Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

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Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Mar Mar 13, 2018 4:36 am

Giusto ciel in tal periglio


Nunca había pasado tanto tiempo sin hablar con su hermana. Desde aquella horrible confesión acerca de sus tratos íntimos con un esclavo, Julie había terminado de romper un lazo por demás frágil entre ambas: no iban ya a la par. Atrás había quedado esa complicidad natural entre ambas y todo aquello que una vez las unió, como el amor y la confianza, ahora no eran nada. Fleur había sido implacable, si bien, guardó el abominable secreto de Julie, el trato con ella lo reservó solamente para las apariencias. En presencia de su tía o de Mamade Renoir la trataba como siempre, pero a solas eran completas desconocidas. Ya no practicaban tampoco sus hechizos y eso fue notorio, ambas eran más débiles separadas, pero la disciplina de Fleur le costeaba esa baja de poder; su hermana quizás tendría más batallos, porque no estudiaba ni dedicaba el tiempo debido.

El humor de Fleur fue peor cuando ambas fueron enviadas a la casa de campo para una fiesta celebrada en una de las casas vecinas, una vieja amiga de las mellizas que cumplía sus diecisiete años y quería que ellas estuvieran presentes. Ir a aquel lugar representaba lidiar con los esclavos aunque fuese solamente para verlos trabajar de paso al jardín o las caballerizas, la sola idea de toparse con el esclavo con el que Julie se había... Supuso para Fleur una tortura. Se le revolvía el estómago sólo de pensarlo y la mirada en sí se le llenaba de asco hacia su hermana. No la comprendía, en eso no, quería entender sus razones para experimentar, para querer sentirse viva mediante esos actos, pero había límites, mismos que Marion había pisoteado, junto al corazón de Fleur. Días antes de partir, Fleur había dispuesto su baúl para que lo llevaran de una vez hacia la casa y así viajar más ligeras, en realidad lo que deseaba era irse sola, porque se negaba a compartir durante tanto tiempo el coche con Marion y, valiéndose de todas las artimañas que poseía, logró el beneplácito de su tía y muy temprano salió junto a Gertrude hacia la finca. La habitación donde se estaba quedando, la cerró con llave y no dejó ni una nota ni ningún aviso para Marion, ni siquiera esos cálidos recordatorios de que llevara guantes suficientes o sus cosas para las noches en el bosque.

Al llegar a la finca, dispuso también que llevaran sus cosas a la habitación de sus padres, lo suficientemente lejos de Marion, desde ahí además, no eran visibles las barracas de los esclavos, pero el jardín que colindaba hacia el majestuoso bosque. La mirada oscura de Fleur siguió el trayecto de memoria hacia el lugar donde, desde niñas, su hermana y ella huían por las noches para dar rienda suelta a su propio poder, haciendo que las luces de las pocas luciérnagas se multiplicaran por miles, envolviéndolas, acompañándolas mientras crecían y reían; ahora nada de eso quedaba, nada de eso estaba ni estaría más. Marion ya no era la misma, era una simple humana más... Un gesto de desagrado se fijó en sus labios y cerró las cortinas de un solo movimiento, comenzando a deshacer el baúl. Evitó lo más posible salir de la habitación, pero al hacerlo y encontrarse con los esclavos, no fue de ninguna manera amable con ellos, si bien, su trato nunca fue duro con ellos, al menos tenía por costumbre saludarles o darles migajas de pan cuando salía y los cruzaba, esa ocasión, evitó mirarlos y se dirigió a ellos como la ama, solamente. Un par de días después llegaron su tía y Marion. Fleur las recibió como siempre y comieron de forma amena en el jardín, charlaron de los últimos detalles y a simple vista, entre las mellizas todo parecía estar normal, Fleur compartió su tarta con ella y la leche servida por una de las esclavas.

La fiesta sería la noche siguiente así que esa tarde debían preparar los últimos detalles, pero en cuanto la tía se dio la vuelta, Fleur dejó de sonreír y se retiró, para preparar sus cosas, sola. Por la noche, saldría al bosque, como antes, llevando en un canasto pequeño todo lo necesario para practicar por su cuenta, aún ante la prohibición de su tía quién había sido advertida de presencias ajenas por los jardines. La prohibición era más bien, no salir al jardín después de que el sol se ponía, sería peor de noche, pero Fleur no avisaría y como siempre, iría a los lugares que conocía bien, en donde se sentía a salvo, aunque sola, negándose a extender la invitación a Marion quien seguramente tendría sus propias cosas que hacer. Envuelta en una gruesa capa oscura que la cubría de pies a cabeza, Fleur arrastró los pies por entre el pasto helado hasta la línea que dividía sus jardínes del bosque, atravesando como proeza heroica, sintiéndose casi tan temeraría como la misma Julie. Al llegar al lugar donde sus risas infantiles aún podían escucharle, sintió un escalofríos recorrerle desde la nuca hasta los tobillos, encendió con premura una chispa, depositandola en una de las velas y las otras dos que llevaba se encendieron al unísono, sin que ella las tocara. Tragó grueso y miró el bosque, después alzó el rostro hacia el cielo que apenas podía ver entre las densas copas de los árboles; un aroma a humedad la invadió y cerró los ojos, sonriendo a pesar del repentino miedo. —Querida madre—, murmuró. —Tú llenas la tierra con tu belleza... Muéstrame tu rostro...


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Howl el Mar Mar 13, 2018 5:27 am


Aquella mañana, Howl fue Gyuri, un comerciante gitano de clase media. Aquella noche, la luna llena lo convertiría en Howl, el lobo del ensordecedor aullido. Un discreto almanaque en la estancia de la casa así lo indicaba. Gyuri lo tenía para eso, para calcular sus inevitables transformaciones y así, huir de la ciudad a tiempo para que nadie lo viera y que nadie saliera lastimado en una de sus incontrolables reacciones violentas.

Partió a caballo antes del atardecer, buscando estar completamente fuera de París cuando la transformación ocurriera. Enfiló hacia el bosque, donde no sólo se sentía a gusto, sino que también —y especialmente— era un espacio solitario por las noches, y por ende, había menos peligro de que dañara a alguien. Tenía un lugar específico al que ir. Una cabaña abandonada en medio de una arboleda en donde se refugiaba una vez que regresaba de su transformación. Allí guardaba la ropa para volver vestido a la ciudad y tenía, a poca distancia, un río para bañarse y beber agua si así lo deseaba.

Descendió del caballo aún en movimiento cuando divisó la construcción, y lo soltó sin más. Normalmente no se iba, podía amarrarlo a un tronco para cerciorarse de que no escapara, pero prefería que tuviera la oportunidad de correr por su vida si lo atacaba un animal más grande mientras él no estaba (o él mismo, quién sabía). Además, lo dejaba libre para que fuera al río a beber agua si lo necesitaba y a buscar comida si tenía hambre, como un caballo salvaje. Él por su parte, entró en la cabaña y se desvistió poco antes de que cayera la noche para no romper sus prendas cuando su cuerpo cambiara de una forma humana al de una bestia lobuna.

