Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Me elevo en cada movimiento de tu sombra |Flashback| Privado

Mensaje por Lucille Reuven el Lun Ene 29, 2018 12:10 am

Solían pasar los fines de semana en la casa del campo de su familia. Era una costumbre que de niños tenían y que con el correr de los años se había tornado por demás necesaria, Lucille esperaba con ansias que llegasen los viernes a la tarde pues era el momento en el que partían en el carruaje para volver a París hasta el lunes por la mañana. El aire puro, los aromas propios de la siembra, la paz que allí había… nada podía compararse con el verdadero motivo por el que ella deseaba que llegasen los viernes y no se hiciera nunca lunes: Mathieu Savile. Mathieu y su familia trabajaban en el campo de los Reuven, su abuelo le aseguraba que estaban a cargo de la seguridad pero Lucille siempre los veía recolectando o reparando lo que se hubiese roto… es que todo lo hacían bien.

Si quisiera recordar cómo había comenzado la relación con el hijo mayor del matrimonio Savile, no podría. Todo había sido paulatino y natural, una charla un día, sonrisas en la noche… Y cuando quiso pensarlo ya eran buenos amigos, confiaban uno en el otro. Ah… Mathieu lo era todo para la jovencísima Lucille.


-Esta noche, en el molino –le dijo en voz baja cuando el muchacho se acercó a ella, aprovechando que su abuelo se había levantado un momento de la mesa de desayuno que compartían al aire libre-. ¡Hace tanto que no hablamos, Mathieu!

En verdad había pasado solo una semana, pero para ella eso era muchísimo tiempo. Una semana sin la risa de Mathieu, una semana sin sus frases o sus anécdotas. Cuando estaba con él se sentía muy viva, demasiado, y osada también pues terminaba haciendo cosas que jamás haría estando en su casa de París, como por ejemplo tomar ella la iniciativa de citarlo de noche en el molino.

Para la ocasión se estuvo preparando desde la tarde, incluso su abuelo y su hermano le halagaron el peinado en la cena, creyendo que le había pedido a Iena –una de las esclavas- que se lo hiciese especialmente para la comida que compartían en familia, pero no era así, ella solo pensaba en lucir bonita para Mathieu aunque él no reparase en aquellas cosas.

Escapar de su habitación nunca le era tarea complicada, su abuelo tenía el sueño muy pesado y su hermano dormía en el otro sector de la casa… Sin problemas ni demoras, Lucille salió al frío de la noche y, farol en mano, corrió –un poco por prisa y otro poco por miedo a esa inmensa oscuridad- hasta el molino.


-¿Mathieu? –lo llamó, un poco agitada, en cuanto ingresó. Colgó el farol en alto y se dispuso a buscarlo allí dentro-. Vamos, sé que estás aquí… Tú siempre llegas primero, ¿Mathieu? –Cuando lo vio no pudo evitar sonreír y, olvidando el recato que una señorita de familia importante como la de ella debía tener, Lucille se lanzó a abrazarlo.


Última edición por Lucille Reuven el Miér Feb 28, 2018 11:42 pm, editado 1 vez




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Re: Me elevo en cada movimiento de tu sombra |Flashback| Privado

Mensaje por Mathieu Savile el Miér Ene 31, 2018 3:10 pm

No sabría decir si resultaba asombroso o vergonzoso, que su madre le pasara el pulgar ensalivado por la mejilla cada vez que tenía una mancha. A su edad, sin duda, debía ser triste. Apartó el rostro con un gruñido.

Por el amor de Dios, mama.

Hoy verás a Lucille…

El muchacho arqueó una espesa ceja, su mirada tornó exasperante.

¿Y?

Y, dices… ¡Ya sabes! ─le propinó un codazo de complicidad al que Mathieu no respondió.

¿Realmente necesito volver a explicarte que tan solo es una amiga?

Pues no debería ser tan solo una amiga.

Desdeñoso, agitó la mano en el aire a la par que ponía los ojos en blanco y se marchó. La puerta crujió cuando la cerró tras de sí y el alba lo recibió. Era el mayor de los hermanos, más ágil que su padre y por lo tanto, el que antes se levantaba para trabajar y más tarde regresaba. No le importaba, nunca había conciliado el sueño bien. Sus evidentes ojeras incluso le hacían parecer más misterioso, y aquello sin duda, funcionaba con las mujeres. Aquello y su seductora melena negra. Su madre le había insistido en peinarle aquella mañana, como cada vez que Lucille se acercaba y él continuaba sin comprender el dilema. Ella era distinta, no era como el resto de las mujeres, era especial, era su amiga y algo mucho más a tener en cuenta que un encuentro de una noche. Lucille, siempre la acompañaría. Entre ellos existía una complicidad innegable; una mirada bastaba para saber que pensaban. Una mirada como la que Lucille le dedicó en aquel instante. El sol ya había hecho acto de presencia y la cambiante desayunaba con su abuelo frente al jardín. Mathieu se acercó ágilmente cuando este último se ausentó.

“Esta noche en el molino ¡Hace tanto que no hablamos Mathieu!”

