Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Alice, Alice [Privado]

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Alice, Alice [Privado]

Mensaje por Bénédicte Rivérieulx el Jue Feb 08, 2018 9:24 pm

“Y descubrí una trampa en su pelo, que me rozaba las mejillas.
No luché contra ello. Hizo que me acordara de la razón tras las obsesiones
Es cierto que los frenesíes existen, es lógico que así sea.
Lo absurdo es creer que uno debe huirles.”
Bénédicte Rivérieulx


Partió al anochecer a un baile privado. Típica velada en que se celebraba el cumpleaños de un vejestorio con dinero, un anciano que ya no importaba a nadie, pero la gente fingía que era un príncipe para gozar de su riqueza. Bénédicte hacía siglos que no disfrutaba de esas fiestas hipócritas en las que los que querían sacarse los sesos se lamían los pies entre ellos. Estaba acostumbrado a las ventajas de su castillo, en donde podía tomar lo que quisiera cuando quisiera. Desgraciadamente, tenía que pretender que pertenecía a esos círculos para evitar las sospechas y fortalecer sus aliados. Un trámite, no más que eso.

Fue recibido por diferentes personajes, pero trató de evitar a la mayoría hasta que llegó al fondo del salón, donde sería menos perturbado.

Buenas noches, Monsieur Phélypeaux. —saludó en el camino.

Uno de los mozos le ofreció una copa de vino. El vampiro la tomó, como una excusa para no conversar. Lo suyo era la contemplación. Y mientras era atendido oyó una voz aguda rompiendo con la solemnidad de la ocasión. Miró por encima de su hombro y la descubrió. La niña de la voz de gorrión.

La miró. La miró por primera vez como si su mirada fuera invisible, como si ella no fuera a sentirla ni él tuviera por qué dejar de mirarla. Ella se paseaba, perdiéndose entre la multitud, buscando en las mesas algún bocadillo que pudiera alcanzar su brazo. Encontró que ello le confería una lozana y una belleza especial. La estilizaba, también, cuando se ponía en puntillas. Lucía un vestido celeste con flores blancas; un atuendo femenino, cómodo y ligero. Al avanzar entre los invitados, la tela se ceñía a su cuerpo de modo que daba la idea de que bailaba entre nubes. No sabía quién era ni de dónde venía. Sólo que era bella, que la vida le había conferido luz, que sus rasgos eran limpios y puros.

Le entusiasmó la idea de acercarse a ella. Le atraía con la doble atracción de un misterio y lo incorrecto. Casi de un peligro. Era una salida para el encierro al que lo condenaba a fingir ser tan corriente como esos ricos bastardos. Quería alcanzarla, arrodillarse en el piso para coger su mano y besarla. De no haber existido esos gusanos inmundos…

Decidió que lo más listo sería que ella se acercara, y se dispuso a usar su arma secreta. De su bolsillo sacó un racimo de uvas rosadas y turgentes, en su punto. Ubicó la valiosa fruta a la altura de sus caderas y enfocó su energía en que la niña caminase hacia él.

La pequeña fijó sus ojos en lo que ofrecía el vampiro, ojos mansos y profundos. Se quedó allí, de pie, con la boca suave como cerezas maduras. Bénédicte sonrió.

Por aquí, dulzura. Ven hacia mí.



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Re: Alice, Alice [Privado]