No supo a qué hora eso ocurrió, o si siempre sucedía a la misma hora, lo único que supo es que dolió y que cerró los ojos y cuando los abrió, desnudo hecho una bolita en el suelo, éstos ya estaban claros, como transparentes. Se encontraba lejos ya de la cabaña, pues no quería matar a su propio caballo. No sabía bien dónde porque, como lobo, se desorientaba bastante, ya que su sangre parecía hervir con una corriente de violencia que esperaba ser aplacada mediante ataques.

Tuvo la oportunidad de hacerlo, en defensa propia de hecho, cuando él mismo fue atacado en algún momento de la misma noche, por un par de cazadores que andaban por ahí. Le dispararon con una bala de plata y entonces supo que debía finalizarlos de una vez, moriría si le acertaban con otra, así que esquivándolas como pudo, tomó el riesgo, los rodeó a toda velocidad por entre los árboles y les saltó por las espaldas para descuartizarlos con las garras. Pero Howl quedó herido, y la plata impedía que se regenerara o al menos enlentecía demasiado el proceso. Sufriendo, empezó a caminar sin un rumbo concreto, sólo quería tomar distancia de la escena. Muchos metros más adelante, no aguantó más y cayó, pesado, en un montón de hojas secas, gimiendo como el animal herido que era.


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Mar Mar 13, 2018 6:12 am

Alrededor de Fleur, comenzó a formarse un círculo de luciérnagas que danzaban en espirales complicados, un viento fresco y húmedo le removió los cabellos sueltos, cubriendo la visibilidad ganada gracias a las luces de las velas y las pequeñas lucesitas tintineantes y verdosas. Puso sentir la tierra bajo sus pies ya descalzos aferrándose a ella y a través de las hojas, vida la recorría, conectándola con la madre tierra. Sintió los ecos resonar en su vientre, viajando por su torrente sanguíneo hasta colmarla. Era esa conexión sagrada que podía compartir también con Marion (y seguramente la estaba sintiendo), pero que en ese momento, solamente le pertenecía a ella. Sin embargo, de improvisto, las luces se apagaron y quedó completamente a oscuras, el viento dejó de ser gentil y se transformó en violentos remolinos que levantaban las hojas hacia el cielo, como si buscaran esconderla de lo que sucedía en la distancia. Los cascos pesados de varios caballos rompieron el silencio y los relinchos obscenos se extendieron por todo el ambiente hasta llegar a ella. Cerró los ojos y permaneció inmóvil, el temblor debajo de sus pies le decía a qué distancia estaban y ésta se hacía cada vez más corta, más y más.

Pasaron a cinco metros de ella, pero no eran caballos, eran un par de pisadas aún más fuertes, pesadas e indómitas, el resoplido de una bestia herida la hizo abrir los ojos y ver bajo la escasa luz que se filtraba desde la plateada luna, la figura descomunal de algo que la hirió de inmediato, a su mente llegó el recuerdo de sus pesadillas, donde una bestia la devoraba. Fleur se echó al suelo, abrazándose las rodillas y echando mano de una de sus mejores habilidades, logró crear la ilusión de que ahí no había nada. La bestia corrió en su dirección y pasó a un par de metros a su lado, los caballos que lo seguían de lejos, se desorientaron de pronto. Lo que más la asustó fueron los ladridos de perros embravecidos, eran cazadores. No escuchó más, el galope de los equinos despareció poco después y no hubo nada más que silencio por espacio de cuarto de hora al menos, nada... Fleur permanecía en la misma posición, agotada, acabó con el hechizo y se dejó caer sobre las hojas heladas y enmohecidas, convirtiéndose en una herida pálida sobre la negra espesura del suelo revuelto. Comenzó a rezar y a llamar a Marion entre sollozos, escuchando gritos atroces que tan pronto como vinieron terminaron. Fleur permaneció quieta, apenas respirando y después se levantó, ausente.

Olisqueó el aire y éste le heló la nariz, tomó la larga capa y se cubrió con ella, comenzando a caminar en la misma dirección que aquella atroz visión había tomado. A su paso, las hojas crujían impidiendo que pudiera pasar desapercibida. Dentro de su cuerpo, una revolución iba suscitándose; en su alma era peor, el temor se mezclaba con algo más que en ese momento no tenía nombre, aunque rebuscara en cada página leída hasta ese momento, no podría atinar a describir lo que sentía en el estómago, en las manos que apretaba para que esa sensación no la dominara entera. Llevaba los ojos muy abiertos, como un pequeño ciervo que estaba a punto de ser devorado, se encontró entonces en la misma escena recurrente de su sueño, el gimoteo de un animal herido la engañó, había escuchado perros, quizás era uno de ellos, por eso se acercó rápidamente y en cuanto una de las nubes que cubría a la luna se retiró, pudo ver la enorme y monstruosa extensión a la que había llegado. De la impresión soltó un gritito ahogado y cayó de espaldas, arrastrando los pies para alejarse, mientras respiraba con la boca abierta y el miedo le llenaba la sangre. Debía escapar, salir corriendo lo más rápido que sus pies le dieran pero no le respondían las piernas.

Pasada a medias la sorpresa, pero no superado el miedo, torpe por la temblorina, se inclinó hacia delante y estiró una mano hacia el animal, ¿eso era un animal? Ninguno que hubiese visto en alguna enciclopedia o almanaque, nada igual, nada parecido. Respiraba de forma entrecortada y seguía gimoteando. —¿E--estás herido?—, preguntó lo obvio, sintiendo que su voz le encogía las tripas por lo fuerte que sonaba en la noche tan calmada ya. Se mordió el labio inferior y se acercó, aún con la mano estirada hasta tocar lo que parecía ser la prisión de costillas, anchas como las de un caballo, oscuras y brillosas quizás por la sangre, porque al retirar la mano, vio que humedad oscura había entintado su palma. —¿Fueron los cazadores, verdad? Malditos...¿Qué hago?, pensó, mirando hacia un lado y otro, intentando medir al animal. Una de sus patas traseras estaba cerca de ella y por curiosidad acercó la mano, midiéndola, un solo golpe bastaría para destrozarla, debía irse de ahí, pero no quería.


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Howl el Mar Mar 13, 2018 7:21 am


Estiró una garra y la clavó en la tierra, ¿acaso iba a morir? Se arrastró por el suelo, ensuciándose de lodo, mientras percibía unos pasos delicados no tan lejanos, cada vez más cercanos, de hecho, ¿más cazadores? Imposible, no con ese perfume, era perfume de mujer y no de cualquier mujer, asimismo percibía un sonido de suave arrastre, eran las telas de su vestido mientras se movía; y pronto vio también un aura, recibió una buena vibra y no tuvo miedo, excepto por ella, por lo que él mismo podría hacerle si se recuperaba mínimamente.

