Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Deian el Dom Mar 04, 2018 2:09 pm

--Aprendí que los principios dan miedo, los finales son tristes. Y que lo importante es el camino.--



Volver a encontrar el camino de vuelta no era tan fácil, pasó mucho tiempo...décadas, desde que abandonó su ciudad natal, un lugar que había anidado en su interior sin olvidarse ni un segundo de sus raíces pero sí, borrar de su cabeza los recuerdos de quién fue en un pasado. Poco quedaba de aquel joven entusiasta y tierno, sólo su vocación por los caballos y su cuidado, aún se seguía dedicando a ello.

Y fueron los negocios lo que le devolvieron a París, la compra y venta de esos animales tan extraordinarios, el mercado había bajado considerablemente tras estos últimos años y criarlos se  convirtió en su mayor objetivo. No era por dinero, le gustaba su oficio e incluso tenía su clientela fija, grandes figuras importantes que contaban con sus mejores caballos, clientela selecta que le había brindado la posibilidad de entrar en un mundo de clase alta totalmente desconocido para él, sólo lo vivió desde las caballerizas.

Y como era habitual, esa misma noche se fue a celebrar su regreso a tierras parisinas. Mucho tiempo en el que no se perdía por sus calles, descubriendo rincones en los que no había ido a parar antes, descubrir escondites en los que perderse tras un día de trabajo era la mejor opción, el olor del pan recién hecho apenas el sol saliese, un buen café en la Plaza Tertre. Recuerdos de un pasado en dónde no podría disfrutar ahora de esos pequeños placeres y sí de otros mucho más suculentos, la inmortalidad le había regalado una nueva oportunidad de vivir y experimentar lo que en vida no fue capaz, cobarde y joven...enamorado.

El amor le hizo débil pero gracias a ello, conoció a su sire, su mentor y ejemplo a seguir, aquel que le enseñó lo verdadero importante de la no vida. Sonrió al ver de lejos las luces encendidas del lugar al que jamás se atrevió a entrar, mujeres hermosas dispuestas a darlo todo por dinero, ¿importaba? no. El sexo se convirtió en una necesidad como el alimentarse y no le valía cualquier mujer, buscaba una en concreto. Rasgos especificados a la perfección, si no encontraba lo que buscaba...el galante y educado caballero desaparecía.

-Pelirroja. Tez blanca y joven. Esperaré en la mesa del fondo y espero que cumpla mis expectativas -tono suave, acariciador. Extendió a la madame una buena suma de francos y se dirigió al lugar en cuestión, se acomodó en el mullido sofá y esperó...impacientemente, lo quería todo ya y cuando él dispusiese, las esperas solían ponerle de mal humor.


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Re: Moineau rouge -- Privé

Mensaje por Arisley Bouvier el Jue Mar 08, 2018 11:40 am

Otra noche más que se cernía sobre la ciudad de París, exhalé un suspiro mirando por la ventana las luces encendidas que iluminaban la ciudad. Mis ojos bajaron hasta dar con algunos transeúntes que paseaban alegremente por las calles ajenos a todo lo que pudiera pasar a su alrededor, ajenos al mundo oscuro que nos rodeaba y que estaba más presente de lo que a muchos les gustaría. Apoyé mi frente contra el frío cristal y cerré los ojos por unos segundos en los que mi mano también se apoyó en el cristal, por un momento, por un solo minuto deseé ser otra persona.... ser libre, libre como lo eran todas las personas que veía pasear por las calles, libres para poder decidir qué hacer con su vida y no estar atado a algo que quizás perdurara por algunos años... ¿quién sabía cuándo podría ser libre? Deseaba serlo y no podía, volar libre con mis alas y alejarme de aquel lugar en el que ya llevaba unos años trabajando. Mordí mi labio y abrí mis ojos azules para observar a un grupo de jóvenes que, paseando juntos, se reían de alguna broma que estuvieran contando mientras yo los envidiaba a todos. Qué absurdo, querer volar cuando estaba confinada en aquella jaula sin poder ser libre para decidir mi propio camino... aunque a pesar de todo no perdía a esperanza, decían que es lo último que se pierde y yo albergaba que en algún momento mi libertad sería dada y podría no volver jamás a aquel lugar. El ejemplo más claro que tenía de que sí se podía era de la persona que consideraba casi como mi hermana, aunque no tuviéramos la misma madre; Naitiri. Ella había pasado mucho más años que yo en aquel lugar pero finalmente había comprado su libertad, había saldado sus deudas y por fin fue libre para irse de allí y hacer su vida como siempre había querido... es más, hasta hacía unos meses se había casado al encontrar al amor de su vida, tenía el trabajo que siempre quiso, una persona que cuidaría por ella siempre... ¿acaso era yo una necia por querer aspirar a eso, por querer encontrar lo mismo que tenía ella? Quizás si lo fuera aunque ella me animaba las veces que nos veíamos a que no tirara la toalla y que no me rindiera, pues ella lo había pasado mucho peor que yo y al final había encontrado lo que siempre había soñado. Eso me daba esperanzas de que yo pudiera encontrar también lo mismo, pero de momento esos sueños debía de dejarlos guardados bajo llave porque por el momento seguía siendo una “esclava” de aquel trabajo por algún tiempo más.

