Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



NIGEL QUARTERMANE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
AMANDA SMITH

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
BÁRBARA DESTUTT DE TRACY

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
LOREENA MCKENNITT

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP


RYLEY ENDE

MODERADOR

ENVIAR MP
GIULIA AREZZO

MODERADORA

ENVIAR MP
NICOLÁS D'LENFENT

MODERADOR

ENVIAR MP
KALA BHANSALI

MODERADORA

ENVIAR MP
LADISLAV PEKKUS

MODERADOR

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

MODERADOR

ENVIAR MP

CLIMA


Espacios libres: 00/45
Afiliaciones élite: cerradas
Última limpieza: 16/01


COPYRIGHT/CRÉDITOS

En Victorian Vampires valoramos la creatividad, es por eso que pedimos respeto por el trabajo ajeno. Todas las imágenes, códigos y textos que pueden apreciarse en el foro han sido exclusivamente editados y creados para utilizarse únicamente en el mismo. Si se llegase a sorprender a una persona, foro, o sitio web, haciendo uso del contenido total o parcial, y sobre todo, sin el permiso de la administración de este foro, nos veremos obligados a reportarlo a las autoridades correspondientes, entre ellas Foro Activo, para que tome cartas en el asunto e impedir el robo de ideas originales, ya que creemos que es una falta de respeto el hacer uso de material ajeno sin haber tenido una previa autorización para ello. Por favor, no plagies, no robes diseños o códigos originales, respeta a los demás.

Así mismo, también exigimos respeto por las creaciones de todos nuestros usuarios, ya sean gráficos, códigos o textos. No robes ideas que les pertenecen a otros, se original. En este foro castigamos el plagio con el baneo definitivo.

Todas las imágenes utilizadas pertenecen a sus respectivos autores y han sido utilizadas y editadas sin fines de lucro. Agradecimientos especiales a: rainris, sambriggs, laesmeralda, viona, evenderthlies, eveferther, sweedies, silent order, lady morgana, iberian Black arts, dezzan, black dante, valentinakallias, admiralj, joelht74, dg2001, saraqrel, gin7ginb, anettfrozen, zemotion, lithiumpicnic, iscarlet, hellwoman, wagner, mjranum-stock, liam-stock, stardust Paramount Pictures, y muy especialmente a Source Code por sus códigos facilitados.

Licencia de Creative Commons
Victorian Vampires by Nigel Quartermane is licensed under a
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en http://www.victorianvampires.com




El cónclave de los lobos (privado)

Ir abajo

El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Sahale Dasan el Mar Feb 06, 2018 8:35 am

“Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte.”


Randulf no era menos, creía tener a los dioses de su parte, Loqui, dios del engaño, del caos. Hela, diosa de la muerte, millones de hermanos había enviado a llenar sus arcas de almas.
Yo no procesaba la misma religión que mi difunta esposa, creía en los espíritus, en mis ancestros, era un indígena que se enamoró y acabo batallando en una guerra que no le pertenecía pero que tras la llegada de mi hijo, futuro alfa de la manada, se convirtió en mía.
Nosotros luchábamos por la libertad, esa que Randulf parecía dispuesto a arrancar a los bravos guerreros norteños.

Escuchaba a la manada de vikingos hablar de sus dioses con pasión, sin embargo a mi me precia que jugaban con ellos, que la partida era encomiable y que se divertían observándolos desde Asgar.
Todo en nuestros bosques se complicaba, al parecer Randulf y su nuevo plan maestro pasaba por matar a todo futuro heredero a líder de las distintas manadas fieles a Höor, era su modo de quebrar a los lobos y el norte con ellos, dejar a Höor, la esperanza del norte aislada.

No dudé, aquella noche pasando por encima de mi hijo na capa para ocultarlo emprendí camino hacia Akershus, volvería a morir por los míos, pero no se llevarían al valhalla a un niño que apenas podía sujetar la espada.
Mi hijo era fiero, quería enfrentar con su corta edad a los peligrosos guerreros, pero mi negativa fue suficiente para acallar sus replicas con cierto disgusto.
Era valiente como su madre, con el espíritu ingobernable de su padre, por eso algún día seria un gran líder, pero para eso tenia que llegar a adulto y si lo dejaba en mis bosques no lo haría.

Lo pondría bajo la tutela de Höor, lo conocía, era un gran hombre, sabia que entendería la desesperación de un padre pues si algo compartíamos era eso, nuestro afán por mantener a nuestra descendencia a salvo hasta que ellos alzaran el acero como hoy por ellos lo hacíamos nosotros.
Al alba alcancé las grandes puertas de la fortaleza, los soldados de las almenas llamaron al conde Cannif, mi visita podía ser inesperada aunque algo me decía que no así el problema que traía en mis alforjas.



avatar
Sahale Dasan
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 27
Puntos : 22
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 16/06/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Eyra el Dom Feb 25, 2018 11:13 am

Había pasado un par de meses desde que habíamos podido volver de Japón con aquella maldita flor que nos costó demasiado dar con ella, no fue tan fácil como pintaba en un principio y tuvimos que sortear imprevistos y dificultades que solo ese bosque maldito nos puso a prueba para que nos volviéramos locos, o al menos algo más locos de lo que ya estábamos para esos entonces. No fue fácil pero al final conseguimos volver a la fortaleza donde mi hermana, ya casi sin fuerzas porque el demonio había casi tomado parte de su cuerpo causando estragos no solo con ella sino en el lugar, pudo librarse del demonio de su interior para que no fuera una amenaza para nadie. Sabía que si había aguantado tanto fue por la ayuda del cambiante que se quedó junto a ella en los días en los que yo no estaba a su lado, tampoco era una ciega ni una necia para no ver que ella a diferencia de mí había comenzado a echar pequeñas raíces en Akershus. Eso no quería decir que no echara de menos su hogar y que no quisiera recuperarlo, pero el conocer al cambiante sí había influido algo y yo no pensaba meterme en lo que pudieran llegar a tener si es que lo tenían, pero yo no olvidaba la afrenta que nos hizo Randulf y cómo se encargó de destruir mi hogar hasta que no pudimos hacer otra cosa que retirarnos a Akershus, mi pueblo permanecía allí y las aguas se habían calmado bastante para esos entonces gracias a que mi hermana ya no llevaba a ese demonio en su interior, pero no olvidaba tampoco mi hogar y mis ansias por recuperarlo no conocían parangón. Estaba demasiado cabreada por tener que abandonar el lugar el cual me vio nacer y crecer como para siquiera olvidarlo, algún día tomaría de nuevo Hedmark y la alzaría de sus cimientos que Randulf se había encargado de reducir a cenizas, no dejaría que mi ciudad cayera en el olvido nunca y ya me encargaría de que eso no pasara y de que se alzara de nuevo. Pero debía de ser paciente y eso era algo que no iba conmigo demasiado, lo cierto es que no era una virtud que poseyera y la impaciencia me podía en muchos sentidos, así que solo me quedaba esperar. Tras nuestra llegada a las pocas semanas comenzamos a recibir la llegada de algunas manadas de las que Höor me había hablado, aquellas con las que tenía un pacto de no agresión y ataque por parte de ambos. Al parecer Randulf quería decapitar la cabeza de todas los miembros para no dejar líder alguno, si no tenían alguien que los liderara podían perder esa alianza con el conde y él podría atacar para no solo eliminar enemigos, sino seguramente también convencer a algunos miembros de que se unieran a su causa.

