Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Once and again. {Privado: Niklaus}

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Once and again. {Privado: Niklaus}

Mensaje por Yuna Song el Mar Ene 16, 2018 6:08 pm

La noche había caído en París, y mientras para los humanos se hacía demasiado tarde, para los inmortales era el mejor momento del día. Nara por fin había llegado a la ciudad, instalándose a regañadientes en el mismo lugar que su hermana. La muchacha seguía de morros por la última ocurrencia de Yuna, que había sido matar a su nuevo amante. El pobre hombre era de buena familia y poseía bastante dinero, algo que Nara había disfrutado, y parecía tan enamorado de ella que no había salido despavorido al descubrir su condición. Aquel había sido el motivo por el que Yuna había decidido quitárselo de en medio, por eso y porque necesitaba a su hermana a su lado más que nunca. Era la primera vez que recibían un mensaje de su creador, si le perdían la pista en aquel momento jamás podrían encontrarlo de nuevo. Nara no entendía a Yuna, y a Yuna no le cabía en la cabeza la indiferencia de Nara incluso cuando le recordaba que él había asesinado a sus padres. Puede que las muchachas no recordaran lo que era querer, o al menos Yuna no lo hacía del todo, pero sabía que necesitaba vengarse.

París era bonito, era un lugar agradable pero muy clasista, donde la reputación y tu clase social lo era todo. Las hermanas tuvieron que buscarse la vida los primeros días, pero ya habían hecho algunos contactos, y era fácil enterarse de lo que ocurría y descubrir pequeños pero curiosos secretos de los demás ya que tenían capacidades sobrehumanas. Nara procuraba hacer sus deberes lejos de su hermana, y Yuna prefería ir por libre, como siempre había hecho. Por supuesto que todo en París no sería trabajar, pues la muchacha había descubierto que Niklaus se encontraba allí, en la misma ciudad que ella. Había escuchado su nombre en boca de una joven que soltaba maravillas del vampiro, halagando su elegancia y aspecto físico. A la asiática no le fue difícil reconocer a su amigo en las palabras de la desconocida, y una sonrisa apareció en sus labios al recibir semejante noticia.

Aquella noche Yuna salió sin dar explicaciones a Nara, quien no creería aún con pruebas que su alocada hermana tuviera un amigo de verdad. Ella jamás entendería la amistad que la unía con Niklaus, y probablemente, de conocerlo, le advertiría sobre sus comportamientos y lo poco que debía fiarse de ella. Yuna confiaba en él, el vampiro soportaba la montaña rusa de emociones por las que pasaba la asiática de vez en cuando, aceptaba sus comportamientos extravagantes y, a pesar de lo diferentes que eran, cuando estaban juntos parecían amoldarse a la perfección el uno al otro. Por supuesto que jamás lo admitiría en voz alta, pero consideraba a Niklaus su mejor y único amigo. No fue difícil hacer que un joven encontrara al vampiro, a pesar de lo bien que se escondía cuando quería. Gracias a las indicaciones de la castaña, el humano encontró al inmortal y le dejó una carta que ella misma había escrito:

‘’Te espero en el teatro en una hora, ponte guapo.
PD: Puedes cenarte al mensajero si quieres, no creo que nadie lo eche en falta.
Y.’’

Sólo por su forma de escribir, sin necesidad de firmar la carta con su inicial, el hombre sabría de quién se trataba, no cabía lugar a duda. Yuna salió de la casa que compartía con Nara y llegó al teatro tan rápido que aún quedaba media hora para que Niklaus apareciera, por lo que decidió hacer las cosas más fáciles. El teatro estaba vacío, era demasiado tarde para cualquier humano, por lo que no había peligro. La sociedad victoriana de París era elegante y tenía unas costumbres envidiables, casi mejores que las londinenses. La castaña se sentó frente al piano y sonrió al acariciar las teclas desgastadas por su uso, pero en buen estado al fin y al cabo, dejando escapar un sonido dulce, el mejor que había escuchado la chica. De joven, cuando aún era humana y después de su abrazo, estudió piano hasta cansarse de él, y cuando lo hizo pasó a estudiar otro instrumento musical. El arte era una forma de vivir la vida, y en la época que corría le parecía la manera más apasionante de sobrevivir. El amor por todas las formas de expresar arte era algo que tenía en común con Niklaus.

