Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El caballo de Troya (privado)

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El caballo de Troya (privado)

Mensaje por Ziu el Miér Mar 14, 2018 8:48 am

Corría a través del bosque, quebrando las ramas, zarzas que saltaba mientras jadeaba agotado por la carrera. Mi cuerpo estaba tenso, cada vez mas cerca los huargos, los soldados que los guiaban me cortaban el paso, gruñí cuando una de las afiladas ramas sajó mi mejilla a mi paso, pero no detuvo mi avance pues de hacerlo me convertiría en carnaza de lobos. Al otro lado del rio el campamento apostado por los norteños fieles al rebelde que había llenado de esperanza el norte, llegar allí mi meta sin alcanzar la muerte.

Una zancada tras otra me llevó a meter las botas en agua dulce, el agua chapoteaba a mi paso mojando mi cuerpo, casi alcanzado mi destino un huargo se abalanzó sobre mi, caí desplomado, gruñí rehaciendome, y cambíe de forma, pronto mi hocico creció, garras, colmillos y pronto la pelea de dientes, de ojos ambar y de mordiscos hirió a ambos. Pero donde hay uno, vienen dos y pronto estuve rodeado por la manada que desquebrajan mis cuartos traseros, mi yugular sangraba y pronto mis gruñidos desafiantes se convirtieron en quejidos lastimeros, la muerte me alcanzaba ante las fauces de la manada.

Fue entonces cuando escuché a los soldados de Akershus, defendían al débil norteño, el enemigo de mi enemigo era su amigo y yo acaba de convertirme en el caballo de Troya.
Los huardos cayeron bajo una lluvia de flechas, de carmesí se tiñó el rio, alcé la cabeza hundiendo mis ojos en los azules de una guerrera que trataba de parar la hemorragia de mi cuello haciendo presión sobre mi tupido pelaje, luego solo oscuridad.

Un cuerpo desnudo quedó tendido sobre el agua, recuperé la forma humana ante los ojos de los allí presentes.
-Esta vivo -dijo la guerra buscando que la ayudaran para moverme de allí -aunque no se por cuento tiempo, pierde mucha sangre.

Lo siguiente que recuerdo fue golpear mi cuerpo contra el lomo del caballo, la oscuridad volvió a hacerse conmigo, el caballo galopaba a toda velocidad, noté el sudor caliente de su cuerpo que contrastaba con el viento frio , levanté la cabeza en un intento de mirar a quien me llevaba, ví que ella también me miraba, bajó mi cabeza con su mano.
-Aguanta muchacho.
Me dolía mucho el costado, intenté desesperadamente presionar mi herida, pero los brazos no me respondían, un gemido se escapó de mis labios mientras que la visión se me nublaba, solo pude ver durante un segundo y quizás por última vez, el suelo húmedo por las primeras lluvias de otoño en mi bosque.




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Re: El caballo de Troya (privado)

Mensaje por Ylva el Miér Mar 14, 2018 9:54 am

Las noches nunca eran aburridas cuando se patrullaba el perímetro, al menos eso era lo que opinaba la loba. Ella disfrutaba de su trabajo, le dedicaba toda su pasión a liderar la pequeña patrulla que le habían asignado. Su sueño, llegar a lo más alto de las tropas, ya no estaba tan lejos. Habían visto e ella potencial, que a pesar de ser una mujer, tenía talento para organizar una defensa o un ataque, que tenía recursos y buenas ideas. Algunos de los hombres solían relajarse en algunos de sus turnos, pero ella no permitía que eso ocurriera entre los suyos. Era una mujer a la que le gustaban las cosas bien hechas, concienzuda y perseverante. Para llegar allí a donde ansiaba estar, debía llevar a sus hombres también alto, porque ellos eran el reflejo de su labor.
 