Me giré hacia la puerta cuando escuché unos ruidos en esta, tras un “adelante” me encontré a una de las chicas que también trabajaban en el burdel que pedían que bajara puesto que había un hombre que había pedido a una chica con mis rasgos, asentí con la cabeza y agradecí que me avisara mientras esta cerraba la puerta y me dejaba de nuevo sola en la habitación, suspiré y me fui al tocador para revisar que mi pelo estuviera bien así como el leve maquillaje que llevaba, miré el vestido comprobando que todo estuviera bien y finalmente tras tomar aire decidí salir y bajar para no hacer esperar demasiado a la Madam que me había mandado llamar, una vez bajo me acerqué a ella para indicarme que había un joven que había pedido a una muchacha y que yo era la única que entraba en dichas características, me indicó donde se encontraba el joven y me dijo que parecía de buena familia por las ropas que llevaba, supe lo que me quiso decir y asentí con la cabeza mientras apartaba unos mechones de mi pelo y con paso decidido me acercaba al joven que me estaba esperando. Lo vi a unos pasos de distancia mientras observaba el espectáculo que había en esos momentos, lo recorrí con mis azules y pude ver que nada tenía que ver con los jóvenes que de normalidad iban a los burdeles para satisfacer sus necesidades y me pregunté en esos momentos por qué tendría él que acudir a un lugar como ese, dudaba que no fuera capaz de encontrar a ninguna mujer que cumpliera sus expectativas... pero yo no podía decidir nada de todo eso así que me planté frente a él tapando por unos breves segundos su visión del espectáculo, con mis mejillas ya sonrojadas como siempre sonreí cuando sus ojos se encontraron con los míos; ojos azules que me recorrieron por un breve segundo mientras yo ponía la mejor de mis sonrisas y, como me habían enseñado, me inclinaba ligeramente hacia el joven apretando disimuladamente mis pechos con mis brazos para que abultaran más y así tener contento al cliente.


-Buenas noche señor, me han dicho que andaba buscando alguien como... yo –sonreí y luego mordí mi labio inferior tomando la botella de alcohol que había sobre la mesa para llenar el vaso que tenía vacío frente a sí, haciendo gala de todo lo que me habían enseñado en cuanto a seducir a un hombre se trataba- ¿soy suficiente para usted, cumplo con sus expectativas? –Pregunté tendiéndole el vaso ya lleno de alcohol y seguidamente sentándome a su lado quedando de cara a él. De verdad que no entendía qué hacia un hombre como él en aquel lugar, era atractivo y no necesitaría de una prostituta para satisfacer sus necesidades, ¿qué mujer cuerda no caería ante su mirada y esos ojos penetrantes?- Dígame señor, ¿qué puedo hacer por usted esta noche?



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Re: Moineau rouge -- Privé

Mensaje por Deian el Sáb Mar 17, 2018 6:26 pm

Tras describir cómo deseaba a la cortesana, buscó el rincón más apartado del local, le gustaba pasar desapercibido, invisible. Esperaba que en esta ocasión, acertasen con lo pedido, el mismo lugar poco iluminado, clientes habituales y otros de paso, el mismo olor, la música apenas podía oírse entre el murmullo y los jadeos, gritos de placer, lujuria desmedida. Ni se inmutó, como una estatua, observaba todo lo que ocurría a su alrededor, todas iguales, con diferente aspecto pero...vacías, como debían ser las mujeres para ese trabajo.

Estaba completamente seguro de que no encontraría nada, le mandarían a una de esas jovencitas que sonríen y muestran sus encantos para caldear el ambiente, desearlas y terminar sucumbiendo al pecado. Él buscaba alguien en concreto, unas características en especial, lo dejó bien claro. Desvió la mirada un instante por una de los grandes ventanales, adornados con cortinas color borgoña  y tiradores dorados. Apartó un instante la cortina de la izquierda para observar el exterior, nada preocupante, todo tranquilo.

