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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The cursed lovers // Privado - Spyros

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The cursed lovers // Privado - Spyros

Mensaje por Calíope el Mar Mar 27, 2018 3:36 pm

La maldición que el aquelarre al que pertenecía Spyros le había impuesto a los amantes, era un castigo por romper las leyes no escritas en las que brujos y cazadores, jamás debían confraternizar como amigos, menos aún compartiendo el lecho. Ella, una cambiante, bajo el influjo del hechizo, era obligada a adoptar su forma animal cada vez que el sol salía, permitiéndole únicamente regresar a su humanidad cuando éste se escondía. Así mismo, para que la pareja no pudiera ser feliz de nuevo, la magia forzaba a Spyros a usar su poder de alteración de la apariencia cada vez que el sol se ponía, convirtiéndose en un lobo negro como la noche en la que se movía, recuperando de nuevo su forma humana con el amanecer. De este modo, podrían estar juntos eternamente, pero jamás podrían volver a amarse. Sin poder conversar, acariciarse o besarse, condenados a tenerse en frente, sin llegar a verse.

Spyros llegó a un acuerdo con el aquelarre, traería a Mykonos a la heredera de los poderes de la difunta reina Nessanie y, a cambio, se rompería el hechizo. Pero Calíope no confiaba en esos brujos y, por su cuenta, había encontrado información sobre un hechicero tan poderoso que, a veces, incluso era incapaz de controlar esa energía que su cuerpo contenía. Los planes de ambos apuntaban en la misma dirección, así que contándose las cosas el uno al otro, esperando siempre a que el sol hiciera acto de presencia o desapareciera para escuchar la respuesta del contrario, decidieron encaminarse hacia Francia. Las dos ideas eran posibles y, al mismo tiempo, ambas cojeaban por distintos puntos. Lo mejor era acercarse a su destino y, una vez allí, buscar más información para localizar a sus dos objetivos.

Viajar en su condición era difícil. Él, durante el día, fingía ser un cetrero o un comerciante de animales exóticos, según le parecía sería más convincente por la zona por la que cruzaran. Sin embargo, por las noches, cuando ella era humana y él un enorme lobo oscuro, avanzaban escondiéndose, pues ambos corrían peligro. Una dama sola a aquellas horas llamaba demasiado la atención de seres indeseados y un animal como aquel, levantaba temor y las cosas se alborotaban enseguida. Así que solían descansar durante las horas nocturnas y aprovechar desde el primero hasta el último rayo de sol para proseguir con su camino.

Una vez llegados a tierras francesas, se les sumó un pequeño problema en el que no habían caído, dejándose llevar por la esperanza de ver su sueño cumplido, el de romper la maldición que se cernía sobre sus vidas. ¿Sabría Spyros francés? Porque para Calíope era una lengua que desconocía. Se percató de inmediato, pues al cruzar la frontera ya había caído la noche, pero se habían negado a posponer un día más se arribada, ansiosos por dar con Shelby Cannif o Lucio Sacro. La cambiante se acercó a un pequeño poblado mientras Spyros aguardaba en las lindes del bosque, observando, vigilando y protegiendo a la dama de noche que era su bien más preciado. La joven tuvo que gesticular mucho para que entendieran lo que quería, pero finalmente machó de allí con algo de comida que ambos pudieran llevarse a la boca. Si bien los dos podían cazar, en forma de halcón las presas eran pequeñas y que lo hiciera el lobo era un riesgo, pues estaban en territorio de cazadores furtivos por lo que se había informado días antes el hechicero.

Una vez reunidos los dos, acarició la cabeza del animal con mimo y fue a preparar un pequeño fuego. -Al fin estamos en Francia…- Una sonrisa llena de ilusión se dibujó en los labios de la castaña, mientras su compañero se sentaba de manera elegante a su lado y le tocaba el hombro con el hocico en señal de cariño. -Un día menos para estar juntos de nuevo.- Besó con ternura la cabeza del lobo y le ofreció un trozo de liebre cruda y despellejada. Necesitaban reunir fuerzas, su aventura acababa de empezar.


