Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Abre las puertas de Hel (Privado)

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Abre las puertas de Hel (Privado)

Mensaje por Garm el Miér Ene 17, 2018 8:49 am

Entre por la puerta gruñendo, de nuevo en el patio de armas Ulf y yo habíamos tenido un nuevo enfrentamiento.
Sus ambar chocaron con los míos inyectados en un amarillo radiactivo, entre gruñidos los dos quedamos de frente, como dos titanes incapaces de ceder una ápice y de no haber estado Höor que corrió para separarnos a los dos no descartaba que hubiéramos acabado de un modo mucho peor.

Todo porque mi ira me había llevado a golpear a uno de los jóvenes con el que entrenaba con  la espada. Ulf no escuchó la burla del norteño, pero por contra si lo hice yo. Puede que durante un tiempo había tenido que escuchar de boca de todos lo débil que era, la tristeza que producía a las mujeres por mi estado endeble, los comentarios maliciosos de los guerreros que no comprendían como padre había engendrado algo como yo, maldito por los dioses desde mi nacimiento, la vergüenza de un padre que me quería muerto.
Solo mi madre arropó a un humano incapaz de mantenerse en pie por la devastadora enfermedad que me asolaba con demasiada frecuencia, por eso miré tantas veces de frente a Hela, crecí con ella, sentía su mano deslizándose por mi pelo sudado por las fiebres desde que solo era un niño de apenas dos años, hoy Hela me había convertido en casi un dios, padre la odiaba, pero por contra yo no.

Me dejé caer en el sofá gruñendo, puse las botas sobre la mesa y furibundo desenvainé el mandoble para limpiarlo en un profundo silencio que solo fue interrumpido por los silenciosos pasos de mi madre.
Ella podía comprenderme con solo mirarme, así que se sentó con suavidad a mi lado, en silencio y sin mediar palabra hundí mi cabeza en su regazo como lo hacia cuando solo era un niño de pecho.
-Padre me odia -repetí como tantas otras veces había dicho – y tu ere menos que nada en esta casa, siempre a su sombra ¿no te cansas de que él ordene y se cumpla su voluntad?  Es egoísta, egolatra y altivo.
Ya ha tirado a mi hermano de casa porque no soporta que nadie pueda vencerle en duelo singular. Padre es un cobarde y algún día lo bajaré de su pedestal.

Mis ojos centelleaban en ese característico tono miel que delataba la ira contenida, sentía sus dedos pasearse por mi pelo, meditando mis palabras, sabía que lo defendería porque lo amaba, pero padre no siempre tenia la razón de todo, aunque en esa casa, fingieran que así era para contentarlo.


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Re: Abre las puertas de Hel (Privado)

Mensaje por Giuliana Mordrake el Miér Ene 17, 2018 4:26 pm

Amaba a su familia, a todos por igual, cada uno en su propio universo y con sus propias luces y sombras...pero su pequeño Yrian era el que más había sufrido, por su debilidad física la enfermedad se cebó con él desde pequeño, tanto él como su melliza eran los únicos humanos, pues los demás habían heredado la naturaleza mágica o cambiante de sus progenitores. Había estado muy unida a él por las largas noches en vela, por las tardes interminables de fiebre y tos, por cada plegaria y oración lanzada a los dioses de todos los panteones. Ulf y su mujer habían discutido mil veces por culpa de la testarudez de Giuliana con ese tema, fue una constante lucha contra todo y contra todos, pero ella no cedió terreno ni un milímetro. Era su pequeño, ella lo había alumbrado, lo había traido a este mundo y no iba a dejar que se lo llevaran tan fácilmente. Si los dioses lo querían, que se lo arrabatasen, ellos podían hacerlo y ella no podría hacer nada para impedirlo, pero no se lo serviría en bandeja dorada.

Pasó los dedos por el pelo de su hijo, tan malhumorado, tan cabreado como últimamente era ya la costumbre y meditó sus palabras. Sabía que no quería ofenderla, sabía que si alguien la quería más que Ulf, ése era Yrian, así nada de lo que pudiera decir la afectaría más de lo necesario.

— Yrian… ya sé que tú no me crees cuando te lo digo, pero tu padre te quiere. Os quiere a todos. Tenéis una relación complicada, pero eso no puede nublarte el juicio. Sé que cuesta comprenderlo, pero en verdad él sólo quería ahorrarte sufrimiento y dolor, le apenaba muy profundamente que no pudieras tener una vida plena, feliz, que siempre estuvieras atado a la enfermedad, desvalido, sin poder ser un hombre que es lo que todos los niños desean. Además su cultura, sus dioses, él ha sido educado en esas costumbres y para él es lógico. Pero no le guardes rencor por eso, estoy segura de que si te exige mucho es porque quiere que seas el mejor, como a Brökk y a Alrek, sólo quiere hacerte fuerte.