Mensaje por Fara Fideler el Sáb Feb 10, 2018 5:48 pm

Había muchachas tan bellas como las sirenas de sus cuentos y, príncipes hermosos, en busca de sus princesas encantadas. Fara deslizó los ojos entre los invitados, ensimismada. Había acudido a más de un baile en varias ocasiones, convirtiéndose este en su evento preferido. No solo por la cantidad de gentío que se presentaba, sino porque en ocasiones incluso vislumbraba algún niño de su edad. Siempre le hacía especial ilusión aquello, a pesar de que su madre no le dejara acercarse a ellos. Los saludaba desde lejos, con la esperanza de que hicieran bailar sus dedos en el aire como respuesta. Sin embargo, en aquella ocasión, no halló niño alguno. Tuvo incluso la tentación de buscar bajo los faldones de la mesa, pero sabía que, si hacía algo así, la reprimenda de su padre sería tan desagradable que haría que las lágrimas rodaran por sus tiernas mejillas. Así que trató de comportarse, como hacía siempre. Aferrada a la mano de su madre, caminó tras ella, mirando con curiosidad los vestidos y trajes de los invitados. Sus ojos se detuvieron sobre un camarero, que se paseaba con una bandeja de canapés embadurnados en miel. Fara se relamió. Alargó la mano, a lo que el camarero se inclinó para ofrecérselos, sujetando una afable sonrisa. Sin embargo, antes de que pudiera alcanzar el alimento, su padre la cogió de la muñeca, dejando caer su gozo en un pozo.

Ya has tomado muchos de esos querida. Has de evitar las pesadillas y para ello no debes de comer tanto dulce.

La soltó y Fara hizo un mohín de fastidio.

Alegra esa cara, preciosa, no queremos que nadie te vea con un gesto tan feo. Aquí hay gente muy importante.

La niña, se recompuso como podía recomponerse alguien de su edad. Caminó tras sus padres cuando estos se detuvieron para charlar con un conocido. Llevaban allí más días de los que la mente infantil de Fara podía recordar, habían viajado desde Gante hasta Paris, algo que solían hacer todos los años por las mismas fechas. Se lo habían dicho más de una vez, pero Fara no recordaba que festejaban en aquel baile. Se balanceó sobre la punta de sus pies, al vaivén de la música, deseosa de poder bailar mientras sus padres hablaban y hablaban y hablaban…Le tomó su mayor esfuerzo reprimir un maleducado bostezo. Con la cabeza girada, volvió a reparar sobre los canapés, que descansaban sobre una de las mesas principales. Indecisa, decidió escabullirse mientras sus padres continuaban charlando. No hubiese hecho aquello en otra ocasión, pero la miel le resultaba tan irresistible que no se pudo reprimir. Cantarina, alcanzó la mesa estirando los dedos, pero se detuvo antes de tocar el alimento. Un impulso le hizo girar el rostro hacia la derecha. Sus ojos se posaron sobre los jugosos granos de uva que en una mano desconocida descansaban. Camino ensimismada en aquella dirección. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?, sin duda aquello era mucho más apetecible. Deteniéndose ante las manos portadoras del fruto, Fara alzó el rostro hacia el desconocido y sonrió tímida. Era un chico alto y guapo, como un príncipe encantado.

Hola ─musitó con ternura.

No dijo nada más, simplemente estiró los dedos, pidiendo permiso en silencio y tomó uno de los granos, llevándoselo a los labios. El sabor, explotó sobre su lengua. Estaba delicioso. Tomó otro grano y lo comió con un tenue sonido de felicidad. Sonreía al desconocido, con la mirada nerviosa, entre su rostro el suelo y los granos de uva. Terminó por sentarse sobre el suelo mientras continuaba tomando comida de la mano del extraño.

Me llamo Fara ─le dijo como quién no quiere la cosa.

Y mientras comía frente al extraño, se halló a si misma reconfortada por aquella situación. Se le antojó tan cálida como cuando su madre la arropaba por las noches. Ahí se presentaba, posada en el suelo como un gorrión sobre una rama, picoteando de la mano del forastero.





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Re: Alice, Alice [Privado]

Mensaje por Bénédicte Rivérieulx el Jue Feb 15, 2018 8:34 am

El vampiro la contempló atento, muy atento, siguiendo la trayectoria de la uva hasta la boca de la niña. Qué criatura dotada de ternura, que inconscientemente hacía el gesto de un beso antes de saborear su alimento. Bénédicte presagiaba que sería víctima de un amplio historial de trampas y engaños, aprovechándose de su candor. Su ingenuidad iba de la mano con una inmadura fisonomía, lejos de la voluptuosidad de las adolescentes locas; ahí estaba el pudor, los aires de travesura, piel increíblemente tersa, ojos como los de un cachorro, y una voz que esclavizaba.

