Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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No soy una reina o un monstruo... soy la Diosa de la Muerte. (Privado)

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No soy una reina o un monstruo... soy la Diosa de la Muerte. (Privado)

Mensaje por Garm el Vie Ene 26, 2018 4:28 pm

La llegada del ocaso no solo me trajo los primeros haces plata del dios Mani que resplandecía en el cielo coronándose como indiscutible rey y dueño de todo, a mi mente imágenes difusas de una pareja perdiéndose a través de la maleza. La mano de la mujer de oscura melena en su vientre, ambos escapaban de algo o alguien.

Una halo fantasma acarició mi rostro, podría identificar el tacto inexistente de mi dueña aun sin tan siquiera conocerla.
Su aliento en mi oído y las palabras susurradas en un perfecto nórdico bastaron para saber que había llegado el momento.
Mis ámbar centellearon, su llamada acaba de producirse y para mi ya nada seria lo mismo.
Miré atrás, mi casa familiar, donde con mas o menos tino fui criado, ese niño endeble había pasado a mejor vida, hoy era Garm el perro del infierno que se abría paso en mis entrañas emergiendo voraz, era hora de ir con mi diosa y servirle con lealtad.

Me adentré en las profundidades del bosque, el viento me traía el nombre de la aldea, allí donde el ritual se llevaría a cabo, los elementos se reunían, estrellas, constelaciones y las jóvenes besadas por la muerte ofrecidas.
Todas menos una, la fugada, la que con su hijo creciendo en las entrañas había decidido desafiar la voluntad de Hela diosa del inframundo.

Mi velocidad sobrenatural me permitió acortar la distancia esperada en un tiempo récord, el bosque olía a muerte aquella noche.
El olor a miedo inundaba mis fosas nasales, como el depredador que era mis ámbar centellearon, ladeé la cabeza escuchando como llegaba a mi oído los pasos escurridizos de los dos enamorados.
Sonreí de forma sádica, ella tenia una misión en esta vida, todos la teníamos y no entendía como podía no cumplirla cuando le mayor honor debía ser dar cobijo, ser el recipiente de la diosa.

Aparecí delante de ellos, el grito de la fémina desgarro el momento y una bandada de cuervos alzó el vuelo.
Mi espada se hundió en el vientre de aquel hombre, carmesí goteó sobre la hojarasca del bosque mientras mis ámbar se clavaban en los de la preciosa mujer que con odio y dolor me admiraba.
Su llanto baño las mejillas manchando de tierra su ostro, caía de rodillas para llorar el cuerpo de su amado que entre sus brazos expiraba su ultimo aliento.

La piedad no era algo que esa noche en mi corazón anidara, la elevé del brazo sin ningún tipo de contemplación y antes de que pudiera llamarme monstruo partí su cuello dejándola caer con peso muerto sobre mis brazos.
Caminé despacio hasta dar con  las luces de las antorchas que marcaban el ritual que hoy se producía en aquella aldea.
Alrededor de unos símbolos, con un aquelarre entonando un canto de muerte y congregando a los elementos frente al fuego, bajé el inerte cuerpo de la mujer fugada.
Las llamas se alzaron violentas, admiré el rostro de la norteña, aun manchado de tierra, las voces al unisono reclamaban la presencia de la diosa Hela, ellos la adoraban y yo la esperaba.

De pronto una se alzó, justo aquella que ante mis manos abrazó a Hel. Dejé caer mi rodilla al suelo, mi mirada se alzó hasta su parda mirada.
-Mi señora -susurré con la voz ronca.


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Re: No soy una reina o un monstruo... soy la Diosa de la Muerte. (Privado)

Mensaje por Hela el Dom Mar 04, 2018 5:31 pm

Sus párpados se abrieron lentamente, mas una difusa mirada al bruno manto que se extendía inmenso sobre ella le bastó para reconocer que ya no se encontraba en el Hel. Parpadeó un par de veces con la intención aclarar la vista y poco a poco las manchas violáceas que nublaban sus tempestades fueron desapareciendo. Una, dos, tres… ¡mil! ahora podía contar las estrellas. Oh, cómo había extrañado la tierra. Una sonrisa victoriosa, tiznada con un deje de malicia, curvó sus labios como el fino cuarto de luna creciente que custodiaba los cielos terrestres.