Él asintió.

Sí, pero reduce tus expectativas, sabes que siempre soy una decepción.

Sus ojos se detuvieron en el color de su cabello un momento, siempre tenía dificultad para apartar los ojos de sus hilos de fuego. Le dio un golpe juguetón en el hombro cuando vio que se disponía a dar un sorbo en su desayuno. Su única intención fue hacer que el té se desbordara, para así, provocarla. Torció una sonrisa y se dio la vuelta cuando su abuelo regresó. No sabía que tenía con Lucille que le gustaba molestarla más que al resto, probablemente sería porque siempre respondía con una sonrisa y nunca, nunca se enfadaba. Una sonrisa se dibujó en sus labios, una sonrisa que permaneció durante el resto del día y de la cuál no se percató.

Cuando cayó la noche, las aspas del molino fueron su único cómplice. Deseaba haberle propinado un susto a Lucille, pero la muchacha lo vio en seguida. La sonrisa que había estado sujetando durante toda la jornada, se amplió de manera imposible. El cambiante, abrió los brazos de par en par y la recibió, arropando su cuerpecito con su gran estatura. La alzó del suelo con una carcajada desnuda y se empapó de su aroma. Se preguntó, por qué siempre, incluso en invierno, Lucille olía a verano. Aspiró con fuerza y permitió que sus pies volvieran a tocar la hierba, soltándola al fin. Tenía unas ganas inmensas de volver a abrazarla, pero tampoco quería pecar de empalagoso. Además, tenía una imagen que cuidar. Así que simplemente alzó una de sus grandes manos y le revolvió el cabello.

¿Qué tal mi pequeño minino? ¿Vas a maullar para mí? ─chinchó, pícaro. Pero pronto, su sonrisa se endulzó─. Te he echado de menos… ¿Recuerdas lo qué te dije la ultima vez que nos vimos? ¿No? ─. Enarcó una ceja, bromista─. ¿Cómo has podido olvidarlo? Te pedí que les dieras mi dirección a tus amigas y por aquí no ha pasado ni una sola fémina. Vamos, sin duda se te ha olvidado, sería imposible que mi aspecto sea la razón de que ninguna de ellas haya llamado a mi puerta.

Le propinó un suave empujón.

Pero eh, te perdono─. Cariñoso la instó a sentarse en el césped y pasó un brazo alrededor de sus hombros─. Vamos…Cuéntame, ¿qué tal ha sido tu semana en la alta sociedad? ¿Alguna novedad que deba saber? ¿Se te ha aparecido ya tu príncipe?


Última edición por Mathieu Savile el Dom Abr 08, 2018 2:15 pm, editado 1 vez




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Re: Me elevo en cada movimiento de tu sombra |Flashback| Privado

Mensaje por Lucille Reuven el Miér Feb 28, 2018 11:41 pm

Nada en esa vida se podía comparar a lo que los abrazos de Mathieu le hacían sentir. Estaba viva, todos los problemas de su familia quedaban temporalmente sepultados, sus alegrías se multiplicaban y la sonrisa jamás la abandonaba si estaba encerrada en el abrazo de él.

Y así como sus abrazos la elevaban y le hacían olvidar todo, Lucille volvía a la realidad cuando él la soltaba, sentía frío y angustia, la soledad más acuciante del universo todo. Lo necesitaba, lo necesitaba para siempre con ella y él no se daba cuenta de eso que tan importante era para Lucille. Si por ella fuera elegiría vivir para siempre en el interior de ese molino donde tan feliz era cada vez que podían encontrarse.


-¡No, Mathieu! –se quejó cuándo él le revolvió el cabello… ¡Si supiese con cuánto esfuerzo lo había peinado, pensando en si le gustaría o no a él! Pero ese gesto era cariñoso, y ella siempre aceptaría su cariño-. Vamos afuera, el cielo está hermoso y se ven las estrellas…

Salieron, Lucille por delante deseando que él apreciase los detalles que su vestido tenía en la espalda. Sabía que era en vano, los hombres jamás reparaban en esas cosas, pero a ella le gustaba pensar que él la juzgaba bonita, delicada. Quería que supiera que siempre se pondría su mejor vestido para ir a su encuentro, que siempre se peinaría con dedicación para él, pero no podía confesarlo… quedaría como una tonta y lo confirmó cuando él le preguntó por sus amigas.

-¡Nunca le hablaré de ti a mis amigas! –se enojó porque no podía entender que le pidiese algo así-. Eres mi amigo, solo mío, Mathieu. –Por un momento no midió lo que acababa de decir, pero cuando lo hizo, cuando repasó esas palabras en su mente, notó que se había puesto en evidencia y buscó la manera de enmendar su error-: Además no podría hacerles eso, ¿mira si se enamoran de ti? ¡Pobrecitas ellas! Tú serías pésimo como novio porque no sueles recordar las fechas especiales, tampoco haces muchos regalos y no sabes besar… ¿Quién te querría?