Estaban pasando por el camino del bosque que transitaba cerca del río cuando escucharon unos gruñidos en la distancia. Tras un golpe de talones empujaron a sus caballos a galopar en la dirección de los ruidos donde, claramente, se estaban peleando unos lobos. Pero por allí los únicos cánidos que habitaban, eran sobrenaturales, todos lo sabían, así que si había una revuelta de perros, la cosa olía mal. Antes de llegar siquiera al núcleo de la reyerta, saltó del caballo con agilidad, aterrizando con una rodilla hincada en el suelo y se impulsó para salir a la carrera hacia allí. -¡Disparad con los arcos!- Ordenó, deteniéndose unos segundos para ver cómo llovían las flechas y se clavaban en las tupidas pieles de los huargos. Se metió en mitad de la pelea, cargando el escudo con la zurda para cubrirse de las saetas y cubrió con éste al animal malherido que, poco a poco, perdía el pelo y recuperaba su forma humana. Dos de los atacantes cayeron muertos tras teñir de rojo el cauce del río, color que se unió al que ya había iniciado el hombre que yacía entre los brazos de Ylva ahora. El resto huyeron, malheridos, derrotados. -Sigue vivo.- Le indicó a uno de sus hombres que a toda prisa se arrodilló junto a ella para ver cómo estaba el desconocido. -Ayúdame a subirlo a mi caballo.- Se levantó, sujetando al cambiante por debajo de los hombros y su guerrero lo sostuvo de los pies. Lo alzaron del lecho del río y subieron a la grupa del semental negro que cabalgaba la escudera. De un salto se acomodó en la montura y reanudaron la patrulla del perímetro. -Cuando lleguemos al primer poblado, descansaremos y llevaremos al herido a curar.- Comentó a sus compañeros. Vio entonces que el cuerpo que colgaba de ambos lados de su macho la mirada y le obligó a cerrar de nuevo los ojos y bajar la cabeza. -Descansa si quieres vivir para ver un nuevo día, amigo. Aguanta un poco más, muchacho.-
 
Una vez en la población, bajaron al desconocido y lo llevaron a casa de una bruja que se especializaba en ungüentos y pócimas, nada de hechizos ni magias extrañas. Era una curandera. Tendido estaba el hombre sobre una cama y la mujer entrada en años le examinaba, limpiando sus heridas. Los cortes debían esterilizarse para que no se infectaran ni se pudriera la carne, así que una vez todo aseado, la loba se situó a su lado, daga en mano y una vela. Acercó la hoja a la llama y la dejó allí hasta que el acero cambió de color y se puso naranja brillante. -Esto te va a doler, amigo. Pero es eso o en unas semanas amputarte la pierna.- Pegó el hierro candente a la piel y aguantó cinco segundos antes de retirarla, escuchando los gruñidos y quejidos de aquel al que estaba quemando la carne. Repitió el acto hasta sellar el gran corte que le recorría parte del muslo, por suerte no en la zona de la arteria.



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Re: El caballo de Troya (privado)

Mensaje por Ziu el Mar Abr 03, 2018 7:04 am

Abrí los ojos de forma pesada, una anciana daba vueltas a mi alrededor con una vasija de agua en la mano y un trapo.
Mis ojos se achinaban de nuevo, los parpados me pesaban, alrededor el humo de la lumbre, entreabrí los labios resecos tratando de ubicarme, de centrarme en esa mujer de ojos claros que a mi lado me hablaba.
Asentí sin entender lo que decía y de nuevo mis ojos se entrecerraban, manchas marrones y un velo cada vez que de nuevo los abría.
Apreté los dientes cuando un chorro de alcohol cayó sobre mis heridas, sacudí la cabeza ligeramente, el quemazón me doblegaba.
-Dame -pedí la botella de alcohol para dar un buen trago y calmar mi dolor.

La norteña llevó el cero rojo como las mismas brasas a la piel de mi muslo, aullé de dolor una y otra vez percibiendo aquel olor a carne quemada.
-Lo vas a matar -dijo la curandera llevando el paño de agua mojada a mi frente para bajar las altas fiebres mientras con la izquierda sujetaba mi pecho contra el lecho para que dejara de moverme.
De nuevo la oscuridad se apoderó de mi, incapaz de aguantar despierto por mas tiempo.

No se las horas que pasaron, mi cuerpo estaba perlado en sudor, tosí ligeramente ladeando mi cuerpo que se estremeció, apreté los dientes, estaba solo, a través de los postigos no pasaba ningún rastro de luz, así que intuí que la luna era la dama blanca que coronaba el cielo dotando la estancia de sus suaves haces plata.

