Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Magna H. Dag el Mar Mar 13, 2018 4:00 am

Si no hay miedo, el valor no vale nada.
Lo difícil no es no tener miedo,
sino seguir adelante a pesar de él.  

William Fulkner.





El frío calaba tan hondo sus huesos que pese a la subida de temperatura de los últimos días, nada lograba hacer entrar en calor su cuerpo. Demasiados días había pasando huyendo de su padre y de los hombres que debía haber contratado para encontrarla. Ahora estos días a la intemperie, pasaban factura a su grácil cuerpo y nada parecía poder evitarlo. Las noches en los bosques de su país natal eran muy frías, más bien heladoras y mientras algunas mañanas por suerte el sol alumbraba con su luz aquellos fríos parajes, apenas subían los grados. Ciertamente había escogido la época más nefasta para llevar a cabo su escapada, no obstante, ya no podía hacer nada mas que seguir hacia adelante.  No tenia otra alternativa, si su padre conseguía dar con ella ya podía darse por muerta de la peor de las formas que pudiese si quiera ni imaginar. Randulf tenia una retorcida forma de hacer pagar los errores ajenos. Morir a manos de Hoor, seguramente debía de ser una muerte mas benevolente y rápida que hacerlo en las manos de su progenitor. La primera semana había sobrevivido a base de lo que había conseguido de comer de las cocinas, sin embargo, el alimento ya le escaseaba y en la joven los efectos del hambre pronto se hacían visibles y oibles. Su estomago no dejaba de regañarla y el cansancio pronto se apoderaba de su cuerpo, el cual no se encontraba acostumbrada a permanecer tantos días cabalgando. Apenas había logrado montar a caballo más de una hora en toda su vida y a día de hoy, llevaba una semana entera a lomos de su fiel compañía; Una yegua castaña de nombre Syr, llamada así en honor a la deidad que protegía las puertas del paraíso.

Las pisadas aceleradas de equino marcaban la distancia y el tiempo recorrido entre aquellos parajes desolados y desiertos que separaban la fortificación de los rebeldes de Akershus y su séquito Pronto ante sus ojos el suelo árido se volvió en uno fértil, en donde la hierba crecía y las primeras flores emergían de sus capullos tras pasar el invierno que hacia poco habían dejado atrás. Tan distinta esta hierba de la que llenaban los jardines de su hogar, esa siempre la había visto seca, sin vida ni fuertes tonalidades como si la brutalidad y maldad del rey llegase incluso a hacer mella en la flora y fauna de los alrededores de su morada. Sorteando los arboles, adentró con mano firme a su yegua en los tupidos bosques y vírgenes paramos decidida a seguir aquel camino. Las ultimas noticias sobre su primo habían sido que había salvado un poblado de la tiranía de su padre y allí se dirigía velozmente, esperando que a su padre jamás se le ocurriese buscarla entre las huestes enemigas. Un día más fue lo que tardó en sin detener su marcha apenas, en llegar a su destino. En la lejanía y siguiendo en la fría noche el camino hacia el centro del pueblo, observó de lejos como no quedaba apenas ninguna señal de la batalla que se había llevado a cabo un mes antes, ni de los destrozos. El pueblo ante sus ojos parecía haber renacido, como un fénix de sus cenizas y no solo eso, sino que también parecían estar festejando su suerte. A un lado del pueblo, habían encendido fuegos y a medida ella y su montura avanzaban bajo el anonimato por sus calles, la música y las fuertes voces llegaron a ellas.

