Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Las emociones nublan el juicio (privado)

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Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Öda Tollak el Vie Feb 09, 2018 2:08 am

Recuerdo del primer mensaje :


Öda canturreaba de un lado a otro de la “cocina”, que era el lugar del hospital donde preparaban ungüentos, pomadas y líquidos para desinfectar, curar, purgar o cualquier acción relacionada con el tratamiento de heridas, forúnculos y gangrenas varias. La farmacia con los medicamentos preparados estaba al lado, y a continuación el cuarto de las vendas. Lo tenían todo muy organizado para poder atender grandes volúmenes de heridos cuando volvía alguna partida o el ejército al completo.

Era jueves y los jueves elaboraban pomadas de árnica y caléndula, envasándolas en tarros de barro que luego sellaban con corcho y cera. Tenían su sistema de trabajo para que nunca hubiera falta de nada. Se recogió el pelo en un moño y se colocó el delantal, moliendo las hojas secas de un cesto en un mortero grande y mezclándolo con los demás ingredientes, los aceites esenciales y los polvos. Canturreaba canciones de las que su madre les había cantado a todos sus hermanos, solía estar de buen humor y le gustaba ayudar a la gente. Giuliana había ido a hacer unos recados y en el hospital además de ella había un par de mujeres más que estaban limpiando y cambiando sábanas. Sólo tenían un hospitalizado por un hueso roto que habían arreglado el día anterior y tenían que observarlo durante al menos dos o tres días más.*

Llevaba días inmerso en la búsqueda de una alimaña que moraba por los bosques septentrionales, no podía descartar que fuera algo nuevo, uno de los miles de experimentos que Randulf llevaba a cabo a lo largo del año y que si no eran de su gusto, soltaba para que ocasionaran daños hasta que fueran descubiertos y cazados.
Posiblemente esté se tratara de otro de sus fallos. Suelto, hambriento ocasionaba peligro a las aldeas colindantes y llevaba ya varios muertos.

Esa noche por fin logré acorralarlo en un riachuelo donde habría acudido a beber. La ristra de flechas no fue suficiente para debilitar a una especie de oso terrible, que duplicaba el tamaño de un animal normal, ademas la capa de pelo, tupida como si se tratara de una armadura lograba que el acero en ocasiones rebotara sin causarle daño alguno. Estaba vendido si no encontraba su punto débil, y el tiempo paa hacerlo frente a estos bicho se agotaba pronto.

Centré mi mirada en el, mientras corría hacia mi, desenvainé sendas espadas con los ojos fijos en la bestia y solo esquivé cuando casi me dio alcance. Para encontrar su debilidad necesitaba tocarlo, sentirlo y eso solo podía hacerlo a corta distancia.

La batalla se prolongo durante una hora, en la que me hirió de varios zarpazos en brazos y piernas, hasta que finalmente mi acero se hundió por debajo de su gaznate y a modo de tijeras logre desgarrar su piel dejando la yugular al descubierto, un tajo seco la rebanó y la pieza cayó a mis pies dando sus ultimas bocanadas de vida.

Apenas me mantenía en pie, pero con las sogas, até su cuerpo, por debajo pasé unos troncos que rodarían facilitando al corcel el transporte y con el orgullo del trabajo hecho regresé a mi hogar, Akershus. No logré cruzar el portón, antes de hacerlo me desmoroné sobre el suelo. Apenasdistinguia borrones marrones, gente en movimiento podía apreciar se aglutinaba a mi alrededor, ruido y mi cuerpo portado en volandas hacia algún sitio, luego oscuridad y de nuevo luces en lo que a todos los efectos parecía ser la enfermería.*


Les trajeron a uno de los hijos del general Lund, el pequeño, bastante malherido, y lo alojaron en una cama. Cortaron sus ropas, desinfectaron las heridas y le colocó varios ungüentos curativos en ellas, pero había una que no podían coser porque faltaba carne. Öda sabía que el muchacho era rarito, que miraba a su madre de reojo, de la misma forma que a Sirius o Valeska, o incluso a Alrek y Garm. Primero pensó que era porque la relación entre Höor y Lund se deterioró un poco en el pasado, pero ahora estaban bien, así que no sabía muy bien qué podía llevarlo a ser tan solitario. Quizás no le gustaban los hechicero, eso podía comprenderlo, había gente muy supersticiosa, pero su madre llevaba allí más de veinte años y todo el mundo la apreciaba. Bueno, su madre no estaba y ella tenía que tomar las decisiones así que prendió el aceite de un pequeño vasito y esparció el olor por la sala salmodiando un conjuro wiccano para alejar a los malos espíritus. Después aferró el vendaje de Ragnar y se puso a murmurar, la carne crecería mucho más rápido así y le dolería menos.*

A mi alrededor una joven doncella rubia que no lograba enfocar se había esforzado por coser mis heridas, mas pronto me di cuenta de mi error, al estar calmo junto a ella.
Olia como a sauce quemándose o no se bien a que y de pronto empezó a recitar cosas en un idioma desconocido, magia.
-¡No! -rugí aferrando su muñeca para que se detuviera y me escuchara -no -insistí con la poca fuerza que me quedaba -si mis dioses me quieren en el Valhalla iré, pero magia no.
No quiero que tu te ocupes de mi -dije con cierto desprecio en la voz ,antes de volver a rugir de dolor sobre el lecho.*

Se sorprendió por la reacción del chico y dejó de salmodiar perdiendo el hilo de lo que estaba haciendo. Nunca nadie le había dicho que no usase magia, normalmente la gente cuando estaba tan dolorida y malita sólo querían que les ayudase.
— Ah… b…bien.— soltó su brazo dejandolo caer sobre una sábana limpia y se limpió las manos en el delantal mirándolo todavía más sorprendida que ofendida. Lo dejó unos minutos para ir a buscar unos ungüentos y más vendas porque si no quería magia, ese bocado de carne había que rellenarlo con el medicamento o se infectaría y dolería un infierno. Al poco regresó y acercó la silla cogiéndole de nuevo el brazo y retirándole la venda para untarlo bien con ese potingue que ahuyentaba las fiebres por infección.— Tardará en curarse…quedará una cicatriz fea. Espero que no se infecte o podrías perder el brazo, no te rasques ni te lo toques. Si te pica me avisas y traeré algo para aliviarlo.




