Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Les Plaisirs Charnels ~ Privado

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Les Plaisirs Charnels ~ Privado

Mensaje por Sabah el Jue Mar 22, 2018 1:33 pm

Hacía varias semanas que había decidido abandonar Roma para trasladarme hasta la capital francesa, decían que París últimamente se había convertido en un hervidero donde los sobrenaturales luchaban por mantenerse con vida perseguidos ya no solo por cazadores, sino porque la Inquisición había aumentado considerablemente y tenía a más fieles en sus filas dispuestos a cazar a lo que ellos llamaban “herejes”, “hijos del demonio”. En Roma la actividad también había sido bastante considerable y debías de llevar cuidado, la ciudad guardaba muchos secretos cuando la noche caía pero me había cansado de estar en aquella ciudad, decían que París era algo más liberal y quería saber si lo que decían sobre ella era cierto. Se podría decir que era una nómada, no tenía un lugar fijo donde asentarme y siempre me movía de un lugar a otro, tenía el tiempo necesario para disfrutar de cada ciudad hasta cansarme y aburrirme de esta, y sobre todo, el dinero suficiente como para comprar mansiones a lo largo de todo el mundo donde poder residir cuando quisiera, sin tener que preocuparme ya que pagaba una buena suma de dinero porque me conservaran los lugares y los dejaran siempre impecables... nunca sabía dónde sería mi siguiente destino y me gustaba que todo estuviera en su sitio, limpio y ordenado. No era la primera vez que pisaba París, para una vampira que contaba con más de tres milenios a sus espaldas se podría decir que había visto todos los rincones del mundo, pero sí era cierto que este cambiaba constantemente. Había visto construirse imperios al mismo tiempo que luego los había visto caer derrocados, cómo evolucionaba el mundo y yo me adaptaba a este para no acabar sumida en el aburrimiento... para un inmortal no había nada peor como quedarse estancado, solo nos tocaba evolucionar y adaptarnos a las nuevas épocas que nos tocaban vivir. En mi llegada a París nada más pisar la ciudad pude ver lo que esta había cambiado, la humanidad parecía evolucionar favorablemente y atrás habían quedado los tiempos en los que se vivía de forma más inmundicia, por una parte me alegraba que eso sucediera. No se podía comparar con Roma, algo más avanzada que París, pero de la última vez que estuve había mejorado bastante y al menos era un buen síntoma para quedarme por un tiempo, de alguna forma quería revolucionar un poco la ciudad y ver ese “hervidero” del que tanto había oído hablar, estaba deseando que París también sucumbiera ante los demonios.

Mi mansión estaba más que preparada desde hacía ya un par de días y antes incluso de mi llegada a la capital francesa se sucediera, todo estaba tal y como yo lo había previsto, la mansión perfecta con los detalles que había pedido que tuviera con un enorme salón y un hall donde se podría dar fiestas más adelante, un jardín enorme plagado de árboles y de sitios donde poder disfrutar de la naturaleza, unas vistas privilegiadas de la ciudad puesto que la mansión estaba en la cima de una de las colinas y desde el jardín, apoyada en la barandilla del balcón que había, se podía tener una panorámica perfecta de la ciudad como si fuera un símil al control que siempre me gustaba tener entorno a mi vida, y entorno a los demás que me rodeaban. Estatuas de mármol por el jardín, fuentes donde podías sentarte, algunos bancos, el césped... era el lugar perfecto y sin duda la persona que había hecho los arreglos me conocía demasiado bien, aquella mansión la tenía desde hacía décadas pero como siempre estaba viajando alrededor del mundo nunca tenía un sitio oficial donde quedarme permanentemente, me gustaba ir moviéndome y apreciar el cambio que hacía la evolución humana, me fascinaba ver cómo iban mejorando siglo tras siglo y las cosas que se les iban ocurriendo. Había estado un par de días recorriendo la ciudad y me había topado con que las cosas habían cambiado desde la última vez que estuve, no solo la estructura mejorada de la ciudad con sus edificios y con sus casas mejoradas, sino que además había acudido en una época en la que el libertinaje estaba a la orden del día, en donde el sexo primaba y ya no era un tabú como hacía años ocurría. De hecho había comprobado que habían muchos más burdeles, como ahora los llamaban, donde los hombres pagaban por una noche de placer... incluso las drogas estaban a la orden del día también, sabía de la existencia de un fumadero de opio donde iba a colocarse la gente. Ah, en mi época también teníamos nuestros métodos para lo que ellos hacían, aunque no de igual forma, pero los sacerdotes lo utilizaban sobre todo en sus templos y por ello las sacerdotisas también lo hacíamos. Yo en mi época humana fui sacerdotisa en Dendera, rendíamos culto a la diosa Hathor hasta que la guerra estalló en nuestras tierras y nos vimos obligadas a escondernos. Cerré los ojos recordando aquellos momentos, rememorando al vampiro que nos encontró ocultas y lo que hizo con nosotras... cómo bebía de nuestra sangre y luego mi conversión a vampira, para luego con el paso de los siglos matarlo sin contemplación alguna.