Elevó el torso. Los desordenados bucles cayeron como grácil cascada por su espalda; el etéreo cosquilleó de los castaños hebras rozando su epidermis le ensanchó la sonrisa… era aquella la primera de la infinidad de sensaciones que le aguardaban en aquella forma. Acercó las manos a su rostro y lo despejó de los cabellos rebeldes que se adherían a sus mejillas, organizándolos tras sus orejas. Estiró el cuello, moviéndolo de un lado a otro, hundiendo las yemas de los dedos en la curvatura del mismo con el fin de distender los músculos de su recipiente pues se habían tensado debido al terror que invadió a la mujer tras ser capturada en su patético intento de huida. Se tomó un instante para meditarlo. Miedo… de todo el repertorio de emociones que ofrecía la humanidad, era aquella una que jamás conocería.

Se puso en pie y se contempló a sí misma. Estaba bastante complacida con el vehículo que portaba su espíritu… era joven, de bellas facciones, esbelta figura y poderosa magia, exactamente lo que necesitaba para su estadía, esa que planeaba extender a su gusto y voluntad. El vínculo entre la tierra y el inframundo era frágil e intermitente, Odín y los demás dioses se habían encargado de ello, confinando su oscuro poder a las profundidades del único averno que podría contenerlo, resguardando así las tierras nórdicas de los estragos infernales de su esencia; sin embargo, estaba segura de que debía existir forma de solidificar la tenue conexión, mantenerla abierta sin restricciones ni pares de décadas que le apartaran de aquel plano y sus… beneficios. Asgard estaba fuera de su alcance mas no existía poder humano que pudiese interponerse entre ella y ese mundo.

Deslizó el índice por su antebrazo, su piel estaba erizada, pero ella no sentía frío… ni siquiera las invernales temperaturas de los bosques septentrionales podrían semejar las gélidas temperaturas del Hel. Se sacudió la tierra de las ropas e hizo un paneo a su alrededor. El ritual de su levantamiento no era una ceremonia privada, la diosa permitía que todos y cada uno de los integrantes de la tribu que le veneraba, —hombres y mujeres, niños y ancianos— estuviesen presentes durante la ceremonia y fuesen testigos de su poder. Entonces su mirada descendió a Garm, su preciado guardián quien, hincado frente ella, le daba la bienvenida.

Hela lo examinó en silencio. Garm era un animal salvaje, bestial, sanguinario de ser necesario, más ante el influjo de su ígnea mirada se mostraba como un cachorro indefenso. Una sonrisa afable se trazó sobre sus labios mientras sus manos acunaron el rostro del cancerbero, acariciándolo con delicadeza, tanteándolo, examinando las preciosas facciones del hombre que había elegido para resguardar la sustancia de su perro infernal… su creación. Su diestra se deslizó por la barba del vikingo hasta posarse bajo el mentón, afirmándola allí, invitándolo así a alzarse a su lado.

No — musitó casi inaudible mientras Garm, sin apartar las argentadas orbes de su mirada avellana, se levantó al ritmo en que su mano se alzó — No, no te arrodilles, tú no — continuó cuando el lobo alcanzó su altura, procediendo a acercarse, acortando la distancia a un inexistente suspiro, apretando los párpados mientras se permitía disfrutar de la calidez del contacto humano — Tú andarás a mi altura… perteneces a mi lado — Susurró apoyando su frente sobre la ajena, friccionando la punta de su nariz con la del hombre, acariciándole los labios con el hálito tibio de sus palabras — Gracias, mi valiente guardián, tu lealtad será recompensada.

Entonces, apartándose del caluroso tacto de su soldado, se volvió hacia los pobladores, disponiéndose a agradecerles por sus servicios, asegurándoles que sus sacrificios serían bien recompensados.“Sirvo bien a quien bien me sirve”. Entre reverencias, la congregación ovacionó su discurso; Hela, por su parte, se tomó el tiempo de acercarse sus súbditos, no había prisa, al menos no en aquel momento, debía mostrarse benevolente, debía brindarles un motivo para avivar la fe que tenían en ella. Lo cierto era que poco le importaba la adoración, pero sí las ventajas que podría sacar de ella.

