Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Cuentos de Canterbury (privado)

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Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Enola H. Blackmore el Lun Feb 19, 2018 3:25 am

Sus padres la habían castigado a viajar a Inglaterra, a Canterbury en concreto donde el Kings School, el colegio más prestigioso y antiguo del país formaba a las más ilustres personalidades del Imperio. Escritores, militares, deportistas, hombres de leyes e ingenieros famosos de todos los tiempos desde el año 597, así como la realeza y nobleza, recibían allí educación de lo más selecta.
Enola Heaven Blackmore, el nombre que estaba grabado en sus baúles cuando llegó a los Docks en Londres, donde la esperaban sus abuelos y su tio James. Ellos la recibieron un par de días en la ciudad antes de acompañarla al internado de Canterbury. En casa ya la conocían y solía saltarse las reglas y discutir con todos, pero Lord Stuart Blackmore tenía una forma de mirar que la dejaba sentada y callada, era el único que podía hacerlo. Protestó, suplicó y se quejó pero no consiguió rascar nada, así que acabaron llevándola en el carruaje. Cuando éste se detuvo llevaron su equipaje al ala que correspondía a las alumnas nuevas. Pronto la ubicarían en la casa correspondiente, se agrupaban por intereses. Los alumnos que estudiaban leyes se agrupaban bajo una misma casa, los que se especializaban en deportes, en otra; aquellos que se decantaban por las artes y la literatura y así todo. Se despidió de sus abuelos y se perdió en los pasillos, vestida todavía con un atuendo parisino a la ultima moda, su madre se empeñaba en que vistiera como una señorita. Cuando encontrase su cuarto tenía que ponerse el uniforme que tendría allí preparado y bajar a una sala común. Vaya rollo.*






Cuando padre me hizo llamar al despacho y me encontré allí dentro a madre con su mano posada sobre el hombro de este supe de inmediato que no me iba a gustar lo que tenían que decirme. Mi cabeza funcionaba a mil por hora buscando exactamente cual había sido mi ultima cagada para merecer el privilegio de recibir la bronca de mano de ambos, y no por separado como solía suceder. El problema es que se me venían mil cosas a la cabeza, así que me limité a ladear la sonrisa en un gesto muy característico de los Cannif y descubrir por donde me llovían. Fue madre la que habló primero, mi gesto se trasformó de inmediato en uno de incredibilidad mientras buscaba los pardos de mi padre.
-pero... -atajé -madre me interrumpió sin dejar de hablar de todas las ventajas que había encontrado en que fuera a estudiar por dos años a un internado. De nada sirvió que me negara en rotundo, Hel me abría sus puertas en forma de colegio para pijos.

-La guerra no se moverá de aquí hijo -atajó mi padre como colofón final a que ambos estaba de acuerdo en que mi destino pasaría por el Kings School.

Salí de allí bufando, tenia todo el día de hoy para preparar mi equipaje y despedirme de mi amigos, hermanos y demás familia, pues al alba mi madre y el Reina Anna pondrían rumbo a Canterbury. Esa noche como de costumbre fu a la taberna, Niels no paraba de hacer bromas y yo cabreado iba bebiendo de la jarra mientras bufaba y maldecía a mi madre que bien sabia era la artífice de esta locura a la que no encontraba sentido alguno. Mi vida era el acero, sabia navegar y en Akershus había estudiado matemáticas, literatura, no era un necio...

A la mañana siguiente el barco zarpó, no me dirigí a mi madre ni una sola vez, era evidente mi cabreo y mi frustración, aunque una vez llegamos al colegio si le dejé claro algo "me expulsaran o me escaparé" sentencié como gesto de rebeldía que madre se pasó por el forro de los cojones de mi padre.
Así, acabé en uno de los edificios, el destinado al deporte, para al parecer aprender a jugar a beisbol, rugby y no se cuantas gilipolleces mas ¿de que iba a servirme todo eso?
Yo mismo transporté mis pertenencias.
-¿Tengo pinta de estar tullido? -pregunté a un hombre uniformado que al parecer llevaba el equipaje de cada chico a sus habitaciones, menuda mierda.*

Cuando se hubo colocado el uniforme resopló mil veces frente al espejo, era horrible, de color gris oscuro con camisa blanca, una chaqueta del mismo paño gris y un escudo bordado en el bolsillo. Se dejó el pelo como lo llevaba, con un peinado sofisticado que a las claras no era para ir a la escuela, prendía un pasador de brillantes en su sien, y bajó a la sala común. Allí los que ya se conocían charlaban en corrillos, se preguntaban sobre las vacaciones y cuchicheaban señalando a los nuevos. Con gesto de disgusto se sentó sobre una mesa sin miramiento alguno a pesar de que habían sillas. Todos los que estaban allí eran unos pijos sin seso. Si supieran lo que era matar vampiros, licántropos o hechiceros se cagarían en sus vetustas bragas. No se merecían el respeto de “Hache” Como la llamaban los gemelos. Iba a ser un curso muy duro.*

Miré el uniforme que había sobre el lecho ¿en serio? de un manotazo lo tiré al suelo, no pensaba ni de lejos usar eso. Así que como el estomago me rugía, decidí bajar al comedor, algo tenia que haber para llenar el buche. Ademas de un montón de niñatos que fueron señalándome tal y como pasaba al parecer porque mis ropas norteñas no eran las adecuadas, no vi ni un ápice de nada comestible, así que me detuve frente a un tipo gordo con gafas.
-¿donde se come aquí? -pregunté en ingles.
Este parecía intimidado, se subió las gafas con los dedos y señaló hacia un lado, pero no había nada, enarqué una ceja, creo que se refería a que tomara asiento ¿seria mudo?. Resoplé , caminé hasta una mesa donde había una chiquilla con cara de estar estreñida y me dejé caer sobre la silla esperando que alguien se dignara a traer algo de comida.*

Evidentemente aquel joven era nuevo y no vestía uniforme, iba con ropas buenas de claro corte guerrero. Arrugó la nariz porque le llegó un leve tufo a cuadra. Pero al menos parecía igual de desubicado que ella, fuera de lugar.

— No servirán nada hasta el té de las cinco.— el reloj de la torre marcaba las cinco menos veinte.— rebosas alegría por estar aquí. ¿Qué has hecho?¿robar? ¿llevarle la contraria a tu madrastra malvada?*

-¿te? ¿en serio? yo tengo hambre -repliqué abriendo los ojos como platos. Mi cuerpo no se mantenía a base de te y pastas, yo quería comida de verdad. Di un manotazo en la mesa que silencio los rumores del comedor -la madrastra malvada es mi madre y en vez de joder a sus hijastros, me jode a mi, su hijo. Aun estoy meditando que he hecho para terminar en Hel, pero debo haber contrariado mucho a los dioses...o a mi madre, que es casi lo mismo*

—Ohm. Escandinavo. Entiendo. Te han mandado a aprender modales.— esbozó una sonrisa malvada, sería un espectáculo verlo hacer el ridículo cuando lo intentara.— No son solo pastas, hay también bocadillos y platos calientes, el té de las cinco es toda una institución, ya te acostumbrarás. Nada de estofados de alimaña, sólo comida que se pueda comer con cuchillo y tenedor.— le lanzó la pulla y algunas risitas se escucharon de fondo, desde luego había conseguido la atención de los presentes.*




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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Einar Cannif el Lun Feb 19, 2018 3:27 am

Ladeé la sonrisa ante la perspicacia de la castaña ¿así que mis modales? mis ojos se deslizaron por su cuerpo de forma descarada, como si pudiera desnudarla, mas de una joven enrojeció y un "uhhhh" sonó de fondo -hago mas cosas con las manos ademas de comer -apunté sin apartar mis ojos de los muslos que asomaban por su corta falda -claro, que antes tendrás que levantar esas nalgas, te veo algo endeble ¿es por eso por lo que te han mandado?  - alcé mis ojos hasta sus pardos sin borrar la sonrisa*

Cruzó las piernas y se inclinó hacia delante adoptando una pose provocadora y elevando esa barbilla en la que se marcaba un gracioso hoyuelo.

— No, me han mandado aquí porque meriendo vikingos en el té de las cinco, pero al parecer no está bien visto dejaros en cueros. Mejor ahorrarles a toda esta gente el penoso espectáculo.— bajó de la mesa y lo empujó al pasar intencionadamente y llegar a una mesa donde le dijo a una empollona de gafas.— Lárgate, este es mi sitio.— porque acababa de decidir que quería sentarse allí para el té.*

Llevé mi mano a la verga marcando el tronco con autosuficiencia -¿creía que ibas a merendarte a un vikingo en el te de las 5..ahora que empezaba a animarse esto, vas y te rajas. En fin, tendré que conformarme con el té con pastas -bromeé recostando mi espalda en la silla cuando pasó y me empujó de forma deliberada provocando en mi una sonrisa, posé las botas sobre la mesa y guardé silencio esperando mi bocadillo.*

Sonaron en el reloj las campanas y al poco entraron en el comedor un montón de personal portando bandejas que colocaron en las mesas circulares y algunos de los profesores llamaron al silencio tocando una campanita. El señor Morton y la señora Mills eran dos de los directores de algunas casas, impusieron el orden y el comedor bajó el volumen disfrutando de la merienda. La pequeña Blackmore consiguió rodearse de algunas cotillas curiosas que querían saber quién era esa chica tan descarada que le había plantado cara al bárbaro.*

Un gruñido escapó de mi garganta cuando uno de esos palurdos que como acero solo conocían el tenedor y el cuchillo con el que comían intentó tocar uno de los bocadillos de la bandeja que me había agenciado. Mi sonrisa se ensanchó al ver como retiraba la mano y sin mas empecé a devorar la comida servida, al menos estaba buena, no era como una pieza recién cobrada, pero tampoco eran desechos...
Me chupé los dedos cuando terminé elevando la mirada que hasta ahora había mantenido baja, centrada en mi comida, cuando vi como muchas niñas me miraban. A eso estaba mas que acostumbrado, en el norte los Cannif éramos admirados y para que mentir llevarnos a una o a dos al lecho no era un misterio, claro que estas parecían mas  siesas  y algo me decía que no miraban precisamente para bien. ¡Ni que me importara lo que pensaran! para lo que me quedaba en el convento me cagaba dentro.*

Se hizo la simpática, pero no demasiado, no convenía que la vieran como una idiota con ganas de agradar, tendrían que saber quién mandaba allí. Los Blackmore eran nobles, tenían una larga historia familiar y sólo por eso muchos de ellos deberían mostrar respeto. Estaba dispuesta a erigirse como la jefa en aquel gallinero de gallinitas obedientes, si algo le sobraba era perspicacia para eso, aunque a veces sus maneras la delataban. No era Krys, que arrastraba a los demás sin proponérselo. Pronto algunas niñas empezaron a parlotear con ella contándole algunas cosas del internado y pudo sacar bastante información importante. Como cazadora sabía que la paciencia era un virtud, que no iba a aclimatarse ni a dormirse allí, tan sólo iba a camuflarse y daría el golpe cuando fuera el momento adecuado. Se lo tomaría como una misión de infiltración. Observó al nórdico comer y enarcó una ceja. ¿Dónde estaban sus modales? ¿quién había dejado entrar allí a ese zopenco?

— desde luego ya dejan entrar a cualquiera.— el coro de risitas acompañaron su comentario mientras merendaban y acabada la merienda escamparon cada uno a su casa, donde habría una sala común, más pequeña, donde charlar o jugar a algun juego de naipes o algo así. Cada cuarto tenía su propia mesita, aunque la mayoria estudiaban en la biblioteca.*

Acabada la merienda y con el estomago lleno me puse en pie para volver a mi habitación, las risas estúpidas de las crias alienadas por la hiena de sonrisa pérfida retumbaron a mi paso, francamente si pensaba que eso iba a molestarme es que no me conocía, pasar de las chorradas era mi fuerte, y esa chica tendría que esforzarse bastante para acaparar mi atención, de momento...todas me eran igual de indiferentes.
Mi misión era conseguir que me tiraran y visto lo visto, esto iba a ser mas fácil que quitarle una piruleta a un niño. Tal y como salía y frente a uno de los que debían ser los profesores, me saque la verga y meé sobre la arena de un árbol de plástico que a modo de decoración daba color a la pared de al lado de la puerta. A mi espalda escuché los gritos, las risas y un coro de voces sorprendidas murmurando.
Me subí la bragueta y seguí mi camino...¿canto tardarían en tirarme? pesé ensanchando la sonrisa.*

Lo dicho, un pulgoso malcriado, eso es lo que era. Un marrano que debería estar cuidando de los cerdos, que en esa escuela de élite no pintaba nada. Iba a ser muy fácil convertirlo en el blanco de sus burlas.

Salió al pasillo rodeada de su “corte de honor” cuando se le acercó otra chica, más alta que ella y con el pelo dorado y largo como el de un ángel pintado en los cuadros, sólo que su rostro no presentaba la mueca de un querubín sino de una malvada reina.

— Así que tu eres la pequeña Blackmore… pffff. Ni siquiera vas a heredar títulos, eres una de las últimas. ¿Qué haces aquí? Buscar marido? O es que acaso tus padres no saben qué hacer contigo?.— Una de las otras niñas le soplaron que era Lady Margaret Howard, primogénita del Duque de Norfolk, un año más mayor que Enola, y que llevaba allí varios años, formándose en todas las disciplinas: música, leyes, comercio, idiomas y equitación.

Enola se cuadró frente a ella, la rubia le sacaba casi dos cabezas y el doble de envergadura, pero no se amedrentaba frente a nadie. Estaba entrenada, sabía luchar pero la fuerza física no la acompañaba en demasía.

— ¿Y qué tal tu padre con su segunda esposa? Esta se la chupa mejor, verdad? Por eso no te quiere en casa y estás aquí.— La rubia le soltó una bofetada, pero Enola la esquivó con rapidez y esbozó una sonrisa burlona.
— Vamos! Inténtalo de nuevo, lady bocasucia. O díselo a tu papá, a ver si al menos cuando venga él es capaz de darme mi merecido.— Margaret entornó los ojos y elevó la barbilla con soberbia.
—Tu padre se casó con tu madre porque estaba arruinado, eso lo sabe todo el mundo.— se dio la vuelta y caminó por el pasillo con su corte de arpías. Enola frunció el ceño y los labios. ¡Nadie hablaba así de su madre y su padre! Eso no era cierto, ellos ya estaban enamorados antes de la bancarrota de su familia. Agarró el tintero que llevaba una de sus “nuevas amigas” y lo lanzó con una puntería increíble, haciendolo pasar entre la gente hasta impactar sobre el vestido de Margaret, llenándola de tinta negra. Sus gritos y quejas resonaron por el pasillo mientras Enola le dedicaba una sonrisa triunfal y se largaba a su cuarto. Quería estar sola. Esa gente era odiosa, no quería estar allí. ¿Por qué la castigaban así Axel y Anaé? Su padre le dijo que era su prueba, que si la superaba la aceptaría en la Orden y si no, se quedaría en casa fregando floreros.
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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Enola H. Blackmore el Jue Feb 22, 2018 3:22 pm

A la mañana siguiente tras el desayuno donde Einar y Enola eran la comidilla, los mandaron al despacho del subdirector, un hombre de pelo cano y barba y cejas negras, con lentes redondas y nariz aguileña. Tenía porte, debía haber sido en otra epoca atleta o soldado o alguna cosa similar. Se sentó en el banco del pasillo con cara de fastidio.*

La víbora ya la estaba liando en el pasillo cuando giré la esquina dispuesto a subir las escaleras para volver a mi cuarto. Me importaban bien poco las "absurdas" trifulcas infantiles, tenia otras cosas mas importantes de las que preocuparme, entre ellas la guerra que se lidiaba en el norte, yo era un buen guerrero, no comprendía como padre aceptaba quedarse sin mi en estos tiempos difíciles, ademas no me habían permitido llevarme la bastarda, dos años en los que perdería practica, cuando regresara todos los soldados de mi quinta llegarían a ser expertos en el manejo del acero y yo, yo seria un paria con estudios.¡ Perfecto! madre tenia unas ideas para joder mi vida épicas.
Por eso tenía que conseguir que me echaran y cuanto antes, mucho mejor.

