Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Nathan Nightray el Vie Feb 23, 2018 11:49 am

El viaje duro poco menos de lo esperado, habíamos logrado acortar medio día de camino por lo que al atardecer del segundo día la villa ya estaba al alcance de nuestra vista. Los alrededores de la villa estaban custodiados por un verde bosque en el que vivía la mayor parte de nuestra caza, para llegar a las puertas de la villa seguimos un camino de piedras lizas. La muralla fue lo primero que nos dio la bienvenida, habían un par de torres pequeñas al lado de la puerta de madera donde teníamos siempre un par de guardias apostados, listos para informar de cualquier irregularidad. Esta vez la irregularidad fuimos nosotros.

Sin mediar una sola palabra las puertas se abrieron lentamente, eran dos bloques macizos de madera que llevaban en ese lugar desde que mi abuelo, con mucho tiempo libre, las tallo por si mismo. En la puerta derecha estaba tallado el Dios de la cacería y en la izquierda el Dios de la protección, señores del bosque que velaban por nuestra gente. O por lo menos, eso me habia contado mi abuelo cuando eramos chicos. Justo sobre ellos estaba representada una mujer envuelta en telas, por la falta de color no se notaba pero el antiguo Alfa aseguraba que era la hermana Luna, envuelta en sus mantas de seda, velando por sus hijos favoritos.

A nuestra entrada comenzaron a reunirse los habitantes de la villa, eran varias familias completas; Padres, abuelos, hijos e incluso mascotas habían por aquí. Algunos habían adoptado el apellido Nightray mientras que otros conservaban el suyo, no se trataba diferente a nadie por ello, al contrario, todos recibían el mismo respeto por parte de los guerreros y eran bien recibidos por el alfa siempre que lo necesitaban. Las miradas curiosas y los murmullos crearon un camino alrededor nuestro que llevaba hasta la casa principal, hogar del Alfa y su familia cercana. Conforme avanzábamos los susurros se volvían mas y mas fuerte, no sabia exactamente que era lo que decían pero palabras como"justicia", "venganza" y "karma" destacaban entre todas, sentí un ligero movimiento en el cuerpo de Lenore pero no estaba seguro de si se habia estremecido o si habia sido solo mi imaginación.

Acelere el paso de los caballos avanzando por la calle principal, la villa no era muy grande por lo que en un minuto ya estábamos frente a los escalones de la casa principal. Al bajar de la yegua ofrecí mi mano para ayudar a mi compañera a bajar, acto seguido me gire hacia Simon y la loba - Llévala con nuestros médicos, puede que ya este mejor, pero siempre viene bien contar con la opinión de un profesional - Por un momento parecía que el lobo iba a protestar pero se quedo callado y, evitando cruzar la mirada con la loba, la condujo a la parte izquierda de la casa principal.

Por nuestra parte nuestro destino estaba frente a nosotros; La puerta principal de la casa se abrió dejando salir a una mujer de cabellera negra, interrumpida aquí y allá con canas plateadas, a pesar de ello su piel mostraba pocas arrugas. Se acerco a nosotros hasta quedar a pocos pasos de distancia y barrio con la mirada la escena - Nath, querido, es bueno tenerte de nuevo en casa - Aquella vos salio dulce, melodiosa y el abrazo que le siguió fue una autentica muestra de cariño, un amor maternal podía verse en los movimientos de aquella mujer - Gracias Monic ¿Mi padre esta listo ya?

Antes de responder, la loba miro de pies a cabeza a Lenore con aquellos ojos azul pálido y negó lentamente con la cabeza, para después clavar dichos ojos en los de la mujer frente a ella - Tu padre aun no ha llegado de la cacería, dijo que llegaría al anochecer. Pero mas importante ¿Por que no pasan? Seguramente ambos están cansados del viaje y... Todo lo que implicó. Tenemos a nuestras chicas listas para recibir a nuestra invitada - Dicho eso Monic tomo las manos de Lenore con suavidad y la condujo al interior de la casa mientras yo les seguía, la sala principal tenia las paredes adornadas con espadas y escudos, también habían varios sillones dispuestos para recibir a las visitas. Habían varias puertas alrededor pero lo que realmente destacaba eran las largas escaleras que llevaban al segundo piso - Señorita Valinova, sigame por favor, estoy segura de que prefiere tomar un baño antes de seguir con todo esto - Aquellos ojos azules ahora se posaron en mi persona - Querido, tu encárgate de que todo este en orden ¿Quieres? Y también toma un baño, empiezas a oler como perro mojado - Tras soltar una pequeña risa por su propia broma, Monic condujo a Lenore al segundo piso, desapareciendo detrás de una esquina donde la vista no podía seguirlas.
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Mensaje por Lenore Valinova el Lun Feb 26, 2018 5:56 am

