Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Corinne Strasse el Dom Mar 04, 2018 2:59 pm

"Muchos me conocen.
Pocos saben quien soy."

— Anónimo




Solo hizo falta media hora para que Corinne terminase de arreglarse y ya esperara ansiosa la llegada de su chofer y carruaje, el que se encontraba alistando a los caballos. No hizo falta esperar mucho, en menos de cinco minutos las pisadas de los caballos ya se escuchaba acercándose, hasta que el carruaje se detuvo delante de ella. Sin dar tiempo a que el chofer bajara y la ayudara a subir, ella subió y apresurándolo lo hizo tomar las riendas y acelerar el paso para llegar lo menos tarde posible. Cuanto antes diese acto de presencia, más pronto podría escaquearse e irse de aquel evento de la nobleza. Hacia años había aborrecido aquel tipo de fiestas en que más que por placer, asistías por imagen o deber. Por aquel entonces, ella había estado prometida y había asistido francamente feliz. Sin embargo, pasado aquel tiempo en el olvido como otras tantas cosas, había aborrecido todo tipo de contacto con la clase alta y allegados. Ahora, tras muchos años, volvía a encontrarse en la misma tesitura, más todo era distinto. Era ella la joven que ostentaba un título y que por obligación debía de asistir a todo tipo de reuniones sociales. Como nueva señorita de clase alta, debía de presentarse para darse a conocer y así, fructificar nuevos negocios y conocer nuevos aliados que poder usar a su favor en algún momento. Todo era política, y como ultima heredera de la gran fortuna de Mathew Strasse, había prometido a su fallecido tío honrar su nombre y mantenerlo a flote. Aunque para ello, debiera de romper algunos de sus códigos morales de antaño y acostumbrarse a su nueva piel como dama adinerada.

Apenas unos pocos meses atrás había adquirido su nuevo papel y aún no se había acostumbrado y quizás, la joven licantropa jamás llegase a hacerlo. Proviniendo de una casa más bien pobre, donde el esfuerzo por sobrevivir al día a día era constante, todo aquel mundo de lujos e imágenes intachables, le parecía estúpido. Con menos de un cuarto del dinero que podía llegar a gastarse en tres meses en su nueva situación, su padre y ella hubieran podido fácilmente sobrevivir un año entero. Esa forma de desperdiciar el dinero era algo con lo que no podía. En su mansión ya había arreglado algunos normas y había rebajado sustancialmente las cuentas de gastos, no obstante, todavía habían lujos como el chofer y el carruaje de lo que desgraciadamente para dar la imagen que debía de dar, no podía darse el lujo de eliminarlo de un día para otro.

El palacio Royal no se encontraba excesivamente lejos de su nueva residencia, en la zona norte de Paris, por lo que el transcurso del viaje fue corto. Sus ojos perdidos en la ventanita no dejaron de observar el exterior, las sombras de los árboles y los valientes que recorrían a esas tardías y peligrosas horas las calles. El galope de los caballos le hacía ir dando pequeños tumbos, a los que ya se encontraba suficientemente acostumbrada tras aquellos últimos días de reuniones diarias con todo tipo de personalidades Francesas. Suspiró viendo el bosque al exterior y sus ojos, pronto se dirigieron hacia lo alto del firmamento donde la luna empezaba a decrecer. La luna llena había pasado hacia dos noches y aunque ahora sintiese sus emociones a flor de piel por culpa de la influencia lunar que tenían los de su especie, hasta el siguiente mes no volvería a convertirse y aquello la reconfortaba. A pesar de sus nuevos esfuerzos en aceptar su naturaleza licantropa, aquellas noches de luna llena le eran suficientemente agotadoras todavía tan mentalmente como físicamente. Estaba cansada, exhausta de al despertar al día siguiente encontrarse con las heridas provocadas por las cadenas de plata con las que se ataba. Siempre despertaba herida y aunque siempre amanecía todavía encadenada, el dolor que aquella plata llegaba a producirle seguía molestándola hasta días después. Corinne por debajo del vestido, se acarició su muñeca maltratada por la plata y perdiéndose su mirada en lo que se adivinaba tras la mata de árboles que le impedían ver completamente el paisaje ante ella, lentamente sus ojos lograron visualizar a lo lejos el lugar que entre vestidos, conversaciones banales y bailes; la acogería por unas horas.

