Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Las Bestias Negras | Privado

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Las Bestias Negras | Privado

Mensaje por Katharina von Morgenstern el Vie Mar 02, 2018 4:04 pm

La espesura del tul negro apenas cubría su semblante sombrío, apartado de la luz escasa que se colaba a través de los pasmosos vitrales. Sus pasos mesurados evitaban crear sonidos innecesarios que pudiesen distraer a los pocos feligreses que acudían a la Catedral a esa hora, quienes sumergidos en sus plegarias, apenas distinguieron la silueta esbelta de la mujer. Soslayó a un par de ellos, con la cabeza baja y entregados devotamente, esperando ser escuchados por aquel ser superior que pendía de una cruz. Conocía a la perfección ese sentimiento, porque para ella no había pena más grande haber perdido a sus padres y tener que enfrentar la idea de que su único lazo consanguíneo con vida ahora se había tornado en un monstruo. Incluso en sus horas más oscuras, pedía perdón por no haber sido lo suficientemente fuerte como para protegerles. Si la decisión de su padre hubiese sido otra, el panorama sería más soportable. Se hincó, llevó sus manos al rosario pendiendo de su cuello tocando cada cuenta antes de orar. Apartó el velo que cubría su bello rostro para santiguarse después. De pequeña solía asistir a la capilla que se ubicaba en la parte trasera de la casona.

Sonrió nostálgica al reencontrarse con dicha memoria aun punzante en su corazón. Inició entonces el ritual ya conocido pidiendo primero por los enfermos, después por los miserables que no tenían un techo donde resguardarse, enseguida, una oración por aquellos ladrones, asesinos y demás almas perdidas que solo hallarían redención si mostraban un poco de compasión con sus semejantes. Al final de cada salmo se hallaba su hermano. ¿Qué había hecho mal para merecer dicha sentencia? Una parte de ella exigía devolver el dolor, cobrar venganza sin importar el precio para saldar todo el daño. No obstante, el lado espiritual de la alemana demandaba indulgencia. No había noche o día que el remordimiento le diera tregua, dos años habían pasado ya y no eran suficientes para hallar una respuesta lógica. Si pudiese verle nuevamente… no sabría qué hacer, no sabría hacia donde se inclinará su fallo. El resplandor carmesí de los cirios encendidos a su alrededor, oscilaban caprichosos proyectando espectrales sombras sobre la frialdad de los muros. Un murmullo apenas audible proveniente de los labios de aquellos extraños. Demasiado dolor y congoja plasmada en sus rezos.

Las once menos diez minutos. Irguió su anatomía no sin antes reverenciar el altar. Salió del recinto sacro y pidió al cochero le condujera al camposanto, si su instinto y lo que había soñado noches atrás no le fallaba aquel hombre estaría ahí. El trayecto del viaje resultó extrañamente corto y aunque había demasiadas cosas por archivar y documentos que entregar no pudo evitar ser asaltada por la misma pregunta que los laberintos de su psiquis maquinaban todos los días. ¿Su vida resultaría distinta si el fallo de sus padres hubiera favorecido a su hermano? De ser esto posible ella no lo pensaría dos veces, daría todo lo que es para regresar el tiempo y devolverles la vida a sus padres, pero sobre todo, la calma al alma corrompida por el veneno de la venganza a su hermano mayor. Trató de mostrar la mayor entereza cuando se le advirtió había arribado y agradeció al cochero cuando fue escoltada por el mismo hasta el interior del lugar. Tras ese velo de aflicción Katharina era bien conocida en su facción por ser una mujer metódica y sumamente perspicaz, por dichas razones aquel encuentro resultaba imprescindible. Se mantuvo de pie a lado de una de las lápidas, entonces le vió en la distancia, avanzando entre las sombras hacia su dirección.


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Re: Las Bestias Negras | Privado

Mensaje por Micky Vanier el Lun Mar 12, 2018 11:26 pm

Con la frente hacía el cielo, Micky contemplaba la espesura de aquella noche. Hace tan sólo un par de minutos lo que observaba no era el cielo, sino el fondo de la que era ya su séptima cerveza. La visión de un cielo sin estrellas le hizo pensar en su suerte y preguntarse si todo lo que hacía iba irremediablemente a acabar con él. Habría podido jurar a quién sin remedio le hubiere preguntado cómo había acabado ahí que sus intenciones eran buenas. Que las semillas y víveres que estaban ahora esparcidas por todo el pavimento, y que las monedas que les hacían compañía, tenías ambas buenas intenciones. Sin embargo, nadie lo hizo. Nadie le preguntó si tenía dinero para pagar las cervezas que tan viciosamente había consumido en tan sólo un par de minutos, y nadie tampoco había notado el curioso saco con dinero que colgaba de su pantalón, uno de los beneficios de flamante recién casamiento. Lo único que el cantinero y sus matones habían visto era al mismo hombre de siempre. A aquel que era capaz de invitarles a todos una ronda un día y que el otro podía romper huesos, ajenos y propios, con tal de obtener una copa más. Todos tienen un límite, los de Micky resultaban bastante inciertos, pero el del cantinero aquella noche no iba a soportar siquiera la mera presencia del ex-cazador por mucho tiempo.

Después de hacerle pagar cada gota de alcohol con su equivalente en sangre lo habían arrojado a la calle una vez había quedado inconsciente por la golpiza. Al despertar, la visión de un cielo sin estrellas le había hecho pensar en un Dios que no era el suyo y que tampoco iba a responderle pero que seguramente le podía escuchar. Por primera vez en muchos años, Micky pensó en sus hermanos, esos que también había perdido pero a los que no había buscado nunca. Sus esfuerzos se habían concentrado en buscar a su hermana, siempre a ella. No era que no los extrañara, tampoco era que no se sintiera culpable por haber sido el responsable de su tan terrible destino, tan sólo era que de entre todas las cosas que había perdido, su hermana era a la que extrañaba más. Y ahí, con la espalda contra el pavimento, lloró.

Cuando por fin se levantó del suelo no tardó en darse cuenta que estaba siendo vigilado y que metros adelante habían comenzado a seguirlo también. Días atrás, había empezado a notar los cambios que la sangre de vampiro le estaban otorgando, pero con ello había adquirido también un cierto estado de paranoia. Creía con toda certeza que era perseguido, por todos, todo el tiempo. Ex colegas cazadores que ahora le veían como una presa. La Santa Inquisición, a ellos los conocía bien, para ellos, él quizá no representaba una amenaza, pero sí una oportunidad. Pero sobre todo le tenía miedo a Sabah, quien sin haber movido siquiera un dedo aún, ya había logrado poseerle.

Esta vez sus miedos no eran infundados. Los mismo hombres que le habían propinado aquella golpiza lo seguirán se cerca. Sin esperanzas de perderles, Micky comenzó a conducirlos hacía el cementerio dónde pensó poder perderlos entre la niebla y la obscuridad de la noche. Poco él sabía sobre sus perseguidores y sobre sus condiciones no humanas. La visión casi fantasmal de una mujer bien adentro en el cementerio reafirmo sus esperanzas de salir avante, si no servía de distracción, iba a servir de carnada, pensó.



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Micky Vanier
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