Comenzó a tocar una melodía armoniosa, algo que atraería al vampiro. Niklaus no tendría duda de quién estaba tocando el piano, y seguiría la música casi sin pretenderlo. Ella también se perdió en lo que hacía, y el movimiento de sus manos parecía ejecutarse sin esfuerzo. La música brotaba de su pecho con facilidad, a pesar de estar improvisando algo sólo por el placer de escuchar aquel sonido tan familiar. Para un vampiro era difícil no captar cada sonido que tenía lugar a su alrededor, incluso si no quería hacerlo, y por eso Yuna fue consciente de que unos pasos se acercaban a ella. Alguien estaba a su espalda, y no tuvo que mirar para saber quién era. Paró de tocar y esbozó una sonrisa, sin mirarle aún
—. Sabía que no te podrías resistir —murmuró, y se levantó del taburete frente al piano para ir al lado de su mejor amigo. Estaba tan guapo como de costumbre, incluso con el habitual brillo melancólico que poseía su mirada. Se tiró hacia él y lo abrazó con cariño, sin pedir perdón y mucho menos permiso. Niklaus era el único hombre con el que Yuna tenía relación, y pretendía que siguiera siendo así—. Podrás resistirte a mis encantos, pero jamás podrás resistirte a mi música, mi querido Klausbromeó, esbozando una sonrisa mientras lo liberaba del abrazo. Había visto al vampiro rechazar a mujeres una y otra vez, pero cuando se trataba de arte era el primero en abalanzarse sobre él.



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Yuna Song
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Re: Once and again. {Privado: Niklaus}

Mensaje por Niklaus Wolfhard el Miér Ene 17, 2018 9:15 pm

Aquel joven muchacho parecía tener bastante miedo al entregarme la nota que le encomendaron. De pronto, después de hace mucho tiempo mi rostro esbozó una sincera sonrisa que hasta parecía un tanto macabra y quizás por eso el joven temió de mí. Yuna se encontraba en la ciudad y eso para mí era un acontecimiento importante, aquella sencilla nota me traía recuerdos bastante gratos. Aquella mujer, era una de las pocas personas que conocía a mi mundo en su totalidad. Sabía mi historia, e incluso de dónde provenía. Un sutil abrazo familiar me traía el aroma de la esencia de Yuna en esas letras. Y por primera vez en mucho tiempo, me sentí pleno.

Mi pequeña Yuna – como yo le decía así con mucho cariño – revoloteaba entre mis recuerdos como una hermosa mariposa posándose en mi mano, demostrándome mucho más que la belleza interna de su esencia. Ella es una joven carismática, empática, paciente, divertida y algo alocada pero en mi duro corazón, poseía un lugar muy especial. En aquel momento, me pregunté si todo iría bien en su camino pues como muchos de nosotros con un pasado atormentado por la sangre, ella también tenía heridas y me preguntaba si estaría bien esta vez. Mis ojos tristes, se llenaban de lágrimas al saber que estaba cerca e intenté concentrarme para encontrarla.

Su silueta se presentó ante mí, su sonrisa era mi fuente de inspiración y muchas veces me inspiraba en ella para escribir pensamientos sueltos. Exhalé profundamente mientras el muchacho que me había entregado el mensaje seguía esperando algo de dinero o lo que fuese. Pensar en Yuna me produjo hambre de verla y olerla, de sentir sus rebeldes cabellos sobre mis hombros cuando me abrazaba y sus delicados dedos posados sobre un piano, deleitándome siempre con hermosas melodías que me sabía de memoria, pero que no me cansaba nunca de escuchar.

Y fue entonces cuando recibí aquel regalo de mi amiga y bebí la sangre del muchacho sin futuro. –Lo siento, era necesario. – dije después de secarme con mi pañuelo de seda y me deshice del cuerpo a las horas siguientes. Aquella noche, por fin, todo me parecía diferente puesto a que ver a mi querida pequeña me traía de vuelta, noches de luna llena, vino y música clásica. Mi vestimenta no cambiaba mucho, iba con mi traje negro de siempre, mi camisa negra de satín, mis botas negras largas y una levita de terciopelo en negro, con detalles de encaje oscuro.