Randulf no escatimaba en imaginación, cuando me dio suelta en el patio de armas y me dijo corre y no te detengas pues si no llegas al rio da por muerta a tu sobrina y peorsuerte correrá tu hermana jurando por Loqui, supe que de esa carrera no solo dependía mi vida, si no la de la única familia que me quedaba.
Me hubieran matado si los soldados de Höor no hubieran intercedido, su bondad era a su vez una debilidad que Randulf sabía a su favor utilizar.

Intenté ponerme en pie, apreté los dientes intentando llega a la puerta para salir al exterior, mas en ese instante la puerta se abrió de golpe y fue l morena de ojos claros la que atajó la distancia metiendo su cuerpo por debajo de mi cuerpo.
-Me meaba -dije como clara excusa -¿donde estamos? -pregunté
Me había lazado en el afán de descubrir si había traspasado los inquebrantables muros de Akershus, pues allí, dentro de la cabaña me resultaba imposible saber mas.



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Re: El caballo de Troya (privado)

Mensaje por Ylva el Mar Abr 03, 2018 11:33 am

Por mucho que Rahma que se quejara, sabía tan bien como la loba que si no cerraban la herida con fuego, aunque no muriera desangrado, le esperaba algo peor que la muerte en un mundo en el que, últimamente, sólo se luchaba. Porque un guerrero sin una pierna, ¿qué valía tendría? Ninguna, a no ser que le subieran a un árbol y le encargaran hacer uso del arco, y no estaban para perder el tiempo en tonterías como poleas o contrapesos, así que con el dolor lacerando la piel del desconocido, Ylva le estaba dando la oportunidad de una vida digna. Para cuando terminó de sellar el corte y llevó su vista al rostro del que yacía sobre la cama, se encontró con un hombre inconsciente. Se levantó, dejando enfriar la daga y permitió que la bruja hiciera lo que fuera necesario para atender al herido. -Te dejo a su cargo. Vendré más tarde.- Se acercó a la mujer y en un gesto afectivo entre ellas, besó la frente de la anciana antes de salir de la casa.

Se reunió con sus hombres para proseguir con la guardia pues la frontera no se vigilaría sola y la noche siempre traía amenazas. En cuanto salió el sol, fueron a todos a descansar, pero la cambiante se acercó a la choza a preguntar por el desconocido que, al parecer, seguía dormido. Ella fue a hacer lo propio y se tomó sus horas de sueños para reunir fuerzas. El norte no descansaba nunca, como tampoco lo hacía Randulf, así que los turnos nunca cesaban de rotar para proteger Akershus y sus gentes. Al despertarse, regresó a la cabaña y el paciente seguía dormido. -Para cuando despierte, ya no tendrá ni cicatriz, a este paso.- Bromeó la loba con su vieja amiga y la hechicera se echó a reír de manera apagada y algo ronca a causa de la edad. -Me voy a por provisiones para los chicos, ¿te traigo algo?- La mujer negó con la cabeza y le hizo un gesto con la mano para que se fuera. -Tan habladora como siempre, abuela.- Ylva le dedicó una ladeada sonrisa a la señora, con la cuál no tenía parentesco alguno, pero esa bruja estaba sola en el mundo y había ayudado a la guerrera en muchas ocasiones, así que a base de roce y bastantes disputas, se habían cogido cariño y se trataban como si fueran familia.

Se fue al pueblo vecino a por algunas pieles, un par de odres nuevos y a hablar con el herrero que le había preparado un arma especial bajo encargo. Para cuando regresó ya era de noche, la noche libre que le daban a la semana. Normalmente ignoraba esos descansos y se unía a alguna otra patrulla que guardara la zona, pero aquel día, tras entregar las cosas a sus hombres, regresó a casa de Rahma y, para su sorpresa, se topó con el herido ya de pie y a punto de salir de la choza. -Sal y mea, entonces.- Se hizo a un lado para dejarle pasar, señalando hacia la puerta con la zurda. -Cuando regreses, contestaré a tus preguntas y tú a las mías, si te parece.- Le guiñó un ojo, muy acostumbrada a confraternizar con el sexo opuesto dado su rango. Se acercó entonces a la mesa y sobre ésta dejó un saco con una hogaza de pan, algunas patatas, una col y un conejo recién cazado con un limpísimo tajo en el cuello que le sesgaba la yugular. -Cenaremos en un rato, imagino que tienes hambre.- Le comentó al desconocido que seguía plantado junto a la salida, mirándole. Ella se acomodó en una silla y con suma rapidez y pocos cortes, despellejó al animal de un tirón.



