Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Night of the Demons

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Night of the Demons

Mensaje por Abraxas el Miér 28 Mar 2018, 06:11

Desde que el mundo es mundo, ciertas personas o entes se han encargado de romper el equilibrio que en determinado momento se establecía en la civilización. El motivo es simple. Cuando las cosas van relativamente bien, las personas se acostumbran a un ritmo de vida irreal, en el que nada nuevo ocurre, en el que todo parece sencillo y monótono, en el que los problemas son fáciles de encauzar y forman parte del día a día. Se acaban olvidando de cómo enfrentarse a nuevos retos, a necesidades más específicas o complejas. Se alejan de la verdad que siempre está vigente en el significado de la vida: que está llena de imprevistos, de problemas inabarcables, de sueños rotos. Es por esto por lo que creo que, francamente, deberían darnos las gracias. Sí, yo soy uno de esos entes que se encarga de destruir el equilibrio que se va construyendo paulatinamente en el mundo, haciendo volcar la balanza hacia la parte más oscura y dolorosa de la realidad. Yo soy uno de esos buenos samaritanos a quienes los malacostumbrados humanos llaman "demonios" cuando resquebrajamos su falsa calma para hacerlos toparse de lleno con la faceta más cruda del mundo, aquella que jamás debieron abandonar. Yo soy uno de los causantes de que haya muertes, hambrunas y llanto en esa utopía de tranquilidad que muchos se empeñan en mantener durante años. Yo soy un ente del caos, y como tal, me encargo de que la maldad vuelva a ocupar su posición preferente en el universo. Porque tanto el bien como el mal son necesarios para el correcto desarrollo del mundo. Y quien diga lo contrario, miente.

Y mi misión, esta noche, es lograr que deje de ser tan absurdamente tranquila. ¿Cómo? La verdad es que no hay un método concreto para conseguirlo. Todo depende del azar, de la suerte que tenga encontrándome a la víctima o víctimas perfectas para tal labor. Y de la resistencia que éstas últimas pongan a colaborar con la "sagrada" misión que he de desempeñar. Algunos entienden con relativa velocidad que no hay escapatoria posible cuando aparezco ante ellos... A otros, sin embargo, les cuesta más. Pero yo nunca me rindo. Él me lo ordena, y yo cumplo con sus peticiones con tanta presteza como ellos acuden a la llamada de su falso Dios. Tampoco es que tengan demasiadas opciones para detenerme. Disfruto cumpliendo por mi labor en esta tierra sucia y degradada, y eso me convierte en un ser más que peligroso. Imparable. ¡Es tan tremendamente divertido! Su sufrimiento, su decepción al darse cuenta de que el destino del que les han hablado toda su vida no es más que un frío y destartalado agujero en medio de la nada. Están fabricados para cumplir mandatos, arrastrarse ante otros más poderosos, y regresar a la tierra de la que una vez salieron. No había ningún propósito más allá de ese. No cumplen con ninguna función en un mundo que ya existía mucho antes de que ellos aparecieran. Me encanta ser yo quien les de esa lección, mientras observo cómo la vida se les apaga de los ojos, y su sangre dota de fortaleza a mis rígidos músculos.

