Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Argenta Chambers el Dom Feb 18, 2018 5:03 pm

Sweet sixteen:

En la mansión Chambers todos empezaban a recoger para retirarse a sus alcobas, todos menos la joven Argenta, cuya alergia al sol le impedía disfrutar del día como al resto de jóvenes de su edad y, por tanto, sus ocho horas diarias de sueño las cubría cuando el sol estaba en lo más alto, pasando el resto del tiempo despierta, ya fuera estudiando, leyendo, conversando con sus nuevos padres, jugando al ajedrez con el mayordomo o cepillando a los caballos en el establo. Aquella noche, la muchacha tenía planes concretos, pero debía esperar a que todos durmieran ya para poder llevar a cabo su plan. Le dio las buenas noches a sus padres y se retiró a su recámara como si fuera a dedicarse a leer durante toda la noche, cosa que ni de lejos se asemejaba a lo que tenía pensado hacer.

Esperó cerca de una hora y cuando estuvo convencida que ya nadie estaría despierto, salió de la habitación descalza, con las botas de montar en la mano y bajó la escalinata hasta el vestíbulo. Usó la puerta de atrás, más cercana a los establos y pequeña, por lo que haría escaso ruido al abrirse, yendo a buscar a su yegua para prepararla y montar. Tenía un destino marcado y nada se interpondría entre ella y su objetivo. Salieron al paso para no alarmar al resto de animales y una vez lejos del terreno propiedad de los Chambers, inició el galope con dirección al rancho Blackbird. Se había enterado al escuchar hablar a uno de los del servicio al que le gustaba mucho apostar, que allí se celebraban timbas ilegales todos los viernes y sábados por la noche. Obviamente, no era una de aquellas noches, pues lo que Argenta buscaba no era dejarse el dinero en una mesa de juego, aunque seguramente tampoco se lo permitirían dada su condición de mujer y su escasa edad, por muy irregular que fuera todo allí, había cosas que nunca cambiaban. A medida que Graciella, su elegante pura sangre inglés color azabache, se acercaba más a la zona de las llanuras a las afueras de París, menos convencida estaba la chica de que su plan funcionara o, más bien, más claro tenía que su plan no estaba terminado. ¿Qué haría una vez allí? ¿Cómo pensaba presentarse ante los dueños del lugar? ¿Les diría que deseaba formar parte de lo que ellos tenían? La tomarían por loca seguro… Además, después de tantos siglos, ya no vivirían los mismos Blackbird que ella había conocido. Tal vez los actuales herederos nada tuvieran que ver con su sueño, su anhelo. Las ganas con las que azuzaba a la yegua iban menguando, pero lo único que eso hizo fue que dejaran de galopar para avanzar al trote. Sus manos seguían aferradas a las riendas, su cuerpo ligeramente inclinado hacia delante y su cabello trenzado y recogido en un pequeño moño justo a la altura de la nuca, seguía soltando poco a poco algunas hebras castañas que ondeaban con el viento. Para cuando se quiso dar cuenta, las luces, seguramente lámparas o antorchas, que iluminaban la entrada al rancho, ya estaban a unos cien metros de distancia. No era momento de echarse atrás, de recular. Algo se le ocurriría, era una mujer lista, siempre lo había sido.