La ciudad y la fortaleza se había visto invadida por los miembros de las manadas que llegaban tras los ataques del ejército de Randulf masacrando no solo a sus gentes, sino que destruyendo sus hogares y llegaban allí en busca de un lugar donde poder quedarse y protegerse igual que había hecho yo con mi pueblo. Dado que ahora era la condesa de Hedmark y mi alianza con Höor había sido pactada en pos de un objetivo común, no es que tuviera voz y voto en lo que acontecía en Akershus, pero sí estaba presente en las reuniones que se hacían ya que estábamos todos a una, ya no se miraba de dónde venías sino que todos éramos uno y eso era lo que importaba realmente. Había una reunión que había sido convocada de urgencia ante la llegada masiva de las distintas manadas, había dejado el entrenamiento a medias y sin siquiera cambiarme en cuanto me avisaron guardé la alabarda y me dirigí a la sala donde se celebraría dicha reunión, quizás para reubicar a la gente o no sabía muy bien para qué pero yo también tenía derecho de estar al tanto. Dicha reunión fue algo más informativa sobre cómo poder organizarnos en Akershus ya que parecía que el lugar empezaba a quedarse algo pequeño para todos los que llegaban, así que lo mejor era distribuir a todos los que allí vivían para una mejor organización. Nos veíamos algo desbordados por la llegada de las manadas y a cada uno para repartir las tareas se nos encomendó atender a cada una de ellas, ayudarlos en todo lo que pudiéramos y distribuirlos. Aquello me serviría como aprendizaje para futuras ocasiones cuando recuperara Hedmark, para ser esa Condesa que todos necesitaban dejando a un lado la guerrera que era y el carácter que tenía, admitía que no era nada fácil para mí hacerlo pero no quería decepcionar sobre todo a mí padre, así que cargada con la alabarda que siempre llevaba conmigo bajé cuando uno de los líderes mandó llamar al Conde quien, ocupado con otros menesteres no podía atenderlo y debía de proporcionarle aquello que necesitara. Estaba al cargo de ellos de alguna forma así que bajé hasta los portones de la fortaleza donde mis ojos se fijaron en la figura que estaba parada tras estas, un hombre alto de piel morena y bronceada montado sobre su caballo que esperaba la llegada del conde, pero contra todo pronóstico la que lo atendería en esos momentos sería yo. En cuanto lo vi supe a ciencia cierta que no era un norteño como el resto, su piel destacaba sobre la de los demás y enarqué levemente la ceja hasta que me quedé frente a él observándolo.


-Habéis pedido hablar con el conde pero no puede atenderos en estos momentos, me llamo Eyra y soy la encargada de ayudaros en todo lo que necesitéis así también como dar cobijo a tu pueblo y ubicarlo en la fortaleza –no iba a explicarle los motivos por los que iba yo y no el conde, cuando él pudiera se acercaría para hablar con todos y conocer así la situación en mayor profundidad. Hice un gesto para que me acompañara dentro de la fortaleza esperando ver al resto de su manada, pero no había nadie con él como si fuera el único superviviente aunque portaba una manta en sus brazos de donde pude ver un pequeño brazo, de piel morena, que supuse debía de ser su hijo- ¿buscáis asila para vuestro hijo? ¿Dónde está el resto de vuestra manada? –Me parecía un poco extraño que solamente hubiera llegado a las puertas él solo portando a su hijo pequeño en brazos, lo cierto es que yo no era demasiado dada a los bebés a diferencia de mi hermana Thyra, mis ojos bajaron hasta el bulto donde tenía a su hijo envuelto en mantas y luego los subí a él- ¿Y bien? –Pregunté esperando una respuesta, juraba que hacía mi mejor intento por controlarme aunque a veces me costaba, pero cuando recuperara mi hogar cosas así son con las que debería de lidiar como futura condesa.



Du skulle ønske du var død før hun kom:







Krigere:

avatar
Eyra
Humano Clase Alta
Humano Clase Alta

Mensajes : 42
Puntos : 37
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 15/09/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Sahale Dasan el Dom Feb 25, 2018 1:38 pm

Esperaba al conde y en su lugar apareció una morena que se presento como Eyra y que la parecer seria quien acomodaría a mi gente, pues el conde no podía ocuparse en este instante de mi personalmente.
Mi hijo dormitaba entre mis brazos lo que me llevo a tras mirarlo enarcar una ceja hundiendo en ella mis lobunos ojos.
-Vas a decirle a Cannif que es urgente, soy consciente de que Akershus se encuentra desbordado, todas las manadas venimos en busca de esperanza a esta ciudadela. Lo que porto entre mis brazos es futuro, el líder de la manad,a el muchacho que lidiará con sus hijos ¿de verdad no es eso lo suficientemente importante como para que Höor Cannif no acuda en persona a recibirme? -pregunté elevando la voz hasta que esta retumbó entre los muros.

