Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Lazarus Belov el Vie Ene 05, 2018 10:49 pm

Por ella, Lazarus se creía capaz de realizar las más grandes locuras de su vida. Por ella, sí, solo por ella, por Lyudmilla. Su cabellera larga y rubia era su norte en esos momentos, sus labios llenos pero pequeños eran lo último en lo que pensaba cada vez que se recostaba a descansar para reponer fuerzas y su voz melodiosa parecía llamarlo en el momento preciso en el que debía despertar. ¿Estaba enloqueciendo? Tal vez era esa la respuesta, la locura lo estaba gobernando ya sin que hubiese podido advertirlo antes, pero cuánto la disfrutaba… La amaba y eso era lo único que importaba, la amaba y quería recomponer el vínculo, resarcirla de alguna forma por todos los malos momentos que había tenido que transitar por culpa suya.

Rumbo a París, solo y a caballo, se encontraba el Comandante del Ejército Ucraniano. Lazarus Belov tenía un permiso por herida en batalla y pensaba usarlo, disfrutarlo a cada minuto y segundo, visitando a su amada, sorprendiéndola y llenándola de regalos. Nada cambiaría pese a que, irónicamente, todo había cambiado el mes pasado, pese a que había sido mordido y transformado en un demonio espantoso dominado por la luna. Lyudmilla no tenía por qué saber eso, su prometida no se vería afectada por algo tan oscuro, no ella que era el ser más puro y luminoso que Belov conocía.


-Por suerte la luna está delgada todavía, no tengo de qué temer –susurró mirando el cielo.

Le temía a la luna pues poca experiencia tenía en eso de las transformaciones, porque había tenido una primera vez espantosa y llena de dolor. El caballo se inquieto entre sus piernas y Lazarus supo que le estaba traspasando al animal su energía temerosa sólo por recordar tan mala noche.


-Tranquilo, pronto descansaremos –le prometió, pese a que sabía que parar en medio del bosque no era buena idea-. ¿Qué te sucede? Solo un poco más, ya encontraremos un buen lugar para descansar –El animal estaba tratando de decirle algo, pues seguía andando con paso inquieto y relinchaba asustado-. Oh, vamos ya…

No supo de dónde ni por qué, pero Lazarus recibió un golpe tan fuerte que cayó del caballo por el costado izquierdo, directo contra las raíces sobresalientes de un árbol frondoso. Un peso le aprisionaba y aunque tenía los ojos abiertos no alcanzaba a distinguir qué era… Se incorporó deshaciéndose de aquello, lo que fuese, y se puso en pie para descubrir que estaba rodeado por tres hombres.

-¿Qué…?

-¡Oh, cómo apestas, perro! –se quejó uno, la luz de la luna era escasa pero Lazarus podría decir que ese era el menor.

¿Dónde estaba su caballo? Al parecer había desaparecido, asustado. Quiso preguntar qué sucedía, pero era obvio que estaba siendo asaltado. Ahora que podía volver a pensar con lucidez, Lazarus tomó su pistola y quitando el seguro en un rápido movimiento apuntó hacia el que tenía en frente.


-¿Qué quieren? ¡Váyanse y no les haré daño! –les prometió, pero las risas de ellos lo desconcertaron.


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Re: Trust me | Privado

Mensaje por Havryl Hamilton el Dom Ene 21, 2018 11:24 am

La última luna llena había sido bastante más sangrienta de lo acostumbrado. La manada de Havryl no había hecho nada distinto a lo que hacían otras noches; se habían limitado a vagar por el bosque que rodeaba la casa abandonada que habitaban esperando a que volviera salir el sol. Por fortuna, esa zona del bosque era bastante frondosa en cuanto a vegetación se refería: los caminos eran prácticamente inexistentes, apenas unos senderos marcados por el paso de los animales, y la visión a escasos metros era dificultosa por la cantidad de hojas y ramas que había en el medio. Eso impedía que muchos humanos se adentraran en la zona habitada por los lobos, dejándoles así un espacio de relativa calma. Los vampiros y el resto de bestias, en cambio, no tenían tanta misericordia con ellos. Invadían su territorio sin ningún pudor, haciéndolo suyo durante el tiempo que tardara la manada en echarlos de allí. Esto solía ser algo rápido ya que, por lo general, no eran grupos demasiado grandes; uno o dos, nada más, con lo que entre algunos pocos conseguían despejar el terreno. La noche de la última luna llena, sin embargo, el número de indeseables había sido mucho mayor, lo que había desencadenado una batalla que estuvo a punto de llevarse por delante a uno de los hombres de Havryl.

Notaron su falta a la mañana siguiente, y salieron en su busca de inmediato. Encontraron el cuerpo acurrucado bajo unos arbustos, semiinconsciente y lleno de heridas. Enseguida supieron que eran mordeduras de vampiro, causadas por los mismos contra los que tuvieron que pelear la noche anterior. Lo llevaron de vuelta a la guarida, pero las lesiones eran tan graves que, cuando consiguieron que dijera algo, resultaron ser simples delirios febriles. Tenía demasiado veneno en la sangre, y Blaise, el que siempre se encargaba de sanar las heridas, dudaba de que fuera a sobrevivir una noche más. Afortunadamente, los augurios del médico no se cumplieron, y el corazón de Martin siguió latiendo a pesar de todo, aunque él no parecía terminar de recuperarse.