Entonces la oyó gritar y la notó caer y pensó que huiría y eso sería todo. Pero no, ella se quedó y no sólo eso, se acercó, aunque era diez veces más pequeña que él y él fácilmente podría despedazarla de un sólo zarpazo. Chica valiente, pensó la mínima parte racional que le quedaba, y de haber podido sonreír, lo habría hecho. Comprendió sus palabras, pero no podía responder con el aparato fonador de la bestia, con el que sólo logró emitir gruñidos y pequeños aullidos de dolor.

Sintió cierto alivio cuando le palpó las costillas, pero lo que realmente necesitaba era que le quitara la bala y eso no ocurrió. La chica le prestó atención a una de sus patas, ¿por qué? La movió bruscamente, como un perro que tiene un mal sueño, hasta que consiguió apoyar la planta en el suelo y, dándose la vuelta rápidamente, despegó, echando a correr aunque sólo por unos metros, enseguida tropezó con sus propias patas y cayó, incapacitado por el dolor y la sangre que estaba perdiendo. “Voy a morir”, pensó, y se tendió boca arriba, mirando hacia el cielo nocturno a través de las copas de los árboles que armaban un círculo imperfecto alrededor de la luna llena.
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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Mar Mar 13, 2018 7:48 am

Dio un respinguito cuando la pata de la bestia se movió con tal brusquedad, los enormes ojos de Fleur recorrieron el pelaje y retirándose, lo vio anclar las patas en el suelo para salir corriendo. —¡No, espera!—, lo llamó, como si llamara a uno de los caniches de su tía, aunque aquel animal estaba lejos de ser uno de aquellos pomposos perritos que ladraban para despertar a toda la casa. Ella se levantó y corrió detrás del animal hasta que lo vio caer de nuevo, detuvo su carrera y consideró volver a acercarse, pero en cambio, giró y se dirigió de nuevo hasta el lugar que ella ocupaba antes de todo aquello, rebuscó en la oscuridad sus cosas y prendió de nueva cuenta un par de velas, las cuales hizo fijó en la tierra húmeda, mientras ella pasaba rápidamente las hojas de uno de los libros que había llevado. No encontró nada que consideraba podía servirle, así que tuvo que echar mano del otro libro que llevaba oculto en pastas falsas, un poemario para señoritas castas que en realidad guardaba una guía sobre nigromancia, mismo que Madame Renoir le había confiado.

Tomó las velas y conjuró para llamar de nuevo a la madre tierra, la cual vibró debajo de sus pisadas rápidas, poco a poco, fueron emergiendo un montón de luciérnagas y alumbraron su paso hasta la bestia que seguía tirada, respiraba aún, podía ver el vaho de cada una de sus exhalaciones. Las luces verdes se cuadriplicaron, iluminando en su totalidad a aquel ser que terminó por aterrarla y así, temblando y sin saber exactamente a qué espíritu obedecía, comenzó a buscar la fuente del mal del ser. La sangre que emanaba a borbotones provenía del costillar, la peste a cuerno quemado la guió, estaba quemándose pero no veía fuego. —Madre... Tuyos son todos los seres que pisan la tierra—, comenzó a decir, inclinándose de rodillas a un costado del animal, arriesgando así su vida, un mal golpe, un zarpazo, cualquier cosa podría cumplir esos sueños de pesadilla que la perseguían de niña, ¿por qué no corrí?, se preguntaba, mientras recorría suavemente la piel oscura y cubierta de pelo mojado en sangre. Madre, si he de morir, por favor, protege a Marion de ella misma, por favor... Por favor—, musitó, dejando en blanco los ojos mientras el contorno de su pequeña figura se iluminaba y al menos dos voces diferentes emergían de ella.

Sus manos, pequeñas, buscaban alrededor del abdomen algo que estaba ahí y emanaba mala energía, algo que no debía estar, algo que estaba sesgando la vida que ambos representaban. Fleur no era fuerte físicamente y eso le pasaría factura, sin duda, pero estaba obedeciendo a un designio que la llamaba quizás de mucho antes de que naciera; si moría, lo haría cumpliendo su destino, si vivía, sabría el por qué de aquel lazo. Los ojos, completamente en blanco, se fijaron en un punto de la nada y las voces que emergían de ella callaron. Su diestra se abrió paso entre las costillas y fuertes lazos nacidos de la tierra sometieron las garras del animal. La plata al ir saliendo iba quemando, sin cauterizar la herida, sino haciéndola más dolorosa, para ambos. Fleur no paró hasta tener entre sus manos la enorme bala, la cual dejó a un costado de ella. Las luciérnagas desaparecieron y ella cayó hacia atrás, inconsciente, a oscuras. Estaba en un lugar oscuro, muy parecido a la muerte, frente a ella, una mujer joven de cabellos rojos que se acercó para abrazarla, conteniéndola en sus brazos hasta volverla recién nacida.

Muy bien, mon petit Fleur, lo hiciste muy bien... Ahora duerme, duerme tranquila, mamá está aquí...


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Howl el Mar Mar 13, 2018 10:39 pm


No entendió lo que hacía esa chica sino hasta que la quemazón en su cuerpo fue aminorando. Supo, entonces, que sus intenciones eran buenas. Cerró los ojos y aulló muy fuerte cuando ella le sacó la bala, tanto que pudo haberle reventado los tímpanos, y de hecho la vio caer hacia atrás y la notó inconsciente después, ¿la había lastimado?, ¿a ella, su salvadora? Se volteó como pudo y la movió con el hocico, cada vez más débilmente hasta que, sin darse cuenta, cayó dormido a su lado.

La alborada acarreó con ella una lluvia de rocío y Howl amaneció como Gyuri, con el cuerpo humano desnudo y pálido cubierto de éste. Tiritaba de frío, y buscando el calor, se arrastró un poco más hacia una fuente cercana que lo emanaba, antes de darse cuenta de que ésta era un ser humano. Una muchacha que por sus ropas debía ser de clase alta, una muchacha que no sabía de dónde había salido pero que él inmediatamente temió haber asesinado estando convertido. Retrocedió, y al hacerlo sintió un fuerte dolor en las costillas. Miró hacia abajo y notó una herida abierta, pero no mortal, era como un pequeño hueco en la carne que ardía. Una bala de plata yacía en el suelo barroso, y pedazos de recuerdos titilantes invadieron por brevísimos instantes su cabeza. Nunca podía recordar lo que hacía o lo que pasaba mientras estaba convertido, pero todo indicaba que esa bala había estado dentro de su cuerpo lobuno, esa chica probablemente lo había salvado al quitársela y él ¿la había atacado?