Fue entonces cuando sentí una mano en mi hombro, ladeé la sonrisa girándome y pronto nuestras frentes chocaron en un gesto afectuoso.
-Tu amiga me decía que no podías recibirme -dije ladeando la sonrisa.
-Es la condesa, su padre era uno de los grandes -dijo Cannif -se que corren tiempos difíciles para las manadas, peor en Akershus encontrareis una casa, estoy doblando las defensas y he mandado cazadores a por presas, necesitamos mas alimento y con el grano que hay no podríamos todos aguantar el invierno. He mandado a Eyra para que os acomoden las casas que hemos podido disponer, lleva a tu pequeño a palacio, allí están mis hijos, la nana se ocupará de él. Eres mi invitado, ponte cómodo, siempre habrá un sofá para que aposentes tu culo peludo -bromeó antes de estallar ambos en carcajadas.

El conde se marchó, Ulf lo esperaba pues ambos estaban disponiendo los víveres de Akershus, así que ahora si, me centré en la joven condesa de la alabarda.
-Te ayudaré en lo necesario, es mi gente y no estaré tranquilo hasta que estén acomodados, vienen ancianos que necesitan pasar por enfermería, mujeres exhaustas con sus hijos en brazos...

La doncella no parecía muy ducha en estos temas, seria me miraba como si esperara algo mas de mi.
-Sahale, mi nombre es Sahale y es cierto, no hemos empezado con buen pie, pero llevamos viviendo en Hel desde hace ya demasiado tiempo y la paciencia nunca ha sido mi virtud.





avatar
Sahale Dasan
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 27
Puntos : 22
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 16/06/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Eyra el Miér Mar 21, 2018 6:23 am

El hombre de piel morena que tenía frente a mí no es que pareciera que venía de dar un simple paseo hasta llegar a las puertas de Akershus, sino más bien, parecía que había pasado por mucho para poder lograr acercarse a las puertas de la ciudad en busca de asilo, igual que yo había cruzado esas puertas hacía unos meses con el mismo objetivo, tras una lucha en la que había perdido no solo mi hogar, sino también a mi padre quien pensó que yo era la merecedora de ocupar su lugar y continuar con su legado, guiar a nuestra gente como él lo había hecho durante todos aquellos años hasta que Randulf nos tuvo que declarar la guerra y no paró hasta que no quedó mucho de lo que una vez fue mi hogar. Reducido a cenizas había quedado Hedmark, aunque esperaba en un futuro cuando todo acabara poder realzarlo y que pudiéramos vivir allí como padre habría deseado, no es que estuviera demasiado familiarizada con el hecho de dirigir a un pueblo y lidiar con los problemas que eso acarreaba, todavía me quedaba mucho camino por recorrer y lo cierto es que apenas estaba empezando a aprender. Estar en Akershus solo era por un tiempo en concreto, algo temporal porque mi pensamiento era volver en cuanto nos fuera posible y recuperar nuestro hogar. Aparte de eso cada vez eran más los que llegaban pidiendo por ayuda y asilo a la fortaleza, más y más gente se agolpaba en sus puertas con la esperanza de que los ayudáramos en aquella masacre que estaba haciendo Randulf últimamente. Sabíamos que pronto llegarían más refugiados y por eso nos habíamos distribuido las tareas, algo que me ayudaría a manejarme con ello porque quizás en un futuro yo también tuviera que hacerlo en Hedmark por lo que la práctica no me venía nada mal. Aunque no estaba acostumbrada a tratar con la gente, al menos, de esos temas y mi carácter no es que ayudara demasiado en esos momentos porque era como el fuego que se prendía con la más mínima de las llamas, aunque debía de intentarlo por la gente que llevaba a mis espaldas y que ahora dependían de mis decisiones para continuar con vida... era un peso demasiado grande como para soportarlo de golpe pero si algo quería era demostrarle a mi padre, que estaría sentado junto a Odín en el Valhalla, que había sido sabia y acertada su decisión de ponerme al mando.

Mis ojos recorrieron al hombre mientras apoyaba la alabarda en el suelo fijándome en que traía en sus brazos a su hijo pequeño, Höor nos había mandado para que nos ocupáramos cada uno de reubicar a las manadas para organizarnos y a mí me había tocado ayudarlos a ellos. Había pedido hablar con el conde pero este todavía no podía bajar y yo no le dije en ningún momento que no lo vería, simplemente que no en ese momento. Claro que sabía por el infierno que habrían debido de pasar para llegar hasta allí, hacía unos meses yo estaba en su misma situación y entendía que quisiera poner a salvo a su familia y a su manada igual que yo quise poner a salvo a mi gente, fui a abrir la boca para contestarle cuando su voz se alzó más de lo necesario pero la llegada del conde fue lo que hizo que me callara porque habló antes que yo. Frente a ellos y como si fuera una estatua que no se movía y no pronunciaba palabra alguna contemplé el intercambio que tuvieron explicándole lo que yo ya le había dicho: que sería yo quien le ayudara a ubicar a su manada. Mi mano se cernió con fuerza sobre la alabarda, cabreada con el hecho de que me hubiera tomado por una mentirosa y que no me hiciera caso en mis palabras cuando había tratado de buenas maneras al hombre que había venido en busca de ayuda. ¿Y eso se suponía que debía de aguantarlo? Y una mierda, me había prestado a ayudar porque yo también precisaba de quedarme en Akershus, pero las afrentas no es que las llevara demasiado bien y fue cuando iba a girarme y a largarme para dejarles a ellos solos y que ese maldito hombre se ocupara él solo de sus asuntos cuando el conde le dijo que yo la ayudaría a instalarse, no me faltó más que una mirada de su parte para hacerme saber que en cierto modo sabía qué pretendía hacer, al alejarse su mano se posó en mi hombro y me hizo un gesto como si pretendiera decirme “es tú oportunidad”, oportunidad para demostrar que merecía llevar el medallón que me constaba como la condesa. Mi vista se fijó en el moreno que sin duda no parecía que fuera de nuestras tierras pues su color de piel distaba mucho de las de los demás, y solo cuando supo –o más bien le volvieron a decir lo mismo que yo le había dicho en un principio- que me habían mandado para ayudarlo fue que pareció creérselo como si antes no sopesara la opción de que yo lo guiara. Alegó que me ayudaría en lo necesario dado que era su gente, que algunos necesitaban de ir a la enfermería, descanso pues llevaban a sus hijos en brazos... igual que había pasado cuando tuvimos que partir nosotros de nuestro hogar. Lo miré, impertérrita, cuando terminó como si no me fuera suficiente y entonces se presentó, decía que llevaba tiempo viviendo en Hel y eso me hizo soltar un pequeño y corto murmullo sarcástico por ello, como si no supiera por lo que había pasado. También que no habíamos empezado con buen pie y no lo ponía en duda ya que estaba totalmente acertado, así como que la paciencia no era su virtud.


