Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Gracias a ti y a tus ojos {Ullric Vandor}

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Gracias a ti y a tus ojos {Ullric Vandor}

Mensaje por Liara Eblan el Vie Feb 16, 2018 12:51 pm

Los nervios previos al concierto le causaban un cosquilleo en el estómago que no le permitían estarse quieta ni un sólo segundo. Aunque los más fuertes siempre aparecían momentos antes de sentarse al piano —puesto que, una vez que colocaba los dedos sobre las teclas, desaparecían—, varias horas antes ya empezaban a hacer sus pequeños estragos. Su modista estaba en París, así que tuvo que confiarle el trabajo de puesta a punto de su vestido a la modista real, una mujer no especialmente mayor, pero que ya empezaba a peinar canas. Lo más difícil para Liara era comunicarse con toda la gente que trabajaba en el palacio, puesto que no hablar el mismo idioma resultaba extenuante. La forma en la que terminaba haciéndose entender era mediante gestos, pero no siempre conseguía lo que ella pretendía. Por suerte para la joven, la modista en cuestión había pasado un tiempo en Francia trabajando con algunos diseñadores, y todavía recordaba algunas palabras del francés que le salvaron la vida.

Para la pianista supuso un alivio saber que el vestido que llevaría esa noche estaría listo a tiempo, así que dedicó el tiempo que le quedaba a terminar de estudiar las partituras. Siempre tocaba con ellas delante, pero se sentía mucho más segura si las tenía solamente como apoyo. Aprenderse de memoria todas las notas era una tarea que llevaba mucho tiempo de práctica; por eso, y no por otra cosa, Liara pasaba tanto tiempo sentaba en el banco del piano. Siempre quería dar lo mejor de sí, fuera cual fuera el ámbito en el que se estuviera moviendo, y más todavía si estaba recibiendo un sueldo por ello.

Se paseó por la habitación que le había sido destinada, con las partituras firmemente agarradas en una mano y la otra contra su pierna, moviendo los dedos como si estuviera pulsando teclas. Casi ni escuchó que llamaban a la puerta y, cuando la abrió, vio a la modista con su vestido impecable en los brazos. ¡Se había pasado el tiempo volando!

Se vistió con ayuda de la mujer, que no hacía otra cosa que alabar el maravilloso trabajo que había realizado. Cuando terminó se colocó delante del espejo y observó el conjunto que había elegido para aquella ocasión: un vestido de corte sencillo y color gris perla, cuyo corpiño estaba decorado con una tela de gasa bordada con pequeñas flores en tono crema; esa misma tela se alargaba por la parte trasera de la falda, haciendo que por delante se viera de un color plano, mientras que la espalda parecía un jardín de pequeñas flores. Se peinó con un recogido sencillo, decorado tan sólo por una fina tira trenzada con hebras de plata a modo de diadema. Para terminar, se puso sus pendientes de perlas con forma de lágrima, una discreta gargantilla para llenar la zona del escote y un par de gotas de perfume. Echó un último vistazo a su reflejo, respiró hondo y, con las partituras bajo el brazo, salió de su habitación.

El salón donde siempre tocaba no estaba lejos, pero el camino se le hizo eterno. Además, había esperado encontrar la puerta abierta para agilizar el ir y venir de los trabajadores, pero, para su sorpresa, no sólo estaba cerrada a cal y canto, sino que el encargado de vigilarla estaba flirteando con una de las doncellas que empujaba el carrito de las copas. Liara se colocó a una distancia prudente esperando que se diera por aludido, pero parecía que se había vuelto invisible a sus ojos. ¡Sería posible! Carraspeó para llamar su atención y, cuando vio de quién se trataba, su corazón, ya acelerado, estuvo a punto de salírsele por la boca. ¡Era él!

Debo pasar —dijo, agachando la mirada.

