Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Wrath el Jue Ene 04, 2018 1:48 pm

Una fina lluvia descendía del cielo oscuro meciendo la solitaria paz de aquel remoto lugar, tan alejado del núcleo de París que ya nadie recordaba lo que se escondía en la espesura del bosque más profundo. Una vieja mina de carbón, cerrada hacía años tras un trágico incendio, no parecía albergar más que ratas e insectos desde hacía ya dos décadas. El ululato del viento viajando por los largos y retorcidos túneles teñía aquel lugar de una lobreguez muda y triste, donde solo quedaban ecos de aquellos que una vez trabajaron ahí dentro.

Fue escrito en los libros que la villa más cercana, abandonada también tras el incendio por el humo que durante semanas se extendió, había albergado un aquelarre de brujas devotas de lo oscuro. Contaban las viejas lenguas que fueron ellas quienes iniciaron el desastre para ofrecer sacrificio con todas esas almas que murieron en la mina, cobrando así venganza por todas las hermanas condenadas a la hoguera. Los locales creían tan fervientemente en aquella hipótesis, que toda mujer adulta de la aldea, incluso algunas niñas, fueron arrojadas a las mismas llamas que acabaron con maridos, padres e hijos, todos trabajadores de la galería subterránea. Las gentes decían que la mina estaba encantada, que podía oírse todavía el lamento de los que perecieron en las llamas, y que las brujas habían despertado con su magia todo tipo de espíritus diabólicos.

Las historias de fantasmas que se esparcieron a lo largo de los años habían alejado a los curiosos, incluso a los que intentaron reabrir el negocio del carbón, pues todo aquel que se acercaba, ya fuera intencionada o accidentalmente, salía despavorido al comprobar que, en efecto, podían escucharse voces en lo más profundo de aquel oscuro pozo. Otros decían que no eran fantasmas, sino una bestia de lo más horrible la que habitaba ahí dentro, alimentándose de los que se adentraban en el bosque y acababan perdidos alrededor de las cuevas. Teoría que había ido tomando más fuerza en los últimos dos años, cuando varios grupos de cazadores no regresaron tras la expedición al lugar.

Wrath sabía que todo aquello era una sarta de mentiras. Los demonios existían, pero ninguno era lo suficientemente estúpido para permanecer encerrado en un sitio abandonado donde no sacaría beneficio alguno. Las brujas, las brujas verdaderas, tenían trucos de más para no dejarse atrapar tan fácilmente ni exponerse al ojo público. Y, ciertamente, existían bestias de lo más temibles, pero ninguna vivía allí dentro. No, no hubo misticismo alguno en el accidente ocurrido años atrás. Wrath lo descubrió hacía unas semanas mientras se relajaba en el fumadero de opio. Había conocido allí a un viejo que todos daban por loco, alegando que la pobreza le había convertido en un vendedor de mentiras con tal de sacar unas monedas para seguir bebiendo y fumando. La experiencia le había enseñado al cambiante que en un mundo desquiciado, el loco era el más cuerdo, y decidió empaparse de cualquier historia que quisiera contarle. Hasta que una en concreto le llamó la atención: la de la mina de carbón.

La posible verdad tras sus palabras le sembró cierta curiosidad que no tardó en ir a saciar, adentrándose en el bosque en busca de la mina. Empapado y cabreado por lo mucho que tardó en encontrarla, finalmente dio con la única apertura que daba a su interior. La maleza la ocultaba parcialmente, pero podía oírse el sonido provocado por la corriente de aire que pasaba a través. Allí mismo tomó su forma más grande, la de gorila, y dejando atrás sus ropas se adentró a la oscuridad dispuesto a desentrañar los enigmas que escondía el lugar.
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Re: Pursuit of laziness | privado

Mensaje por Magnhild de Skellig el Miér Ene 10, 2018 12:56 pm

Al pasarse por La sirena borracha, aquella posada con taberna que regentaba la amiga de su maestro Valiont, se había encontrado con un contrato colgado del tablón de anuncios. Aún le sorprendía que en una ciudad como París, donde la gente parecía vivir ajena a los monstruos que acechaban sus calles, aún hubiera personas que se preocuparan por intentar buscar una solución y decidieran pagar, con sus escasos recursos, pues la mayoría de los que colgaban aquellos pergaminos eran clase social baja o, a lo sumo, media, por alguien que exterminara a las bestias que atemorizaban a sus hijos, madres o vecinos.

