Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Night of the Demons

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Night of the Demons

Mensaje por Abraxas el Mar Mar 27, 2018 10:11 pm

Desde que el mundo es mundo, ciertas personas o entes se han encargado de romper el equilibrio que en determinado momento se establecía en la civilización. El motivo es simple. Cuando las cosas van relativamente bien, las personas se acostumbran a un ritmo de vida irreal, en el que nada nuevo ocurre, en el que todo parece sencillo y monótono, en el que los problemas son fáciles de encauzar y forman parte del día a día. Se acaban olvidando de cómo enfrentarse a nuevos retos, a necesidades más específicas o complejas. Se alejan de la verdad que siempre está vigente en el significado de la vida: que está llena de imprevistos, de problemas inabarcables, de sueños rotos. Es por esto por lo que creo que, francamente, deberían darnos las gracias. Sí, yo soy uno de esos entes que se encarga de destruir el equilibrio que se va construyendo paulatinamente en el mundo, haciendo volcar la balanza hacia la parte más oscura y dolorosa de la realidad. Yo soy uno de esos buenos samaritanos a quienes los malacostumbrados humanos llaman "demonios" cuando resquebrajamos su falsa calma para hacerlos toparse de lleno con la faceta más cruda del mundo, aquella que jamás debieron abandonar. Yo soy uno de los causantes de que haya muertes, hambrunas y llanto en esa utopía de tranquilidad que muchos se empeñan en mantener durante años. Yo soy un ente del caos, y como tal, me encargo de que la maldad vuelva a ocupar su posición preferente en el universo. Porque tanto el bien como el mal son necesarios para el correcto desarrollo del mundo. Y quien diga lo contrario, miente.

Y mi misión, esta noche, es lograr que deje de ser tan absurdamente tranquila. ¿Cómo? La verdad es que no hay un método concreto para conseguirlo. Todo depende del azar, de la suerte que tenga encontrándome a la víctima o víctimas perfectas para tal labor. Y de la resistencia que éstas últimas pongan a colaborar con la "sagrada" misión que he de desempeñar. Algunos entienden con relativa velocidad que no hay escapatoria posible cuando aparezco ante ellos... A otros, sin embargo, les cuesta más. Pero yo nunca me rindo. Él me lo ordena, y yo cumplo con sus peticiones con tanta presteza como ellos acuden a la llamada de su falso Dios. Tampoco es que tengan demasiadas opciones para detenerme. Disfruto cumpliendo por mi labor en esta tierra sucia y degradada, y eso me convierte en un ser más que peligroso. Imparable. ¡Es tan tremendamente divertido! Su sufrimiento, su decepción al darse cuenta de que el destino del que les han hablado toda su vida no es más que un frío y destartalado agujero en medio de la nada. Están fabricados para cumplir mandatos, arrastrarse ante otros más poderosos, y regresar a la tierra de la que una vez salieron. No había ningún propósito más allá de ese. No cumplen con ninguna función en un mundo que ya existía mucho antes de que ellos aparecieran. Me encanta ser yo quien les de esa lección, mientras observo cómo la vida se les apaga de los ojos, y su sangre dota de fortaleza a mis rígidos músculos.

Mis pies avanzan por encima del suelo a una velocidad vertiginosa. Mi sed es voraz a estas alturas de la noche, y sé por experiencia que cualquiera que se atreva a caminar a solas por la ciudad a esas horas, estará lo bastante ebrio o loco para no suponer ningún problema para alguien como yo. Aunque, francamente, prefiero lo segundo. Los locos son bastante divertidos. Hay un momento, entre la agonía y su último aliento, en el que adquieren una capacidad de razonar desconocida para ellos hasta entonces. Y se nota en su sangre, en su discurso, y en sus descabelladas peticiones de última hora. Como soy un caballero, siempre me comprometo a cumplirlas. Pero comprometerse no implica acabar cumpliéndolas, ¿no? Continúo con mi paseo con los ojos bien abiertos, esperando tener la suerte de toparme con uno de aquellos seres inferiores con tanto ego, llamados humanos, a fin de cumplir la cuota que él me ha marcado para este mes. Soy su siervo, y como tal, tengo un trabajo que hacer. Mi lealtad lleva siendo casi perfecta desde hace años. No será esta noche la primera en que no cumpla con mi palabra. Porque prometer algo a un simple ser humano no significa nada. Pero Nergal lo es todo. El único Dios, la única realidad tangible. A él no se le puede mentir. Pronto, las tumbas comienzan a tomar forma ante mis ojos. No sé por qué pero siempre suelo acabar aquí en mis noches de cacería. ¿Será porque la tranquilidad y silencio de los muertos me ayudan a escapar de la absurda y ruidosa realidad de aquellos que deben alimentarme? Probablemente. Observo los nombres grabados en cada una de las piedras, topándome con más de uno -y más de cien- de aquellos que yo mismo hice enterrar. Cómo pasa el tiempo, ¿eh? Antes, la ciudad entera parecía sumida en un sueño profundo repleto de calma, y ahora, gracias a mi, ha vuelto a la normalidad. Mi función es más importante de lo que parece: para que la vida merezca la pena, la muerte es necesaria. Una pena que no todos lo vean así.