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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Ragnar el Dom Abr 22, 2018 4:50 pm

La escuché atento, mis dedos se deslizaban despacio por sus caderas jugando con su curvatura como si ascendiera y descendiera una montaña, aunque estaba tan absorto en todo lo que me explicaba que ni me percaté de que rozaba su piel con la yema de mis dedos una y otra vez.
-pero entonces ¿es imposible parar vuestra magia? me refiero, por ejemplo, Sirius, le he visto en combate, no podría ni llegar a alcanzarlo, lo he estudiado.
Tomé el bestiario que quedaba apoyado en la mesa frente al sofá y le mostré el dibujo con sus fortalezas que era muchas y su debilidad, hasta hoy solo había encontrado una.
-Si te fijas como lo que hace suele ser bestial, se queda sin "mana" energía lo llamas tu y cae, es el único momento que lo he visto débil, que sería factible terminar con él. Aun así, porta espada y cuchillos y aun agotado las blande para que el enemigo no lo mate una vez no le queda una brizna de poder, pero su debilidad no le permitiría enfrentar un enemigo letal.*

—Porque alterar grandes cantidades de energía drena la nuestra, no es lo mismo escarchar una manzana que provocar una ventisca. Luego hay gente que tiene la facultad de transitar los velos que separan las realidades, el mundo espiritual y el de carne y hueso. Mi madre lo hace con frecuencia, el vudú la ayuda, pero está en su naturaleza, yo también lo he heredado, pero no sé hacerlo todavía. Las visiones, la premonición, lo que los dioses nos envían…es una disciplina incomprensible, muy difícil de manejar. Sirius tiene una cantidad de poder como no he visto jamás, ni siquiera mi madre se le acerca. Por eso es importante estudiar mucho, dedicar muchas horas a comprenderlo y a tener muy claro tu papel en el mundo…o podrías acabar demente, como muchos de los hechiceros de Randulf.*

-Entiendo -dije pensativo -supongo la magia es un arma de doble filo, como todo poder corrompe como pasa con los hechiceros de Randulf y en otras ocasiones tratáis de sobrellevarlo y no sucumbir a su oscuridad ¿verdad?
Poco a poco mientras hablábamos notaba como los ojos me pesaban, esfuerzo titánico por mantenerlos abiertos, escuchando su relato, mi diestra que hasta ahora jugaba con su cuerpo se detuvo para finalmente caer laxa al otro lado de su culo, mi brazo rodeaba su cintura y mi nariz se perdió en las doradas hebras de su pelo sucumbiendo así a los designios de Morfeo. El bestiario quedaba ahora en el suelo.*


Hablando con calma, sin recriminaciones y sólo tratando de conocerse un poco mejor, la conversación fue bajando el volumen y ralentizando el ritmo hasta quedar dormidos. Öda tenía la cabeza sobre su torso y finalmente pasó el brazo por encima también, abrazándolo, mientras él la rodeaba por el otro lado. Así es como los encontraron Lund y Khayla al abrir la puerta ya bien entrada la madrugada.

— ¿no crees que algo está mal en esta escena? Nuestro hijo está en casa antes que nosotros, él aquí leyendo y nosotros de fiesta. Porque estoy segura de que es tuyo, sino diría que es del escribano.— Khayla sonrió y recogió el bestiario de Ragnar dejándolo sobre la mesa.— A Ulf le va a entrar una crisis rabiosa cuando la chica regrese mañana. ¿Nos vamos de misión? No quiero comerme ese marrón.*

-Yo iba a decir que lo que estaba mal en la escena es que ambos llevaban la ropa puesta -bromeé atrayendo a mi mujer de la cintura para besar sus labios -prácticamente lo mismo que veo mal ahora mismo en tu cuerpo..te sobre ropa y te falto yo encima.
Me eché a reir al escucharla hablar de Ulf, estaría botella de whisky en mano esperando a su hija haciendo guardia como n perro rabiosos, no me gustaría estar en el pellejo de mi hijo, pero había gestas que tenia que aprender a luchar por si mismo.*


Se jugaron a quién le tocaba el marrón al día siguiente a una especie de “piedra, papel o tijera” y perdió Khayla, así que tendría que acompañar a Ragnar y Öda por si a Ulf se le iba la pinza y le daba por apalizar al muchacho.

La noche fue incómoda, dos personas dormidas en un sofá dio para muchas vueltas y giros hasta encontrar la forma de encajar cómodamente y no era otra que muy agarrados. Cuando la luz se coló por las ventanas, la bruja se despertó, pero mantuvo los ojos cerrados y murmuró contra el pecho de Ragnar.

— me estoy clavando un muelle del sofá…— no era ese tipo de muelle, era otra cosa, y cuando se dio cuenta resopló y se separó de él retirándose el pelo de la cara.

— Buenos días, tortolitos…queréis desayunar?— Khayla ya se había levantado y se puso a hacer café.*

Ladeé la sonrisa aun con los ojos cerrados al escucharla bufar tras darse cuenta de que no era precisamente el muelle del sofá lo que se clavaba.
-Es que me alegro mucho de verte -bromeé abriendo ahora los ojos para enfrentar sus azules.
Mi madre irrumpió en el sofá con una sonrisa que delataba exactamente aquello que pensaba en estos momentos. -Las tripas me rugen madre -aseguré desperezándome en el sofá mientras Oda quedaba mas encajada contra mi cuerpo al yo tensarlo. -Pues estas guapa cuando te levantas -le dije como si acabara de decir cualquier otra cosa, era por supuesto un cumplido pero dicho con mi falta de romanticismo y tacto bien podía no parecerlo. Había visto cada mujer despertar a mi lado que hubiera salido corriendo el mas fiero de los guerreros, lo que hace el alcohol y la noche..pensé sonriendo.
-Tu padre va a decapitarme.*

—¡Mierda! Mi padre…seguro que no ha dormido, seguro que estará esperándonos en la puerta…¡ay! Menudo lío. Iré yo sola, o … a saber qué te hace.

— de eso nada. Yo iré con vosotros. ¿No ha pasado nada, no? Pffff que desperdicio de noche. Ni fiesta afuera ni fiesta aquí. De verdad que no sé a qué os dedicáis los jóvenes de hoy…y no sé si quiero saberlo.— Khayla preparaba algo de comer para acompañar el café, estaba acostumbrada a dar de comer a tres guerreros voraces, asi que en su casa no había exquisiteces ni tonterías, pan, mantequilla, huevos, salchichas…un desayuno digno de lo que eran.— Coge fuerzas, quizás sea tu último desayuno en este mundo.— le guiñó el ojo a su hijo y sonrió con sorna. Conocía a Ulf y sabía que montaría en cólera, pero si su hijo se arrimaba a Öda, él sabría qué estaba haciendo con su vida. Jamás se interpondría en su camino, pero si lo hablaban en casa tampoco se cortaría diciéndole su opinión.*

Mordí el pan con mantequilla despreocupado, si bien era cierto Ulf era un gran guerrero, de los mejores de Akershus, intuía que delante de mi madre no me saltaría a la yugular..Dani casi lanza a los tiburones a Alrek, deduzco que si el esquivó los cañones, yo podría hacer algo contra la bastarda de su padre, aunque fuera pedir clemencia de rodillas asegurando que nada había pasado entre su hija y yo..aunque cierto era que no porque yo no lo intentara, peor eso no tenía por que saberlo.
-Si tu padre me mata quedará en tu conciencia que encima lo ha hecho por nada ¿que hombre y que mujer que no sean "raros" no se acuestan tras tomarse unas copas Öda?


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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Öda Tollak el Lun Mayo 14, 2018 3:24 pm

—¿unos que son amigos y…sólo se empiezan a gustar un… un poco? Me da igual que lo consideres raro!! es.. es…¿tenemos que hablar de esto desayunando con tu madre? No se ofenda señora Arund, ya sabe que me encanta venir aquí y el desayuno está muy bueno, gracias.— Khayla reprimió una carcajada pensando que su hijo estaba cortejando una princesa de verdad, habría otras con títulos, pero Öda desde luego lo era, era la princesa de su casa y de su padre y su pequeño mundo dentro de Akershus.