Se adentró en el sendero con Graciella, reduciendo el ritmo al paso y cuando estuvo ya cerca del porche principal, desmontó a la yegua, sacó las riendas de la cabeza del animal y als sostuvo con una mano, tirando suavemente de ella hacia la puerta. -¿Hola? ¿Hay alguien?- Se veía luz en el interior, pero no sabía quién podía haber, quién saldría a recibirla, o si lo haría alguien siquiera. Aguardó varios minutos, pero no hubo respuesta, ni movimiento. No vio ninguna silueta a través de las ventanas ni escuchó ningún sonido con su agudizado oído, a parte del que generaba el ganado en el establo. Claro que, tal vez, estuvieran allí reunidos los dueños también. O durmiendo. A aquellas horas lo normal era que todo el mundo estuviera ya descansando. Pero no le cuadraba que en un lugar e el que se celebraban apuestas ilegales se tomaran muy en serio los horarios parisinos. Decidió amarrar a la yegua junto a un abrevadero y se encaminó hacia la casa que, desde el principio, había sido su primera opción. Si llamando nadie salía a su encuentro, ya se tomaría la molestia de probar en otras ubicaciones del terreno. Subió el escalón de madera, fijándose en la extraña disposición de todo allí, tan distinto a lo que ella conocía. Jamás había visto un lugar semejante y lo de rancho, ya de por sí, le sonaba raro, era una granja, pero sin campos de cultivo y con demasiada arena. Empezó a acomodarse el vestido cuando, de pronto, tuvo una idea. Se llevó ambas manos a la cabeza para revolverse el pelo, al tiempo en que se alejaba de la puerta y buscaba alguna zona con algo de barro. No le costó mucho, alrededor del abrevadero estaba lleno. Se agachó, hundió los dedos en el fango y empezó a embadurnarse con él por la cara, el vestido, las botas… y, obviamente, luego le tocó el turno a Graciella, pues era ilógico que ella estuviera sucia y su yegua impoluta. Una vez consideró que ambas daban el pego, en vez de subir despacio, corrió hacia la puerta y la golpeó con fuerza y desespero, al tiempo en que gritaba. -¡Socorro, necesito ayuda! ¿Hay alguien? ¡Por favor, ayúdenme!


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Re: Sweet sixteen - Privé

Mensaje por Jesse Clay Blackbird el Mar Mar 27, 2018 11:27 am

Rancho Blackbird. 24:02 de la noche.




La noche era cerrada cuando la luna en su punto mas alto se encontraba, rodeada de tímidas nubes que apenas parecían tenue niebla conformando su voluminoso y luminoso cuerpo de color pálido, amada por tantos seres y odiada por otros tantos. Los caballos estaban durmiendo todos en su lugar, las vacas y los demás animales del Rancho Blackbird también hacían lo propio. Dentro de la gran mansión, en su totalidad de madera, cuya pared exterior estaba adornada con un cartel que casi se había despegado al completo por el paso del tiempo. Un cartel de color piel con una imagen en su centro, una imagen y un nombre bajo el “DEAD or ALIVE”. Aquél nombre era el de Jesse Clay Blackbird, un temido forajido del Nuevo Mundo, allende en los mares tras el pacífico y muy lejos de Francia y de Inglaterra.

En el interior de la casa se escuchaba una agradable melodía entonada en un piano, de gran sonido. Un piano de cola, enorme y elegante. Las velas titilaban haciendo que la madera cogiera ese color tan acogedor de otra época que cada vez se estaba perdiendo más y más en la incontable corriente, imparable, del Tiempo. Todo estaba tranquilo, tal y como al dueño del Rancho le gustaba que fuesen las cosas pero algo turbó aquella armonía y paz con golpes en la puerta de madera cuyos pomos tenían la imagen de dos cuervos.

Caminó hacia la entradita y abrió la puerta con mirada seria, sombrero en la testa y su puro en el lado izquierdo de la boca. Se lo pasó al lado derecho y masticó, pensando. Clavó su azulada mirada en los orbes de la niña que había delante de él, dándose cuenta de inmediato que clase de criatura era aquella.

No la delataría, por ahora no. Parecía encarnar un  papel, un teatro, y Jesse adoraba el teatro. -Pase dentro, chica. Ahí fuera se va a helar y yo no tengo todo el día. La yegua se queda fuera. -Dijo de inmediato, echando la vista al animal. Luego de nuevo a la chica. -Se que quiere contarme lo que diablos haya pasado, pero lo primero es pasar dentro. Cuéntemelo con una taza de te.  -La hizo pasar dentro de la mansión, llevándola por aquellos pasillos largos que parecían no tener final hasta que llegaron al salón donde una gran chimenea se llevaba toda la atención posible dejando absolutamente todo lo demas relegado a un cuidado segundo plano. -Ahi puede calentarse, si es lo que busca. -Dijo, como siempre, cargado de doble sentido. Fue a la cocina, donde su perro dormía, se llamaba Jack el Guapo. Sonrió lanzandole un trozo de salchicha para cuando despertara. -Buen chico.