Las lágrimas son
la sangre del alma.
San Agustín



El camino que debería haber sido largo, a la joven se le hizo demasiado corto. Demasiado pronto se había encontrado cara a cara con las altas murallas y la gran puerta de su clan enemigo. Esperando que les abrieran el portón, sin poder remediarlo, observó fascinada las figuras de las puertas. Eran sus dioses protegiendo la entrada, al igual que en su entrada habían pintado representaciones de la luna y sus lobos, ellos habían optado por las figuras. La puerta se abrió y tras pasar entre un grupo de soldados de los que rehuyó mirar, todo el camino a continuación se llenó de familias y niños que la miraban curiosos mientras por los alrededores se iba pasando la voz de que finalmente habian capturada a la hija del alfa enemigo. Desde los brazos de Nathan que la mantenían sujeta contra él, se estremeció al hacer contacto con uno de los ancianos. Estaba segura que de encontrarse con el hombre, esta la mataría lentamente, haciéndola sufrir. Sus ojos eran negros como el carbón y con la cara marcada su rostro era de puro odio. Tragó saliva y desviando la mirada del anciano, empezó a centrarla en la gente. — Ya podremos tener nuestra venganza. —oyó exclamar una de las mujeres que lo decía a otra, aunque en todo caso también pareciera que quisiera que los demás pudiesen oírla. Los adultos la miraban con rencor y odio en su mayoría, otros la miraban sedientos de sangre y una pequeña parte la miraba con curiosidad y hasta decepción. Si, su padre también estaría decepcionado si la viese entrando tan entera como se encontraba en brazos de su enemigo declarado.  
 
Una vez dejado atrás a la gente, los cuatro se encaminaron hacia una de las casas mas altas del lugar y la mas grande. Mirando de reojo a Charr que intercambió una rápida mirada con ella, ambas con cierta pizca de miedo por el destino de Lenore, se despidieron en silencio. Le vio desaparecer junto al otro licantropo y su montura y aceptando la mano de Nathan para bajar, una vez en el suelo y antes siquiera de hacer de recorrer el sitio y ver por donde podría escaquearse e huir, una mujer de cabellos oscuros salió de la casa dándoles la bienvenida. Enseguida los ojos de la loba buscaron los suyos, Lenore supo que estaba ante la segunda loba al mando; la betta. En la gloria de los Valinova, habían tenido bettas no obstante, al morir su madre dejaron de haber bettas en la manada. Habían quedado totalmente prohibidas por mandato de su padre. La vio acercarse y a pesar de dar un paso atrás cuando la mujer se le acercó a tomarla de la mano, finalmente esta la tomó de la mano y la empujo con delicadeza a seguirla. Aturdida, confundida no le quedó otra de seguirla. Las manos femeninas la trataban con delicadeza y aunque con seguridad tiraba de ella instándola a seguirla, no eran ni una pizca violentas. Tal y como había temido tras conocer a Nathan, aquella manada no era como su padre siempre le había relatado. En otras circunstancias, ella debería estar siendo encadenada a unas mazmorras a la espera del verdugo y en cambio, parecía que iban a dejarla descansar y hasta darse un baño, lo que le llevaba a la siguiente pregunta, ¿Estar limpia para qué? ¿Por qué se molestarían con ella cuando solo era la enemiga y el pueblo clamaba con justicia, por venganza? No los entendía, los rostros de la gente le habían avisado a gritos de que su estadía con ellos no sería por placer, sino para calmar su sed de sangre, entonces, ¿Por qué la trataban así? 