Así que, tras averiguar quién había sido el que ansiara ayuda, la rubia de gesto serio y sonrisa fría, había ido a su encuentro para aclarar algunas dudas que le surgieron al leer la descripción del bicho a matar en sí. Y, una vez todo aclarado, y apalabrado el pago cuando le trajera una muestra de la cacería, partió hacia las minas abandonadas, donde, supuestamente, se encontraba lo que ella creía, por los detalles facilitados, era un devorador. Solían ocultarse en cuevas y ruinas, cerca de los poblados, pero no lo suficiente como para ser encontrados y se asemejaban a viejas feas y gordas de narices desproporcionadas y bocas inhumanas, llenas de dientes afilados y torcidos. Se podían alimentar de cadáveres, pero preferían carne fresca y, seguramente por eso, todos aquellos ilusos que se acercaban por los rumores, jamás regresaban. Además, bien podía ser más de un devorador, ya que a veces cazaban en grupo, algo similar a una manada, aunque sin organización ni cabecilla, formando un sabbath.

Tras abandonar la población y ver desaparecer el sendero entre la maleza, agudizó sus instintos de cazadora de monstruos para seguir los rastros. Mas cuál fue su sorpresa al encontrar huellas frescas de un humano. Inspiró profundamente y sus pupilas se estrecharon aún más, salvajes, mutadas, enmarcadas por aquellos irises dorados. No era un humano, era medio animal. Se había topado con cambiantes a lo largo de su vida, con muchos, incontables, y de todo tipo. Los había bonachones, estúpidos, peleones, sensatos, inteligentes, cazurros… ¿De qué tipo sería el que, al parecer, se interponía entre ella y su presa? Pronto lo averiguaría. Se acercó a la entrada de la gruta, medio oculta por enredaderas y otras plantas, una de ellas venenosa, lo notaba en el olor de su polen. Sacó la espada de plata de su vaina, aquella que le había mandado hacer el albino, y empuñándola con una mano, se adentró haciendo camino cueva adentro. Se iba oscureciendo todo a su paso, pero su condición le permitía ver en la oscuridad como si tan sólo fuera un atardecer algo nublado. Y sus agudos sentidos, sus reflejos aumentados, le daban ventaja en un terreno que desconocía, tal vez no contra muchos devoradores, pero sí contra un par y, quizá, un cambiante que le buscara las pulgas.

Los pasos de la isleña eran ligeros y silenciosos, casi parecía flotar sobre las piedras húmedas y llenas de moho. Un humano cualquiera se hubiera deslizado al pisar en más de una ocasión, mas no ella. Magnhild era muy ágil con el juego de pies, y no sólo a la hora de la lucha, algo que siempre le elogiaba el cazador que se había empeñado ahora en adiestrarla para ser mejor, perfecta. Se detuvo de pronto al escuchar una respiración a lo lejos, era la hora de la verdad, pronto sabría si encontraría a un enemigo o a un aliado, pues por la regularidad con la que soltaba el aire, aquel que aguardaba a varios metros de distancia, no era un devorador.


