instantáneo, pero nada más erguirse de nuevo volvieron el dolor y los calambres.

—¿Te encuentras bien? —dijo la otra joven al verle el rostro, algo más pálido de lo habitual.
—Sí —mintió Nora—. Es el calor.

Dio un par de pasos más y de pronto comenzó a sentir un calor húmedo y desagradable empapando su ropa interior. Dejó caer la cesta y se llevó una mano al vientre mientras inclinaba el cuerpo hacia delante de nuevo. Con la mano que quedó libre buscó su rodilla y se apoyó en ella, cerrando los ojos un momento.

—Nora, ¿qué te pasa?
—Nada —contestó—. Volvamos.

Para cuando llegaron, Nora se encontraba con las fuerzas tan mermadas que madame Moreau tuvo que correr para sujetarla antes de que se diera de bruces contra el suelo. Durante los cuatro días que pasó en cama nadie la molestó, cosa que agradeció; jamás había visto tanta sangre junta, ni en su cuerpo ni en el ajeno, y ni todas la toallas y paños que usaba conseguían retenerlo lo suficiente para no sentirse incómoda y asqueada.

Al quinto día Moreau entró con una sonrisa triunfal en la habitación y corrió todas las cortinas, haciendo que la luz cegara a la pobre Nora, todavía adormilada y con un aspecto horrible.

—Levántate —ordenó—. Michelle te está preparando el baño. Hoy debes estar radiante. —La morena la miraba con los ojos entornados sin entender ni una sola palabra de lo que la mujer decía—. Verás, Nora —dijo mientras se sentaba en el borde de la cama—. Esto que te ha pasado es lo único que te hacía falta para convertirte en mujer, lo que significa que ya puedes empezar a contribuir para traer dinero a este local. —La joven comenzó a comprender, y su rictus mutó a uno serio, pétreo, sin vida—. No me mires así, sabías que esto llegaría tarde o temprano. Has tenido muchos años para aprender, y esta noche será tu debut, al fin. —Moreau se levantó y se alisó la falda del vestido—. Van a pagar mucho dinero por ti, así que no me falles, niña.

Salió del cuarto dejando tras de sí a una Nora tremendamente asustada. En ese momento pensó en todas las veces que había envidiado al resto de chicas del burdel cuando hablaban de sus sangrados. ¡Qué bien habría estado ella si nunca hubiera tenido el suyo!




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Nora Salazar
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