—No, tranquila, por mi no os cortéis, hablad lo que queráis.— mordisqueó una tostada sonriendo ladina a Ragnar por encima del pan. Igualito que su padre, deslumbrado por una rubia con modales y sin cicatrices de guerra. Pero a Lund se le pasó y hacía años que estaban juntos y felizmente casados.*

Le quité el zumo de naranja a la "princesita de papa" del a mano y le di un buen trago.
-¿durante exactamente cuanto tiempo seremos amigos que se están conociendo? -pregunté ladeando la sonrisa con picardía -por echar cuentas de los segundos que me quedan de vida...y los que he de invertir en acabar de conocernos.
Madre me miraba por encima de la tostada sin borrar la risa y Öda creo que me hubiera tirado la suya a la cara.
-No te preocupes, mi madre no se asusta, la escucho fornicar con padre todas las noches, pega unos gritos que …- me dio una patada por debajo de la mesa la hechicera mientras negaba con la cabeza -ya, que no quieres saberlo.*

Soltó la tostada en el plato para ocultar la cara entre las manos.— ¡Dioses, no! Yo también oigo a mis padres pero… no es un tema para hablar en la mesa!!.— Khayla terminó riéndose y se levantó para ir a vestirse y dejarlos un rato solos. Öda regresó a mordisquear la tostada cuando la guerrera abandonó la estancia.— ¿Cuánto tiempo? No sé… si tengo que mirar tus tiempos como referencia ya vamos con semanas de retraso porque siempre consigues lo que quieres en seguida. Supongo que…cuando dejes de verme como un bicho odioso.— Acabaron el desayuno al poco y la rubia salió de la habitación haciéndoles un gesto para marcharse. El gruñido de Ulf iba a oírse hasta en París.*

Gruñí poniéndome en pie porque seguía insistiendo en que no haríamos nada hasta que dejara de verla como un bicho odioso, negué con la cabeza, pero no entré en materia, mi madre salía y era hora de enfrentar a la bestia.
-Madre ¿cojo la bastarda? -pregunté mirando de reojo a la hechicera.Para lo que me iba a servir, Ulf podía rebanarme en trozos si así lo quería.

Recorrimos la escasa distancia que había entre mi casa y la de la hechicera ¡Por Odin que nunca se me antojo tan corta! no habíamos golpeado la puerta cuando esta se a de par en par y un furibundo general con los ojos mas amarillos que jamas había visto y gruñendo hacha en ristre con cara de demente cruzaba el umbral en mi dirección. -¡joder! -grité reculando con ganas hasta que tropecé con una piedra que fijo había colocado Ulf o el destino o ambos y caí de espaldas rogando a los dioses que intercedieran por mi o en su defecto mi madre u Öda.
-¡No hemos follado! -aseguré por si eso era suficiente como para calmar a un lobo que ya ni bastarda ni pollas, hacha de cortar leña.*

Öda esperaba cualquier cosa, pero es que Ulf salió en tromba y soltó un grito para que se detuviese, pero eso no iba a parar al furibundo lobo.
—¡¡Padre!!.
Khayla se interpuso y levantó el brazo lo justo para colocarle la mano en el pecho y no ceder a su arranque, aunque le costó lo suyo porque ella no tenía tanta fuerza como antaño.

—Estate quieto o te arranco los huevos.— capaz era, aunque fuera con un cordel.— Se quedaron dormidos, no ha pasado nada, y estás exagerando un poco ¿no crees? O es que quieres que a la niña le críen telarañas.*




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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Ragnar el Lun Mayo 14, 2018 3:26 pm

Rugió delante de Khayla y creo que de no ser amigos de antaño la hubiera hecho a un lado sin importarle nada sus palabras.
-Saca a tu hijo de mi casa o lo uso de leña para mantenerla caliente -gruñó ahora desviando la mirada hacía su hija -ese hijo de... -guardó lo que iba a decir peor el gruñido lo dijo por él -se tira a todo lo que se mueve ¿quieres ser una muesca mas en su espada? Si es así ábrete de piernas, mañana se tirara a otra en la primera aldea a la que vaya.- Devolvió su mirada a Khayla. -Tu eres madre de hijos, yo de ambos, no me pongo de ninguna manera cuando mis hijos la meten en coño ajeno, pero pobre del desgraciado que intente tomar el pelo a mi hija ¿entiendes? si la quiere de verdad, que me lo demuestre -gruño tirando del antebrazo de su hija para meterla a casa sin dejar de gruñir.*

Khayla puso los brazos en jarra observando la escena con una sonrisa irónica en el rostro. No dejaba de ser curioso que lo que él había hecho toda la vida y sus hijos también, no fuera bueno para su hija. Se giró y le ofreció la mano a Ragnar.
— Ha estado bien. Podría haberte dado con el hecha.—le dio dos palmaditas en el hombro y se encaminaron a casa.

Öda entró en la casa arrastrada por Ulf, que le dejó los dedos marcados en el brazo. Al principio estaba asustada, pero en algún momento le subió el cabreo por la garganta y se revolvió soltándose del agarre, con los ojos inundados de lágrimas.

— ¿Por qué me dices cosas tan horribles? No soy una puta!!…te odio!!!.— salió corriendo escalera arriba y dio un portazo al entrar en su cuarto. Era la primera vez que le hablaba así a su padre, pero también era la primera vez que Ulf la trataba así y le había dolido mucho que le dijera que si se acostaba con alguien era una zorra, porque bien sabían todos que su madre se acostó con él sin esperanza ninguna de volverlo a ver y eso no tenía nada que ver con todo lo demás, por fortuna ellos no valoraban que la mujer llegase virgen al matrimonio. Estalló una tormenta de forma brusca, la calle estaba luminosa y soleada pero de pronto se nubló y descargó una pequeña tromba. No solía perder el control, no era como Sirius, pero esa vez quería gritar, romper algo, morder. Y sólo podía morder su cabreo y su frustración, así que el cielo la acompañó.*



Öda había salido a su madre en todo, menos en una cosa, en ese carácter terco que yo ostentaba cuando me enfadaba. Ella se mantenía en sus trece y como si yo fuera un fantasma, repartía besos a diestro y siniestro pero a mi nunca llegaban. Mi entrecejo se encontraba en el centro cuando fruncía las cejas visiblemente molesto, tal era así que hasta mis hijos se atrevían a gastar bromas que atajaba con un gruñido mientras mi esposa, mas solicita que mi prole intentaba poner calma.
Mi intención nunca fue llamarla fulana, ni de lejos era eso lo que de mi hija mimada pensaba, si no que era consciente de que Ragnar era un mal parido que no apreciaba en nada a los cambiantes, brujas y demás seres distintos y sabía que mi hija al lado de ese muchacho acabaría sufriendo, eso por no contar las innumerables veces que dijo que no quería nada serio con las mujeres, que moriría joven y lo asumía alegremente ¿que padre querría un elemento como ese para su hija?Ninguno y menos si esta era tan dulce como la mía.
No pensaba claudicar, si me tenía que odiar adelante, pero iba a hacer todo lo que estuviera en mis manos y mas para que ese pazguato maleante no se le acercara nunca mas. mi hija era demasiado buena para él y este se aprovechaba de su bondad.*

Sabía que su padre era muy territorial y protector, pero Ulf se estaba pasando. Ella ya tenía 18 y la mayoría de mujeres con esa edad ya tenían algun crío o al menos vivían la vida. Nunca se lo había planteado porque nunca se había fijado en un chico que no fuera alguno de sus hermanos o algun amigo del hospital, y a pesar de todo lo que era Ragnar, ella confiaba en la gente como su madre, y confiaba en que a veces hay que darles una oportunidad a las personas para demostrar cómo son. Quizás todo apuntase a que Ragnar seguiría su camino pasase lo que pasase y que seguramente Ulf tuviera razón, pero él no sabía que quizás Öda estaba empezando a convencer al cazador de que los seres sobrenaturales no eran tan horribles como él creía, quizás empezaba a sembrar en su cabeza la idea de que no tenía por qué cazar sólo, ir en grupo le garantizaría más éxito en sus cacerías y seguro que eso ayudaría a Akershus.