Si se trataba de Yuna, yo corría, todo mi ser se llenaba de satisfacción y recordaba una vez más lo que era estar vivo. Llegué al teatro pasada las doce de la noche, enseguida desde afuera y con mucha agudeza pude percibir la armónica melodía de Yuna a través de sus dedos sobre el piano. Nuevamente, mis instintos se llenaron de gozo. Parecía estar respirando libremente, aunque no me hacía falta, pero parecía sentirme vivo de nuevo. Su aroma tan especial y floral, que provenía desde el fino ropaje de la bella Yuna, llegaba hasta mí acariciándome como la misma seda.
Un abrazo, lleno de emoción tocó mis sentires más profundos, ocultos hacia la sociedad y solo para compartir los secretos, con mi gran amiga. Fue otra memoria que aguardaré conmigo eternamente:

-¡Querida! Qué bella melodía… claro que no me resistí, ni mucho menos con aquel mensajero que me enviaste- dije casi riendo y luego de esto tomé su mano para besarle en el dorso. Ella era una joven especial, sin duda. –Siempre me ha encantado cómo expresas tus delirios, mi querida. Tu música le da vida a mis noches solitarias – dije esbozando una ladina sonrisa, contemplándola, sintiéndola, queriéndola. – Que bueno es saber de ti nuevamente y verte frente a mí… pero me preocupa que cada vez que intento pasar desapercibido, encuentras mis escondites y dominios – solté una ligera carcajada, llevando mi mano a peinar un mechón de mi rubio cabello que caía rebelde de pronto.
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Re: Once and again. {Privado: Niklaus}

Mensaje por Yuna Song el Mar Ene 23, 2018 6:57 pm

Yuna vestía un aparatoso vestido rojo que resaltaba la palidez de su piel, de mangas largas para cubrir sus brazos desnudos a pesar de que no sentía el frío. Los vampiros tenían muchas ventajas, pero debían ser inteligentes a la hora de actuar. Que ella no sufriera el frío de las calles parisinas no quería decir que pudiera ir con ropajes veraniegos, especialmente cuando atraería miradas curiosas. Las manos ágiles de la asiática viajaban por el piano y acariciaban las teclas para formar una hermosa melodía, la cual resonaba por el teatro vacío a excepción de ella y Niklaus. No tardó en averiguar que él estaba allí, que había llegado. Una sonrisa se formó en sus labios mientras seguía tocando. Parecía una muñeca, un dibujo tan bello que heriría a cualquiera, algo tan peligroso como una rosa con espinas. Cuando frenó y la música dejó de sonar, se levantó del taburete sólo para lanzarse a los brazos de su único y mejor amigo.

Niklaus era alguien especial para Yuna. Él conocía sus altibajos, su pasado y sus heridas. Antaño se habían ayudado mutuamente, y la muchacha seguiría haciéndolo las veces que hiciera falta. Sabía que los humanos la mirarían de mala manera si veía su comportamiento con un hombre; aquellas muestras de afecto estaban reservadas para la intimidad, y por supuesto debía mantener algún vínculo romántico con su compañero. A ella no le hacía falta, no le importaba nada de aquello, incluso cuando sus padres habían sido los más exigentes y serios al respecto. Ella adoraba a Niklaus, y las muestras de afecto públicas nunca habían sido un problema. Sonrió con soltura al comprobar que le había hincado el diente al mensajero, mientras éste besaba el dorso de su mano
—. ¿Lo disfrutaste? Era joven y sano, mis preferidos —añadió, mordiéndose el labio con una travesura típica de sí misma. Niklaus siempre había andado con cuidado sobre la fina línea que separaba al asesino del superviviente, pero todo lo que hacía él era alimentarse para poder vivir. Odiaba matar, y Yuna lo sabía, pero necesitaba la sangre si quería seguir en aquel trágico pero maravilloso mundo.