Magna que nunca antes había estado en una fiesta de tal calibre, aceleró el paso de Syr y dejándola en un poste donde yacía un bebedero para caballos, se bajó de ella y la ató. No estaba en sus planes detenerse tan pronto, lo que debía hacer era internarse lo más cerca posible de su primo y su familia sin que nadie la descubriese, sin embargo, no pudo resistirse. La fiesta y la música la llamaron y viendo a la gente reunida en aquel claro bailar y saltar sobre los fuegos, no pudo más que sonreír Hacia mucho no veía a tanta gente feliz reunida a su alrededor. Miró de soslayo a su yegua y asegurándose de que estaba tranquila, subiéndose la capucha que le cubrió la cabeza se mezcló entre la gente, pasando totalmente desapercibida. Sin creerse que pudiese disfrutar de un momento así, sintiéndose irremediablemente atraída por los fuegos que habían encendido, fue hacia ellos admirando en silencio las llamas que crujían y bailaban en las hogueras. A ojos ajenos podía parecer solo una joven rezando a los dioses, nada alejado de la realidad. Desde el silencio de su mente, habló y rezó para que los dioses la protegieran de las consecuencias de sus actos y la salvaran de lo que estaba segura, ya la perseguía Se paseó entre las hogueras hasta que al otro lado del fuego una mirada atrajo su atención y se quedó quieta, paralizada. Un pequeño grupo de soldados, los pocos que debían de haberse quedado velando por la seguridad del pueblo se encontraban reunidos. De ellos salían las risotadas que se escuchaban desde la lejanía, pero no fue aquello lo que atrajo sus ojos al lugar, sino fueron los ojos clavados en los suyos del soldado mas alto y fornido de los de allí reunidos los que por unos miseros segundos que duro la intensa mirada entre ambos, detuvo hasta su corazón

Había visto antes hombres y soldados ir y venir de la fortificación. Muchas veces hasta los había visto desnudos, cuando su padre la obligaba a yacer con sus soldados mientras él los miraba, pero ninguno de ninguna otra forma, le había llamado la atención tan crudamente, como aquel soldado del que aún seguían sus ojos prendados. Y por primera vez no sintió miedo, ni temor, solo curiosidad. La misma que en una fracción de segundo se dispersó cuando aquel intercambio de miradas atrajo la atención de todos los otros y sintiéndose un conejo entre una docena de zorros, desvío enseguida la mirada. Estuvo incluso a punto de tropezar de lo nerviosa que de pronto se puso y tras pedirle perdón a una mujer con la que chocó sin querer, dio la espalda a los soldados y huyó sin más dilación. No debía llamar la atención de ningún soldado y no solo había hecho eso, si no que además estaba segura que algunos la buscarían tras su torpeza y nerviosismo latente tras atraer sus miradas. Eres una gran estúpida, se recriminó alejándose entre la gente volviendo nuevamente hacia donde había dejado a su montura y así seguir su camino, no obstante, todo cambió cuando ante ella apareció una mesa llena de comida y víveres El estomago le rugió con fuerza y sintiendo su vientre contraerse dolorosamente se acercó a la mesa donde muchas familias y habitantes del pueblo compartían los platos. Al llegar un anciano le sonrío al verla y le pasó un vaso de hidromiel para que bebiera. - Sois muy amable- murmuró devolviendo le la sonrisa y casi sin poder contenerse, de un trago la bebió entera. Estaba sedienta y aunque el licor picó su garganta, agradeció el gesto del hombre que seguidamente como si pudiera sentir el hambre que esta padecía, le acercó también un plato lleno de manjares exquisitos. Esta vez Magna se quedó sin habla y casi con miedo tomó una de las piezas y se las llevó a la boca justo cuando unas fuertes manos la tomaron de la capucha y tiraron de ella fuertemente, volteándola a enfrentarse con parte de los soldados con los que anteriormente se había topado. El mundo se detuvo y la joven tragó en seco. O habían descubierto que era una extraña, una forastera y estaba tomándose privilegios que no le pertocaban o habían descubierto quien era. Y de las dos opciones, no sabía cual era la  peor - ¿Que queréis? - les preguntó tomada completamente desprevenida,  sin nada con qué poder defenderse, solo con la comida en mano que ni siquiera había podido dar bocado.- ¿Eso es lo único que puede decir una fulana ladronzuela como tú? - Espetó uno riéndose de ella mientras barría con sus ojos su figura, haciéndola sentir la más sucia de las mujeres. Magna bufó al interpretar esa mirada, la cual conocía a la perfección  y revolviéndose contra el que la mantenía sujeta por la capucha para que la soltara, aquellos soldados se acercaron todavía más, arrinconandola. Mierda, estaba atrapada y nadie de los reunidos en la mesa parecían querer ayudarla.