Mis pies avanzan por encima del suelo a una velocidad vertiginosa. Mi sed es voraz a estas alturas de la noche, y sé por experiencia que cualquiera que se atreva a caminar a solas por la ciudad a esas horas, estará lo bastante ebrio o loco para no suponer ningún problema para alguien como yo. Aunque, francamente, prefiero lo segundo. Los locos son bastante divertidos. Hay un momento, entre la agonía y su último aliento, en el que adquieren una capacidad de razonar desconocida para ellos hasta entonces. Y se nota en su sangre, en su discurso, y en sus descabelladas peticiones de última hora. Como soy un caballero, siempre me comprometo a cumplirlas. Pero comprometerse no implica acabar cumpliéndolas, ¿no? Continúo con mi paseo con los ojos bien abiertos, esperando tener la suerte de toparme con uno de aquellos seres inferiores con tanto ego, llamados humanos, a fin de cumplir la cuota que él me ha marcado para este mes. Soy su siervo, y como tal, tengo un trabajo que hacer. Mi lealtad lleva siendo casi perfecta desde hace años. No será esta noche la primera en que no cumpla con mi palabra. Porque prometer algo a un simple ser humano no significa nada. Pero Nergal lo es todo. El único Dios, la única realidad tangible. A él no se le puede mentir. Pronto, las tumbas comienzan a tomar forma ante mis ojos. No sé por qué pero siempre suelo acabar aquí en mis noches de cacería. ¿Será porque la tranquilidad y silencio de los muertos me ayudan a escapar de la absurda y ruidosa realidad de aquellos que deben alimentarme? Probablemente. Observo los nombres grabados en cada una de las piedras, topándome con más de uno -y más de cien- de aquellos que yo mismo hice enterrar. Cómo pasa el tiempo, ¿eh? Antes, la ciudad entera parecía sumida en un sueño profundo repleto de calma, y ahora, gracias a mi, ha vuelto a la normalidad. Mi función es más importante de lo que parece: para que la vida merezca la pena, la muerte es necesaria. Una pena que no todos lo vean así.


Última edición por Abraxas el Miér 25 Abr 2018, 01:59, editado 2 veces


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Re: Night of the Demons

Mensaje por Bethany S. Dunne el Jue 05 Abr 2018, 01:39

Los muertos nos acompañan allí donde vamos. Nos persiguen, nos rodean, viven a nuestro alrededor aunque no siempre los veamos. Nos vigilan y manipulan, son partícipes de todos y cada uno de nuestros actos, independientemente de que seamos conscientes o no de su presencia. Mi silueta se desplaza, cual tétrico ente, entre los tenebrosos árboles del cementerio, mismo lugar que frecuento en quizá más ocasiones de las que debería. No puedo evitarlo. Me siento a gusto caminando por el camposanto, como si el hecho de estar junto a seres de la misma materia de la que estoy hecha me hace sentir menos fuera de lugar. Después de todo, ya llevo demasiado tiempo en la superficie, y vestir esta máscara se me empieza a hacer pesado. Este aroma a podredumbre, a muerte, ese olor tan característico del inframundo, donde pertenezco, es imperante en un lugar como este. Tal vez de ahí venga mi comodidad al caminar por aquí. Puedo escuchar con total claridad los murmullos que el resto de muertos me dedican. Me saludan como a uno más.  

Mientras paseo, he ido recogiendo un centenar de flores que pronto han tomado la forma de un lúgubre ramo. Extrañamente, siempre he sido hábil tratando con las plantas, y más con aquellas que sólo crecenn en los cementerios. Como yo, no necesitan muchos nutrientes ni ser regadas con regularidad. Sobreviven sin necesitar de nada ni de nadie. Son resistentes, fuertes, salvajes... Más hermosas que el resto, pero también más peligrosas. Y eso las hace especiales. Blancas, rojas, doradas. Cualquier color es bienvenido y las mezclas son más que frecuentes. Las flores perfectas para los muertos. Para los fantasmas. Para los cadáveres andantes. Para los demonios como yo. Tras decorar mis cabellos blanquecinos con delicadeza, adquiero el aspecto de una especie de ninfa de los bosques en el proceso. ¿Cuánto tardaría en capturar a la primera presa de la noche? La piel que visto siempre es atrayente, pero lo es aún más en esta noche donde la luna brilla plateada en todo lo alto. 

Pronto, una melodía se escapa de mi garganta. Una canción que en otro ámbito resultaría dulce, pero que ahora añade un punto aún más tétrico a lo ya de por sí lúgubre del ambiente. No tengo muy claro si soy yo la que canta, o si es el alma de la joven que yace encerrada en su propio cuerpo, quien, tras despertar, intenta emitir un susurro de súplica al exterior. Nadie va a ayudarla, sin embargo. Es demasiado débil, y gracias a eso, yo me he hecho aún más fuerte. No puede escapar de mi posesión, ni yo estoy dispuesta a dejarla ir. Aún me queda mucho por hacer en esta ciudad, mucho caos por generar, muchas vidas que sesgar para entregárselas a mi Señor. 