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Re: The cursed lovers // Privado - Spyros

Mensaje por Spyros el Miér Mar 28, 2018 2:56 am

Mykonos, una isla dividida en dos facciones en eterna guerra, donde la condición de nacimiento marcaba nuestro sino desde el inicio de los tiempos. Nací en el aquelarre mas poderoso, hijo de brujos fui entrenado para servir con fidelidad absoluta a mi reina Nessaníe y con el odio inculcado en mis entrañas hacía la facción contraría, los cazadores.
En eterno equilibrio miles fueron las gestas que batallé hasta que en una de ellas la vi, espada contra espada luchamos con valor, pero nuestras miradas dejaron pronto de ser afiladas para pasar a reflejar el desconcierto mas absoluto.
Dice las leyendas que existe tu mitad en algún punto del mundo, esa persona que encaja contigo de un modo único, como si al nacer tu alma fuera separada en dos mitades y escasas son las veces que se reencuentran en esta vida o una venidera. Ella era sin duda esa mitad e incapaces de acabar con el otro nos separamos sin mas.

A partir de ahí la curiosidad me llevó muchas veces a las fronteras, la veía haciendo guardia sin inmiscuirme en nada, era una sombra admirando su belleza, hasta que en una de esas me pillo. Empezamos una relación clandestina, apasionada y llena de promesas que podíamos hacernos mas no cumplir pues no eramos dueños de nuestro destino, ni siquiera culpables de la guerra en la que luchábamos.

Pudimos mantener aquella farsa unos meses, mas los aquelarres todo lo ven y fui demasiado necio pensando que esto sería algo diferente. Sintiéndose traicionados nos maldijeron a algo peor que la muerte. Ella seria ave de día, yo lobo de noche, jamas podríamos volver a tocarnos, a besarnos, a hablar o a amarnos, condenados a vagar por el mundo siendo humano y animal respectivamente y esperando el ocaso para poder por un segundo acariciarnos como si fuéramos etéreos fantasmas nuestra única misión en la vida se convirtió en arrancar esa maldición de nuestras entrañas.

La caída de Nessanie se produjo a la mano de Agarwaen que junto a su mujer y la criatura que nació de su vientre trajeron la paz a tierras griegas. Nosotros aprovechamos esa conjetura pues los aquelarres sumidos en la desesperación dieron con la futura heredera de los poderes de Nessanie, el trato fue sencillo, ir por ella a París y traerla frente a ellos viva y en buen estado, si cumplíamos con eso, nos liberarían de la maldición y por fin podríamos amarnos como antaño.
Por supuesto aceptamos ¿teníamos acaso otra opción?

Emprendimos viaje a París, yo fingía ser cazador o cetrero durante el día, la noche era algo mas complicada así que lejos de miradas indiscretas tratábamos de descansar en refugios alejados de la mirada humana, la mayoría peligrosos para una mujer pues los depredadores nunca descansaban.
La llegada a París en barco fue sencilla pero al anochecer nos vimos forzados a retirarnos a los bosques. Observé en mi forma lobuna como lady halcón conseguía algo de alimento, gruñí mostrando los dientes al verla salir con una bolsa sonriendo a un humano que muy simpatico había osado acompañarla fuera.
Los celos me corroían porque a fin de cuentas, no era mas que un lobo cuando ella tenia su forma humana.

Cenamos en la gruta, apoyé mi cabeza en su regazo pensativo mientras esta deslizaba por mi pelaje azabache sus dedos.
Dar con Shelby no sería para mi complicado, a fin de cuentas solo tenía que seguir su maldito rastro, cuando fuera humano me acercaría a la logia, verla, tratar de empaparme de su olor...después sería cuestión de esperar a que estuviera sola para hablar con ella, no todos los días se ofrece a alguien ser reina y tener un ejercito como vasallos, si era como Nessanie ni siquiera tendríamos que llevarla por la fuerza, aceptaría el trato sin pensarlo.



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Re: The cursed lovers // Privado - Spyros

