Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Las emociones nublan el juicio (privado)

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Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Öda Tollak el Vie 9 Feb - 5:08

Recuerdo del primer mensaje :


Öda canturreaba de un lado a otro de la “cocina”, que era el lugar del hospital donde preparaban ungüentos, pomadas y líquidos para desinfectar, curar, purgar o cualquier acción relacionada con el tratamiento de heridas, forúnculos y gangrenas varias. La farmacia con los medicamentos preparados estaba al lado, y a continuación el cuarto de las vendas. Lo tenían todo muy organizado para poder atender grandes volúmenes de heridos cuando volvía alguna partida o el ejército al completo.

Era jueves y los jueves elaboraban pomadas de árnica y caléndula, envasándolas en tarros de barro que luego sellaban con corcho y cera. Tenían su sistema de trabajo para que nunca hubiera falta de nada. Se recogió el pelo en un moño y se colocó el delantal, moliendo las hojas secas de un cesto en un mortero grande y mezclándolo con los demás ingredientes, los aceites esenciales y los polvos. Canturreaba canciones de las que su madre les había cantado a todos sus hermanos, solía estar de buen humor y le gustaba ayudar a la gente. Giuliana había ido a hacer unos recados y en el hospital además de ella había un par de mujeres más que estaban limpiando y cambiando sábanas. Sólo tenían un hospitalizado por un hueso roto que habían arreglado el día anterior y tenían que observarlo durante al menos dos o tres días más.*

Llevaba días inmerso en la búsqueda de una alimaña que moraba por los bosques septentrionales, no podía descartar que fuera algo nuevo, uno de los miles de experimentos que Randulf llevaba a cabo a lo largo del año y que si no eran de su gusto, soltaba para que ocasionaran daños hasta que fueran descubiertos y cazados.
Posiblemente esté se tratara de otro de sus fallos. Suelto, hambriento ocasionaba peligro a las aldeas colindantes y llevaba ya varios muertos.

Esa noche por fin logré acorralarlo en un riachuelo donde habría acudido a beber. La ristra de flechas no fue suficiente para debilitar a una especie de oso terrible, que duplicaba el tamaño de un animal normal, ademas la capa de pelo, tupida como si se tratara de una armadura lograba que el acero en ocasiones rebotara sin causarle daño alguno. Estaba vendido si no encontraba su punto débil, y el tiempo paa hacerlo frente a estos bicho se agotaba pronto.

Centré mi mirada en el, mientras corría hacia mi, desenvainé sendas espadas con los ojos fijos en la bestia y solo esquivé cuando casi me dio alcance. Para encontrar su debilidad necesitaba tocarlo, sentirlo y eso solo podía hacerlo a corta distancia.

La batalla se prolongo durante una hora, en la que me hirió de varios zarpazos en brazos y piernas, hasta que finalmente mi acero se hundió por debajo de su gaznate y a modo de tijeras logre desgarrar su piel dejando la yugular al descubierto, un tajo seco la rebanó y la pieza cayó a mis pies dando sus ultimas bocanadas de vida.

Apenas me mantenía en pie, pero con las sogas, até su cuerpo, por debajo pasé unos troncos que rodarían facilitando al corcel el transporte y con el orgullo del trabajo hecho regresé a mi hogar, Akershus. No logré cruzar el portón, antes de hacerlo me desmoroné sobre el suelo. Apenasdistinguia borrones marrones, gente en movimiento podía apreciar se aglutinaba a mi alrededor, ruido y mi cuerpo portado en volandas hacia algún sitio, luego oscuridad y de nuevo luces en lo que a todos los efectos parecía ser la enfermería.*