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Re: Night of the Demons

Mensaje por Abraxas el Miér 25 Abr 2018, 01:57

Al irme adentrando en el cementerio, la velocidad de mis pasos se reduce considerablemente. Puedo apreciar cómo el ambiente se vuelve viciado a medida que sigo avanzando por el camposanto. La atmósfera está revuelta. Se percibe en el aire, en el violento soplar del viento, en aquel silencio sepulcral que, a diferencia de otras noches, no es tan notorio. Entorno los ojos y me detengo a fin de observar a mi alrededor con más detalle. Agudizo mis sentidos, tratando de percibir aquello que se me escapa. ¿Por qué iban los muertos a salir de sus tumbas? ¿Por qué iban los espíritus a abandonar su eterno silencio, su profundo sueño, en una noche cualquiera como esa? A menos que algo se me escapara, y esa posibilidad se me antoja bastante improbable. Él siempre me avisa antes de que algo suceda para que esté preparado. Más que nada, porque normalmente soy yo el que consigue que la quietud, la calma, se vea fracturada en mil pedazos. Yo soy el encargado de hacer que el caos florezca en el mundo. Soy el demonio predilecto. El asesino perfecto. ¿Cómo iba a planear mi Dios algo sin avisarme antes? ¡Es inaudito! No. Algo raro está pasando, y tengo que averiguarlo y comunicárselo. Porque esa es otra de mis muchas labores: informar al maligno periódicamente de cómo mi presencia en el mundo contribuye a destruirlo, o qué otras cosas sucedían, fruto del azar, que contribuían a nuestra causa. Algo se avecina.

Lo presiento.

Sigo avanzando entre las tumbas, percibiéndolas ahora más vacías y silenciosas de lo que nunca lo estuvieron. Los muertos no descansan en paz ni estando muertos, y esa es una realidad que yo mismo padezco en mi propia piel. Aunque no es que me queje: lo contrario. El mundo, sin mi, estaría perdido. Se acabarían destruyendo a sí mismos por vivir en una mentira, en una realidad irreal en la que los imprevistos y las desgracias no eran frecuentes. ¡Mi misión, además de ser necesaria, es sumamente importante! Y a cambio, de manos de mi señor, recibo lo que más anhelo: vivir para siempre. La juventud eterna. La fortaleza y la sabiduría supremas. Volverme invencible. Pero yo soy yo, y el resto de almas que moran en el cementerio son simples cadáveres anclados a lo terrenal. Por eso me extraña que siquiera se molesten en salir de sus tumbas. No es frecuente que alguien que haya sido dotado con la facultad de descansar eternamente, decida por su propio pie dejar de hacerlo. Ni frecuente ni lógico. ¿Qué les habría hecho salir de su ensimismamiento? ¿Qué oscura fuerza, además de la mía, les atrae? Tengo que averiguarlo. Si existen más seres como yo, cosa que dudo, es mi deber encontrarlos. Encontrarlos y destruirlos. Porque no puede haber más como yo. No aquí. No tan cerca. No voy a permitirlo.

