Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Some dreams can come true. (Privado)

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Some dreams can come true. (Privado)

Mensaje por Zair Morózov el Sáb Mar 03, 2018 4:58 pm

Gruñidos, golpes y maldiciendo eso es lo que se escuchaba en el clan de Zair Morózov, un clan claramente no reconocido, pero tampoco era algo que realmente le interesara al líder de la manada, sencillamente se sentía en paz con su reciente y numerosa familia lobuna. Pero en estos momentos no soportaba que hubieran niños gritoneado y distrayendo a los demás o sí, aparte su mente trabajaba para responderse una pregunta sencilla ¿Cómo fue que consiguieron llegar hasta las profundidades del bosque y solos? Ellos por lo mucho tenían unos ocho o nueve años, porque eran dos, gemelos de por sí, también se podría ver que eran de una clase baja, muy baja a decir verdad, porque cuando se presentaron por primera vez lo único que traían puesto era una camiseta grande, mugrosa y con agujeros en todas parte y que apenas cubrían sus delicados, frágiles y huesudos cuerpos; y al verlo en esas pésimas condiciones, al parecer el corazón del licántropo se contrajo,  por ello ahora le da un techo y alimentos a los críos, para que ellos después sean capaces de ir y valerse por sí mismo y de eso ha paso dos semanas y los críos siguen a su lado, como si él fuera el padre, vaya mierda le toco, sí señor, al contrario de Zair, la manada estaba más que feliz por tener un poco de alegría en el lugar, lo único que les preocupaba, es que ellos corrían peligro cada vez que la luna llena llegaba, pero en fuera, les alegraba tenerlos. Eran como un par de joyas recién pulida, brillaban y por ende ellos también.

Observó a los gemelos de ir de un lado otro junto con sus compañeros, sonriendo por las ocurrencias de los demás, a decir verdad esos niños alegraban el lugar sin que se dieran cuenta; se acomodó bien en aquel tronco que ha estado sentando por varias horas, pensando, sola pensando en lo que debería de hacer, ya que en cuestión de días será luna llena y de verdad no deseaba que Leonardo y Hernán –como los nombro- estuvieran en peligro por una manada de lobos que no reaccionaban cuando estaban en su forma animal, eran tan pequeños para ser mordidos y ser uno de ellos, aunque solo ha encontrado  dos soluciones: Una, que los abandonara a la mitad de la noche cuando ellos estuvieran profundamente dormidos o dos, dejarlos aquí y ser parte de ellos y la segunda opción era la que más se inclinaba, de hecho hace tres días atrás se reunieron todos para hablar del caso, tres solamente votaron para que se fueran pero el resto voto para que se quedaran, ellos necesitaban una familia y ahora ellos lo eran. Lo aceptó con gusto, porque aunque nadie se diera cuenta, Zair se estaba encariño mucho con ellos, pero su posición de machos alfa negaba salir esos sentimientos afectuosos hacia ellos. Desordeno su propio cabello y tanto pensar le estaba doliendo la cabeza, así que se levantó de su letargo mientras sacudía su ropa, necesitaba despejarse un poco y por ende necesitaba estar a solar, así que sin decirle a nadie, ni mucho menos a los niños, desapareció de la vista de todos, para irse a la ciudad, tal vez iría a la taberna, un buen trago le serviría para aclarar tantos pensamientos que de golpe llegaron a su mente.

Después de un recorrido extenso y cansado llegó finalmente a la ciudad, escuchando a las personas hablar de cosas que la verdad, no eran su incumbencia, diversos olores llegaban a sus fosas nasales, que por eso raramente venían aquí, él era más de campo, bosques, pero tampoco era un hombre de las cavernas, tenía una pequeña y modesta mansión en la residencia de París ¿Por qué? Tal vez para darse un pequeño lujo. Sí, al tener dinero no sabía en qué gastarlo, vaya. Con las manos en su bolsillo, caminó con calma, sin ninguna apuración de por medio; aunque estar entre las multitudes lo estaba provocando un fuerte dolor de cabeza, por ello, opto ir a un lugar más relajante, simplemente se alejó de la ebullición, no estaba acostumbrado a tanto ruido.