Se arrastró nuevamente hacia ella, colocándose una mano en la lesión. Advirtió que no había sangre en su cuerpo o en su vestido, ni la clase de heridas fatales que él podría haberle provocado, al menos a simple vista. La olfateó buscando algo más, pero todo parecía normal, salvo porque ella tenía el perfume más hermoso que hubiera percibido jamás. Aun así, parecía que necesitaba ayuda, pero ¿adónde la iba a llevar, desnudo como estaba? ¿Y cómo explicar las circunstancias en que la había encontrado?

¿Qué hago?— murmuró, mirando hacia un lado y hacia el otro.
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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Miér Mar 14, 2018 12:14 am

La visión de Joyce desapareció poco a poco, esfumándose entre los colores oscuros que iba desapareciendo el alba conforme llegaba, sin embargo, la sensación de saberse protegida y amada por su madre le alivió el profundo cansancio que sentía. Sin estar consciente de cuánto tiempo transcurrió en oscuridad, Fleur fue despertándose poco a poco, como si regresara de un largo viaje en donde conforme más lejos iba, más bienestar encontraba. Incluso soñó, en determinado momento de su trance, se vio a sí misma y a su hermana corretear por el bosque impregnado de flores blancas, junto a un enorme perro de ojos rojos que las seguía con diligencia, como si las protegiera. No tuvo más miedo de aquel animal, porque en su interior reconocía su figura aunque no fuese la misma que otras veces la aterrara por las noches; al contrario, había tal lazo entre ellos, que incluso en medio de aquella visión era visible, como un hilo dorado o en llamas que brillaba con cada halo de luz que se colaba desde el cielo.

Sin embargo, poco a poco fue despertando, encontrando que no había verdes ni sol alguno, sino mucho frío alrededor de ella. Abrió los ojos poco a poco, hiriéndose con la blancura del cielo, lo cual la hizo alzar la mano para cubrirse. Se quejó en voz baja y a tientas, comenzó a sentarse, moviendo cada extremidad para asegurarse que fuera dueña de todo su cuerpo; con lo que no contó en todo ese proceso, fue con que a su lado habría un hombre. Fleur parpadeó un par de veces queriendo enfocar la mirada y cuando lo hizo, los cabellos castaños caían sobre un cuello largo, hombros, brazos, pecho... Se dio cuenta de la falta de pudor del otro y lanzó un grito ahogado hacia dentro, mientras, horrorizada, se daba la vuelta y se cubría los ojos. —¡Dios mío, por amor del cielo, cúbrase!—, chilló, removiéndose para poder ponerse en pie, cubriéndose ella misma pues llevaba la ropa ligera de campo y además, el rocío de la mañana la había pegado a su piel, dejándola visible. —¡Qué vergüenza, Dios mío!—, siguió quejándose, sin recordar lo que había sucedido la noche anterior. Lo supo porque rápidamente su cabeza comenzó a formular muchísimas preguntas, ¿quién era?, ¿de dónde había salido?, ¿por qué estaba ahí y no en casa?, ¿qué había sucedido? Se levantó y miró el rastro de cera consumida sobre su libro de poesía, pegado todo a un montón de hojas caídas.

¿Qué sucedió?—, preguntó, llevándose una mano a la cabeza, mareada al tiempo que caía de rodillas al suelo, sin hacerse daño realmente, sólo terriblemente confundida. Recordaba las luciérnagas y mucha oscuridad, pero nada malo, nada que la hiciera gritar. Volteó hacia el hombre y de nuevo, se giró rápido, evitando mirar más de la cuenta. —¿Quién es usted?... ¿Debo gritar por ayuda?—, consultó, aunque ésta al parecer cayó del suelo. A lo lejos, la manada de mastines de la finca se escuchó ladrar en dirección a ellos, en casa seguramente la habían hecho de menos, eso quería decir que era tarde, muy tarde... Miró el cielo encapotado que dificultaba la consulta de la hora gracias a cualquier sobra y maldijo. —Tiene que irse, esos perros pueden despedazar a un ciervo si se lo proponen—. ¿Por qué estaba ayudándolo? Al momento de apoyar una mano sobre la tierra para levantarse, sintió la dureza de algo oculto y lo tomó entre las puntas de los dedos... Una bala, plata, musitó, recordándolo todo de golpe. Con los perros ya tan cerca, Fleur volteó a ver al hombre aunque más bien miró hacia arriba, notando de reojo la figura masculina. —No... No sé si estoy haciendo bien pero... Tome ese camino—, apuntó hacia el sur. —Hay una vuelta enmarcada por un espino, si lo sigue llegará a un lugar seguro... Vaya ahí, confíe en mí.


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Howl el Miér Mar 14, 2018 3:45 am


No hizo falta hacer nada, por fortuna. La joven despertó por sus propios medios y parecía estar bien. Gritaba como un recién nacido completamente saludable, al menos. Para los oídos hipersensibles de Howl, fue una tortura. Se los tapó con las manos, frunciendo el ceño, molesto.

¡¿Con qué?! —preguntó, nervioso ante los chillidos, cuando ella le ordenó que se cubriera, mirando a los alrededores para ver qué podía utilizar. Finalmente, estiró un brazo para arrancar una hoja bastante grande de una planta cercana y la colocó sobre sus partes íntimas. Luego, como si una vez hecho eso sí pudiesen conversar, admitió desconocer también lo que había ocurrido—. Creo que me balearon —fue todo lo que pudo decir, agachando la cabeza para mirar la herida que tenía en el abdomen—. Pero voy a estar bien —afirmó. Necesitaba un par de puntadas nada más. Sabía hacer eso, no sería fácil, pero tampoco era imposible. En la cabaña tenía los elementos necesarios, recordó.

No le contestó cuando le preguntó quién era, no le convenía que lo supiera, así que no le dio ningún nombre. Negó que fuera necesario ir por ayuda y eso fue todo, ahora debía dejar el lugar y esperar no ver nunca más a esa desconocida que conocía su secreto.

Sólo una última cosa… —Se llevó el índice a los labios indicándole que quería que guardara silencio acerca de lo que había visto y vivido ahí esa noche.

Fue entonces que percibió la presencia de los perros, no sólo a través del oído, sino a través del olfato. Se levantó rápidamente, sujetándose la hoja sobre la entrepierna. Asintió con la cabeza ante lo que decía la muchacha y salió corriendo. El lugar que ella marcaba tenía toda la pinta de ser nada más ni nada menos que la cabaña abandonada del bosque que él utilizaba como refugio. Reconocería aquel espino aunque tuviera los ojos vendados, pensó. Además, oyó a lo lejos el relincho de su caballo que percibía también a los perros a la distancia y estaba nervioso. Apuró el paso y arribó justo a tiempo para contenerlo. Luego, entró en la cabaña y buscó ropa y una botella de whisky para desinfectar la herida.