Tan pronto como terminó, el líder de la comunidad le guio hasta una pequeña y acogedora cabaña, la mejor que tenían en su pequeña y rústica ciudadela, dispuesta exclusivamente para ella. Allí un par de mujeres se ocuparon de organizar las ropas que le habían confeccionado y prepararon un baño caliente. No era la primera vez que ella residía allí, así que todos estaban bien informados de cómo proceder. En tanto todo estuvo perfectamente dispuesto Hela les permitió retirase. Garm, quien hasta el momento le había seguido en completo silencio, se dispuso a retirarse también.

Quédate — Pronunció la diosa en tono condescendiente. No era una orden, era una invitación que bien podía rechazar si eso quería — Por favor.

La puerta se cerró tras las doncellas y el lobo permaneció allí plantado, expectante a su petición. La elección de quien había escogido para ser el recipiente de su más fiel soldado no había sido aleatoria. Yrian era el hijo de un gran general y una poderosa bruja, no conocía mucho de los hermanos del licántropo, pero sí estaba al tanto de que uno de ellos compartía un vínculo con Loki, su padre y, desde que estaba buscándolo, ese sería un buen lugar para comenzar.

Sin vergüenza alguna, Hela desató los lazos del vestido de ligeras telas que cubría su cuerpo y permitió que estas cayeran al suelo, quedando su cuerpo totalmente descubierto, entonces se dio media vuelta y se sumergió entre las cálidas aguas.

Tu madre oró para que intercediera por tu vida — Dijo al fin humedeciendo la esponja y procediendo a repasarla sobre su piel, disponiéndose a difuminar las manchas de tierra que tiznaban su clara tez —Yo le mostré la forma y ella estuvo de acuerdo… tú me has servido bien, te has mostrado efectivo, me has sido leal... pero sé que has pagado un precio por ello y quiero saber si estás de acuerdo, si es en verdad lo que quieres, quiero escucharlo de ti…



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Re: No soy una reina o un monstruo... soy la Diosa de la Muerte. (Privado)

Mensaje por Garm el Dom Mar 04, 2018 7:18 pm

Su mano acarició mi rostro elevando con tal gesto mi mirada que como estrellas resplandecientes en la oscuridad del caos brillaban ante la mujer que me convirtió en lo que era.
Me pedía me pusiera en pie, no me quería ver de rodillas, no ami, caminaríamos juntos hasta el fin de mis días. Mi lealtad era propia de la raza que ahora me ataba a la diosa. Fiel como el perro que las puertas de Hel guardaban me puse en pie enfrentándola.

Su frente cayó suave sobre la mía, como una etérea caricia. Su halo expulsado blanquecino por sus labios embriagaron mi boca que se entreabrió de inmediato dándole cobijo, ínfima la distancia cuando nuestras narices se rozaron.
Esto era lo mas cerca que había estado de una mujer en toda mi vida y me resultó imposible disimular como se alzaba entre mis piernas el acero que la llamaba como si ella pudiera ser mi vaina.
Avergonzado bajé la cabeza, ella era una diosa y yo conocía mi papel en esta historia.

Se alejo de mi dejándome vació de su calor, desde entonces y hasta que acabo de presentar su esencia a todos y cada uno de los pobladores de la aldea me mantuve en ese segundo plano que un perro ha de saber tener frente a un amo.
Fue entonces cuando la llevaron a una chozo preparada para Hela, allí podría descansar su cuerpo humano de las inclemencias.
Iba a retirarme cuando me pidió que me quedara, el por favor me hizo de nuevo lazar la mirada que mantenía gacha, pues me sonaba a que mi opción podía ser irme, mas como hacerlo si Hela, la que me dio la vida, me reclamaba.

Me quedé en pie mientras el resto de humanos abandonaban la estancia y pronto quedamos solos, lejos de indiscretas miradas, mis ojos se pasearon con descaro por un cuerpo curvilíneo, perfecto. Ladeé ligeramente la cabeza en un gesto muy lobuno atento a cada movimiento de la presa que ante mis ojos, desnuda quedaba, para sumergirse en las cristalinas aguas.
El amarillo radioactivo de mi mirada me delataba, el deseo por aquel cuerpo donde anidaba se hizo patente de nuevo en mi abultado pantalón.