Como un corderito manso la siguió en silencio hasta el interior de la casa completamente confundida. Oía los pasos detrás de ella de Nathan siguiéndolas por entre los pasillos de aquel inmenso lugar. Las paredes de lo que parecía ser el salón principal, estaban adornadas de escudos y espadas, un claro indicativo de que los fuertes siempre habían sido ellos. Los Nightray tenian más soldados, más oro que los Valinova y aún asi, por lo poco que sabia de lo que le había dicho Nathan al secuestrarla, su padre en esto de la guerra parecía ir ganando. Contempló las escaleras del segundo piso y escuchando de nuevo a Monic, el cuerpo de Lenore en su mano se estremeció al oírla. Le había dicho a Nathan que se encargase de todo... ¿De verdad irían a matarla? Sin tiempo a pensar o si quiera a hablar, de nuevo la mano femenina tiró de ella con suavidad y haciéndola caminar con ella hasta el segundo piso,  al subir las escaleras miró a Nathan por ultima vez antes de que este desapareciera de su vista y se quedase a solas con la loba Betta de la manada. No sabia que pensar. Nathan podía haberla matado en su momento y no lo hizo, al contrario, la defendió de su amigo quien si parecía decidido a terminar con ella. Debían de llevarla ante su padre y debía estar viva, pero más allá de saber eso, no sabía más. Su futuro era tan incierto, como los motivos por los que ahora le daban un respiro y hasta un baño a su cuerpo.

- Monic, ya tenemos todo listo. - dijo una joven licántropa saliendo de pronto de una de las habitaciones yendo hacia ellas. - Hola señorita Valinova, la estabamos esperando.

Lenore desvió la mirada de los licántropas que de pronto la rodearon y solo haciendo caso a la mano que la llevaba hacia el interior de una de las habitaciones donde le esperaba una tina, intentó serenarse. Era la futura alfa de su manada, su padre le había enseñado a ser más fuerte de lo que ahora era; una joven asustada. Al entrar en la habitación, las cuatro jóvenes la rodearon, ella levantó la mirada hacia ellas y tras unos segundos estudiándolas, estas se tomaron la confianza de desvestirla en lo que Monic con ojo experto buscaba cualquier herida que pudiese tener. Sintió las manos suaves de la betta en su espalda recorriendo el arañazo que tenía y de pronto Lenore jadeó con dolor cuando sin motivo aparente Monic la tomó de su otra muñeca, siendo esa la que había salido más perjudicada después del encuentro con Simon y con Nathan. Mordiéndose la lengua al sentir el intenso dolor que la atravesó apartó rápidamente su muñeca del alcance de la loba y sin más ceremonias lentamente ya desnuda se internó en la tina. La cálida agua enseguida la hizo entrar en calor. Encogida debido a su desnudez, las lobas con lentitud empezaron a enjabonarla haciéndola sentir como un ser indefenso y frágil. Quiso protestar, más al sentir las manos de Monic lavandole el cabello, se atragantó con sus propias palabras. Hacia tanto que no sentía a alguien cuidándola, que aunque Monic fuese de la manada enemiga, Lenore al sentir la caricia tan parecida a cuando su madre de pequeña la lavaba ella misma, sintió un vuelco en su corazón. Los ojos se le llenaron de lagrimas y sin poder controlarse, tan vulnerable como se encontraba escondiendo su rostro de las chicas, empezó a llorar en silencio.

- Por favor chicas, podéis dejarme a solas con nuestra invitada? - Preguntó entonces Monic hacia las lobas que asintieron y lentamente empezaron a irse, hasta que solo quedaron ellas dos. Lenore al saberse sola con ella; liberó el dolor y la angustia que sentía y lloró. Su mirada agua mar se encontraba roja, conteniendo los sollozos se abrazó a si misma mientras las manos contrarias volvían a lavarle el pelo con suavidad, haciéndola sentir extrañamente querida, aceptada. Ofreciéndole consuelo solo con sus manos y su silencio mientras esta se derrumbaba frente a la incerteza de lo que iba a pasarle.  -Shh tranquila pequeña, todo pasará os lo prometo. -le susurró conmovida por las lagrimas de la joven que se veía a leguas se encontraba perdida y completamente angustiada. La loba tras acabar con su cabello, tomó unas vendas y empezó a vendarle la muñeca malherida. Lenore entre lagrimas la miró y secándose las lagrimas como pudo, empezó a hablar entre sus lagrimas.