¿Por qué se avergonzaba tanto estando en su presencia? Era un crío que miraba a todas y cada una de las mujeres del palacio. A todas menos a ella. Entró sin hacerle más caso del necesario y caminó hasta el piano. Tenía cosas más importantes en las que pensar en ese momento, y en cuanto empezara a tocar, la música le ayudaría a centrarse en lo verdaderamente importante. Y así fue.

El concierto pasó tan rápido que, para cuando se dio cuenta, el público ya estaba aplaudiendo. Se levantó despacio y habló con todo aquel que se acercó a saludarla, pero, en cuanto tuvo ocasión, buscó a uno de los sirvientes para pedir algo que le refrescara la garganta. Eligió tomar una copa de vino y, mientras se la llevaba a los labios, una mano de hombre pasó pegada a su cuerpo para tomar la copa que quedaba en la bandeja. Liara se giró, un tanto confusa, sólo para comprobar que pertenecía al mismo chico que vigilaba la puerta del salón.

Disculpa —murmuró.

Volvió a girarse y, sin que él la viera, bebió un trago largo de su copa. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser él?


Última edición por Liara Eblan el Dom Mar 11, 2018 8:57 am, editado 1 vez


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Re: Gracias a ti y a tus ojos {Ullric Vandor}

Mensaje por Ullric Vandor el Miér Feb 21, 2018 5:28 pm

Nadie allí se burlaba de Ullric. Pese a haber obtenido su rango militar de manera inusual y ser efectivamente un capitán del ejercito neerlandés, sus tareas no estaban a la altura de su título y aunque todos lo respetaban –porque se había ganado la capitanía salvando vidas de compañeros- a él sí que le pesaba. Si pudiera elegir preferiría estar en lugares de conflicto, probando su valía y no en el palacio como simple custodio. Ah, si fuese custodio de los Reyes otra sería la cosa, pero lo cierto era que solo los había visto de lejos y contadas veces. Su misión, la que sin dudas no era consecuente con su rango, era cuidar de la pianista extranjera, esa que deleitaba a la reina.

Se turnaba con Udo, un hombre que había vivido para la custodia del palacio toda su vida. Conocía como nadie el lugar y a las personas que allí vivían. Siempre era un gusto hablar con él, de hecho solían quedarse hablando en el cambio de guardia, a veces hasta dos horas. Sí, Udo era lo único bueno de aquello… Igualmente sacaba provecho de las bonanzas de la tarea, sabía que muchos lo envidiaban por el lugar que ocupaba, aunque a su vez él envidiase a varios por estar justo donde él había soñado siempre. Aún así, Ullric sabía que eso era temporal. La pianista no iba a quedarse para siempre, así como sus superiores no tendrían para siempre a un capitán haciendo de sirviente en el palacio (porque esa era la realidad, no importaba qué otro título quisieran ponerle). Paciencia. De todo podía aprender.

La vida de la señorita Eblan era por demás tranquila. Y esa era otra de las cosas que le incomodaban demasiado, porque si al menos fuese una mujer que se metiese en problemas, si le demostrara que lo necesitaba de verdad, haciéndole sentir que su presencia en torno a ella era útil, todo sería distinto para él y hasta podría disfrutar de sus conciertos o de acompañarla a dar algún paseo. Pero Eblan era bastante aburrida, no salía a ningún lugar, ni siquiera paseaba por los jardines, solo practicaba al piano y se hacía pruebas de vestidos. A veces Ullric quería hablarle, sacarle algún tema de conversación trivial, pero ella parecía tan seria que temía incomodarla. Le gustaría saber si se mostraba más amable cuando era Udo quien la cuidaba, pero nunca había pensado en preguntárselo al viejo guardia.