Pero el caso es que en el hogar de los Tollak había una profunda división. Öda trataba de no cruzarse con Ulf, porque si lo hacía, lo tenía que ignorar o contestarle algún monosílabo. La bruja trataba de poner paz, Erika y Alrek, los que más tiempo pasaban con Ulf, defendían la postura del lobo. Garm y Brökk se habían posicionado del lado de la pequeña, y aquella situación era tensa. Estaba oscureciendo cuando se levantaron de la mesa, y los muchachos dijeron que se iban a la taberna. Habitualmente Öda se quedaba leyendo junto al fuego, bordando o jugando a cartas con Ulf. Pero esa noche quiso irse con sus hermanos, estaba harta de levantarse de la mesa y largarse a su cuarto para no tener que hablar con su padre.*


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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Öda Tollak el Jue Jun 07, 2018 5:14 am

-¿Donde crees que vas? -pregunté dando un manotazo en la mesa. Aceptaba que no me hablara porque se hubiera enamorado del paga fantas ese, peor de ahí, a que me desafiara en mi propia casa desobedeciendo mi criterio no lo pensaba permitir ni de lejos.
No es que me importara saliera a beber como una chica mas, era que sabía allí se encontraría con él y este la llevaba por le mal camino, ella era una niña buena y responsable y el otro un zagal insubordinado con demasiados pájaros en la cabeza y por ser cazador, con aires de grandeza.
-Yo la vigilo padre -dijo Alrek -la traeré de vuelta a casa.
Sabía que mi hijo, mi orgullo, solo trataba de mediar, pero un gruñido gutural lo hizo guardar silencio, estaba en mi territorio y aquí las ordenes las imponía yo, ya comería huevos cuando fuera padre con la pirata esa que se había buscado como amiguita de tertulias.*

—Voy a la taberna con mis hermanos…¿o es que piensas encerrarme hasta los 50 años?— Öda estaba muy cabreada por toda esa historia, pero sólo le quedaba comerse el enfado, porque si Ulf no se lo permitía, ella no saldría, ya que el siguiente paso sería desobedecer y el castigo sería peor…o la echaría de casa como a Alrek, y ella no quería abandonar su hogar. ¿Cómo habían llegado a eso?*

-No -negué con la cabeza para mostrar con mas ímpetu mi desaprobación. Claro que no pensaba encerrarla hasta los 50 años, pero no pensaba tampoco dejarla en manos de ese desarrapado.
-Y si tantas ganas tienes de sentar la cabeza, hazlo con un hombre de bien, tengo un amigo, un buen guerrero que tiene un hijo en edad casadera, podría hablar con él, soy consciente que ha fijado su vista en ti.
Eso no era algo difícil, mi hija era una de las muchachas mas bonitas de Akershus*
—¿Qué? ¿de qué estás hablando? No quiero sentar cabeza!! Sólo quiero salir con mis hermanos!!.— se había dado cuenta de que no se había divertido con la gente de su edad, y posiblemente no le divirtiera la taberna tanto como a ellos, pero quería la oportunidad de descubrirlo. Dejó caer los platos que llevaba en las manos sobre la mesa con la barbilla temblorosa, apretando los dientes para no llorar.— ¡Bien! Pues me voy a cuarto.— no iba a ayudar más de la cuenta, porque antes lo hacía con gusto, pero mientras esa situación fuera así en la casa, se rebelaría como pudiera. Dio media vuelta y subió las escaleras ofuscada cerrando de un portazo.

Erika enarcó una ceja y reprimió una sonrisa, porque opinaba que Öda era una mimada y sus comportamientos lo ratificaban, pero también era cierto que Ulf se estaba equivocando. Brökk resopló y como el hermano mayor que era, dejó de nuevo la chaqueta en el perchero.— Yo también me quedo, id vosotros.— porque quizás su hermana hablaría con él antes que con su madre o con Ulf.*

-Estará a punto de entrar en celo -dije como justificación al desaíre de Öda, mi decisión estaba tomada, no la quería cerca de ese mequetrefe, no al menos si no cambiaba y me demostraba ser merecedor de mi hija, algo que a decir verdad, el muchacho ni siquiera había intentado ¿por que era yo el que tenia que ceder? Ragnar no mostraba respeto, venía desafiante a mi casa con esa sonrisa ladeada de autosuficiencia restregándome en la cara haber dormido con mi hija, suerte tenía de que su madre se hubiera interpuesto y que la considerara una amiga de antaño, de no ser así le hubiera partido la cabeza con el hacha.
Gruñí al ver como Brökk dejaba la chaqueta, si creía que eso me haría cambiar de opinión, no me conocía.
-Pues parte madera hijo, que falta hará para pasar el invierno jugando todos a las cartas.
Mi postura era inamovible y así de claro lo dejaba.Aunque claro, Garm menos sutil, torno sus ojos ámbar, mis dientes emergieron desafiantes y no se muy bien como acabamos mirándonos de frente. Que Garm me odiaba era evidente, que me desafiaba siempre que podía también y que el tiempo que le quedaba en esta casa, bajo mi techo, era ínfimo una realidad que debía empezar a asumir él.*

De nuevo la familia se dividía por un asunto relacionado con los hijos, y esta vez no era Garm el protagonista o Alrek con su exceso de dominancia, nadie pensaba que la tercera crisis de los Tollak fuera a causa de Öda, pero eran familia y en algún momento acabarían por solucionarlo, pero ese tiempo aún estaba algo lejos.

Tras un par de semanas castigada sin salir salvo al hospital y a la escuela, de nuevo llegó el día de ponerle los paños a Khayla y además Öda le había dicho que estudiaría mejor eso de la acupuntura para mejorarle la elasticidad de los tendones, así que cogió los trastos se marchó antes de hora para que su madre no pudiera enviar a alguien a buscar a la guerrera para que acudiera al hospital o que fuera ella misma. Le daba igual si Ulf entraba en barrena, ella iría a ver a su paciente y eso estaba por encima de todo.*




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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Ragnar el Jue Jun 07, 2018 5:16 am

Llevaba semanas sin ver a Öda, y no porque no fuera en innumerables ocasiones a buscarla preguntando a sus hermanos por ella, si no porque simplemente Ulf había logrado que la engullera la tierra.
Madre me pidió calma, conocía al general desde siempre y ella mejor que yo sabía que si acudía ante su hogar y lo desafiaba esto terminaría muy mal, así que me tragué las ganas y me centre en el bestiario en el que trabajaba.
Salí a varias cacerias y mantuve la mente ocupada en otras cosas que no eran la bruja, es por eso por lo que aquel día, cuando llamaron a la puerta y la abrí, ni de lejos esperaba fuera ella.
Mi sonrisa se ensanchó y movido aun no se bien por que impulso atajé la distancia que nos separaba, hundí mis dedos en los mechones de su nuca y presioné sus labios hambriento de un beso que desde hacía mucho no había llegado pues Ulf me lo había negado, claro que cuando se tensó y me di cuenta de mi error recuperé las formas y reculé sin saber muy bien que decir o que hacer.
-Supongo buscas a mi madre -caí ahora que lejos de venir a visitarme a mi, era a ella a quien venía a atender.*

La muchacha no se esperaba tal recibimiento, pero para ser justos, había soñado cada noche con sus besos, se habría quedado durante horas disfrutando de esos labios carnosos de haber tenido la oportunidad.