-Vaya algo que tenemos en común, que ninguno tenemos paciencia –dije aunque más bien pretendía ser mordaz con mis palabras porque no, no llevaba bien las afrentas y como ya había dicho la paciencia tampoco era una de mis virtudes. Mi carácter era demasiado explosivo para ese tipo de cosas, no medía ni controlaba aunque tendría que aprender a hacerlo- no eres el único que lleva tiempo viviendo en Hel –porque eso, para mí, no era una excusa- sígueme –dije sin más dando media vuelta y comenzando a andar hacia el lugar que habíamos habilitado para su manada, habíamos hecho lo que podíamos con lo que teníamos porque cada vez llegaba más y más gente, el lugar comenzaba a ser pequeño para todos los que éramos. Lo llevé hasta la zona habilitada para ellos donde disponían de casas para su manada, no sabíamos cuántos eran exactamente pero esperaba que bastara para todos- este es el lugar donde os quedaréis, espero que sea suficiente para tu manada, la enfermería también está algo llena pero hemos habilitado un lugar donde puedan atender a vuestros heridos –seguí andando hacia más adelante donde había otro pequeño espacio donde Helga, una de las curanderas que había llegado con nosotras de Hedmark, preparaba todo lo necesario. Atravesé la tela para comprobar que todo estuviera en orden y listo, varias camas, gasas, vendas, y demás utensilios para sanar las heridas. Cuando me vio entrar por la puerta Helga se acercó hasta donde yo me encontraba- Helga, él es Sahale y es el líder de la manada que se va a quedar aquí, ¿tenéis todo preparado? –Pregunté mientras ella me contaba que había reunido a un grupo de personas para poder ayudarlos y que tenían el material necesario- Helga es una de las mejores que tenemos y además también es hechicera, ella atenderá a vuestros heridos... te aseguro que estarán en buenas manos –me despedí de ella asegurándole que si necesitaba algo me lo hiciera saber, salí al exterior y miré al hombre que tenía frente a mí- como te ha dicho el conde os ayudaré en lo que pueda, deberías de llevar a tu hijo al interior mientras nos encargamos de ayudaros, te será más cómodo y fácil. Te esperaré en el portón cuando estés listo para el traslado –con una última mirada me alejé dirigiéndome hacia la puerta para disponer todo en lo que él dejaba a su hijo en palacio. En esos momentos necesitaba un buen entrenamiento, descargar tensión y adrenalina, suprimir lo que sentía porque no me acostumbraba a todo eso, pero era lo que se tenía que hacer.



Du skulle ønske du var død før hun kom:







Krigere:

avatar
Eyra
Humano Clase Alta
Humano Clase Alta

Mensajes : 42
Puntos : 37
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 15/09/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Sahale Dasan el Miér Mar 21, 2018 8:59 am

Enarqué una ceja ante su sarcástica sonrisa, al parecer según ella no era el único que provenía de Hel.
-Para ser la que va a guiar a mi pueblo, cansado, herido y hambriento tu comportamiento deja mucho que desea, Höor dice eres una condesa, peor yo solo veo en ti a una guerrera incapaz de despegar su nariz de su culo pues solo ve el dolor propio y le es indiferente cuantos niños mueren mientras tu y yo discutimos.

La dejé hablando sola mientras caminaba con mi pequeño cansado en brazos rumbo a la enfermería, esta no tardo en corregir mi camino, según ella habían abierto una casona con camas y algunos curandero que tratarían nuestras heridas, no habíamos empezado con buen pie, tampoco es que lo necesitara, sabía que Höor estaba desbordado, por eso perdonaría que me hubiera traído a esta como guía, tenia menos tacto que las mujeres de Randulf.

Me presentó a la enfermera hechicera que se ocuparía de los enfermos mas graves, pronto empezó el reparto de mantas, varias familias se alojaban en la misma casa, no había espacio para mas, el problema lo tenían todos los bosque fronterizos, Randulf pretendía asfixiar Akershus. Cuando la comida escaseara acabaríamos mordiéndonos los unos a los otros y Höor no era tan necio como para no haber pensado en eso.
Esto solo podía ser una solución momentánea.

Pasaron horas hasta que mi gente estuvo instalada, estaba cansado, mi rostro reflejaba la tensión y mi hijo ya dormía placido sobre un lecho compartido con otras dos niñas que sollozaban asustadas porque no encontraban a sus padres.
Solo entonces me reuní con la condesa, ella me esperaba con esa cara de pocos amigos que se gastaba, al alzar la mirada parecía preguntarme si ya había terminado de instalar a los míos.
-¿Donde esta el conde? -pregunté sin darle respuesta.

Esta frunció el ceño, tenía claro que era ella la que me iba a ayudar en mi estancia allí, pero ..gruñí dejando escapar el aire.
-Sois conscientes de que si Akershus sigue abriendo sus puertas a las manadas como la mía, pronto se acabaran los víveres y acabaremos devorándonos unos a otros...Randulf esta haciendo esto ademas de para doblegar las manadas y enfrentarlas contra Höor en el caso de que cierre sus murallas. Mas si Höor nos acoge, el final era una Akershus débil, sin alimento ,doblegada que podrá ser atacada..