Esa noche no le entregó el turno a su compañero temprano, sino que decidió quedarse él vigilando hasta que finalizase la presentación. La señorita Eblan estaba tardando especialmente en aprontarse, tanto que Ullric creyó que podía deberse a los nervios por la presentación. Quiso llamar a su puerta, hasta que Marie –una de las camareras- lo llamó desde la otra punta del corredor. Ah, qué mujer. Lo tenía loco y la desgraciada lo sabía bien. Disfrutaba de seducirlo para luego darle negativas, y ahí estaba Ullric Vandor que no aprendía e iba una y otra vez a ella, como si fuese una ola que no puede dejar de visitar la orilla.

La voz de la pianista lo tomó por sorpresa y ambos, la camarera y él, se despegaron como si los hubiese encontrado en pleno coito. Es que sabían bien que deberían estar en sus puestos y ella, aunque no tenía específicamente poder sobre ellos, sí era la pianista personal de la reina, no querían que les tomase mala idea.


-Lo siento. ¿Tiene todo? ¿Puedo ayudarle en algo, señorita Eblan? –le preguntó en inglés, por supuesto.

Pero ella pasó de largo sin siquiera mirarlo, como si estuviese furiosa por algo. ¿Qué le ocurría? Ullric la siguió y echó una mirada concienzuda sobre el salón, intentando identificar posibles peligros. Nada, todo estaba en orden.

Permaneció de pie en un rincón y, si bien estaba siempre alerta fijándose que nadie se acercase a la señorita, también se permitió disfrutar de la melodía. A él siempre le había gustado el piano, pero nunca había podido aprender porque su padre sostenía que aquello era solo para señoritas. Tal vez algún día sus dedos acostumbrados a cargar armas pudiesen crear melodía también.

El público rompió en aplausos y a Ullric le hubiera gustado poder aplaudir también, pero no podía. Había demasiados ojos mirando y él debía permanecer en su posición de vigilancia. Observó a la mujer detenidamente, aunque las personas se cruzaban en su campo visual una y otra vez sus ojos no la perdían. No podrían de hecho, era una de las mujeres más elegantes de la noche y sus aretes brillaban de manera delatora revelando siempre su ubicación.


-Ha estado todo tranquilo por aquí, es una mujer muy solitaria, fíjate que no habla con nadie… Hasta me da pena, mírala -Cuando menos lo esperaba Udo llegó a reemplazarlo y Ulrric le dio un parte. –Creo que disfrutaré de mi rango un rato, amigo. Si te quedas tú siguiéndola me tomaré yo una copa.

Lo saludó y se dispuso a buscar algo que beber, luego de que para él acabase una jornada larga y muy aburrida. Sus pasos lo llevaron hacia donde ella estaba y decidió acercarse, no solo para que dejase su penosa soledad –porque a penas se le habían acercado algunos para felicitarla, no mucho más que eso-, sino también para aclararle lo que había visto.

-Quiero felicitarla por el concierto –le dijo, abusando de la maravillosa sonrisa que sabía que tenía-. Oh, no me dé la espalda, por favor –le rogó y bebió de su copa-. Señorita Eblan, quisiera explicarle lo que vio más temprano… En realidad no fue más que una charla entre dos amigos, se lo digo para que no piense mal de nosotros. Sabe que si usted piensa mal y le cuenta a alguien ese mal pensamiento nosotros podríamos meternos en problemas.


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Re: Gracias a ti y a tus ojos {Ullric Vandor}

Mensaje por Liara Eblan el Dom Mar 11, 2018 9:10 am

¿Por qué no tomaba la copa y se marchaba de allí? Liara no deseaba hablar con él, ni mirarlo, ni compartir esa noche de fiesta a su lado. Tampoco quería darse la vuelta, como él le había pedido, pero se armó de valor y se giró sobre la punta de sus pies, con la copa en la mano. Jugueteó con ella mientras escuchaba sus explicaciones —mismas que ni le interesaban, ni había pedido— y dio un trago antes de contestar.

Me alegro de que le haya gustado —dijo sin un ápice de entusiasmo, bajando la mirada un momento al líquido que quedaba en su copa—. Sobre lo otro, capitán, lo que usted haga con su vida no es asunto mío.