Me senté frustrado al borde de la cama y saqué del petate, papel, tabaco y un poco de maria que lie lamiendo el papel, para despues prenderlo con un papel que acerqué a la lumbre de la chimenea. En el norte no fumaba tanto, pero aquí, el tedio me consumia y necesitaba relajarme.Me dejé caer en la cama y dí una profunda calada mirando el techo.

Al día siguiente parece que mi actitud dió su fruto y fui llamado al despacho del director, mi sonrisa se ensanchó mientras caminaba por le pasillo.
Allí estaba también la niñata esa que hablaba mas de lo que movía el culo. Me dejé caer a su lado con autosuficiencia, ella parecía fastidiada, por contra yo rebosaba felicidad, estaba a un paso de la libertad.*

El subdirector los hizo entrar a ambos con un seco “Pasen”. Les estaba dando la espalda, mirando a la campiña de Canterbury cuando entraron y siguió así un buen rato. “Siéntense”. Enola se sentó dirigiéndole miradas furtivas a Einar, que parecía de lo más contento por estar allí. El hombre se tomó su tiempo para hablar en un tono bastante neutro e indiferente como venía siendo habitual entre los británicos de alta clase.

— Todavía recuerdo a su madre. Venía feliz a cada vuelta de vacaciones, siempre le gustó este lugar. Fue una de las alumnas más brillantes en comercio, leyes marítimas e idiomas. El violín no se le daba tan bien, pero eso no la echaba para atrás.— tenía las manos sujetas tras la espalda y se giró a encarar a ambos jóvenes. Esta vez miró a la chica.— Y qué decir de su familia, señorita Blackmore. Su tío William es un genio de los negocios, su padre un buen historiador y su tía la mujer más prodigiosa que haya conocido, tras su madre.— señaló a Einar.— Pero aquí están ustedes dos, uno por orinar en una maceta y la otra por insultar y ensuciar a una compañera.— Los taladró con su fría mirada.— Son el orgullo de la familia ¿cierto?.— el inglés se sentó en su sillón y sacó dos carpetas, sus expedientes con las matrículas.— Puedo mandarles a casa si es lo que desean, sólo tengo que lanzarlas al fuego, y su futuro se consumirá en cenizas cuando lo haga. ¿Se creen muy listos? ¿muy rebeldes? oh, claro que sí. Pero simplemente son dos idiotas que van a decepcionar a sus familias y que se pasarán el resto de su vida cargando con la cobardía. Eso es lo que son, dos cobardes que quieren salir huyendo de aquí. Dígame señorita…¿admira a su padre? ¿quizás a su tía Faith? Cree que serían lo mismo sin haber pasado por aquí? Le diré la respuesta: no.— Acercó el expediente de Einar al fuego mirándolo directamente.— ¿Admira usted a su madre? Quiere ser ante sus ojos el cobarde que estoy viendo yo? Diga sí o no, sólo tengo que soltarlo y usted se marchará de aquí y para mi será un problema menos.*

Enarqué una ceja ante el discurso de aquel hombre, su tono era neutro, no tardó en recordarme que mi madre estuvo allí, brillante como era, destacó en ese mismo lugar que yo ahora pisaba. Mis ojos se desviaron hacia le fuego ¿cobarde? yo era muchas cosas, pero no era un cobarde. Mi expediente colgaba de su mano y una parte de mi deseaba que lo soltara, volver al norte, a mi hogar, no necesitaba mi padre un licenciado en comercio, solo un guerrero que derramara su sangre por el norte y sus gentes. Ademas allí podía continuar estudiando, nunca me negué a hacerlo, pero aquí perdería destreza, pericia con el acero...
Guardé silencio ¿cobarde? -Yo no soy un cobarde -dije mascullando entre dientes sin responder a su pregunta ¿quería que tirara mi expediente y largarme, decepcionar a mi madre? pues no lo sabia.*

—Pues haga el favor de orinar en las letrinas de ahora en adelante. Y usted… si quiere pelear puede apuntarse a lucha grecorromana o a rugby, pero le advierto que son todo hombres y le doblan el peso. Si recibo más quejas de atentados contra sus compañeros o el mobiliario de la escuela, tengan por seguro que los mandaré fuera de aquí.— Recogió los expedientes y los guardó dentro de un cajón colocando las manos sobre la mesa mirando a ambos mientras meditaba. Miró a Einar.— Usted, inscríbase en todos los deportes que desee, necesita liberar su vigor. Eso sí, la asignatura de comercio la tendrá igualmente, fue a petición de sus padres. Y protocolo es obligatoria para todos. Y usted… Su padre me pidió que la inscribiera en economía e idiomas, al parecer su madre cree que la música también podría gustarle, pero creo que visto lo visto también necesita liberar su mal genio. Créanme, les hago un favor, me pidieron más cosas, pero no les veo capaces, así que pongan las agallas sobre la mesa y demuéstrenme que me equivoco. Como castigo a su comportamiento cepillarán todos los caballos de los establos. Buenos días.

Con esa frase centró sus ojos en un informe y los dio por despedidos. Enola no quería que la echaran porque quería entrar en la Orden y no habría caza si no superaba aquella prueba. Bueno, si la dejaba inscribirse en deportes se apuntaria a equitación, y desbancaría a esa tal Margaret. ¿Economía? pffffff…qué remedio. Tendría que estudiar pero bueno, una vez acabase, lo olvidaría todo y en paz. ¿Castigo? ¿Con el piojoso? Hasta luego Mari Carmen. Y qué más. Salió resoplando del despacho.*

Di un manotazo en la mesa cuando el hombre devolvió su mirada a un documento dando así la conversación por zanjada, no tenia problema en ese castigo, en Akershus cepillaba, ensillaba y limpiaba muchas veces las cuadras, el trabajo duro para mi nunca había sido un problema y no lo seria ahora.
-Le he escuchado, pero usted a mi no. Si he de permanecer en este lugar para no decepcionar a mi madre, tampoco decepcionaré a mi padre. No se n que mundo viven, creo que en uno muy distinto al mío, no voy a volver a Akershus siendo un buen comerciante y un inútil en algo que mi padre también necesita. Si he de quedarme necesito mi espada, entrenaré fuera de horas, cumpliré con el trabajo que me de, pero necesito mi bastarda o puede quemar ese expediente ahora mismo. Puede guardarla aquí si teme que saje la vida de alguno de sus alumnos con mi vigor, entregármela solo para el entrenamiento, pero sin mi acero no voy a quedarme aquí.*

—Apúntese a esgrima, tenemos armas para practicar. ¿Dónde se cree usted que está? Está en un mundo civilizado donde la gente orina en las letrinas. Pregúntele a la señorita dónde aprendieron los Blackmore algunas de sus habilidades. Lo de dejarle entrar su acero…ya lo veremos. Dependerá de usted. Salgan de mi despacho, tengo cosas que hacer.— no era un “no”, pero no iba a concederle al niñato todas sus peticiones, los privilegios se los tenía que ganar. Enola tiró de él hacia fuera.

— Cierra el pico!! Ya es bastante que no nos ha echado. Hay esgrima y otras cosas, pero eres tan patán que ni lo has preguntado.— Salieron al patio y cruzaron por el pabellón de armas, allí los alumnos más mayores practicaban con las espadas, la lucha, el tiro con arco etc. No le molestaba la compañía de los caballos, le encantaba montar, lo hacía siempre que podía y por su constitución ligera era mejor jinete que Krys, en eso si la adelantaba. Ese viejo acabaría recordándola por la mejor amazona que hubiera pisado el Kings College.*



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Einar Cannif el Jue Feb 22, 2018 3:24 pm

La niñata tiró de mi brazo mientras yo mascullaba entre dientes maldiciones en mi idioma natal.
-¿un florete? ¿tengo yo pinta de luchar con un florete? -rugí apartando de un manotazo su mano de mi brazo.
Rugí malhumorado, era mas que obvio que nada le costaba con permitirme traer mi bastarda, no entrenaría en horas lectivas, lo haría por la noche, no interferiría en el transcurso de las clases, pero yo necesitaba acostumbrarme al peso de un arma de verdad y no a las de juguete con las que entrenaban ellos. Si creía que me rendiría no me conocía, bien, no tendría espada, pero entrenaría, por Odin que lo haría, aun no sabia como, pero entrenaría.

Cuando pasamos frente a la zona de armas me detuve mirando a través de la verja, el juego de pies de los que hacían esgrima era bueno, aunque su estilo de combate era muy distinto al nuestro, aun así, podía aprender movimientos y no descartaba apuntarme...mejor eso que nada. Lucha libre, tiro con arco, rugby...bueno, al mensos podría mantener el cuerpo en forma y por la noche..me las arreglaría para conseguir algo pesado con lo que entrenar...

— ¡¡no te ha dicho que no!! Te ha dicho que ya veremos, no seas cabezón.
-Vamos a hacer cuanto antes lo de los caballos -dije pasando de su palabrería barata.*

Sí, desde luego era lo mejor. Se presentaron en las cuadras, el responsable de los establos los mandó a cambiarse, no podían hacer ese trabajo con el uniforme. Tendrían para todo el día, había más de ochenta caballos. Colgó su camisa inmaculada y su falda para colocarse pantalones de monta, botas y un jersey que olía raro. La próxima vez iría a por su propia ropa. Se recogió el pelo en un moño y se puso guantes de trabajo. La mandaron a cargar paja en una carretilla para cambiar la cuadra del primero. Regresó a trompicones, porque era más grande el utensilio y la bala de paja que ella, pero por su dignidad, lo llevó hasta la puerta del cubil. Tomó entonces una cabezada, sacó al caballo, lo ató en una argolla y cambió la paja de la cuadra. Después tomó el cepillo y se puso a sacarle lustre, el animal parecía tranquilo con ella y el mozo decidió que la parte de limpiar la paja era muy dura para una chica así que se llevó él la carretilla dejándola con la tarea de cepillo.*

No llevaba el uniforme, así que no necesité cambiarme de ropa, la que llevaba era lo suficientemente cómoda. Tampoco presté demasiada atención al mozo, me había criado entre caballos, cambiarles el lecho de paja no era ningún misterio y la vedad es que con los utensilios que tenían allí era bastante fácil y cómodo. Le di unas palmadas al cuello al animal mientras le ponía el bocado y lo sacaba de su cuadra, atándolo de la cabezada a una argolla que había fuera.Tras vaciar y llenar la cuadra volví frente al bayo y con un pozal de agua y el cepillo empecé a lavarlo, a cepillarlo hasta dejarlo limpio.Lo guié de nuevo hacia su lugar y así continué con el resto de cuadras.
Miré de reojo a la chiquilla, que cepillaba con una sonrisa a un tordo con uno potentes cuadros traseros.
Los animales que tenían eran todos de buena constitución, bien alimentados, en su mayoría animales rápidos, aunque también a simple vista me percaté de que habían un par de percherones que seguramente serian utilizados para tirar del carro.
-Vamos señorita, a este paso no me dará tiempo a apuntarme a esgrima -bromeé ladeando la sonrisa.*

— A la hora de la comida puedes hacerlo. Yo me inscribiré en equitación y también en esgrima, arco y armas de tiro.— El caballo que estaba cepillando la empujó con el hocico.— ehhh…eres un bribón. Mira lo que había en el bolsillo y tú lo sabías…— le habló al caballo con cariño, le gustaban los animales porque los humanos eran todos idiotas. Sacó un terrón de azúcar y se lo acercó en la palma de la mano y éste se lo comió.— ¿Qué? Te sorprende? hum. Si acabamos pronto te reto a una carrera.— señaló a los caballos dándole a entender que cuando el mozo se marchase al final del día, ensillarían dos palafrenes y los llevarían hasta el bosque.*

Sonreí divertido ¿me retaba a una carrera? imaginaba que sabia montar, su trato con los equinos no era de no conocerlos en absoluto y como era ligera, posiblemente seria bastante rápida.
-¿y si igualamos un poco las cosas? -dije con picardia. No porque yo no sabia montar, que por supuesto ,si sabia, si no porque mi peso bien podía duplicar el ajeno.-¿y si montamos sin ensillar a los caballos? ¿que me dices? ¿o quizás te saco demasiado de tu zona de confort? …*

Enarcó una ceja valorando el reto. Había montado a pelo varias veces, no era lo que más le gustaba porque con la silla controlaba mejor los talones, pero pensó que igualmente seguiría teniendo ventaja.

— Tú mismo, tus huevos acabarán escalfados.— Entornó los ojos y le dedicó una sonrisa burlona.*

Mis huevos están acostumbrados a cosas peores -le dije guiñándole el ojo -y luego puedes masajearlos para que de vuelta vengan de vacío y no sufran el calentamiento -bromeé guiñándole un ojo. Bien sabia que esa niña pija hablaba mucho y hacia poco, pero bueno, al menos podría hacerle morder el polvo.
-¿así que toda tu familia a estado en esta escuela? supongo entonces que para ti será un honor seguir sus pasos ¿no?*

Siguió cepillando una yegua castaña que tenía malas pulgas y trataba de morderla. Le arreó con el cepillo en el morro acabando así las tonterías.

— Yo no quería venir, de mis hermanos no ha venido ninguno y soy la cuarta de seis. Ellos estudian en París en el College de France, mi hermana Helen va a la universidad, será la primera ingeniera. Mi padre cree que necesito disciplina, y no me dejará decidir lo que yo quiero sin no vengo aquí.— no podía hablarle de la Orden de Hellsing sin más, así que si le preguntaban, siempre diría que quería dedicarse al negocio de los caballos o las armas.— Mi tia Aveline ha sido primera arpista de la Filarmónica de Londres y después de la de París, además destacaba en los deportes, en las vitrinas de los pasillos verás trofeos ganados con su nombre escrito y también el de mi padre. Mi tio William es un genio en los negocios y mi tio James quería ser médico, pero es sordo y al final estudió leyes. Me llamo Enola, por cierto ¿Y tú quien eres, pulgoso?*

-Ya, fantástico -dije en voz alta. Leyes, filarmónica, medicina, yo no quería ser nada de eso. Entendía que mi padre quería que pudiera presentarme frente a la corte sin hacerle caer en vergüenza, pero para eso estaba Sirius, casado con una princesa, ambos hacían bien el papel protocolario. Comercio, bien, aprendería comercio si necesitaba alguien para tratar ese tipo de negocios, pero la verdad, que me hubiera elegido a mi para ese menester me dejaba muy claro lo poco que confiaba en mis pericias con las armas. Niels, Ubbe, Hakon, todos ellos llegarían a general, Ubbe ya lo era ¿y yo? ¿comerciante? ¿en serio? -Einar -ataje. Guerrero solitario...pffff, comerciante pringado.*

— pues mueve tu culo y tus huevos, Einar, que la hora de la comida llegará antes de lo que te crees.— Pasaron el resto de la mañana como pencos trabajando sin cesar hasta la hora de acudir al comedor. Esas pintas no eran las mejores, pero le dio igual, ambos entraron a la sala sucios de paja y oliendo a estiércol de caballo. Evidentemente nadie quería sentarse en su mesa así que comieron aislados los dos juntos.