Al llegar ante la entrada del palacio, esta vez sí esperó que le abrieran la portezuela y con una sonrisa agradecida aceptó el brazo que un lacayo le ofrecía para ayudarla a bajar del carruaje. Descendió con suma lentitud ataviada en un deslumbrante vestido en color plata que hacia juego con el mar azul de sus ojos y despidiéndose de su chofer, sin más dilación puso rumbo a la entrada del gran palacio Royal.  La fiesta se encontraba en el inicio de su esplendor, la gente empezaba a llegar en grupos y con risas se unían a la fiesta. El ambiente se llenaba de colores de los elegantes vestidos de las féminas, mientras que en los hombres podías observar diferencias en los trajes, aunque estos solían ser mayoritariamente en color negro o colores oscuros. Entrando tras una pareja, inmediatamente vislumbró caras conocidas. No eran amistades suyas en todo caso, pero los amigos de su tío antes de su muerte, habían hecho buenas migas con ella. Saludando con una ligera reverencia y con una sonrisa al hijo de la familia Thomas, grandes comerciales de joyería francesa, subió las escaleras que la separaban todavía del salón principal y sonrío a los guardias que le pidieron la invitación.

Madeimoselle Strasse, adelante. Esperemos que disfrute del baile. —Dijeron los guardias al leer en la invitación quien era la joven.

Corinne les sonrió y adentrándose en la fiesta, bajó con suma lentitud las escaleras que la llevaban hacia el salón principal. Aún no estaba acostumbrada a que la gente la mirase y cuando algunos empezaron a mirarla, quizás por el vestido que llevaba el cual brillaba bajo las luces del salón, deseó pasar desapercibida. Desde que dio el primer paso hacia la fiesta, un extraño presentimiento había embargado sus sentidos, poniéndola inquieta. Como si hubiese alguien entre las sombras acechándola, se sentía vigilada. Intentó centrarse en los olores, con la mala suerte de que los olores quedaban entremezclados los unos con los otros, siendo imposible rastrear cualquier rastro o reconocerlo. Mirando un momento a su alrededor, sus ojos buscaron al culpable de su inquietud, sin encontrar nada ni nadie extraño del que pudiera proceder aquel aviso instintivo de que algo no iba bien. Todos sus instintos le avisaban de que había algo extraño esa noche, sin embargo, al no ver a nadie ni nada que pudiese ser peligroso para ella, una vez bajó las escaleras decidió perderse entre la gente. Quizás solo sus instintos aún se encontraban bajo la influencia sutil de la madre luna allá en las estrellas, o por lo menos de eso se intentó convencer. La noche sería larga, muy larga y apenas, recién iniciaba para la loba vestida de adinerada.




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Re: Baile de lobos |Privado

Mensaje por Astor Gray el Lun Abr 09, 2018 10:51 pm

De un par de años atrás a la fecha, tenía cada vez menos oportunidades para codearse con sus conocidos de la nobleza y no porque no deseará ver a algunos cuantos, sino porque las circunstancias de vida así se lo obligaron. Astor Gray, aquel hombre imponente que en sus años iniciales en la sociedad parisina no perdía oportunidad de reunión con tal de sentirse parte de la humanidad que ya no poseía, ahora, se sentía más una criatura de la oscuridad deseosa de destrucción; quizás por eso inconscientemente se alejó de sus conocidos y de aquellas opulentas reuniones, porque sabía en lo profundo de su ser de lo que era capaz de causar a aquellos que ingenuos se acercaban a él. Con la mirada fija en su yo del espejo, Astor evocó una vez más el pasado, aquel en el que trató de encajar con su entorno, de resultar provechoso de una manera positiva para la humanidad y en el que hasta trato de casarse por amor; todo para recibir lecciones dolorosas una tras otra, mismas que acabaron por hacerle ver que estaba tan maldito en su forma humana como lo estaba cuando la luna llena brillaba en el cielo nocturno.

Un bufido salió entonces de sus labios y alejó la mirada del espejo para entonces, comenzar a andar con rumbo a la puerta. Seguía culpándose de sucesos pasados cuando no tenía tiempo para ello.

Astor Gray había encontrado a Danna, dejado ir a Corinne y enterrado a Gianna, con ello se entregó del todo a sus deseos de destrucción, esos que lo convirtieron nuevamente en uno de los mejores inquisidores condenados; además de un hombre con fructíferos negocios fuera de aquella institución a la que servía y por si fuera poco, más recientemente se había convertido en un hombre casado, no por amor, sino por conveniencia con una mujer tan podrida mentalmente como él mismo. Así pues, podía decir que las cosas le estaban saliendo mejor ahora que actuaba por interés que cuando lo hizo basado en sentimentalismos ridículos.