La muchacha parecía feliz, y es que reunirse con su mejor amigo era algo digno de festejar
—. Espero que hayas echado de menos mi compañía en tus noches solitarias, mi querido Klaus, pues tendrás que ser el único público de mis conciertos privados a partir de ahora. Me quedaré un tiempo en París, podrás disfrutar de mí tanto como desees —aseguró, esbozando una sonrisa radiante. Era ella la que siempre desaparecía, la nómada que no aguantaba estar más de dos meses en un mismo lugar, así que podrían retomar el contacto en París más que en ningún otro lugar. Niklaus también era conocedor de la locura interna de Yuna, pero parecía no importarle. Él disfrutaba de sus delirios y le aportaba un toque de cordura que hacía de aquella amistad la más sólida. La muchacha no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar las quejas de su mejor amigo—. ¿Qué puedo decir? —dijo, alejándose de él para buscar algo. Cuando regresó, rápida y ágil, lo hizo con dos copas y una botella de un excelente vino—. Creo que puedo presumir de inteligencia y de tener cierta habilidad para rastrear, pero empiezo a pensar que eres tú el que desea fervientemente que aparezca una y otra vez en tu vida —consideró, lanzándole una mirada pícara. Le sirvió una copa de vino y cogió su mano, tirando de él para llevarlo hasta el taburete del piano. El vampiro se sentó y ella ocupó el lugar que quedaba a su lado, frente al hermoso instrumento de música. Más tarde le tendió la copa que le había servido—. Brindemos por nosotros —dijo, elevando otra copa que acababa de servirse y, segundos más tarde, bebiendo de ella.

El sabor del vino no era como el de la sangre, pero tenía un sabor exquisito cuando estaba bien alimentada. Necesitaba tener sangre suficiente en el organismo para apreciar un buen vino, por lo que había cenado mejor que nunca aquella noche. Con una de sus manos empezó a tocar el piano, invitando a Niklaus a unirse. Tocaron en silencio durante unos minutos, a dos manos, ejecutando una melodía atrapante que habían inventado ellos mismos siglos atrás. Cuando el sonido cesó, Yuna sonrió y se levantó sólo para volverse a sentar, pero aquella vez sobre las piernas de Niklaus
—. Te he echado de menos —confesó, apoyando su cabeza sobre el hombro de su amigo. Los mechones castaños de su cabello rozaban el cuello del chico, pero sabía que no importaba—. Mi hermana decidió pasar más tiempo con un humano que conmigo, y su compañía no es como la tuya. Sólo tú me entiendes —añadió, dejando escapar un suspiro voluntario—. ¿Sabes? Él nos ha citado. A mí y a mi hermana. Quiere vernos aquí, en París, después de tantos años… —susurró. Él no le había preguntado el motivo de su llegada, era tan prudente que prefería que ella lo dijera por sí misma—. Sé que puede ser peligroso, Nara ha discutido conmigo y no quiere verlo, pero… ¿no sería idiota si perdiera esta oportunidad? —preguntó. Niklaus sabría que se refería a su creador, el mismo que mató a sus padres y convirtió a su hermana mayor únicamente para llegar hasta ella. La venganza podría llegar pronto para las hermanas Song.
Tomó otro sorbo de vino y levantó la cabeza para mirarle a los ojos
—. ¿Cómo has estado tú? ¿París te trata bien? —quiso saber; tenía una insistente necesidad en saber si había estado bien, si había sido feliz o había encontrado a alguien especial. Él era solitario por naturaleza, disfrutaba de los momentos en soledad al mismo tiempo que necesitaba a alguien a su lado para toda la eternidad. Niklaus siempre había sido romántico, no le servía cualquier cosa, necesitaba algo duradero y real. Era el mejor hombre que había conocido, aunque técnicamente estuviera muerto.