Mensaje por Calíope el Miér Mar 28, 2018 6:59 am

Tras comer un poco de pan y asar un trozo de carne de liebre con el que cubrir sus necesidades de proteínas, dejando las llamas encendidas para que se apagaran solas durante la noche, la cambiante se recostó junto al gran lobo negro que le servía de cobijo. Él desprendía mucho calor y a ella le gustaba tenerle cerca, así que no solía costarle mucho conciliar el sueño una vez cerraba los ojos. Pero aquella noche era distinta, estaba nerviosa por la proximidad de su libertad. Estaban tan cerca de tocar lo que llevaban meses buscando que era incapaz de dejarse llevar por Morfeo. -¿Crees que accederán a ayudarnos? Sé que piensas que será fácil llevar a la heredera de los poderes de Nessanie a Mykonos, pero yo no acabo de fiarme del aquelarre…- Se abrazó al cuello del animal, hundiendo la nariz en su tupido pelaje de la cabeza, entre las orejas. -Sabes que yo no juzgo a nadie, pero unos hechiceros que maldicen a dos personas por amarse… No creo que sean de fiar. Por eso creo que no deberíamos descartar lo de encontrar a Lucio Sacro, aunque sea como segunda opción…- Suspiró apesadumbrada al pensar en un posible fracaso, pero negó enseguida, restregando su rostro contra el pescuezo de Spyros. -Todo saldrá bien, estoy segura. Porque estamos juntos y unidos podemos con todo.- Sonrió de nuevo y tras llenar de besos al lobo por allí donde alcanzó, se sintió más relajada y poco tardó en caer rendida ante el dios del sueño.
 
Antes del amanecer se despertó tras un reparador descanso. Se desperezó, frotándose los ojos con ambas manos y buscó a su compañero con la mirada que estaba a escasa distancia, mirando hacia el exterior. Los dos ansiaban la llegada del ocaso y el amanecer, pues eran los únicos instantes en los que, durante escasos segundos, sus formas humanas coincidían y podían tocarse. Eran momentos efímeros, pero atesorados por ambos. Cada vez que sus miradas se encontraban, Calíope sentía que se llenaba de la energía suficiente como paras superar un nuevo día en su forma de halcón. Se acercó al hechicero y se sentó a su lado, dispuestos a presenciar la salida del sol. En cuanto la curva dorada empezó a asomar en el horizonte, la mano de la chica se posó sobre la pata del animal, acariciando su pelaje mientras éste, poco a poco, iba desapareciendo para dar paso a una piel desnuda y unos dedos. Giró su rostro para ver como el hocico se acortaba y las orejas empequeñecían. Los ojos de la cambiante titilaron, ansiosa por ese breve segundo en el que poder amarse como personas. Sostuvo el rostro ajeno, aún cubierto por vello oscuro, y antes de que ella empezara a mutar, unió sus labios a los de Spyro. Enseguida se apartó al notar como sus huesos se quebraban y su cuerpo empequeñecía. Se dio la vuelta para terminar el cambio, hasta convertirse en un pequeño halcón peregrino. Extendió las alas, agitándolas aún reposada en el suelo y tras echarle un vistazo a su pareja, alzó el vuelo y se alejó. Las creencias dicen que las aves no lloran, pero al menos esta, lo hizo.
 
Planeó durante unos minutos, observando el terreno, el poblado, los caminos. Conectó entonces su mente con la del brujo y compartió con él lo que ella veía. Debían estudiar los pasos a seguir, elegir el sendero más corto y, a la vez, el más seguro. Al terminar el reconocimiento, descendió hacia la gruta y se posó sobre el hombro ya vestido del griego, dándole toques con su pequeña cabeza de ave en la mejilla.


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Re: The cursed lovers // Privado - Spyros

Mensaje por Spyros el Jue Abr 05, 2018 12:07 pm

Efímero el instante en el que nuestros dedos se acariciaron, nuestros ojos se admiraron y las promesas en nuestra mente retumbaron. Dicen que nada puede con dos enamorados, que el dolor es parte de una relación y que lugar te convierte en guerrero como el dolor fortalece t alma y tu cuerpo. En este instante en el que mutábamos a hombre y bestia respectivamente nuestros labios se orillaron temerosos de no alcanzar los belfos del otro.
Un milímetro, solo esa escasa distancia falto para alcanzar el cielo que el aleteo del halcón convirtió en tartaro.
Abrí los ojos viendo como se alejaba de nuevo, planeando, surcando las nubes y regalándome la imagen de París desde las alturas.

Me vestí mientras ella sobrevolaba el cielo, dicen que las bestias no sienten, hoy sabía de la falacia que implicaban esas palabras pues por ella, halcón o mujer daría la vida.
Cuando regresó apoyó sus garras en mi hombro picoteando los gusanos de mi pelo, rozando su plumaje con mi mejilla infundiéndome un animo que ninguno de los dos sentíamos.
-Vamos a por Shelby, es nuestra única opción de estar juntos.