Él quería decirle que no dejara de hablar, que quería saber más que su nombre, pero no había forma de forzar a una flor sin marchitarla. Si era preciso que los primeros pasos que diera en su acercamiento con ella estuvieran marcados por la pausa, así lo haría. Con los años que llevaba deambulando sobre la tierra ya tenía práctica. Se contentó con hincarse junto a la niña y explorar lo que pudiera desde allí.

Encantado en conocerte, Fara. Deslumbras con tu gracia a los huéspedes y visitantes de este palacio. Soy Bénédicte, tu servidor. Y además de ser tu servidor, quiero ser tu amigo. — expresó gentil sin dejar de sostener el anzuelo. — La gente aquí es tan aburrida, pero creo que tú eres diferente. Parece que te gustan los dulces y los juegos.

Con disimulo hizo su invitación. Con tantos humanos dispersos por ahí, estimaba que en menos de cinco minutos alguien vendría a molestarlos, rompiendo con la magia de haberla hallado y con cualquier posibilidad de internarse en su mundo. En cuando a Fara, sus padres debían estar cerca. La encontrarían y la regañarían por haberse desaparecido de su vista. Se disculparían y marcharían a casa en el instante, arrebatándola de sus brazos. Pobre criatura inocente, tratada como una bandida. Él podía tratarla como una valiosa joya, si ella se lo permitía.

Fue entonces que Bénédicte se propuso dos metas a lograr en menos de cinco minutos: alargar el encuentro con Fara y conseguir que fuera ella la que encontrara a sus padres.

¿Quieres jugar conmigo? Este lugar es perfecto para jugar a las escondidillas. Tú te escondes y yo te busco. Es una ventaja para ti; cabes en más sitios que yo. Si me vences, ganarás el premio que tú desees. Yo te lo daré. ¿Aceptas, princesa?



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Re: Alice, Alice [Privado]

Mensaje por Fara Fideler el Lun Feb 19, 2018 4:52 am

Un amigo.

Su amigo.

Fara podía verse más que satisfecha con aquello. Esbozó una amplia sonrisa y asintió entusiasmada ante las palabras de Bénédicte. Efectivamente, la gente en aquel lugar resultaba soporífera, pero como su padre le había enseñado, resultaría incorrecto expresarlo en alto, así que simplemente asintió. Asintió porque ella quería jugar y tomar dulces, lo deseaba con todas sus fuerzas y él parecía poder ofrecerle ambas cosas. Tal fue su entusiasmo ante la idea, que le premió con un fugaz abrazo.

No puedes decir que los invitados son aburridos, mi papa podría enfadarse ─aconsejó, ciertamente humorosa. Y se apartó, para verse sorprendida de nuevo.

¿Era posible que Bénédicte hubiese escogido el juego favorito de la niña? Escasas habían sido las ocasiones en las que Fara había podido jugar al escondite. Apenas lo había hecho un par de veces con una sirvienta que días después, había desaparecido de su mansión para siempre.

Está bien, jugaré contigo…Aunque…─dirigió una fugaz mirada a sus padres, que continuaban conversando con aquel extraño. Debería regresar a su vera, y permanecer allí antes de que le cayera una reprimenda. Pero también quería jugar con Bénédicte. Miró entre sus dos opciones, indecisa. Reflexionó un momento y recordó las tantas veces que había tenido que esperar durante horas mientras sus padres conversaban. Posiblemente, tendría un buen rato hasta que se despidieran de aquel señor. Tomando su elección, alzó su mirada aguamarina hacia su nuevo amigo ─. Soy muy buena ocultándome, una vez, jugué al escondite con la sirvienta de mis papas. Me escondí durante horas entre las cenizas que colmaban la apagada chimenea. Toda la mansión me anduvo buscando, hasta que mamá me encontró.