- ¿Por que sois tan amable conmigo? - Le preguntó intentando detener los sollozos de su alma en un intento de tranquilizarse pese a su frágil situación. - Todos parecen conocerme y odiarme, en cambio vos, parecéis una madre cuidando de su cría, de su hija... No entiendo nada de esto, esperaba mi muerte solo verme ingresar en estos terrenos y ahora en cambio... solo parecen querer alargar mi miedo. Desconozco lo que haya pasado, aunque deba cargar con los actos de mi sangre,  aunque tenga que morir...solo sé que soy inocente, que hasta donde yo sé el asesino de mi madre yace aquí a salvo, mientras yo por siempre me he llevado la culpa de lo sucedido. - relató en lo que los brazos de la loba la acercaban hacia ella y la abrazaba dándole consuelo. -Debéis creerme, por favor... no deseo morir. -Imploró dándole lo mismo que fuera la Betta y que supiese de antemano que poca cosa podría hacer por ella. Todos los miembros de su manada hacían caso a su padre y lo mismo ocurría con los Nightray con su líder. Como futura líder entendía aquel orden jerárquico y a pesar de estar muchas veces en desacuerdo con las formas de su padre, debía acatarle ya que este aún era el alfa absoluto y no ella.

Los brazos femeninos la arroparon con más fuerza tras sus últimos ruegos y calmándose lentamente, dejó que en sus brazos pasaran los minutos. El agua antes caliente, ahora se encontraba templada y en cuanto unos golpes en la puerta sonaron abruptamente, casi agradeció que hubiese llegado el momento de la verdad. Pese al miedo latente en su corazón, deseaba conocer su destino lo más pronto posible. Era esa espera eterna la que la mantenía en vilo y asustada. - Aún no está lista, ahora saldrá.- Monic enseguida se levantó y dejando una toalla para que se secase y se vistiese con el vestido que le habían preparado las chicas, tras una ultima mirada a Lenore dándole fuerzas, se escurrió por la puerta dejándola sola para que terminase de recomponerse. Al otro lado de la puerta oyó un intercambio de palabras entre la loba y quien fuese que la hubiese venido a buscarla. Con lentitud se salió de la tina y secándose el cuerpo, se vistió con rapidez mirándose al espejo. Lo que le habían dejado era un vestido, el color azul combinaba perfectamente con sus ojos que tras haberse calmado pese a corta distancia verse la rojez de sus iris, desde lejos parecían estar intactos, sin ningún rastro de debilidad. Viéndose al espejo prontamente volvió a la feroz educación a la que su padre le había impuesto y reservando sus temores y miedos para si misma, ante el espejo de un momento a otro regresó a ser la misma joven que con ojos decididos plantaba cara ella misma a sus enemigos. De soslayo por el ventanal de la habitación vio a lo lejos como los soldados regresaban a sus casas, anunciando así que haría poco habían llegado de la cacería. Nuevamente, alguien golpeó la puerta esta vez con más insistencia y con una ultima mirada al espejo y armándose con su propia armadura de voluntad inquebrantable, abrió la puerta dispuesta a guerrear por su vida todo lo que pudiera.



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Mensaje por Nathan Nightray el Sáb Mar 24, 2018 9:20 pm

El llanto estallo en la habitación, aquellas paredes fueron testigos de como la futura líder del clan Valinov rompía su mascara de integridad y confianza, la vieja loba podía sentir como aquel orgullo se vaciaba lentamente con cada lagrima; Orgullo y frustración. Aquellos labios se quedaron en silencio mientras la joven dejaba salir todo lo que la atormentaba, en cambio continuo lavando su cabello con movimientos suaves. Al no poder soportar mas aquellos ruegos el instinto maternal que la distinguida tanto venció y termino por rodear a la desconsolada chica con sus brazos, sintió como el agua empapaba la tela de su pecho pero aun así mantuvo el abrazo, de hecho lo volvió mas firme conforme las palabras seguían saliendo - Incluso los mas fieros enemigos deben mostrarse respeto el uno al otro, esa es una de las enseñanzas básicas de los Nightray - La posición se mantuvo, ninguna de las dos mostró intensión alguna de moverse - Después de todo lo que debiste pasar estos últimos días, lo mínimo que podemos hacer para mostrar nuestro respeto es dejarte tomar un respiro antes de continuar - En este punto, la vos amable de Monic cambio muy poco de tono, seguía sonando amable, pero algo parecía diferente, mas seco - Puede que, al ser gobernada por tu padre, no entiendas, pero los Nightray nos enorgullecemos de ello.

