Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Ramiara d'Aosta el Jue Mar 08, 2018 7:56 am

Grazie di esistere.




En el patio de entrenamiento, mientras los hombres ejercitaban con sus armas o aprendían nuevas técnicas de lucha, Ramiara d’Aosta se paseaba entre los guerreros sudados observando, valorando a unos y a otros, calificando internamente a cada uno.

El ejército italiano se había transformado en un nido de víboras en los últimos años. Allí todos, sin importar el cargo que tuvieran, tenían algo que decir sobre sus superiores que tampoco hacían esfuerzo por mantener controlados a los soldados que tenían por debajo. Estaban en total rebeldía, no respetaban la figura del rey bastardo –como solían llamarlo- y estaban dispuestos a cuestionar cualquier orden. ¿Qué sería del futuro del reino con un ejército así? Ese era el desastre del que Ramiara debía ocuparse, había estado ligada a la familia real durante varias generaciones y no dejaría que todo el legado de los reyes pasados se perdiese, mucho menos que se culpase de esa pérdida a Ischirione, su protegido, a quien había entrenado personalmente cuando él era un niñito que no sabía el futuro que le esperaba, que hasta desconocía la identidad de su verdadero padre, el Rey.

A Ramiara le tenía muy sin cuidado, pero no era ajena a los comentarios que sobre ella también hacían. Cuestionaban que una mujer estuviese al mando, sus técnicas de combate, que les impusiese entrenar de noche también, que haya rearmado los grupos separando a los cabecillas… Poco le importaba aquello, Ramiara tenía una misión y esa era que el ejército volviese a ser lo que había sido, que los soldados dejaran de ser un puñado de cotilleros y se alistasen para las batallas que por Italia deberían librar pronto.

Sin emitir palabra, pero clavando la mirada en cualquiera que estuviese holgazaneando para ordenarle, vedadamente, que volviera al entrenamiento, Ramiara se ubicó en una de las esquinas del patio para tener un mejor ángulo de lo que ocurría. Ya tenía identificados a los que valían la pena y quería premiarlos, ponerlos a cargo de pequeños grupos. Un ascenso siempre era miel que endulzaba y adhería a los hombres a la corona, nadie se negaría a ser premiado y tampoco olvidarían quién había dado la orden... por eso le convenía hacerlo, que ellos sintieran que Ramiara los elevaba para que supieran que tenían con ella una deuda. En eso estaba, haciendo cálculos humanos, cuando comenzó a inquietarse sin motivo. Miró hacia todos lados, sabiéndose observada, y no tardó en hallar al causante de su incomodidad: su maldito creador, él otra vez. ¿Qué estaba haciendo allí? Le parecía irreal, pero reconocería esa sensación entre muchas otras. Se acercó a él, de forma apresurada:


-¿Acaso me estás siguiendo, Kaspar? –le preguntó, afectada. Esa vez, al menos, no había huido de él como la última vez que se habían visto, estaban en su tierra y se sentía fuerte como para enfrentarlo-. ¿Te has vuelto loco? ¿Qué haces aquí?

Odiaba su mirada que destilaba seguridad. Odiaba saber que había decenas de soldados observando el intercambio y que de seguro se pondrían de parte de él porque, a simple vista y en comparación, él parecía ser la persona idónea para comandar un ejército. No le importaba porque Kaspar no duraría mucho tiempo en Italia, le daba igual lo que tuviera que hacer para conseguirlo, pero quería a su creador lejos de ella y de los problemas que el rey tenía.

-Ven conmigo –le pidió y caminó hacia el interior de una habitación de escasa iluminación donde se guardaba el armamento, prefería que le dé las explicaciones en privado-. ¿Por qué te empeñas en aparecer en mi vida? ¿Qué quieres de mí?




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Re: Sei come un uragano | Privado

Mensaje por Kaspar Furtwängler el Miér Mayo 02, 2018 1:06 am


Era un guerrero, antes que nada y sobre todas las cosas, Kaspar era un guerrero, tan fiero en batalla que ni siquiera lo dejaron morir, porque lo necesitaban para el esplendor del Imperio Romano Germánico que apenas se gestaba cuando él era un mortal. Incluso luego de la muerte no pudo de dejar el campo y las armas, siguió comandando tropas por la noche, hasta que fue suficiente, hasta que su oscuro secreto, no pudo serlo más. Aún así, su fama, su gloria, su habilidad lo precedía, nobles por toda Europa lo llamaban para que instruyera a sus primogénitos, que los forjara aptos para defender sus tierras y comandar sus tropas. Era imposible que Kaspar se mantuviera alejado del arte de la guerra, había nacido con él en las venas.

Y siguiendo esa senda, reyes lo habían llamado a sus cortes para dirigir sus tropas, como era el caso. Las lealtades del pasado ya no importaban más, Kaspar era agente libre, desde luego que el imperio le enorgullecía y si pudiera elegir, siempre elegiría su natal Sajonia. Sin embargo, esta vez estaba en la península itálica, y recordó al guerrero más fiero que jamás enfrentó, que era originario de ahí: Ramiara a la que había encontrado no hace mucho. Ramiara, el símbolo de algo más grande, que Kaspar aún no lograba descifrar.