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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Miér Mar 14, 2018 4:40 am

Fleur levantó el libro del suelo y lo aferró fuertemente contra su pecho, dándose la vuelta para correr en dirección a los mastines quienes la reconocieron de inmediato y, así como su imponente estampa infundía terror, al ver a su ama la tensión de sus mandíbulas se liberó y comenzaron a danzar a su alrededor, emitiendo quejiditos de gusto y lloriqueos para ganarse una caricia de las delicadas manos de la hechicera. Los capataces del castillo llegaron poco después y miraron atentos la silueta femenina envuelta en bestias que ladraban, advirtiendo de miradas salidas que no pertenecían a su rango y condición. —Bonjour, Monsieurs—, saludó, mientras caminaba torpe entre los perros. —¿Por qué están los perros afuera?—, preguntó con razón, esperando que ellos bajaran de los caballos para reverenciarla como debían, lo hicieron al notar su mirada juiciosa y severa.

—Anoche estaban muy inquietos, pero nadie los sacó y por la mañana los esclavos avisaron que se habían escuchado ruidos en el bosque, creíamos que eran extraños, no uste...

¿Yo?, aunque esto no es de su incumbencia, le aviso que yo salí más temprano para caminar un poco debido a la fiebre con la que desperté, ahora, por favor, sea tan amable de devolver a los perros a su lugar y darles bien de comer.

Ninguno de los animales obedeció al capataz, prefirieron seguirla a ella hasta la barraca de los esclavos donde les gruñeron a estos y deambularon hasta que ellos solos decidieron entrar a sus perreras; Fleur en cambio, apresuró el paso para no llamar más la atención aunque sin duda, sus actividades de madrugada iban a llegar a oídos de su tía. Subió las escaleras lo más rápido posible y tocó la puerta de Gertrude pero ella no estaba, caminó unos metros más hasta llegar a su propia puerta y abrió, encontrándose con un vestido listo, lo mismo que la bañera. Había sido ella, Gertrie, sabedora de las actividades de las mellizas y perpetua celadora de tales secretos, Fleur se deshizo de la ropa más que sucia y entró en el agua caliente que la reconfortó hasta hacerla sentir casi como siempre. Lavó su cabello también y cuando sintió que el agua comenzaba a atemperarse, salió de ella para comenzar a vestirse, para ese entonces, una de las esclavas había llegado para ayudarla. No conocía su nombre pero ella siempre había estado en la casa, era joven, unos dos o tres años más grande que las mellizas, amable y bonita, no tan oscura. Gertrie decía que era mulata y que no tenía lengua porque nunca hablaba y por eso la dejaban vivir ahí.

Después de quedar vestida, se le avisó que debía bajar a desayunar y así lo hizo. Su semblante era otro, menos hosco incluso con su hermana a la que tuvo la inquietud de hablarla, pero no quería... Se mordió la lengua más de un par de veces al intentar abordarla después del desayuno y almuerzo, reprimiendo las ganas de compartir aquel secreto que ya no sólo involucraba a ese hombre, sino también avances en su poder y eventos nuevos que debían ser compartidos. Para esa tarde tenía programada un par de visitas pero se retiró antes de la comida, pidiendo que ésta fuese subida a su habitación, ración doble pidió, sorprendiendo a todos. Cubrió con`pañuelos la bandeja y bajó en silencio a la hora en la que todos estaban en sus propios menesteres, casi dando las cuatro de la tarde. No llevaba nada más que eso y la cabeza cada vez más llena de preguntas hacia sí misma. Cada paso que la alejaba de su hogar y la acercaba más al bosque, representaba para ella una especie de escalera en descenso, ¿esto sentía Marion?, pensaba, mientras se detenía y observaba la entrada al bosque, cuando cruzó la línea, se supo más allá del miedo y la pericia; lo que estaba haciendo no estaba bien. Se detuvo de nuevo, cada vez más cerca del lugar donde había pedido al hombre que estuviera. ¿Y si no estaba? Acarició esa posibilidad con alivio pero también con muchísimo pesar. ¿Por qué?

Porque tenía preguntas, demasiadas y eso era lo que la estaba enfermando. Se sentía afiebrada y débil hasta que de improvisto, a escasos cien metros, logró ver el lugar. Tragó grueso y dio el primer paso, rompiendo una varita que hizo eco a su alrededor. Maldijo en voz baja pues se había asustado ella sola, no podía seguir dudando, justificó su comportamiento como el de cualquier buena persona que busca el bienestar del prójimo, pero su mente le decía que habría sido mejor enviar a alguien pero... ¿Y si ese hombre era eso? Tenía la herida, estaba en el mismo sitio, todo lo que Madame Renoir les había contado a las mellizas se hizo real y no solo cuentos para asustarlas o maravillarlas antes de dormir. Se acercó hasta la puerta y la abrió sin tocar, sufriendo el chillido de aquel vejestorio, lo primero que la saludó fue un fuerte olor a alcohol y sangre, se mareó de inmediato y buscó con la mirada entre la semi oscuridad del lugar, debí traer velas, pensó, entrando a la cabaña. —¿Quién va?...


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Howl el Miér Mar 14, 2018 5:24 am


Apretó el mango de un cuchillo entre los dientes mientras echaba alcohol a la herida, después, bebió del whisky hasta que sintió que estaba lo suficientemente ebrio para poder afrontar la sutura sólo con la ayuda de una hierba anestésica. Preparó la aguja y el hilo y lo cortó con los dientes. Temblando un poco, acercó la aguja a la carne y dio la primera puntada. Ahogó un grito de dolor en la garganta, el cual salió a la luz en forma de gruñido y posterior agitación. Repitió el proceso tres veces y, comprobando que la herida estaba cerrada (agradecía que, pese a su gravedad, no era tan grande), se echó en un colchón viejo y enmohecido que había en el suelo de la cabaña, intentando normalizar la respiración. Una vez menguado el dolor, se levantó para colocarse una venda hecha con un trozo de tela. Después, se acostó de nuevo.

Mirando el techo, se puso a pensar en aquella chica.  En que no la conocía y seguramente ella tampoco a él, pero aún así, sabía que era un licántropo. Es decir, estaba entrada de su más grande secreto. ¿Podía permitir eso? ¿Qué tal que lo reconociera por las calles parisinas y lo denunciara a los cazadores o a la Inquisición? Quizá no tenía mucho sentido pensar eso, dado que lo había ayudado a sobrevivir quitándole la bala de plata del cuerpo, pero Howl era naturalmente desconfiado y empezó a sentir la necesidad de atar aquel cabo suelto. Debía matarla, sí. Por eso decidió aguardar por ella, convencido de que lo había mandado allí porque planeaba volver más tarde.