— Bravo, ya somos los apestados.— esbozó media sonrisa, eso le duraría poco, en cuanto demostrase su valía en otras cosas no habría niña que no quisiera aprender algunas cosas de ella. Luego fueron a apuntarse en las listas de las actividades y tuvo que encajar algun que otro comentario jocoso. Pero por ese día estaba dispuesta a dejarlo correr, ya se tomaría su particular venganza cuando fuera el momento.*



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Enola H. Blackmore el Lun Feb 26, 2018 3:44 am

Cuando acabamos con las cuadras fuimos a comer, nos sentamos solos en una mesa, enarqué una ceja cuando dijo que éramos los apestosos. Lleve mi nariz a mi sobaco haciendo un gesto de que no acababa de entender el drama de esos chicos, claro que si acaban siendo medicos, abogados...normal que todo les pareciera demasiado.
-No olemos tan mal, lo normal para haber estado limpiando una cuadra -dije ladeando la sonrisa como si no me importara. Empecé a comer mojando el pan en el estofado, tenia hambre, así que me centré en mi plato aislando al resto de "compañeros".Despues nos apuntamos a varias actividades que nos interesaban y así llegó la tarde.
-Bueno, pues ya puedes irte, quedamos al anochecer en las cuadras -apunté sin mas dándome la vuelta, me detuve un instante -¿por aquí no hay lagos? -pregunté -para darnos un baño, mucho mas divertido que la tina.*

—En los lagos ingleses hay monstruos que te muerden el culo.— le sonrió y se encogió de hombros, en verdad no sabía donde pudiera haber un lago, así que se marchó rumbo a su cuarto, allí se preparó para ir a las duchas, porque eran colectivas y una vez limpia y seca se calzó la ropa de montar. Habían comido más de la cuenta porque sabían que se saltarían el té de la cinco. Apareció por las cuadras cuando empezaba a anochecer y el mozo ya se había ido. Tenían un par de horas hasta la cena, cuando todos estarían jugando a cartas, billar o dardos, estudiando o tocando música.

—¿Preparado?.— eligió a la yegua castaña que tenía mala leche, le pareció una mala pécora pero seguro que corría veloz como el rayo. Colocó el bocado a su montura y cuando estaban ya en el patio de los establos se encaramó ágilmente a la grupa agarrandose a las crines. Tendría menos estabilidad así, pero agarrándose a la crin mantendría el tipo.*

Acabé duchándome en un sitio comunitario que me forzó a estar bien atento a mi trasero, gruñí para que nadie se pusiera a mis lados, mientras los miraba con mala cara, allí había mas orcos que en el norte y como me descuidara a coger el jabón, aun me clavaban la bastarda por el ano.

Limpio caminé hacia los establos, la elocuente señorita Blackmore ya estaba encaramada sobre el caballo dispuesta a morder el polvo.
-Ves practicando la cabalgada -bromeé entrando por el portón para al rato salir con un alazan azabache bastante brioso.De un salto me encaramé a su lomo y agarrando sus crines este se encabritó quedando sobre sus cuartos traseros, apreté las piernas y golpeé con mis talones su vientre para ponerlo en marcha.
-¿empezamos? -dije poniéndome de inmediato al galope sin darle tregua ni esperar respuesta.*

¡Eso era trampa! Había salido antes que ella pero no se amedrentó. Rápidamente espoleó a la yegua, porque se había preocupado de ponerse espuelas ya que ese animal iba a ser de los que daban trabajo. La colocó al galope en unos segundos y dándole más tralla para que corriese más alcanzó a Einar, y ambos jinetes se perdieron por el camino rumbo al bosque que colindaba por el lado sur del internado. Una vez dentro, tuvieron que sortear zanjas, saltar troncos caídos y hacer quiebros bruscos entre los árboles. Le encantaba la sensación de libertad de subir a un caballo y poder notar el viento en la cara. Se había hecho una trenza para que no le estorbase el cabello suelto, pero en algun momento se soltó el lazo y el enjambre de cabellos furiosos flotó alrededor de su rostro.*
El paraje pronto cambió a uno bien distinto, perdidos en la naturaleza me sentía como en mi hogar, el viento golpeaba furioso mi rostro mientras yo quebraba las ramas que por el camino se presentaban, sorteando troncos tumbados, saltando las zanjas. Íbamos bastante igualados, debía admitir que la mujer era buena jinete y sabia lo que hacia, lo que me llevó a la siguiente maldad del día.
Elevé un pie sobre la grupa y de inmediato elevé el otro quedando acuclillado sobre el equino, al pasar por su lado me lancé como un depredador sobre ella. Enola no lo esperaba, así que ahogó un grito, ambos caimos al suelo enredados en la hojarasca de un amarillento otoño. No podía evitar reirme por la cara de espanto de la pequeña Blackmore. Caimos ligeramente rodando por un suave desnivel hasta quedar tumbados sobre un pequeño remanso verde lleno de amapolas tan rojas como la sangre y que no habríamos descubierto de no tirarnos.*

—Eres un idiota Einar!! Me he hecho daño en el culo por tu culpa. Pffff.— bufó con el ceño fruncido pero el caso es que esa alfombra de amapolas rea un lugar estupendo para salir un poco de los tonos grises y asfixiantes de la escuela. Los caballos se detuvieron a pocos metros y se pusieron a pastar hierba que había por allí.— Esa Lady Margaret Howard…si cree que con lo del tintero estaba zanjado, lo lleva claro. Le daré en sus narices ya verás. ¿Quién es tu madre? El subdirector dijo que había sido una alumna fuera de lo normal.*

-Mi madre es Danielle Morgan, pirata -ladeé la sonrisa -la mas temida de los mares conocidos, pero al parecer aquí era...una niña bien como muchas otras .-bromeé divertido, cuando se lo contara a padre no daría crédito -¿Margaret es la rubia esa de las tetas bien puestas? he oido a los chicos que comparten conmigo vestuario hablar de ella, al parecer es bastante..-puse cara de pervertido -"entretenida" -dije intentando no ser rudo en la forma de referirme a ella -muchos quieren invitarla a un baile o algo así, pero tampoco he prestado mucha atención, así que no se el asunto de que iba.*

Rodó los ojos cuando escuchó eso de la pija hija del duque.— me da igual si se trajina a uno o a seis, por mi como si se trajina al director. Pero no voy a dejar que se crea más sólo porque su padre tenga un título superior. Apuesto a que tu madre no sería el paradigma de la niña buena, como tía Faith. A mi no me gustan los barcos, sólo he cogido alguno para ir a Londres a ver a mis abuelos y a mis tíos, y la verdad, prefiero tener los pies en el suelo.— realmente se mareaba mucho, pero no lo diría por vergüenza.— Si te apuntas a esgrima tu enemigo a batir es sin duda Robert Kingsley, segundo hijo del duque de York. Es bastardo en realidad, pero lo reconocieron hace poco y se pasea por aquí como si fuera el dueño. Que no te engañe su aspecto de imbécil, es bueno. No creo que me dejen entrenar contigo o con él, va por estaturas.*

Ensanché la sonrisa mirándola con mi ego disparado por las nubes.
-Si me apunto a esgrima, mi enemigo a batir será el profesor, a no ser que el tal "hijo de duque" haya nacido con una espada pegada a su culo, dudo mucho pueda equipararse conmigo..claro, antes tendré que saber como se coge el florete -me eché a reir -mi espada es mas distinta, bastante mas pesada, no das estocadas, esta afilada por los lados, así que sirve mas para sajar la carne, desmembrar. Muchas tienen la punta roma, para poder llevarlas bien si montas a caballo, pero en mi caso la mía tiene punta, la suelo llevar a la espalda y se puede coger con una mano o con ambas...de ahí su nombre, bastarda. y bueno, eso es todo...¿que me cuentas de ti?

Enarcó una ceja dejándolo hablar y soltar toda esa palabrería sobre las espadas. Era lógico pensar que una Lady no supiera la diferencia entre una bastarda y una espada de mano o mano y media, una claymore, un alfanje o un sable. Pero estaba tratanado con una cazadora, sabía usar armas tan extrañas como los shurikens, los kunai o las katanas de dos filos. En su futuro oficio necesitaban optimizar el rendimiento en combate y éste no era como en las guerras, choque frontal y a partir cráneos, sino que mataban con sigilo, con alevosía, y necesitaban dominar muchas armas diferentes, porque nada tenía que ver cazar un vampiro con un licántropo.

— Vale…voy a dejarle sitio a tu ego.— se movió un poco a su izquierda agrandando el espacio entre ambos.— Mi padre y mi tía siempre han estado muy unidos y se les dan bien los deportes.— dijo la palabra con cierto rintintín. Cogió una piedrecilla del suelo y la lanzó colándola por un pequeño agujero del tronco de un árbol que estaba a una distancia considerable.— a mi también me gustan más que bordar o bailar, aunque mi madre es toda una señora y siempre insiste en enseñarnos todo el protocolo. Pero es que es aburridísimo.*



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Einar Cannif el Lun Feb 26, 2018 3:48 am

Observé como colaba la piedra en el hueco del árbol y ladeé la sonrisa contemplándola.
-Muy bien, tienes puntería, sabes cabalgar ¿que mas sabes hacer pequeña Blackmore?.-
Me encogí de hombros alzando mi torso arrancando una brizna de hierba del suelo que dejé escapar entre mis dedos.-Mi familia es un tanto disfuncional, tengo bastantes hermanos aunque casi todos solo por parte de padre y bueno...(tampoco podía hablarle de que uno era hechicero, uno licántropo..) cada uno se ocupa de unas cosas, al parecer a mi me ha tocado ser el comerciante -dije con cierta sorna. ¿Había algo mejor que reírse de uno mismo?*

— ¿Bastantes? Nosotros somos seis. Mi hermana mayor es doña perfecta y la más admirada. Mi hermano Justin será lo que quiera ser, mi madre no le pone pegas a nada porque es su favorito. Helen es muda y muy inteligente y los gemelos son los pequeños. Así que yo soy la que no importa, la que no destaca, la que no necesita nada al parecer. Pero quiero trabajar en los asuntos familiares aunque crean que no estoy preparada, no pienso ser un florero. Los negocios son más importantes de lo que parece, mi familia se arruinó hace unos veinte años porque nos tendieron una trampa. Pudimos rehacernos, pero es algo que no puedes permitirte cuando tantas familias dependen de ti, así que supongo que si tu madre se ocupa de los negocios ya tiene suficiente trabajo. Aunque no te veo firmando papeles, pulgoso. Te veo más bien dirigiendo a un montón de insensatos a morir sin más.*

Me encogí de hombros, si pensaba que para mi era un insulto lo de que me veía liderando un ejercito hacia la batalla, se equivocaba de pleno.
-Orn es el mayor, mi padre lo "adopto" en una visita a una aldea, es un buen guerrero. Sirius le sigue, es bueno con el acero, aunque tiene otras dotes por las que destaca mas, esta casado con una princesa y la verdad es que seguramente será el que herede el condado de mi padre. Valeska es una joven "diferente" digamos que se ha ofrecido en servicio a los dioses. Fio es una escudera, valiente, letal...Aren es ciego, pero esta siguiendo la senda del acero para poder cumplir con su venganza personal. Niels es un aguerrido guerrero que mueve masas, él será quien guíe al ejercito de padre, todos le respetan y al parecer, en el hueco que quedaba, madre decidió meterme, te presento al comerciante -me eché a reir -espero que al menos sirvan buena hidromiel para cerrar los negocios.*

—¿Hidromiel? Qué rústico! No la he probado. Mi padre sólo bebe brandy, somos muy británicos en eso. Mi madre se crió en París, pero mi abuelo es también inglés, así que en casa seguimos más las tradiciones inglesas. Mi madre dice que es mejor aceptar que no sabemos hacerlo todo, que creer que ya no hay nada más que aprender, porque la soberbia mata más que la ignorancia. Pero claro, a ella le gusta leer y leer y visitar aburridos museos con mi padre. Se puede pasar la tarde entera decidiendo el color de unos vestidos y a mi…uuughh me exaspera. El reloj de la torre marcó la campanada que indicaba las medias horas. Tenían treinta minutos para regresar o se quedarían sin cena.

— Lo cierto es que no me apetece ir a cenar con esos estirados. ¿Y si hacemos una incursión en la cocina más tarde?.— miró a Einar con esa expresión de estar pensando una fechoría y haber encontrado un socio con ganas de bordear la adictiva línea que discurría entre lo que debían hacer y las insensateces peligrosas.*

-¿y que propones? ¿saquear la cocina? ¿y si saqueamos otro lugar? -ladeé la sonrisa con cierta diversión -podemos ir a algún sitio donde hagan comida y la pedimos para llevar. La capilla del internado a estas horas estará vacía ¿y si te invito a cenar ante tu amado dios? -bromeé guiñándole un ojo divertido. Nunca había entendido bien la religión cristiana, madre la profesaba, pero supongo que la nórdica era mucho mas coherente para mi que la de un pobre dios crucificado para salvar a sus fieles ¿por que un dios iba a ser tan lerdo de dejarse matar? la imagen era penosa.*

—Eso es de mal gusto, es como si yo te propusiera bailar desnudos en el templo más sagrado de Odín. Yo no creo en Dios, mi familia es bastante atea, pero como todo el mundo, aparentamos. Pero me parece buena idea lo de pedir la cena y buscar un lugar donde no tengamos todos los ojos en el cogote. El invernadero tiene una terraza y creo que ahí no sube nadie.— se levantó y se revolvió el pelo para quitarse las briznas de hierba que tenía enganchadas en él. Silbó y los caballos respondieron piafando. Deberían irse o les cerrarían hasta las tabernas del pueblo más cercano.*

Enarqué una ceja tras escuchar sus palabras.
-No veo problema en fornicar en el templo de Odin, mis dioses valoran el sexo, es mas, lo incentivan. Los paganos nos caracterizamos por dar buena función a nuestra verga, nuestras mujeres no son...como vosotras. No comprendo porque para los cristianos, follar es pecado..pero acepto lo del invernadero.*

Enarcó una ceja porque si bien no estaba del todo en desacuerdo con sus palabras, sí en la forma de pronunciarlas.
—¿en necesario la palabra verga? Para mi el rollo ese de los pecados tampoco es muy aceptable. Pero tienes menos educación que un cerdo de corral. Las formas son importantes ¿sabes? Menos mal que tienes un hermano medio príncipe, porque si de ti dependiese firmar la paz con una reina, te aseguro que alardeando de tu verga no la conseguirías.*

Me eche a reír al escucharla.
-¿crees que las formas lo son todo? muy estupidas consideras a todas las reinas si se quedan en la superficie de un hombre. Hay hombres educados, elegantes, capaces de trasformar la mentira en verdades.Yo doy valor a la palabra, la verga es una verga, la guerra trae muerte y la palabra dada se cumple. No miento, asumo las consecuencias de mis juramentos y no necesito dar vueltas a las palabras para que suenen mas bonitas para conquistar a una dama. No quiero una dama a mi lado, quiero una mujer que comparta mi vida. Tu eres como eres, una niña pija que vive de las formas y las apariencias, yo soy un salvaje,¿ pero sabes? a mi eso no me ofende.*

Se montó de nuevo sobre la yegua oscura y mientras agarraba las riendas pasando un bucle de cuero por un lado del cuello, ya que le sobraba mucho, le hizo una mueca al norteño.

— Tú mismo te has montado una novela sobre mi, pero no seré yo quien te desmonte tus ideas y tus prejuicios, casi prefiero que pienses que soy lo que dices. Pues como la guerra trae muerte, y una verga es una verga, las ocho son las ocho y es el toque de queda para cenar y si no nos afanamos se nos caerá el pelo y no quiero que me echen aún.