No me gustaría ni de lejos estar en sus botas, la vikinga me miraba con fijeza, como si meditara la veracidad de mis palabras.
-sabes que tengo razón ¿que plan tenéis?







avatar
Sahale Dasan
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 27
Puntos : 22
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 16/06/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Eyra el Lun Abr 16, 2018 11:53 am

Aquel hombre que tenía frente a mí francamente me sacaba de mis casillas por completo, era imposible que no me enervara o que la furia no se apoderara de mi cuerpo por más que intentaba calmarme... pero es que él tampoco hacía mucho para que eso no pasara y lo que había empezado para calmarme se había ido al traste cuando aquel hombre decidió que no era la mejor persona para ayudarlo a guiar a su pueblo, se atrevió incluso a decirme qué era lo que debía de hacer y lo que me pasaba como si él supiera por algún mínimo segundo todo lo que había tenido que soportar y tragar para llegar donde estaba, para estar en la misma jodida situación en la que él se encontraba mientras nos refugiábamos en Akershus devastados por lo que Randulf había causado en nosotros obligándonos a retirarnos todos a la fortaleza buscando una ayuda para nuestro pueblo, para salvarlo y que estuvieran fuera de todo el peligro que ese hombre loco representaba. Estaba convencida de que al lobo no le gustaría demasiado que yo fuera quien lo guiara, pero es lo que le había tocado y aunque para mí era tampoco un plato de buen gusto intentaba todo lo posible sacar ese lado que debería de tener, esa parte que era propia de un Conde y que se debería de corresponder con mi título pero ese hombre me lo estaba poniendo demasiado complicado. Había mejorado desde que mi padre, en su último aliento, me había entregado el medallón, había cambiado ciertos aspectos y actitudes que como condesa no debería de tener... pero ese maldito licántropo parecía encontrar las palabras adecuadas, el botón donde presionar, para sacarme de mis casillas y hacer que mi ira fluyera por todo mi cuerpo incapaz de contenerme.

Apreté con fuerza la alabarda entre mis manos mientras él se dedicaba a despotricar contra mí como si tuviera el derecho de hacerlo, como si en aquel momento en que lo estábamos ayudando se diera el lujo de decirme sin conocerme de nada que no veía más allá de mí misma, juzgándome sin conocerme en absoluto porque qué sabría él de todo lo que había pasado yo para llegar a esa situación. Me cabreó sobre manera que me dejara con la palabra en la boca y que se largara con su hijo en brazos hacia donde Helga atendería a los heridos, también me cabreó que necesitara de la propia palabra de Höor para creerse que yo podía ayudarle despreciando la ayuda que yo le iba a prestar en esos momentos, asumiendo un rol que como Condesa debía de aceptar porque situaciones como esa era a lo que me tocaría enfrentarme cuando volviera a mi hogar, tomar elecciones difíciles y complicadas que marcarían el sino de muchos, todo por una simple decisión.

Mis nudillos su tornaron blando por la fuerza con la que estaba apretando la alabarda, apreté también la mandíbula y cerré los ojos buscando una calma que en ese momento ese hombre no me estaba dando bajo ningún concepto y finalmente me acerqué a la tienda de campaña para ayudar con el traslado de su pueblo reubicándolos. Akershus estaba lleno de gente y había poco hueco para distribuirlos a todos por lo que muchos debían de compartir el lugar donde quedarse, repartimos mantas, alojamos a las familias, acompañamos a los heridos para que Helga los curara hasta que todos estuvieron ubicados y seguros. Todos estábamos cansados tras alojarlos a todos porque era un proceso largo que llevaba sus horas, me aseguré de supervisar que todos estuvieran ya instalados mientras sentía que necesitaba descargar tensión y energía, ese hombre sacaba lo peor de mí aun cuando yo hacía el intento por controlarme, por no dejarme llevar por mi impetuoso genio, uno que estallaba rápido al tener la mecha corta. Quería terminar con aquello para largarme así que miré al lobo, sin demasiadas ganas por no decir ninguna, en lo que se acercaba hasta que finalmente se paró frente a mí. Mis ojos buscaron los suyos para que hablara rápido, no tenía ganas de seguir aguantando sus desfachateces y que despreciara lo que estaba haciendo por ellos aun cuando no me tocaba nada de ellos, eran completos desconocidos. Gruñí cuando me preguntó de nuevo por Höor, como si el hablar conmigo ya que estaba a mi cargo no fuera suficiente.


-Está ocupado –fue la escueta y seca respuesta que le di mientras esperaba que con eso fuera más que suficiente, me gruñó pero sinceramente intenté pasar de ello y justo cuando iba a moverme fue que habló sobre una situación que ya teníamos en cuenta: muchos refugiados, poca comida. Escuché sus palabras y lo que decía, un problema que nos habíamos percatado mucho antes que él- vaya, ¿quién es el que mira ahora por sí mismo? –Pregunté mordaz aunque no esperé a que me contestara pues hablé con rapidez- Höor está solucionando ese problema, somos conscientes de que somos muchos y que Randulf nos está cercando cada vez más, que pronto si no ponemos solución nos tendrá justo como quiere... pero tú conde se está encargando de eso –sí, lo dije con el tono más mordaz y venenoso que fui capaz de imprimir, básicamente por el hombre que tenía frente a mí y no porque Höor tuviera culpa alguna- sabemos los riesgos pero al igual que tú manada tiene el derecho de permanecer refugiada aquí tienen derecho el resto –aseguré con firmeza- quédate tranquilo, Höor ya tiene un plan en marcha con el que esperamos obtener más alimentos para todos, y como es algo confidencial no es algo que deba ni quiera contarte –sonreí de lado con cierta satisfacción- aquí hay otras manadas de la zona, me preocupa que puedan haber peleas entre tú gente y el resto, ¿voy a tener que intervenir? –Pregunté observándolo con fijeza, no podía estar mucho más tiempo frente a ese hombre, las manos me picaban necesitando por dejar clara una cosa y aprovechando el cansancio que arrastraba su cuerpo lo tomé de la pechera con mi mano libre, de un movimiento rápido lo estampé contra la pared que teníamos al lado y lo miré con furia en mis ojos castaños- que no se te ocurra volver a desvalorizar mi ayuda o mi condición como si me conocieras de toda la vida para poder juzgarme, vuelve a faltarme al respeto de esa manera y te aseguro que no obtendrás un aviso por mi parte. ¿Me has entendido, lobo? –Pregunté en un susurro bajo plagado de una advertencia velada- no olvides que soy la que puede ayudarte, pero como me jodas más te aseguro que me encargaré de joderte todo lo que pueda personalmente lobo, y me importará una mierda que vayas con el cuento a Höor –aseguré soltándolo para mirarlo de manera fija- espero que te haya quedado claro –sabía que el instalarlos cerca de otra manada podría hacer que las rivalidades saltaran, los lobos eran territoriales y quizás no llevaran demasiado bien que otros estuvieran cerca de su lugar, de hecho, en mi camino de vuelta para ver cómo estaba mi pueblo y en qué podía ayudarlos escuché gritos de una pelea, cuando me acerqué dos lobos de dos manadas diferentes se estaban peleando por algo que no llegué a entender, no porque me lancé a separarlos para que no causaran daños ni problemas- ¡eh, parad de una vez! –Me lancé para separarlos metiéndome por el medio esquivando los golpes que, mortales, se lanzaban uno al otro con esa fuerza típica de los lobos. Me llevé un golpe en el labio donde enseguida noté la sangre bañar mi boca, pero eso no hizo que parara sino que los separara ayudado por otra persona que, cuando retuve al lobo con la alabarda interceptando sus brazos me di cuenta que era el lobo, ese que me sacaba de mis casillas. Lancé al joven lejos y me interpuse entre medias como hacía el lobo para que no se atacaran de nuevo- ¿es qué estáis locos? ¡Esto es lo que Randulf quiere, joder! Tened un poco más de sentido y pensad por vuestros, todos estamos pasando por un momento jodido pero peleándonos no haremos nada –los miré a ambos que respiraban con dificultad, sabía que las cosas estaban tensas y que quizás no sería la primera pelea que hubiera, demasiada gente encerrada en un mismo lugar y los nervios a flor de piel- ¡largaos de una vez! –Dije dando con la alabarda en el suelo pero finalmente se largaron, escupí al suelo y limpié mi labio de la sangre para mirar al lobo que no es que estuviera demasiado feliz tras mis palabras, pero no me arrepentía de ninguna de las que había dicho- espero que tu manada no sea como la de estos, mañana haremos una reunión con las manadas para establecer un pacto de no agresión ni dentro de fuera de las murallas, si nos matamos entre nosotros le estamos haciendo el trabajo sucio a ese hijo de puta. Será mejor que descanses, mañana nos espera un día duro. Si necesitas algo que envíen un guardia a buscarme –la noche se acercaba y yo necesitaba descargar tensiones, ese hombre me enervaba como nadie más lo hacía.