Intentó mantenerse digna y seria ante él, pero esa sonrisa que le había dedicado —plenamente consciente de lo que estaba haciendo, por supuesto— la dejó completamente indefensa. Tuvo que desviar los ojos y fingir que admiraba la fiesta en un gesto nada creíble, dado que nadie allí le hacía el menor caso. Qué irónica podía ser la vida, que el único que se había acercado a hablar con ella era el mismo que Liara quería mantener lejos. Aquello estaba lleno de personas interesantes con las que entablar una conversación, pero se sentía incapaz de hacerlo por el simple hecho de que no hablaba el idioma. Había conseguido aprender algunas palabras, pero eran sólo las básicas para saludar y dar las gracias. Estar allí le recordaba a sus primeros meses en París, cuando su hermano y ella llegaron sin saber absolutamente nada de francés. Por suerte, tenían a su tío, que conocía la ciudad y el idioma y que, como tutor, se encargó de enseñarles todo lo que pudo. Por aquel entonces, Liara tenía cuatro o cinco años, así que no le costó comenzar a hablarlo, pero la horrible sensación de sentirse incomunicada no la había olvidado.

Respiró hondo y volvió a mirarlo.

Lo cierto es que no sé por qué ha venido a contarme todo esto —dijo—, como tampoco sé por qué debería pensar mal de lo que estaban haciendo ahí fuera —mintió, puesto que era algo bastante evidente—. Sus excusas sólo consiguen ponerlo en evidencia, capitán.

Apuró lo que le quedaba en la copa y la dejó en una mesita cercana. Ya había tenido suficiente fiesta por esa noche, así que se despediría de aquellos de los que considerara que debía hacerlo y volvería a su habitación. De todas formas, poco más podía hacer ahí ya. Le dedicó una última mirada al joven y se dio la vuelta, con la intención de marcharse de allí. No había dado ni dos pasos cuando volvió a girarse, recorrió la distancia que los separaba y se colocó frente a él.

Puede estar tranquilo, no diré nada de sus charlas entre amigos —dijo, no excesivamente alto debido a la cercanía entre ambos—. De todas formas, le diré que, así como yo lo he visto, otros ojos pueden haberlo hecho también. Sé que le he dicho que su vida privada no me interesa en absoluto, y es cierto, pero, si me admite un consejo, le recomiendo que no juegue con fuego en sus horas de trabajo.

Y sin más dilación, volvió a darse la vuelta y se marchó. Salió del salón con paso firme, después de tener que esquivar el carrito de Marie, la camarera con la que había estado flirteando el capitán Vandor cuando ella los había interrumpido. La joven le dedicó una sonrisa amigable a Liara, pero ésta la ignoró y pasó de largo.

La chimenea de su cuarto estaba encendida y todas las ventanas cerradas, así que la habitación se había convertido en un horrible horno que le impedía respirar con normalidad. Se acercó a la terraza y abrió las puertas, respirando hondo cuando el aire fresco del exterior le rozó la piel del rostro. Miró el cielo de la noche, donde una luna casi completa alumbraba todo bajo ella. Cuando era pequeña, le gustaba mucho pasar horas observándola desde su ventana, pero ya no; la luna sólo le traía malos recuerdos, así que se alejó de la puerta y se sentó en el pequeño sofá doble que había frente a la cama.

Ya se había acomodado con un libro sobre el regazo cuando alguien tocó su puerta. Liara se levantó de mala gana —pensando en que no iba a comprender una palabra de lo que fuera que le iban a decir—, la abrió y, para su sorpresa, se encontró con el capitán Vandor al otro lado.

¿Qué hace aquí? Ya le he dicho que no diré nada, no soy ninguna metomentodo.

¿Acaso había hombre en la tierra más insistente que él? Lo dudaba, y mucho.