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Re: Pursuit of laziness | privado

Mensaje por Wrath el Dom Ene 21, 2018 1:35 pm

Conforme descendía hacia aquel averno abandonado fue dándose cuenta del inconveniente no solo de su tamaño, sino de la fuerza que ejercía avanzando a pequeños saltos. Podía notar las paredes y el techo vibrar, escuchar pequeños derrumbes en la lejanía, de modo que no le quedó más remedio que cambiar a una forma más pequeña y ligera: el lémur de cola anillada. Pero hubo algo más que no pasó inadvertido y que empezaba a darle peso a la historia del anciano: cestos, herramientas, incluso algunas luces -en ese momento apagadas- que indicaban que allí abajo se estaba todavía trabajando. Nada de aquello estaba quemado o tenía hollín encima, todo había sido puesto después. Las palabras del viejo loco empezaron a resonar en su cabeza y creció su curiosidad. "El incendio solo fue un plan para alejar a todos de lo que realmente se estaba buscando ahí abajo". El mendigo no había sido capaz de descubrir qué ocultaban allá abajo o quienes estaban detrás del incendio, pero ahí estaba Wrath dispuesto a saciar su curiosidad y, quién sabe, sacar una buena tajada de todo aquello. Porque si algo había aprendido de Envidia era que los secretos podían valer su peso en oro.

No obstante, su paso se vio interrumpido cuando una corriente de aire le trajo el olor de otro curioso tras sus pasos. Podría haberse perdido en aquel laberinto de pasillos interminables y negros, mareando la perdiz hasta que se cansara, pero sentía curiosidad por saber si se trataba de alguno de los responsables de lo que estuviera ocurriendo en las profundidades de la mina. Empezó a mearse por las esquinas en un intento -antiguamente comprobado- de despistar al otro en caso de ser otro sobrenatural como él, y aguardó oculto en lo que parecía la entrada de un nido de ratas hasta que vislumbró su figura en la oscuridad.

Silbó mentalmente al darse cuenta de que era una mujer. Una un tanto peculiar, pues su olor no se correspondía al de una humana; parecido al de un vampiro, sí, pero carecía de los matices que portaba consigo el estar muerto. Al parecer aquella expedición estaba poniéndose cada vez más interesante. Con una rapidez asombrosa, salió del hueco donde estuvo escondido y se transformó justo detrás de ella, haciéndole una llave al cuello impidiéndole moverse bajo amenaza de rompérselo. Una sonrisa bailaba en sus labios, la desnudez de su cuerpo pegada a su espalda, y su rostro bien cerca al de ella.

-¿Qué demonios eres tú? Estás demasiado muerta para ser humana, y demasiado viva para ser vampira. Aunque más importante es ¿qué haces aquí? Este descubrimiento es completamente mío, no tengo intención de compartirlo con nadie más... - susurró con tono juguetón.
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Re: Pursuit of laziness | privado

Mensaje por Magnhild de Skellig el Mar Ene 30, 2018 6:13 am

Antes de que el animal le saltara encima, ella ya lo había olido y oído. Podía no parecer algo fuera de lo normal, pero era una cazadora experta con unos sentidos sumamente desarrollados. Aún así, dejó que el contrario se creyera con ventaja, permitiéndole que se le colocara detrás y la agarrase del cuello mientras ella bajaba un poco su espada de plata. Su rostro se mantuvo inexpresivo, analizando la situación. Notaba el calor que aquel hombre desnudo irradiaba contra su espalda. Las preguntas que se sucedían hicieron que una leve sonrisa se dibujara en los prietos labios de la norteña. -Soy lo que soy y no necesitas saber más al respecto.- Terminó por envainar de nuevo la hoja, esperando que se tomara eso como una tregua y dejara de alardear de fuerza y algo más. No tenía intención de pelear con él, al menos, por ahora. -¿De qué descubrimiento estamos hablando?- Le sorprendería que aquel individuo estuviera allí por el mismo motivo, no le veía precisamente como a alguien que cumpliera contratos colgados en el tablón de una taberna.
 