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Re: A place to belong to ||Asger

Mensaje por Asger el Jue Mar 15, 2018 10:07 am

La celebración llevaba ya horas, había empezado cuando el campanario de la iglesia tocaba las doce y ya estaba la noche bien cerrada que allí seguían, rodeados de hidromiel, canciones, baile y deliciosas comidas preparadas pro las gentes del pueblo. Eran las fiestas de la zona y algunos guerreros se habían sumado al jolgorio, invitados por los habitantes que agradecían les hubieran ayudado a reconstruir el colegio, medio derruido al ser fulminado por un potente rayo. La bebida corría, las risas resonaban entre cánticos y gritos de llamada, porque con tanto jaleo, hablando nadie se escuchaba. Era una noche animada, divertida y los hombres recordaban batallas pasadas, encuentros con muchachas en tabernas, burdeles y posadas. Alguno hablaba de aquella preciosa mujer que le aguardaba en casa o de sus hijos, rebeldes como el padre, pero listos como el hambre. Eran buena gente, eran los amigos de Asger, el cambiante. Además de aquellos a los que guiaba en la lucha, a los que comandaba. Eran como hermanos de sangre.
 
Ryon estaba contando como se cargó él solo a uno oso tiempo atrás, ya ni recordaban cuántas veces había narrado aquella historia, pero lo mejor de todo y por lo que todos estallaban siempre en carcajadas, era porque el cuento nunca era igual. Siempre cambiaba algún detalle, el color del pelaje del animal, la zona donde le dio caza, los años que tenía él cuando ocurrió. El hombre estaba ya un poco cascado, anciano como diría la mujer del guerrero, pero él seguía con ganas de luchar por la libertad de un pueblo al que había visto sufrir durante demasiados años. Y aunque no era el más fuerte, manejaba el arco con suma puntería y era un valioso aliado en la retaguardia, tenía tanta valía como cualquiera de los allí presentes, alrededor de aquella mesa.
 
En mitad de la festividad, apareció una silueta encapuchada que, de inmediato, llamó la atención del cambiante. Sus ojos avellana se clavaron en ella y la siguieron, mientras ponía alerta el resto de sus sentidos super-desarrollados. La mujer que se ocultaba bajo aquella capa, giró y los orbes de ambos se encontraron. Ella pareció quedarse congelada al descubrir que la observaban y el cruce de miradas se prolongó durante unos largos segundos, antes de que la chica girara, tal vez rehuyendo la intensidad de una mirada equina. Al mirar a su alrededor, se percató que su silencio repentino, había hecho que el resto de sus camaradas buscaran qué había acaparado toda la concentración de su comandante. Para cuando ellos se toparon con la figura, ésta ya no mostraba su rostro y todos empezaron a reír y darse codazos, curiosos. Querían descubrir lo que se ocultaba bajo la oscura tela y que, claramente para todos ellos, se escondía. -Venga, muchachos, dejadlo correr.- Comentó Asger, posando una mano en el hombro de Wilbur y este negó, riendo y alentando al resto a ir a cazar al conejo. Fueron todos juntos, formando casi un muro frente al castaño para que éste no se les adelantara e impidiera la gracia que se les había ocurrido. Resopló, cediendo ante su insistencia, pues los conocía, sabía que aunque bromearan y fueran algo brutos, eran todos buena gente y en cuanto vieran a la muchacha asustada, la soltarían. Pero Heylan, tomó la delantera en el acto y se pasó de la ralla de inmediato. La chica no parecía asustada, pero él usó palabras además de acusatorias, ofensivas. Ella intentó zafarse y antes de que rodeados de fuegos y comidas ardiendo, alguien saliera herido, el equino se interpuso. -Ya basta. Soltad a la muchacha.- Sus amigos le gruñeron y abuchearon por estropear tan pronto la broma, la diversión, aunque Ryon le dio un suave golpe en la espalda en señal de comprensión cuando se llevó al resto de los guerreros de vuelta a su mesa. Asger, entonces, buscó la mirada de la desconocida, pero por el rabillo del ojo vio que algo se le había caído y se agachó a cogerlo y regresárselo. -Creo que esto te pertenece.- Miró a su alrededor un instante, antes de que sus orbes se clavaran de nuevo en aquellos hermosos entre azules y grises. -Deberías ir con cuidado, se nota a la legua que no eres de la zona y, además, te muestras demasiado esquiva. La timidez puede ser un peligro en estas tierras.- Le dedicó una amable sonrisa, esperando que no se ofendiera por su atrevimiento al comentar los fallos de su comportamiento.