Media hora después, su destino era unos campos alejados de la ciudad, la paz inmediatamente llego a sus oídos, es lo que buscaba, mientras su manada se divertía en diversos lugares, Zair tranquilidad absoluta. Visualizo un árbol fuerte, grande y con la corteza dura, se encamino hacia el objetivo. Al llegar toco con sus manos lo áspero que era, elevo un poco su rostro, viendo como las ramas se movían al copas del viento, sin esperar mucho tiempo, se recostado, apoyando su espalda en el tronco, y de igual manera su cabeza, cerrando sus parpados, mientras Morfeo se lo llevaba a su mundo.
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Zair Morózov
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Re: Some dreams can come true. (Privado)

Mensaje por Arleen Deacon el Sáb Mar 31, 2018 10:30 pm

Paradise is buried in the dust.






Fácil habían pasado un par de años ¿O menos? Joder, ¿Cuándo tiempo había pasado? Su cabeza daba vueltas, pero reconocía cada noche en su cabeza como si pasaran lentamente una tras otra sin darle olvido. Desde aquella noche, la oscuridad llena de terror sus huesos, su piel, su esencia, su alma. El pánico se apodera de aquella frágil figura para hacer con sí que lo desee, a vista y paciencia de su capacidad mental tan arraigada. No sabe cómo se convirtió de la noche a la mañana en un ser tan inseguro y temeroso. Pero el hecho de tan solo tener que replantear aquello en su cabeza la hacía regresar a la imagen de su hermana, pequeña muchacha de hermosa cabellera, hermosa infante con armas de tomar. Perfecta y predilecta, llevada a su idea, avasallando la poca personalidad de Arleen para hacerla entender que podía hacer de su vida lo que quisiera, vencer sus miedos, romper paredes. Pero no, no lo logró, su posible muerte había derrumbado toda la confianza que se masificaba en la castaña que ahora perdía sus pasos en el bosque, a las afueras, como cada noche, buscando quizás un hogar abandonado, un establo o cualquier sitio donde se asegurara de estar sola.

Allí los conoció, o más bien, tan solo los vio. Un par de infantes corriendo desde allá para acá. Pequeñas almas frágiles en completa libertad de acción, solos lanzados a la vida sin pizca de maldad, simplemente jugaban entre los árboles y pasadas las horas, se perdían en un sueño profundo contra la hierba que los recibía ¿Qué podía hacer ella? ¿Cuidarlos? ¿Acercarse? No, con ella no tenían futuro seguro, no era la figura perfecta para darle confianza o cuidados. Con suerte y vivía su día a día, no arruinaría la vida de aquel par de pequeños por un acto de salvación. Pero lo siguió. Ahí volcó su atención, en que no se hiciesen daño, que no se acercaran a extraños que podrían hacer quizás que cosa con ellos. Se mantuvo así durante días, hasta que una mañana cuando el sueño se negó a abandonarla a tempranas horas los oyó hablando con un sujeto. Corpulento hombre acompañado de un grupo de similares características. Los alimentaron, le dieron seguridad y de ser posible, los cuidaría ¿Qué más le quedaba por hacer? Se fue de allí.

Agradeció desde el centro de su estómago no haber sido vista, no tener que entrelazar contacto ni mucho menos, como también agradecía el hecho de que los hayan adoptado para no quedar solos y en peligro. Así, continuó su camino sin fin de destino. Por los días trabajaba en lo que fuese que dieran sus manos, y en las noches huía por refugio de algo. Un techo en las noches de lluvia, y la inmensidad de bosque cuando la luna se veía expedita y sentía que le sonreía. Sentimientos encontrados, pues cada noche de luna llena, no soñaba, sino más bien mil pesadillas apoderaban su inconsciente con la imagen de su hermana, un baño de sangre y aquel personaje que se la llevaba lejos en medio de una morbosa mirada. Abrió los ojos y caminó, caminó hasta que sus pies no le dieron tregua, hasta que su boca suplicaba por algo de agua y sus rodillas temblaban en busca de algo de descanso. Fue así como dio con su espalda en la superficie de un tronco. Se quedó allí, hasta sentir la respiración de alguien más. Gateó, rodeando la superficie de aquel árbol hasta reconocer el rostro adormilado que descansaba allí.

Joder — Susurró. Mientras lentamente comenzó a levantarse desde el suelo, y como mala broma, cuando uno menos quiere llamar la atención, más ruido hace. Sus pisadas rompían cada rama, cada hoja seca que dejaba caer la copa de aquel árbol. Intentó camina en retroceso, para buscar de nuevo esa comodidad propia en soledad. Pero hasta su respiración se había agitado y algo le decía, que no se trataba de un simple humano como para los cuales solía trabajar un par de hora y que luego la olvidarían.


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