Pero, aún y sin querer enfrentarse a ese hombre, tampoco tenía intención de ser sometida por él, así que le golpeó con el codo en el abdomen y con un rápido movimiento de pies, se deslizó por el suelo y giró hasta quedar cara a cara con él. Al fin le veía a los ojos. Irradiaba fuerza. Le observó de pies a cabeza, no pudiendo evitar que la lascivia asomara al ver aquel cuerpo desnudo y bien formado frente a ella. Sus pupilas reptilianas se dilataron, libidinosas, pero se contuvo, no era momento de dar rienda suelta a la lujuria. Había devoradores a los que dar caza, no sabía cuántos. -¿Vamos a seguir perdiendo el tiempo aquí? Porque algo me dice que no buscamos lo mismo, aunque incluso de ser así, estoy dispuesta a compartir el mérito y la recompensa.- Al igual que no sentía miedo, odio ni tristeza, tampoco era avariciosa y compartir una victoria no le afectaba al ego. Mucha gente no entendía las ventajas de las mutaciones cuando las consecuencias eran tales como no poder sentir nada, pero ella estaba acostumbrada, le sacaba jugo y todo le parecía provechoso ya a su edad, aquella que ni de lejos aparentaba.
 
Se escuchó un sonido tras ella y la actitud de la rubia cambió a una de alerta. Se agachó ligeramente, llevando directamente la mano a la empuñadura de la espada de plata alquímica. Giró, dándole la espalda a aquel que seguía siendo un desconocido pero no se le antojaba como una amenaza y usó su sentido de cazadora para ver lo que otro no podría. Había unos restos en una de las paredes, parecía sangre seca mezclada con algo muy viscoso, seguramente baba de un devorador. Llevó la mano a palparlo, lo diseminó al frotar entre sí la yema de los dedos y se lo acercó a la nariz para olfatearlo. -Sabía que no me equivocaba.- Murmuró, hablando consigo misma.


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Re: Pursuit of laziness | privado

Mensaje por Wrath el Sáb Feb 03, 2018 8:35 am

-No he dicho que lo necesitara, pero la curiosidad es una perra avariciosa - siseó oliéndola de cerca. Se le antojó aquella mujer, era evidente la fuerza que tenía y que no oliera a muerto resultaba agradable. Si Envidia no se rociara continuamente de perfume no soportaría pasar tanto tiempo con ella. Soltó un leve quejido por el codazo, un acto reflejo que solía llevar al contrario a pensar que realmente le había hecho daño, pero Wrath tenía el cuerpo demasiado endurecido para considerar aquel golpe algo más que un cosquilleo. No le pasó inadvertida la forma en la que ella le miraba y amplió la sonrisa con total satisfacción. Era curioso, pues nunca había visto tanta lujuria en los ojos de una mujer. A Envidia le encantaría conocerla, estaba seguro de ello. Extendió los brazos completamente expuesto y la miró directamente a los ojos. - Tienes pinta de querer comerte algo - siseó con tono jocoso, sacando la punta de la lengua por entre los dientes en una mueca más retorcida aún. - Y es lo único aquí que compartiría contigo.

Wrath podía ser más básico que el funcionamiento de una piedra, por mucho que pudiera parecer todo lo contrario. Que los engranajes en su cabeza no estuvieran bien lubricado y chirriaran muchas veces no significaba nada. No importaba el aspecto humano que tuviera, siempre sería un animal salvaje y pensaba como uno -uno un tanto trastornado, ciertamente. Y si se le presentaba delante la opción de follar no sería él quien dijera que no. No obstante, la mujer pareció decantarse por el motivo que la había llevado hasta ahí abajo y lo aceptó, pues él mismo sentía curiosidad por lo que se cocía en aquel averno.

-¿Y qué es eso de lo que estás tan segura? - cuestionó acercándose a ese punto en la roca, convirtiendo la pregunta en retórica cuando pudo verlo con detalle. Observó la baba y un brillo salvaje iluminó sus ojos. La cosa se ponía más interesante por momentos. - Vaya, vaya... Debe ser muy gordo lo que esconden aquí abajo si se han tomado el riesgo de tener suelta a una criatura así. - El viejo no le había hablado de nada de aquello, se suponía que las leyendas sobre el lugar maldito eran suficientes para mantener alejada a la gente. - Lo que hagas con este bicho es cosa tuya, a mí me la suda, pero lo que se encuentra en el fondo es mío, ¿estamos? - y no se estaba refiriendo precisamente a tesoros o piedras preciosas. Él quería a los humanos, un poco de masacre con la que empezar bien la noche.