° ° ° °

En el pasillo, vestido con ropas nuevas y con el cabello aun húmedo, se encontraba Nathan, siendo el único que la esperaba. Tanto Monic como las jóvenes lobas que habían atendido a Lenore habían desaparecido. El traje que usaba el joven lobo era negro y en el pecho tenia bordado un escudo de armas con una N en el, al verla salir los ojos del lobo brillaron de forma peculiar - ¿Estas lista? Nos están esperando - Tras aquel "saludo" comenzaron a caminar por los pasillos de la casa, no llegaba a las dimensiones de una gran mansión burgués pero era lo bastante amplia y lo bastante llena de pasillos como para que se perdieran aquellos que no estaban familiarizados con la construcción. Bajaron las escaleras que habían subido a su llegada. Detrás de las escaleras habia un pasillo largo, lamparas de gas iluminaban su caminar pues no habían ventanas a los costados, tampoco puertas, lo único que habían eran cuadros. Uno tras otro mostraban los rostros de los anteriores lideres y sus familias - En estas paredes están todas y cada una de las generaciones de los Nightray desde que nuestras familias se separaron - Explico el castaño mientras continuaba el caminar, mantenía la vista al frente, sin apartarla de la puerta que se encontraba al fondo.

En el ultimo tramo del pasillo estaban los cuadros mas recientes, un hombre de complexión fornida y cabellos negros como la noche los miraba con una expresión seria, pero no dura. Frente a él estaba una mujer de cabellos castaños, del mismo tono que los cabellos de Nathan, su semblante era mas amable pero parecía cansada, su rostro pintaba arrugas en ciertas partes, como las comisuras de los labios y debajo de los ojos. Junto a ella habia un retrato del heredero, un Nathan mas joven les devolvía la mirada desde su lugar y, justo frente a él, habia una joven de expresión tierna, que no pasaría de los 20 años, un rostro muy parecido al de la loba que los habia atacado días atrás en defensa de Lenore, en la placa debajo del cuadro rezaba el nombre de Charlotte Nightray y una fecha de nacimiento y de deceso, dicha fecha era bastante reciente y dejaba ver que,efectivamente, habia muerto muy joven. Los pasos del lobo no se detuvieron hasta tener la mano sobre el pomo de la puerta y abrirla de par en par - Después de ti.

La habitación era grande, tenia libreros repletos por ambos lados y, a pesar de no llegar a la cantidad de libros que tendría una biblioteca, como colección personal era bastante impresionante. Al fondo de la habitación, tras un escritorio de madera estaba sentado el mismo hombre de semblante serio, pero no duro, que habían visto en uno de los cuadros, junto a él, a su derecha, se encontraba Monic, habia cambiado sus ropas por un sencillo vestido color azul oscuro. Frente al escritorio habían dos hileras de personas, del lado izquierdo estaban 5 hombres vestidos con las mismas ropas gruesas y negras, no eran ropas normales, se podía notar que estaban hechas para resistir ataques ligeros y condiciones peligrosas, frente a ellos habían también 5 mujeres, todas con el mismo vestido blanco y negro, sencillo. Todos ellos tenían sobre el pecho, del lado izquierdo, grabado el mismo escudo de armas que Nathan - Déjenos solos, es todo por hoy - La vos del hombre al otro lado del escritorio salio firme, era una vos profunda, los uniformados hicieron caso y salieron en silencio. El alfa se levanto de su asiento y camino hacia ellos, siendo seguido por su beta, al mismo tiempo Nathan también se acerco,echando un vistazo a Lenore para indicarle que le siguiera, los cuatro terminaron en el centro de la habitación - Lenore Valinova, hija y heredera del clan que comparte generaciones de historia con los Nightray, mi nombre es Jerome Nightray, el alfa de esta manada. Conoces ya a mi beta y a mi hijo. Ahora bien, antes de que diga algo mas ¿Tienes algo que decir o preguntar?
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Re: ¿Una calurosa bienvenida? (Priv)