Última edición por Asger el Jue Mar 29, 2018 6:59 am, editado 1 vez


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Re: A place to belong to ||Asger

Mensaje por Magna H. Dag el Miér Mar 21, 2018 5:51 am

Nunca le había gustado sentirse carnada de presa para los hombres. Quizás de jovencita, en algún corto periodo había disfrutado en silencio de como los muchachos del castillo la miraban en secreto, deseándola. Para alguien que siempre había sido apartada de todos, incluso de su propia familia, esas miradas por aquel entonces, para ella habían sido muchas veces su única salvación de no morir lapidada entre libros y lecturas. El arte de coquetear, habia sido su juego inocente hasta que su padre, la había descubierto. Allí, todo terminó. Tras la mirada de lujuria de su padre, a quien solo era una niña soñando ser mujer, todas aquellas miradas abruptamente fueron cortadas de raiz y con ellas, su frágil virginidad arrancada. No habia sido fácil sobreponerse, aún quisiera o no tenía ciertos esquemas en su mente que le impedían relajarse en presencia de hombres. No podía bajar la guardia, nunca había podido y así vivía. No obstante, a medida fue superando ciertos momentos, también aprendió el arte de mentir. ¿Pero cómo podría mentir y hacer ver que le gustaba la presencia masculina, cuando un solo bárbaro que se acercase a ella, la vería temblar como un cervatillo herido? ¿Cómo afrontar ese miedo mientras intentaba sobreponerse y pelear para que nunca más nadie la hiciera sentir de ese modo? No en Akershus, obviamente se había equivocado al acudir a esas tierras a refugiarse. Quizás los soldados de Hoor no fueran como los de su padre, pero hubo algo en los soldados que la rodearon que le pusieron el vello en punta, y sus nervios a flor de piel.

Enseguida se sintió rodeada, toda ella se alertó agudamente de lo que podía venirle a continuación. Miró a los lados presa del pánico al principio, hasta que reponiéndose, intentó hacerse la dura y les plantó cara. Uno de los más jóvenes se burló de ella y tomándola de la capucha, intentaron doblegarla. Se removió, como el conejo que corre por su vida de la persecución del lobo y justo cuando pensó en propinar una patada a la entrepierna de uno de aquellos soldados que la acorralaban, una voz grave interrumpió la reunión, provocando ipso facto, que la soltaran. Por inercia, al sentirse liberada la joven dio un paso hacia atrás, alejándose de aquellos que estaba segura no desearía conocer bajo la influencia del alcohol. Por lo menos, no más del que debían llevar en sus cuerpos aquella noche. Los miró a todos y cada uno, y solo cuando se fueron y le dieron la espalda, se permitió relajarse, aunque relajarse con aquel imponente hombre frente de ella, resultaba casi imposible. - Gracias, - susurró intentando recuperar su voz tras la adrenalina que quemaba sus entrañas, mientras tomaba el collar que siempre llevaba colgado en su cuello y que sin querer, habia estado a punto de perder. Abrió la mano para que el hombre le diese el colgando y en cuanto este estuvo en sus manos, cerró el puño y se lo llevó al pecho. Nunca antes se le había caído, aún menos roto la fina cuerda que lo ataba a su cuello. Tras cerciorarse de que excepto la cadena, el colgante estaba intacto, escuchó las recomendaciones ajenas y sonrío. Su padre siempre la había tachado de estúpida y quizas, lo fuera. Había detenido su paso por el pueblo, esperando no llamar la atención de nadie, y apenas le habían faltado unos cinco minutos para atraer una manada de soldados hacia ella.

- Siento haber sido una molestia. Tengo un serio problema con el contacto y no me suele gustar que me arrinconen, o llamar demasiado la atención. De donde vengo, no estoy acostumbrada a socializar demasiado. - Le miró a los ojos e inmediatamente que sintió esa mirada penetrante enlazarse con la suya, como si intentase descubrir que escondía tras si misma, se sintió abrumada. Aguantó unos segundos sus orbes y a continuación, desvío su mirada hacia las voces lejanas de los soldados. Ahora todos se encontraban nuevamente ante uno de los fuegos, solo que esta vez, los acompañaban jóvenes del pueblo que bailaban junto a ellos.  Sus vestidos más cortos que largos poco dejaban a la imaginación, y aquellos parecían saber como aprovechar el momento junto a ellas. - Definitivamente, nunca podré ser como ellas- dijo en un sonrisa torcida regresando la atención a la figura masculina que la había protegido, dejando atrás aquella visión que seguro la atormentaría por días, recordándole lo que en cierta parte, se había perdido. - ¿Sois de la guardia de Hoor, verdad?