Decidió seguir adelante con su "misión", suponiendo que ella le seguiría, de modo que por el camino estuvo narrándole la historia de aquella mina. Y lo hizo con todo lujo de detalle, incluso se tomó la molestia de ser específicamente gráfico hablando cuando se refería a las víctimas. - Tanto hablar de vísceras y gente calcinada me ha dado hambre, no llevarás nada encima por casualidad, ¿no? - sonrió con un deje infantil que resultaba bizarro, pero Envidia tenía razón, a veces no era más que un niño grande. - El viejo dice que fue todo una tapadera y que esconden algo gordo.

Wrath se detuvo en seco con la cabeza baja y la vista al frente. Serio. Podía escuchar ruido no muy lejos. El eco provocado por la vacuidad del lugar hizo que tardara unos segundos en fijar su procedencia. - Creo que el bicho que buscas no está lejos... Tengo ganas de verte en acción.
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Re: Pursuit of laziness | privado

Mensaje por Magnhild de Skellig el Mar Feb 06, 2018 7:03 am

Estaba claro que aquel hombre no se andaba con tonterías, no le importaba estar completamente desnudo, al contrario, se sentía orgulloso de lo que era, de lo que tenía y no dudaba en exponerse ante la rubia que tampoco se molestaba en esconder la lujuria que titilaba en sus pupilas alargadas de reptil. Pero tenía cosas más importantes que atender y desvió su concentración a lo que la había traído a aquella cueva.

No estaba acostumbrada a que le preguntaran cosas, pues solía cazar sola o bien acompañada de Valiont y cuando él le cuestionaba alguna cosa, era para ponerla a prueba, era más un reto que curiosidad, lo que cambiaba enormemente la tonalidad del interrogante y la predisposición de la isleña a la hora de responder. Por suerte, él pareció deducir algo por su cuenta, así que el hecho de ignorarle no fue tan evidente, aunque a ella poco le hubiese importado que se notara. -¿Lo que se encuentra en el fondo?- Una mujer como Magnhild no concebía la existencia de algo más importante que matar a un monstruo, así que preguntó con una pizca casi imperceptible de sorpresa, aunque más bien podría ser calificado de incredulidad. Era imposible que hubiera nada mejor que dar caza a un devorador en aquel lugar.

Se alzó y siguió al cambiante, ya que parecía saber a dónde iba y conocer la historia de aquella mina. Mas no dejó de usar sus instintos para analizarlo todo a cada paso que daba. El terreno, su relieve, la rugosidad del suelo, la humedad, la temperatura. Todo eran factores sumamente importantes que debían ser tenidos en cuenta a la hora de enfrentarse a alguien o algo, datos que siempre había estudiado con meticulosidad, más aún desde que se hubiera cruzado con el albino en su camino, el cual era sumamente puntilloso con todo el procedimiento previo a una batalla.

La bruja detuvo sus pasos cuando el contrario aún seguía caminando. Ella ya se había percatado e la cercanía del bicho y tenía los dedos de su diestra rodeando la empuñadura de su espada de plata con mayor firmeza y con un movimiento lento y sumamente silencioso, la desenvainó. Una ladina sonrisa se dibujaba en sus labios cuando el desconocido la miró, asegurando desear verla en acción. Ella no dijo nada, solamente pasó frente a él con unos pasos tan ligeros que casi parecía volar sobre el suelo. Se encaramó a una roca, acuclillada y observó con su sentido de mutada hacía la zona oscura de la cueva donde algo se movía lenta y pesadamente. Había no uno, sino dos devoradores a la vista, a la suya al menos, acostumbrada a la oscuridad. Pero necesitaba ver mejor, así que sacó un pequeño frasco del zurrón y se bebió una de las pócimas que portaba, la poción Gato, que le permitiría ver más lejos y mucho mejor aún y sin iluminación alguna, algo que pretendía usar como ventaja para atacar por sorpresa. Giró el rostro y se llevó un dedo a los labios para hacer que el charlatán con el que llevaba unos minutos caminando, quedara en silencio. Las pupilas de la rubia se habían dilatado y ensanchado hasta casi parecer circulares y ocupar todo el orbe al completo, dejando únicamente un leve halo dorado a su alrededor. -Empieza la caza.-