Recordó la expresión entre aliviada y enfadada de su madre cuando al fin la halló con el vestido tintado de carbón y su inmaculado rostro repleto de cenizas. Se había enfadado mucho con ella, jurando una y otra vez que se veía como una gitana. Sus ojos buscaron los de Bénédicte mientras decidía que aquella vez trataría de no mancharse el vestido.

Si gano…─le dijo─. Quiero que seas mi amigo para siempre. Y si pierdo, si me encuentras…Cantaré para ti. Papá dice que tengo la voz de un querubín ─Se sonrojó al admitirlo. Tomó las manos de Bénédicte y se las colocó sobre los propios ojos─. Tienes que contar hasta cien, pero no me hagas trampas…El pícaro y el villano la pagan tarde o temprano.

El eco atrapó sus pasos cuando despareció de la sala. Fara, se deslizó entre el gentío, meditando poder esconderse entre las pomposas faldas de alguna de las invitadas. Desechó la idea rápidamente y continuó correteando. Halló su cómplice en las extensas mesas rodadoras que emergían de la cocina. Fara se agachó y cuando nadie miraba, se introdujo bajo una de ellas. Se encontraba vacía y los sirvientes apenas tardaron segundos en retirarla de la sala y regresarla a las cocinas. La niña sacó la cabeza cuando sintió que se detenía. Frente a ella, una ventana se llevaba consigo el aroma a comida. La niña corrió hacia la ventana, que daba a la explanada trasera del Palacio. Saltó al exterior y se ocultó bajo el alfeizar de la ventana. Aquel era el escondite perfecto, a pesar de que hacía un poco de frio. Se abrazó a si misma, seguro que merecía la pena ¿A quién se le ocurriría buscarla en la calle? Seguro que perdía. Entonces, sería su amigo por siempre y podrían jugar al escondite una vez tras otra.

Fara asintió, reafirmando sus pensamientos.

…94
El escondite perfecto.
…95
El plan perfecto.
…96
El amigo infinito.
…97
El enemigo eterno.
…98
El plan de una muerte anunciada.
…99
El escondite en vano, puesto que ya, la había atrapado.
…100





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Re: Alice, Alice [Privado]

Mensaje por Bénédicte Rivérieulx el Mar Feb 20, 2018 7:39 am

Tenía enfrente a una niña de bien. Y mientras más bondad desprendía de sus prioridades, más interés suscitaba en Bénédicte. No exageraba la realidad, como era propio de su juventud.

Quisiera ver esa habilidad que tú tienes. No te preocupes por tus padres. Sólo nos llevará un momento. Jamás me perdonaría si se enfadaran contigo. Te castigarían. Te pondrías triste y se borraría esa sonrisa tan encantadora que tienes. Tampoco podríamos jugar. Eso me rompería el corazón a mí también. — dijo con los ojos brillantes, conteniéndose. Qué hubiera dado él por remover algunas hebras de pelo sobre el rostro de la chica, pero muchos ojos los miraban ya. Era riesgoso. — Acepto el trato. Me convendría perder, pero entonces el juego dejaría de ser divertido. Ve a esconderte. Te buscaré a los cien.

Y se volteó para comenzar a contar, no sin antes mirar atrás, para atestiguar cómo se desvanecía ese rostro ingenuo entre la multitud.

Fara, Fara, Fara. El vampiro repetía su nombre como haciéndolo palpitar, a ver si se sincronizaba con el del corazón de la niña. Y su cabello, flameando al caminar; y la falda de su traje ondulando, siguiendo armoniosamente el ritmo de su paso juguetón. Un andar inapropiado para cualquier doncella, pero Fara era una niña, y la naturaleza intrínseca de algunas de ellas todavía no se había marchitado por los aleccionamientos mundanos, y podían desentenderse de las ataduras de lo razonable, y revestir una situación de belleza. De magia. No tenía conciencia de la libertad, pero era libre.