Le advirtieron de los problemas que el ejército tenía, de la falta de disciplina y que el nuevo instructor estaba teniendo dificultades para imponerse, por ser mujer. Kaspar no hizo asociación alguna, no dudaba que hubiera dos o más mujeres capaces para la milicia, sólo pensó en lo tonto que resultaba subestimarlas, aunque esa podía ser una de sus más poderosas armas.

Un miembro de la corte lo acompañó hasta donde se llevaba a cabo el entrenamiento. Su cabello platinado brilló como la luna en el firmamento. Tragó saliva y educadamente, le pidió a su acompañante que se marchara. Uno no podía decirle que no a un hombre de la presencia de Kaspar, que parecía poder matarte con la mirada, si se lo proponía.

Avanzó cuando supo que había sido descubierto.

No te estoy siguiendo —habló meridiano, pero antes de poder continuar, ella lo apartó del sitio, lo llevó a una habitación oscura que, sin embargo, no era obstáculo para ellos dos.

Deberías creer más en las coincidencias —dijo al fin, una vez que estuvieron solos—, porque eso ha sido, Ramiara, una coincidencia. Si te estuviera siguiendo, créeme que te hubiera localizado antes, y no me hubiera dejado atrapar tan fácil —continuó, de a poco se había acercado a ella, los haces de luz sobre los ojos de los dos.

Las cosas deben andar realmente mal por aquí, para haberte llamado, y haberme llamado a mí también. Vengo a trabajar, como tú, sólo eso. —Dio un paso hacia atrás, y si no pudo alejarse más fue porque chocó contra una pared—. Al parecer tendremos que trabajar juntos. Qué ironía, ¿no? Después de haber sido enemigos en batalla, ahora forjaremos nuevos guerreros —sonó serio y circunspecto. La situación tampoco era del todo agradable para él, pero no se iba a poner a hacer berrinche.

Escúchame —retomó—, en mis planes no está fallarle a Su Majestad Della Bordella, así que espero me lo hagas fácil —dijo y su voz se notó distante y fría. No quería cometer el error de volver a besarla, aunque hubiera algo invisible y poderoso que parecía empujarlo hacia ella con vehemencia.


Última edición por Kaspar Furtwängler el Lun Jul 23, 2018 1:39 am, editado 2 veces


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Re: Sei come un uragano | Privado

Mensaje por Ramiara d'Aosta el Jue Mayo 10, 2018 11:50 pm

Para no estarla siguiendo, Kaspar se había presentado ante ella más veces en esos meses que en todos sus más de setecientos años de eternidad y eso era, cuanto mínimo, desconcertante para Ramiara. Que no le echara esa mirada porque lo que ella planteaba era perfectamente lógico, ¿qué otra cosa pensaría él si estuviese en su lugar? Su presencia la ponía nerviosa, pero no permitiría que ese nerviosismo le jugara una mala pasada, se guardaría de hacerle esa pregunta por mucho que desease conocer la respuesta.

-Yo no te he atrapado, de hecho puedes irte por donde has venido si lo quieres –dijo, con las palmas de sus manos abiertas en señal de franqueza-, tú has venido a entregarte. Un momento, ¿a trabajar? ¿Qué dices?

¿Sería posible? Ramiara se giró para alejarse de él, su presencia la intimidaba aunque eso fuese imposible de alcanzar para cualquier otro, solo Kaspar lo lograba. El Rey de la Italia le había pedido consejo, ella estaba allí para ayudarle a rearmar por completo el ejército, pero él quería a alguien más que trabajase codo a codo con Ramiara –quien había sido su maestra, quien le había enseñado todo de combate y armas en la niñez-, un hombre de confianza a quien los soldados respetasen y temieran contradecir, pero leal como para no volverse contra Ischirione, el Rey. Cuando él le pidió un nombre, ella le dijo que necesitaba unos días para pensar –aunque el primer rostro que se había dibujado en su mente había sido el de su Creador, Kaspar- pero esos días se habían transformado en semanas y meses; como el Rey no había vuelto a mencionar nada ella también lo había dejado estar, segura de que por fin había entendido el monarca que ella sola podía con todo. Ahora entendía que no era así como se habían dado las cosas, de seguro Ischirione había convocado a ese maldito vampiro por su propia cuenta ¡y claro que podía hacerlo, era el Rey!

-Mis planes tampoco son fallarle, aunque él sí me ha fallado a mí al convocarte. –Nerviosa, Ramiara se pasó la mano por el cabello, despeinándose y peinándose una y otra vez-. Pero tampoco sé si podremos trabajar juntos, quiero decir… nos odiamos y eso es insoslayable. ¿Estar en el mismo bando? ¿Formar soldados juntos? ¿Es esto real, Kaspar?