Dejé escapar una risa plagada de sarcasmo, de desprecio, no por sus palabras ni siquiera por ella, sabia que en el fondo de su corazón el amor que sentía por Ulf cegaba su razón, por eso estaba convencida de las mentiras burdas que me decía.
-Estaba enfermo, no sordo. Ulf ha pasado media vida mirándome como si fuera su castigo, su vergüenza, como tu dices, el "no hombre" el que nunca podría convertirse en su orgullo. Te alejaba de él y no lo soportaba, porque compite hasta con sus hijos por tu amor y lo peor es que tu madre se lo permites.
¿Cuantas cosas mas ha de hacer para que despiertes?
Alrek, ha tenido que irse de casa porque Ulf no soporta sentir la amenaza respirándole en la nuca.
Ulf ha pasado media vida viéndome como un inútil y pasará su otra media viéndome como una bestia. No se equivoca, soy Garm y Hela, su diosa, me ha elegido.

Me incorporé del regazo de mi madre, besé su mejilla.
-No quiero hacerte sufrir, pero el único motivo por el que no me enzarzo en una batalla singular con ese hombre al que mis hermanos llaman padre, eres tu.*

Acarició la mejilla de su hijo con gesto compungido, sabía que lo decía en serio, no era una bravuconada y eso era lo que más le apenaba, que su relación estuviera tan intoxicada que no pudieran resolver los problemas.

Eso no es del todo así, Alrek es como tu padre, es un alfa, y necesita un territorio para mandar en él, es su naturaleza, más pronto o más tarde lo habría hecho, sólo aprovechó la tontería que hizo tu hermano para castigarle con algo que sucedería de todas formas. Él veía lo mismo que todos, un niño enfermo, un niño que sufría y que no podía ni salir a la calle. Los dioses saben cuántas veces yo misma dudé de seguir adelante porque me partía el corazón verte sufrir tanto, pero fui egoista y me negué a perderte. No podía utilizar la magia negra porque ya sabes que toda magia tiene un precio y no quería que tuvieras que pagarlo tu, pero tu enfermedad era tan virulenta que no parecía haber forma humana de curarla.

Negué con la cabeza, contemplé esa mirada llena de sufrimiento, no iba a restar veracidad a ninguna de las palabras pronunciadas por mi madre, dolía, pero no solo lo hizo la enfermedad, si no el desprecio.
-Pero él no era todos, el debió, pero nunca fue mi padre.
¿Recuerdas el día que le trajo la espada a mi melliza? estaba orgulloso, convertirla en escudera decía. Sus amigos reian mientras yo en tus brazos miraba con odio la escena, nadie me miraba, como si no existiera.
Fue Höor, el tío, el que viendo aquello se largo y regresó con un mandoble pequeño que se lleno de polvo porque nunca fui capaz de utilizar, pero ese gesto me dio esperanza, era su forma de decirme que luchara, que estaba vivo y que algún día podría ponerme en pie y alzar el acero.
Se que hiciste todo lo que estuvo en tus manos, no te reprocho no usaras la magia negra, pero a Ulf tengo demasiado que reprocharle como para poder perdonarle.

Entendía la postura de su hijo y trataría también de calmar los ánimos con Ulf, pero ciertamente Yrian albergaba mucho odio en su corazón. Lo abrazó largamente y después se separó un poco para mirarlo.

Yrian…— se negaba a llamarlo Garm, por mucho que él se identificase como el lobo de Hela, la artífice del “milagro envenenado” de su curación.— entiendo tus razones, pero el perdón es la cura de la enfermedad del alma. Ese odio puede corromperte, puede sumirte en la oscuridad y no deseo esa vida para ti, yo sólo quiero que seas feliz, que encuentres el camino que te haga feliz, una buena mujer que te comprenda y que te quiera más que yo, porque si es capaz de eso, entonces tendrá todo mi respeto y mi admiración.— el episodio de la espada lo recordaba tan vívido como él, y el gesto de Höor le enterneció profundamente, porque la brecha más grande que se había abierto entre Ulf y Giuliana era Yrian, a veces pensaba que era ella la que no lo estaba haciendo bien, porque todo el mundo decía lo mismo: que los dioses se lo lleven y descanse, déjalo ir. Pero Höor la acompañó con ese gesto, él tampoco habría abandonado a su cachorro, de hecho no lo hizo cuando trajo a Sirius sabiendo que sería peligroso para todos. Pero no podía cambiar a Ulf, él era así y ella lo amaba con sus defectos y virtudes.*