— eh…? ah… si, claro.— Pasó dentro cerrando la puerta tras ella y antes de dedicarse a lo que quería hacer, se detuvo un momento.— mi padre me ha castigado, no puedo salir. Pero…echo de menos nuestras…charlas. No me hablo con él y la situación es…— suspiró.— da igual. ¿Cómo va la caza?*

-¿La situación es...? -quería que terminara la frase -Öda, eres mayor de edad, eres su hija no su posesión mas preciada, tu padre tiene que asumir que pronto serás , si no lo eres ya, una mujer y que es normal salgas, te diviertas y.. -ladeé la sonrisa - ..charles conmigo ¿no crees?*

—Eso creo, pero nunca me he enfadado así con mi padre. No sé qué hacer…no quiero dividir a mi familia pero tampoco quiero que mi padre me concierte nada con el hijo ese de su amigo, me da igual que yo le parezca guapa.— y aunque ya tenía 18 seguía siendo propiedad de su padre y si éste la prometía de conveniencia ella podría negarse pero entonces se armaría un gran escándalo y acabaría aún más perjudicada.*

-¿como? -fruncí el ceño incrédulo de lo que decía -tu padre no puede prometerte con ese -ni siquiera sabía quien era "ese" pero ¿acaso importaba? - las cosas no funcionan así. Tuviste cojones para decirme que no querías follar conmigo, no lo entendí pero lo respeté, ten los mismos para negarte a ese matrimonio que tu padre quiere imponerte y si es necesario, enfrentate a Ulf, algún día lo tendrás que hacer.
"O lo haré yo" frase que no dije pero pensé y ni siquiera se porque pensé.*

Asintió, pero no muy segura. Desde luego, llegado el momento no le entregaría su libertad a su padre a cualquier coste, pero odiaba estar así, enfadados y separados por una situación tan absurda.— voy a ver a tu madre…— tampoco quería discutir con Ragnar, porque en verdad lo único que quería era volver a ese sofá o a la plaza con la música pero si la presionaba a rebelarse, aún se sentía más tensa.*


Öda visitó a mi madre, era muy profesional y aunque se notaba que no quería discutir conmigo también advertía que de no ser por su padre, se quedaría un rato para que habláramos.
Esperé fuera que terminara, si pensaba iba a poder escapar de mi casa sin explicarme porque le permitía a su padre controlar su vida, se equivocaba.
Esperé a que terminara las curas y en cuanto salió me presenté frente a ella con cara de tener muchas preguntas, pude notar como dejaba escapar el aire seguramente incapaz de darme respuestas cuando el techo se ilumino y flotando ante nuestros ojos quedaron escritas unas letras en tonos dorados.
Era Sirius, necesitaba de mi ayuda para dar caza a un licano que se había descontrolado, necesitaba discreción, y lo que me sorprendió es que pedía que junto a mi llevara a Öda, según lo que leía era vital que viniera, ya nos lo explicarían mejor una vez llegáramos a la aldea.
-Tienes que acompañarme, Sirius y su esposa nos necesitan, coge tus cosas, nos vamos.*

El mensaje de Sirius era brillante y claro, una llamada de auxilio en toda regla, los necesitaban a ambos y desde luego no podía negarse, cazó el mensaje con un gesto del puño y se lo reenvió a su madre, Giuliana, para que pudiera explicárselo bien a Ulf, pues gracia no le iba a hacer al lobo. Resopló cuando Ragnar le dio las órdenes.


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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Öda Tollak el Lun Jul 02, 2018 3:29 pm

— Necesito algo que debo coger de mi casa…pero si piso la puerta me temo que no podré salir, mi padre me retendrá… Vale, ¿tienes caballo?.— Tendrían que ir al galope, entraría por detrás a la cocina, bajaría rauda al sótano, cogería lo que necesitaba de su sala de magia y saldría disparada hasta el caballo para salir antes de que Ulf se diera cuenta.*

-Te llevaré, tu padre no puede negarse, Sirius nos necesita a ambos, supongo que el tema de las manadas es mas importante que la virginidad intacta de su hija.
Resoplé buscando su mirada, no era el momento de tener esa charla que nos debíamos ambos, peor no por falta de ganas, si no de tiempo.
-No puedes dejar que tu padre viva por ti la vida -repliqué mientras caminaba hacia mi habitación y abría un armero de donde saqué sendos cuchillos de plata, una ballesta y algo de aconito para untar las virutas.
-¡Vamos! -dije cerrando el petate donde había metido un par de mudas para el viaje.

Creo que Öda no andaba muy segura de llevarme hasta la puerta de su casa, tras el ultimo encuentro con su padre en el que estuvo a nada de partirme en dos con un hacha y que de seguro lo hubiera hecho de no estar allí mi madre que lo evito, creo que Öda temía lo que pudiera pasarme.
-Confía en mi ¿quieres? -le pedí retirando un mechón de pelo de su rostro hasta colocarlo tras su oreja.
Mi madre salió en ese momento pillándonos a los dos muy cerca en medio del pasillo.
-Tengo que irme madre, Sirius me necesita, Öda viene conmigo.*

La bruja temía la reacción de Ulf más que una tormenta del dios del trueno, pero el mensaje de Sirius era ineludible. El gesto de Ragnar colocándole el pelo tras la oreja le recordó mucho a los gestos tiernos que Brökk tenía con ella, tanto él como Garm la mimaban igual que su padre. No así Alrek y Erika que siempre le decía que era una ñoña. En eso salió Khayla de la habitación, se encontraba mucho mejor después de los tratamientos. Besó la frente de Ragnar y le dedicó una sonrisa a Öda.

— Cuida de él, aunque te saque de tus casillas. Y tú cuida de ella o perderás los cojones cuando llegues y yo no haré nada por evitarlo.— Le guiñó el ojo a su hijo y se encaminó a la cocina donde puso unos cuantos víveres en una bolsa de tela y se la dio a Öda, ya que se iban tan apresuradamente, que al menos no tuvieran que entretenerse en cazar algo en las próximas horas.

Salieron rumbo a casa de los Tollak y la joven entró como una exhalación por la puerta de la cocina y salió de nuevo en menos de tres minutos. Llevaba una pequeña bandolera cruzada con lo que pensaba que iba a necesitar y una capa gruesa para guarecerse. Metió el pie en el estribo y montó tras Ragnar abrazándose a su cintura.