El ambiente se va haciendo más viciado a medida que me aproximo a la parte más profunda del camposanto. Un denso bosque de abetos se extiende ahora frente a mi y... ¡oh! Puedo oír sus voces, inteligibles, pululando a mi alrededor. Deben ser cientos. ¡Miles! Reunidos dentro de la oscuridad que les otorga la arboleda. ¿Qué les habrá hecho salir? Me pregunto, y me acerco al lugar de donde sus voces salen expulsadas con más fuerza. Y mientras más me acerco, más caóticas se vuelven. Puedo verlos. Se manifiestan ante mi, aunque no me prestan ninguna atención. Son etéreos, dispares, y a su modo, maravillosos. Un espectáculo de luces y sombras. Un teatro de almas. Una estampa que pocas veces se vive. Y tras todo ese cúmulo de voces sin ningún sentido ni orden para mi, percibo una claramente discernible a las otras. Una voz clara, agresiva, y serena. La voz de quien los convoca. Puedo entender la lengua antigua que utiliza porque yo mismo la utilicé en otra de mis muchas vidas... Y allí está. Una silueta claramente humana, en medio de todas aquellas almas encadenadas. Enarco una ceja, entre atónito y escéptico. ¿Una humana podía ejercer tanto control sobre el mundo de los muertos? ¡Era imposible! Mi Dios nunca me había hablado de algo como eso. Me acerco aún más a la joven de cabellos oscuros, y me acabo sorprendiendo a mi mismo abstraído por la orden implícita en sus palabras. ¿Qué es esa chica? ¿Por qué tiene influencia sobre los muertos? Y más importante... ¿Por qué su corazón palpita a un ritmo tan poco frecuente? Su sangre me llama, despierta mi sed, a lo que mis colmillos responden apareciéndose de repente, y alarmando a los espíritus que, ¡oh! ¡increíble! parecen querer protegerla. Sus almas se vuelven de colores chillones, agresivos, y más de un centenar se colocan entre mi presa y yo. No tengo muy claro lo que un muerto puede hacerle a otro muerto, pero en este momento, tengo cosas más importantes en las que pensar. Como en por qué Nergal no me ha avisado de la existencia de una criatura capaz de controlar a otros entes. Y sobre todo, por qué no me ha mandado a eliminarla. ¿Acaso formaba parte de su oscuro ejército? ¡No lo permitiría! Los humanos son seres patéticos e impredecibles. No merecen tener el mismo trato que los auténticos demonios, como lo soy yo.


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Re: Night of the Demons

Mensaje por Bethany S. Dunne el Sáb 05 Mayo 2018, 00:43

Mi avance por el cementerio no pasa desapercibido para esas almas errantes que pululan por el lugar y que, como tantas otras, se sienten atraídas por la presencia de un ser capacitado para comunicarse con ellas. Debo reconocerlo, y es que los poderes presentes en este contenedor de carne que estoy vistiendo, han ido creciendo exponencialmente desde que me instalase en su interior. No tengo claro si lo que los aviva es mi presencia, mi diabólica existencia que atrae a lo oculto, o si es la frustración que poco a poco se ha ido acumulando en su espíritu, al verse incapaz de recuperar el control por sí misma. Y es que en las últimas semanas no he podido bajar la guardia ni por un momento. Si antes apenas se esforzaba por mantener la consciencia a flote, ahora no para de empujar para regresar a su estado natural. Parece que mis actos la repugnan, y a pesar de que antes la realidad le producía indiferencia, ahora parece más lúcida de lo que lo ha estado nunca. ¡Qué curioso! Lejos de llevarla por el mal camino, mi presencia ha provocado que su pureza, que la inocencia que ocultaba tras varias capas de locura salga a flote. Y ahora me toca forzar mi domino sobre este cuerpo con todo mi empeño.

Es ella, su presencia, su espíritu, lo que ha llevado a los muertos a levantarse de sus tumbas. Se acercan a ella, a mi, a nosotras, como si fueran atraídos por la mezcla en nuestras naturalezas. Los espectros se deslizan entre las sombras, translúcidos pero relucientes al mismo tiempo, y a pesar de ser una cantidad tan grande, solamente el sonido del viento al correr entre ellos es lo único que rompe el silencio sepulcral que acompañan a su existencia. Algunos grotescos, probablemente recién salidos del purgatorio y escupidos nuevamente al mundo, tal y como me ocurrió a mi, y otros que aún conservan su forma humana casi en su totalidad, reflejo de que llevan poco tiempo muertos, de que están perdidos, anclados al mundo sin comprender muy bien por qué lo están. Pronto lo sabrán, en cuanto reúna a los suficientes llegará el momento de reclutarlos a todos en nombre de mi Señor, a fin de desatar el infierno sobre la tierra. 

