Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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L'unification des esprits

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L'unification des esprits

Mensaje por Nicolás D' Lenfent el Lun Ene 22, 2018 11:50 pm

Mi muerte está resurgiendo...No, la vida al fin.
Una esencia taciturna necesitaba de un cuerpo para revivir y ser reunido con el que le hizo está maldición.
Desde el Siglo XXIX a. C. el espíritu viajo cuerpo a cuerpo hasta que en el Siglo XV nace nuevamente Nicolás.

En tiempos pasados. Muy pasados, el ser que habita en Nicolás no era más que una energía horrorosa; hecha por óbito, pena, sulpicio y agonía. Una depresión psicológica que le orillaron al suicidó. Era tan tétrica que alguien se enamoró de ello. Su llanto fue el causante de que un amor siniestro resurgiera. Pero, Nicolás se hundió, su demencia lúgubre le llevó a los brazos de la muerte, y ahí es donde todo comenzó.

Aquel ser que perdió a Nicolás, cuyo nombre era —sigue siendo— Asmodeo. Enloqueció, necesitaba de esa congoja del que se enamoró y por ello, creaba, modificaba, detallaba a pequeños de 3 años, quienes eran seleccionados por poseer unos rasgos parecidos al amante muerto. (Que en este caso su nombre era Nicolás). Lo peor, que los creaba con la misma y a veces peor imagen, y carácter. Los cargaba de un amor por la nebulosidad, la muerte, el trance y todo sentimiento autodestructivo. Maldiciéndolos con la sangre de las sombras, castigado a evocar tristeza y una existencia efímera, que cuando el amor le llegase jamás lo tendría, debían abandonarlo o que él mismo los asesinara. Ya que, solo esta ave era de Asmodeo. Debía vivir un horror, despreciar todo aquello que le separe de las tinieblas. Y así revivía a Nicolás, cada que cumplían 29 años. (Pues recordando, secuestraba niños de 3 años, uno por uno experimentaba pero morían a los 29) Porqué hasta que llenara el vacío de Asmodeo, le entregaría la inmortalidad. PERO, eso nunca llego, hasta con un pequeño llamado Luthier D’ Lenfent, fue quien marco la diferencia, fue el elegido y es que a él le transmitió todo; sus recuerdos de cuando conoció a su amante, los ritos para traspasar el alma—los cuales fueron carnales—hizo la separación de la familia y por último, sembró el amor por completo en él, pues su físico era igual a Nicolás. Su perfecta ave de espino. El niño destinado a la melancolía y la resurrección del pecado.

A base de estos procedimientos, es que Asmodeo debía descansar, aquellos traspasos le debilitaban, que llego la hora de descansar para vivir la eternidad que le ofrecería a su nuevo Nicolás. Aunque, no fue como lo esperaba. Él se consumió en un ensueño, protegió al pequeño al manipular sus padres: Dejo de ser Luthier, y era Nicolás, (manipulo a toda la familia, haciendo creer que Nicolás era su hijo, y no más Luthier) guardo todo en la mente del niño para que no recordará nada de lo que le habían hecho hasta que despertara Asmodeo. Que creciera solo, amando la oscuridad, pensando en la muerte, dedicándose a existir como un demonio. Y de esa manera es que fue.

Y así es como se presenta Nicolás, en carne y hueso, sigue su instinto sombrío, se enamora de la música. El diablo le llamo, su destrucción se planteó en un pacto y fue embrujado por un violín. Hasta que el don oscuro fue un tormento (la inmortalidad termino convirtiéndolo en la bestia que es)...Enloqueció, era un renacimiento a través del fuego negro, puesto que el espíritu de Nicolás quedo atrapado en él. ¡Ya no podía salir! Más esta esencia estaba cargada de odio, se lo transmitía para que se suicidara. Nicolás lo intento tantas veces, pero no fue desprotegido. Asmodeo dejo a su cuidado a su secta, ese conjunto de sombras que se hacen llamar, y lo tomaron preso, durmiéndolo en un ataúd hasta que su amo fuera a recogerlo. Sin embargo, seguía el mal persiguiéndole, se presentó la voz de un poeta quien le despertó, se deja llevar, creyó, No. Se enamoró…sin saber exactamente sobre su pasado, sabe que es Nicolás y no se imagina que Luthier era su nombre real. Desconoce que le pertenece a un demonio escarlata y no conoce de sus maldiciones pero los supone porque es devoto de hechicería, cree en la magia negra, y todo por fenecer junto con la soledad quien le murmura que es su fiel amante y los secretos ocultos que mantiene.