Por esa noche quería disfrutar de lo que me ofrecía el ambiente nocturno de la ciudad, la otra vez había acudido a un local frecuentado por vampiros donde los humanos se ofrecían como alimente, ah, qué lejos quedaba entonces aquella época en la que no se sabía nada sobre nosotros y como cazadores perseguíamos a nuestra presa disfrutando de su miedo, jugando con ella para beber hasta la última gota.... pero esa noche quería algo diferente, algo más picante y atrevido, algo sensual y provocativo que me llenara y colmara de satisfacción. Era una mujer a la que con el paso de los siglos, y de los milenios, había adquirido diferentes gustos entorno a hombres y mujeres, admiraba la belleza por encima de todo y me gustaba disfrutar de ella... por lo que esa noche acudiría a un burdel para ver si al igual que en mi pasada noche encontraba la misma diversión, puede que incluso más, en aquel lugar. Me di un baño perfumado y relajante como tanto me gustaba nada más cayó el sol, tenía esclavos y esclavas de sangre que podrían satisfacer todos y cada uno de mis deseos, sin embargo, ansiaba por experimentar algo nuevo que no conocía. Me acicalé y arreglé porque siempre me gustaba lucir hermosa, no para los demás, sino para mí misma por lo que arreglé mi pelo que caía en hondas perfectas por mi cuerpo, me enfundé un precioso vestido rojo ceñido típico de los que se usaba en mi tierra natal y que resaltaba con mi tono de piel y sin más dilación me fui hacia uno de los burdeles, había oído hablar muy bien de uno de ellos dirigido por una Madam de alta clase que, aunque cara, no había escuchado malas referencias sobre el lugar. Nada más entrar se podía notar el lujo de aquel burdel aunque para mí el dinero no era problema alguno, la Madam me recibió en la entrada y yo le entregué mi abrigo negro dejando lucir el vestido, mis ojos repasaron el lugar y pedí que me sirvieran una copa de bourbon mientras observaba a las mujeres que habían allí. Me senté en una de las mesas esperando a que me sirvieran la copa y lamí mis labios pintados cual carmín haciéndolos resaltar, esa noche no me había alimentado y no descartaba el hacerlo con alguna de las mujeres, o de los hombres, que trabajaban en el local.



-Gracias –dije observando a la joven que me había traído la copa, de cabello rubio y rizado, ojos verdes que me miraba como si esperara algo más de mí aunque le sonreí y le hice un gesto con la mano para que pudiera retirarse, aún estaba estudiando quién sería mi presa mientras daba un sorbo a la copa que me habían servido cuando mis ojos se fijaron en una de las clientes que había en aquel lugar como yo, en su mayoría todo eran hombres, ricachones seguramente, que buscaban dar rienda suelta a sus deseos más oscuros y reprimidos... sin embargo aquella mujer estaba sentada sola con un vaso en sus manos, observando, su piel morena destacaba en el lugar, su pelo moreno caía en hondas por sobre el vestido que llevaba y que tenía toda la pinta de ser de clase alta y, cuando sus ojos se encontraron con los míos, le sonreí desde la distancia. Sabía lo que era igual que ella sabía mi condición, pero la belleza era la belleza y eso era algo que me gustaba por encima de toda clase o etnia. Me levanté con el vaso en la mano y me acerqué hasta donde se encontraba quedando frente a su mesa- buenas noches, señorita –no esperé invitación alguna mientras le sonreía observándola para sentarme en la misma mesa que ella- ¿estáis buscando por algo de diversión como lo hago yo? Quizás podamos encontrar aquello que andamos... buscando –mis ojos la repasaron, sin corte alguna, para dar otro trago a mi vaso esperando la reacción de la hermosa mujer frente a mí.


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