Aún queda un poco para ese momento, sin embargo. Los sacrificios realizados hasta ahora no son ni de lejos suficientes para convocar a un ente de tal calibre al plano de la realidad tangible. Solamente el "renacer" de un demonio como yo requirió una gran cantidad de energía, energía que viene del poder de esas almas, precisamente. Por eso las recolecto. Mi canción va volviéndose lentamente más tétrica, y casi se asemeja a un himno para los condenados. Ya no es ella quien canta, sino yo, en un idioma que se asemeja al latín, pero es incluso más antiguo y complejo. Un idioma que sólo los entes inmortales probablemente conozcan, gracias a su longevidad. Y es uno de ellos precisamente quien entra en escena, de forma abrupta, poco después. Su sed de sangre es evidente incluso desde la distancia, así como la locura, una locura que se asemeja a la mía, que brilla en sus ojos enrojecidos. Sonrío de medio lado mientras observo cómo los espíritus se arremolinan en torno a él, como queriendo impedirle el paso. 




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Re: Night of the Demons

Mensaje por Abraxas el Jue 24 Mayo 2018, 04:35

Soy consciente de que me ha visto, de que nuestras miradas se han cruzado en un breve momento... Pero también me he podido dar cuenta de que mi presencia no la altera en lo absoluto. Más bien lo contrario, mi rostro desconcertado parece divertirla, y eso no hace más que aumentar mi enfado. A pesar de la fuerte oposición que muestran los espíritus que siguen arremolinándose a mi alrededor, me acerco a la humana arrastrando los pies, sin perderla de vista en ningún momento. Sigue tranquila, demasiado tranquila como para encontrarse a punto de ser asaltada por una criatura como yo. Sé que lo percibe, el peligro, el aura terrible que me rodea, porque yo también, a medida que me acerco, puedo percibir la suya. No se parece a la de otro humano normal y corriente, pero no se trata de un inmortal como yo. Entonces, ¿qué es? La definición de humano con poderes tampoco se ajusta a su forma de comportarse, ni al modo en que es capaz de controlar sus habilidades. He conocido a muchos hechiceros durante mi existencia, y lo que resultaba más característico en ellos era el hecho de que sus poderes resultaban tremendamente inestables, y normalmente se veían influidos por sus emociones erráticas.

Ella es diferente. A pesar de que puedo percibir su rabia, su malicia, desde un par de palmos en la distancia, también noto la mezcla entre dos naturalezas, y la estabilidad que esa unión entre opuestos provoca en sus poderes. Es extraño, ¿quién iba a decir que el truco para controlar los poderes estaba justamente en tener parte del bien y del mal contenidos en un mismo recipiente? Quizá no sea tan descabellada la posibilidad de que mi Señor la haya escogido para algo en concreto... Pero no, no puedo creerlo. No todavía. Los humanos no son merecedores de ser favorecidos por los dioses, y mucho menos por aquellos que proceden del inframundo. Además, su capacidad para atraer a los espíritus de los difuntos. y más importante, comandarlos y comprender sus voces a pesar de la confusión que supone el hecho de que haya tantos reunidos en un mismo lugar. Cuando finalmente estoy lo bastante cerca como para tocarla simplemente alargando el brazo, entonces, y sólo entonces, ella da un paso atrás, sobresaltada.

- Por un momento llegué a pensar que eras incapaz de sentir miedo, pero ahora me doy cuenta de que estaba... equivocado. -No, no es cierto, en su expresión no hay atisbo alguno de miedo. Recelo, sí, en cierta forma, pero no soy capaz de identificar por qué. ¿Qué es lo que esconde? Las palabras que ahora está murmurando carecen de sentido, pero puedo sentir el ambiente volverse más y más pesado. Frustrante, los deseos por morderla y drenar toda su sangre se entrelazan con la curiosidad que me despierta su simple existencia.



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Re: Night of the Demons

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