Pasaron los días, y la luna fue menguando hasta convertirse en una fina línea. Ninguno de los hombres había salido más que por lo necesario, puesto que todos estaban pendientes de la evolución de su compañero. Una noche, sin embargo, uno de los chicos que vigilaba las inmediaciones entró corriendo en la casa para dar aviso de un asalto a su territorio: los vampiros habían vuelto.

Havryl salió, acompañado de unos cuantos hombres, en busca de las malditas bestias que a punto habían estado de matar a uno de los suyos. Su olfato no era tan agudo como cuando estaban transformados, pero el olor de los vampiros era inconfundible: apestaban, así que sólo tuvo que separar a sus hombres en tres grupos, de manera que fueran cercando a los enemigos guiándose por el rastro que habían dejado. No tardaron en dar con el primero, al que atacaron por la espalda, sin importar si eso parecía cobarde; su objetivo era acabar con ellos para que no volvieran a importunarlos y, de paso, cobrarse la venganza que su compañero no había podido.

Poco a poco, los tres grupos de licántropos fueron cerrando el semicírculo que habían formado y terminaron encontrándose en un punto donde el rastro se unificaba. Escucharon el relincho de un caballo y el choque de sus cascos contra el suelo al huir de allí. Siguieron caminando y no tardaron en encontrar al resto de los vampiros que, casualmente, estaban acosando a un desconocido.

¿Cómo que perro? —dijo Havryl apareciendo de entre los arbustos—. Vamos colmillitos, si no llega a ser por vuestra peste no os habríamos encontrado. —Arrugó la nariz en una mueca de asco y se acercó hacia ellos—. ¿Tan débiles sois que tenéis que ir en grupo a por un sólo hombre? ¡Ah! Os creía mucho más valientes, pero ya veo que son sólo cuentos de vieja.


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Re: Trust me | Privado

Mensaje por Lazarus Belov el Miér Feb 21, 2018 9:34 pm

Más como él. Aunque no era experto todavía, sí que podía adivinar eso, esos hombres que se habían acercado –en aparente defensa de él- eran licántropos también.

Lazarus no entendía bien de qué iba todo aquello, los hombres discutían, se insultaban y desafiaban, pero agradeció dejar de ser el foco de atención y en cuanto le fue posible se puso en pie dispuesto a pelear por defenderse. Él era un soldado, esa no era la primera vez que se encontraba en un enfrentamiento así y sabía que tampoco sería la última.

No supo qué había dado el origen a la pelea, pero en cuanto comenzaron los golpes de puño él se sumó. ¡Malditos, sí que eran fuertes! Pero Lazarus también lo era, siempre lo había sido y mucho más en esos momentos en los que comenzaba a experimentar lo que esa maldición era capaz de hacerle… dominaba su cuerpo, lo tenía sujeto por completo pese a darle la sensación de una falsa libertad. Mientras golpeaba las cabezas de esos falsos vivientes, Lazarus se sentía vivo y fuerte, pero era ficticio y poco a poco –luna a luna en realidad- lo iba entendiendo.

No lo vio venir, de hecho el camino por el que transitaba hacía menos de media hora se había vuelto un caos de sangre, gritos y pestilencia, pero la cuchilla se clavó en su vientre como si fuera una flecha encendida. Lazarus cayó al suelo casi sin poder respirar por el dolor y gritó hasta que su voz se fue apagando. poco a poco se perdió en una bruma espesa de recuerdos.

Lyudmilla, su amor, la mujer a la que adoraba. Le había arruinado la vida y aún así seguían juntos a su manera… La veía con claridad, hasta podía sentir su perfume y el tacto de su piel. Oh sí, era su mano la que tocaba su frente en esos momentos. ¡Qué mareo! Se sentía perdido, desorientado. Pero el aroma del viento le daba recuerdos de la guerra, de la noche en la que había sido maldito… ¡Pero si hasta podía ver a la bestia! ¿Qué le ocurría? No entendía lo que sucedía.


****



-Lyudmilla… Lyudmilla, amor mío. Perdoname, Lyudmilla.

Lazarus, en su convalecencia, solo podía llamarla a ella porque era lo único que le importaba. Incluso cuando confundido despertó, con la sensación de haber dormido durante un mes entero, lo primero que salió de sus labios fue el nombre de ella:

-¿Lyudmilla? ¡Lyudmilla!

Se incorporó, haciendo que la manta que lo cubría cayese por un costado, y un dolor lo devolvió a la realidad como un cachetazo. Estaba en una pequeña habitación de paredes desgastadas, recostado sobre un camastro. Necesitaba agua, moría de sed y tenía la sensación de que había estado tragando arena.

-¿Qué ha ocurrido? –preguntó cuando un hombre, que reconoció como uno de los que lo había ayudado en el camino, se asomó y lo observó-. ¿Dónde estamos?


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Re: Trust me | Privado

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