Les trajeron a uno de los hijos del general Lund, el pequeño, bastante malherido, y lo alojaron en una cama. Cortaron sus ropas, desinfectaron las heridas y le colocó varios ungüentos curativos en ellas, pero había una que no podían coser porque faltaba carne. Öda sabía que el muchacho era rarito, que miraba a su madre de reojo, de la misma forma que a Sirius o Valeska, o incluso a Alrek y Garm. Primero pensó que era porque la relación entre Höor y Lund se deterioró un poco en el pasado, pero ahora estaban bien, así que no sabía muy bien qué podía llevarlo a ser tan solitario. Quizás no le gustaban los hechicero, eso podía comprenderlo, había gente muy supersticiosa, pero su madre llevaba allí más de veinte años y todo el mundo la apreciaba. Bueno, su madre no estaba y ella tenía que tomar las decisiones así que prendió el aceite de un pequeño vasito y esparció el olor por la sala salmodiando un conjuro wiccano para alejar a los malos espíritus. Después aferró el vendaje de Ragnar y se puso a murmurar, la carne crecería mucho más rápido así y le dolería menos.*

A mi alrededor una joven doncella rubia que no lograba enfocar se había esforzado por coser mis heridas, mas pronto me di cuenta de mi error, al estar calmo junto a ella.
Olia como a sauce quemándose o no se bien a que y de pronto empezó a recitar cosas en un idioma desconocido, magia.
-¡No! -rugí aferrando su muñeca para que se detuviera y me escuchara -no -insistí con la poca fuerza que me quedaba -si mis dioses me quieren en el Valhalla iré, pero magia no.
No quiero que tu te ocupes de mi -dije con cierto desprecio en la voz ,antes de volver a rugir de dolor sobre el lecho.*

Se sorprendió por la reacción del chico y dejó de salmodiar perdiendo el hilo de lo que estaba haciendo. Nunca nadie le había dicho que no usase magia, normalmente la gente cuando estaba tan dolorida y malita sólo querían que les ayudase.
— Ah… b…bien.— soltó su brazo dejandolo caer sobre una sábana limpia y se limpió las manos en el delantal mirándolo todavía más sorprendida que ofendida. Lo dejó unos minutos para ir a buscar unos ungüentos y más vendas porque si no quería magia, ese bocado de carne había que rellenarlo con el medicamento o se infectaría y dolería un infierno. Al poco regresó y acercó la silla cogiéndole de nuevo el brazo y retirándole la venda para untarlo bien con ese potingue que ahuyentaba las fiebres por infección.— Tardará en curarse…quedará una cicatriz fea. Espero que no se infecte o podrías perder el brazo, no te rasques ni te lo toques. Si te pica me avisas y traeré algo para aliviarlo.




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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Ragnar el Dom 22 Abr - 18:50

La escuché atento, mis dedos se deslizaban despacio por sus caderas jugando con su curvatura como si ascendiera y descendiera una montaña, aunque estaba tan absorto en todo lo que me explicaba que ni me percaté de que rozaba su piel con la yema de mis dedos una y otra vez.
-pero entonces ¿es imposible parar vuestra magia? me refiero, por ejemplo, Sirius, le he visto en combate, no podría ni llegar a alcanzarlo, lo he estudiado.
Tomé el bestiario que quedaba apoyado en la mesa frente al sofá y le mostré el dibujo con sus fortalezas que era muchas y su debilidad, hasta hoy solo había encontrado una.
-Si te fijas como lo que hace suele ser bestial, se queda sin "mana" energía lo llamas tu y cae, es el único momento que lo he visto débil, que sería factible terminar con él. Aun así, porta espada y cuchillos y aun agotado las blande para que el enemigo no lo mate una vez no le queda una brizna de poder, pero su debilidad no le permitiría enfrentar un enemigo letal.*

—Porque alterar grandes cantidades de energía drena la nuestra, no es lo mismo escarchar una manzana que provocar una ventisca. Luego hay gente que tiene la facultad de transitar los velos que separan las realidades, el mundo espiritual y el de carne y hueso. Mi madre lo hace con frecuencia, el vudú la ayuda, pero está en su naturaleza, yo también lo he heredado, pero no sé hacerlo todavía. Las visiones, la premonición, lo que los dioses nos envían…es una disciplina incomprensible, muy difícil de manejar. Sirius tiene una cantidad de poder como no he visto jamás, ni siquiera mi madre se le acerca. Por eso es importante estudiar mucho, dedicar muchas horas a comprenderlo y a tener muy claro tu papel en el mundo…o podrías acabar demente, como muchos de los hechiceros de Randulf.*