Volvió hacia él, quizás quedando más cercana de lo que había estado en un primer momento. Lo necesitaba, si quería de verdad que Italia saliera del problema en el que estaba, necesitaba a alguien con la capacidad y la impronta de ese hombre, pero no sabía si podría controlar lo que le pasaba cuando estaba en su presencia, de hecho él era incontrolable también… el recuerdo del beso inesperado, pero disfrutado, llegó a ella como augurio.

-Las cosas están muy mal aquí –le confió, porque sabía que ya era un hecho, Ischirione lo había convocado porque era el mejor, mejor que ella incluso, y el monarca no cambiaría su dictamen-, ya te iré contando los detalles y el plan que estoy trazando. Trabajaremos juntos, ya debería hacerme a la idea –se peinó una vez más, como si en su cabello estuviesen todas las soluciones posibles para aquel enredo-, pero ahora escúchame tú a mí, Kaspar. Yo estoy a cargo, no quiero que pases sobre mí. Si vamos a hacer esto juntos debemos ponernos condiciones.

Estaba cansada de los comentarios entre los soldados, harta de ser tenida por poco solo por ser mujer. Ardía de deseos de pasar por la espada a todos los que la habían menospreciado en aquel ejército, pero no podía hacerlo pues la ciudad quedaría sin defensa… Lo último que necesitaba era que ese hombre, al que por tanto tiempo había odiado, arruinase lo poco que con esfuerzo había reconstruido en ese corrompido lugar. Su tiempo valía y lo había invertido allí, no dejaría que nadie metiese mano en asuntos que sentía propios.




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Re: Sei come un uragano | Privado

Mensaje por Kaspar Furtwängler el Lun Jul 23, 2018 1:58 am


Los dos ahí, en ese reducido lugar, sin escapatoria aparente eran como un accidente a punto de suceder. Una copa rota dejada en la playa, para que el próximo descalzo la pisara. Eso eran, la tragedia en el filo de lo que es y no es, danzando peligrosamente, ¿qué otra cosa podía esperarse de ellos dos? No sólo por tratarse de creador y creación, sino por ser guerreros, y enemigos, por encima de todo. ¿Y qué hizo Kaspar? Rio, comenzó a reñir con voz ronca, pero mostrando los dientes, había ironía y sorna, pero también diversión y absurdo en ese sonido que en labios del vampiro, sonaba extraño a falta de uso.

¿Y qué iba a saber Su Majestad Della Bordella sobre nosotros, Ramiara? No ha sido su culpa. Es el destino, si te gusta creer en esas cosas —dijo entonces, aún con el dejo de risa en su voz que, en esta ocasión no sonó plana, ni castigadora, sólo inquieta.

La escuchó, sus ojos brillaron en la oscuridad, estaba entretenido, sin duda, con lo que tenía enfrente. Ramiara con su belleza y su actitud, con su cabello áureo y sus labios rojos que, recordó, sabían mejor de como los había imaginado. Porque mentiría si dijera que desde que descubrió que su más fiero enemigo era mujer, no había soñado con besarla. ¿Dominación o simple curiosidad? Quizá un poco de ambas, y ahora que había consumado el capricho, sólo quería más. Y que ella se negara con tanto ahínco, lo hacía más irresistible.

No obstante, en ese momento resolvió que la próxima vez que se besaran, sería porque ella quisiera, porque ella se lo pidiera, porque en ese enorme ego que se cargaba, Kaspar estuvo seguro que era capaz de doblegarla a ese punto. Doblar sin romper, y ese era un arte que pocos dominaban, y que él creía tener bajo control.

¿En verdad te sientes en posición de imponer condiciones? —entonces preguntó y la tomó de las muñecas, para que se dejara el cabello en paz. La soltó al cabo de unos segundos—. Podría salir ahora mismo, aún sin presentarme, y esos soldados me respetarían más que a ti, y podría ponerlos en tu contra con esas misma facilidad. —La sonrisa desapareció, en cambio, Kaspar sólo arqueó una ceja con un dejo retador.

No lo haré —declaró—, no voy ganarme a esos soldados sólo para que te falten al respeto. Ramiara, tienes muy mal concepto de mí, pero yo de ti no, sé que eres capaz. Fuiste la única que me plantó cara en su momento, y aunque estemos destinados a vivir en una pugna entera, en mí encontrarás un aliado, al menos en esta empresa. Ninguno de los dos quiere fallar, ya nos vamos entendiendo —dijo y por una vez en su vida e inmortalidad, no hubo motivos ulteriores para ceder.

Lo que dijo era verdad. Kaspar respetaba a Ramiara, y como tal, iba a hacer que el resto del mundo viera lo excelente guerrera que era, aunque una vez terminados los entrenamientos, regresaran a esa dinámica a la que ella parecía querer aferrarse y él encontraba tan divertida.

Bien, si estamos de acuerdo, me gustaría escuchar qué tan mal están las cosas —continuó y arqueó una ceja. Se cruzó de brazos pero no se movió más. Encontraba adecuada la cercanía que estaban compartiendo en ese momento, por obra de la propia Ramiara, ni más, ni menos.


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