El día lo pasamos observando el edificio de la Logia, sentado en una cafetería en la plaza del Theatre con Caliope dentro de una jaula. No podía llevarla en mi hombro en medio de un mundo civilizado como lo era París en esos momentos.
Shelby llevaba una rutina bastante marcada, Logía, casa y biblioteca..solo teníamos que marcar el día en el que acercarnos a ella y poder conversar tranquilos, a fin de cunetas íbamos a ofrecerle un reino que gobernar.
Lucio era el cabeza de las logias, pasaba mucho tiempo en el despacho del edificio, su vida parecía ordenada, tenia dos hijos pequeños, una mujer de bellas formas, supongo que como todo hombre poderoso mantenía una vida aparentemente idílica en su enorme mansión.
Shelby era hija de Höor Canif, conde de los Paises Bajos, aparte de poderoso, ese hombre era un bárbaro, la suerte es que estaba lejos de él, lo que facilitaría mucho las cosas. De la madre se sabia menos, era una mujer de clase alta que se lanzó al mar desposándose con un pirata y acabó casada con un bárbaro, sin duda sus gustos eran algo abstractos.

Caída la tarde la seguimos hasta la biblioteca, dentro no podía entrar con Caliopé así que esperamos en los jardines. Deslicé mis dedos por los barrotes de la jaula, no podíamos hablar, hasta eso nos habían arrebatado. Cuando Shelby saliera sería el momento de interceptarla, invitarla a una copa, conversar, nada tenía que ir mal, pero de no ceder, tenía un plan b.

Unos jóvenes viendo el halcón en la jaula se acercaron, intenté deshacerme de ellos, peor por desgracia Talos utilizó ese instante para desaparecer con Shelby no se bien como, rugí preso de la ira tomando la jaula y dejando a los jóvenes allí plantados.
-Búscalos -le pedí abriendo la jaula.
Esta salio de allí despedida compartiendo conmigo la visión ,pero seguramente un conjuro de invisibilidad lograba que el planeo de la cazadora no obtuviera respuestas.
-¡Joder!
Saqué uno de los viales del zurrón, Caliope odiaba que usara las drogas para poder intensificar mi magia pero eramos lo que eramos, soldados de los aquelarres...no teníamos opción si queríamos ser los mejores.
Hinqué en uno la aguja de la jeringa y tiré del embolo hasta que el liquido paso a llenar el tubo. Con un trozo de goma anude mi brazo hasta que la vena quedó marcada, allí hundí la aguja con tino, la practica era una variable para estas cosas.
Solté la goma dejando que el liquido empezara a adentrarse en mis venas, jadeé ante la explosión de adrenalina


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Re: The cursed lovers // Privado - Spyros

Mensaje por Calíope el Vie Abr 06, 2018 2:01 pm

Aunque convertida en halcón podía seguir estando junto al hombre que amaba, la forma que adoptaba no le permitía conversar con él, acariciarse, abrazarse o besarse. Estaba claro que aquellos que tenían la posibilidad de hacerlo a diario no lo valoraban lo suficiente, pues sólo cuando perdías algo, sabían cuánto lo necesitabas en realidad. Calíope intentaba estar lo más cerca posible del hechicero a todas horas, pero cuando entraron en la ciudad, ella no podía ir como si fuera un pequeño canario sobre el dedo de un ornitólogo, pues era un ave de presa, no muy grande, pero considerada de todos modos peligrosa, así que debía viajar metida en una jaula, algo que la propia cambiante sabía que Spyros odiaba. Ella se resignaba, pero podía ver el dolor reflejado en los claros ojos de su amado y eso la rompía por dentro.

Allí parados frente a la logia, el ave no podía dejar de pensar en lo cerca que tenían la solución y, al mismo tiempo, lo difícil que podía resultar obtenerla. El brujo estaba convencido que con contarle a Shelby lo que la aguardaba en Grecia, ella cogería sus bártulos y partiría con ellos sin demora, pero Calíope no tenía las cosas tan claras y estaba segura que aunque resultara tan sencillo como Spyros lo pintaba, que una vez se la entregaran al aquelarre, estos no cumplirían con su palabra. Ella jamás había sido de juzgar a las personas por su clase social, su raza o la ascendencia, pero les habían maldito, estaba claro que no eran gente buena y que por conseguir lo que se proponían, harían lo que fuera. Ella era una cazadora y sólo por eso ya la tenían en su lista negra. Jamás le devolverían su libertad, por mucho que les suplicara. Pero en el despacho más alto, había otra posibilidad… Lucio Sacro se encontraba allí y era un hechicero muy poderoso. Él podía ser quien rompiera el hechizo, pero el griego no parecía querer aceptar aquella opción como factible. Tenía que convencerle, pero era complicada dada su situación, porque una discusión normal, era inviable.