-Vaya, resulta que he ofendido a la niñata y ahora ya no quiere ir a cenar a "solas" con el pulgoso. Le señalé con la cabeza el camino que podía retomar para volver a tiempo del toque de queda -pues nada, ve a sentarte con el lord palurdo y seguro que podrá hablarte de las posiciones del esgrima, con suerte le das caza, es todo un partido -bromeé poniéndome en pie -yo me voy a una taberna, a cena y a beberme unas jarras.*

—¿He dicho que no quiera ir? Además de salvaje estás sordo!! O es que eres corto de entendederas. Sólo te digo que te apresures, que no podemos dejar los caballos más tarde de las ocho que es cuando vigilan.— bufó y puso los ojos en blanco. Espoleó a la yegua hacia el camino de Fordwich un pueblecito a unas pocas millas del colegio. Prefería no entrar en Canterbury porque allí había muchos ojos mirando.*

Resoplé mirándola mientras negaba, en fin, al menos íbamos a una taberna. De nuevo nos pusimos al galope dirección a Fordwich, según ella, no demasiado lejos quedaba una taberna donde hacían una buena carne mechada. En poco tiempo nos plantamos frente a una planta baja bastante rústica, ambientada en una fachada de piedra con un gran portón y con tenue luz en su interior.
-Las damas primero, no nos cierren -bromeé dejándola pasar mientras ataba los caballos al palo que había en el exterior.
Pedimos unos bistec, guarnición que los acompañaba, no tenían hidromiel, así que dejé que la señorita eligiera la bebida y de postre algo dulce.*

Lo pidieron todo para llevar y se lo dieron en un hatillo. Se marcharon hasta el colegio de nuevo cabalgando y dejaron las monturas a buen recaudo, cuando iban de camino al invernadero se toparon con la ronda de guardia, pero justo antes de que los vieran se colaron en uno de los cobertizos del jardinero aguantando la respiración y bien pegados para que nos los vieran.

— quítame las manos de encima!!! jum…— le soltó cuando notó que estaban pegados de más. Después salieron y subieron hasta la terraza del invernadero, allí nadie subía y estaba algo sucia, pero podían cenar tranquilos.*

Tiré de su brazo colándonos en un cobertizo al ver como la guardia nocturna pasaba con el farolillo vigilando que los portones se cerraran. Llevé mi dedo a los labios pidiéndole silencio, con mi cuerpo anclado contra el suyo y mis ojos fijos en el exterior. Una vez pasaron desvié mi rostro hacia el suyo, todo hubiera quedado en nada si no me hubiera pedido de esa manera tan nerviosa, que la soltara, pero mi sonrisa se ladeó con cierta diversión manteniéndola presa en la prisión de carne y hueso en la que me había convertido.
-¿esto es lo mas cerca que has tenido a un hombre? -pregunté divertido haciéndome a un lado para dejarla ir. Subimos a una terraza llena de polvo y suciedad, al parecer no estaba transitada desde hacia bastante tiempo, lo que significaba que no seriamos molestados ni de lejos.
-¿me has traído aquí para aprovecharte de mi? -pregunté muerto de la risa sacando la comida, estaba hambriento*





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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Enola H. Blackmore el Dom Mar 04, 2018 3:22 pm

Subieron a la terraza y allí arriba podrían estar tranquilos, sin las miraditas de los elitistas aquellos que ya les habían colgado el cartelito de “problemáticos”. El comentario de Einar sobre si era lo más cerca que había tenido a un hombre, realmente no, cuando entrenaba en la Sede solía hacerlo con todos los novatos y allí había de ambos sexos, así que se agarraban, golpeaban y “bailaban” juntos. No tenía problemas con poner las manos encima a un chico, pero el noruego la ponía nerviosa, más bien la exasperaba con sus modales asilvestrados.

— Pues claro, si quisiera una cita romántica contigo te mandaría cartas perfumadas y todas esas cursilerías. Seguro que Lady Margaret la imbécil lo hace. Te traigo aquí por interés, ya que nos han puesto la etiqueta de perdedores y nadie espera nada de nosotros, espero que estemos en el mismo bando.— abrió el hatillo y sacó un cuenco rebañando pan en él, ya que no tenían cubiertos.— si mi madre me viera comer así, le daría una embolia.*

Tenia los dedos metidos en el cuenco, cogiendo los pedazos de carne y llevándomelos a la boca cuando la escuché decir lo de su madre. Me quedé quieto, como si ahora me diera cuenta de que si lo suyo, según ella, era para darle una embolia a la madre, lo mío era para llevarla al nicho directamente. Me chupé los dedos ensanchando la sonrisa.
-Bueno, no creo que sea para tanto -añadí mirándola fijamente -yo no soy un perdedor, lo que te sitúa en el equipo ganador. Creo que ya que estamos en le mismo equipo podríamos ayudarnos a demostrar al director que se equivoca con ambos.Yo puedo ayudarte con.."los deportes" y tu a mi...-me eche a reír metiendo los dedos de nuevo para seguir comiendo -en el protocolo -añadí muerto de la risa*

—¡Oh, si! Desde luego que vas a necesitar ayuda. A mi me gusta tan poco como a ti, pero mi madre y mi padre insisten e insisten hasta la saciedad y al final, algo de todo eso se me ha pegado. En realidad es muy útil, porque a veces en la vida debes parecer un cordero aunque seas un lobo, hay que aprender a sacar ventaja.— Enola era lista, pero a veces tan cabezota que su propio consejo no se lo aplicaba.*

Me encogí de hombros, si ella lo decía, yo solo quería demostrar a ese tipo que se equivocaba conmigo, lo demás me importaba bien poco a decir verdad. Necesitaba aquí mi acero y eso solo lo conseguiría con la aprobación del director.
-Puedo quitarte de encima a esa chica...¿como se llamaba? se me dan bien las mujeres y puedo tenerla comiendo de mi mano en dos dias, no te molestará mas.*

Enarcó una ceja al mirarlo sorprendida. No pensaba que fuera tan fanfarrón.
— Lady Margaret no es una mujer normal, su padre tiene más títulos que una novela de Shakespeare, es lo más parecido a una celebridad aquí. ¿Qué te hace pensar que le gustarás? Ella aspira a casarse con un príncipe como mínimo, y es una arpía de cuidado.*

Me eche a reír cuando dijo que me hacia pensar que le iba a gustar ¿no era evidente? Podía desear casarse con un Principe, pero aquí no hablábamos de matrimonio, si no de otra cosa muy diferente. Por saber popular y porque no había solo estado encerrado en el norte follándome vikingas, sabia que las damas de alta alcurnia se sentían ..como decirlo..tentadas a abrir sus piernas a los salvajes norteños. Claro que padre siempre me dijo algo, no funcionará, las mujeres de ese tipo solo desean un hombre salvaje que tener como triunfo, un hombre de verdad que empuje entre sus piernas, pero a la hora de la verdad...se casan con los hombres débiles pero con modales, sin jirones en la piel. nunca me entendería en matrimonio con una de esas pijas estiradas, pero yo no hablaba de llegar tan lejos.*

—Ajá. Entiendo. Pero para eso tendrá que dejarte llegar a la alcoba…yo creo que es tan estirada que en verdad quiere reservarse por cumplir la tradición.— A ella eso le daba un poco igual, su madre sí había respetado los cánones, pero su tia, por ejemplo, no se casó hasta los treinta y tenía un historial amoroso bastante trepidante, la conocían en todos los burdeles, igual que a su marido, y a ella le seguía pareciendo la mejor tía del mundo.— de todas formas puedo manejarme de momento. Mañana a primera hora después del desayuno hay clase, luego ya deportes, la comida, protocolo y más deportes. Suelen poner un poco de descanso para que la gente no vomite.*

-Puedes manejarte porque no quieres que llegue a su alcoba? -pregunté ensanchando la sonrisa con esa fanfarronería que me caracterizaba.El plan del día era interesante, aquello parecían unas vacaciones pagadas, algo aburridas eso si -¿dime que lo de vomitar es porque te dejan beber a reventar? -pregunté -la idea de vomitar por otro motivo o me resultaba alentadora, a saber los pijos estos que hacían para llegar a eso. Cejé el cuento, estaba lleno y empujé la comida con un vaso de la bebida que pidió Enola.

Le puso una mueca sobreactuada a propósito, era bastante expresiva con los gestos de su cara.
— ¡Oh,si! Por favor, te suplico que no te tires a esa pija estirada, estoy loca por ti.— chasqueó la lengua y levantó el cuenco para beber un poco del caldo del guiso.— más quisieras, sólo nos dejan salir a la ciudad los sábados por la tarde, pero si conseguimos algunas botellas… los domingos no hay clase, es el día libre, la mayoría van a la iglesia y de excursión por los alrededores.*

De sobra sabia que su sobre actuada explicación era una farsa, pero bueno..iba a jugar a su mismo juego.
-Tiene fácil solución, mi cama es grande y tu estas aquí conmigo, entiendo que estes loca por mi, les pasa a todas..pero, te ofrezco hoy, por ser tu, un revolcón ¿que me dices? -ensanche la sonrisa volviendo a centrarme en lo que de verdad parecía importante y no en el pique con el que de sobra sabia no iba a conseguir nada -así que el domingo es día libre. Joder en Akershus no gastábamos de eso - pues ir a la Iglesia no es mi plan del domingo..seguro se nos ocurre otra cosa mas...¿interesante? ¿que hay por aquí para hacer? ¿lagos?¿tabernas?*


¿Lagos? ¿Para qué? Suponía que no sería para cazar patos. Acabaron la cena en aquella azotea abandonada y después bajaron del tejado del invernadero rumbo a las habitaciones.

— Descansa, porque mañana habrá mucho movimiento en las clases de esgrima, yo tengo que enseñarle a Lady pija como se monta un caballo de verdad.— sonrió de medio lado.— y si te portas bien, te haré un hueco en mi agenda para el domingo y si quieres podemos ir al lago si hay o al bosque o yo que se y entrenar de verdad, aunque sea con espadas de madera. Mi padre la maneja bien, yo no mucho, pero puedo aprender.*

No entrenaba con espadas de madera desde que era un niño, así que no pude evitar sonreír de forma engreída cuando dijo que ella no la maneaba bien. Se despedía de mi en los pasillos, desde ahí cada uno tendría que tomar dirección opuesta para ir a sus habitaciones. ¿Lo decía en serio? incrédulo la mire, así que la detuve de la muñeca tirando de ella hasta que impacto contra mi cuerpo.
-¿un hueco en la agenda? Yo pensaba mas bien entre tus piernas...hemos comido, hemos pasado un buen rato ¿ya esta? ¿eso es todo?. Yo te dejo que me enseñes a mi como se monta un buen potro.

En el norte las cosas funcionaban diferente, no pasabas toda la noche con una chica como esta para que luego te dijera un "descansa que mañana tienes que entrenar”*

Lo enganchó de la barbilla pegando sus labios a escasos milimimetros de los de Einar, ella tenía un gracioso hoyuelo en la barbilla que al levantarla para mirarlo se marcaba más.

— Esto es Inglaterra, no un corral de salvajes simios, ve acostumbrándote a que los ritmos no los marcas tú. ¿Conoces alguna inglesa con cara de satisfacción? Pues ahora ya sabes por qué.— le sonrió y le dio un beso breve para luego sonreir de nuevo y alejarse moviéndose como si fuera Lady Estirada, imitándola con toda la intención.*




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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Einar Cannif el Dom Mar 04, 2018 3:33 pm

Negué con la cabeza mientras una sonrisa se instauraba en mi rostro viendo como se largaba imitando a Lady Estirada. ¿Un corral de simios? ¿que yo no marcaba los tiempos? Eso tendríamos que verlo.
-Tenía que haberte preguntado por un burdel en vez de un lago -le grité desde el otro extremo del pasillo -lo voy a necesitar -musité en voz baja antes de darme la vuelta para poner rumbo a mi habitación. Por Odin que iba a pasar allí mas hambre que los curas de clausura con voto de pobreza castidad y otras mierdas.*

Al día siguiente se dirigieron cada cual a sus lecciones, ella tenía a primera hora equitación y tenía que montar como una amazona, con atuendo de falda, sombrero etc y montada de lado. Odiaba ese estilo, preferia montar a horcajadas, pero sabía hacerlo de ambos modos. Estuvieron dando paseos por unas pistas y las ladys se pavoneaban muy dignas ellas. Enola puso su caballo al galope corto y adelantó a algunas dirigiendose directamente a las vallas y saltándolas con agilidad, quedando patente su dominio de la materia. Durante las siguientes dos horas trató de ceñirse a lo que les pretendían enseñar, pero finalmente tuvieron que hacer dos grupos, porque había un par de buenas amazonas. Cuando sonó la campana del almuerzo se dirigió a la armería y al pabellón de esgrima, aún con su traje de montar, allí asistió a las selecciones de los chicos para colocarlos por niveles. Cuando vio pasar a Einar enfundado en el traje reglamentario de esgrima le susurró.
— Pareces una oruga, pulgoso.*

Mi primera clase era de esgrima, así que tras el profesor insistir hasta la saciedad en que me colara dentro de ese traje ajustado que parecía una tripa de vaca donde meter la carne para ser cocinada, y por si fuera poco, ponerme un casco que me tapaba la cara no permitiéndome estar cómodo para esgrimir la espada, me lanzó a una pista donde otros chicos igual de embutidos me esperaban.

Yo era el único que nunca había cogido un florete, así que al hacerlo pronto desperté las risas de todos esos paletos, entre ellos uno que con el casco ese alzado se mofaba abiertamente. Uno de los chicos gordito y con gafas me dijo que era el hijo del Duque de York, que su reputación se remontaba a un gran linaje de esgrimistas y que sin duda el seguiría los pasos de si padre como único heredero al titulo.

Me aburría tanta gilipollez, me bajé el casco dispuesto a empezar, el profesor, me colocó de compañero con el duquesito. Decía que así podría enseñarme los movimientos básicos mientras él iba corrigiendo al resto de muchachos. Asentí, no pensaba que me costara mucho cogerle la técnica a esto, a fin de cuentas llevaba una vida con el acero.
Me bajé el casco e intenté imitar la posición del chaval, que a traición y sin explicarme nada, hundió la punta de su florete en mi pecho. Apreté los dientes, esperando que esto se quedara en una broma tonta y que empezaría ahora a explicarme ese juego de pies y porque levantaba la izquierda como si fueran las plumas de un pavo real, pero lejos de eso de nuevo volvió a atacar, esta vez dándome en el casco.

Mi paciencia era limitada, rugí y sin mas, con mi zurda me quité la careta con mala gana y usando el florete como si fuera una bastarda golpeé su mano hasta desarmarlo, con el acero en mi diestra bofeteé su casco y sin mas dilación le asaste una patada en el pecho que lo lanzó al suelo de espaldas tumbándolo mientras se retorcía de dolor.
-¡Que! -rugí abriendo los brazos desafiante antes de que el profesor me parara metiéndose entre ambos.

El despacho del director parecía ser mi nuevo hogar en aquel malito internado. Foribundo caminé hacia ese lugar ya para mi conocido mientras maldecía por lo bajo.
Enola me encontró de camino, me dijo algo de una oruga y yo me limité a gruñir lanzando los guantes a sus pies.*

El director levantó los ojos de unos papeles y lo miró por encima de las lentes.