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Re: Gracias a ti y a tus ojos {Ullric Vandor}

Mensaje por Ullric Vandor el Miér Mar 14, 2018 10:43 pm


Ullric jamás se daba por vencido. Nunca había podido acertar si eso era una virtud o un defecto, pero la tenacidad era un rasgo característico de él que no desistía cuando quería alcanzar algo. ¿Y qué quería alcanzar en esos momentos? Pues, la mirada amable de la señorita Eblan… eso y que no lo acusase con sus superiores. Además gustaba de vivir al límite, por lo que lamentaba no poder seguir el consejo de la pianista, jugar con fuego era lo que hacía que el día a día quebrase su monotonía. No desperdiciaría aquella noche, no dormiría hasta que Liara Eblan sonriese para él.

Verla marcharse, con aires de superioridad según su apreciación, con Udo por detrás no amilanó a Vandor, por el contrario, observar la delicadeza con la que la mujer se le escapaba le inspiró para idear un plan cuyo objetivo era ganarse el favor y la simpatía de la pianista. Cosa difícil de conseguir, siendo que nunca la había visto disfrutar de nada que no fuesen sus conciertos.


-Marie, preciosa –le dijo a la camarera cuando se acercó a ella-. Consígueme el mejor champagne –le sonrió, seductor, y agregó-: para dos.

Suponía que no le sería nada difícil, hacerse con una botella y dos copas, después de todo eso era parte de su trabajo que consistía en servir a los convidados y asegurarse de que sus copas estuvieran siempre llenas. Lo confirmó tras unos minutos de espera, luego de los cuales se reunió con ella en uno de los pasillos que conectaban el gran salón de eventos con las escaleras que bajaban hacia la cocina y demás áreas dominadas por el servicio. Marie traía lo que él le había pedido.

-Eres la mujer perfecta –rió y le depositó un beso en la sien-. ¿Cómo haces para conseguirlo todo?

Lo que más le gustaba de ella era que no reclamase explicaciones de ningún tipo. Se limitaba a intentar complacerlo en todo sin pedir a cambio que Ullric le confiase nada. Y sí que lo hacía bien, se esforzaba en ello, prueba era que la botella de champagne estaba fría, en su temperatura ideal, realmente había buscado la mejor.

Ullric se acercó al dormitorio de la señorita Eblan con sigilo, cuidando que nadie lo viese llegarse hasta allí. Saludó a Udo, que se hallaba apostado en la puerta y le explicó que traía un regalo para la mujer. Golpeó la puerta y, en cuanto la muchacha le abrió, Ullric se metió veloz como era y cerró la puerta tras de sí. No había sido invitado, pero pensaba quedarse.


-Disculpe que me presente así, pero es un asunto de suma importancia el que me ha traído aquí... Verá, Marie le envía esto, señorita Eblan. Es un champagne exquisito, no irá a despreciarlo… Venga, bebamos –le pareció que la mujer estaba a punto de quejarse, pero antes de que ella tuviese tiempo de hacerlo él ya estaba descorchando-. ¿Cómo alguien delataría a una muchacha tan atenta como Marie? No me imagino –mencionó mientras servía las copas sobre una de las mesillas de madera laqueada-. ¿Por qué brindamos? La respuesta es obvia, brindamos por usted, por la maravillosa y sumamente bella Liara Eblan –dijo y le tendió a ella la bebida mientras sostenía su propia copa-. ¡Salud!

Mientras se llevaba la burbujeante bebida a los labios, Vandor miró su entorno. La chimenea encendida, el libro sobre el sofá… al parecer en eso consistían las apasionantes noches de la pianista. Suspiró porque le aburría solo imaginarlo.

-Ah, que brisa más fresca entra por los ventanales –dijo, como para hablar de algo que no fuese literatura o leños ardiendo-, ha sido gran idea esa de dejar entrar el fresco, a varios de los que están en el salón les vendría bien un poco de aire. ¿Vamos? No se asuste, no le propongo volver a la reunión. Le pido que me acompañe afuera a tomar aire fresco. –Otra de sus sonrisas amplias… Tomó la botella y se dirigió, confiado, hacia la terraza-. Dígame la verdad, ¿no se aburre aquí? Siempre sola, siempre en silencio… Debería salir un poco más.