-Entiendo -dije pensativo -supongo la magia es un arma de doble filo, como todo poder corrompe como pasa con los hechiceros de Randulf y en otras ocasiones tratáis de sobrellevarlo y no sucumbir a su oscuridad ¿verdad?
Poco a poco mientras hablábamos notaba como los ojos me pesaban, esfuerzo titánico por mantenerlos abiertos, escuchando su relato, mi diestra que hasta ahora jugaba con su cuerpo se detuvo para finalmente caer laxa al otro lado de su culo, mi brazo rodeaba su cintura y mi nariz se perdió en las doradas hebras de su pelo sucumbiendo así a los designios de Morfeo. El bestiario quedaba ahora en el suelo.*


Hablando con calma, sin recriminaciones y sólo tratando de conocerse un poco mejor, la conversación fue bajando el volumen y ralentizando el ritmo hasta quedar dormidos. Öda tenía la cabeza sobre su torso y finalmente pasó el brazo por encima también, abrazándolo, mientras él la rodeaba por el otro lado. Así es como los encontraron Lund y Khayla al abrir la puerta ya bien entrada la madrugada.

— ¿no crees que algo está mal en esta escena? Nuestro hijo está en casa antes que nosotros, él aquí leyendo y nosotros de fiesta. Porque estoy segura de que es tuyo, sino diría que es del escribano.— Khayla sonrió y recogió el bestiario de Ragnar dejándolo sobre la mesa.— A Ulf le va a entrar una crisis rabiosa cuando la chica regrese mañana. ¿Nos vamos de misión? No quiero comerme ese marrón.*

-Yo iba a decir que lo que estaba mal en la escena es que ambos llevaban la ropa puesta -bromeé atrayendo a mi mujer de la cintura para besar sus labios -prácticamente lo mismo que veo mal ahora mismo en tu cuerpo..te sobre ropa y te falto yo encima.
Me eché a reir al escucharla hablar de Ulf, estaría botella de whisky en mano esperando a su hija haciendo guardia como n perro rabiosos, no me gustaría estar en el pellejo de mi hijo, pero había gestas que tenia que aprender a luchar por si mismo.*


Se jugaron a quién le tocaba el marrón al día siguiente a una especie de “piedra, papel o tijera” y perdió Khayla, así que tendría que acompañar a Ragnar y Öda por si a Ulf se le iba la pinza y le daba por apalizar al muchacho.

La noche fue incómoda, dos personas dormidas en un sofá dio para muchas vueltas y giros hasta encontrar la forma de encajar cómodamente y no era otra que muy agarrados. Cuando la luz se coló por las ventanas, la bruja se despertó, pero mantuvo los ojos cerrados y murmuró contra el pecho de Ragnar.

— me estoy clavando un muelle del sofá…— no era ese tipo de muelle, era otra cosa, y cuando se dio cuenta resopló y se separó de él retirándose el pelo de la cara.

— Buenos días, tortolitos…queréis desayunar?— Khayla ya se había levantado y se puso a hacer café.*

Ladeé la sonrisa aun con los ojos cerrados al escucharla bufar tras darse cuenta de que no era precisamente el muelle del sofá lo que se clavaba.
-Es que me alegro mucho de verte -bromeé abriendo ahora los ojos para enfrentar sus azules.
Mi madre irrumpió en el sofá con una sonrisa que delataba exactamente aquello que pensaba en estos momentos. -Las tripas me rugen madre -aseguré desperezándome en el sofá mientras Oda quedaba mas encajada contra mi cuerpo al yo tensarlo. -Pues estas guapa cuando te levantas -le dije como si acabara de decir cualquier otra cosa, era por supuesto un cumplido pero dicho con mi falta de romanticismo y tacto bien podía no parecerlo. Había visto cada mujer despertar a mi lado que hubiera salido corriendo el mas fiero de los guerreros, lo que hace el alcohol y la noche..pensé sonriendo.
-Tu padre va a decapitarme.*

—¡Mierda! Mi padre…seguro que no ha dormido, seguro que estará esperándonos en la puerta…¡ay! Menudo lío. Iré yo sola, o … a saber qué te hace.