— Date prisa…vamos… antes de que se levante.— atravesaron Akershus a buen ritmo esquivando gente y puestos callejeros. Dejaron atrás el portón y se internaron en el bosque, la bruja se abrazó a la espalda de Ragnar pegando en ella la mejilla, como solía hacer cuando cabalgaba con su padre o con alguno de sus hermanos, ese contacto físico no le molestaba en absoluto, ella era muy de tocar, acariciar y abrazar.*

Al galope abandonamos Akershus como dos forajidos que huyen de la horca, no pude evitar reírme una vez nos adentramos en la densa vegetación de un bosque lleno de olmos plateados que apenas dejaban adentrarse entre sus ramas las anaranjadas luces del astro rey.
-¿Cualquiera diría que acabamos de escapar de un tirano? -dije girándome sin borrar esa picara sonrisa para mirarla por encima del hombro.
Me gustaba estar con ella, era raro, distinto porque esto no iba exactamente a como yo acostumbraba a relacionarme con las mujeres.Yo era de un polvo y mañana no me acuerdo y en este caso, no la sacaba de mi cabeza pero por contra follaba nada.




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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Ragnar el Lun Jul 02, 2018 3:32 pm

Su cabeza reposaba en mi hombro mientras seguíamos un sendero estrecho, a uno de los lados había zarzas y al otro una escarpada pared de montaña. Seguimos avanzando afianzando bien cada paso del caballo, los brazos de Óda se anclaron a mi cintura como si fuera su salvavidas.
-¿estas nerviosa? era de las primeras misiones que iba a llevar a cabo lejos de Akershus y supuse que como a todos nosotros la primera vez tendría cierto respeto -no dejaré que te pase nada, seguramente te necesitaran para sanar algún enfermo, atender algún parto complicado, te quedaras en el poblado mientras yo me encargo de dar sepultura a la bestia descarriada.*

—Un poco… la otra vez que salimos a recoger hierbas…casi nos matan esos bichos. Y después…¡Oh! No quiero recordarlo. Me pasé con la cerveza… qué vergüenza…sólo espero hacerlo bien y no meterme en muchos líos, para que al volver tus partes masculinas no corran peligro. Me va a caer un rapapolvo cuando vuelva, eso lo sé…no por ir a ayudar a Sirius, eso mi padre lo comprenderá, sino por no hablarle, por no decirle que me iba y dejar que me diga algun consejo… no sé lo normal. Pero es que… llevamos semanas sin hablarnos y odio estar así. ¡¡Pero es que no voy a dejar que me diga esas cosas!!.— Suspiró y siguió pegada a su espalda, así se sentía más segura, a pesar de que ella podía invocar barreras mágicas que la protegerían hasta de las lluvias de flechas. Cabalgaron al menos un par de horas más antes de detenerse cerca del río, descansarían unas pocas horas, sobre todo por la montura, y seguirían hasta la aldea fronteriza. El bosque era un lugar lleno de alimañas, juntaron unas ramas y un tronco pequeño y Öda encendió fuego con un truco de magia que les evitó un buen rato de hacer chispas. Se acercaron a la hoguera y con unos palos afilados asaron lo que llevaban en la bolsa.

— Ya sé que no me entiendes…yo a veces creo que debo estar equivocada. Pero a pesar de que sé que mi padre no es mi dueño, no quiero romper mi familia, para mi es muy importante mi hogar y aunque mi padre no lo esté haciendo bien, no quiero estropearlo todo. Intento hacerle comprender, pero es muy cabezota y ahora mismo… no nos hablamos.*

Mastiqué la carnaza en silencio, escuchando las palabras de la hechicera, ella trataba de justificar a su padre, bien sabía que era la niña de sus ojos y para ella Ulf el mejor hombre del mundo, pero no se daba cuenta que la trataba como si fuera una niña, a su hermana Erika la dejaba ir y venir, no le daba ordenes sin parar y por contra, Oda parecía ser demasiado tonta como para poder decidir su propio camino.
Frustrado me relamí los dedos apurando la grasilla que resbalaba por ellos, según ella no se hablaba con su padre y yo no quería romper su familia, para ella era importante, era una mujer muy anclada a ese tipo de lazos fraternales, pero a causa de esto yo siempre perdía y eso me cansaba de sobremanera.

Me dejé caer en su regazo mirando el firmamento, con las piernas flexionadas y el ceño ligeramente fruncido.
-Siempre eliges a tu padre, parezco ser yo el que sobra en esta historia y deberías recordar que estoy siendo paciente porque entiendo tus inseguridades, pero yo también tengo mis necesidades .*

Paseó sus dedos por el pelo de Ragnar mirando al mismo firmamento y después los ojos verdosos del cazador.

— Lo entiendo. Y si dejas de esperarme y darme tiempo también lo entenderé. Aunque no me gustaría que eso pasara porque…a todas horas pienso en ti, sé que no debería, sé que tendría que centrarme en el hospital y en los estudios y…pero no puedo, cuando me doy cuenta estoy… — se mordió el labio inferior.— deseando verte y besarte.

Se inclinó hacia delante buscando sus labios, el pelo se interponía entre ambos y lo retiró con una mano, pero algunos mechones se le escaparon y éste cosquilleó por la nariz del cazador.*


Mi diestra se enredó en los largos mechones de pelo lacio que caía sobre su costado en forma de cascada de oro escapando de mi puño. La atraje contra mis labios presionándolos despacio hasta que voraz mi lengua se hizo hueco entre sus fronteras arrasando todo como lo haría un ejercito de fieros soldados.
Nuestras sin huesos danzaron la danza de los siete velos dentro y fuera de neutras bocas hasta dejarnos sin aliento, un gruñido fue la respuesta a su sutil jadeo y hubiera continuado de no ser porque al notar la bruja que mi cuerpo se pegaba para presionar que se tumbara interpuso las manos entre ella y mi pecho para detener mi avance peligroso.
Abrí los ojos hundiéndolos en sus dos océanos.
-¿demasiado deprisa? -pregunté relamiendo su sabor.


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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Öda Tollak el Miér Jul 18, 2018 9:47 am

Öda era una chica distinta, especial ,distaba mucho de parecerse al resto de norteñas, con ella las cosas tenían que fluir de otra manera y aunque admitía me exasperaba su forma de hacer a la vez me atrapaba esa negativa constante que me llevaba al filo de la navaja.
-Eres peor que tu padre.- sonreí contra sus labios volviendo a arrastrarla contra mi boca.*

Ella misma se había dejado llevar por ese beso arrebatador, nunca había sentido algo tan potente como lo que la empujaba a buscarlo, pero también era consciente de que estaban en mitad de un bosque, quizás lleno de alimañas, camino de una misión que no sabía cómo saldría y con su padre poniendo el grito en el cielo cuando no la viera regresar. ¿Estaba segura de que además querer dar ese paso en ese momento?

es… difícil parar. Me pasaría horas besándote…— suspiró para relajar sus sentidos y los nervios que habían hecho que se le pusiera la carne de gallina.— ¿Cómo es? Quiero decir… sé en qué consiste, oigo los gemidos en mi casa y sé que mis hermanos lo hacen…bueno Brökk y Garm creo que no, pero no estoy segura. ¿Siempre le gusta a todo el mundo? ¿y si a mi no me gusta? ¿eso puede pasar?*

Me eché a reír frente a aquella pregunta que no delataba mas que su inocencia.
-Si no te gusta mal amante tienes entre las piernas Öda. El sexo es placentero, no se como explicártelo porque la mejor forma de descubrirlo es investigando y supongo que es diferente dependiendo de con quien lo practiques, pero cuando te corres tocas el Valhalla con la punta de los dedos, es brutal...
Me encogí de hombros sin saber como explicarle.
-Supongo que Alrek podrá definirte la parte sentimental mejor, yo solo conozco la que lleva placer en estado puro sin ataduras de ningún tipo pero tu hermano anda pillado por la hija de Danielle.*

Sonrió de medio lado con una sonrisa algo pícara.
¡Pues claro! De algo debía servir los hechizos de amor que le eché. Ya andaban liados, pero yo necesitaba practicar y como hacen tan buena pareja… Bueno, en verdad no sé si funcionan, pero parece que a pesar de que discuten bastante se quieren. Supongo que… algún día lo descubriré. ¿Y a ti no te importa que no sepa hacerlo?