Cuando la bruja salió de la logia, la siguieron hasta la biblioteca y mientras aguardaban a que partiera para interceptarla e intentar mantener una charla con ella, aparecieron unos muchachos que parecieron quedar fascinados con el ave rapaz que aguardaba tranquilamente dentro de su prisión de metal. Y mientras estos entretenían al joven moreno que los intentaba apartar, Talos, el amigo de Spyros, cogió y se llevó a la que era nuestra vía de escape del maleficio que les ahogaba. La jaula se abrió y la cambiante alzó el vuelo en busca de la pareja que huía. Compartió su visión con el griego, mas fue incapaz de localizarles incluso desde las alturas. Dio varias vueltas antes de regresar al origen, viendo con sus ojos excepcionales ya desde la distancia como el hechicero se inyectaba elixir en las venas. Gañitó con fuerza al descender en picado hacia él, batiendo sus alas al estar ya cerca de su rostro. Le estaba regañando como podía, aunque ya fuera tarde para ello. Calíope odiaba que usara aquellos métodos, él lo sabía, por eso lo había hecho mientras ella se encontraba lejos. De poder comunicarse con él de otro modo, le hubiese gritado, golpeado e incluso se le hubiesen llenado los ojos de lágrimas, porque sabía lo peligroso que era, las consecuencias de sus actos pasarían factura luego y sería el lobo el que sufriría cuando se ennegreciera el cielo. El lobo y su amada, que debería atender al pobre can de aullido lastimero.


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Re: The cursed lovers // Privado - Spyros

Mensaje por Spyros el Mar Abr 17, 2018 12:17 pm

Abrí los ojos de golpe con los labios entreabiertos soltado de forma pesada el oxigeno de mis pulmones, mi cabeza se dejó caer hacía atrás ligeramente mientras miraba el cielo y al ave que caía en picado hacía mi llegando tarde.
Sabía lo mucho que odiaba aquello, pero yo era lo que era, fui criado en los aquelarres, educado en las artes oscuras de la magia y el único modo de alcanzar la cima del poder era por medio de meter sustancias peligrosas a nuestro cuerpo.

La oí piar ante mis ojos que intentaban enfocarla mientras una sonrisa tonta se instauró en mis labios, ms de inmediato la adrenalina actuó, mis pupilas dilatadas volvieron en si y me centré en todo lo que a mi alrededor ocurría.
-Aurean -dije concentrándome en el aura de Talos. Había echado un conjuro de invisibilidad de ahí que Caliope fuera incapaz de verlo con la hechicera -Vamos.

Sabía que cuando ella adquiriera su forma humana me diría lo que pensaba, pero bueno, es lo que necesitábamos y no estaba dispuesto a perder la oportunidad de volver a rozar su piel, si el precio a pagar era el tártaro, pretendía arder en el.

Seguimos con paso rápido a Talos hasta un almacén abandonado, sus cristales estaban cubiertos con cartones, seguramente había llevado allí a la joven Cannif para darle muerte
El tiempo apremiaba, Talos era despiadado y no le temblaría le pulso en cumplir como buen soldado su cometido, tampoco a mi me temblaría si para volver con mi amada tenía que dar muerte al que conmigo se había educado.
Eramos soldados, la vida y la muerte quedaba separada por un hilo demasiado fino y así nos lo enseñó nuestro maestro tal como crecíamos.

Me concentré en la puerta y llevando mi diestra a ella una explosión de energía la abrió de golpe, ladeé la sonrisa ligeramente al ver como Talos salía despedido contra la pared, al igual que la todavía Shelby, mi señora a partir de ahora.
El hechicero no tardó en recomponerse y si yo en mi diestra esgrimí una arma de hoja azulada, este sacó la roja de debajo de su manga y allí estábamos uno frente al otro retándonos, tentándonos pues las armas mágicas no eran cualquier cosa, el menos corte devorarían nuestras lamas o consumirían nuestra energía.