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Re: A place to belong to ||Asger

Mensaje por Asger el Vie Mar 23, 2018 5:36 am

El cambiante ladeó la cabeza, un gesto que había adquirido de tanto codearse con lobos, porque los de su especie no solía mostrarse demasiado expresivos exceptuando con la mirada. Los equinos eran elegantes por naturaleza y sus orbes profundos contaban mil historias sin necesidad de palabras. Aunque en una noche cerrada como aquella y a la luz de las hogueras, poco podría apreciarse en sus dos iris color avellana. Lo que la chica decía le parecía innecesario, no porque no apreciara una buena charla o un intento de disculpa, porque era lo que le parecía, aunque no sonara como tal si se lo pensaba bien. Sino porque era de lógica para cualquiera. -Claro, a nadie le gusta que le acorralen. Pero comprende que te ves como un ratón y aquí hay muchos gatos.- Comentó, haciendo referencia a sus hombres, que aunque buenas personas en el fondo, les perdían las formas con las mujeres.

Cuando vio a la muchacha dirigir su mirada hacia un lado, giró la cabeza para buscar aquello que observaba y vio a las jóvenes del pueblo danzando y cantando con los guerreros de Akershus. Estaban de celebración, se había ganado una pequeña batalla y allí en el norte, era costumbre alabar a la fortuna cuando les sonreía, más aún como cuando en aquella ocasión, no había habido bajas que lamentar en su bando. Alzó una ceja al regresar sus pupilar al rostro de la chica, no comprendía por qué se comparaba con otras féminas, a él ella le parecía muy hermosa, aunque se intentara ocultar con una capucha. -Sí, soy comandante de una de sus guardias y los felinos que antes acorralaron a este tímido roedor, son mis hombres. Me disculpo en su nombre y espero que no se lo tengas en cuenta. No son muy duchos en el trato con las damas.- Le dedicó una sonrisa que mostraba caballerosidad y picardía a partes iguales. Asger era un galán y se le daban muy bien las palabras, más casi que la batalla. Y no por ser mediocre había alcanzado el rango que tenía en las tropas de Höor. -¿Por qué no comes?- Comentó con cordialidad tras escuchar como a la joven le rugían las tripas. Sus muchachos la habían interrumpido cuando iba a probar bocado y, aunque no sabía de dónde venía ni por qué una chica viajaba sola y famélica, no deseaba que en una noche de fiesta como aquella, nadie desfalleciera por no comer aquello que las mujeres de la aldea con tanto afán y cariño habían cocinado. -Prometo que no volverán a asaltarte mientras yo esté aquí.- Se llevó la mano al pecho, justo allí donde se podía notar que palpitaba su fuerte corazón. Era un hombre de palabra y pensaba cumplirla. Para que viera que no tenía intención de incomodarla, él mismo se inclinó hacia la mesa cogió una manzana. Al volver a erguirse, regresando a su posición original, le dio un sonoro mordisco y masticó tranquilamente con la boca cerrada. El que había ejercido como padre para él, aunque fuera un pobre ebanista, le había enseñado buenos modales y cuando no estaba rodeado por sus amigos y de jarana, procuraba no perder las formas.


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Re: A place to belong to ||Asger

Mensaje por Magna H. Dag el Sáb Mayo 12, 2018 6:21 am

Era la primera vez que un desconocido la llamaba ratón o se dirigía a ella de esa forma y aquello, aquella sencilla tontería, logró arrancarle la primera sonrisa en toda la noche. Llevaba tantos días huyendo, que aquel simple gesto se le hizo extraño. ¿Cuanto hacia que no sonreía? Y reírse a carcajadas? La ultima vez que podía  acordarse había sido de pequeña, antes de ser encerrada de por vida. Luego ya todos sus juegos, cualquier sonrisa se había visto apagado por la infernal situación que había pasado. A raíz de todos esos sucesos, en ese momento en que se encontraba a solas con él, no sabia que hacer ni como reaccionar. Había tenido muy poco trato con hombres, para no decir un trato nulo con ellos, y con los que había tratado, siempre habían buscado otras cosas de ella, por lo que hablar no era su fuerte ni por asomo, aun así, intentó relajarse y ante esas promesas de que nadie volvería a acercarse a ella mientras estuviera él allí, destensó cada uno de sus nervios y se tranquilizó. El hombre parado ante ella no parecía ser como los demás, entendió enseguida. Allí donde los hombres eran patanes y libidinosos, él era un caballero. Se mantenía serio y erguido a una distancia prudencial de ella, como si pudiera leer su inquietud sin necesitar las explicaciones de ella y la observaba fijamente entre la noche oscura. Su mirada era no solo muy intensa, parecía quedarse clavada en sus ojos y aunque no podía ver bien el color de sus ojos, estos parecían brillar ante la oscuridad reinante.