— de eso nada. Yo iré con vosotros. ¿No ha pasado nada, no? Pffff que desperdicio de noche. Ni fiesta afuera ni fiesta aquí. De verdad que no sé a qué os dedicáis los jóvenes de hoy…y no sé si quiero saberlo.— Khayla preparaba algo de comer para acompañar el café, estaba acostumbrada a dar de comer a tres guerreros voraces, asi que en su casa no había exquisiteces ni tonterías, pan, mantequilla, huevos, salchichas…un desayuno digno de lo que eran.— Coge fuerzas, quizás sea tu último desayuno en este mundo.— le guiñó el ojo a su hijo y sonrió con sorna. Conocía a Ulf y sabía que montaría en cólera, pero si su hijo se arrimaba a Öda, él sabría qué estaba haciendo con su vida. Jamás se interpondría en su camino, pero si lo hablaban en casa tampoco se cortaría diciéndole su opinión.*

Mordí el pan con mantequilla despreocupado, si bien era cierto Ulf era un gran guerrero, de los mejores de Akershus, intuía que delante de mi madre no me saltaría a la yugular..Dani casi lanza a los tiburones a Alrek, deduzco que si el esquivó los cañones, yo podría hacer algo contra la bastarda de su padre, aunque fuera pedir clemencia de rodillas asegurando que nada había pasado entre su hija y yo..aunque cierto era que no porque yo no lo intentara, peor eso no tenía por que saberlo.
-Si tu padre me mata quedará en tu conciencia que encima lo ha hecho por nada ¿que hombre y que mujer que no sean "raros" no se acuestan tras tomarse unas copas Öda?


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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Öda Tollak el Lun 14 Mayo - 17:24

—¿unos que son amigos y…sólo se empiezan a gustar un… un poco? Me da igual que lo consideres raro!! es.. es…¿tenemos que hablar de esto desayunando con tu madre? No se ofenda señora Arund, ya sabe que me encanta venir aquí y el desayuno está muy bueno, gracias.— Khayla reprimió una carcajada pensando que su hijo estaba cortejando una princesa de verdad, habría otras con títulos, pero Öda desde luego lo era, era la princesa de su casa y de su padre y su pequeño mundo dentro de Akershus.

—No, tranquila, por mi no os cortéis, hablad lo que queráis.— mordisqueó una tostada sonriendo ladina a Ragnar por encima del pan. Igualito que su padre, deslumbrado por una rubia con modales y sin cicatrices de guerra. Pero a Lund se le pasó y hacía años que estaban juntos y felizmente casados.*

Le quité el zumo de naranja a la "princesita de papa" del a mano y le di un buen trago.
-¿durante exactamente cuanto tiempo seremos amigos que se están conociendo? -pregunté ladeando la sonrisa con picardía -por echar cuentas de los segundos que me quedan de vida...y los que he de invertir en acabar de conocernos.
Madre me miraba por encima de la tostada sin borrar la risa y Öda creo que me hubiera tirado la suya a la cara.
-No te preocupes, mi madre no se asusta, la escucho fornicar con padre todas las noches, pega unos gritos que …- me dio una patada por debajo de la mesa la hechicera mientras negaba con la cabeza -ya, que no quieres saberlo.*