Última edición por Abraxas el Mar Abr 24, 2018 6:59 pm, editado 2 veces


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Re: Night of the Demons

Mensaje por Bethany S. Dunne el Miér Abr 04, 2018 6:39 pm

Los muertos nos acompañan allí donde vamos. Nos persiguen, nos rodean, viven a nuestro alrededor aunque no siempre los veamos. Nos vigilan y manipulan, son partícipes de todos y cada uno de nuestros actos, independientemente de que seamos conscientes o no de su presencia. Mi silueta se desplaza, cual tétrico ente, entre los tenebrosos árboles del cementerio, mismo lugar que frecuento en quizá más ocasiones de las que debería. No puedo evitarlo. Me siento a gusto caminando por el camposanto, como si el hecho de estar junto a seres de la misma materia de la que estoy hecha me hace sentir menos fuera de lugar. Después de todo, ya llevo demasiado tiempo en la superficie, y vestir esta máscara se me empieza a hacer pesado. Este aroma a podredumbre, a muerte, ese olor tan característico del inframundo, donde pertenezco, es imperante en un lugar como este. Tal vez de ahí venga mi comodidad al caminar por aquí. Puedo escuchar con total claridad los murmullos que el resto de muertos me dedican. Me saludan como a uno más.  

Mientras paseo, he ido recogiendo un centenar de flores que pronto han tomado la forma de un lúgubre ramo. Extrañamente, siempre he sido hábil tratando con las plantas, y más con aquellas que sólo crecenn en los cementerios. Como yo, no necesitan muchos nutrientes ni ser regadas con regularidad. Sobreviven sin necesitar de nada ni de nadie. Son resistentes, fuertes, salvajes... Más hermosas que el resto, pero también más peligrosas. Y eso las hace especiales. Blancas, rojas, doradas. Cualquier color es bienvenido y las mezclas son más que frecuentes. Las flores perfectas para los muertos. Para los fantasmas. Para los cadáveres andantes. Para los demonios como yo. Tras decorar mis cabellos blanquecinos con delicadeza, adquiero el aspecto de una especie de ninfa de los bosques en el proceso. ¿Cuánto tardaría en capturar a la primera presa de la noche? La piel que visto siempre es atrayente, pero lo es aún más en esta noche donde la luna brilla plateada en todo lo alto. 

Pronto, una melodía se escapa de mi garganta. Una canción que en otro ámbito resultaría dulce, pero que ahora añade un punto aún más tétrico a lo ya de por sí lúgubre del ambiente. No tengo muy claro si soy yo la que canta, o si es el alma de la joven que yace encerrada en su propio cuerpo, quien, tras despertar, intenta emitir un susurro de súplica al exterior. Nadie va a ayudarla, sin embargo. Es demasiado débil, y gracias a eso, yo me he hecho aún más fuerte. No puede escapar de mi posesión, ni yo estoy dispuesta a dejarla ir. Aún me queda mucho por hacer en esta ciudad, mucho caos por generar, muchas vidas que sesgar para entregárselas a mi Señor. 