Mensaje por Lenore Valinova el Lun Mar 26, 2018 3:30 pm

Entre susurros,
se forma la guerra.
San Agustín




Sorprendida, era un eufemismo en relación a como se encontraba la joven. Caminando con disimulada seguridad en sus pasos tras su verdugo, no podía dejar de darle vueltas a la situación en la que se encontraba y a las últimas palabras que la loba beta le había soltado. Lo de “el ser gobernada por su padre” le llegó directo al corazón y a su consciencia. Anteriormente a la muerte de su madre, toda la manada le había detallado el carácter abierto y familiar de su padre con sus allegados. Le habían relatado como él sonreía como un bobo cuando llegaba de sus cacerías y lo primero que veía era al cuerpo menudo de su esposa yendo a su encuentro. Seguía siendo tajante y muy serio, más cuando se trataba del amor a su esposa, no había nadie que pudiera dudar de esos sentimientos. Ella era su aire, su oxigeno; su calma y su tormenta. Solo ella podía enfrentarlo y salirse con la suya… solo ella podía hacerlo romper a carcajada en una importante reunión, logrando disipar los malos entendidos o la tensa calma que solía rodear las reuniones con su consejo privado. Ella había sido la cura para la oscuridad del lobo y cuando esta se extinguió, dicen que a él se le rompió la vida. El lobo dejó de aullar a la luna y cambió su melodía. Ahí se perdió, todo cuanto había de bueno en él, lo bloqueó y lo hizo trizas. Ya jamás volvió a reír, es más, la manada entera dejó de sonreír. Se volvió cruel, o quizás ya anteriormente lo fuera, pero sin la contención genuina de su amada beta, regresó a ser un monstruo. Y si hasta con su propia sangre podía llegar a ser un monstruo, ¿Por qué se sorprendería que ella no fuera una de sus tantas victimas?

Las palabras de Monic le hacían cavilar y mientras caminaba siguiendo la trajeada figura del licántropo, no podía dejar de torturarse a si misma. ¿En que situaciones su padre podría haberle mentido? O aún peor, ¿Qué podría haber hecho de lo que ella no tuviese constancia segura? Las palabras y los rostros ávidos de sangre con los que se había topado, al entrar en la base de los Nightray, le eran un claro indicativo del dolor lacerante que su padre había abierto en las gentes. Quizás simplemente había hecho como solía hacer con sus nuevos reclutos a soldado, germinar la semilla de su maldad. Él era experto en ello. Manipulaba a los de su alrededor para que hicieran todo cuanto él dijera y le fueran hasta la muerte fieles. Si misma, ahora se daba cuenta de hasta en que punto podía haber estado tan ciega en relación a él. ¿Cuántas veces le había prometido que jamás le mentiría? ¿Cuántas veces le había prometido protección? Y ahora, mirase por donde se viese, se encontraba presa en el clan enemigo; un clan que bien podría haberla matado solo haberla visto. ¿Dónde estaba su protección? ¿Dónde estaba su verdad y su abrazo reconfortante? Realmente lo más reconfortarte que había sentido en años, había sido precisamente el abrazo de su enemiga. ¿En que parte de la ecuación la dejaba aquello?

Despejando la cabeza como pudo, oyendo las pisadas de ambos resonar en el eco de los pasillos, miró al lobo frente a ella y sonrío. De no haber sido por las circunstancias de su secuestro y por el papel que estaba segura él debía de tener en su captura, quizás de haberse encontrado en otra situación, se hubiese acercado a él. No como heredera o futura líder, o loba. Si no como mujer. Toda loba que terminase con aquel futuro líder, estaría tomando el camino correcto. Por lo poco que lo había conocido mas allá de sus raíces y el odio que debería de separarlos, había un gran corazón en su pecho. Otro la habría dejado morir en manos de su amigo, otro aún menos, hubiese salvado a su compañera cambiante y aún así, sin tener porque, había detenido a su compañero a tiempo de salvarla. Y en ningún momento las había tratado con crueldad. Se le veía un hombre de honor y fiel a su palabra. Además, sus ojos… por mas que quisiera negárselo a si misma la hechizaban. Su mirada firme y el brillo de sus ojos, se le quedaba grabado en la cabeza y poco podía hacer para sacárselo. En toda su vida ningún otro joven se le había metido tan hondo de su piel, y hay estaba, a punto de conocer su final acompañada por él. El destino debía de tener mal humor ese día.