Su pregunta me cogió de improvisto ¿quería conocer mi opinión? Carraspee intentando aclarar mi oscura voz plagada de deseo, ella no lo sabia pero yo nunca había estado con una mujer, en esencia primero porque mi enfermedad me ató al lecho y después ser Garm ejercía el miedo suficiente entre las norteñas para que mis relaciones no existieran.
-Agradezco que se me haya ofrecido esta oportunidad, no la defraudare -dije de nuevo bajando la mirada al suelo cuando la suya penetro en mis ambar.

No era eso lo que me preguntaba, sonrió por mi complaciente respuesta, pero me hizo saber que deseaba algo mas que eso, saber si era feliz siendo un licantropo.
-Mis sentidos han aumentado, soy fuerte, rápido, mortal, mi cuerpo ya no esta ligado a un dolor eterno, solo la luna llena fractura mis huesos y francamente me parece un paseo comparado con lo que ya he vivido. Si, el precio a pagar a valido la pena, demostraré a padre lo equivocado que esta conmigo.
Decia que ser el perro de Hela estaba mal, mas ¿acaso ser el mensajero de Loqui como lo era Brökk su primogénito y mi hermano, no lo estaba?


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Re: No soy una reina o un monstruo... soy la Diosa de la Muerte. (Privado)

Mensaje por Hela el Lun Abr 02, 2018 10:49 am

Buen chico, pensó.

Una sonrisa ladina que extendió sutil la curvatura de sus labios, exteriorizaba su satisfacción. Sus esferas avellanadas se centraron en el rostro del lobo mientras este le explicaba que la licantropía —condición que entre mundanos era considerada una maldición—, para él no había significado otra cosa que no fuera el alivio de una carga peor.

De lo que fue Yrian antes de convertirse en el recipiente de Garm, la diosa poco y más bien nada conocía pero, de ser sincera, tampoco le interesaban las memorias de un desahuciado mortal. Todo cuanto le concernía era el presente y, por supuesto, el hombre saludable que tenía en frente, ese que resguardaba en sus entrañas a la criatura más salvaje, cruenta y letal de todas las tierras nórdicas… su fiel sirviente, su guardián infernal.

Asintió a las palabras del licano sin que la expresión divertida que torcía sus facciones se desvaneciera, deslizando la esponja despacio por los recovecos de su nuevo cuerpo, disfrutando el contacto de la blanda superficie serpenteando la piel de la que ahora le pertenecía, dibujando provocadora el contorno esa sinuosa figura que encendía en áureo los celestiales orbes del hombre, quien, cuya mirada expectante, seguía el declive por sus pechos, su abdomen, sus piernas…

He de admitir que tu respuesta ha sido bastante satisfactoria, Garm — declaró, sin apartar sus intensos e infernales pardos de los refulgentes ámbares de su interlocutor. — Pero no por ello es acertada.

En un principio, Hela no se había desnudado ante lobo con segundas intenciones, para ella el cuerpo humano no era más que el vehículo que trasladaba su espíritu a través de la tierra y, por ende, debía limpiarlo, alimentarlo y cuidar en general de él; sin embargo, al percatarse de la reacción física que su desnudez provocó en Garm, la curiosidad de conocer qué otras sensaciones podría remover en su fiel súbdito la llevó a experimentar con ella.

No era la primera vez que rondaba el norte como mujer, había vestido ya otras formas en épocas anteriores y de ellas había aprendido que el cuerpo humano estaba lleno de secretos, aunque no todos agradables, mil y un placeres se escondían tras su piel y ella estaba más que dispuesta a accionar todos y cada uno de ellos.

Aunque es agradable el que te sientas cómodo con tu naturaleza, pero no es lo que te he preguntado — Apuntó poniéndose en pie, mientras las gotas de agua se resbalaban gráciles por sus elevaciones y dibujaban su curvilíneo contorno — Necesito saber si servirme es lo que en realidad quieres, el tiempo de consideraciones se ha acabado y lo que reclamo es tu completa lealtad —Colocó un pie fuera de la bañera, luego el otro. Para cuando el lobo reaccionó, le alcanzó una toalla para que se secara, Hela la recibió y procedió a rodear su torso con ella— Ninguna de las opciones que te ofrezco tiene vuelta atrás. Puedes quedarte y dominar esta tierra a mi lado o puedes salir por la puerta en busca de otra vida, quizá mejor o quizá no, de cualquier forma, no te quitaré lo que ya te he dado.