Ella. Ella, ella y ella. Lucille se moría por ser su novia, por tener con Mathieu una familia, pero no podía confesárselo a nadie. ¡Sería un escándalo! Lucille Reuven enamorada de Mathieu Savile, el hijo de los campesinos de su abuelo… No imaginaba siquiera lo que el viejo Reuven le diría si lo supiese, de seguro dejaría a los Savile sin el empleo de seguridad en los campos.

-Me aburro mucho en la capital –le dijo, disfrutando de su cercanía-. Quisiera vivir aquí con mi hermano y contigo.

Suspiró mientras observaba las estrellas y cayó en la tentación de recostarse sobre el césped para tener mejor vista.

-No hay ningún príncipe para mí, Mat. El muchacho al que quiero, al que me gustaría elegir, no me ve como yo desearía que me viera. Y si no es con él, yo no quiero comprometerme con nadie. En cuanto llegue el momento en el que mi abuelo arregle un matrimonio con alguien, algún hijo o nieto de sus amigos, yo le diré que quiero meterme en un convento. Con lo religioso que es estoy segura de que no me negará eso y así podré librarme de un matrimonio sin amor –se giró para observarlo. ¡Oh, cuánto lo adoraba!-. Como verás, lo tengo todo planeado. Lo único que tengo por seguro es que no me uniré a alguien que no ame, prefiero quedarme con Dios en ese caso.




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Re: Me elevo en cada movimiento de tu sombra |Flashback| Privado

Mensaje por Mathieu Savile el Dom Abr 08, 2018 2:18 pm

Provocar a Lu era sin lugar a duda su pasatiempo favorito. Mathieu dejó escapar una pequeña sonrisa ante el fastidio de la muchacha. Ah, pero también mordía, ¡y tanto que mordía! En menos de dos minutos lo puso a caldo. El cambiante elevó una espesa ceja, con los brazos cruzados sobre su pecho. En ocasiones, parecían meros niños, discutiendo sobre quién era mejor que quién, cual de los dos era más listo, más guapo… Se acercó a ella con fingido gesto de ofensa.

Ni si quiera sé de qué me hablas. Si es cierto que no deseo ser el novio de nadie, pero si deseara serlo, ¡sería perfecto! Tienes razón, no recuerdo fechas, ni soy especialmente detallista, pero besar… ─Su voz bajo una octava─. ¿A qué diablos te refieres? Ni si quiera sabes cómo es mi forma de besar. Puedo hacer que lo compruebes, apuesto mi paga mensual a que te fallarán las rodillas con tan solo un roce.

Por supuesto, estaba bromeando, pero su calurosa carcajada quedó en el olvido cuando la expresión de ella no se sincronizó con la suya. El cambiante comprendió o quiso no hacerlo, tan solo supo, que por un momento no halló palabras para rematar la broma. Agitó el rostro, dejando la conversación de lado y escuchó lo que tenía que decir mientras se dejaba caer sobre el césped.

No digas bobadas…En la capital siempre hay más cosas que poder hacer…Mas amigos, situaciones interesantes…Piénsalo de ese modo. Si vivieras cerca de mi constantemente, te acabarías hartando de mi presencia.

Juguetón, tiró de la parte trasera de su vestido y la obligó a echarse junto a él en el césped.

Mira las estrellas, ¿ves cuantas hay? Lo mismo pasa con las personas, no te cierres en una sola, siempre hay otra que será más brillante que la anterior. El mundo no es blanco y negro, es de colores, así que no seas tan drástica Lu…Monja… ¡Habría que verte! Me tendrías en la puerta del convento burlándome de tu atuendo día y noche. No querrás que eso suceda, ¿verdad? ─apoyó la mano sobre su cabeza que descansaba en el césped, como felino al que acaricia mientras daba suaves golpecitos sobre su coronilla─. Y en cuanto a aquel que deseas… ¿Cómo es que no me hablaste de él nunca? ─Dejó escapar un corto suspiro, echándole un rápido vistazo, parecía estar luchando con sus palabras─. Sé que no tiendo a colmarte de buenos halagos, aunque espero que sepas que tan solo estoy jugando. Ya sabes que soy muy irónico…Pero eh, si a ese hombre no le interesas, es porque no tiene ojos, y probablemente tampoco tenga cerebro…Lucille, eres una chica fantástica. Estoy seguro de que ni si quiera le has confesado tus sentimientos. Deberías hacerlo, es mejor que quedarse callada. Quizás te sorprenda. Además, ¿quién podría resistirse a tu rostro de niña buena? ─Volvió a revolver su cabello─. Seguro que acepta… Pobre incauto, no sabe lo que se le viene encima…

Con su blanca sonrisa a la vista, cruzó los brazos tras su cabeza, imaginando con cierto humor a su amiga desempeñando el papel de esposa y madre. Había algo realmente reconfortante en aquella idea.

Da el primer paso, quizás ni si quiera se haya percatado de que le gustas…O sino, siempre puedes pedir un deseo a una estrella fugaz.

Los sembradíos se iluminaron por un momento, cuando una de aquellas lumbres suicidas cruzó el cielo en un parpadeo.





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Re: Me elevo en cada movimiento de tu sombra |Flashback| Privado

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