No quería hacerla sufrir, sabia que cada una de mis palabras envenenaban su alma y a estas alturas no iba a cambiar mi concepto sobre Ulf por mucho que ella lo justificara.
Yrian murió, ese niño débil se extinguió y ahora estaba yo, Garm, fuerte, poderoso y que no pensaba dejarme pisar por nadie nunca mas.
-¿feliz? - ladeé la sonrisa -claro madre, seré feliz.
¿como decirle a tu propia madre que las mujeres me temían, que nadie quería acercarse al perro de Hela, que me veían un monstruo y que esa sensación no era diferente a la que veían antes, cuando solo era un niño enfermo.

La única diferencia es que ahora si estaba en mi mano evitarle dolor a madre, iba a cuidar de ella, ese era el motivo por el que no me largaba de esa casa donde aparte de mis hermanos nada bueno me quedaba.
-¿necesitas te ayude con algo madre? -pregunté mirándola intentando cambiar así el tema que la afligía.
Sabia que solía llevar frascos pesados a la enfermería o ir al rio a lavar las ropas de todos nosotros.
No es que tuviera nada que hacer, la ausencia de amigos había sido una costumbre anclada a mi vida.*

Negó con la cabeza, Hilda y Arne habían cumplido con todas sus tareas y aunque en aquella casa siempre había trabajo que hacer, ella prefería dedicarle un rato agradable a su hijo ahora que ya podían hacerlo. Como eran mayores ayudaban más y ella podía dedicarse a la magia o a leer.

Vamos a dar un paseo coge una botella de Sazerac, y veamos si realmente eres tan macho como te crees. Como tu propia madre te tumbe bebiendo…— esbozó una sonrisa, sabía que no lo igualaría ni de casualidad, pero en su vida había usado tantas veces ese brevaje de absenta, whisky y limón que estaba ya inmunizada. Cogió el chal de lana que se echó sobre los hombros y se cogió del brazo de su hijo rumbo al bosque, a veces le gustaba pasear por entre esos árboles y escuchar sus susurros.
Desde que su hijo fue mordido, las lunas llenas se quedaba en vela, realizaba un ritual de protección vudú y encendía una vela frente a una ventana, para que lo guiase en su oscuridad y no cometiera ninguna atrocidad.*

ladeé la sonrisa cazando la botella, madre tenia sus trucos de bruja, así que no le negaría un paseo si eso es lo que quería.
Me gustaba pasar tiempo con ella, siempre me cuidó, me protegió de las adversidades y ahora era tiempo de cambiar las toras, era un hombre, no era débil y podía devolverle con creces todo ese tiempo que ella me había dedicado a mi para que curase.
-¿y bien madre? ¿que es lo que quieres hacer en el bosque? ademas de tumbarme bebiendo Sazerac claro -bromeé

Nos fuimos adentrando en el bosque, pronto nos sentimos envueltos por la naturaleza, el canto de los pájaros, el aleteo de un colibrí, las pequeñas rapaces que movían las ramas al escabullirse de nosotros, depredadores mas grandes. En el bosque me sentía libre, como si mi parte salvaje pudiera unirse al espíritu de aquel paraje.
Abrí la botella y tras dar un trago se la pasé a mi madre.*

Bebió un trago del mejunje que usaban las brujas de Nueva Orleans para comunicarse con sus dioses y se tumbaron ambos sobre la hierba mirando al cielo.

Una vez me dijiste cuando eras pequeño, que el día que pudieses salir al aire libre me cazarías un corzo tan grande que los cuernos no iban a caber por la puerta. Y no sé por qué, sentí que así sería, que ese dia llegaría y que mi ojos podrían verlo.— apretó su mano, suspirando. El aire era limpio, los colores del bosque invitaban a estar en paz, y rezaba cada día para que encontrase el equilibrio y no fuera arrastrado al abismo.*

-Y te lo cazaré madre -aseguré apretando la mano de mi madre sobre la mullida hierba que nos hacia de improvisado lecho bajo le manto azul de un cielo despejado.
-He estado viendo a Alrek, se ha instalado en una casa vieja cerca de la taberna, los Cannif lo están ayudando para arreglar ese cuchitril. Yo me paso de vez en cuando y le echo una mano, ya lo conoces, es terco y quiere hacerlo solo, demostrar a su padre que es capaz de salir adelante -ladeé la sonrisa -ademas lo he visto con la hija de Dani y Höor, Beth.
Sabia que eso la alegraría, ella quería la felicidad para sus hijos y al menos en ese aspecto me gustaba que supiera que Alrek estaba arropado por sus amigos y por “ella".*