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Re: Pursuit of laziness | privado

Mensaje por Wrath el Miér Feb 28, 2018 1:32 pm

Frunció el ceño al verla sacar ese frasquito, sobretodo tras haberle preguntado si llevaba algo encima que llevarse al estómago, pero al ver que estaba tan concentrada volvió la vista al frente para encontrarse con una de las criaturas más feas que jamás hubiera visto. Y había visto muchas. - Me cago en la puta, ¿qué demonios es esa cosa? - inquirió escéptico con esa sutilidad que le caracterizaba -valga el sarcasmo- rompiendo una vez más el silencio -. Cuando hace frío se ponen las tetas de bufanda, ¿no? - rió entre dientes, con la punta de la lengua asomando entre estos. Él no necesitaba concentrarse, ni cuando estaba claramente sorprendido como en aquel instante; su cabeza estaba a un ligero clic de entrar en modo destrucción y atacar a muerte. No obstante, se contuvo. Sentía curiosidad por ver cómo peleaba la rubia. De modo que tomó asiento en un sobresaliente de la pared de roca, cruzando una pierna sobre la otra, sin perder detalle de cuanto sucedía ante él.

El descanso como espectador le duró poco. La mujer no era mala combatiendo, eso estaba claro, pareciera que cada movimiento fuera fríamente calculado, ensayado incluso como si de un baile se tratara. Totalmente contrario a la forma de pelear que tenía Wrath. Poniéndose a comparar, eran como un arco con flechas y un cañón de navío. Delicadeza versus caos. Los rugidos de los devoradores, el sonido de la espada y algún que otro esporádico silbido de Wrath a modo ánimo, habían empezado a atraer a otras criaturas como aquel par. Eso, sumado a que empezaba a aburrirse, terminó de convencerlo para ponerse en pie y dar algo de guerra.

Movió la cabeza haciéndose crujir el cuello y se abalanzó cual bala hacia otra de las criaturas que ya empezaban a acercarse. Wrath no tenía más armas que sus propios puños, pero no necesitaba más. Con la agilidad propia de un simio, era capaz de moverse alrededor de la fea bruja cual pulga sobre el lomo de un perro, descargando la ira que siempre llevaba dentro contra el cuerpo deforme de su contrincante. Por mucho que intentaran empujarle o embestirle, su tamaño y peso no eran capaces de coger la velocidad que el cambiante tenía a la hora de esquivar, riendo cada vez que con un rápido movimiento se apartaba cual torero. Mientras para la rubia era rutina de trabajo, para él estaba resultando un entretenimiento de lo más distraído.

Le arrancó el brazo a una para usarlo como arma, aporreando a la siguiente que se le presentó, directamente en la cabeza. Una de las uñas de la extremidad muerta arañó los ojos de la que aún andaba, privándole de la visión. Esta empezó a removerse con furia extendiendo los brazos, golpeando a diestro y siniestro, hasta que la fuerza del embiste contra uno de los muros hizo temblar por completo el pasillo de piedra en el que se encontraban. Un terrible estruendo se escuchó por encima de sus cabezas y Wrath arrojó el brazo al suelo a grito de "corre!" mientras se precipitaba hacia la oscuridad ante ellos.