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Re: Night of the Demons

Mensaje por Abraxas el Mar Abr 24, 2018 6:57 pm

Al irme adentrando en el cementerio, la velocidad de mis pasos se reduce considerablemente. Puedo apreciar cómo el ambiente se vuelve viciado a medida que sigo avanzando por el camposanto. La atmósfera está revuelta. Se percibe en el aire, en el violento soplar del viento, en aquel silencio sepulcral que, a diferencia de otras noches, no es tan notorio. Entorno los ojos y me detengo a fin de observar a mi alrededor con más detalle. Agudizo mis sentidos, tratando de percibir aquello que se me escapa. ¿Por qué iban los muertos a salir de sus tumbas? ¿Por qué iban los espíritus a abandonar su eterno silencio, su profundo sueño, en una noche cualquiera como esa? A menos que algo se me escapara, y esa posibilidad se me antoja bastante improbable. Él siempre me avisa antes de que algo suceda para que esté preparado. Más que nada, porque normalmente soy yo el que consigue que la quietud, la calma, se vea fracturada en mil pedazos. Yo soy el encargado de hacer que el caos florezca en el mundo. Soy el demonio predilecto. El asesino perfecto. ¿Cómo iba a planear mi Dios algo sin avisarme antes? ¡Es inaudito! No. Algo raro está pasando, y tengo que averiguarlo y comunicárselo. Porque esa es otra de mis muchas labores: informar al maligno periódicamente de cómo mi presencia en el mundo contribuye a destruirlo, o qué otras cosas sucedían, fruto del azar, que contribuían a nuestra causa. Algo se avecina.

Lo presiento.

Sigo avanzando entre las tumbas, percibiéndolas ahora más vacías y silenciosas de lo que nunca lo estuvieron. Los muertos no descansan en paz ni estando muertos, y esa es una realidad que yo mismo padezco en mi propia piel. Aunque no es que me queje: lo contrario. El mundo, sin mi, estaría perdido. Se acabarían destruyendo a sí mismos por vivir en una mentira, en una realidad irreal en la que los imprevistos y las desgracias no eran frecuentes. ¡Mi misión, además de ser necesaria, es sumamente importante! Y a cambio, de manos de mi señor, recibo lo que más anhelo: vivir para siempre. La juventud eterna. La fortaleza y la sabiduría supremas. Volverme invencible. Pero yo soy yo, y el resto de almas que moran en el cementerio son simples cadáveres anclados a lo terrenal. Por eso me extraña que siquiera se molesten en salir de sus tumbas. No es frecuente que alguien que haya sido dotado con la facultad de descansar eternamente, decida por su propio pie dejar de hacerlo. Ni frecuente ni lógico. ¿Qué les habría hecho salir de su ensimismamiento? ¿Qué oscura fuerza, además de la mía, les atrae? Tengo que averiguarlo. Si existen más seres como yo, cosa que dudo, es mi deber encontrarlos. Encontrarlos y destruirlos. Porque no puede haber más como yo. No aquí. No tan cerca. No voy a permitirlo.

El ambiente se va haciendo más viciado a medida que me aproximo a la parte más profunda del camposanto. Un denso bosque de abetos se extiende ahora frente a mi y... ¡oh! Puedo oír sus voces, inteligibles, pululando a mi alrededor. Deben ser cientos. ¡Miles! Reunidos dentro de la oscuridad que les otorga la arboleda. ¿Qué les habrá hecho salir? Me pregunto, y me acerco al lugar de donde sus voces salen expulsadas con más fuerza. Y mientras más me acerco, más caóticas se vuelven. Puedo verlos. Se manifiestan ante mi, aunque no me prestan ninguna atención. Son etéreos, dispares, y a su modo, maravillosos. Un espectáculo de luces y sombras. Un teatro de almas. Una estampa que pocas veces se vive. Y tras todo ese cúmulo de voces sin ningún sentido ni orden para mi, percibo una claramente discernible a las otras. Una voz clara, agresiva, y serena. La voz de quien los convoca. Puedo entender la lengua antigua que utiliza porque yo mismo la utilicé en otra de mis muchas vidas... Y allí está. Una silueta claramente humana, en medio de todas aquellas almas encadenadas. Enarco una ceja, entre atónito y escéptico. ¿Una humana podía ejercer tanto control sobre el mundo de los muertos? ¡Era imposible! Mi Dios nunca me había hablado de algo como eso. Me acerco aún más a la joven de cabellos oscuros, y me acabo sorprendiendo a mi mismo abstraído por la orden implícita en sus palabras. ¿Qué es esa chica? ¿Por qué tiene influencia sobre los muertos? Y más importante... ¿Por qué su corazón palpita a un ritmo tan poco frecuente? Su sangre me llama, despierta mi sed, a lo que mis colmillos responden apareciéndose de repente, y alarmando a los espíritus que, ¡oh! ¡increíble! parecen querer protegerla. Sus almas se vuelven de colores chillones, agresivos, y más de un centenar se colocan entre mi presa y yo. No tengo muy claro lo que un muerto puede hacerle a otro muerto, pero en este momento, tengo cosas más importantes en las que pensar. Como en por qué Nergal no me ha avisado de la existencia de una criatura capaz de controlar a otros entes. Y sobre todo, por qué no me ha mandado a eliminarla. ¿Acaso formaba parte de su oscuro ejército? ¡No lo permitiría! Los humanos son seres patéticos e impredecibles. No merecen tener el mismo trato que los auténticos demonios, como lo soy yo.