Hela se aproximó cadenciosa, plantándose a escasos centímetros de distancia, acunando entre sus manos el rostro del lobo delicadamente.

No debes temerme —Susurró reclinando su frente contra la ajena, acariciando el halo fantasmal de los labios del hombre con las palabras pronunciadas, mientras sus dedos reptaban por la barba que a él le poblaba las mejillas — Te doy esta noche para que lo pienses bien, si decides quedarte, mañana partiremos a Akershus temprano, si no, supongo que este es nuestro adiós, mi valiente soldado.

Antes de que Garm pudiese decir palabra, atrapó sus labios con los propios, acallándolo con un beso pausado y suave, depositando un pequeño mordisquito en el inferior antes de separarse. La diosa estaba dispuesta a soltar la correa de su mascota, pero era consciente de que, incluso aunque él quisiera irse, con la recompensa adecuada, no llegaría muy lejos antes de querer volver a los brazos de su ama. Hela era experta en el arte de manipular y, a pesar de que el aprecio que sentía por el lobo era sincero, no por eso él estaba exento de sus trucos y sus artimañas.

El libre albedrio es importante.



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Re: No soy una reina o un monstruo... soy la Diosa de la Muerte. (Privado)

Mensaje por Garm el Lun Abr 02, 2018 6:30 pm

Hela era una diosa y como tal se comportaba, pues no solo podía ver en su mirada lo complacida que se sentía ante las reacciones que a su perro le producía su nuevo recipiente, si no que complacida con ello se alzó de la tina con una delatadora sonrisa. Mis ojos se deslizaron por su tez, sintiendo envidia del agua que resbalaba por su piel.
Ladeé la cabeza en un gesto muy lobuno mientras sacaba un pie de la tina mostrándome su infinita pierna, mis labios se entreabrieron dejando escapar por ellos el pesado aire al tiempo que mis ojos ámbar recorrían el sendero peligrosos que ascendía hasta el monte de venus.

Cuando pude reaccionar tome una toalla tendiéndosela para que cubriera su desnudez, consciente de mi osadía bajé la mirada al suelo en clara señal de respeto.
Noté como la tela abandonaba mis dedos y una caricia etérea acompañó el gesto mientras atajaba la distancia que la separaba de mi cuerpo.
Elevé la mirada escuchando sus palabras, aseguraba que yo era libre para elegir permanecer a su lado o por ende, volver a mi casa con mi familia olvidandola a ella y su plan para conquistar la tierra aunque para que mentir, eso no me pegaba con la diosa que como hija de Loqui era capaz de dominar la cordura del mas aguerrido de los guerreros volviéndola voluble como la de un niño pequeño.

Acunó mi rostro con sus manos forzándome a mirarla, sus palabras cadenciosas como sus lascivos movimientos acariciaban mis labios entreabiertos, dejó caer su frente cansina sobre la propia mirándonos como cíclopes.
-No te temo.
Muchas eran las cosas que en mi despertaba la diosa, peor todas ellas se alejaban del miedo pese a que era evidente que Hela era el ser que mas asustaba a los norteños -Llevo enfrentándote toda un vida, no te temo.
Mis palabras eran ciertas, tantas veces pensé que me llevaba que consideraba mi hogar el mismo Hel.

Una noche para pensarlo, esa fue el tiempo establecido para una decisión ya tomada, pues en el fondo, madre me enseñó a ser agradecido, ella me había devuelto de algún modo la vida, era de razón que a ella se la ofreciera. Ulf me enseñó a ser inteligente y francamente Hela no era de las que aflojaban la correa, solo me daba un poco de cuerda para tirar de ella de ser necesario. Quería mi fidelidad y también mi libre albedrío.

Iba a responder cuando su boca atajó la distancia presionando mis labios con una caricia efímera, gruñí preso de las sensaciones que despertaban mi entrepierna y que enturbiaban mi razón, mi juicio y despertaban mi pasión.
Hela lo sabía y complacida elevó sus pardos al sentir contra su vientre mi verga caliente y enardecida.