Al salir de la habitación, se acomodó la manga de su traje color azul zafiro, que se suponía iría perfectamente a juego con el que su esposa usaría esa noche. Una sonrisa divertida apareció en sus labios al imaginarse a si mismo al lado de Juliette durante los saludos formales, fingiendo amor y lealtad cuando ambos sabían perfectamente que después de las formalidades, ella iría a los brazos de su amante mientras que él, buscaría alguna diversión para la noche. Según lo previsto, Juliette apareció en un hermoso vestido del mismo color que el traje de Astor, solo para decirle que ya era hora de que se fueran pues el carruaje los esperaba.

El camino al Palacio Royal resultó bastante estimulante para la pareja, pues si bien no se amaban si se valoraban y deseaban lo suficiente como para tener buenas conversaciones y discutir sobre el futuro. Al llegar a su destino, Gray fue el primero en descender del carruaje para así, ayudar a Juliette a bajar y caminar tomados del brazo hasta la entrada del Palacio. La gente apenas estaba llegando, así que fueron pocas las personas a las que saludaron como pareja y fue un comerciante de arte deseoso de hablar sobre negocios con su esposa, el que termino por separar a la pareja.

Por su cuenta, Gray saludo a algunos viejos conocidos quienes curiosos, comenzaron a interrogarle sobre la manera en que había acabado casado, pues ante la mirada de todos ellos, Astor era el soltero empedernido de grupo. Entre bromas y risas, los hombres se mantuvieron un buen rato, hasta que uno de ellos levantó la mirada e hizo saber a los demás que la nueva rica de París había llegado. Sus compañeros se volvieron enseguida a observar a la dama en cuestión de inmediato, mientras que él, tomó primero una copa de champagne de la bandeja de un mesero que pasaba cerca para después, girarse y descubrir a quien era que se referían al hablar de la nueva rica.

Corinne Strasse, la mujer con la que deseo casarse, aquella que lo abandonó sin decir nada y a quien decidió no buscar, tomando como respuesta a su amor, la falta de explicación de parte de ella; aparecía ahora después de años de ausencia. La mirada de Astor sobre ella estaba cargada de dudas, de ansia por respuestas y sobre todo de necesidad. Él había sido capaz de quedar en buenos términos con Danna, enterró y prometió olvido a Gianna pero con Corinne, con ella todo había quedado en un punto muerto. Ahora, la oportunidad de dar un cierre a lo ultimo que podía seguirle atrayendo al pasado y a su vulnerabilidad aparecía.

Disculpándose con sus amigos, Gray comenzó a andar, buscando la ubicación de Corinne como si ella fuera una presa a la que había que dársele caza y tras varios minutos andando por el salón, la vio. Lucía tan hermosa como siempre pero sus facciones también denotaban una fortaleza que no existía anteriormente en ella. ¿Qué era lo que había sucedido con ella?, ¿Qué era lo que había sucedido entre ambos?, pronto lo averiguaría. Caminando lentamente, Astor se acercó hasta Corinne por la espalda y estirando su brazo, puso la copa de champagne que tomará antes frente a ella.
¿Una copa? – susurró cerca del oído de ella y después se mantuvo quieto, esperando por la reacción de la loba.



"Stand tall for the beast"

Otras cosas, gracias.:
   






   







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Re: Baile de lobos |Privado

Mensaje por Corinne Strasse el Vie Mayo 11, 2018 11:29 am

"Solo veo demonios en mi interior."
— Anónimo




Las luces que alumbraban el gran salón hacia resaltar sus azules ojos brillantes allá donde fuera. No fueron los pocos caballeros a los que se encontró con la necesidad de desistir en sus invitaciones de baile. Juntamente con aquel esplendoroso vestido que enmarcaba a la perfección su cuerpo y sus insinuantes caderas, había que añadirle su delicada tez. Los cazadores que se habían impuesto en el pasado acabar con ella y quebrar poco a poco su cuerpo y su espíritu, nunca le tocaron el rostro. Jamás siquiera lo intentaron, unos les había oído hablar del desperdicio que sería acabar con su juventud y belleza tan pronto y los otros; sencillamente, vieron poco entretenido quemarle el rostro cuando tenían otros lugares más dolorosos de los que preocuparse. A su rescate había agradecido aquella “consideración” con ella, ahora en cambio, rodeada de hombres desconocidos, lamentaba la decisión de no haber jugado a destruir también su bonito rostro. No era una joven que disfrutase de la compañía masculina, todavía menos después de esa experiencia y aún menos, cuando podía oler sus intenciones y saber de antemano de que pudiente forma pensaban con ella. Ignorando a uno de los últimos jóvenes que se le acercaron con los mismos pensamientos que todos los demás, hecho a andar entre las parejas del baile, buscando distancia entre los hombres que buscaban esposa y ella. La loba no era ningún adorno ni complemento de un hombre. En esas fiestas era común que los solteros buscasen matrimonio y que las doncellas aceptasen sus manos. Todos y cada uno de sus criados la habían visto partir hacia aquel acontecimiento, esperando lo mismo; que llegase del brazo de algún hombre que pudiese protegerla y velase por ella, no obstante, para ello solo se necesitaba a si misma.