Du skulle ønske du var død før hun kom:







Krigere:

avatar
Eyra
Humano Clase Alta
Humano Clase Alta

Mensajes : 42
Puntos : 37
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 15/09/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Sahale Dasan el Lun Abr 16, 2018 2:37 pm

Aquella vikinga acaba de formar su sentencia de muerte, lo supe en el mismo instante en el que osó tomarme por la pechera con sus sucias zarpas humanas, un gruñido desafiante emergió de mi garganta, ojos amarillos radioactivos despuntaron al alba.
-Suéltame -gruñí orillando mi boca contra la suya hasta que nuestras narices impactaron y arrugando el labio superior le mostré mis colmillos blancos.
No necesité su reacción, pues antes de que osara tan siquiera pensarlo, mi mano tomó su cuello y de muy malos modos la lacé golpeando su espalda contra la misma pared en la que antes yo estaba.
Mis movimientos eran salvajes, rápidos y aun estando cansado y herido, no dejaba de ser un lobo, un alfa y ella una mera humana.
-No olvides que tu titulo de condesa no te protegerá la próxima vez que oses desafiarme ¿entendido?

Aflojé el agarre y la dejé caer hasta que sus pies tocaron el suelo, durante unos segundos nos miramos fijamente, no nos gustábamos el uno al otro, me atrevería a decir que aquella noche esto empezaba a convertirse en algo personal, esa mujer no entendía a mi pueblo y me preguntaba si le habíamos ofendido en algo los lobos.
-Tu padre era un buen hombre, no le conocí pero estuche hablar de él en mi manada, no le haces honor joven condesa.

Bien sabía que eso iba a joderla, pero me era completamente indiferente si así era.
-Tienes mucho que aprender para guiar a un pueblo. Mi comentario lejos de ser egoísta es sensato mujer, si Akershus da cobijo a todas las manadas no podrá superar el invierno con las pocas provisiones que tiene y si Randulf lo asedia los soldados morirán de hambre, por contra si deja fuera a las manadas abandonadas a su suerte, Höor será presa fácil para todas las manadas que se sentirán ultrajadas, el plan es maestro, espero que de verdad el conde sea un dios o a ellos se asemeje pues no me gustaría calzar sus botas en estos instantes.

Los encontronazos no tardaron en llegar, Eyra puso paz, mas yo sabía de sobra que unir manadas era algo muy difícil de sobrellevar, no iba a reinar la paz en estas tierras y menos cuando nos faltara comida.
-Retiraros, os aseguro que estas redecillas serán neutro final, Eyra tiene razón, guardar la testosterona para un enemigo común, porque si nos matamos entre nosotros Randulf ganará la guerra.

Los jóvenes lobos se dispersaron, caminamos hacia la taberna, al parecer Höor vendría allí en cuanto pudiera y así podríamos hablar mas tranquilos.
-Pon un par de jarras -pedí a la tabernera.






avatar
Sahale Dasan
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 27
Puntos : 22
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 16/06/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Eyra el Lun Mayo 14, 2018 9:40 am

Sabía que el lobo y yo no habíamos empezado con buen pie precisamente, sabía que pronto acabaríamos enzarzándonos en alguna rencilla porque a la vista estaba que no nos llevábamos bien para no conocernos prácticamente de nada. A mí me había molestado muchísimo la forma en la que me había tratado cuando nos habíamos conocido, cuando tuve que bajar y actuar como se suponía que debía de hacer una condesa ayudando a la gente desamparada aunque no lo fueran de mi ciudad o condado. Se suponía que aprendería de esa experiencia y podría manejarme menor en aquellos asuntos que para mí eran desconocidos, al menos, desde el puesto que me tocaba ejercer en esos momentos pues aunque hubiera visto a padre obrar y actuar como el conde que fue en vida lo había visto desde “fuera”, yo jamás me había inmiscuido en sus labores como conde ni me había enseñado todo lo que debía de saber sobre dicho papel a desempeñar. En ese sentido era algo desconocido de lo que tendría que aprender a base de fallar y de mejorar, sabía que no era fácil soportar el peso y la carga y aunque ya me hacía una ligera idea de lo que sería en un futuro sin duda alguna nada comparado con lo que tendría que aprender a marchas forzadas. Randulf no nos daba respiro alguno y las manadas cada vez acudían en busca de refugio a la fortaleza con la esperanza de que sus familias pudieran ser salvadas, ahora teníamos el enorme problema de que estábamos albergando a más gente de la que podíamos y la comida no es que sobrara en el lugar aunque ya estaban poniendo remedio a ello, ya estaban buscando una solución para abastecernos a todos. Lo que menos necesitaba en esos momentos era a un lobo que, alfa o no, líder de una manada o sin serlo me tomara como le diera la gana y dijera todo lo que quisiera por su boca como si tuviera el más mínimo derecho a desprestigiarme como había hecho, juzgándome desde el mismo instante en que había aparecido por la puerta con la intención de ayudarlo. Sí, admitía que cuando Höor apareció para ayudarnos en la lucha no me lo tomé para nada bien, sus intentos por manejar una situación que a mí se me escapaba de mi control fue una de las cosas que más rabia me dio en su momento... pero admitía que su ayuda fue necesaria y que gracias a ello ahora mi pueblo tenía un lugar donde quedarse. Él estaba haciendo lo mismo que yo en su momento pero, ¿acaso yo no estaba dando mi mejor esfuerzo e intento por ayudarlo? Que me quitara ese “valor” con que solo quería ver al conde fue sin duda alguna una ofensa hacia mi persona cuando trataba de ayudarlo, algo que no solía hacer demasiado, pero incluso con las palabras del conde aún podía sentir cómo me seguía juzgando. ¿Y por qué demonios debía de aguantar yo eso de un lobo como él? Por eso lo había estampado contra la pared tomándolo de la pechera, por eso le había amenazado con que se llevara cuidado porque a buenas podía serlo, pero a malas podía ser una gran hija de puta y teniendo en cuenta que yo estaba allí para ayudarlo no le convenía tratarme como lo estaba haciendo.