Mi aliento golpeaba su nariz, mi pecho subía y bajaba violento rozando el ajeno mientras la diosa complacida miraba a su perro jadeando tan solo por una cercanía fantasmagórica.
Yo nunca había estado con una mujer, primero porque la enfermedad no me lo permitía, ahora porque el temor que infundía era suficiente para mantener a las mujeres lejos de mi lecho por fría que fuera la noche de invierno ¿sabría ella eso?
-¿Necesitas algo de mi? -pregunté con la voz ronca sin separarme de ella un ápice -mi diosa.




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Re: No soy una reina o un monstruo... soy la Diosa de la Muerte. (Privado)

Mensaje por Hela el Miér Mayo 02, 2018 6:52 pm

Hela enarcó ambas cejas y elevó ligeramente el mentón, ladeando las comisuras de sus labios en un gesto sagaz que silente respondió a la negativa de Garm. Él no le temía y lo aseveró, no sólo con el discurso sino con la gesticulación; después de todo, no eran muchos los seres que contaban con la osadía de mirarla directo a los ojos sin hesitación… incluso los más valientes guerreros preferían atravesar el propio corazón en guerra ante la idea de una posible eternidad en el Hel.

La verdad a ella todo el asunto le causaba una pizca de gracia, el inframundo no era tan inicuo como la cultura popular y la tradición oral se habían encargado de pintarlo, mas a ella la mala publicidad tampoco le molestaba. Ciertamente, tenía una reputación que mantener y para ser honesta, — y es que no tenía necesidad alguna de mentir— de haber escuchado la afirmación del lobo en boca de otro mortal, probablemente se hubiese tomado la molestia de hacerle cambiar de parecer.

Gozaba del temor que su nombre infundía entre los norteños, sobre ello se había cimentado la reputación que le precedía y si algo aprendió de sus varios milenios de existencia y las vagas lecciones instruidas por su infame progenitor, era que la única forma en la que podría ostentar verdadero poder sería a través del miedo. Siempre cabía la posibilidad del error, lejos se encontraba ella de ser perfecta, mas hasta entonces el truco le había funcionado bastante bien.  

Sin embargo, al escuchar de los labios del hombre que se plantaba frente suyo tan glorioso “no te temo”, lejos de sentirse desafiada tomó las palabras con complacencia. Yrian resguardaba la esencia de Garm, su guardián infernal, su más valiente y poderoso soldado… por supuesto no tenía nada que temer, no cuando en su interior portaba una pequeña parte del Hel, una pequeña parte de ella.

Las esferas, astronómicas y oscuras, de la diosa repasaron las perfectas facciones del más fiel de sus súbditos, descendiendo por los contornos del atractivo rostro humano hasta reposar en los labios que, entreabiertos y sutilmente temblorosos, dejaban escapar el cálido vaho que etéreo calcinaba los propios. Allí en silencio consideró las posibilidades.  Habían transcurrido alrededor de veinte años desde la última vez que poseyó un recipiente humano, por supuesto, no era la primera vez que lo hacía, así conocía bien los placeres ocultos en la tangibilidad de aquellos frágiles y perfectamente funcionales organismos, así como era consciente de cuán difícil era no sucumbir a ellos.

Incluso aunque los dioses podían sentir placer, en contraposición a la superioridad de su naturaleza, el de los humanos era y siempre sería carnal y por ende más intenso.

De hecho… hay más de una cosa que puedes hacer por mí, Garm — Susurró cadenciosa, provocativa, orillando su corporeidad a la del lobo, acariciando con sus palabras el halo fantasmal de los labios ajenos, deslizándole los delgados dedos de su mano entre barba para luego sumergirlos entre esos frondosos y desordenados cabellos castaños que le adornaba la cabeza — Hay mil y un cosas que puedes hacer por mi…

El tacto de la traviesa deidad se deslizó por el cuello del fornido guerrero y con él le dibujó el contorno de los hombros, trazándole el camino en declive por los brazos hasta alcanzarle las manos, grandes y masculinas, para finalmente envolverlas entre las propias, finas y tersas como la seda, con inmensa delicadeza. Contemplándolo con mirada incandescente, Hela, tras dejar que la toalla que rodeaba su torso se deslizara por su dermis hasta caerle a los pies, guio el camino de las palmas del lobo hasta su piel, ajustándolas a su cintura.