A C T U A L I D A D

Cumpliéndose lo que siempre se predecía, se enamoró y lo abandonaron, se refuto en una oscuridad horrenda. Pero no todo quedo ahí, entre capturas y torturas, un ojo le destruyeron, más no fue suficiente, más daño le hicieron, la secta le quito la vista al mostrarle algo de lo que se oculta en su mente y al final, lo cegaron, querían destruirlo poco a poco, que ya no podía más. Necesitaba acabar con todo, porque la ira, el odio, y sentimientos negros dominaron su ser, quería venganza y para ello, necesitaba despertar al maldito que lleva dentro. Acudir a la magia debía, tenía que enterarse como despertarlo, como recuperar lo que ocultaron en él, destruir esa hipnosis.

Al ser un adorador de la magia, tenía conocimiento de muchas cosas, y en Rumanía era el lugar donde solo los espíritus sacrificados viajaban; porque se dice que la ciudad es el reino de todo lo muerto. Y cuando llego a esta, se instaló con un conocido de años, le debía favores y ahora los pidió de regreso, este era sin más el Conde de Rumania; el bastardo Sokolović Rosenthal. Que fue ahí donde llegarían aquellos hechiceros, y todo porque se encargó el Conde, solo era cuestión de esperarlos, y mientras lo hacía, estaba sumergido en el jardín, sentado en una mecedora, sufriendo por los golpes del pasado y del ahora, sin estar solo, porque la negrura era fiel. Pero se fue intensificando el aura, una potencia percibió, poderosa y atractiva, ahora que carece de un sentido los demás estaban más entrenados, a pesar de su habilidad.

Comenzando a caminar en dirección a la entrada principal del castillo, con el perfil recto, cubierto de su capa negra, y la capucha caída, mostrando su rostro, sin ocultar la cicatriz de un ojo faltante, y lo miserable que se encontraba. Recibiría a quienes le ayudarian, sin importar el pago reclamado, sacrificaría todo con tal de dar fin a la bestialidad que se hace llamar su amo sobre todas las cosas. ¡Ya necesitaba morir de ser así! Pero para eso, tenía que matar todo lo que le afectaba, ya su tristeza se convirtio en solo rencor.



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Re: L'unification des esprits

Mensaje por Alix Poulenc el Lun Feb 19, 2018 8:17 pm

Veía en Yves un entusiasmo por aquella aventura que ella no entendía ni compartía. Sí creía que estaban ante algo realmente significativo, lo había supuesto desde que ella misma había abierto la misiva, que estaba dirigida a su hermano, y leído como solicitaban la presencia del heredero del Aquelarre de Montmartre en la residencia del Conde de Rumania. Tal vez por eso le había molestado aquel plan desde el principio, le dolía que no hicieran mención de ella con nombre y apellido, que solo pidiesen por Yves y su acompañante, pero era demasiado orgullosa como para reconocerlo.

-¡Mira qué frío hace! –Se quejó con fastidio mientras el carruaje que los conduciría finalmente al destino corría con prudencia por el camino nevado. -Esto no me gusta nada.

La estufilla calentaba, pero no lo suficiente. Alix corrió la cortina y fue en vano, pues la noche ya había caído y la luna delgada no era suficiente para alumbrar el espeso bosque que atravesaban. Cualquier mujer en su lugar temería al saber que ellos, junto a los dos cocheros, eran las únicas personas en kilómetros, que cualquier cosa podría pasarles y nadie se enteraría… pero Alix no temía, era un demonio y pocas eran las cosas que podían dañarla. Yves era una, él y sus ideas.

Hacía tiempo que quería hacer un viaje con Yves, abandonar temporalmente París y poder pasar tiempo de descanso juntos. Deseaba alejarse de todos los que le conociesen como los hermanos Poulenc, para poder decir sin misterios lo que solo ellos dos sabían: eran esposos, eternos compañeros. Aunque de todos modos iba a acompañarlo, Alix le había puesto eso como condición a su mellizo: que en Rumania fuesen conocidos por todos como marido y mujer, los más tiernos enamorados.


-Espero que esto valga la pena –dijo mientras se pegaba a él en busca de calor-, que ganemos mucho a cambio de esto, Yves.

No podría decir que tenía un mal presentimiento al respecto –todo lo contrario, porque conocía a Yves y creía que él no se privaría de pedir cosas de valor a cambio de aquello-, sabía bien por qué no le gustaba eso de hacer trabajos en la otra punta del continente y para gente de la realeza; ellos se creían que por tener poder todos debían obedecer, que todos estaban a su servicio y eso era algo que los Poulenc no sabían ser, obedientes y muchísimo menos siervos.

-Y que primero nos dejen acomodarnos, nada de darnos órdenes sin siquiera permitirnos beber una copa de vino.