— Cannif… ¿otra vez aquí?hum…Me ha dicho el profesor de esgrima que le ha dado bien al próximo duque de York. Cierre la puerta.— le ordenó que cerrase al pasar y le indicó que se sentara.*

Entre bufidos, con el ceño fruncido, cerré la puerta tras de mi, maldije en mi idioma tomando asiento ante el director que de seguro ahora me echaría el sermón o quemaría mi maldito expediente. Ese hijo de puta del duque me la iba a pagar.*

— No puede ir por ahí partiendo narices, Cannif. Esta es la última que partirá mientras yo sea el director ¿de acuerdo? Ya sabe lo que pasará si no lo hace.— Se levantó y se acercó a la ventana estirándose y girando la cabeza mirando a Einar con una extraña e imperceptible sonrisa.— El duque de York es aún más insoportable que su petulante hijo. ¿Cómo ha sido?.— se refería a como había sido lo de partirle la nariz, envidiaba en parte a Einar porque él estudió con el duque de York y ya era tan imbécil como su hijo.*

Enarqué una ceja al escuchar al director ¿no iba a tirarme? alcé la mirada buscando su figura que ahora se movía hacia el ventanal con cierta media sonrisa e sus labios.
-¿que como fue? -pregunté sin comprender si buscaba que le explicara que me había llevado a pegarle o como le había atizado al muy capullo -tampoco le he llegado a pegar...solo le he avisado de que yo no soy alguien con quien se puede jugar.
Era cierto, de haberle pegado le hubiera roto lago mas que la nariz, de echo la patada se la había dado en el pecho, supongo que le pilló con la cabeza baja, eso o los dos bofetones que le di con la espada, el caso es que mi sonrisa también se ladeó, a fin de cuentas ese Duque necesitaba que alguien le bajara los humos, era un maton..eso si, que se metía con chicos incapaces de defenderse por si mismos.*

—Bien, en adelante… no lo haga, o tendré que expulsarlo, me espera una reunión con el duque de York en los próximos días, porque querrá pedir su cabeza. Pero me alegro que lo pusiera en su sitio, pero la próxima vez… no deje marcas. Larguese, Cannif.

El director había sido muy explícito con su petición, no le negaba el ajuste de cuentas, pero que no se notase y que no lo metiera a él en un problema porque la unica cabeza que rodaría sería la de Einar. Por su parte Enola ya se había cambiado, llevaba el traje reglamentario de esgrima y estaba practicando, su padre le había enseñado, aunque luego el esgrima tal cual no se usase en la caza, ayudaba a refinar los movimientos y a agudizar la conexión mente-mano-espada. Cuando vio llegar a Einar se le acercó tendiéndole el casco.

— Si no te resulta un insulto entrenar con una chica… vamos a ver qué sabes hacer.*

¿Mi cabeza? Podía ponerse a la cola, Randulf llevaba pidiendo la cabeza de los Cannif desde el inicio de esta guerra.
-Bien -dije alzándome de la silla para abandonar la estancia. Regresé al pabellón para quitarme el traje ese blanco que en otras épocas bien se hubiera asemejado a un condon encontrándome allí con Enola y su ladeada sonrisa. Me acerqué a ella con picardía, el traje le quedaba de muerte, cubría su cuerpo marcando todas y cada una de sus curvas.
-¡Vaya! si bajo esas faldas que te gastas tienes un buen culo -dije llevando mi mano a sus nalgas apretándolas. Esquivé su hostia antes de que me la diera y con una risa traviesa cogí el acero sacudiéndolo frente a sus ojos con la diestra. Mi forma de atraparlo nada tenia que ver con el esgrima, era un guerrero con una espada, aunque esta era puntiaguda.*

Se levantó el casco con expresión de “vete al cuerno, Cannif”. Lo volvió a bajar e hizo el saludo colocando la postura de guarda. Extendió una mano hacia delante con el florete en ristre y la otra hacia atrás, flexionando las rodillas.

— Pon esta postura, si no, perderás estabilidad, tienes que mantener la distancia, cuando entras en combate real, la distancia la marcarán muchas cosas, pero en esta disciplina lo que aprendes es a herir con el acero sin tocar con nada el cuerpo del contrario.— Dio unos pasos hacia delante chocando las hojas y luego se retiró, repitiendo la operación. Ese era el concepto básico, a ver si podían mas o menos entenderse.*

Alcé el casco observando bien su postura que traté de imitar, me sentí bastante estupido así.
-¿Por que distancia? Una batalla a melé no es a distancia el acero se blande .. -me callé cuando esta se movió hacia mi golpeando mi acero que moví ligeramente para salir a su encuentro. Con destreza se separó de mi como si fuera una avispa que llega, pica y se larga sin mas. Ladeé la cabeza bajándome el casco bien, probemos. Esta vez imité el gesto de la cazadora, los movimientos eran mas fluidos que lo mios, pero porque se limitaban a mantener una pierna delante, era como danzar ..ademas no podías valerte de golpes.
Tras golpear su acero me retiré como ella y alcé de nuevo el casco con una sonrisa.
-¿empezamos ya en serio? -pregunté.*

Se bajó el casco y le hizo una reverencia de baile como respuesta, acometiendo con saña hacia delante, hacia atrás, con rápidos movimientos de pies, pero en algun momento se saltó las reglas y se subió a un cajón, desde allí cruzó y chocó la espada con Einar, saltando a tierra de nuevo, corriendo después para evitar su ataque. Aquello de pronto se había convertido en una batalla por el pabellón, sin cruzar patadas ni golpes, pero sin limitarse a la pista de esgrima, mucho más divertido así.*

Con el casco lazado, no podía disimular la diversión que me producía aquella refriega entre ambos, utilizando todo el pabellón, nuestros cuerpos danzaron con voracidad, los acros chirriaban al ser golpeados mientras ambos con trucos ajenos a lo estipulado en las reglas peleábamos sin tregua. Esquivé una de las estocadas y posando mi pie izquierdo en el suelo viré con el cuerpo colocándome a su espalda, le aticé en las nalgas con el acero suavemente y antes de que se girara mi pecho impactó en su espalda calentándola. Mi aliento se perdió en su cuello y por mis labios salieron palabras que erizaron su piel perlada.
-Me preguntaste ayer si alguna vez había visto a una inglesa con cara de placer...si, estoy ahora mismo imaginando tu cara y .... -dejé las palabras inacabadas cuando esta se giró airada para volver a enfrentarme con la espada.Le hice una reverencia marcando de nuevo la distancia.*



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Enola H. Blackmore el Mar Mar 20, 2018 3:48 pm

¿Estaba tratando de enfadarla? Muy listo, pero estaba entrenada para abstraerse en su propio mundo, concentrarse y dejar al margen las emociones, porque cuando cazas a un bicho que es doscientos kilos más pesado que tu, o quinientos años más viejo, no puedes tener la mente en otro sitio. Clavó el codo en el estómago de Einar, y sabía que no le había hecho daño porque el traje amortiguaba y porque ella no tenía fuerza bruta, pero fue el aviso necesario para contestarle que no se iba a amilanar con sus palabritas. Chocó el acero, trabándolo un instante y utilizando su propia inercia para arrinconarlo contra uno de los postes que hacía de saco de pruebas. Dios un par de graciosos saltitos hacia atrás y volvió a ponerse en guardia. Todos miraban el enfrentamiento y el profesor de esgrima entornaba los ojos. Eso no se podía consentir.

— Están interrumpiendo el entrenamiento. Pasarán al otro grupo.— el otro grupo en teoría era más avanzado, pero tenía menos alumnos, apenas cinco o seis, y en ese caso podrían hacer más el burro a su aire.*

Me estaba divirtiendo, la cazadora tenia carácter, tenia técnica, aunque le faltaba fuerza y un poco de juego de pies. Esquivé su acero empujándolo de vez en cuando con el propio. Enola no se rendía y con ataques diestros y bastante agresivos fue arrinconándome contra una pared. Mi media sonrisa delataba el placer de un buen enfrentamiento. Fue entonces, cuando la dama fue a recular para darme distancia con esos saltitos tan caracteristicos, cuando la embestí y hundiendo mi hombro bajo su vientre la alcé como un saco en volandas riéndome con mi diestra sobre su culo.
Los compañeros aplaudían mientras ella pataleaba y el profesor nos decía que pasaríamos a otro grupo donde no molestáramos tanto completamente indignado.
-Buen combate princesita -dije bajándola despacio.
Cuando alcé la mirada los ojos de Lady estirada estaban fijos en mi, hablaba con sus amigas y una bajada de pestañas me indicó que empezaba para ella el juego de la caza.*

La morena pataleó y se revolvió como si fuera una serpiente fuera del agua, dándole puñetazos en la espalda y soltándole improperios.

— ¡Bajame pedazo de bruto! Eres un pulgoso!! sueltame!! Si me vuelves a tocar el culo te arranco la mano!!!.— mucho ruido y pocas nueces, porque no iba a hacer nada de eso, pero la venganza se servía fría, oh sí. Llegaría su momento en que le daría un repaso a ese petulante Cannif.*

Tras entrenar un rato en el pabellón de deportes nos fuimos a las duchas. Varios de los jóvenes de primer año se me acercaron ,según ellos nadie se había atrevido a plantar cara al futuro Duque de York, querían saber que me había dicho el director, al parecer su padre era muy influyente y según ellos estaba jodido. Me encogí de hombros sin entender porque veían esos chicos tan gran hazaña en lo que había hecho esa mañana, francamente tíos como ese en el norte no durarían ni medio día.

Cuando salí de las duchas pensaba que Enola me estaría esperando con esa sonrisa picara que marcaba su sexy hoyuelo, pero n su lugar estaba Lady Margaret Howard y su ejercito de arpías.
Iba a pasar de largo camino al vestuario femenino para ir a esperar a la cazadora cuando la chica se acercó a mi con una sonrisa arrebatadora.
-¿Como te llamabas? -me preguntó como si fuera la primera vez que en mi se fijaba, con un aire altivo, uno al que de seguro estaba acostumbrada.
-Cannif -respondí dandole mi apellido, no éramos amigos.*

— Tu padre es un conde noruego. El mio es el Duque de Norfolk.— Como si a alguien le faltase saberlo por allí.— ¿quieres sentarte en la comida con nosotros?.— en realidad le estaba diciendo que ella quería que se sentara en su grupo de élite, o al menos eso era lo que se creían. Denegar una invitación así podía causarle más perjucios que beneficios. Enola se había duchado y ahora iba a salir del vestuario cuando vio el grupo de las Ladys pijas interpelando a Einar y se detuvo, pegada a la pared, escuchando sin ser vista.*

Uni mis labios poniendo morritos ladeados mientras enarcaba una ceja fingiendo pensármelo.
-No, no me interesa comer con vosotros, pero gracias por la invitación -dije sin mas ensanchando la sonrisa -si quieres algo de mi...se mas...original -le dije antes de esquivar el cuerpo de la rubia que creo no daba crédito a mis palabras. Apostaba que era la primera vez en su maldita vida que se llevaba un "no" por respuesta. Caminé hacia el vestuario femenino para ir en busca de la Blackmore, pero en ese momento salió a mi paso y mi sonrisa se ladeó lanzándole mi brazo derecho sobre sus hombros.
-¿como van esas nalgas? -pregunte -¿comemos? me ruge el estomago.*

Ladeó la cabeza para mirarlo y le hizo una mueca imitando a Lady Margaret.
— ¿te vas a sentar conmigo? mmmm… la próxima vez sé más original….jajajajaja.— estalló en carcajadas.— Lo he escuchado todo, me hubiera encantado ver su cara. ¿Mi trasero? bueno, ahora que lo has sobado es unos centímetros más plano… maldito bárbaro. No vuelvas a cogerme como un saco o te destriparé y me haré un collar con tus intestinos.*

Le lancé un mordisco al aire antes de echarme a reir por la amenaza lanzada.
-¡Ves! ¡A eso lo llamo ser original!¡destripar, collar, intestinos, sangre ,visceras..! ¿entonces comemos? -ladeé la cabeza tirándola ligeramente hacia atrás para ver sus posaderas con detalle -No las veo mas planas, aunque tendría que sobártelas para examinarlas bien -apunté con picardía. Los ojos de Margaret fulminaron a Enola cuando pasamos por su lado.
-Siempre haciendo amigas cazadora -le susurré al oido.*

Se encogió de hombros, eso de tener amigas no era lo suyo, ninguna se dedicaría a cazar vampiros y licántropos, ellas se preocuparían por el color de las cortinas de su nueva mansión mientras los Blackmore se jugaban la vida para garantizar la de gente como ellas, así que no les debía nada más, ya era suficiente con su sangre.

— Son una víboras. Mañana es domingo, no pienso quedarme estudiando.— Entraron en el comedor y ocuparon una mesa donde nadie más se sentó, eran los raros y los que habían montado el numerito, pero al poco una de las chicas que estaba en esgrima se sentó con ellos, era alta y atlética, tenía el pelo castaño y los ojos verdes y en su libro ponía el nombre “Alice”.— Ah… hola.

— Hola, eso que habéis hecho en clase ha sido genial…yo quiero participar la próxima vez que peleéis asi. Mi padre es militar de alto rango y dice que en las guerras no se lucha como en las escuelas.*

Saludé a la morenita extendiendo mi mano hacia ella, aunque a mitad camino la recogí para limpiar mis dedos de la grasa de la carne dejando la mancha en mi pantalón antes de volver a extenderla -Yo soy Einar Cannif, mi padre dice que las guerras no se ganan desde un trono sentado, así que supongo que ya tenemos en común algo -aseveré desviando mi mirada hacia Enola -ella es la señorita Blackmore, puedes llamarla culo plano - bromeé*

Le dio una colleja a Einar, porque era un bocas.— ¿Alice, no? Enola Heaven, pero sólo Enola está bien.— Heaven era el nombre que usaba en casa, todos tenían dos nombres y usaban el segundo para referirse a sus hermanos y a ella.— Tiene razón tu padre, el mío también dice que quien quiera peces, que se moje. Bueno, podemos entrenar juntos si queréis.— Parecía una chica maja, y allí dentro iba a necesitar algun aliado más que Einar.*

-El refrán dice "que se moje el culo" -añadí a su dicho porque yo lo había oido mientras sonreía moviendo la cabeza con cara de estar cometiendo una nueva travesura -pero como lo tiene plano tras mi sobada...mantiene esa palabra en Tabu -le pasé un pedazo de pan a Alice -Pues bienvenida al grupo de elite -bromeé echándome a reír. Éramos mas bien los raros de allí, pero porque los demás tenían algo en común que eran gilipollas y nosotros por contra no.
-¿que plan tenemos el domingo? -pregunté*

—Pues… si queréis ir a algun sitio y entrenamos allí a nuestro aire… o no sé. No conozco nada de por aquí.
— Yo sí.— apuntó Alice.— mis hermanos estudiaron aquí antes que yo, me dijeron que hay una colina tras la cual está el bosque y hay una cabaña de cazadores, allí solían ir a montar alguna fiesta o a hacer cualquier cosa fuera de los ojos de la gente que sólo va a misa o a la ciudad.
— Suena bien, me apunto.— Miró al norteño, a ver qué decía.*
-Por mi bien -dije sin mas. ¿acaso tenia mejor plan? Mis hermanos estarían ahora mismo arriesgando sus vidas, mientras yo planeaba ir con dos chicas a una cabaña a pasar un rato divertido y como mucho, a entrenar con espadas de madera -mi gesto se oscureció al tiempo que mi mirada se perdía quedando ausente de la conversación. No comprendia la decisión de padre ¿un comerciante? ¿en serio eso era lo que veía en mi?*

Enola le lanzó un trozo de pan.— Despierta!! Que te estás perdiendo lo que dice Alice.— La chica le estaba diciendo que sabía donde estaban las llaves de la armería porque el bedel del lugar siempre las dejaba en una caseta que había en el pabellón y que quedaba sin vigilancia a ciertas horas del domingo. Podrían llevarse alguna cosa sin ser vistos y así al menos entrenar con algo de verdad.— ¿Y por qué entrenas? Tu padre no te va casar con alguien de tu rango social?

— No, porque mi hermana mayor ya lo ha hecho. Yo pienso montar una escuela de equitación cuando vuelva a casa.— Enola la miró con cierta envidia, un trabajo honrado, normal y que una mujer podía ejercer sin demasiado escándalo.— ¿Y tu?