Preparó el brebaje y con forma cuidada volvió al salón, el piano que sonaba en un principio seguía sonando como si fuera por arte de magia. Encima de la chimenea había una enorme cabeza de lo que parecía una especie de Toro, pero estaba claro que esa especie no era de este lugar si no del Nuevo mundo. De America. Arriba, tenía dos revólveres, solo de adornación. Se sentó junto a su joven invitada, esperando a que empezara a hablar y dijera lo que quisiera que estuviese buscando en un lugar tan peligroso como lo era el Rancho de Jesse Clay Blackbird, el Forajido.



En una de las paletas que tenía para mover la leña de la chimenea ponía con letras doradas: It’s High Noon.
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Re: Sweet sixteen - Privé

Mensaje por Argenta Chambers el Miér Mar 28, 2018 5:17 am

En cuanto la puerta se abrió se topó con aquel sombrero, porque aquello fue lo primero que vio, el ala de cuero viejo cubriendo parte de un rostro maduro con tupida barba y un puro prendido que se movía de un lado a otro de la boca de labios finos y prietos. Se quedó ligeramente desconcertada por el atuendo que el hombre portaba, ropajes que no había visto nunca antes, botas terminadas casi en punta, pantalones con los bajos ligeramente anchos y una especie de manta con un agujero que le caía por encima de los hombros. La jovencita sacudió la cabeza de manera casi imperceptible, pero fue suficiente para que su mente se centrara de nuevo en lo que se traía entre manos. De lo que sí se percató de inmediato fue de la condición cinita del sujeto, por lo que él tal vez supiera lo que ella era también. No solía relacionarse de manera amistosa con vampiros, así que jamás había preguntado si ese poder para discernir seres sobrenaturales era algo que tenían todos o como con el resto de ventajas de su raza, algunos desarrollaban unas y otros, otras. Decidió que ya lo averiguaría más tarde. -Muchas gracias, noble señor.- Hizo un breve gesto con la cabeza y pasó al interior de la casa, observando todo a su alrededor. La decoración era muy escasa, acostumbrada como estaba a las mansiones de París y sus cuadros, estatuas y muebles hechos a mano. Allí todo se veía muy rústico, aunque cuidado. Minimalista, pero manteniendo una estética uniforme, al menos en las zonas por las que paseó su mirada.

Una vez se detuvieron, se quedó de pie cerca del fuego mientras el hombre marchaba, seguramente a prepararle aquel té que le prometía. Acercó una de sus manos a las llamas y vio como la luz que proyectaban se recortaba a través de sus dedos al ascender hacia sus orbes que, por un instante, centellearon rojizos. No le prestó mucha atención al hecho de que el piano sonara solo, ya había visto organillos que emitían música sin nadie los tocara. Fue al escuchar los pasos del desconocido, que a pesar de todo, rezumaba ser un Blackbird por todos los poros, que giró sobre los talones y recibió con una sonrisa la taza, fingiendo una respiración algo agitada, cuando sus pulmones no eran más que dos negras pasas. -Es usted muy amable...- Desvió la mirada como si no se sintiera segura, obviamente lo fingía, porque a su edad ya solía presentir el peligro sin esfuerzo alguno. Regresó sus ojos color miel al rostro ajeno e hizo un gesto de inclinarse para intentar verle la cara entera, aquella que parecía medio ocultar bajo su sombrero vaquero. -Verá, Graciella, mi yegua, se ha perdido mientras regresábamos a casa de ir a ver a mi abuela... Y cuando creí que no encontraría a nadie que pudiera ayudarme, vi de lejos las antorchas del porche de su casa y me sentí muy aliviada.- Se tocó el pecho con una mano para darle más énfasis a sus palabras. Luego retomó la taza entre ambas y le dio un breve sorbo. A diferencia de muchos inmortales, Argenta seguía disfrutando de la comida y la bebida, aunque no la nutrían para nada, pero sí notaba sus sabores, igual que podía sentir el de la sangre reavivarla. -No era mi intención importunarle con mi presencia… Mas si pudiera dejarme descansar aquí esta noche, se lo agradecería.- Puso su mejor cara de cordero, dejando que sus grandes orbes claros y sus labios carnosos, ligeramente entreabiertos, además del vestido sucio y algo roto, hicieran su trabajo y provocaran cierta lástima en un ser que, por normal general, no solía sentir nada. No estaba nada segura de que, esta vez, el truco le funcionara.