Soltó la tostada en el plato para ocultar la cara entre las manos.— ¡Dioses, no! Yo también oigo a mis padres pero… no es un tema para hablar en la mesa!!.— Khayla terminó riéndose y se levantó para ir a vestirse y dejarlos un rato solos. Öda regresó a mordisquear la tostada cuando la guerrera abandonó la estancia.— ¿Cuánto tiempo? No sé… si tengo que mirar tus tiempos como referencia ya vamos con semanas de retraso porque siempre consigues lo que quieres en seguida. Supongo que…cuando dejes de verme como un bicho odioso.— Acabaron el desayuno al poco y la rubia salió de la habitación haciéndoles un gesto para marcharse. El gruñido de Ulf iba a oírse hasta en París.*

Gruñí poniéndome en pie porque seguía insistiendo en que no haríamos nada hasta que dejara de verla como un bicho odioso, negué con la cabeza, pero no entré en materia, mi madre salía y era hora de enfrentar a la bestia.
-Madre ¿cojo la bastarda? -pregunté mirando de reojo a la hechicera.Para lo que me iba a servir, Ulf podía rebanarme en trozos si así lo quería.

Recorrimos la escasa distancia que había entre mi casa y la de la hechicera ¡Por Odin que nunca se me antojo tan corta! no habíamos golpeado la puerta cuando esta se a de par en par y un furibundo general con los ojos mas amarillos que jamas había visto y gruñendo hacha en ristre con cara de demente cruzaba el umbral en mi dirección. -¡joder! -grité reculando con ganas hasta que tropecé con una piedra que fijo había colocado Ulf o el destino o ambos y caí de espaldas rogando a los dioses que intercedieran por mi o en su defecto mi madre u Öda.
-¡No hemos follado! -aseguré por si eso era suficiente como para calmar a un lobo que ya ni bastarda ni pollas, hacha de cortar leña.*

Öda esperaba cualquier cosa, pero es que Ulf salió en tromba y soltó un grito para que se detuviese, pero eso no iba a parar al furibundo lobo.
—¡¡Padre!!.
Khayla se interpuso y levantó el brazo lo justo para colocarle la mano en el pecho y no ceder a su arranque, aunque le costó lo suyo porque ella no tenía tanta fuerza como antaño.

—Estate quieto o te arranco los huevos.— capaz era, aunque fuera con un cordel.— Se quedaron dormidos, no ha pasado nada, y estás exagerando un poco ¿no crees? O es que quieres que a la niña le críen telarañas.*




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Re: Las emociones nublan el juicio (privado)

Mensaje por Ragnar el Lun 14 Mayo - 17:26

Rugió delante de Khayla y creo que de no ser amigos de antaño la hubiera hecho a un lado sin importarle nada sus palabras.
-Saca a tu hijo de mi casa o lo uso de leña para mantenerla caliente -gruñó ahora desviando la mirada hacía su hija -ese hijo de... -guardó lo que iba a decir peor el gruñido lo dijo por él -se tira a todo lo que se mueve ¿quieres ser una muesca mas en su espada? Si es así ábrete de piernas, mañana se tirara a otra en la primera aldea a la que vaya.- Devolvió su mirada a Khayla. -Tu eres madre de hijos, yo de ambos, no me pongo de ninguna manera cuando mis hijos la meten en coño ajeno, pero pobre del desgraciado que intente tomar el pelo a mi hija ¿entiendes? si la quiere de verdad, que me lo demuestre -gruño tirando del antebrazo de su hija para meterla a casa sin dejar de gruñir.*

Khayla puso los brazos en jarra observando la escena con una sonrisa irónica en el rostro. No dejaba de ser curioso que lo que él había hecho toda la vida y sus hijos también, no fuera bueno para su hija. Se giró y le ofreció la mano a Ragnar.
— Ha estado bien. Podría haberte dado con el hecha.—le dio dos palmaditas en el hombro y se encaminaron a casa.

Öda entró en la casa arrastrada por Ulf, que le dejó los dedos marcados en el brazo. Al principio estaba asustada, pero en algún momento le subió el cabreo por la garganta y se revolvió soltándose del agarre, con los ojos inundados de lágrimas.