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Re: El caballo de Troya (privado)

Mensaje por Ziu el Lun Abr 23, 2018 6:43 am

Asentí sin mas saliendo al exterior, el frio invernal del norte golpeó mi cuerpo apreté los dientes al notar como mi carne se contraía, la paliza que me habían dado había sido muy creíble, no podía quejarme, Randulf no escatimaba en dolor con los suyos.
Me acerqué a unos arbustos y llevé mi diestra a la cinturilla del pantalón sacándome la verga que sostuve con la mano regando las hojas de meado.
Acabado la operación me la sacudí ligeramente y la volví a calzar dentro antes de meterme dentro de la casona.

Con ese gesto ademas de cambiar el agua al canario acaba de percatarme que estábamos en un improvisado campamento, aun no había logrado atravesar las puertas de Akershus, así que de momento tendría que continuar con mi particular operación disimulo.
Con la zurda en mi costado caminé hacía la morena de ojos claros con paso renqueante, la herida en la pierna no había curado y mis huesos estaban quebrados, desde luego que no podían dudar de las ganas de matarme que pusieron los huargos.
-Gracias -dije tomando asiento en la mesa apretando los dientes al notar como se contraía mi vientre -Mi nombre es Ziu -deslicé mi mirada por el emblema de Akershus -sois soldados de Höor -afirmé mas que pregunté clavando mi mirada en la suya.

Sabía que ahora llegaría la retaila de preguntas, obviamente un buen mentiroso siempre se basaba en parte de verdad pues ese era el modo de no olvidar, así que contaría de cierto modo mi historia aunque enredándola ligeramente.
Su pregunta no tardó en llegar.
-Recuerdo poco de la libertad, era un niño de unos 8 años cuando Randulf arraso mi aldea, mató a mis padres y a mi hermana y me llevó con el para servirle en su ejercito.
Desde entonces he vivido un infierno aunque he aprendido a luchar como muchos otros..no estoy orgullosos de lo que he tenido que hacer por permanecer con vida.
Vi el momento de escapar y lo aproveché, pero la traición se paga cara en el ejercito del tirano y bueno, huir es lo que hacía hasta que fui atrapado y acorralado en el rio por la horda de Randulf, de no ser por vosotros había muerto.

La historia era creíble, real, aunque por supuesto eludí los matices a contar. La mujer no parecía desconfiar de ninguna de mis palabras ¿como hacerlo? Cuando ella misma había visto con sus propios ojos que estuvieron a nada de terminar con mi existencia.
Llevé el mendrugo de pan a la boca y lo empujé con hidromiel.
-Estoy hambriento -aseguré -¿vamos a Akershus?


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Re: El caballo de Troya (privado)

Mensaje por Ylva el Miér Abr 25, 2018 8:32 am

Mientras el hombre salía a hacer sus cosas, la cambiante se dedicó a despellejar al conejo y la anciana, mientras, peló y troceó las patatas y la col. Lo echó todo a un caldero y lo puso a cocer con agua, mientras que al animal lo ensartaron en un palo y lo colocaron sobre las llamas a asar. Pronto empezó a oler a deliciosa carne que se iba haciendo lentamente.
 