Así lo hizo, varias horas después. Howl estaba en la oscuridad de la cabaña, comiendo en el fondo un trozo de carne cruda de un conejo que acababa de cazar ahí afuera. El pelaje blanco yacía como una alfombra dispareja en el suelo y las manchas de sangre dirigían a él como el único culpable de ese asesinato. En la espalda, tenía en el cinturón el cuchillo que había usado para degollarlo y despellejarlo y que ahora planeaba utilizar para matar a la jovencita. Soltó la carne y se llevó una mano hacia atrás, palpando el cuchillo, cuando oyó su voz y vio la claridad entrando por la puerta. Pero, repentinamente embelesado por su belleza, no accionó.  

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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Miér Mar 14, 2018 5:49 am

Fleur entró de lleno llevando sobre los antebrazos la pesada bandeja de comida, ahí se dio cuenta de lo cansaba que estaba ya de llevarla y buscó con apremio cualquier superficie para depositarla ahí. —Me da gusto que esté vestido—, comentó, para aligerar la tensión que de pronto se había instalado en el interior de aquel lugar. Sin embargo, al dar el primer paso, el sonido de algo que no pudo hilar por ser desconocido, la hizo volver el pie hacia atrás. Agachó el rostro y vio con espanto la sangre, temiendo que hubiesen ido a herir aún más a aquel hombre, más aún al seguir el rastro que iba hacia él pero, antes de llegar a sus pies, algo que relucía en sangre parecía abandonado. Fleur empalideció y miró asustada en verdad a aquel hombre, decidiéndose a botar la bandeja para salir corriendo o quedarse ahí, a quedar como esa pobre criatura que posiblemente nunca sabría lo que había sido. —¿U--usted hiz--hizo eso?—, preguntó, regresando paso a paso sobre el camino que la dirigía a la puerta.

¿Por qué me mira así? Le traje comida... Pe--perdón por tardar tanto—, murmuró con la voz rota de miedo, temblando con tanta violencia que todo lo que estaba sobre la bandeja comenzó a tintinear. Fleur supo que las intenciones de aquel hombre no eran buenas, porque alrededor de su altísima figura había tal sombra que jamás había visto. Tuvo miedo, más por la soledad y el pesar de Marion si algo le pasaba, que por su propio bienestar que en cualquier momento terminaría, echó mano de sus artilugios, empatía, encanto, visiones, pero todo quedaba a la mitad porque no podía concentrarse. —¿Me va a matar? Por favor, no lo haga, no quiero dejar sola a mi hermana...— Comenzó a llorar, dejando caer por fin la bandeja, desatando el estruendo de la porcelana y la plata contra la madera podrida que servía como suelo; su rostro, pálido, tomó una textura húmeda por las gruesas lágrimas que descendían abundantes de la oscuridad de sus ojos, mientras que sus mejillas se encendían por el esfuerzo de no gritar, temiendo desatar aún más violencia en su contra, porque todo lo que ese hombre despedía era eso, violencia, temor... —Por favor...


Última edición por Fleur du Bouëxic de Guich el Miér Mar 14, 2018 7:00 am, editado 1 vez


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Howl el Miér Mar 14, 2018 6:13 am



Mientras ella hablaba, Howl intentó apartar esos pensamientos de su cabeza, recordó su misión y, poco a poco, se puso en pie, con la mano atrás aún. Como un lobo calculando el salto que va a dar encima de una presa, fue cauteloso en cada paso que dio, decidido a no mostrar el cuchillo hasta que fuera demasiado tarde para ella. Pero ella se había dado cuenta ya de que algo ocurría, había visto los restos del conejo en el suelo y ahora estaba retrocediendo a medida que él avanzaba, así no podía terminar de alcanzarla.

Gracias, pero ya comí —dijo, aparentemente inconmovible, cuando la realidad era que le había extrañado de buena manera que le hubiera traído comida (no tenía por qué hacerlo, después de todo). Lamentó mucho cuando la botó al suelo, tras haber advertido sus intenciones. “¿Cómo lo supo?”, fue lo primero que pensó, mirándola con asombro—. No… —dijo, no del todo convencido mientras el ruido del llanto de la muchacha inundaba el interior de la cabaña y más allá; el caballo, afuera, empezó a relinchar, alterado.

Howl apartó la mano del cuchillo, dejándola caer a un costado del cuerpo. La chica tenía una hermana. No era capaz de asesinar a alguien que tenía familia porque él sabía bien cómo era perderla. Si lo hacía, mataría en vida a la hermana de esa chica ¿y qué culpa tenía? Lo mismo ella, había descubierto su secreto por pura casualidad, ¿era justo que la aniquilara por eso? “No quiero convertirme en una bestia de verdad”, resolvió tras unos instantes, tirando el cuchillo al suelo, el cual terminó clavado de punta entre dos maderas.

No le voy a hacer nada. Es sólo el cuchillo que uso para cazar —mintió—. ¿Ve? Ya lo solté —le señaló, tratando de tranquilizarla. Después, recogió del suelo la bandeja y todo lo que había caído de ella al estrellarse contra el suelo—. Pero mire nada más… qué pena… —comentó mientras levantaba trozos de porcelana—. Deje de llorar... Usted y su hermana estarán bien. ¿Es ella menor? —preguntó sólo por hacer conversación, habiendo notado el espíritu protector que la chica profesaba.


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Miér Mar 14, 2018 6:59 am

No confió cuando la mano del otro cayó a su costado, la energía que emanaba no había cambiado de intención a pesar de que su voz sonaba casi tranquila; Fleur, apabullada por el escenario, sintió que las rodillas se le vencían y estuvo a punto de desvanecerse, pero la misma incertidumbre del momento la aferró a la realidad, si es que todo eso lo era, ¿y si era un sueño funesto? Entonces ese hombre que ahora permanecía agachado frente a ella, recogiendo los restos de la bandeja, de un momento a otro se convertiría en la bestia y acabaría con su vida, pero no sucedió. —S--sí... Po--por varios mi--minutos... Somos mellizas—, aclaró, porque siempre les decían gemelas, pero eso a Fleur le molestaba, en el afán por no ser como su hermana, negaba más apego a ella aunque en ese momento, en el que, sabía claro, que iba a morir, lo único que la preocupaba era la suerte de esa inconsciente que compartía sus rasgos y días de nacimiento, qué bueno que no de muerte. —Lamento mucho haber tirado su comida...