Rodeando una de las tantas parejas que dibujaban circunferencias en la pista central del salón, sus instintos volvieron a alarmarla. Esta vez la alarma fue más intensa y sintiendo todo su cuerpo erizarse ante la amenaza oculta que fluía hacia ella por el aire, apretó su paso en un intento de despistar a quien fuese que estuviese buscándola Dio un largo rodeo antes de salirse de entre las parejas y deteniéndose a un rincón de la gran sala, observó atentamente desde su posición intentando a la vez pasar desapercibida. No tardaría mucho más en irse, se dijo a si misma viendo girar sin descanso a las parejas de baile y a los bailarines que no desaprovechaban ninguna situación para poder lucirse. Respirando intranquila, tomó aire profundamente sin saber que más hacer. Anteriormente, apenas unos años atrás habría sabido como actuar y complacer a la sociedad, ahora en cambio, se sentía desequilibrad. Por más que intentase ignorar aquel hecho, la habían manchado con oscuridad y ya no podía volver atrás y remediarlo. Aquellos malnacidos que experimentaron con ella la habían corrompido el alma, cierto era que la habían también fortalecido, a raíz de ello era una mujer fuerte, capaz de lidiar con sus propias peleas y ganarlas, pero en el transcurso del tiempo, había perdido su don innato de moverse en aquel mundo. Ahora solo sabía de bosques y callejones, tanta luz era hasta demasiado para ella.

Insegura suspiró e incapaz de apartar su mente de aquellos recuerdos dañinos de su mente, cuando una voz grave interrumpió sus pensamientos, por unos miseros segundos agradeció aquella distracción. - Si fueran dos, sería mejor. -habló divertida volviéndose hacia el hombre que tenía a su espalda, quedándose atónita cuando le vio. Su respiración se detuvo y todo pareció quedarse en pausa a su alrededor. Su cuerpo se tensó inmediatamente y su mirada perdiéndose en la del licántropo, no dio crédito a lo que veía frente a ella. ¿Estaba de nuevo en una pesadilla? ¿Sería acaso un sueño y al despertar él volvería a desaparecer, como habia hecho en la realidad? ¿Que infiernos hacia él allí? La voz se le heló y la media sonrisa se le quedó perpleja. En un instante pensó en sucumbir a su necesidad imperiosa de huir, pero luego se lo repensó. Había luchado y sobrevivido a inquisidores más fuertes que él; ¿Por que debería de mostrarle miedo?

- Astor -dijo finalmente en un susurro muy parecido a un ligero gruñido. Sintió deseos de tocarle y asegurarse que fuera real y no producto de su imaginación. No obstante, su olor ya era suficiente como para estar segura de encontrarse ante él. Hacia meses había acabado perdiendo en su memoria aquel perfume y ahora que lo tenía eclipsando cada uno de sus sentidos de loba, era como volver al pasado. Al lugar que no debía volver, ya que todo había iniciado allí; en su abandono. - No esperaba veros.. ¿Se os ha perdido algo? - Enseguida se arrepintió de encontrarse a la defensiva, y tomando con delicadeza la copa de las manos masculinas, le dio un sorbo mientras calmaba los instintos vengativos de su loba. Habia ocasiones en que no podía controlarla, en que ella se adueñaba de su ser y aunque no fuese luna llena, intentaba emerger. El sabor refrescante del vino aligeró su mente de la presencia de su loba y un poco mas serena, le devolvió la mirada, aún sin poder creerse que estuviera ante él y no fuera solo un mero fantasma. -  ¿No sereís quien me ha seguido hasta aquí, verdad? -Le preguntó dejando a un lado su rabia y enfado hacia él, para por unos segundos regresar a la antigua licántropa que solo esperaba que su prometido le dijese que todo estaba bien y que todo estaría bien con él a su lado.




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