— Bah, nada, es tradición familiar, supongo que acabaré haciendo infeliz a algun desgraciado Duque.— sonrió con malicia.*

Escuché a ambas hablar de su futuro en silencio mientras llevaba a mi boca una hogaza de pan. No tenia nada que ver con ellas, una soñaba con montar una escuela de equitación, la otra con desposarse con un hombre de titulo...ladeé la sonrisa dejando escapar el aire en una sarcástica carcajada. -Interesante-apunté recordando que las mujeres de otros lugares no podían elegir su vida como por ejemplo lo hacían mis hermanas, bueno, todas menos Valeska que debía entregarse a la diosa Freya y al templo que la regentaba.*

—A él no le preguntes, es un vikingo loco, seguro que se irá a morir por el Valhalla, tanto entrenamiento para morir en diez segundos…tsk.— lo estaba pinchando para que reaccionara, algo le pasaba por la cabeza a Einar porque estaba taciturno. Sonaron un par de campanadas y el tiempo de la comida llegó a su fin. Quedaban las clases de protocolo, eso podía ser el remate para Cannif, por desgracia, esa tarde no les tocaba juntos y se lo perdería, pero al parecer le tocaba con Alice…vaya. Qué fastidio, a ver si esa chica iba a quitarle el único “amigo” que había hecho en esa escuela.*



Will mil gracias ♥♥

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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Einar Cannif el Mar Mar 20, 2018 3:51 pm

-Antes de pisar el Valhalla me aprovecharé de las valquírias, no dejaran de llenar en la gran cena mi cuerno de hidromiel -alegué en mi defensa con un media sonrisa. No se ni para que me esforzaba, nada de mi cultura aquí tenia sentido...yo no debia estar aquí, madre se equivocaba conmigo.

—Seguro que las tuyas se parecer a Lady Estirada…— bromeó con Einar para molestarlo un poco más.
-Las mias son norteñas, con armaduras y con la capacidad de blandir la espada. No acabaré con una Lady Estirada.- Me puse en pie la escuchar la campana, de puta madre, protocolo, tocame la verga a ver si echa chorro, esto iba a ser divertido.
-¿Vas conmigo en protocolo no Alice? -pregunté señalándole el libro que llevaba sobre la carpeta.
Esta asintió con simpatía diciendo que podíamos irnos juntos hacia clase.
-Nos vemos luego Enola -me despedí guiñándole un ojo -no hagas muchos mas amigos -bromeé por ese don que tenia la pequeña Blackmore*

La tarde se le pasó lenta, el protocolo se lo sabía, su madre era la puñetera reina del protocolo, su padre era el caballero más caballero que había conocido jamás y algo se le había quedado, pero era aburrido. Se entretuvo haciendo una lista de cosas que quería hacer en esa escuela antes de que acabase el curso, ya que estaba allí, aprovecharía al menos algunas de las cosas que pudieran enseñarle. Cuando sonó la campana que indicaba el final corrió a reunirse con Einar y Alice que salían del aula charlando animadamente. Hum. Qué bien se llevaban. Hasta la cena habría un rato muerto, no sabía qué hacer, todo el mundo se iba a las salas comunes a charlar, algunos a seguir estudiando… Cogió de su joyero unas agujas del pelo y se hizo un moño. Salió de la sala común y se encaminó al jardín, estaba ya oscuro, pero mejor así. Cuando encontró el árbol adecuado se soltó el pelo y sostuvo en sus manos los ganchos que al apretar las flores de adorno sacaban una punta afilada, eran como dardos ocultos, como pequeños puñales, un invento de su hermana Harper, el genio loco de la familia. Se retiró a unos metros y comenzó a lanzarlos contra el tronco. El primero se le desvió un poco, pero los siguientes impactaron muy juntos. Asi una y otra vez.*

Salimos de la clase de protocolo, que para que mentir había sido un desastre, no daba pie con bola, lo mas parecido a protocolo que yo bía era no tirarme pedos en la mesa y básicamente porque perdía tiempo en robar alimentos a mis hermanos y primos que ya de por si estaban muy avispados. Muchos se rieron, pero estaba claro que intimidaba lo suficiente como para que al alzar la mirada todos enmudeciesen. Alice me ayudó en lo que pudo, nos pusieron de pareja, así que fue explicándome con cierta paciencia, aunque desde luego eso no bastó ni de lejos.

Salimos de allí contando anécdotas, pero Enola no estaba esperándonos. Alice decidió ir a la sala común y yo a mi cuarto. Aun quedaban unas horas hasta la hora de la cena, podría buscar el modo de conseguir acero..me había dicho que no podía traer mi espada, al menos de momento, pero no había dicho nada de pedir que alguien me la forjara. Sabia construir arcos, flechas.. En el bosque el domingo podría improvisar algo...de momento seria la única arma que tuviera, pero si ahorraba dinero, quizas pudiera hacerme con una espada.*

Regresó a la hora de cenar con el pelo recogido y los ganchos puestos, eran un arma mortal si se sabían usar. Su abuela no habría dicho nada de saber que los llevaba, porque no había colegio a salvo de los vampiros o licántropos y al menos eso podía ayudarla si se presentaba la urgencia. El grupito de Lady Margaret la miraron y cuchichearon y al pasar a su lado la rodearon.

— ¿Donde vas con eso en el pelo? Ni que fueras a un baile en Picadilly.
— ¿y a ti qué te importa? Déjame en paz.
— Ya sé, vas a ver al pulgoso de tu novio.
— Si, exacto, eso es, al menos tengo uno, tú tendrás que acabar pagando para que alguien se te acerque.— Eso no le hizo gracia a la Lady y alargó la mano par quitarle las agujas del pelo. Enola la detuvo agarrandola de la mano, pero las demás hicieron lo mismo y de pronto se habia formado un pequeño revuelo en el pasillo.*

Bajaba a cenar cuando ví correr a unos chicos que emocionados hablaban de algo de una pelea de barro ¿Barro? No entendí, pero decían que estaban unas tias buenas peleándose. Caminé hacia el barullo con tranquilidad hasta que me di cuenta que una de las protagonistas era Enola y el resto Margaret con sus arpias.
-¿Por que no le devolvéis eso? -pregunté en un tono severo mientras me habría paso empujando con mis hombros y espalda a los chicos que jaleaban quedando frente a las damas.*

Enola miró furibunda a Einar, ella podía sola!!! ¿por qué se metía? La iba a dejar peor. De un manotazo arrebató a una sus ganchos y a otra se lo quitó apretando los dientes y entornando los ojos muy cerca de ella, con gesto amenazador.
— Era una broma, pero es que te lo tomas todo a la tremenda Blackmore.— Margaret estiró su afilada sonrisa.¡Oh! Algún día la despellejaría viva, eso podía prometerlo. Una de las chicas hizo el además de devolverselo a Enola pero al final lo soltó y el gancho cayó al lado del pie de Einar que al cogerlo pudo observar que se había abierto. A Enola se le cortó la respiración. Nadie iba por ahi con ese tipo de artilugios tan raros a menos que escondiera algo. Esperaba que Einar mantuviese la boca cerrada y no se le ocurriese preguntar en alto “¿Qué narices e esto?”.

Mi mirada estaba fija en esos ganchos, no era un idiota, de sobra sabia que un arma se escondía en ellos. Una punzante que bien usada y dando en un punto vital como podía ser la carótida, la yugular, te podía matar. Elevé la mirada hasta los pardos de Enola que al ver la pieza entre mis dedos palideció. Sin desviar ni por un instante mis mares de sus tormentas con un hábil movimiento introduje las puas dentro dejando aquella decorativa pieza de pelo como si solo fuera eso.
¿Que ocultaba mi misteriosa amiga? desde luego no era ni de lejos lo que fingía y aunque no me importaba tuviera capacidad de matar, si que su confianza en mi se tambaleara. Yo con ella fui sincero, quizás porque los norteños tendíamos a ser rudos pero trasparentes, por contra eso no siempre sucedía en los ingleses.*

Le quitó el gancho de la mano sin muchos miramientos y atravesó el círculo de niñatas bastante furibunda, alejándose de ellas por el pasillo, con la suficiente prisa para evitar también a Einar aunque sabía que éste se había percatado de lo que escondían sus abalorios y seguramente tendrían una conversación al respecto. ¿Qué decirle? Que su padre era cazador de monstruos? Que ella pertenecería a una antigua orden de cazadores que mantenían seguras las calles? En Noruega no había Orden de Hellsing, sólo operaban en Inglaterra, Francia, Alemania y algunos países más, pero no extendían sus dominios a todas partes. ¿Y si le decía que era una espía? No sería descabellado pensar que la hubieran reclutado para formar parte de algun cuerpo de élite para espiar a favor de la corona o algo similar, a fin de cuentas era bonita, joven y noble, podría infiltrarse bien, y eso sería más creíble que decirle que se dedicaba a meterles estacas por el culo a los vampiros.*

Si pensaba que podía huir de mi se equivocaba, de los demás puede, peor no de mi, yo le había ofrecido sinceridad y pedía al menso un trato igual. Furibundo la seguí hasta el exterior y sin cortarme un pelo la detuve por la muñeca girándola de un empujón para que me enfrentara.
-De allí de donde yo vengo la sinceridad es un hecho que va implícito con la amistad -aseveré con el ceño fruncido -¿por que has traído un par de armas invisibles a este centro? Y lo mas importante ¿por que no me has explicado nada sobre esto? ¿que eres? ¿a que te dedicas?*

Se detuvieron frente a los aposentos de las chicas, en concreto el de la chica Blackmore, ésta metió la llave en la cerradura y entró, tirando de Einar hacia dentro y cerrando tras él.

— shhhhhhh… no lo digas tan alto!!!.— se quitó los ganchos del pelo y los que tenía en la mano y los guardó en un joyero que tenía una llavecita. Comenzó a pasear arriba y abajo, a medio camino entre los nervios y la frustración de tener que confesar. Resopló.— Vale… mira… lo que soy no… no puedo decirlo a la ligera, no puedo hablar de ello libremente…seguramente no lo comprendas pero…soy una espía de la corona. Es decir… lo seré. Algunas cosas no se les puede dejar a las fuerzas de seguridad, ese trabajo encubierto sólo puede hacerlo alguien que tenga apellido y nobleza y… es complicado.— ¿Sonaba convincente? Tenía que serlo, porque no iba a decirle la verdad, prefería que pensara eso.*

Enarqué una ceja, primero escuchándola titubear sin parar, para después contarme una historia rocambolesca sobre ser en el futuro una espía de la corona inglesa. Puede que me sonara raro, peor podía tener sentido, a fin de cunetas tenia un buen apellido, eso le abriría ciertas puertas, era una mujer atractiva y bueno..eso le abriría muchas otras. Tenia cierta lógica que si era espía no me lo contara ¿como hacerlo si en la discreción se basa todo'
Relajé el gesto, podía ser un bárbaro pero entendía que había secretos que debían ser guardados.
Me dejé caer en su lecho mirando la habitación con una sonrisa ladeada, de no ser porque teníamos que hablar en privado nunca me hubiera permitido pasar.
-¿así que...espía? -dije con tono mordaz -¿y a quien espías pequeña Enola?*



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Enola H. Blackmore el Jue Abr 12, 2018 3:06 pm

Le hizo una mueca como diciendo “¿No creerás que te lo voy a contar, no?” Aunque luego enarcó ambas cejas mirándolo y chasqueando la lengua.
— A nadie…— se hizo la interesante.— En serio, a nadie… todavía. Necesito algo más de disciplina, eso dice mi padre, aún no estoy preparada. Cuando lo esté entraré a formar parte de ese grupo.*

Me quité las botas quedando tumbado sobre su lecho, ladeando mi cuerpo para mirarla con una divertida sonrisa.
-Interesante ¿y como funciona eso? ¿no vais a una escuela de espías? -bromeé haciendo un gesto de absurdez -ósea que digamos pasa el titulo por herencia familiar ¿no? ¿Como si fueras de algún tipo de orden secreta que sirve a la corona?

—Algo así, hay familias que son leales a la corona y se dedican en cuerpo y alma a proteger la información tan valiosa que se puede obtener por métodos poco… comunes. No puedo contarte más… lo siento. ¿Qué clase de espía sería si fuera contándoselo a todo el mundo? Ha sido una estupidez traer esas horquillas aquí…mi padre me advirtió, que nada de hacerme notar pero…pfffff…yo no soy la hija perfecta y si le defraudo, no conseguiré entrar.*

Podía comprenderla, yo era el pequeño de muchos Cannif, todos ellos grandes soldados, héroes que en Akershus eran vitoreados. También yo necesitaba ese reconocimiento, que padre se sintiera orgulloso de mi, del guerrero que había nacido y que protegería el norte hasta que Odin lo llamara a sus filas, mas parecía que madre tenia un plan distinto para mi y padre había aceptado...
-Tampoco yo soy el hijo perfecto -aseguré con un gesto ensombrecido en el rostro -pero bueno, lo de lso ganchos no les des mas importancia, no se han dado cuenta...los de aqui serian incapaces de distinguir unas puas de unas horquillas -apunté con mordacidad.*

—¿en serio? Con lo majo y pacífico que eres, no entiendo como no lo eres.— le hizo una mueca sonriendo y marcando el hoyuelo de su barbilla.— Tu quieres entrenar para morir por la gloria algun día. Yo prefiero encontrar la forma de sobrevivir a toda costa porque un espía muerto no sirve para nada. Así que tus métodos y los míos son muy distintos.— se había sentado en su cama y ahora se estiraba allí como si fuera su territorio. Cogió una almohada y le sacudió en el hombro.— ¡Oye! Este es mi sitio! Aquí no aceptamos invasores noruegos!*

-¿acaso hay victoria sin gloria? no se recuerdan a los vencidos, si no a los que con sus hazañas lograron convertirse en mitos. No mentiré, busco vanagloriarme ¿que guerrero no desea ser esperado por Odin con ese cuero que nunca se vacía? pero no solo es eso, mi gente, el norte, necesita esperanza y eso es lo que les damos, sin nosotros hace mucho que vivirían bajo el yugo de un tirano.
Cuando me dio con la almohada me puse a reír y sin cortarme la alcé elevándola sobre mi cuerpo para que pudiera reclamar todo el territorio que deseara.
-He conquistado y saqueado tu cama, es lo que hacemos los norteños..si tuviera que pedir permiso..seria ingles y me llamaría Lord York o como se llame, ademas mi madre es pirata, soy un ladrón en toda regla -bromeé.*

—¡oh, si! puedes jurarlo!— se subió a la cama de un salto y la emprendió a almohadazos contra Einar, una guerra de cojines de lo más apropiada para cambiar de tema y que no preguntase nada más, porque la mentira podría ir enredándose y sería peor, porque igual no recordaría del todo los detalles que había inventado.— ¡Ah! Sal de mi cama, pulgoso!! O morirás entre terrible dolores!!*

Aquello se convirtió en una batalla campal, ella golpeándome con las almohadas y yo tratando de placarla contra el colchón e inmovilizarla. Nos reíamos mientras nuestros pechos subían y bajaban violentos por el juego. Era rápida, se zafaba de mi agarré cada dos por tres hasta que finalmente ambos caimos obre las sabanas, ella con sendos brazos hacia arriba, sus muñecas atrapadas por mi diestra sobre su cabeza. Su ceño fruncido delataba su mal perder, mi sonrisa ladeada que me gustaba ganar y así nuestras respiraciones se encontraron por unos instantes en el que le silencio se apoderó de la cámara dando paso solo al crepitar de la lumbre y a nuestra respiración como únicas protagonistas. Mis ojos bajaron a sus labios en el instante en el que la puerta se abrio...*

Alice esperaba en la puerta, los había ido a buscar pero al no hallarlos fue por el pasillo en busca de Enola y escuchó sus risas y voces dentro. ¿Había llamado antes de entrar? No estaba segura, porque estaban peleando.