Dio el número cien y el vampiro abandonó el salón para encaminarse al pasillo. Oler a la niña no tenía ninguna dificultad, pero ¿con qué ganaba más?

¿Dónde podrás estar, criaturilla? Te voy a encontrar.  — prometía mientras se desplazaba sobre las alfombras.

Pacientemente inhaló el aire en su paseo. Fara no estaba en ninguno de los cuartos. Se había dado un rodeo por algunos, pero no estaba ahí. Se le pasó por la mente que alguien la hubiese detenido en el camino y ahora se encontrase con ella, reteniéndola, apartándola de él. La idea lo ofuscó, abordándolo los celos. Cómo odiaba que tocaran sus cosas. Volvió a aliviarse cuando sintió su aroma más cerca, limpio de compañía.

Así que se encontraba afuera. Qué niña más admirable; quería ganar a toda costa. El vampiro cumpliría su deseo, pero antes se entretendría con esa personalidad que bailaba con él. Decidido, fue dirigiéndose al exterior hasta quedar bajo el umbral de la puerta que daba al patio. Ella estaba cerca, helándose. Él no sentía los escasos grados que hacían, pero percibía cómo la sangre de Fara perdía poco a poco su calor en una triste transición. Si se enfermaba, corría el riesgo de perderla. Ni soñando. Así que se quedó ahí, esperando a que ella hiciera un movimiento que la devolviera al punto de partida. Bénédicte la seguiría de cerca, siempre detrás. Ella ganaría, él la devolvería a sus padres con elogios, ganaría la confianza de la familia, y se haría con su muñeca. Su tesoro.

Para siempre era mucho tiempo, pero Bénédicte podía dárselo.



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Re: Alice, Alice [Privado]

Mensaje por Fara Fideler el Mar Feb 27, 2018 10:18 am

El estornudo era inminente. Fara se rehusó a hacer ruido, aguanto uno, dos, pero el tercero no consiguió contenerlo. Escuchó el eco, repercutiendo entre los troncos de los árboles. ¡Vaya! ¡Seguro que, tras aquel estruendo, Bénédicte la encontraba con facilidad! No se movió, temiendo que un simple parpadeo, volviera a delatar su posición. Esperó, pero ni un alma hizo acto de presencia. Conforme los minutos trascurrieron, Fara comenzó a creer más en si misma y en el excelente escondite que había escogido. Seguro que a su amigo nunca se le ocurriría encontrarla en el exterior. Un escalofrió apoyó su convencimiento. La humedad de la calle comenzó a calar su cabello cenizo, que se pegó contra el perfecto marco de su rostro. Ahora tocaba la parte difícil, salir del escondite y regresar al punto de partida para ganar el juego. La criatura decidió hacerlo desde el exterior, temiendo que una vez se internara en los pasillos, el la encontrara. Así que dio la vuelta al palacio con pasos de mariposa, tan delicada y pequeña, como un hada en mitad de un bosque de fantasía. Las gélidas briznas invernales, susurraron al paso del viento, murmurando que corriera, que se apresurase. Todavía quedaban unos cuantos pasos más y alcanzaría la entrada, ganaría, y tendría un amigo para siempre. Un tesoro.

Ascendió las escaleras que daban acceso al portón, siendo detenida un momento por uno de aquellos que guarecían el palacio.

¿Hacia donde os dirigís pequeña damisela? ─preguntó amablemente uno de ellos.
Fara se llevó un dedo a los labios y susurro:

Shh. Tengo que ganar la partida, por favor bajad la voz.

¿Estáis perdida?

No, tan solo me están buscando.

El hombre frunció el ceño.

¿Quién?

Pues mi amigo.