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Re: Night of the Demons

Mensaje por Bethany S. Dunne el Vie Mayo 04, 2018 5:43 pm

Mi avance por el cementerio no pasa desapercibido para esas almas errantes que pululan por el lugar y que, como tantas otras, se sienten atraídas por la presencia de un ser capacitado para comunicarse con ellas. Debo reconocerlo, y es que los poderes presentes en este contenedor de carne que estoy vistiendo, han ido creciendo exponencialmente desde que me instalase en su interior. No tengo claro si lo que los aviva es mi presencia, mi diabólica existencia que atrae a lo oculto, o si es la frustración que poco a poco se ha ido acumulando en su espíritu, al verse incapaz de recuperar el control por sí misma. Y es que en las últimas semanas no he podido bajar la guardia ni por un momento. Si antes apenas se esforzaba por mantener la consciencia a flote, ahora no para de empujar para regresar a su estado natural. Parece que mis actos la repugnan, y a pesar de que antes la realidad le producía indiferencia, ahora parece más lúcida de lo que lo ha estado nunca. ¡Qué curioso! Lejos de llevarla por el mal camino, mi presencia ha provocado que su pureza, que la inocencia que ocultaba tras varias capas de locura salga a flote. Y ahora me toca forzar mi domino sobre este cuerpo con todo mi empeño.

Es ella, su presencia, su espíritu, lo que ha llevado a los muertos a levantarse de sus tumbas. Se acercan a ella, a mi, a nosotras, como si fueran atraídos por la mezcla en nuestras naturalezas. Los espectros se deslizan entre las sombras, translúcidos pero relucientes al mismo tiempo, y a pesar de ser una cantidad tan grande, solamente el sonido del viento al correr entre ellos es lo único que rompe el silencio sepulcral que acompañan a su existencia. Algunos grotescos, probablemente recién salidos del purgatorio y escupidos nuevamente al mundo, tal y como me ocurrió a mi, y otros que aún conservan su forma humana casi en su totalidad, reflejo de que llevan poco tiempo muertos, de que están perdidos, anclados al mundo sin comprender muy bien por qué lo están. Pronto lo sabrán, en cuanto reúna a los suficientes llegará el momento de reclutarlos a todos en nombre de mi Señor, a fin de desatar el infierno sobre la tierra. 

Aún queda un poco para ese momento, sin embargo. Los sacrificios realizados hasta ahora no son ni de lejos suficientes para convocar a un ente de tal calibre al plano de la realidad tangible. Solamente el "renacer" de un demonio como yo requirió una gran cantidad de energía, energía que viene del poder de esas almas, precisamente. Por eso las recolecto. Mi canción va volviéndose lentamente más tétrica, y casi se asemeja a un himno para los condenados. Ya no es ella quien canta, sino yo, en un idioma que se asemeja al latín, pero es incluso más antiguo y complejo. Un idioma que sólo los entes inmortales probablemente conozcan, gracias a su longevidad. Y es uno de ellos precisamente quien entra en escena, de forma abrupta, poco después. Su sed de sangre es evidente incluso desde la distancia, así como la locura, una locura que se asemeja a la mía, que brilla en sus ojos enrojecidos. Sonrío de medio lado mientras observo cómo los espíritus se arremolinan en torno a él, como queriendo impedirle el paso. 