Completó de inmediato, agachándose también para recoger lo poco que pudo. Las manos le temblaban tanto que cualquier cosa que tomaba lo dejaba caer o lo terminaba de romper, si bien ya no lloraba, seguía con el hipo del llanto desesperado, se tumbó entonces de costado, llevándose una mano hasta el vientre fuertemente sujeto por la ropa que le ceñía la pequeña figura, tan dócil que parecía que iba a quebrarse ante el primer mal trato. —¿Por qué iba a matarme?, ¿qué le hice?—, preguntó, limpiándose el rostro con el dorso de la mano, agitada por la ansiedad. —Esto no está bien... Debería llamar a los capataces para que vengan por ti o enviar a alguna de las esclavas para que le atienda pero... Quise venir yo—, dijo, agachando el rostro para después volver a mirarlo a la cara, notando de cerca el color verdoso de las pupilas ajenas. También lo recto de la nariz, lo ancho de los hombros, sus enormes manos que aún sostenían pedazos de la preciosa porcelana de su tía hecha añicos. ¿Era él entonces eso? —¿Usted era el ser de anoche?— Si era él, entonces estaba metida en un grave problema, si había cazadores en el lindero de su propiedad, no tardarían en ir a molestarlos esos malditos de la Inquisición. Madame Renoir los detestaba y siempre estaba haciendo lo mas posible por alejarlos de las mellizas, protegidas por su cuna y abolengo, pero igual vulnerables ante cualquier vuelta de tuerca.

Le traeré más comida...— Prometió, intentando levantarse del suelo al ver que la tela de su vestido se manchaba con la sopa de cangrejo que llevaba. Algo de los platillos podía salvarse, pero aquello era un pretexto también para salir de ahí, sin respuestas, solamente salir y sentirse libre, no bajo la fuerza de esa mirada ajena que la hacía sentirse más pequeña de lo que en verdad era. No le gustaba la sensación, parecía que estaba en el centro de un gran escenario con todas las luces puestas en ella y acabara de equivocarse, el precio de eso sería en efecto, la muerte.


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Howl el Miér Mar 14, 2018 7:24 am



Mellizas… —repitió, esbozando una sonrisa—. Entonces debe tener una conexión especial con ella. Eso dicen —recordó, resolviendo de forma definitiva que no podía matar a una de ellas. Habían nacido juntas, probablemente debían morir juntas también—. No se preocupe. Le he dicho que no tengo hambre. Aunque me hubiera gustado probar esto —admitió. Y de la pura sinceridad, pasó de nuevo a la pura mentira—: No iba a matarla.

”¿Por qué insistes, Howl?”, se reclamó por dentro, “ya se dio cuenta”. No sabía cómo, ¿acaso había visto el cuchillo? ¿O acaso emanaba una especie de aura que ella, como él, podía percibir? ¿Y si no era una simple humana?

¿Y por qué vino usted? —preguntó, bajando la cabeza—. Bueno, me alegro de lo haya hecho. Es mejor no hacer a más personas partícipes de esto.

Cuando alzó la mirada hacia Fleur, instantes después, sus irises estaban claros, prácticamente blancos, transparentes, confirmando así que se trataba de la bestia que ella había conocido anoche, aunque él no lo recordaba demasiado porque nunca recordaba lo que pasaba mientras estaba convertido.

No huya —le dijo al mismo tiempo en que ella anunciaba que iba por “más comida”. No le creyó, y enseguida, la tomó del brazo para impedirle levantarse—: No huya de mí. No soy peligroso si no estoy en ese estado. Y si quiere la verdad, sí, iba a matarla —admitió de pronto—, porque no puedo permitir que nadie sepa mi secreto. Pero veo algo en usted… algo que me dice que me lo guardará —confesó, mirándola a los ojos, a centímetros de ella.



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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Miér Mar 14, 2018 7:55 am

El blanco de los ojos ajenos fue la respuesta que en el fondo no deseaba a esa pregunta que había formulado. Madame Renoir tenía razón, así como existían ellas, hechiceras o brujas, como el vulgo las llamaba, también existían esas criaturas, ¿junto con los demás? Seres que bebían sangre y sesgaban vidas, seres amorfos, traídos desde el mismo infierno, ¿qué más? Fleur de pronto, en medio de tanto temor, sintió en carne viva la curiosidad que la hizo, de nuevo, ahogarse en preguntas sin respuestas, aún... Volvió a ese lugar cuando el frío de la mano ajena le envolvió el brazo; sintió el mismo estremecimiento que había sentido al pisar el bosque la noche anterior, tragó grueso y miró el amarre, fuerte, las uñas de aquel hombre o criatura, no sabía como definirlo, eran largas y quedaban bien con la longitud de sus falanges, enmarcadas en las gruesas y notorias venas. Su confesión, aunque ella lo supiera, la hizo dar un quejido.

¿I-iba?—, preguntó, apretando los ojos, moviendo el brazo de forma instintiva para que la soltara. Así con los ojos cerrados y a oscuras, no pudo ver que tan cerca estaba él de ella, hasta que sintió el aliento a carne y sangre que expedía, Fleur sintió náuseas y volteó el rostro hacia el lado que él contenía; fue abriendo poco a poco los ojos, mirándose de nuevo el brazo, con sangre, del pobre animal debía ser porque ella no estaba herida. —Suélteme... Por amor de Dios, suélteme, no me lastime—, volvió a implorar, de nueva cuenta llorando de impotencia y elevando ambas manos a la altura de su rostro, como si con eso pudiera protegerse de él. Había sido un error ir sola, sin avisar al menos a Gertrude dónde estaría y no dar un tiempo para volver, morir al fin no era el peor de los destinos, no en ese momento. —Le daré todo el dinero que quiera... Pero por favor, no me haga daño.



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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Howl el Miér Mar 14, 2018 8:35 am




Sí, iba. Ya no —repitió, y aun así, la muchacha entró en pánico. “Suélteme, no me lastime”, decía, como si él estuviera intentando hacerlo—. ¡No voy a lastimarla! —reiteró con una pequeña sonrisa, casi le hacía gracia que estuviera tan aterrorizada, aunque también era un problema si decidía reportar a las autoridades que la había amenazado de muerte, así que estaba nervioso también. Buscando calmarla, le tocó apenas unos cabellos del costado de su cabeza cuando escondió el rostro en sus manos, cuidando de no desordenar el delicado peinado—. No llore… Mire, el cuchillo está ahí mismo —señaló el lugar donde había caído la afilada herramienta—, si quisiera hacerle daño, ya lo habría hecho —prometió, esperando que nadie pasara por ahí cerca, o sus sollozos harían creer que efectivamente le estaba haciendo algún mal.

Se irguió con un pequeño suspiro de cansancio (su cuerpo siempre quedaba extenuado después de una transformación) y procedió a encender una de las tantas velas que guardaba en el cajón de un mueble de lo que otrora fuera la cocina de la cabaña. La llevó hasta donde había un espejo con otro pequeño mueble debajo, y de éste sacó un pendiente con forma de argolla que atravesó por el lóbulo de su oreja. Siempre se lo quitaba antes de sus transformaciones para no perderlo, y ahora, debido a este inusual episodio, había olvidado ponérselo de vuelta.

Encontró tentadora la idea de sacar provecho de esta situación de una manera u otra, pero no era tan vil para pedirle dinero a la chica para conservar su vida. Ya había aclarado bien que no quería privarla de ésta, aunque entendía que desconfiara porque él mismo le había confesado que lo había planeado por unos breves instantes. Declinó la oferta.