Turbada por sus pensamientos, cuando entraron en un pasillo lleno de retratos y cuadros, apartó la vista del joven frente a ella y se dedicó a verlos. Ahí estaba toda la historia de los Nightray desde la separación del clan original que formaban ambas familias. Algunos los reconoció. Como miembro de los Valinova debía de conocer toda la historia detrás de sus apellidos, y obviamente, también de sus enemigos. Los había estudiado, y algunos rostros se le fueron conocidos. Absorta mirándolos sin dejar de caminar, se detuvo en los últimos retratos. Ahí había un hombre con los mismos ojos de Nathan y enseguida lo reconoció. Era el actual alfa, el padre de Nathan. Bajando su mirada al retrato de Nathan, repaso concienzudamente aquel rostro tan familiar para ella llegados a este punto y antes de que pudiera controlar su mirada, vio a la hermana de este y sintió la sangre volverse hielo en sus venas. Entendiendo al acto el porque la tristeza y las lagrimas de los lobos al ver a la cambiante, se sintió desfallecer aunque permanecía firme de pie. La hermana de Nathan, no solo era muy familiar a la cambiante, sino que había muerto joven, apenas unos años atrás. Tuvo la intención de tocar el cuadro, pero en cuanto alzó la mano en dirección a la fecha de su muerte, la voz de Nathan la llamó. Lo miró de pronto tensa, y sintiendo de alguna forma que aquella muerte no había sido natural, acortó la distancia que la separaba de Nathan hacia donde fuera que diera esa puerta.

Enseguida entrar al salón, que más bien parecía una sala de las reuniones de la manada o del consejo privado, entendió que allí se le haría el juicio o si no más bien, se le anunciaría el veredicto de su sentencia. Viendo a los uniformados, todos con aspecto de soldados, incluso las mujeres, sintieron sus miradas atravesándola al instante. No parecía ser la única que se encontraba tensa, ellos parecían esperar una orden del alfa para poder despedazarla. Siendo consciente de cómo el cuerpo de Nathan la bloqueó casi sin pensarlo siquiera de aquellas miradas, afrentó la mirada en frente y volvió a quedarse helada por segunda vez. Ella se encontraba allí. La mujer que la había consolado, se encontraba cercanamente al alfa. Demasiado cerca. La miró con cierta tristeza sabiendo de ante mano que le habría contado toda su perdida de nervios y su derrota y se envaró al instante. Estaba rodeada y no solo eso, estaba desprotegida, totalmente vulnerable. Los uniformados se fueron y clavando sus miradas asesinas en ella al irse, el eco de la puerta cerrarse sonó como una trompeta de muerte. Tragó saliva y manteniéndose erguida y firme, se dirigió en medio la sala donde ambos se encontraron. El pasado de los Nightray y el futuro de los Valinov, frente a frente. Entonces, la voz de aquel hombre rompió el silencioso reconocimiento entre ambos y la joven sonrío, totalmente sorprendida de que se preocupase de ser cordial, cuando estaba allí por sed de venganza y muertes.

No creo que al asesino de mi madre y al que ha ordenado a su propio hijo traerme ante él, deba importarle lo que desee decir o preguntar. —Inquirió esperando que no la tratase como una entupida. Aquello no era una reunión de socios, aún menos de gente desconocida y aun menos, una situación cordial. Le habían desnudado el alma y ahora, se encontraba totalmente avergonzada de la forma en que se había dejado caer ante los brazos maternales de aquella mujer. Dejó a un lado a Nathan y enfrentando directamente los ojos de su padre, le mantuvo aquella mirada como solo los lobos nacidos para ser alfa, pueden. —Soy consciente de mi crítica situación y como es lógico, deseo saber la razón. Si estoy aquí y sigo aún con vida, es para calmar la sed de sangre hacia los míos y en un mundo regido por licántropos, aprendí que la sangre se paga con sangre. Así que decidme de que trata el asunto que nos ha reunido hoy, por que si mi instinto no me falla, y no me suele fallar, estáis preparando una guerra contra mi familia. Y yo seré la carnada; el inicio del conflicto. ¿Me equivoco? —Claro que sabía que no se equivocaba, solo había hecho falta ver a los soldados para verificar que si de algo se había tratado la reunión que había importunado, era de sus nuevos movimientos en una guerra que a pasos agigantados se aproximaba a sus fronteras.



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Lenore Valinova
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