Sin embargo el lobo, lejos de agachar las orejas y escuchar, se atrevió a desafiarme tomándome por el cuello estampando mi espalda contra la misma pared donde lo había estampado yo hacía apenas unos segundos. Su nariz había rozado la mía notando su piel cálida, había arrugado los labios mostrándome los colmillos mientras me repetía que no lo desafiara porque mi título de condesa no me salvaría la próxima vez, y aunque me faltaba el aire, me reí por sus palabras porque si se pensaba que su amenaza iba a hacer que reculara estaba demasiado equivocado, muy pero que muy equivocado. Me soltó dejando que mis pies quedaran sobre el suelo de nuevo y nuestras miradas se desafiaron de forma fija brillando con fuerza, era más que evidente que no nos llevaríamos bien y nuestra atención fue desviada cuando dos lobos de diferentes manadas comenzaron a pelearse entre ellos. Ese sería otro problema que cada vez iría tomando más forma conforme se acercaran más manadas, los lobos eran demasiado territoriales y habían algunas manadas que tenían algunas rencillas con otras por lo que controlarlas a todas sería algo complicado, debíamos de distribuirlas bien por el lugar aunque igualmente se quedaría todo pequeño y se iría encontrando de nuevo. Esa vez el lobo me dio la razón y debíamos de admitir que sería en la única cosa en la que parecía que estaríamos de acuerdo porque en lo demás chocábamos en todo. Si empezábamos a pelear entre nosotros le haríamos un flaco favor a Randulf y no era eso lo que precisamente estábamos buscando, deberíamos de implantar alguna norma que impidieran dichos enfrentamientos y que los alfas estuvieran pendientes de sus manadas, impusieran dicha norma para que no hubieran más peleas porque además de diezmados si empezábamos a pelear entre nosotros la derrota la tendríamos asegurada. Acabamos finalmente dirigiéndonos hacia la taberna donde tras adentrarnos y esperar a que Höor llegara pedimos varias jarras sentándonos en una mesa esperando a que nos sirvieran las jarras, nuestras miradas se quedaron en la del otro en silencio mientras esperábamos a que nos sirvieran las jarras. Crucé mis brazos bajo el pecho observando al lobo que tenía frente a mí, odiaba que sin conocerme de nada me cuestionara cada dos por tres como estaba haciendo todo el rato pero, si hubo algo que no soporté, fue que hablara sobre mi padre y que además me dijera que no le hacía honor... eso me hizo cerrar mis manos en sendos puños justo cuando la tabernera por fin nos dejó sendas jarras uno frente al otro. ¿Quién se creía él para hablar de mi padre? De forma instintiva mi mano fue hacia una de las dagas que llevaba en mi cinto, la alabarda estaba apoyada contra la mesa porque jamás me separaba de ella, pero la daga tenía plata y era más rápida y fácil de manejar en un espacio como aquella taberna rodeada de gente. Podía sentir el mango de la daga mientras mis dedos se aferraban a ella, tan solo un movimiento rápido me bastaría para desenvainarla, inclinarme, y posarla contra la piel del licántropo para que sintiera su piel arder bajo la plata.