La aompañante de esa noche, se acercaba con paso lento y despreocupado. Seguramente examinando al cliente que la tendría durante toda la noche, así lo había pagado, le bastaría tan solo un par de segundos para saber si era la adecuada o no. Antes de centrar la mirada en ella, se deleitó en el olor que inundaba sus fosas nasales, como si le quemase la garganta, un trago de la absenta más fuerte... sangre poderosa que podía saborear en el paladar sin aún haberla probado. Giró el rostro de golpe, ese olor... e incluso su voz.

-Bonsoir -el tono de su voz calmada, contrastaba con la fiereza de su mirada. El duelo de miradas, bastó para saber que debía de ser ella, la adecuada en este caso pero... ¿realmente lo era?-Ya veremos si cumple o no con las expectativas, ni hemos empezado -no apartó la mirada de la joven quién intentaba por todos los medios que los ojos claros del vampiro sólo tuviesen atención en ella, no fue así. Suficiente para mirar sus ojos, no necesitaba más. -¿Qué puedes hacer ? Llevarme a tu habitación -fue tajante, sin irse por las ramas, se levantó esperando que ella le mostrase el camino.

De espaldas, se deleitó en el cabello pelirrojo de la muchacha que coqueta le mostraba el camino hacia dónde intimidasen, no quería en el salón con las demás parejas, la intimidad para el vampiro es primordial. Al entrar, cierra la puerta a su paso, echa el pestillo, dejando la espalda apoyada en la puerta. La observa en silencio, su único fin parece ser ese.

-En el centro de la habitación, da una vuelta, quiero verte bien. Y... -él mismo tomó el cepillo del pelo de la cómoda, tendiéndoselo, quería ver algo en especial por muy raro que fuese, seguramente estuviese acostumbrada -Cepíllalo, de espaldas, mirando hacia el espejo y nada de preguntas, -extraño , muy calculado, sólo la observaba. Los claros ojos del vampiro se oscurecieron al apreciarla mejor con la luz de la habitación. No, no podía ser posible pero...allí esaban, frente al otro...como aquella vez. ¿Realmente sería ella ?

-¿Es tu color natural ? -paseó el índice por un mechón , acariciándolo con mimo...infinito cuidado.


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Re: Moineau rouge -- Privé

Mensaje por Arisley Bouvier el Mar Abr 03, 2018 5:54 am

Otra noche más que pasaba en el burdel mientras soñaba con tener una vida mejor y que fuera totalmente diferente, una vida que quería llevar y a la que quería aspirar aunque fuera por unos momentos, aunque fuera por el hecho de que eso hiciera mejor mi noche y aumentara mi ánimo, porque también quería encontrar lo que había encontrado Naitiri después de tantos años; ser libre de aquel lugar, pagar la deuda... aunque no era solo eso, también era el hecho de encontrar a esa persona que te apoyaba y te entendía, estaba ahí en lo bueno y en lo malo de forma que no te dejaba caer... y yo era una ilusa por pensar que podría tener algo como ella, me alegraba enormemente y la envidiaba de forma muy sana pero no podía evitar yo también desear lo que ella había logrado, y sabía que había luchado mucho por ello así que al menos me quedaba con la esperanza de que si algún día yo luchaba como lo hacía ella también tuviera el mismo resultado, pudiera ser libre y salir de aquel lugar y encontrar a esa persona que me complementara. Por el momento la noche seguía y ya tenía a un nuevo cliente que había pedido a una mujer con mis características, de todas las chicas yo era la única que tenía el pelo del color rojizo así que me tocaba atender las necesidades de aquel hombre. Todavía me costaba acostumbrarme al lugar y eso que ya llevaba allí unos años, pero quizás era porque la timidez que era innata en mí no me dejaba del todo acostumbrarme al lugar y por eso casi siempre me sonrojaba, aunque últimamente me pasaba mucho menos. Perfecta en todos los sentidos bajé en dirección hacia donde se encontraba el nuevo cliente, la Madam me había dicho que me esperaba sentado en una de las mesas al fondo y allí me dirigí hasta que conseguí ubicarlo, sentado de forma perfecta e impoluta, un traje que bien podía denotar que era de alta clase –algo muy común allí pues era un burdel al que solo los de clase alta podían acceder- y que bebía un vaso con lo que parecía bourbon en una de sus manos. Me quedé frente a él para que pudiera observarme para cerciorarme, entre otras cosas, si era yo la que había elegido sintiendo como sus ojos me recorrían de arriba abajo como si estuviera evaluando una mercancía. Sus ojos de un color castaño intenso, casi tirando a verdes, me recorrieron por completa y aunque su voz sonó suave cuando habló no así lo parecía la forma en la que me miraba.