— Oh… eh… lo siento, vulevo…¿luego?
— No, no, pasa, estábamos… sólo era un … da igual.— Enola se levantó de la cama apartando a Einar y se alisó los pliegues de la camisa.— ¿Habíamos quedado?
— En verdad…si. Para ver qué hacíamos mañana.*

Le lancé la almohada a Alice que parecía bastante cortada mientras me reía.
-Pues el plan es ir a esa cabaña y montarnos un trio..quiero decir- medité un instante -..no, quería decir eso exactamente -bromeé sentándome al borde de la cama para calzarme las botas.
-Si pudiéramos coger "prestadas" algún tipo de espada nos serviría para entrenar, si no, podemos fabricarlas…*

Alice sacó del bolsillo unas llaves que agitó frente a ellos con expresión divertida.
— ¡Tú si que eres una ladrona! Y no éste pulgoso!!.— saltó por encima de Einar y cogió las llaves divertida.— Mañana nos llevaremos algunas cosas prestadas…que callado te lo tenías, traidora…

Lo cierto es que los tres podían pasar ratos muy agradables, ya que en ese internado elitista poca gente más se atrevería a acercarse a ellos.*



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Einar Cannif el Jue Abr 12, 2018 3:10 pm

Di un salto de la cama al escuchar el tintineo de las llaves en las manos de Alice.
-Tu si que sabes -apunté lanzándole un mordisco que la hizo reir -pues bueno, si las damas no me invitan a hacer aquí algo entretenido, me voy a sobar..mañana nos vemos pronto para aprovechar bien el día y ya si conseguimos algo de alcohol para después del entrenamiento...- dejé la frase en el aire elevando sendas cejas picaramente*
Alice se marchó a su cuarto con las llaves, al dia siguiente temprano se pasarían por la armeria y ella había previsto llevarse una bolsa grande donde en teoría habrían raquetas para jugar a tenis, así podrían ocultarlas allí dentro. Enola se encargó de conseguir un par de botellas de algo alcohólico y una bolsa con algo de comer. Einar sólo debía llevar una manta o similar para irse de “picnic”. Le costó dormir, porque ese revolcón había sido un momento algo tenso, pero una tensión agradable. Se encontraron temprano en las caballerizas y de allí pasaron a la armería. Enola repasó las armas que habían por allí, Alice se llevó un sable y una especie de maza. Ella eligió los cuchillos cortos y una espada corta.*

Sentado en el alfeizar de la ventana, con los postigos abiertos dejé escapar el humo al exterior, esa noche Enola y yo habíamos estado bastante cerca, no es que no estuviera acostumbrado revolcarme con mujeres en un lecho, o sobre la hierba, incluso a fornicar ya borracho en una cantina...en el norte el sexo se veía con una libertad muy distinta, pero..con Enola había sido distinto.

Acabé de fumar y apagué la colilla tirándola por le ventanal antes de meterme en la cama, estaba ahora mas relajado, así que centré la mirada en el techo y no tardé demasiado en acabar dormido. A la mañana siguiente me desperté pronto, había quedado con Enola y con Alice para ir a la cabaña y yo era el encargado de coger una manta para usarla en el picnic, así que tras hacerlo me reuní con ambas. Le di un cachete a las nalgas de la "espía" y le guiñé el ojo a Alice
-A ver si no quedan armas para mi -repliqué acercándome. Me hice con una bastarda de punta roma, bien templada aunque menos pesada que con la que acostumbraba a entrenar.*

Con aquellas armas “robadas” se encaminaron a la colina tras el bosquecillo donde había una cabaña algo escondida y tenía su ubicación memorizada. Iba entonando una cancioncilla algo ridicula.

— Y si no me obedeces en el galeón, coge el timón que viene un tifón… hiza la mesana, no seas bribón…Ho, Ho! Coge el timón!!…— era una canción pirata pegadiza que solía cantar Rex, un cazador de la orden, mientras hacía alguna tarea. Seguramente Einar la conociese, su madre era una mujer de mar.— Que buen dia!! Tenía ganas de salir de esas paredes, huelen a veces a humanidad y estupidez.*

-Miré de reojo a Enola con esa pose altiva que me gastaba y la sonrisa ladeada.
-Y canta ya así sin ir borracha -le dije a Alice que se echo a reír. Tampoco es que yo tuviera mucho sentido del ridículo, al manos en ciertas cosas, en otras pues como todos -ahí dentro es para volverse loco, tengo unas ganas de entrenar y de darme un baño en el rio..y de beber y de..-las miré a las dos -lo otro no creo que estéis muy dispuestas señoritas frígidas.*

La cazadora miró a Alice y ésta no pareció muy escandalizada por los comentarios de Einar, así que frunció el ceño.
— quizás Alice quiera pasar un buen rato, no lo dudo…pero a mi las picaduras de las pulgas me pican demasiado y se me ponen feas.— le sacó la lengua al vikingo, mientras caminaba alegremente. El bosque era bastante espeso y no había sendero, con lo que tuvo que orientarse por la posición del sol. La cabaña no estaba lejos, era la tipica de cazadores, cuadrada, funcional, de madera. La llave estaba escondida en un macetero enorme vacio y lleno de hojas caidas.*

Enola me hizo negar con la cabeza ¿pulgas?
-Al menos podías buscarte una excusa mejor... -aseveré mirándola de arriba a bajo. Era obvio que era ella la que me llamaba la atención, pero la espía no parecía dispuesta a claudicar conmigo ni un ápice, seguramente demasiado salvaje para una dama de su clase. Por contra Alice era mucho mas cercana, pero..no me gustaba. Llegamos a la cabaña, sacamos la llave de una vieja maceta cubierta de hojas y abrimos el portón, ese emitió un leve quejido, se notaba que llevaba tiempo sin uso y el polvo voló pro la estancia nada mas entro la corriente de aire.
-Bienvenidas al palacio del bosque -bromeé dejándolas pasar primero como había aprendido en protocolo y de paso les miraba el trasero, eran poco listos estos ingleses.

El lugar estaba algo abandonado, pero serviría, dejaron allí las bolsas y la comida y Enola se quitó el suéter que llevaba puesto, hacía buena temperatura y se quedó con una camiseta de tirantes sobre los pantalones de montar y los botines, no iba con ropa de domingo sino con ropa comoda de entrenar. Se recogió el pelo en una cola de caballo y sacó algunas cosas de la mochila.

— ¿y bien? Por donde empezamos?a mi me vendría bien aprender algunas cosas con esas armas grandes que os gastáis, soy más de lanzar cosas.*

Me quité el suéter quedándome en mangas de camiseta, los pantalones de montar y las botas...
La bastarda que había dejado apoyada en una de las sillas mientras dejábamos los trastos que habíamos traído fue recuperada.
-¡Vamos! aprended del maestro -bromeé con ese orgullo noruego que llevaba a fuego marcado en la piel.
Las dos me miraron y rodaron los ojos mientras yo me pavoneaba con el acero en la mano manejándolo con destreza entre los dedos. Llevaba desde niño con una espada, no conocía trucos nuevos que aprender, al menso no de los que ellas pudieran enseñarme.*

Eligió finalmente la maza, ya que Alice se quedaba el sable, el arma del ejército en tierra. La sopesó y era muy compacta, recia, pesaba mucho y era poco manejable, pero es con lo que contaba y le vendría bien acostumbrarse por si le sucedía que en una cacería tuviera que defenderse con un palo o algo así. Se colocó en posición y Alice también, ambas contra Einar, seguramente podría defenderse de las dos jovencitas, pero aquello les vendría bien a todos. Alice fue la más rápida y le lanzó una estocada hacia la rodilla, Einar la bloqueó y Enola aprovechó para fintar y tratar de alcanzar su otro flanco.*

La guerra tenia lago de particular, que no se aprendía en las escuelas, ni siquiera sentado en un trono moviendo sobre los mapas la caballería, la infantería..la guerra se vive en el campo de batalla, solo aquel que sangra entiende su naturaleza.



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Enola H. Blackmore el Dom Mayo 06, 2018 3:25 pm

Las dos doncellas emprendieron su ataque, lo intentaban, tenía que concederles ese mérito, mas lo malo es que pensaban, habían aprendido en la escuela a fintar, a esquivar y a que se golpea con el arma en cuestión, mas bien sabia yo que la muerte no siempre te la ofrece el acero.
Esquivé a Enola y detuve con firmeza a Alice, que de nuevo trató de alzar su sable para atacar mi flanco derecho, claro que al hacerlo quedó descubierta y no esperó que de una patada en el pecho la lanzara contra el suelo.
Enola en ese instante atacaba por la izquierda llevaba una maza demasiado pesada para ella lo que la convertía en un objetivo lento. Salté hacia atrás para que no me diera, su arma quedo clavada en tierra y de un golpe que bien pudo ser un puñetazo pero que solo fue un empujón la tiré al suelo al otro lado.
-No penséis tanto ¿estamos jugando o pretendéis matarme?*

¿Iba en serio? Quería que probara a darle? La maza no era ninguna tontería, si le daba podía romperle un hueso, pero apretó los dientes cuando cayó al suelo y se levantó agarrandola con dos manos y lanzándola hacia la cintura de Einar esta vez, esperaba que bloquease el ataque, como antes, que interpusiera su acero, pero la castaña no desaprovechó para lazarle una patada a la espinilla de la pierna que le hacía de aguante en la postura, con la que cargaba todo el peso para el movimiento.*

Interpuse el acero ante el voraz ataque de la espía que parecía empezaba a despertar de us trance de niña de papa. Ladeé la sonrisa con superioridad cuando noté que la patada en la espinilla me hacia perder el equilibrio y caí de rodillas al suelo. Apreté los dientes, había cometido el error de subestimarla y mi orgullo me podía. En un gesto instintivo llevé la diestra a mi bota, de tener la daga que siempre llevaba hubiera cortado el tendón de su rodilla que me quedaba de frente, hubiera caído al suelo y ahí a melé hubiera lanzado el contraataqué, pero no lo tenia, así que simplemente empujé con mi acero su maza y me alcé esta vez siendo yo el que embestía.*

Interpuso la maza en la trayectoria de la espada sujetándola con dos manos frente a ella, reculó y esperó a que Alice atacase para que acaparase la atención de Einar, y así ella golpearle en la espalda con su bota, si le daba con la maza podía hacerle mucho daño. Durante un rato estuvieron peleando así, las dos atacando y mordiendo al vikingo que se defendía a dos flancos con un ritmo intenso.


Durante un buen rato estuvimos intercambiando golpes mordidas del acero contra maza y espada, las chicas eran rápidas, se notaba que ni de lejos eran la primera vez que blandían un arma, pero yo nací con la bastarda entre mis dedos, así que tal y como fue pasando el tiempo, el cansancio fue haciendo mella, sobre todo en Alice que jadeaba tratando de recuperar el resuello. Cuando mi diestra enganchó el mango de su arma y de un empujón la lancé al suelo, esta emitió un quejido lastimero tocándose las nalgas por la culada mientras Enola trataba de alcanzarme con la maza aprovechando la ladeada y engreída sonrisa que me gastaba.*

— Descuidas el flanco izquierdo cuando elevas la estocada, creo que es porque esa maza pesa más que tú.— una voz masculina emergió de detrás de un árbol interpelando a la joven Blackmore, que frunció el ceño.

— ¿Colin? ¿qué diablos haces tú aquí?.— preguntó la muchacha bajando el arma. Coincidían en la mayoría de clases y el joven al parecer era bastante bueno en todas las asignaturas académicas, siempre era de los primeros. Pertenecía a una familia de banqueros y empresarios bastante conocida, sin títulos pero con mucho dinero.

— Pasar el rato del domingo.— se encogió de hombros.

—¿lejos de la biblioteca?.— frunció el ceño y puso los brazos en jarras.— cuéntame otra, a mi no me engañas. ¿Qué haces aquí?.— el chico resopló poniendo cara de circunstancias.

— Os he seguido. Me aburro enormemente con Mary y Roger.— que eran los otros empollones de su curso. Colin también hacía algun deporte, aunque no destacaba especialmente, no era nada malo, y al contrario que los otros dos, no iba con un palo metido en el culo.

— Ahá. Así que nos has seguido. Pues eso te convierte en cómplice de lo que esté pasando aquí que no es más que un entrenamiento…— Apuntó con el dedo a Colin acercándose a él en modo amenazante, aunque por su altura no le llegaba a la nariz.*



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Einar Cannif el Dom Mayo 06, 2018 3:30 pm

-Deja al chaval -dije caminando hacia ese tal "Colin" con el que yo no había coincidido todavía, pero que al menos era otro mas para unir al grupo, ya estaba allí, así que bueno a falta de algo mejor, podría hacerme la pared con Alice y dejarme solo con Enola a ver si conmigo también descuidaba su flanco y por ahí entraba. Las mujeres de aquí eran mas...difíciles, pero para mi no había nada imposible, a fin de cuentas era un Cannif y mi madre era una pirata, lo llevaba en mis genes.

Tampoco era idiota, sabía que Alice seria presa fácil, por como me miraba o me tocaba, esa se abriría de piernas fácil, pero yo me había encaprichado de la Blackmore, su mala leche era un reto..que la verdad me apetecía batallar. Pase mi brazo derecho por encima los hombros de Colin y tiré de él para llevarlo hacia Alice.
-Vamos a beber algo y a descansar un poco*

Enola enarcó una ceja resoplando como si ella no necesitase el descanso y giró la maza en su mano para dejarla apoyada sobre un tronco.

— ¿Beber? Dudo mucho que el empollón beba algo que no sea agua.— apuntó la castaña.
— Pues mira, te equivocas, mi padre siempre bebe brandy, tiene una buena bodega y suele abrir botellas, hacemos catas y…
— mi padre también bebe brandy pero seguro que tú lo estudias para ser un entendido también de eso. Mira que eres pesado. ¿No puedes divertirte y ya?
— a eso vine. Si no, estaría en la biblioteca.— Colin sonrió, dejando en evidencia de ese modo a Enola que emitió un gruñido y fue a por una botella a la cesta que traían. Tiró del tapón con los dientes y escupió el corcho al suelo. Le dio un trago al whisky poniendo cara de asco, porque no era gran cosa y a palo seco era un poco agrio.

— Entonces ¿quieres unirte al grupo de apestados? Me parece raro, pero tú mismo. El requisito para entrar es que nos tienes que hacer los deberes a Einar y a mi.— miró al noruego para que le siguiera el rollo.*

¿Estaban tonteando en mi cara? si, eso era exactamente lo que estaba pasando, seguramente esos niñatos no supieran ni lo que era beber, ni lo que era follar, ni lo que era nada mas que estudiar y hacerse los niños de papa, pero a mi las cosas no se me pasaban tan fácilmente por lato, fruncí el ceño dejando que esos dos siguieran a lo suyo y me dejé caer sobre la hierba fresca tumbándome, cerré los ojos un instante escuchando de fondo las estridentes voces como si pudiera abducirme de allí y volver al norte, rocé las briznas de hierba con los dedos, tantas veces había entrenado en los bosques con padre que podía casi escuchar sus bromas cuando caía sobre la hierba tras sus devastadores ataques. Dejé escapar el aire volviendo cuando Enola pronunció mi nombre.
-¿Eh? ¡ah, si los deberes!

Tome la botella y le di un buen trago relamiéndome después los labios pasándosela a Alice que aun se tocaba el culo mirándome con el ceño fruncido. Según ella no era de caballeros pegar esos empujones a una dama, lo que me hizo reir pidiéndole que bebiera y callara.
-Soy un bárbaro -dije ladeando la sonrisa -el caballero es este -dije señalando al empollon*

Bueno, al parecer al empollón no le pareció mal trato y Enola sonrió, ya tenía quien la sacara de apuros cuando patinase en los exámenes. No podía fracasar o no la dejarían unirse a la Orden. Mordiéndose el labio inferior saltó sobre Einar arrebatándole la botella y dándole un trago.