Quizás la pregunta parecía muy básica, pero para alguien acostumbrada a vivir en una familia competitiva donde sus hermanos luchaban hasta por quedarse con el trozo de pan más grande, pues lo habitual era querer ser el mejor en algo, ella había optado por la magia, pero se sentía inútil en ese terreno.*

-Por lo que he hablado con Alrek, creo que si no tuviera claro que Beth quiere tener una vida en la mar como su madre ya le hubiera pedido vivir juntos, peor supongo que tu hermano no quiere atarla a puerto de no ser lo que ella quiere, hace bien las cosas no se pueden forzar.
Ladeé la sonrisa porque eso ultimo bien me lo podía aplicar. Me encogí de hombros ante su pregunta.
-Para nosotros es bastante excitante la idea de desvirgar a una mujer -toma ya que bien me había quedado, bien podía decir que era un barbado -pero no es por eso por lo que espero, eres diferente y supongo que merecería la pena esperar -enarqué una ceja - pero que no sea mucho o me explotaran los huevos -bromeé ¿Te da miedo hacerlo? ¿Por tu padre?*

eso dicen mis hermanos cuando hace tiempo que no van a la taberna porque están lesionados… pero nunca he oído nada así, nunca nadie ha venido al hospital por explotarle los huevos. ¿Por mi padre? Mmmm creo que no. Es más, cuando me enfadé tanto con él pensé que debería hacer todo lo que pudiera molestarle, pero luego recapacité porque es una tontería. Él me quiere más que nadie, aunque esté equivocado y no le haré daño intencionadamente. Tampoco es miedo en sí…creo que es un poco de inseguridad, porque me siento torpe y sé como sois los chicos, tengo tres brutos en casa. Creo que si luego escuchara historias de mí por ahí, o burlas o algo así… me sentiría muy mal. No me gustaría que algo que creo que es importante fuera luego pisoteado. ¿Soy muy rara?*




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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Ragnar el Miér Jul 18, 2018 9:50 am

Le hubiera dicho que yo no era así, pero la verdad es que como todos había hablado de las mujeres que había atravesado con mi verga, también ellas de mi, en el norte el sexo no se vivía como un tabú y hablar de él era algo habitual como practicarlo borracho incluso en la misma taberna rodeado de publico, no podía negar la evidencia, no era ese Principe azul que quizás ella y su padre estaban buscando.
-Hay otras cosas que se pueden hacer sin llegar a la penetración, me refiero a que no es necesario empezar por lo mas...pues con eso, con el acto propiamente dicho ¿no has hecho nada?*

Negó ante esa pregunta. ¿Qué más cosas? ¿las que sus hermanos denominaban como “comidas”?
— ¿Con quién? Si no voy nunca a ningún sitio…mi hermana no me cuenta casi nada, se lo cuenta todo a Garm o a Alrek y yo no hablo de esas cosas con mi madre. Supongo que sigue teniendo algunas costumbres extranjeras, como no ser tan explícita como ellos.

Hundí mis ojos en sus dos orbes azules mi sonrisa se ladeó picara.
-¿No te masturbas? -pregunté divertido -vamos, eso seguro que si lo haces.
Una cosa es que no saliera por ahí de fiesta y que por eso no hubiera tenido relaciones carnales y otra muy distinta que en la privacidad de su cámara en algún momento que otro no se hubiera tocado a si misma nunca.
-¿No te excitas? con el beso digo..¿y si mientras me besas te tocas tu?*

— si, claro, eso… — se puso roja.— pero es que nadie me lo había preguntado antes, no sé, no es algo que entre en las conversaciones habituales. Pero con Ragnar las conversaciones eran de todo menos “convencionales”.— ¿los dos?.— ¿eso contaba como sexo? Había dicho que había otras cosas que se podían hacer…¿por qué no? Seguramente no lo contaría por ahí porque entonces tampoco podría presumir de ser muy macho. Se acercó de nuevo a sus labios, dejando que los besos se volvieran más tórridos y terminó por desabrocharse la falda, tantos refajos molestaban, con las enaguas también lejos, se quedó sólo con la ropa interior. Había bajado la mano y notado el bulto de Ragnar, había visto muchas erecciones, pero normalmente acababan fofas al ver la sonda o al someterse a tratamientos y curas.*


Oda titubeó en principio, sonrojada temió seguramente que esto solo fuera un paso mas hacía aquello que al parecer temía. Sonrió tímidamente para después empezar a desnudarse frente a mis ojos, mi mirada turbia se deslizó por su cuerpo. Su piel era clara, contrastaba con la oscura ropa interior que llevaba, us pechos estaban alzados, y por el escote se asomaba en uno de ellos medio pezon oscurecido y empitonado por la excitación que sentía. Su diestra se colaba entre sus braguitas mientras nuestras bocas sen encontraban primero de forma sutil, apenas unos roces que se caldearon con el choque de nuestro aliento.
Mi lengua ávida de mas se deslizó por su cavidad enredándose con su humedad, acariciando su sinhueso y arrancándole un jadeo que la dejo sin resuello.
-¿quieres que lo haga yo? -pregunté rozando sus labios mientras llevaba mi mano hasta su centro pero sin cruzar la frontera delimitada por la tela de la ropa interior.*

Era un terreno desconocido pero excitante, avanzaba poco a poco y con tiento, si había estado ajena a todo lo que comportaba el sexo, las relaciones y todo ese mundillo, no era por otro motivo que simplemente estar centrada en otras cosas y no sentir esa gran necesidad de demostrarle nada a nadie. ¿Por qué estaba siendo tan amable? Porque le gustaba, debía ser eso. Sí, le gustaba a Ragnar quizás tanto como a ella le gustaba él. Se le escapó un jadeo cuando le faltó el aire y se separó un instante. Era hora de dar un paso con o sin permiso, asintió y sintió un escalofrío que la hizo estremecer cuando unos dedos ajenos fueron deslizándose camino al infierno. Era como dejarse en manos del destino sin saber qué podría pasar, pero por el motivo que fuera, se sentía confiada, quizás porque Ragnar había contestado a todas sus preguntas sin burlarse. Bajó la mano liberando su pantalón y acariciando por encima de la tela su dureza, según él se podían hacer cosas placenteras sin cruzar ciertas líneas, no sería tan egoísta.*

Cuando deslizó sus dedos a través de la tela que cubría mi dureza notó en un palpito contra sus dedos. Pude notar como apartaba ligeramente la yema de sus dedos sorprendida por el movimiento, para después sonreír contra mis labios volviendo a llevar su mano esta vez al botón que sujetaba mi pantalón en mi cintura. Lo bajó despacio liberando mi acero que apuntó a la bruja palpitando frente sus ojos, endurecido, con la punta brillante y húmeda quedaba expuesto ante su turbia mirada.