Regresó entonces el herido y tomó asiento, alargando la mano para comer algo de pan. -Yo soy Ylva.- Contestó a su presentación y una sonrisa ladina se formó en sus labios, cargada de orgullo, cuando reconoció el emblema y le dijo lo que eran. -Así es, somos guerreros que luchamos por el conde.- Su espalda erguida, el mentón alzado y la mirada lobuna de la mujer delataban que no era un soldado raso cualquiera, tenía algo de poder y no lo ocultaba, aunque ansiaba más de lo que tenía y, tal vez, ese desconocido que se sentaba frente a ella, pudiera ayudarla de algún modo. ¿Por qué le perseguían los hombres de Randulf? No era de Akershus, se delataba solo, necesitaba averiguar el motivo del ataque. -¿Y tú a quién sirves, Zíu? ¿Por qué querían matarte las aberraciones de ese tirano?- La respuesta que el contrario le dio le pareció muy creíble, a fin de cuentas todos conocían el modo de proceder de Randulf. Pero la loba no terminaba de fiarse, si había traicionado al tirano, podría hacerlo con ella también. Un hombre que no tenía nada que perder no era de confianza, pues por unas monedas o una hogaza de pan, vendería incluso su alma.
 
Sirvió un par de jarras y le tendió una a él. -Bebe, te ayudará a paliar el dolor.- Le instó a llevar alcohol a sus venas. Le había abrasado la pierna, lo que le había salvado de una amputación futura, pero no dejaba de ser un proceso doloroso y tardaría en dejar de retorcerse con los movimientos bruscos e incluso los suaves. Fue a buscar el conejo pues mientras habían estado hablando, éste se había terminado de hacer lo suficiente como para estar jugoso por dentro y crujiente por fuera. Lo troceó con una daga que se sacó de la bota y le puso un plato con carne, patatas y col delante. -No tengas tanta prisa, amigo. Nosotros somos los encargados de guardar el perímetro, sólo cruzamos las murallas una vez al mes para ver a las familias.- No le dejaría entrar a la ciudadela sin haberle estudiado a fondo antes. Si bien podía ser un buen as en la manga si conocía informaciones relevantes sobre el tío del conde, no pondría en riesgo a la gente frente a un posible espía de Randulf.
 
Tomó asiento también y comenzó a comer con calma, observando los gestos y movimientos ajenos. Analizaba su fuerza y rapidez, buscaba saber si exageraba en algún grado su dolencia o si actuaba de manera natural con lo que las heridas le permitían. -¿Sabes cazar?- Ser un buen guerrero no implicaba saber conseguirse la comida. Tenía hombres entre sus filas que eran incapaces de acertar con una flecha o estudiar las huellas de los animales. Ligar ambas aptitudes era muy positivo, pero había buenos luchadores que jamás habían cazado nada en toda su vida.



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Re: El caballo de Troya (privado)

Mensaje por Ziu el Mar Mayo 15, 2018 2:48 pm

Así que eran soldados que vigilaban las fronteras, solo se adentraban en Akershus una vez al mes para ver a sus familias, deducía hacían algún tipo de cambio de guardia y en ese tiempo tenía que ganarme su confianza, no despertar ningún tipo de suspicacia y ganarme a la mujer que tenía frente a mi y que altiva me dejaba claro que todo lo de ese campamento pasaba por ella.
Sus ojos azules como el mismo mar del que ambos eramos hijos estaban ancladas a mis dos tempestades se que buscaba errores en mi discurso mas difícilmente encontraría nada , todas mis palabras se sustentaban con verdes a medias y de alguna manera mis heridas eran profundas, podían haberme matado, Randulf no se andaba con chiquitas.
-Soy un cámbiate como tu, se que detectas mi aura, ademas creo me viste en mi forma animal enfrentar a los huargos, soy buen cazador gracias a mis instintos, y se rastrear, mis sentidos están agudizados, quiero ayudar, agradezco lo que por mi habéis hecho, en cuanto pueda moverme con mas facilidad os ayudaré al menos en conseguir presas para las comidas.

Hambriento empecé a devorar el conejo llevándolo con gula a mis labios, sajando la carne con los dientes mientras el aceite resbalaba por mis manos masticando con la boca abierta, elevé la mirada un instante al ver la cara de asco con la que me miraba la dama.
-Me crie en el castillo de Randulf, me tiraban la comida al suelo, he sido criado como un perro -aseguré como excusa a mi comportamiento.
No es que los vikingos nos caracterizáramos por tener mucha educación, pero de nuevo en esto no mentía, fui capturado de niño y desde entonces me pegaba con otros por un mendrugo de pan. Allí solo los fuertes sobrevivían, Randulf lo llamaba selección natural.
Los latigazos de mi espalda no eran tampoco una falacia, nada podría hacerla sospechar de que solo era un hombre que había adquirido la libertad tras vivir en el mimo Hel.