— ¿Por qué me dices cosas tan horribles? No soy una puta!!…te odio!!!.— salió corriendo escalera arriba y dio un portazo al entrar en su cuarto. Era la primera vez que le hablaba así a su padre, pero también era la primera vez que Ulf la trataba así y le había dolido mucho que le dijera que si se acostaba con alguien era una zorra, porque bien sabían todos que su madre se acostó con él sin esperanza ninguna de volverlo a ver y eso no tenía nada que ver con todo lo demás, por fortuna ellos no valoraban que la mujer llegase virgen al matrimonio. Estalló una tormenta de forma brusca, la calle estaba luminosa y soleada pero de pronto se nubló y descargó una pequeña tromba. No solía perder el control, no era como Sirius, pero esa vez quería gritar, romper algo, morder. Y sólo podía morder su cabreo y su frustración, así que el cielo la acompañó.*



Öda había salido a su madre en todo, menos en una cosa, en ese carácter terco que yo ostentaba cuando me enfadaba. Ella se mantenía en sus trece y como si yo fuera un fantasma, repartía besos a diestro y siniestro pero a mi nunca llegaban. Mi entrecejo se encontraba en el centro cuando fruncía las cejas visiblemente molesto, tal era así que hasta mis hijos se atrevían a gastar bromas que atajaba con un gruñido mientras mi esposa, mas solicita que mi prole intentaba poner calma.
Mi intención nunca fue llamarla fulana, ni de lejos era eso lo que de mi hija mimada pensaba, si no que era consciente de que Ragnar era un mal parido que no apreciaba en nada a los cambiantes, brujas y demás seres distintos y sabía que mi hija al lado de ese muchacho acabaría sufriendo, eso por no contar las innumerables veces que dijo que no quería nada serio con las mujeres, que moriría joven y lo asumía alegremente ¿que padre querría un elemento como ese para su hija?Ninguno y menos si esta era tan dulce como la mía.
No pensaba claudicar, si me tenía que odiar adelante, pero iba a hacer todo lo que estuviera en mis manos y mas para que ese pazguato maleante no se le acercara nunca mas. mi hija era demasiado buena para él y este se aprovechaba de su bondad.*

Sabía que su padre era muy territorial y protector, pero Ulf se estaba pasando. Ella ya tenía 18 y la mayoría de mujeres con esa edad ya tenían algun crío o al menos vivían la vida. Nunca se lo había planteado porque nunca se había fijado en un chico que no fuera alguno de sus hermanos o algun amigo del hospital, y a pesar de todo lo que era Ragnar, ella confiaba en la gente como su madre, y confiaba en que a veces hay que darles una oportunidad a las personas para demostrar cómo son. Quizás todo apuntase a que Ragnar seguiría su camino pasase lo que pasase y que seguramente Ulf tuviera razón, pero él no sabía que quizás Öda estaba empezando a convencer al cazador de que los seres sobrenaturales no eran tan horribles como él creía, quizás empezaba a sembrar en su cabeza la idea de que no tenía por qué cazar sólo, ir en grupo le garantizaría más éxito en sus cacerías y seguro que eso ayudaría a Akershus.

Pero el caso es que en el hogar de los Tollak había una profunda división. Öda trataba de no cruzarse con Ulf, porque si lo hacía, lo tenía que ignorar o contestarle algún monosílabo. La bruja trataba de poner paz, Erika y Alrek, los que más tiempo pasaban con Ulf, defendían la postura del lobo. Garm y Brökk se habían posicionado del lado de la pequeña, y aquella situación era tensa. Estaba oscureciendo cuando se levantaron de la mesa, y los muchachos dijeron que se iban a la taberna. Habitualmente Öda se quedaba leyendo junto al fuego, bordando o jugando a cartas con Ulf. Pero esa noche quiso irse con sus hermanos, estaba harta de levantarse de la mesa y largarse a su cuarto para no tener que hablar con su padre.*


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