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Re: Night of the Demons

Mensaje por Abraxas el Miér Mayo 23, 2018 9:35 pm

Soy consciente de que me ha visto, de que nuestras miradas se han cruzado en un breve momento... Pero también me he podido dar cuenta de que mi presencia no la altera en lo absoluto. Más bien lo contrario, mi rostro desconcertado parece divertirla, y eso no hace más que aumentar mi enfado. A pesar de la fuerte oposición que muestran los espíritus que siguen arremolinándose a mi alrededor, me acerco a la humana arrastrando los pies, sin perderla de vista en ningún momento. Sigue tranquila, demasiado tranquila como para encontrarse a punto de ser asaltada por una criatura como yo. Sé que lo percibe, el peligro, el aura terrible que me rodea, porque yo también, a medida que me acerco, puedo percibir la suya. No se parece a la de otro humano normal y corriente, pero no se trata de un inmortal como yo. Entonces, ¿qué es? La definición de humano con poderes tampoco se ajusta a su forma de comportarse, ni al modo en que es capaz de controlar sus habilidades. He conocido a muchos hechiceros durante mi existencia, y lo que resultaba más característico en ellos era el hecho de que sus poderes resultaban tremendamente inestables, y normalmente se veían influidos por sus emociones erráticas.

Ella es diferente. A pesar de que puedo percibir su rabia, su malicia, desde un par de palmos en la distancia, también noto la mezcla entre dos naturalezas, y la estabilidad que esa unión entre opuestos provoca en sus poderes. Es extraño, ¿quién iba a decir que el truco para controlar los poderes estaba justamente en tener parte del bien y del mal contenidos en un mismo recipiente? Quizá no sea tan descabellada la posibilidad de que mi Señor la haya escogido para algo en concreto... Pero no, no puedo creerlo. No todavía. Los humanos no son merecedores de ser favorecidos por los dioses, y mucho menos por aquellos que proceden del inframundo. Además, su capacidad para atraer a los espíritus de los difuntos. y más importante, comandarlos y comprender sus voces a pesar de la confusión que supone el hecho de que haya tantos reunidos en un mismo lugar. Cuando finalmente estoy lo bastante cerca como para tocarla simplemente alargando el brazo, entonces, y sólo entonces, ella da un paso atrás, sobresaltada.

- Por un momento llegué a pensar que eras incapaz de sentir miedo, pero ahora me doy cuenta de que estaba... equivocado. -No, no es cierto, en su expresión no hay atisbo alguno de miedo. Recelo, sí, en cierta forma, pero no soy capaz de identificar por qué. ¿Qué es lo que esconde? Las palabras que ahora está murmurando carecen de sentido, pero puedo sentir el ambiente volverse más y más pesado. Frustrante, los deseos por morderla y drenar toda su sangre se entrelazan con la curiosidad que me despierta su simple existencia.



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Re: Night of the Demons

Mensaje por Bethany S. Dunne el Miér Jun 20, 2018 4:57 pm

Una vez se zafa del insistente pero insuficiente control de los espectros, el inmortal acaba acercándose a nosotras lo bastante como para el cuerpo que ocupo reaccione, aunque no precisamente como yo espero. Me aparto de golpe, como evitando el contacto con el muerto, algo que lo hace a él sonreír. ¡Já! Estúpido engreído, se atreve a pensar que es miedo lo que me hace reaccionar así. Claro que no puede saber que somos dos los seres mezclados en este cuerpo, pero de ahí a pensar que cualquier mortal tiene miedo de los vampiros, es tenérselo bastante creído. Para mi no son más que seres con una sed de sangre exagerada y unos colmillos más largos que la media. No representan una amenaza para mi yo real, y aunque objetivamente pueda ser capaz de dañar este cuerpo que ocupo, ¿acaso eso debe importarme? Casi me haría un favor, ya que así me desharía de la molestia "carga" que porto en mi interior. A pesar de que mi expresión no ha cambiado, y de que el muerto ya se ha dado cuenta de que no es temor lo que siento, noto a Bethany revolverse, quejarse, rogarme en voz de grito que me separe del lado de esa criatura cuya aura la mantiene aterrada. Pero precisamente yo no soy de las que concede deseos a terceras personas... Mucho menos a alguien que estoy utilizando.