Me chupé los dedos mirándola.
-podría ser de ayuda para el conde, he visto la fortaleza de Randulf desde dentro, quizás podría servir esa información para algo -dije de un modo inocente y no premeditado
Nada mas lejos de la verdad, pues sinceramente sembrar la semilla era mi única misión, hacerla creer que podía servir y que por eso debía enviarme cuanto antes a Akershus.

Di un buen trago de hidromiel empujando la carne por mi garganta, necesitaba paliar el dolor, uno para nada fingido.
-Mejoraré pronto, soy un cambiante, mi curación es mas acelerada que la de los humanos. ¿Y tu? ¿que me cuentas de ti? Apunté cogiendo una hogaza de paz – pareces una mujer interesante -me eche a reír -tampoco estoy muy acostumbrado a ya sabes...



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Re: El caballo de Troya (privado)

Mensaje por Ylva el Mar Mayo 15, 2018 4:52 pm

La insistencia del lobo por querer cruzar la frontera no hacía sino levantar las sospechas de Ylva. Había visto en primera persona como los huargos de Randulf casi le mataban, pero aún así, no era la líder de su grupo por chuparse el dedo o fiarse de las apariencias. Era por su astucia y suspicacia, por su mente analítica y fría, porque, al contrario que el resto, no se dejaba llevar por los impulsos. Los norteños eran todos muy impetuosos y si bien eso les convertía en excelentes guerreros, también hacía de ellos unos blancos móviles perfectos. Hacían falta estrategas para controlar a esos intrépidos hombres y que así las guerras se tornaran victorias, en vez de muertes vanas. -También yo fui criada como un perro.- Respondió a su comentario, aunque no lo interpretaba ella del mismo modo. La cambiante había crecido con lobos, en la manada de su madre tenían prohibido transformarse sin que fuera estrictamente necesario y únicamente su padre, El solitario, había osado desobedecer aquella norma, hasta la partida de la que ahora luchaba por comandar sus propias tropas bajo el mandato del conde Cannif. Para ella, ser un cánido era un orgullo y haber podido crecer rodeada de aquellos que lo hizo, todo un privilegio. Pero lo que más hinchaba su pecho era el nombre que la precedía: Endre.
 
Ella también comía, aunque no con el mismo desespero que el herido, eso se veía enseguida. Cualquiera que le viera, no sólo por sus formas sino por la prisa, pensaría que llevaba semanas sin llevarse nada a la boca. Le escuchó, masticando despacio, analizándole todo el tiempo, observando cada gesto, estudiando cada palabra. Razón no le faltaba, alguien que hubiera visto las tripas de la fortaleza de Randulf podía ser una baza estupenda para un ataque sorpresa, pero aquel hombre, por el momento, no era de fiar. Faltaban aún dos semanas para el próximo cruce de frontera, usaría aquel tiempo para asegurarse de que llevarle frente a Höor Cannif era una ventaja y no una condena. -Claro que ayudarás, aquí todos arriman el hombro, desde los niños hasta los ancianos. Los rescatados no se libran aunque tengan los hígados fuera. En dos días te quiero ver cortando leña, despellejando corzos y arreglando armaduras.- Una confiada sonrisa asomó a los labios de la loba que se llevaba la jarra a la boca para darle un largo trago.
 
Se levantó una vez dio por terminada la comida y fue a buscar a la anciana que estaba en la otra estancia trabajando en sus pociones. La trajo de la mano y la sentó allí donde antes había estado aposentada ella, frente al “invitado”. -Rahma, éste es Zíu. Se va a quedar un par de semanas con nosotras, hasta el próximo cruce del muro.- La anciana hizo un asentimiento de cabeza como saludo, acompañado de una sonrisa con bastantes dientes ausentes. -Ella es la más sabia del lugar, así que si te da un consejo, obedece a pies juntillas.- Le recomendó, dando una cercana friega a la espalda de la bruja.



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Re: El caballo de Troya (privado)

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