No sé si eso son buenas o mala noticias…¿quieres la felicidad de tu hermano?.— rió a carcajadas.— Beth lo va a llevar por la calle de la amargura, es tan independiente como Danielle, y tu hermano tan posesivo como tu padre. No me hacen falta las visiones para augurarles muchas tormentas. ¿Y Tú? ¿No hay ninguna chica que te guste?*

Me eché a reír cuando escuché hablar asi de Alrek y Beth, no le faltaba razón, pero a veces sortear la tormenta estaba bien. Asi no entrarían nunca en la monotonía, algo que a veces jodia mas las relaciones que una vida de guerras, desafíos y reencuentros fogosos en la cama. Ademas dudaba mucho que si no funcionaba a mi hermano le costara encontrar pretendientas, Alrek podía ser muchas cosas, pero... no le faltaba las mujeres.
-¿yo? -negué con la cabeza poniéndome mas serio aunque intentando que mi gesto no me delatara -no, supongo que no.*

Le acarició de nuevo la mejilla mirándolo con orgullo, sin duda, de sus hijos era el que más difícil lo había tenido y a dia de hoy estaba allí, contándole sobre su vida amorosa. Era “fácil” ser Brökk, o ser Alrek, pero ser Yrian era muy complicado y ella lo entendía.

Te llegará…y el día que te llegue te golpeará tan fuerte que no podrás hacer nada por escapar. Y ese día, le permitirás a tu vieja madre decirte “te lo dije, ahora me entiendes del todo”. Porque el verdadero amor es así y tendrás tu oportunidad, te lo aseguro.— no podía decirlo por sus visiones, porque además no usaba ese don para cosas mundanas como averiguar cómo iría la relación de su hijo con su novia, pero como madre, lo sentía en sus tuétanos.*

-Puede ser -dije sin darle muchas vueltas a ese tema, no iba a hacerla sufrir explicándole porque dudaba que a mi eso me pasara.
La verdad es que Hela era la única que me prestaba atención y no se puede decir que fuera una "relación" sana. Ella era la diosa de la muerte, de Hel y yo el perro que custodiaba sus puertas, todo pintaba de puta madre.
Seguro me salían un par de novias fantasma porque humanas lo dudaba.
No pude evitar ladear la sonrisa por la intensidad de mis propios pensamientos.
Cerré los ojos dejando que la brisa nos meciera la ropa.
-Madre ¿eres feliz con Ulf?
Sabia que lo queria, pero, no era eso lo que le estaba preguntando exactamente.*

Si, cariño. Es el hombre de mi vida, sé que tú has pasado por mucho, pero nosotros también. Se cortó el cuello para seguirme hasta más allá de la muerte…y no fue la única vez. Atravesamos el infierno vudú completo, nos hemos caído cien mil veces, pero siempre nos levantamos y yo no sería la mujer que soy si él no se hubiera cruzado en mi camino. La oscuridad me tentaba y yo sentía que no tenía nada que me anclase aquí, pero gracias a él comprendí cuál era mi camino, encontré lo que me hacía feliz a su lado y su amor me sostuvo fuerte durante todos estos años. Tengo una familia maravillosa y no le pido nada más a la vida, tan sólo que vosotros estéis bien.*

Asentí besando su mejilla sin soltar la mano de mi madre.
-Me alegro mama -no había mentira en esas palabras, yo odiaba a Ulf, tenia mis motivos, pero si ella era feliz a su lado, nada podía objetar.
Sabia que ese hombre cuidaba de ella, sabia todas esas hazañas que ahora me relataba, porque el general Ulf era leyenda en Akershus, sus gestas iban de aldea en aldea cantadas por juglares.
Di un nuevo trago de la botella y ladeé la sonrisa mirando a mi madre.
-Ya nos tienes convertidos en hombres, es hora de que te centres en ti, ya no te necesitamos de la misma manera que antes y has pasado mucho...antes de que mis hermanos te llenen de nietos, piensa en ti.
Yo también quería que mi madre fuera feliz, aunque su felicidad pasara por estar lejos de mi.*