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Re: Sweet sixteen - Privé

Mensaje por Jesse Clay Blackbird el Sáb Abr 28, 2018 5:09 am





Rancho Blackbird. 24:02 de la noche.






Jesse no esperó a que su prematura invitada se acabase lo que le acababa de preparar, ni esperó a que acabase de hablar. Él no habló, mas si que la inspeccionó desde arriba hacia abajo, inclusive su corazón que no latía en el interior del pecho. Observó sus ojos, las pupilas y los iris, también inspeccionó de pasada su dentadura, el color que ésta presentaba y las perfecciones así como imperfecciones a su misma vez. Sonrió de medio lado a la vez que daba una de sus famosas caladas a su puro, situado en la comisura derecha de su boca. Simuló que la escuchaba, y en parte así fue, pero no era lo importante en ese momento, no para alguien como Jesse Clay Blackbird. Tras eso y finalmente se levantó, de forma suave sin cambiar el marcaje que había en su rostro en aquella ocasión.

-De modo que su abuela, ¿Ehm? -Dijo en una especie de gruñido, pero no de enfado si no, los gruñidos que a veces lanza a la vez que conversaba. Dio la espalda a la pequeña inmortal y se ajustó el ala delantera del sombrero fijando la vista en la puerta del fondo, adornada por una enorme piel de Puma extendida de forma que abarcaba todo el alto de la madera. -Sígueme chica. Justo me pillabas que iba a entrenar mi puntería. -Mientras decía eso, la derecha acariciaba a conciencia el mango del revolver que tenía a la vista de cualquiera, y no era para menos. El mango era de oro puro con remaches de plata y de cobre, era precioso a la vista. Los detalles, perfectamente perfeccionados y bañados en bronce hacían el dibujo de un sinuoso cuervo y una serpiente. Miró hacia atrás con el rabillo del ojo, contemplando así que la posibilidad de seguirle seguía en pie mientras él caminaba sin prisa hasta su destino.

Llegó a la puerta, apartó parte de aquella piel y giró el pomo de bronce hasta abrir de par en par la puerta mostrando en el interior de la oscuridad que se desvanecía cada vez más una amplia sala cuya mitad estaba al aire libre y hacía algo de frío. El fuego de las dos antorchas danzaba y titilaba al son del sonido del viento y los árboles tanto cercanos como lejanos. Esperó con paciencia a que la chica entrase, la miró, esta vez directamente a los labios, era una chica hermosa que no le engañaría, pues no tenía la edad que aparentaba y estaba seguro que si se maquillaba, incluso parecería la mayor Puta de Lujo que jamás hubiese conocido. Lo mejor de la apariencia de una niña con lo mejor de una Puta llena de lascivia. Al pensar eso, el pantalón casi le reventaba, pero no era eso a lo que venía, no ahora por lo menos. Subió de nuevo la mirada a la ajena y sonrió mientras simulaba un mordisco en su puro a la vez de una calada. Sonó el estruendo de un disparo y uno de los peleles cuya cabeza tenía una diana dibujada, pronto pasó a ser poco mas que un escombro de paja quemado en la cabeza. Aparentemente, aquél hombre no había movido ni un músculo, sin embargo de la casaca de su revolver salía humo. Había disparado casi sin apuntar, dando en el blanco sin pestañear y sin moverse. Sin dejar de mirarla.

-No tienes abuela. Ni eres una cría. No se que pretendes quedándote esta noche en mi casa, en mi rancho. Ni se si estás segura de saber a que Familia pertenezco ni siquiera de quien soy. No me importa, a decir verdad. Pero si tu intención es ser hostil y hacerlo como una serpiente, sin levantar sospechas y así cobrar mi recompensa, simplemente.. Me gustaría que supieras que no soy alguien a quien puedas. Se lo que eres. -La agarró en ese momento y preciso instante por la cintura, como un caballero no obstante, pues no podía evitarlo. La miró a los ojos. -¿Y bien, Pequeña? ¿Que va a ser?.