Ese inusual encuentro –propiciado completamente por Ullric-, y la charla que comenzaban, no solo se debía a su personalidad de por sí extrovertida y afable, lo cierto era que lo mejor que podía hacer el capitán Vandor en esos momentos era dejar de beber.


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Re: Gracias a ti y a tus ojos {Ullric Vandor}

Mensaje por Liara Eblan el Mar Abr 03, 2018 1:28 pm

Liara no era ninguna metomentodo, en absoluto, pero parecía que a Ullric Vandor eso le traía sin cuidado. La joven poco pudo hacer para evitar que el capitán del ejército neerlandés se colara en su habitación, nada menos que con una botella de champán y dos copas.

¿Marie? —preguntó, acercándose a él con la intención de quitarle la botella de las manos—. No sé quién es Marie, así que agradézcaselo de mi parte, pero no…

Demasiado tarde. El sonido hueco al descorchar la botella resonó en toda la habitación, seguido del de la espuma que ya caía en ambas copas. Liara se llevó una mano a la frente y se apretó las sienes con los dedos pulgar y corazón. El capitán le ofreció uno de los vasos, pero ella no lo aceptó de inmediato. Miró las burbujas ascender por el líquido amarillento y después elevó los ojos hasta él. ¿Por qué no borraba esa sonrisa que le nublaba el juicio? Su mente le pedía que lo sacara de allí a patadas, pero su cuerpo, movido por algún impulso inconsciente, aceptó la copa que le tendía y le dio un trago. Ya estaba hecho, había aceptado su regalo y no podía echarse atrás.

Es mi habitación, no la suya, capitán —le recordó—. Debería esperar a que fuera yo la que lo invitara a entrar y salir.

Ignorando sus propias palabras, que parecían tan sabias, salió tras el joven a tomar el aire fresco de la noche. ¡Pobre Liara, tan hipnotizada por el embrujo del bueno de Ullric! Se estaba dejando llevar, demasiado para lo que era ella, pero daba igual. Había sido una noche larga, como todas en las que tenía que tocar, y desde que llegó había tenido tantas oportunidades de cruzar unas palabras con alguien como de alcanzar la luna con las manos. Que el capitán fuera capaz de hablar con ella le suponía un alivio, aunque no lo quisiera ver, porque el silencio y la soledad la estaban matando poco a poco.

Dio otro sorbo a la bebida, que ya le había empezado a hacer efecto —por la falta de costumbre cuando se trataba de consumir bebidas alcohólicas y su estómago vacío, que no perdonaba—, pero ella no se daba cuenta. Su lengua se fue soltando sin remedio, quizá también por culpa de la del capitán, que la instaba a hacer uso de ella.

¿Tanto tiempo pasa vigilándome que sabe perfectamente cuántos minutos al día estoy a solas y en silencio? —preguntó, acortando la distancia que quedaba con la barandilla de piedra para disfrutar de las vistas.

Desde ahí se veía el jardín, de estilo francés, iluminado por unas velas que proyectaban su luz desde dentro de unos farolillos de fino cristal. Era una finca inmensa repleta de caminos empedrados perfilados por arbustos de hoja perenne y recortados a la perfección. Todo un acierto, puesto que ni siquiera en invierno el lugar perdía esa sensación acogedora cuando se paseaba por allí. Los árboles que había estaban colocados de manera estratégica y podados para la ocasión. En aquel jardín nada se dejaba al azar.