Shelby salió corriendo de la estancia logrando librarse de lo que la mantenía presa, tenía que reconocerle tener recursos la joven sobrina de Nessnie.
Lo aceros chocaban mientras nos desafiábamos en un baile de pies violentos, mas pronto sentimos el aura de otros hechiceros, inquisidores seguramente que al notar las fuertes auras que allí se concentraban venían en nuestra caza.
-Nos veremos Talos -dije antes de que Caliope se apoyara sobre mi hombro a mi señal y cerrando los ojos me concentré saltando en tiempo y espacio hasta aquella gruta donde habíamos dormido la noche anterior, pronto la dama blanca conquistaría el firmamento.







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Re: The cursed lovers // Privado - Spyros

Mensaje por Calíope el Mar Abr 17, 2018 1:43 pm

Era demasiado tarde para hacer nada, la ponzoña ya corría por las venas del hechicero y, como tal, no tardaría en contaminar su sangre. Sí, le daría una fuerza inusual a su poder, pero cuando el efecto desapareciera, el cuerpo de Spyros quedaría desprotegido durante unas horas. El precio a pagar por un momento de gloria, era el verse vulnerable después, lo que pondría en riesgo su vida y la de su amada si alguien los encontraba para darles caza mientras el lobo sufría y la cambiante estaba en su forma humana. No es que ella no supiera defenderse, pero si iban a por ellos, no sería sólo uno y tampoco sería un simple mortal, serían brujos con poderes y Calíope contra la magia no era rival.

El halcón alzó el vuelo de nuevo, por un lado para dejar que el griego se concentrara y, por otro, porque estaba ofuscada y no deseaba estar cerca de él hasta que se le pasara. Sabía que era inevitable, que el hechicero haría todo lo que estuviera en su mano por dar con Shelby y convencerla para regresara con ellos a Mykonos para sentarse en el trono, pero a su vez, estaba convencida que eso no ocurriría, la muchacha no accedería. Y si lo hiciera, dudaba mucho que el aquelarre levantara la maldición que les separaba. Y aunque se diera el milagroso suceso de que cumplieran con su palabra, el levantamiento de los brujos en su tierra sería llamar de nuevo a la guerra, a un tiempo de caos y sufrimiento que la cambiante no deseaba. ¿Estaba dispuesta a sacrificar vidas ajenas por estar de nuevo con Spyros? En el fondo, sabía que no. Por eso se aferraba a la otra opción, a hablar con Lucio Sacro y suplicarle que les ayudara. Para Calíope, él era su única salida.

Siguió desde las alturas el camino de su amado, controlando que nadie les siguiera mientras se acercaban allí donde Talos se escondía y retenía a la hechicera. En cuanto la puerta voló por los aires, el ave descendió en picado para unirse a la pelea, no portaba armas, pero podía resultar de ayuda a su manera. Mas antes de que siquiera cruzaran el primer choque de espadas mágicas, la inquisición dio con ellos y tuvieron que llamar a retirada. La muchacha había escapado y la cambiante, lejos de perseguirla, le había dejado que se marchara sin interponerse en su camino. Cuanto más lejos estuviera la sucesora de Nessanie de aquellos dos hombres, mejor para el resto del mundo.

Spyros usó su magia para transportar a ambos de regreso a la cueva y lo primero que se llevó fue un picotazo en la cabeza y varios golpes de alas por la cara. Si no dejaba de machacarse de esa manera, no sería necesario levantar el maleficio, porque se condenaría a muerte antes de que pudieran volver a besarse una vez siquiera.

El ave reposó sobre una roca, aguardando a la puesta de sol, a ese efímero instante en el que sus miradas se cruzaran, en que sus orbes humanos se contemplaran con el dolor de aquellos cien días y cien noches sin poder tocarse.

Con el último destello anaranjado tiñendo el cielo, las plumas empezaron a caer y los huesos a crujir. Las articulaciones se dislocaban, el pico desaparecía y las garras se alargaban, convirtiéndose en dedos finos. Ya no había halcón, ahora había una mujer en su lugar, una dama de melena castaña y piel ligeramente tostada. Delgada, menuda y desnuda, que con la mirada entristecida buscaba al amor de su vida, cuyo rostro comenzaba a alargarse y cubrirse de pelo. -Te quiero...- Susurró con lágrimas corriendo por sus mejillas.


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Re: The cursed lovers // Privado - Spyros

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