Hablaba y esas palabras eran la continuación de sus pensamientos. No importaba, bien sabía ella que su mellizo podía leer su mente como si de un libro se tratase. Se entendían solo con mirarse, a veces le bastaba a Alix un suspiro para que Yves notase lo que le ocurría. Bien, que supiera entonces que ella no quería ser menos que él solo por ser mujer, que quería ser reconocida como valiosa por el mismísimo Rey.




gracias:
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Re: L'unification des esprits

Mensaje por Yves Poulenc el Lun Abr 09, 2018 9:20 pm


Yves poseía la extraña reticencia a contratar gente nueva para su servidumbre, pero dadas las condiciones que Alix impuso para ese viaje, dos nuevos cocheros los acompañaron en ese recorrido atravesando los Cárpatos. No se quejaba, su hermana había pedido, entre otras cosas, hacerse pasar por esposos y no había nada que deseara más en la vida y en la muerte. ¡Si ya lo eran! Ante los ojos de la única deidad que un ser como él podía adorar, su señor Arioch, amo de las siete oscuridades.

Deja de quejarte, amor. —Se sentía bien poder decírselo en voz alta. Una vez que la tuvo cerca, le tomó una mano—. Bien sabes que negociar puedo, y que pediré algo más valioso que el oro y las tierras. Eso no significa nada para un rey, debemos arrebatar lo que más duele —explicó, aunque ella sabían bien ese procedimiento que les tocaba como mensajeros del averno.

Sonrió y le quitó un mechón de cabello oscuro, del mismo too que el propio, y fue a decir algo más, pero ya no pudo. El carruaje dio una sacudida y con ello fue perdiendo velocidad. Ahora fue su turno de asomarse por la ventana y vio que habían llegado a la propiedad Rosenthal, donde el monarca del Sacro Imperio los había citado. Un antiguo acuerdo, al parecer, con el Aquelarre de Montmartre fue finalmente el que los condujo hasta ahí. Besó la frente de su hermana-esposa y bajó cuando les abrieron la puerta, para luego ayudarla a ella.

Era un deleite y una pesadilla verlos juntos de ese modo, del brazo, tan elegantes y regios que parecían engendrar sombras. Así avanzaron hasta el castillo, donde fueron recibidos y estuvieron a punto de ser conducidos hasta Su Majestad, de no ser porque éste se presentó como invocado, una presencia demoníaca que encantó a Yves, quien torció el gesto en una sonrisa perniciosa.

Su Majestad. —Acortó la distancia, soltando a Alix e hizo una reverencia educada. Cuando se irguió de nuevo pudo verlo mejor, joven, al menos en apariencia, pues dentro de él se removía algo más antiguo que el apellido Poulenc. El rostro apuesto estaba mancillado por una cicatriz y la falta de un ojo, pero el joven hechicero se atrevía a señalar que eso lo hacía más atrayente incluso.

Le presento a Alix, mi esposa —dijo y se giró levemente hacia su hermana para que se acercara. A pesar de ser una mentira tan horrenda, Yves lo sintió jodidamente correcto. Alix le pertenecía de ese modo como un marido y una mujer se pertenecen, y compartir la sangre sólo los vinculaba más, con más fuerza. Era aberrante.

Hemos venido tan pronto nos ha sido posible, Su Majestad, pero le aseguro que la espera va a valer la pena —dijo con arrogancia, aunque mantuvo la cabalidad en todo momento, no podía negar su educación privilegiada, sus modales principescos y su personalidad tan elegante. Era inherente a él, y aunque estuviera a punto de desatar el caos, Yves siempre se iba a mostrar de ese modo.

Esperaba que Alix lo sintiera también, a pesar de sus dudas camino a ese lugar, que sintiera que algo grande estaba por suceder y que ellos sería partícipes. La cohorte del Infierno.


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Re: L'unification des esprits

Mensaje por Nicolás D' Lenfent el Sáb Mayo 12, 2018 9:03 pm

La oscuridad lo estaba guiando como a un imán que representa la magia oscura para él, lo convierten en un títere, sin temor a los riesgos que esta representa siempre va hacia ella, siempre la enfrenta y quiere conocerla, es esa la razón por la que va hacia ellos; a los gemelos Poulenc, una esfera pecadora, y siendo jugadores de un maldito mundo. Encargándose el Conde de mantenerlo al tanto de ellos, pero no es aquello lo que importaba, sino el poder que generan, lo que se murmura del Aquelarre de Montmartre, ¡un alto precio que pagar a cambio de sus servicios!, especificando que así tenga que morir, lo haría. Todo sea por lo que quiso ser y le arrebataron, ya era momento de que las tierras sombrías y gigantes dormidos se alzaran para destruirlo todo. Siendo perfecta Rumanía; un lugar donde el viento cala los huesos, y los ombúes consumen demonios. Así es como miró primeramente al hechicero; el heredero del aquelarre, y seguido a la mística bruja del señor, que apenas murmura órdenes a las criaturas poderosas de su cosmo.