Mi diestra se coló por el borde de sus bragas recorriendo suavemente el monte de Venus, separé sus labios bajos introduciendo dos de mis dedos en su centro, recorriendo cada pliegue que se humedecía con cada caricia. Gimió contra mi boca cuando escuché un sonido en el bosque, ramas quebrarse, algo se acercaba.

-Vístete dije con la voz ronca y la mirada turbia fruto del deseo.
Me incorporé recolocándome los pantalones con rapidez y afiancé la espada entre mis dedos tensando el gesto. No parecía una bestia, ¿hombres quizás?*


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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Öda Tollak el Dom Ago 12, 2018 3:57 pm

Cuando Ragnar se apartó con rapidez y sacó la espada se asustó, no se lo esperaba, había perdido la noción del tiempo y el espacio, tan centrada como estaba en todo lo nuevo que comenzaba a experimentar. Se colocó rápidamente la falda y las enaguas y abrochó la camisa tratando de recomponerse. Por un fugaz instante se había dejado llevar por el deseo y se sentía sofocada, como si en sus entrañas algo tirase fuerte y atenazase las tripas.

Cuando se estaba levantando, con las mejillas coloradas todavía, aparecieron frente a ellos unos hombres y mujeres cuya aura indiscutiblemente revelaba que eran licántropos. Se pegó a Ragnar y le susurró al oido.

— Son licántropos, lo veo en su aura.*

Analicé sus vestimentas pasando mi diestra por delante del cuerpo de la bruja en un gesto instintivo para protegerla.Habíamos venido a ayudar a una manada de licanos y aunque de normal yo les daba muerte y caza, no tenía nada en contra de eso que estaban controlados y no suponían peligro alguno para los humanos.

-Venimos a ayudar, Sirius nos ha hecho llamar -aseguré esperando no equivocarme y que estos fueran de la tribu que nos esperaba y no por contra, unos descarriados de esos que se organizaban en el bosque en pequeños grupos y que como perros salvajes atacaban a los hombres que se adentraban en sus dominios.

El que parecía el jefecillo hizo una señal a los otros para que bajaran los arcos con los que nos apuntaban, y tras ellos bajar las armas, hice yo lo propio con mi espada, relajando ahora mi brazo que tenso había quedado con las venas completamente marcadas.
-Todo esta bien -susurré hacia la hechicera que se aferraba a mi mano.*

Los lobos hablaron entre ellos y el que se adelantó le tendió la mano a Ragnar pero mirando con cierta desconfianza a Öda, cuando si supieran la verdad, seguramente deberían pensarlo al revés, porque ella no había hecho daño a nadie nunca, sólo por accidente, y Ragnar en cambio era un experto cazador.

— Yo soy Öda. Sirius es mi…primo.— dijo alegando de forma algo tímida para justificar su presencia allí. Notaba los ojos de esa gente fijos en ambos, preguntándose cómo su ayuda podría ser beneficiosa en aquella causa. La del chaval estaba clara, pero las brujas no solían ser muy útiles, sólo peligrosas.— Soy experta en curación.— dijo para tranquilizar un poco el ambiente. No les iría mal alguien que supiera de heridas, golpes y múltiples afecciones. Pues la idea era capturarla vida, aunque por el camino podría llevarse algo de todo eso.*




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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Ragnar el Dom Ago 12, 2018 3:59 pm

Seguimos a los licanos que parecían decididos a custodiarnos hasta el mismo asentamiento que tenían en las fronteras. Ladeé la sonrisa con mi diestra anudada a la mano de la hechicera.

-Salvada por los licanos -bromeé guiñándole un ojo -a la próxima no te será tan fácil librarte de mi -bromeé guiñándole un ojo.

Bien sabía que Ulf de saber por donde había paseado mis dedos no dudaría en decapitarme con un golpe de mandoble, pero allí no estaba el general y por contra si nosotros. Iba siendo hora de que Öda saliera de su jaula de oro y se encontrara con una placentera realidad.

No olvidaba lo que era, ni aquel sueño que ella tuvo y que por contra yo conocía porque cierta vez nos leyeron nuestro sino, llegaría el momento en el que Garm tendría con mi hermano un enfrentamiento en el que solo uno de los dos saldría ileso, pero hasta entonces, nadie podía prohibirme que la conociera.*

Le sonrió pero luego contuvo la sonrisa, estaban siendo guiados hacia la aldea, quizás estuvieran allí Sirius y Elaine, tenía ganas de verlos, eran su pareja favorita, Sirius había vivido media vida en su casa y lo quería como un hermano, y la princesa rumana era también un referente como mujer, esposa, compañera… Su historia la hacía suspirar. Alguna vez se lo había dicho a Erika buscando en ella algo de comprensión, pero su hermana le había contestado un sonoro ronquido como respuesta. A veces pensaba que eran un bicho tan raro como su madre, pero no se lo podía contar todo a ella, ¡por los dioses!, que era su madre.

—¡Sirius!.— cuando lo vio salió corriendo para abrazarlo y darle un montón de besos en la mejilla y después a Elaine tres cuartos de lo mismo.— ¿Puedes explicarle a mamá que me llamaste tú? Mi padre estará furibundo.— Si el brujo le mandaba un mensaje mágico a Giuliana las cosas serían distintas. O al menos eso quería pensar.*

No me llevaba especialmente bien ni con Sirius ni con su esposa, digamos que trabajábamos juntos cuando las cosas venían así dadas, pero él no dejaba de ser un hechicero peligroso, no era la primera vez que su poder se descontrolaba en Akershus o que demostraba la oscuridad que corría por sus venas, aunque en favor del mismo tenía que reconocer que había salvado a Akershus de vivir muchas muertes innecesarias.

Aun así, jugar a ser dios era peligrosos y Sirius ostentaba un poder que no debería estar permitido en Midgard, ademas se había casado con una licano, que aunque buscaba la paz, no dejaba de ser lo que era, un monstruo maldecido por la licantropía.

-Hola Sirius -atajé a decir saludándolo de forma algo cortante.
El hechicero movió la cabeza a modo de saludo centrando su atención en Öda.
-Veré lo que puedo hacer -le dijo revolviendo el pelo dorado de la hija de Ulf ¿por que todos la trataban como una niña?¿ No veían acaso a la mujer que tenían frente a ellos?
-¿donde se vio el ultimo rastro? -atajé mirando a la licantropa.
-Ragnar, espera, no es tan fácil -dijo el hechicero, hablemos antes, necesito entiendas que esto no es una cacería mas, la situación es compleja.
Enarqué una ceja mirando al hechicero. ¿Compleja? Dar caza a un sobrenatural siempre era complejo, pero algo me decía que no era a eso exactamente a lo que se refería.*


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