- ¿Miedo? El temor está reservado para las criaturas inferiores. Yo no soy capaz de sentir temor, porque soy la representación del miedo en sí mismo. -Noto el escepticismo recorrer su rostro en menos de un segundo. Por supuesto, debe pensar que estoy exagerando, o simplemente creer que debo estar delirando, ¿cómo una simple humana va a ser representación de nada? O mejor dicho, ¿cómo voy a ser yo causante de miedo, en lugar de él, que es un vampiro, y cuya existencia en sí misma representa una amenaza para mi?

- ¿No los notas? Cómo te observan. Están enfadados. Porque aunque yo los comando a ellos, ellos no pueden acercarse a mi tanto como desearían, ni comunicarse de forma efectiva a menos que yo inicie un contacto más íntimo. Pero tú te has inmiscuido y puedes hacer cuanto quieras sin necesidad de esperar. Puedes tomar, hacer y deshacer a tu antojo. Por eso nos odian los muertos. Porque podemos hacer lo que ellos no. -Parece confundido por mis palabras, y no me extraña. Pero ellos sí me comprenden. Se arremolinan a su alrededor nuevamente, de forma violenta y lo empujan lejos de mi. Saben a lo que me refiero. Si él se interpone, no seré capaz de comenzar el ritual, ritual que me ayudará a escucharlos, a atender a sus súplicas. Después de todo, son los importantes soldados de mi Señor, y los necesitaré para sus propósitos. Así que debo mantenerlos contentos.

Aprovechando que ahora está a un palmo o dos de distancia, extraigo los distintos ingredientes del pequeño bolso que llevo al hombro y los coloco uno a uno, en orden, encima de una roca ovalada que parece gobernar el claro del bosque. El momento ha llegado. La Luna, llena, gobierna el cielo desde su centro, el instante en que el velo entre los dos mundos es más delgado, y cuando, por tanto, la posibilidad de hablar directamente con Él es más factible. - Ahora presta atención, muerto. Quizá aprendas algo del mundo que no se ve, y al que pertenecen estas criaturas...



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Re: Night of the Demons

Mensaje por Abraxas el Vie Jun 22, 2018 12:11 pm

Cada una de las palabras que va mencionando esconde un ridículo egocentrismo que a punto está de provocar que me empiece a reír a carcajadas. Y digo a punto, porque antes de que pueda dar una reacción concisa a su clara provocación, los dichosos espíritus comienzan a interponerse en mi camino una vez más, pero esta vez mostrando una fortaleza de la que antes no han hecho gala. ¿Qué significan las palabras que acaba de decir? Algo me dice que no van dirigidas a mi, especialmente cuando las expresiones antes ilegibles en los rostros espectrales de los fantasmas comienzan a hacerse cada vez más claras. ¿Qué demonios está pasando? Ella los está incitando, y la verdad es que en cierto modo me sorprende que unos seres que, en esencia, simplemente no existen, sean capaces de reaccionar a nada en absoluto.

Ahora estoy más interesado, así que opto por quedarme quieto y ver qué hace. No es que espere aprender nada de una chiquilla humana engreída, pero la curiosidad siempre ha formado parte de mi carácter, y estoy seguro de que a mi Dios le hará mucha más ilusión recibir el cadáver de alguien con algún tipo de habilidad especial que el de un don nadie. - ¿Tú? ¿Qué crees poder demostrarme? Hay muchas brujas que controlan a los espíritus, no es algo que yo no haya visto ya cien veces antes... -Miento, descaradamente además, todo en ella resulta extraño y no he conocido a ningún hechicero capaz de manejar a tantos al mismo tiempo. A decir verdad, mis deseos por desangrarla cada vez son más fuertes. ¿Qué sabor tendrá el elixir vital salido de ese cuello tan pálido y delicado? Apuesto a que me hará sentir más vivo de lo que lo ha hecho ninguna de mis más recientes víctimas.