Pero no solamente él la estaba buscando. Sin embargo, Fara todavía no era consciente de ello. Dejando atrás a un desorientado sirviente, se internó en el palacio, accediendo a la sala principal tras pasar por el recibidor fugazmente. No anduvo una dama como le habían enseñado a hacer, sino que corrió como una niña jugando, ilusionada, olvidándose del resto del mundo. Alcanzó la sala y busco la silla sobre la que Bénédicte había estado sentado. Al hallarla, Fara sonrió ampliamente y corrió hacia ella. Sus dedos se pegaron a la madera como si fuera el bien más preciado y cantarina, anunció:

¡Por mi y por todos mis compañeros! ─dijo, tal y como la sirviente le había enseñado que había que decir cuando ambas jugaron juntas. A pesar de que no había nadie más que ella y aquel que la buscaba.

Satisfecha, se sentó sobre la silla, balanceado sus pies colgantes y espero a que Bénédicte llegara. Sus ojos se desplazaron entre los invitados y mientras buscaba rostros familiares, su sonrisa fue disipándose. No halló a sus padres en rincón alguno. Un nudo floreció en su estómago; probablemente la estarían buscando, enfadados y desesperados como la ultima vez.

Fara tragó saliva. Le esperaba una buena regañina.





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Re: Alice, Alice [Privado]

Mensaje por Bénédicte Rivérieulx el Lun Mar 12, 2018 6:38 am

Hubo algo poético en dejar que ganara, en sentir cómo el corazón de Fara aumentaba su frecuencia con la carrera y luego con el entusiasmo de la victoria. El candor. Si tan solo Bénédicte pudiera guardar su pureza en un cajón, para mirarla y mirarla. Alimentaría sus dichas, aunque supiera de antemano que no callaría sus tormentos. Probablemente los haría más grandes, por plantarle delante una necesidad que nunca se satisfaría. Estos anhelos canallas. Podía ser que llevara más de dos mil años sobre la tierra, pero era absurdo pretender borrar los apetitos. Menos cuando se exhibía ante sus propias narices a esa frágil maravilla.

El vampiro oyó el aviso de Fara y entonces supo que era tiempo de volver. Se hizo el sorprendido cuando la vio ahí, celebrando. Como un príncipe, hizo una reverencia reconociendo el triunfo de la niña, para que ella se sintiera como una princesa.

Le hubiera dedicado palabras de adulación, como corresponde a situaciones análogas, pero algo apareció en el cuadro. Aquello que había intentado evadir: los padres de Fara. Y supo que eran ellos por las caras entre congoja y desazón al distinguir a la niña entre la multitud. Él los había visto con anterioridad, en otra reunión de la misma índole: Eran los Fideler. Matrimonio conformado por una francesa y un ilustre terrateniente belga. Pertenecían a ese tipo de personas que mantenía la mayoría de sus círculos sociales fuera de París, por lo que les interesaba más que a nadie hacerse notar como gente de bien ante la alta sociedad de la capital.

Bénédicte vaticinaba que se venía una tunda en casa. No lo permitiría. Se adelantó y salió al paso de la pareja como quien recibe a un amigo.

Señores Fideler, a vuestros pies. Los estábamos buscando. — saludó inclinándose — La señorita Fara es vuestra hija, ¿verdad? La encontré cerca de los bocadillos. Estaba perdida y preocupada. Trataba de encontrarlos. Mucho me temo que perdió la orientación. ¿Quién puede culparla, si es propio de la infancia perderse en lo que se va descubriendo? Fue para aliviar su aflicción que propuse que jugáramos a hallarlos. Y ya veis qué bienaventurados somos al contar con vuestra presencia otra vez.

Ofreciendo la mano y, cambiando el rostro de enfado a uno dócil, el señor Fideler respondió:

Señor Rivérieulx, qué gusto es verlo por aquí. Espero que mi hija no lo haya molestado.

En absoluto. Pierda cuidado. La señorita tiene modales exquisitos y se refiere a ustedes únicamente con alabanzas. Debí suponer que se trataba de vuestra hija. — se deshizo en loas, dirigiendo una mirada de complicidad sobre el hombro, hacia Fara.