-No debería detenerme mucho tiempo... -dijo finalmente intentando luchar consigo misma para irse, a la vez que contradiciéndose tomaba de entre sus manos sin poder evitarlo una manzana como él y se la llevaba a la boca. Masticó lentamente la manzana conociendo de antemano lo peligroso que podía ser comer con gula o con mucha hambre sin masticar correctamente y mientras saboreaba la dulce manzana, centró toda su atención en él nuevamente. Sus ojos la miraban tan fijamente, que parecían no tener que parpadear. Era extraño... curioso. En cualquier otro momento se hubiera sentido intimidad, ahora lejos de hacerlo, se sentía reconfortada. - Si no te molesta mi pregunta; como se siente ser general en estos tiempos? - preguntó tomando con la otra mano un poco de pan y queso. -Desconozco como debéis estar por esta zona, más allá de donde vengo, es un infierno diario. Por eso mismo estoy huyendo... quiero alejarme todo lo que pueda de la guerra, aunque tenga para eso que andar muchos días sin nada que llevarme al estomago -añadió lo ultimo con una ligera sonrisa al tiempo que otra vez, su estomago rugía para consternación de ella. Le esperaba una buena travesía por delante, si deseaba traspasar las fronteras de su primo y esconderse más allá, donde nadie pudiera reconocerla. Así que todo lo que hoy pudiera comer, sería bienvenido.



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Re: A place to belong to ||Asger

Mensaje por Asger el Jue Mayo 17, 2018 8:36 pm

Por el movimiento inquieto de sus pupilas y la posición de sus pies, el equino sabía que aquella muchacha estaba nerviosa, tenía miedo. Y, aunque era lógico después del acorralamiento sufrido por sus hombres, algo le decía que la cosa iba más allá de lo que aparentaba. La observó tomar la manzana y sus orbes avellana se clavaron en los labios secos y agrietados de la joven. Se notaba que había pasado sed en los últimos días, porque el clima en Akershus no era precisamente seco como para que se vieran de aquel modo sus carnosidades.

Tragó al escuchar la pregunta y se limpió la boca con el dorso de la zurda. Tenía buenos modales, pero seguía siendo un vikingo. -Es una gran responsabilidad en estos tiempos que corren. Tus decisiones son críticas para tus hombres, sus vidas están en tus manos, igual que el destino de sus familias y del pueblo entero.- Podía estar de celebración con los chicos, pero se tomaba muy en serio su trabajo y quería a esos cabrones, así que perder a uno en la batalla era algo que ni se planteaba, aunque muchas veces fuera inevitable.

Enarcó una ceja cuando hizo aquel comentario, no teniendo muy claro si lo decía o no en serio. -¿Crees que existe un lugar sin guerra en estos tiempos?- La credulidad de la muchacha le sorprendía, no sabía si era muy ilusa o si rebosaba fe que al resto de la humanidad le faltaba. -Son tiempos de lucha, ni aunque caminaras meses lograrías encontrar un lugar sin batalla.- Asger estaba convencido de ello, porque en el mundo no podía haber sólo un Randulf, estaba lleno de tiranos y cada país tenía el suyo que oprimía al pueblo. -No sé de lo que estás huyendo, pero muchos en Akershus se refugian buscando asilo. No es que seamos muy dados a la iglesia, aunque sí muy creyentes en nuestros dioses. Pero es un buen lugar para empezar de cero y si cruzas al otro lado, no creo que te espere tampoco nada bueno. Randulf ataca por todos los flancos, no sólo por el que colinda con su “reino”.- Quedó marcado un claro tono despectivo al usar aquella última palabra, pero no podía evitarlo, lo que aquel déspota llamaba reino, para los nórdicos era un campo de experimentación y tortura para los suyos.


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