¿Y si le dijera que no me aburro? ¿Se lo creería? —Lo miró fijamente unos segundos antes de contestarse a sí misma—. No, me parece que no. —Se rió—. Usted no es de esos que se creen las cosas a la primera de cambio, ¿verdad que no? —Dio otro trago, bastante más abundante esta vez—. De todas formas, de nada me serviría salir. No entiendo nada de lo que dicen; no hablo el idioma, y ellos no hacen el mínimo esfuerzo por hacerse entender. Ya tengo problemas para comunicarme aquí dentro, así que no quiero pensar qué sería tener que moverme por la ciudad. Es posible que salga y no sea capaz de volver. —Apoyó la espalda en la barandilla, ligeramente girada hacia él—. No es fácil escuchar inglés por aquí. ¿Dónde aprendió a hablarlo?

Otro trago de su copa, que comenzaba a vaciarse peligrosamente. Liara, Liara… cuánto bien harías dejando de beber.


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Re: Gracias a ti y a tus ojos {Ullric Vandor}

Mensaje por Ullric Vandor el Miér Abr 18, 2018 10:50 pm

A pesar de las palabras de la señorita Eblan, Vandor avanzó convencido de que su plan estaba saliendo perfectamente, que ella se sentía a gusto allí y que de ahora en adelante cambiaría su trato seco por uno mucho más cordial para con él. Tal vez estaba siendo demasiado entusiasta, positivo, pero no le parecía así y confiaba en que estaba en lo cierto.

-¡Eso es! ¡Beba, beba y disfrute! –la alentó, al ver que ella comenzaba a vaciar su copa.

Nunca le había parecido hermosa, sí bella, pero no hermosa y radiante como le parecía ahora que la apreciaba de cerca y sin la barrera de ser su guardia de por medio. Ahora reparaba en la forma en la que sus labios estaban apoyados en la copa y en como su boca se abría ligeramente para beber. Ullric Vandor se removió incómodo a causa de una inesperada erección y quitó su mirada de ella, instándose a pensar en el rostro arrugado del bueno de Udo para poder así dominar su cuerpo.


-Claro que la conozco bien, solo con cuidarla ya pude saber mucho de usted señorita Eblan. –Se rió con sinceridad cuando ella le aseguró no aburrirse, porque era obvio que no le creía nada. –La entiendo perfectamente, en su lugar yo tampoco tendría muchas ganas de salir a compartir tiempo con esas personas, pero no me mienta… sabemos ambos que usted se aburre aquí.

Aprovechó para rellenar ambas copas por última vez. No había notado que ya se les había acabado la botella de champagne. ¿Tan pronto? Si a penas comenzaba la charla… Apenado volvió su mente a la conversación.

-Ah, mi madre se empeñaba en que tome clase de idiomas, de arte… ¿Quiere oír un secreto? Mire que es jugoso en verdad –le advirtió y se acercó a ella en modo de confidencia para susurrar a su oído-: Sé bordar y coser.

Estalló en carcajadas. Ullric reía de sí mismo solo al imaginarse que Udo o la mismísima señorita Eblan lo descubrían bordando en sus tiempos libres, medio oculto en algún rincón. Sí que sería una bella imagen imposible de borrar. Estaba por volver a culpar a su madre por aquello cuando la puerta de la habitación sonó. Extrañado, Ullric bebió de su copa hasta acabarla y se dirigió hacia allí:

-¿Marie? –preguntó asombrado al abrir, no la esperaba pero bendecía al cielo por la presencia oportuna de la mujer-. Oh, no sabes cuánto te lo agradezco…

Cerró la puerta tras un intercambio de miradas con Udo -qué no entendía qué ocurría allí adentro y temía estar metiéndose en problemas por culpa de Vandor- y volvió hacia la terraza con una segunda botella de champagne entre las manos, cortesía de Marie.

-¡Mire lo que tenemos aquí! –exclamó contento, y antes que ella pudiera negarse él ya estaba descorchando-. Al parecer es una noche de celebración, señorita.


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Re: Gracias a ti y a tus ojos {Ullric Vandor}

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