No tengo ninguna inquietud, ningun sueño por cumplir más que veros a vosotros cumplir los vuestros. Antes me inquietaba no ser aceptada por como soy, en París no encajaba, en Nueva Orleans tampoco…las brujas siempre son consideradas como indignas. Pero aquí siempre me trataron bien y he podido ser quien yo quería ser. Estoy en paz, Yrian, mi vida fluye y yo con ella, no tienes que preocuparte por mi, soy muy afortunada y valoro lo que tengo cada día. Sé que Brökk siempre estuvo más protegido por nosotros, ya que no sabíamos cuándo y para qué lo reclamaría Loki. Eso hizo a Alrek guardarle rencor, Kenna también tiene magia, y tú siempre estabas enfermo. Quizás Eira debería estar celosa de vosotros, y sin embargo no lo está, tiene una forma de ser que la hace muy fuerte y decidida. ¿Qué es lo que quiero decir? Que trates de ver un poco más allá, todos tenéis razones para pensar que otros han sido más queridos o algo así, pero no es verdad. Os trajimos al mundo, os educamos y hemos tratado de hacerlo lo mejor posible, y yo sólo espero que algún día perdones mi errores y los de tu padre así como nosotros los tuyos.*

-No lo llames mi padre -mis ojos se encendieron de ámbar, odiaba que se refiriera a él de esa manera, porque nunca lo sentí mi padre y no empezaría ahora a albergar sentimiento alguno por un hombre que deseó tantas veces mi muerte como años yo tenia cumplidos.
Yo no celo a mis hermanos, ellos han tenido sus motivos y no le quito razones a ninguno de ellos.
Pero..no ha sido responsabilidad tuya, pregunta a Alrek si has sido tu el problema...estas ciega, no lo ves.

Me jodia que madre fuera incapaz de atisbar en padre ningun tipo de culpabilidad.
-¿que me habéis perdonado? -pregunté incrédulo ante sus palabras -¿estar vivo? ¿esa es mi gran falta?
Pregúntate madre porque los hijos de Höor no se tienen celos unos a otros. Niégame si es que puedes que Höor es mejor padre que ese hombre con el que te desposaste. Ulf solo ve su interes, su ego, sus ordenes..no es capaz de ver mas allá de sus costumbres.*

Negó con la cabeza, no se refería a eso, obviamente, pero su hijo estaba cegado por el odio y eso le rompía el corazón.

Tus defectos como hijo son nuestro fracaso como padres…esa rabia, esa incapacidad de perdonar… no tienes la culpa, es nuestra, por no haber sabido hacerlo mejor. Yrian, algun día entenderás que hay que querer a los demás como son, tú no eres la excepción. Tu padres es como es y yo lo quiero a pesar de que no pensemos igual, y si el día de mañana amas a alguien profundamente, harás lo mismo y espero que esa persona lo haga por ti. Quizás no lo entiendas ahora, pero algún dia espero que puedas hacerlo.*





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Re: Abre las puertas de Hel (Privado)

Mensaje por Ulf Tollak el Dom Ene 21, 2018 3:34 pm

Garm casi había reventado la cabeza del aspirante a guerrero, como mi hijo, el soldado era un chaval joven, bastante bocazas, todo había que decirlo, pero no por eso merecedor de perder casi la vida en un entrenamiento.
Eramos bárbaros, era muy consciente de eso, pero Garm estaba descontrolado ,era un peligro para todos incluido él mismo y me jodía decir que esto era algo que ya había discutido largo y tendido con su madre que a costa de cualquier cosa, incluso de pactar con Hela a mis espaldas y tras mi negativa rotunda,  salvó su vida coloriendo en el perro de Hel.

Tras enfrentarme a Garm y ser separado por Höor para que no llegáramos a mayores, algo a lo que estaba dispuesto si le enseñaba la importante lección de la jerarquía en ese momento.
Garm corrió a los brazos de su madre mientras yo me dediqué a subsanar su masacre llevando al joven con un hacha atravesando su cráneo a la enfermería, estaba en manos de los dioses, solo ellos decidirían si viviría o moriría el muchacho.

Furibundo llegué a casa, mis ojos ambar me delataban, ni mi mujer, ni Garm estaban allí en ese momento.
Me serví una buena jarra de hidromiel y con los pies sobre la mesa empecé a beber, iba a necesitar muchas de esas para sobrellevar la conversación que de seguro me esperaba con mi mujer.
Garm era peligroso y su amor irracional por ese niño que ella todavía veía débil. la cegaba por completo.

Transcurrida una hora los vi aparecer, mis ojos amarillos chocaron con los de mi hijo, fue su madre la que puso paz empujando ligeramente a Garm para que pasara de largo.
Por contra ella se adentró en la cocina despacio, observarme beber de la jarra completamente fuera de mi.


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Re: Abre las puertas de Hel (Privado)

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