Llevaba siglos practicando el arte de la palabra, galanteando a reyes y cortesanos. Una habilidad útil, pero aburrida de muerte. Qué ganas le daban de darle la espalda a esos gusanos cuya única virtud era su cría. Casi compadecía a Fara, por ser tan especial y estar bajo la custodia de padres tan corrientes. Junto con aquel pensamiento, nació un temor. El pánico de que su esencia se viera estropeada bajo el estricto amoldamiento parental. Ese par no estaría satisfecho sino hasta que Fara fuera exactamente igual a las otras. Criminales.

No. No pasaría. Bénédicte lo frenaría. Ya lo había decidido. Se internaría en aquella familia, los visitaría, se haría con su confianza, y finalmente… con su hija.



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Re: Alice, Alice [Privado]

Mensaje por Fara Fideler el Jue Abr 05, 2018 3:40 pm


Sin embargo, su preocupación se disipó como arena ante el viento cuando Bénédicte apareció ante ella. Le ofreció una gratificante reverencia, la cual respondió con un incontenible salto de alegría. Tomó sus manos, sonriente y propino otro pequeño brinco sin poder contener la diversión y la felicidad que le había suscitado aquel pequeño juego. Sus labios se despegaron para dejar escapar algo más que una risilla pero un notorio carraspeo le robó la sonrisa de forma inminente. Fara giró el rostro y vio a sus padres. El gesto del hombre le revolvió el estómago. Eran pocas las veces en las que le ofrecía esa mirada que hacía que sus entrañas se encogieran y la culpa nublara su pensamiento. Sintió la fría temperatura de Bénédicte cuando aferró sus manos con más fuerza, acongojada. Su padre estaba decepcionado y aquel era el peor de los castigos. Fara agachó la cabeza, culposa. Había sido más traviesa de la cuenta. Para su sorpresa, fue su nuevo amigo quién dio el primer paso. Culposa, se ocultó tras su espalda, aferrando los costados de su traje para asomarse de vez en cuando cual cervatillo espantado.

Bénédicte hablo mejor que un príncipe, habló como un rey, mientras ella permanecía oculta tras él y asentía fervientemente ante sus palabras. Asintió tantas veces, que su cuello le propino un pequeño calambre de alerta, tan solo entonces se detuvo. Vio como él le dedicaba una mirada de profunda complicidad, a lo que ella respondió sonriente, apretando sus brazos alrededor de su cintura, abrazándolo y no soltándolo. Ante aquello su madre se desplazó cerca y la tomó suavemente de la mano.

Fara querida… No molestes al señor.

Tiró de ella y la colocó entre sus progenitores.

No sabría cómo corresponder Señor Rivérieulx, nos encontrábamos profundamente preocupados por nuestra querida Fara. Vamos, agradécele Fara ─le instó su madre, golpeando suavemente su espalda.

La niña sonrió tímidamente, con la cabeza gacha y la mirada alzada.

Gracias Bénédicte.

Señor Rivérieulx ─le corrigió su padre.

Gracias Señor Rivérieulx ─repitió ella.

La mujer adelantó un paso sin soltar la mano de su hija y se dirigió nuevamente al que era el nuevo amigo de Fara.

Estaríamos encantados de invitarle a una cena en compensación por las molestias Señor Rivérieulx. Háganoslo saber si está interesado. Nos gustaría recibirlo. Por el momento, deseamos que su noche resulte más que gratificante.

Los padres de Fara se despidieron, era hora de marcharse a casa. Su madre tiró de su mano, impidiendo que Fara corriera una vez más en la dirección de Benedicte para regalarle un fugaz abrazo. Así que simplemente giró el rostro mientras se la llevaban y lo despidió con la mano, esperanzada de volver a verlo pronto.

Y compartir tantos otros juegos a rebosar de negra inocencia.


TEMA FINALIZADO




The man in the trees came in the night:

to steal the girl and give her a fright:


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Fara Fideler
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