Me basta con su silencio, ¿señorita…? —No pudo completar la frase porque no sabía su nombre, pero de alguna manera lo estaba preguntando.




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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Miér Mar 14, 2018 9:01 am

Cuando la soltó, un suspiro de alivio salió desde su vientre, entonces pudo buscar apoyo en algo que estuviera a su alrededor para poder ponerse de pie; las piernas le temblaban también y un manto ténue de sudor le perló la frente y las zonas altas del rostro, cubierto de pecas encendidas. Fleur entonces miró al extraño y en sus acciones denotó el posible origen de ese hombre. —¿Es usted gitano?—, preguntó, dejándose llevar por las palabras de Gertrude quien conocía a esa gente, ya que los veía deambular por la calle ofreciendo lectura de cartas y de manos para poder robar a la gente, no era como lo que la propia Fleur o Madame Renoir hacían, al menos ellas no deslizaban los anillos de oro de la gente y salían corriendo. Asumió que le pediría dinero, pero no fue así, a cambio, parecía interesado en saber su nombre.

Fle... urtrude...— Respondió solamente, despojándose de sus apellidos que, aunque ostentaba con orgullo, en aquel momento si los mencionaba, se sentiría como una tonta, ¿por qué? No lo sabía, pero era culpa de Marion, quién siempre se burlaba de ella por ser tan lerda. —Tra--trabajo en el castillo que está al oeste...— Mintió de forma más que torpe, nadie le creería que era sirvienta con ese vestido y el delicado peinado que llevaba y que tenía a bien ocultar sus cabellos verdosos, recién nacidos de la nuca. Pero se aferró a la idea de que era casi tan buena como Marion para mentir, así que se limitó a seguirse sola la corriente. —Me cobrarán esa porcelana, mi tí... La señora de la casa me va a coser a bofetadas—, eso sí era verdad, aunque claro, no le tocarían a ella sino a cualquier sirvienta que tuviera la mala fortuna de hacer obvia la ausencia del plato.

Se arregló la larguísima cauda del vestido y levantó la bandeja, que había quedado olvidada entre ambos después de tal exabrupto, lo miró atenta a la luz de la vela y volvió a tragar grueso, sin estar segura realmente de qué seguía haciendo ahí, debería marcharse de una vez, olvidar aquello y... —No le diré a nadie, se lo prometo, su secreto está a salvo conmigo, Monsieur... Entonces hizo una reverencia, como la que hacían las señoritas de su clase y no las de la servidumbre, cambió de inmediato, poco acostumbrada a tal gesto, tanto así que lo hizo pésimo. —Ahora te--tengo que irme, tengo que volver a casa, a la casa, quiero decir, debo limpiar... Y esas cosas.


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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Howl el Miér Mar 14, 2018 9:24 am



Asintió con la cabeza cuando ella le preguntó si era gitano, algo que obviamente infirió cuando lo vio ponerse el aro. Gyuri intuía que eso pasaría, no muchos hombres usaban pendientes, pero no le importaba que no lo notara porque no tenía por qué esconderlo, más allá de las persecuciones que sufrieran por la mala fama que tenían, estaba orgulloso de sus orígenes.

¿Ahora va a dejar de tratarme de “usted”? ¿Va a perderme todo el respeto como los de su clase hacen? —indagó, realmente despreocupado, no necesitaba el “respeto” o la aprobación de la clase alta para ser quién era—. ¿Fleurtrude? Qué nombre más extraño —opinó después, frunciendo el ceño, incrédulo—. Casi inexistente parece… Tiene que ser usted el único ejemplar vivo que lo cargue.

Más tarde, la miró de arriba abajo a la luz de las velas. Era muy hermosa y elegante, tuvo que decirlo:

No luce como una sirvienta. —Le clavó la vista para notar qué tan nerviosa podía ponerla—. Mi nombre es Gyuri… Mi nombre humano —aclaró—. ¿Por qué me miente tanto, Mademoiselle? —le preguntó de pronto—. Entiendo que tenga miedo, pero con todo respeto, necesita unas buenas clases para aprender a mentir porque no ha hecho nada bien el papel de sirvienta.

» Déjeme adivinar… Usted es más bien la señora de la casa, con esas pintas, debe serlo
—dijo—. Y lo último que hace es limpiar… No estoy usando ningún poder gitano, ¿eh? Es sólo… observación. —Se señaló los ojos—. Espero que lo que sí sea verdad de lo que dice es que sus labios estarán sellados si de mi secreto se trata. Me he aprendido su aroma —confesó, olfateando el aire—. Es muy hermoso, por cierto… y me permitirá encontrarla allí donde esté, así que piénselo dos veces antes de romper este pacto.



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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

Mensaje por Fleur du Bouëxic de Guich el Miér Mar 14, 2018 10:15 am

Tuvo mucho en contra de él por todos esos comentarios tan fuera de lugar. Se cubrió con las manos y se sintió de pronto atrapada en una maraña horrible de falsedades, Dios mío, Marion, ¿cómo haces esto tan seguido?, preguntó, carraspeando y moviéndose inquieta, incómoda. —Es usted un fresco—, le espetó, retomando la dignidad de su apellido y estatus, pero sin poder verle con superioridad, no era, después de todo, su sirviente o un esclavo, sino un gitano tramposo que la veía de forma extraña, haciéndola sentir vacío el vientre, como si una gotita de agua cayera desde muy arriba, haciendo un eco que se extendía por todo su ser.

Mi nombre es Fleur Hortense Cécil Joyce  du Bouëxic de Guich y le exigo que me trate con respeto—, dijo, mientras alzaba el mentón y olvidaba un poco aquel desafortunado intento de falsedad. —¿Cómo cree que podía darle mi nombre a alguien que hasta hace unos instantes me confesó que quería asesinarme? Debía yo ser un tonta y no lo soy, Monsieur Gyuri—, dio una patadita en el suelo y, controlando su rabieta, aprovechó para hacer una última reverencia y así despedirse de él, abrazando la bandeja; en un gesto suave, se dio la vuelta y al salir de la cabaña se olisqueó la ropa y los brazos, olía a lo de siempre, las flores y las esencias que ponían en su baño, quizás él como gitano, que tenían fama de nunca tocar el agua, no habría sentido esos aromas. Aún así, un fuerte sonrojo la invadió y comenzó a correr de vuelta a la casa, tan aprisa como las piernas le dieron. Al llegar, botó la bandeja por ahí y subió las escaleras hasta su habitación. Al llegar, se tumbó sobre la cama boca arriba, con ambas manos en el estómago, mirando hacia el techo. —Gyuri...— Musitó, recordando sus ojos, la textura de su voz y su piel tostada.


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Fleur du Bouëxic de Guich
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Re: Giusto ciel in tal periglio ੭ Howl

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