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Re: Sweet sixteen - Privé

Mensaje por Argenta Chambers el Sáb Abr 28, 2018 6:14 am

Cuando el vaquero le indicó que la siguiera que iba a practicar su puntería, el ceño de Argenta estuvo a punto de fruncirse de manera instintiva, pero recordó que no la interesaba mostrar enfado o descontento por no obtener la respuesta que deseaba y relajó el gesto, a su modo. Siguió al hombre hacia la puerta decorada con el enorme pelaje de un felino, una especie que desconocía, pero que le recordaba a una leona en cierto modo aunque, a su vez, fuera algo distinto.

Se quedó parada un segundo justo antes de cruzar el umbral y sentir el viento azuzar su melena parda. Entornó la mirada justo antes de que los orbes oscuros del americano se clavaran en los suyos y volvió a dedicarle una sonrisa. Debía mostrarse agradecida por la ayuda. Aún sujetaba la taza entre sus dedos, ya que la había traído desde la sala en la que se la ofreció hasta aquella estancia extraña. Tal vez no viera el gesto o la bala, pero pudo oír el gatillo al ser presionado por el dedo, el girar del tambor y el silbido del proyectil al cortar el aire, antes del impacto contra el muñeco lejano y de que la cabeza quedara agujereada. Pensó que era un alarde de arrogancia, mas cuando las palabras ajenas salieron de la boca que sostenía el humedecido y prendido puro, la máscara de la chica se fue deshaciendo. Ya no le importaba aparentar y la frustración de no salirse con la suya pesaba demasiado para una vampiresa convertida en plena adolescencia.

Arrugó la falda del vestido con ambas manos tras dejar a un lado el contenedor del té. Su cabeza quedó gacha y la mirada fija en las solapas de la chaqueta que aquel tipo llevaba incluso dentro de la casa. Las cejas se inclinaron por el centro, su nariz se arrugó y los carnosos labios de la joven se apretaron con enfado. Sus dientes rechinaron mientras la rabieta que en su cabeza se desataba se iba calmando para dar paso a sílabas que se formaran de manera entendible en su garganta. Alzó poco a poco sus ojos hasta volver a fijarlos en los dos pozos oscuros que la observaban bajo el ala de aquel sombrero. -Sé a qué familia pertenece, aunque no sé exactamente quién es usted. Y no sé qué diablos dice sobre una recompensa, pero no me interesa.- Agarró las muñecas de aquel vaquero y las apartó, haciendo que soltara su cintura. Dio un par de pasos atrás sin dejarle de mirarle fijamente. -Tengo mucho dinero.- Atajó a decir y su vista se desvió involuntariamente hacia el pelele, cuya cabeza humeaba en la distancia. -Y aunque sepa lo que soy, podría seguir siendo una niña. Siendo niña me convirtieron y no sabe cuánto tiempo haga de ello, ¿no?- Elevó el mentón con orgullo al haber rebatido la supuesta sabiduría del americano y se cruzó de brazos por debajo de los pechos. -Me interesan los Blackbird de una manera concreta y no es para echarles a los perros.- No le iba a decir más, con eso tenía suficiente y dejaba claro que sabía parte de quién era. Pecaba de querer hablar con alguien, de estar en esa eterna fase en la que los secretos eran excitantes, pero más aún compartirlos. -¿Qué va a ser? No sé cuál era la otra opción, sólo que no iba a poder cobrar la recompensa por su cabeza actuando como una serpiente…- Para haber sido acorralada, se mostraba muy tranquila. Aunque eso no quitaba que estuviera enfadada por no haber logrado que su plan funcionara del modo en que quería. Pero tenía casi mil años, había aprendido a adaptarse a distintas situaciones, aunque obviamente ella prefería ganar a la primera y no tener que esforzarse en una segunda.

Apretó el labio inferior con los colmillos, un gesto que, de conocerla, sabría que delataba su estado de ánimo. Si bien los vampiros solían ser fríos, ella seguía teniendo una mentalidad de una quinceañera que ni con cal viva lograría sacarse de encima. De poder elegir, hubiese preferido convertirse siendo ya adulta, teniendo mejor cuerpo y sin la edad del pavo rondándole la cabeza. Pero era lo que era y como era. No tenía solución conocida y llevaba siglos apechugando con su sentencia: Eternamente adolescente.


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Re: Sweet sixteen - Privé

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