-Como vuelvas a hablar sobre mi padre te prometo lobo que te arrancaré la piel a tiras y me haré un abrigo con ellas –dije en un tono bajo y frío, si algo no llevaba para nada bien era que me hablaran de mi padre y mucho menos que me compararan con él... solo gente allegada a mí podía hacerlo, gente que lo había conocido, gente que supo cómo fue en vida... a mí me estaba costando demasiado parecerme a mi padre y debido a mi carácter era algo que me costaría, pero él no tenía derecho ni a mencionarlo ni a decirme si le hacía honor o no. No supe exactamente qué me hizo apartar mis dedos del mango de la daga, quizás fue que en ese momento llegó Höor y porque tampoco quería formar un espectáculo y lo poco que había construido con respecto a mi persona, por el título que llevaba, se viera manchado por aquel maldito lobo. Tomé la jarra llevándola a mis labios para darle un trago y dejar que esa rabia que llevaba se fuera, o al menos, se viera mermada por aquella jarra el tiempo suficiente- dile a tú amigo peludo –dije con cierto tono mordaz- que la próxima vez que me desautorice o que mente a mi padre le meto un palo por el culo –dije mirando a Höor para que supiera que iba en serio, que pretendía ser esa condesa que mi pueblo necesitaba y que aquello me vendría bien para ganar una experiencia que me faltaba... pero no pensaba que nadie me faltara de esa forma por muy alfa, muy lobo o amigo suyo que fuera. Ni siquiera dejé que el lobo replicara o que dijera algo porque enseguida volví a hablar para informarle del incidente que habíamos presenciado con dos miembros de diferentes manadas- tenemos un problema, hay miembros de varias manadas que se están peleando entre ellos y me temo que la cosa va a ir a más conforme más manadas vayamos refugiando. Sé que tenías un pacto con ciertas manadas de la zona, quizás podríamos hacer una reunión con todos los líderes de las manadas para que intenten poner también algo de solución a ello, pero me temo que conforme pase el tiempo y más mermados estemos la situación será como una olla a presión y no será complicado que hayan más peleas entre ellos. Ni siquiera servirá el cambiarlos y distribuirlos en otros sitios, esto se les quedaría pequeño –también habría que hacer batidas en grupos para la caza, éramos demasiados y todos tendríamos que colaborar. No dije mucho más en lo que restó de tiempo porque ese tema ya lo trataríamos con los demás líderes de las manadas, lo cierto es que tampoco escuché demasiado lo que estuvieron hablando ellos contándose batallitas pasadas ya que al parecer se conocían, así que tras un par de jarras decidí que era el momento de marcharme y sin decir demasiado me despedí de ambos en lo que pensaba ir en busca de Thyra, de las dos era ella quien mejor se había adaptado y es que la ayuda del cambiante en ella estaba siendo crucial. Pasé a verla para charlar un rato a solas con ella y debía de decir que su apoyo era lo que hacía que pudiera llevar, de alguna forma, la carga que debía de soportar tras la muerte de nuestro padre. Ella era como si me diera las fuerzas que necesitaba porque aunque no lo dijera se me venía demasiado grande a bote pronto, sin embargo estaba allí como pilar de apoyo dándome fuerza. Tras la charla con ella regresé a mi habitación donde tras un baño me tumbé en la cama lanzando un suspiro, maldije al lobo en mi fuero interno y me dormí porque sabía que la calma no duraría demasiado. Al día siguiente bastante temprano y de la reunión que haríamos sobre las manadas y cómo intentar solventar que no hubieran peleas bajé al patio de armas para entrenar, llevaba estrés y rabia acumulada y nada como un buen entrenamiento matutino para quitar y tirar todo lo que llevaba dentro. No supe cuánto había pasado cuando escuché unos pasos que se adentraban también en el patio de armas, cuando me giré tras golpear en el tocón con la alabarda me di cuenta de que era el lobo y no evité la mueca que se formó en mi rostro- ¿vienes para echarme algo más en cara? –Pregunté aunque no esperé respuesta, me giré para golpear el tocón con la alabarda moviéndome alrededor de esta mientras las gotas de sudor caían por mi rostro- quizás has venido a que te haga morder el polvo, qué me dices lobo; ¿te atreves? –Pregunté apoyando la punta de la alabarda en el suelo mirando al lobo, quizás darnos un par de golpes entrenando no viniera nada mal.



Du skulle ønske du var død før hun kom:







Krigere:

avatar
Eyra
Humano Clase Alta
Humano Clase Alta

Mensajes : 42
Puntos : 37
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 15/09/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Sahale Dasan el Lun Mayo 14, 2018 12:10 pm

Aquella mujer era ingobernable, tenia un carácter endemoniado y aunque una parte de mi, la del alfa rugía en mi interior escuchándola hablarme así, otra se mantenía complacida, excitada, a la defensiva. Las mujeres del norte siempre se caracterizaron por ser como titanes, ella era la muestra de ello y de alguna manera en ella encontraba el carácter de mi mujer muerta.
-¿Siempre es así? -pregunté ladeando la sonrisa antes de llevar la jarra de hidromiel a mis labios y dar un buen trago.
Höor se echo a reír cómplice, algo me decía que sabia de lo que le hablaba.
-No, borracha es peor -dijo guiñándome el ojo y esquivando el golpe que Eyra fue a pegarle.
Esos dos parecían conectar bien y de no saber que este hacia poco había comenzado una relación con la almirante que llevaba la parte naval bien hubiera podido pensar que tenían algo mas por las miradas que se dedicaban de complicidad.

Pronto entramos en el problema principal, Höor era muy consciente de este y entablar la reunión entre los alfas no dejaba de ayudar a calmar ánimos, pero no sería una solución segura, eso en parte lo tenia claro.
Tras varias jarras y bromear sobre el considerable cabreo de la condesa, esta acabó largándose sobria a diferencia de nosotros que nos retiramos a la cama bastante tocados.

A la mañana siguiente con un poco de resaca me presente en el patio de armas, Eyra entrenaba desgastando su rabia contra uno de los tocones contra la alabarda, me acerqué por detrás con una mueca divertida en el rostro y cuando se giró para enfrentarme y escupirme su veneno alcé sendas manos en señal de tregua.
-Vamos condesa, me duele la cabeza ¿que te parece si por unas horas me concedes la paz? -pregunté divertido escuchándola gruñir mientras las gotas de sudor perlaban su rostro escurriendo por su mentón, bajando por su cuello y muriendo en el lago que se formaba entre sus clavículas.

Desenvainé la bastarda que colgaba de mi espalda y acaricié la hoja de la suya antes de poner distancia.
-Vamos preciosa, demuéstrame que no toda la fuerza la pierdes por la boca.
El intercambio de golpes se produjo voraz, Eyra estaba cabreada y se notaba quería hacerme daño, vencerme, algo que de momento no conseguía lograr.
Yo era un lobo, mas rápido mas fuerte y en uno de sus renuncio la arrinconé contra la pared, sujeté en alto su mano y la encarcelé contra mi cuerpo.
Nuestros alientos se fundieron en uno, ojos ámbar que se enterraron en los suyos vigorosos, hambrientos. Pecho contra pecho en una fricción etérea y por un instante el tiempo se detuvo hasta que el barullo de voces me hizo girar la cabeza y soltarla de inmediato.
Dos lobos de nuevo se habían enredado en un pelea, corrí hacia allí, pero Höor se me adelantó metiéndose en medio y separandolos de un empujón, los ojos de los miso se hundían en los del conde que lejos de sentirse intimidado se creció, apretó la mandíbula y les gruñó como si fuera el mas grande de los lobos y ni siquiera ostentaba la maldición.
-Vaya, Höor siendo un licantropo daría miedo -apunté divertido cuando Eyra llegó a mi posición, ahora mas tranquilo sabiendo que la situación estaba controlada.





avatar
Sahale Dasan
Licántropo Clase Alta
Licántropo Clase Alta

Mensajes : 27
Puntos : 22
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 16/06/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El cónclave de los lobos (privado)

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.