Nicolás sin detonar sonrisa alguna, como siempre le caracterizaba una absoluta melancolía que a su vez se transformaba en una demencia incomprensible para quien no ha sido víctima de sucesos catastróficos, alza las manos, (a la altura del pecho), recibiendolos bajo ese castillo, sin destacar su título nobiliario, pero el hechicero se adelantó y lo nombró, por lo que simplemente se detuvo a una prudente distancia, sin conocer sus rostros pero si el aura que desprenden, le gustaban ambas para ser sincero, se sentía atraído, y se mantuvo en alerta de cualquier movimiento a base del reflejo corporal, intuyendo una reverencia, e inclinó el rostro como réplica. — Sean bienvenidos al castillo de la rosa imperial, señor y señora Poulenc, es un placer al fin presentarnos de manera personal.

Jamás se escuchó una befa o un asombro por lo que el hechicero catálogo, su esposa, no miente al confesar que nada es para siempre. Pero no era él quién para decirles, y a juzgar por sus energías supone que han descubierto su negrura, su ceguedad. Ya que no son humanos comunes y corrientes, de haber sido de esa manera jamás intuirían de ello. — Señora Poulenc, espero que el viaje no haya sido incómodo, y agradezco que ambos hayan acudido lo más pronto posible a este encuentro.— Quizás piensen que es muy caballeroso, quizás y digan que es un maldito hipócrita, pero no es nada de lo que parece, un ser tan dañino como él puede dar muchas sorpresas. Aunque, en esta ocasión el mirar de un lado a otro de manera pausada, sin distinguir otra cosa que no sea sombras, optó por dar un paso más, el averiguar si están bajo un hechizo de protección, porque su atracción lo supera y ante todo el querer prevenir cualquier alteración. — Sé que ya me conocen, saben mi nombre, y lo que portó, por lo que espero que así sea. Pero vamos, les acompaño a instalarse en su respectiva habitación, sus pertenencias ya han sido llevadas, tendrán tiempo para recuperarse de este viaje y nos veremos para el banquete junto con los Rosenthal. Porque son demasiadas inquietudes, y tanto que se debe hacer.

Si está impaciente, pero por la gravedad del asunto es que quiere precisar las cosas, confirmar y no dejar cabos sueltos para su beneficio. Porque es ambicioso el afán de destruirlo todo, quiere ver arder al maldito Asmodeo, y su secta. Por lo que les guió el camino, y mientras caminaban por los pasadizos. Presentía sonrisas macabras acercándose, mostrando la realidad que él no quiere ver, como si quisieran que cayera hacia la nada para ser el polvo muerto, y un grito silencioso aclamando ser salvado en su piel, cayendo cada vez más, cambiando el origen e iniciando un final, y eso solo fue porque se adentraba a las mentes de los hechiceros, quería interpretarlas, y la oscuridad es lo mejor que puede darle una explicación. — Es tan fácil avanzar entre la oscuridad, tan fácil perderse entre susurros de inestabilidad que convergen entre los deseos que claramente ya los conocen. Y sí, si estoy ciego, se está cavando cada vez más profundo esta negrura, pero no por ello es que me siento atraído hacia ustedes, digamos que es como un cazador frente al sueño efímero de destrucción, sé que vieron mi llanto y lo escucharon en alguna parte, pero eso era mi reloj exclusivo, las manecillas se mueven con desespero, en la piel me recorre intenciones de mutilación, de fuerza y añoranza por unificar a este espíritu, y como nací creyendo ser él, si lo destruyo, es destruirme, es por ello, que llegue a esta conclusión de hacernos solo uno, el tomar su poder y aumentar mi fuerza, dos en uno es mejor que nada. ¿No lo creen?  Y sé que comprenden con exactitud mi situación, decirle a su señor que aquí estoy esperándole, que sí mi existencia quiere, adelante, pero no sin antes aclamar mi venganza.

Se entregó por completo, si tenían duda de que lo daría todo, con ello reafirmó inquietudes, y se atrevió a confesar lo que leyó de sus mentes, las preguntas que se realizaban sobre él, curiosidades y algo más, lo que viven entre ellos. Siendo un perfecto lector, que además de hablar con ellos, quiso saludar al señor quien los rige.

Sin embargo, los pasos fueron cada vez más lentos, hasta que al final se detuvo frente a la puerta de la respectiva habitación, donde la servidumbre salía de esta para disponer de ella. — No quiero sonar introvertido, pero si son los que unificaran este espíritu, conocerán todo acerca de mí. No habrá secretos, ni nada que pueda perjudicar esta especie de alianza —, indicó con la mano que se adentraran a la habitación, siendo todo exclusivo de un estilo barroco, todo un arte definido por los Rosenthal. — Siéntanse cómodos y para lo que se ofrezca ellos estarán a cargo de ustedes, nos veremos a la hora del banquete, y ahí serán recibidos por el rey de estas tierras.
 



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Re: L'unification des esprits

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