La entrada por donde llegaron acabó siendo bloqueada por el derrumbe de rocas. El polvo flotó en el ambiente enrareciéndolo. Habían quedado aparentemente atrapados en las minas. - Mira el lado bueno, esas cosas han quedado aplastadas - se encogió de hombros, sacudiéndose el polvo que, debido al sudor, se le pegó al cabello.
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Re: Pursuit of laziness | privado

Mensaje por Magnhild de Skellig el Dom Mar 11, 2018 7:50 am

El hombre hablaba demasiado y aunque los devoradores no eran precisamente muy buenos de oído, él tampoco era excesivamente bueno con lo de susurrar. La cazadora de monstruos liberó un gruñido bajo como advertencia para que se callara de una vez, pues un sonido como aquel podía pasar desapercibido mucho mejor que una voz más sumada al posible eco de una cueva como en la que se encontraban.
 
Viendo en riesgo su plan a causa de aquella presencia innecesaria y molesta a su lado, decidió lanzarse al ataque sin más dilación. Lo que ocurrió a continuación la sorprendió, pues el cambiante se quedó atrás, sentado. Una sonrisa se dibujó en los labios de la rubia, estupendo si el incordio se quedaba atrás y no interrumpía su danza con la espada.
 
Sus pies parecían flotar sobre el suelo. La isleña era muy ágil, grácil incluso, como una bailarina. Aún con el peso de las espadas, pócimas y la armadura que portaba, parecía ligera como una maldita pluma, dejándose llevar por el viento, un viento al que ella misma domaba para surcarlo a su antojo. Las acometidas de su plateada eran certeras, rápidas y venían cargadas de fuerza. Los devoradores, a pesar de su peso y tamaño, tenían peligro por esas enormes bocas llenas de dientes y la carga de los golpes con los que arreaban a sus enemigos, aunque ellos lo consideraran presas. Acabó con las dos primeras en poco tiempo, podría haber sido menos, pero a pesar de carecer de sentimientos, disfrutaba de prolongar algunas peleas. Podía ser su trabajo y sentirse casi obligada a ejercerlo, pero desde que conociera a Valiont, había aprendido a apreciar lo que hacía y sacarle provecho. Aprendía con cada lucha y si alguna vez debían huir, también se aprendía de las derrotas.
 
Entonces, el cambiante decidió unirse a la lucha, porque allí donde antes había únicamente dos brujas, de repente había dos cadáveres y cinco nuevos monstruos buscando comida. Eso lo había calculado, porque sabía que los devoradores se movían en grupo, como jaurías. Aunque sin organización, estaba claro por cómo se repartían por la zona. El animal tenía fuerza y aunque atacaba sin lógica alguna, era eficaz con sus puños y la manera en que se movía por las piedras, casi como si pudiera adherirse a ellas. Las usaba para impulsarse y lanzarse sobre las criaturas, desconcertándolas con esa excesiva cercanía a la que, claramente, no estaban acostumbradas. Magnhild volvió a centrarse en sus propios seres a los que eliminar, pero cuando estaba a punto de darle la estocada final al primero, la cueva entera retumbó. Miró a su alrededor y sus ojos, ahora adaptados a la oscuridad, vieron como las rocas que conformaban la bóveda de la sala en la que s hallaban empezaron a tambalearse y soltarse, resquebrajando el agujero natural que la erosión del tiempo había creado en aquella excavación hecha por el ser humano. Saltó tan rápido como pudo hacia atrás y luego corrió, buscando refugio donde la cueva siguiera apuntalada. Para cuando el polvo dejó de formar nubes oscuras frente a sus rostros, la rubia clavó su mirada de serpiente en aquel que la acompañaba. -Acabas de dejarme sin recompensa.- No era capaz de sentir rencor o ira, así que se giró y se dedicó a examinar los muros empedrados. Las yemas de sus dedos se deslizaron sobre las rocas, buscando alguna corriente de aire por mínima que fuera. Tenían que encontrar una salida o se quedarían allí encerrados para siempre. Y, sinceramente, se lo pensaría si la compañía fuera otra o si ni siquiera hubiera alguna. Pero algo le decía que pasar los días junto a ese gorila no era la mejor manera de morir. -Ayúdame a buscar algo de brisa.-


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Re: Pursuit of laziness | privado

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