Parecía que iba a ser un cliente exigente o esa sensación me dio cuando me dijo que ya veríamos si cumplía con sus expectativas y es que, en aquel lugar, había encontrado que los hombres tenía una gran variación en cuanto a gustos se trataba y me había encontrado con muchas cosas que ni siquiera había pensado, así que me pregunté qué sería lo que aquel hombre querría en esos momentos y qué me pediría más adelante cuando estuviéramos solos... quizás pudiera conocer algo nuevo que no había probado nunca. No esperé que tras mi pregunta sobre qué podía hacer me respondiera que llevarlo a la habitación con ese tono tan tajante, aunque sus ojos no es que repararan precisamente en mi persona por mucho tiempo y no pude evitar preguntarme si quizás el pedir a una mujer con el cabello del color del fuego no fuera un fetiche, no sería el primero que conociera y sabía que estos variaban según la persona. Lancé un suspiro y le pedí que me siguiera amablemente, porque ante todo teníamos que tener buen trato con los clientes, así que lo conduje de vuelta hacía la habitación donde había estado hacía unos minutos subiendo por las escaleras a la planta superior sintiendo su mirada clavarse en mi persona recorriéndome, aunque no podía verlo si sentía esa sensación así que finalmente llegamos a la puerta y la abrí dejando que pasara primeramente él y luego pasar yo aunque él se quedó en la puerta, cerró esta y pasó incluso el pestillo quedándose apoyado mientras yo me giraba para contemplarlo a unos pasos de distancia. Lo seguí con la mirada cuando cogió el cepillo y me lo entregó pidiéndome que diera una vuelta en el centro de la habitación. Lo tomé entre mis manos y giré despacio para que pudiera apreciarme bien desde todos los ángulos, luego me puse cara al espejo y tal y como me había pedido, sorprendiéndome infinitamente de que me pidiera algo como aquello, comencé a cepillarme el pelo bajo su atenta mirada. Comencé a tararear una vieja melodía que no sabía por qué la tarareaba, quizás simplemente por el hecho de hacer algo más que cepillarme el pelo, y mis ojos lo contemplaron cuando estuvo a mi espalda.



-Sí señor, es mi color natural
–dije sintiendo que su dedo acariciaba un mechón de mi pelo mientras yo, con el cepillo, seguía haciendo lo que él me había pedido siendo lo más extraño que me había dicho nunca un cliente, pensé si solamente sería aquello lo que él quisiera de mí aunque lo dudaba enormemente ya que había pagado por mí toda la noche, eso debía de significar algo- ¿quiere cepillarlo usted mismo? –Pregunté llevando mis ojos a sus castaños, me mordí el labio sin saber por qué lo había preguntado aunque seguí cepillándolo hasta que no quedó un solo mechón por cepillar, guardé el cepillo dejándolo sobre la cómoda y nos contemplé en el espejo del tocador donde nos podía ver a los dos ya que él era algo más algo que yo, me quedé observándonos por unos segundos incapaz de decir nada más extrañándome la forma en la que me miraba y sus dedos apresaban mechones de mi pelo hasta que finalmente me giré, me apoyé en el tocador observándolo intentando averiguar qué podía querer ese hombre de una mujer como yo, porque era atractivo y seguramente podría tener a la mujer que deseara aquella para él sin necesidad de pagar por ella- ¿qué es lo que quiere de mí esta noche, señor? Oh, no me he presentado; me llamo Alessia –dije con una tímida sonrisa ya que yo jamás, nunca, había desvelado mi verdadero nombre a un cliente porque no quería que llegaran a conocer quién era realmente, solo sabían ese nombre un par de personas quitando a los que fueron una vez mis padres- ¿qué más puedo hacer por usted? –Mi mano subió hasta su pecho donde coloqué mejor el cuello de su camisa que se había descolgado un poco mientras quedaba a la espera de lo que él me pidiera mientras lo observaba atentamente, como intentando dilucidar qué era lo que tenía de extraño ese hombre que me llamaba tantísimo la atención.



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