Afirmas que no me temes — enunció a ínfima distancia — Así que quiero que me mires como si lo dijeras enserio —Le depositó un mordisco en el labio inferior, encauzando con las suyas las manos opuestas que surcaron su sinuosa figura hacia sus pronunciadas cumbres — Que me toques como si lo dijeras enserio — musitó las palabras cadenciosas, orientando ahora el tacto del lobo en ascenso por su cuello, presionando contra su garganta hasta que las yemas de los dedos ajenos le palparon los labios — Por supuesto, en caso de que sea lo que quieres… pero algo me dice que sí lo es —  Admitió con una sonrisa rebosante de picardía, sintiendo como la erección de Garm presionaba contra su pelvis. — ¿Complacerás a tu diosa?



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Re: No soy una reina o un monstruo... soy la Diosa de la Muerte. (Privado)

Mensaje por Garm el Miér Mayo 02, 2018 10:24 pm

Cadenciosos sus movimientos iba orillándose contra mi cuerpo, no solo mi pesada respiración contra sus labios delataban el estado que albergaba mi cuerpo, si no también ese matiz ambarino que tomaban mis orbes dilatados lo suficiente como para que el iris quedara apenas transformado en un aro alrededor de la negra pupila.
Sus finos dedos se pasearon por los mechones de mi pelo no sin antes dibujar mi barba con delicadeza, era una mujer bella, sabía usar su cuerpo y las reacciones que en mi provocaba cada movimiento.
-Decidme pues, soy vuestro siervo -susurré sin apartar un ápice mi boca de la ajena.
Cada palabra era una promesa etérea, demasiado cerca para ser consciente de que había entrado en Hel y no había camino de vuelta.

Sus dedos ávidos de piel descendieron por mi cuello erizandome el vello, mis músculos se tensaron cuando los brazos fueron su camino y mis manos su destinos. Allí, como si solo fura un niño las tomo con las suyas, suaves, diestras, acariciando las asperezas de su guerrero forjado en armas y en acero.
Las elevó hasta su cintura, un gruñido instintivo y gutural escapó de mis adentros, esto era lo mas cerca que había estado de una mujer y cuando la toalla cayó en el suelo descubriendo aquel cuerpo perfecto un jadeó murió en su boca ansioso de adentrarse en sus confines.

Quieto, no pude mas que admirar tanta belleza, era obvio que quería continuar con aquello, mi bastarda golpeaba su vientre bajo dejando una mancha de liquido pre-seminal en la tela de mi pantalón que denotaba mi excitación.
Su sonrisa se ladeo complacida al darse cuenta de que me tenía a sus pies, y lo sabia.
-No te temo-repetí contra su boca cada vez mas perdido en su aroma y en ese roce de cuerpos que se buscaban y encontraban al mismo tiempo.

Mordió mi inferior, acto que bastó para que gruñera atacando de forma salvaje su boca, penetrando con mi lengua su defensas y dentro de la húmeda cavidad comenzando un duelo en el que no existía tregua, solo dos bestias combatiendo fieras.
Jadeos que escaparon de uno y otro mientras mis manos que había guiado por aquel camino de perdición dibujaban con rudeza cada borde y curva de su recién adquirido cuerpo, elevando sus dos montañas hasta l infinito, deleitándome del suave tacto de su piel y de como ella enloquecida parecía reaccionar complacida rozando su pelvis contra mi muy endurecida hombría.
-Yo nunca -gruñí en una pausa efímera pues su lengua salió a mi encuentro -yo nunca.. -gemí atrayendola de las nalgas mas contra mi cuerpo.

La diosa parecía decidida a no dejarme concluir la frase, peor ella era Hela y yo solo un mortal, uno que ademas jamas había complacido a una mujer.
Cerré los ojos y por un instante reposé mi frente en la ajena.
-Yo nunca he estado con una mujer -confesé avergonzado -yo no se...


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Re: No soy una reina o un monstruo... soy la Diosa de la Muerte. (Privado)

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