— ¡no seas avaricioso! Comparte con los demás!!.— era como cuando jugaba con sus hermanos y rodaban por el suelo, o cuando con algún cadete entrenaba en la Sede. Porque si entrenaba con su tía, su padre o su hermana, aquello parecía un velatorio, siempre tan serios y disciplinados.— ¡Alice! espabila o te quedas sin!!.— la rubia se acercó a ellos, que forcejeaban por la botella riendo y el cuarto afiliado a la liga de marginados se sentó a su lado sonriendo, esperando que se resolviera aquella situación para sacar ventaja.*

Aparté la botella de las zarpas de la espía, que sin disimulo ninguno se había lanzado sobre mi para cogerla.
-Como todo lo hagas así Enola -bromeé silenciando lo que de ella sabía pero que de seguro la morena si entendía. Rodamos por la hierba entre risas intentado no verter el liquido y a la vez mantenerlo lejos de su alcance. Acabé sobre ella, con mi respiración impactando sobre su nariz, humedeciendo sus labios, por unos instantes nos miramos serios, apenas unos segundos pues Alice me quitó la botella sacándome del trance. Mi hombría se había alzado, hundiéndose en el vientre de la espía, lo que la hizo enrojecer y a mi reir divertido dejándome caer a un lado para dejar que la presa escapara del cepo de mi cuerpo.*

Era la segunda vez que se quedaban así, atrapados en una especie de burbuja donde las miradas bailaban y decían todo aquello que no se hablaba en alto, pero Enola no estaba segura de qué era esa sensación y ante algo que la ponía nerviosa, reaccionaba a su manera. Cuando notó el bulto bajo ella y la sonrisa de aquel bobalicón, al que le daba igual mostrar su enardecimiento, se puso roja otra vez. ¡Maldito fuera el noruego! Ni siquiera se molestaba en mostrar un poco de decencia, un poco de educación, ciertamente era un bárbaro. Sacudió la cabeza negando y retirándose a un lado para escapar de la presa que le había hecho y se sacudió la hierba del pelo. Sin saber cómo al final la botella estaba en manos de Colin que le dio un trago y puso cara rara pero risueña.

— No está tan mal, para ser lo peor de nuestro curso, os lo montáis muy mal. Los verdaderos apestados deberían beber cerveza barata, así no cuela.— el chico en verdad era bastante amable Enola había intercambiado algunas conversaciones banales con él y no le caía mal. Podía ser un buen fichaje para el grupo porque los profesores y el director lo tenían en buena consideración.— En dos semanas habrá un examen de economía, si queréis podemos estudiar juntos.

—Querrás decir que tú nos explicas economía, sacas un diez y nosotros nos conformamos con el cinco ¿no? Bueno, yo me apunto, porque no entiendo nada, ese pajarraco que nos la da explica fatal.— Enola se puso en pie y comenzó a imitar y a poner las posturas del viejo profesor arrancándoles carcajadas.

El Colin ese parecía haber fijado sus ojos en mi presa, algo que me hizo enarcar una ceja sobre todo cuando esta aceptó su propuesta de estudiar juntos, un truco sucio, casi tanto como el que usabamos nosotros con las norteñas que no sabían aun usar el arco..
Con unas cosas y otras acabábamos metiéndoles mano y al final pues terminábamos con facilidad despeinándonos en los establos.
-Yo también me apuntó -dije sin mas. No me di cuenta hasta que ya era tarde porque la verdad no me apetecía nada estudiar economía, peor tampoco dejarlos solos en el mismo cuarto ¿celos? no, yo no gastaba de eso ¿o si?
Tomé la botella airado para dar un trago, Enola tonteaba con él y yo no estaba ciego como para no verlo.*

La inglesa se encogió de hombros y asintió, esperaba que Einar se apuntase porque tampoco le iba bien lo de estudiar y necesitaban a alguien que les ayudase y en un momento dado les hiciera los deberes o los trabajos, porque no estaban allí para salir siendo eruditos, con pasar tenían suficiente. Alice también asintió, ella coincidía con Einar en muchas clases y supuso que estudiarían juntos más veces. Empezaba a atardecer y se quedaron allí bebiendo un rato más, pero se tenían que marchar antes de que el vigilante diera la ultima ronda y descubriese que faltaban armas en el cuarto del gimnasio, así que recogieron los trastos y se fueron, por el camino se iban riendo y bromeando. Ya tenían el grupo formado y al parecer ya no eran los auténticos marginados, ya tenían al menos cuatro integrantes y eso les hacía como una pequeña horda. Devolvieron las armas y cada cual escampó a su cuarto. A Enola la cabeza le daba vueltas, había sido un día divertido, relajado, no había tenido que fingir más de la cuenta y eso de tener amigos le había supuesto un cambio agradable.*



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Enola H. Blackmore el Mar Mayo 22, 2018 4:19 pm

Habían pasado unos días desde nuestra escapada, las clases eran tediosas, pero siempre encontrábamos ratos para juntarnos en el comedor o en los jardines, nos echábamos unas risas y de alguna manera este infierno ingles empezaba a no resultarme tan mala idea.
Bien sabía que mis hermanos iban a burlarse de mi hasta que cumpliera los 50, peor francamente encontraba utilidad en las cosas que estudiaba, incluso se podría decir que no me costaba en demasía comprender las matemáticas, Colin era un buen maestro y yo lo seguía con suma facilidad llegando a sacar bastantes mejores notas que la misma Enola, que por supuesto me superaba en muchas otras materias.

Aquella tarde empezaba a anochecer, Alice y Colin se habían ido antes porque tenían un examen de poemas o no se bien que, así que Enola y yo nos quedamos tendidos sobre la hierba fresca viendo como el ocaso resplandecía en tonos naranjas pronto dando paso a una noche de brillante luna llena.
-¿quien lo iba a decir? -dije ladeando la sonrisa antes de girar el rostro para enfrentar su mirada.
Esta puso cara de no comprender nada.
-Ya sabes -apunté sabiendo que eso la ponía nerviosa -que acabaras enamorada de mí.
Me gustaba tomarle el pelo y enfadarla, se ponía preciosa cuando sonreía remarcando mas ese hoyuelo.*

Enola bufó y rodó los ojos poniéndolos en blanco, aunque habían hecho un buen grupo y ahora ya no eran los apestados del todo, Einar seguía siendo el primero que había “conocido” allí dentro. Había recibido carta de su madre que le contaba lo bien que iba Krystha en sus misiones, Helen había empezado en la universidad a pesar de ser muda y a la vez trabajaba en el departamento de armas de la Orden. Sus hermanos ya estaban manos a la obra con sus quehaceres y sólo ella estaba en un puñetero internado porque nadie la soportaba y no podían incorporarla a la Sede. Lo cierto es que estaba frustrada y echaba de menos su casa, no quería admitirlo, quería ser la Blackmore que debía ser, como su tia Aveline, pero aceptar el deber y la responsabilidad que conllevaba era algo que no estaba en su naturaleza.

— A mis hermanas todo les va muy bien. Parece que desde que yo estoy aquí, lejos de ellas, todo es genial en casa.— Le dijo a Einar con cierta amargura en sus palabras. Enola era egoísta, siempre lo había sido, caprichosa, porque pensaba que su valía no era reconocida nunca y algo de verdad había en el fondo. Se giró hacia Einar con ese brillo algo peligroso en la mirada.— ¿Y qué pasaría si fuera así?.— No estaba enamorada de él, pero ¿pasaría algo si fuera el caso?. Dio un trago a la petaca que llevaba consigo, estaba cabreada, decepcionada pero no sabía con quien, quizás también consigo misma por ser un fracaso constante, la vergüenza de su familia perfecta.*

Ladeé la sonrisa escuchando lo que decía, en el fondo no éramos tan distintos, a los dos nos habían repudiado internándonos en el instituto ese, seguramente porque no sabia ya que hacer con nosotros.
Madre ponía como excusa que necesitaba formarme, saber de comercio, ciencias y otras cosas como esas, pero la verdad es que se habían librado de mi. Le quité la petaca para dar un trago alzándola después con picardía a modo de brindis.
-Por los desahuciados que no servimos para nada -bromeé mirando sus tristes ojos -no saben lo que se pierden -aseguré deslizando mis ojos a sus labios húmedos por el alcohol -mis hermanos parecen ser exactamente lo que Akershus necesita, y yo simplemente soy el que sobra y bueno, algo tenían que hacer conmigo -apunté siendo mas claro que ella en mis divagaciones.*

No era justo, había visto luchar a Einar y no tenía nada de malo, en un reino donde la guerra era el pan de cada día ¿qué más necesitaban?.

— Quizás algún encontremos nuestro lugar, y quizás ese día callen muchas bocas. No eres un inútil, tampoco yo, pero no sigo las normas de los demás, así que algún día quizás ponga las mías propias.— En sus ojos brilló la determinación. Serían unos incomprendidos, pero eso no iba a hacerla desistir, sería lo que quisiera ser y ni su padre ni nadie iban a impedírselo.— No sé cómo son tus hermanos, pero algún día quizás tengan que dar gracias porque te mandasen aquí, aunque sólo te sirva para darte cuenta que sólo los valientes trazan sus propios caminos en vez de seguir los de los otros.*

-¿Sabes? tienes la determinación de una norteña -sabia que llegaría donde quisiera, solo que los que la rodeaban no la veían con los ojos con los que yo lo hacía. En el norte el caos no era un problema, pero por contra si la inmadurez y eso era lo que mi padre constantemente me echaba en cara. No comprendía muy bien el problema, Niels era mayor que yo y no dejaba de ser un gañan, y Ubbe y otros tantos mas, pero a Ubbe lo convertía en general y yo por contra, sangre de su sangre era enviado a una escuela inglesa a aprender a comerciar como un mero peletero.
Gruñí encabronándome solo y di un nuevo sorbo a la petaca.
-Dictaremos nuestras propias reglas y nunca dejaremos que nadie nos diga como tenemos que hacer las cosas.
Los dos parecíamos andar muy acostumbrados a que nos marcaran el camino correcto, a no ser dueños de nuestro sino, pero aquí y ahora lo éramos.
-Estas muy guapa -dije de forma burda, en el norte hubiera usado un frase mas ruda, algo asi como ¿follamos? pero en Inglaterra había que cortejar a las damas.*

Estalló en carcajadas cuando le dijo eso porque se dio cuenta de que trataba de camelarla. Las cosas como eran, era un patán para eso del cortejo, la clase, las formas y la educación formal, pero tenía el encanto de lo auténtico, de lo rústico.

— Claro, de noche todos los gatos son pardos, hasta la señora Genderson te parecería guapa.— Hizo referencia a la profesora de Literatura que era un vejestorio y tenía voz de pito. Apoyó la cabeza en su hombro expulsando el aire.— Sólo hay que sobrevivir hasta las vacaciones y después…quizás haga algo impredecible y aprenda lo que deba saber hasta que pueda ser la dueña de mi vida. Tu también estás guapo… espera… no, estás como siempre.— soltó una carcajada más.*



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Re: Cuentos de Canterbury (privado)

Mensaje por Einar Cannif el Mar Mayo 22, 2018 4:21 pm

Estallé en carcajadas al escuchar lo de la profesora de literatura, a Enola se le ocurrían unas cosas, tenía que reconocer que era graciosa
-Bueno, una cosa es que la noche confunda y otra que sea ciego como mi hermano Aren. Creo que no todos los gatos son pardos..
Su cabeza se apoyó en mi hombro obligándome a dejar la frase a medias. Escasa la distancia su aliento impacto contra mi boca calcinándome los labios mientras hablaba y yo no la escuchaba.
¡Que cojones! en el norte hacia ya horas que le hubiera tirado al cuello, me gustaba, me atraía mucho ¿cual era el problema? ¿que podía perder? no seria el primer guantazo que me llevaría, ni tampoco el primer polvo que me encontraría.
Envalentonado atajé la distancia, nuestra nariz fricciono antes de que mi boca se entreabriera presionando sus labios ligeramente en un beso casto, que pidió permiso apenas unos segundos, pues mi lengua salió en busca de la ajena decidida a explorar el sendero de sus labios.*

A veces cuando las cosas no las tenía bajo control se ponía nerviosa y eso la llevaba a hacer y decir cosas que en verdad no sentía, pero siempre ganaba su vena de ponerse a la defensiva. Esta vez fue todo lo contrario, porque aunque no esperaba el beso de Einar, en el estado de ánimo que se encontraba, le daba todo igual. ¿Por qué no? ¿qué era lo peor que podía pasar? Que el norteño se apuntara el tanto y lo fuera contando? bleh. Tenía preocupaciones mayores en su cabeza, se sentía una mierda, sentía que no estaba a la altura de lo que exigía su apellido y en ese momento le venía muy bien el calor humano que le proporcionase Einar, en otra ocasión habría recurrido a alguno de sus hermanos pequeños que no se enteraban de las cosas, pero no era lo mismo. Sus labios eran cálidos, su beso era la señal de que alguien más en el mundo la comprendía, al menos en ese momento. Respondió a sus labios pasando las manos alrededor de su cuello, en la azotea sólo estaban ellos, su frustración y la luna, al menos se podían consolar mutuamente.*

Mi diestra atrapó los mechones de su nuca en un puño atrayéndola mas contra mi, mi boca se abrió dando paso ahora a mi lengua en un beso mas profundo, necesitado de aplacar los miedos de buscar consuelo y de alguna manera de comprendernos. Baile de sierpes que se buscaron y se encontraron dentro fuera de las profundidades, jadeos que acompañaron cada palabra no dicha y gruñidos que delataron mi impaciencia por llegar al fondo de todo esto.
Tiré de su cintura montándola sobre mi, su calidez era agradable, pero yo ardía, necesitaba fundirme con ella, un piel con piel que aplacara mi rabia, mi ira, la que me hacía sentir un despojo de Akershus, alguien prescindible en esta guerra contra Randulf.

Ella no parecía necesitar menos, supongo que si no era la ira la que dominaba su cuerpo era la nostalgia o la idea de no pertenecer a ningún sitio, fuere lo que fuere, allí, bajo el manto de las estrellas solo nos teníamos el uno al otro.*

Por un instante estuvo tentada de perder la cordura, de dejarse llevar por el momento y acabar sucumbiendo a los instintos, Einar besaba bien, sus ganas y su necesidad la halagaban, al menos en ese momento alguien deseaba estar con ella, porque se sentía profundamente rechazada, pero en ese momento sonaron las campanadas del reloj de la torre. El guarda que hacía la ronda pasaría puntual como el Big Ben por detrás del pasillo y podría verlos, era hora de fundirse con la tejas, se separaron mirando al cielo, esperando que los pasos se perdieran en la noche. Esos segundos de descanso le sirvieron para recapacitar. ¿Qué iba a suceder esa noche? Posiblemente algo de lo que se arrepentiría después. ¡Maldita sea! ¿ahora le daba un ataque de responsabilidad y sentido común? ¿precisamente esa noche? Resopló poniéndose la mano en la frente.

— Deberíamos volver…No sé qué decirte.— se encogió de hombros, porque realmente lo que le pedía el cuerpo entraba en contradicción con su confusión mental.— estoy algo… confusa. Mañana será otro dia.*

Fruncí el ceño cuando escuché sus palabras, mi cuerpo me pedía lago muy distinto a irme a la cama como un niño bueno.
-¡Vamos! -gruñí incrédulo, sin comprender como primero calentaba y luego se apartaba.
Resoplé al ver su mirada perdida, estaba asustada como un conejo frente al depredador mas peligroso, así que me limité a dejar escapar el aire y asumir que allí las cosas no funcionaban como lo hacían en el norte.
-Esta bien, volvamos -dije algo cabreado aunque intentando disimular mi frustración evidente.

Durante el camino a las habitaciones no le hablé demasiado ,un incomodo silencio se hizo patente entre ambos, ella porque supongo no sabía que decir, yo porque estaba encabronado.
Una vez en la bifurcación de caminos donde cada uno tomaría el propio para ir a la residencia de hombres o mujeres respectivamente me limité a despedirme con un "nos vemos"*



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