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Re: Once and again. {Privado: Niklaus}

Mensaje por Niklaus Wolfhard el Dom Feb 18, 2018 9:11 am

Yo estaba seguro que esta noche parecía de esas que no tienen final. Yuna era mi gran amiga y le dedicaba con mucho esmero parte de mi tiempo, su existencia en mi eternidad cambiaba mucho las cosas. Podía estar seguro de que alguien en este desgraciado mundo podía comprenderme, es cierto que todos tenemos nuestros secretos pero a veces Yuna descubría los mismo en un solo minuto. El aroma de su esencia inundaba aquel lugar, lleno de nuestros recuerdos. Solíamos meternos a escondidas a probar las delicadezas de la sangre parisina dentro del teatro, cuando venían las grandes orquestas del mundo, recorríamos una y otra vez todos los puestos y palcos buscando pertenencias de valor que a los mortales muy despistadamente se le quedaban en los asientos, nada más esto era por diversión pues ella siempre me hacía realizar locuras que aunque me costara creerlo quedaban en mi alma, reemplazando la niñez que tuve alejado de unos padres discriminadores.

En aquel momento escuchaba sus comentarios, en compañía de su preciosa presencia y el excelente vino que ella trajo para los dos, la contemplé unos momentos tocar el piano nuevamente cuando nos sentamos juntos en el taburete, me uní a una melodía que me conocía de principio a fin. Era una composición de a dos, que sólo ella y yo podríamos interpretar. Nadie más conocía nuestra canción, nuestra intimidad era importante. Sabía que Yuna no era de aquellas mujeres que les gustaba aparentar delirios de grandeza inalcanzable para los demás, era una joven que sabía lo que hacía en cada paso, sus movimientos previamente calculados, sus tonos de voz variaban dependiendo de la situación, cuando estaba conmigo se presentaba tierna y adorable, cuando hablaba de su hermana lo hacía con una nostalgia vacía y cuando hablaba de su gran dolor de cabeza, el cual era su Sire lo hacía con una voz áspera y seria preparada para pelear.

-Mi querida Yuna…- dije ante lo que me contó sobre de que me echó de menos. Sonreí sinceramente y con eso, ella ya sabía que lo nuestro era recíproco. Luego, al escuchar acerca de los problemas con su hermana y su creador, apreté levemente su cintura como un impulso de molestia, pues aquel vil creador de las hermanas Song era para mí un monstruo demasiado difícil de tragar. Así como Yuna, y todo lo que ella me había contado sobre él me sentí impotente y apoyaba la idea de que mi pequeña amiga cumpliera con su cometido: -Ve por él Yuna, no pierdas esta oportunidad… es una oportunidad que tú y tu hermana se merecen y tienes que convencerla de eso. – declaré con autoridad, pues era más que nada una muestra de que siempre desearé protegerla a toda costa.

Llevé una de mis manos a tomarle el rostro con delicadeza, rozando sus ondulados cabellos que se enredaban en mis dedos. La miré muy consciente de que lo que se venía para ella, no era algo tan fácil tampoco: -Querida, confía en ti misma. Además, ya sabes que cualquier movimiento que aquel vampiro haga o deshaga, también está vigilado por mí. Pues, no permitiré que él ni nadie te haga daño. – dije muy seguro de mis palabras y luego me acerqué a besar en su frente con fraterno apoyo. La abracé un poco más fuerte, su fina cintura parecía que fuese a quebrar pero ella era mucho más fuerte de lo que cualquiera podría imaginar. –París… esta ciudad, me sigue tratando igual – reí un poco – ...pero estoy en búsqueda de algo más, algo que me llene y lo presiento cerca de mí, es sólo que no ha querido mostrarse en detalle. – finalicé y alcancé mi copa de vino sobre el piano, para poder beber un sorbo más. –...y ahora que tú estás aquí… y será mejor que consientas – dije con una sonrisa de picardía bastante notoria, pues cuando le decía eso a Yuna ella siempre terminaba por llenarme de presentes, esclavos y otras cosas que me satisfacían. Pues para mí ella era la princesa de mis ojos y como tal, debía de cuidar a su Rey a toda costa.

-Brindemos nuevamente amiga mía, por este hermoso reencuentro… el cual, no tienes idea de cuánto llena mi odioso interior…- reí alzando mi copa, contemplando los bellos ojos de Yuna con complicidad y la diversión, desde una forma que sólo nosotros podríamos comprender y disfrutar mutuamente.
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