Intento deducir qué es lo que significan las palabras que consigo comprender procedente de sus cánticos. Nunca he entendido bien la necesidad de esas criaturas de mencionar simples palabras con el objetivo de enfocar sus poderes. ¿Qué poder pueden llegar a tener las palabras, más allá de ser simples letras unidas unas con otras? Pero, como para intentar contradecirme, el aire comienza a hacerse cada vez más y más pesado, y el ambiente se sobrecarga de una especie de electricidad estática. La antes leve luz de los espectros comienza a hacerse más y más fuerte, y sus cuerpos se van haciendo más tangibles y fácilmente reconocibles. Corpóreos.

Interesante.



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Re: Night of the Demons

Mensaje por Bethany S. Dunne el Lun Jul 23, 2018 10:55 pm

Asiento moviendo la cabeza con lentitud, satisfecha ahora que el muerto finalmente ha decidido detenerse. Si lo ha hecho por no tener que enfrentarse a la legión de espectros que sin duda volverán a interponerse, o por simple curiosidad, no es precisamente algo que me interese. Tengo asuntos más importantes y urgentes a los que atender. Tras concentrarme por unos segundos, consigo que los antes revueltos espíritus ahora se queden quietos, y cuando el silencio es lo único que impera en el bosque, comienzo con el ritual. Uno a uno, voy provocando que cada ingrediente antes depositado sobre la roca comience a arder, y cuando todos se han convertido en cenizas, el fuego se torna de color azulado, y en el centro del improvisado altar, aparecen las runas pertenecientes a cada uno de los elementos utilizados. Con la yema del dedo índice, dibujo el pentagrama que servirá de canal para hablar con mi Señor, usando para ello las cenizas aún ardientes. Noto cómo la piel comienza a doler al principio, pero luego se convierte en una sensación de frescor. Las llamas no pueden dañarme, no estas, al menos. - ZI KIA KANPA, MARUTUKKU... ZI ANNA KANPA... ZI DINGIR KIA KANPA, MARUTUKKU... ZI DINGIR ANNA KANPA! -Mi voz resuena entre los árboles, y el eco retumba en cada uno de los cuerpos translúcidos, provocando que, poco a poco, vayan recuperando su corporeidad. 

El pentagrama reluce de forma más y más intensa, al mismo tiempo que sus etéreos cuerpos lo hacen y van recuperando sus formas originales. Es su energía lo que servirá para abrir el portal, para llamarle y atraerle hasta nosotros. - ZI KIA KANPA! ZI ANNA KANPA, MARUTUKKU! - Pongo énfasis en su nombre, terminando así el ritual de llamada, y poco a poco, comienzo a sentir los efectos de su presencia creciente en este plano astral. Al no disponer de un cuerpo del que adueñarse, es el mío, o más concretamente, en el que yo he tomado prestado para dicho propósito, el que servirá como médium, como enlace entre el inframundo y el mundo terrenal, para que así sea capaz de dirigirse a los nuevos soldados que yo he logrado para él. A medida que voy entrando en trance, lo que está a mi alrededor va haciéndose mas y más difuso, aunque lo último que llego a ver antes de que Él tome pleno control del cuerpo de Bethany, es la mirada entre sorprendida y rabiosa del vampiro que ahora se ha levantado. Pero no tengo nada que temer, mientras Él esté aquí, conmigo, nada podrá dañarme. 

- Hijos míos, almas que seguís ancladas al mundo terrenal, os hablo desde el siguiente lugar al que descenderéis, para aseguraros que vuestros esfuerzos a partir de ahora no serán en vano. Si estáis todavía aquí es porque el sufrimiento que ha sido infligido en vosotros es demasiado grande para haceros avanzar, pero no temáis, cuando Morgaine cierre el ritual, vuestras almas estarán finalmente en paz, y vuestros grilletes desaparecerán. Lo único que pido a cambio de ese regalo, es que nos ayudéis con nuestros propósitos, que no son otros que aplastar a aquellos que os han perjudicado en vuestra vida mortal. -Su voz de ultratumba es imperativa, grave, terrible, pero los espectros no pueden evitar escucharla de forma anonadada, y no sólo él, sino también el vampiro que ahora parece aplastado por la fuerza de mi Señor, la fortaleza de su presencia y sus palabras. Sonrío complacida, desde el interior de esa consciencia que ahora comparto con Bethany, la misma que no puede evitar temblar como una hoja al darse cuenta de que, desde este momento, las cosas comenzarán a volverse aún más terribles.

- Q-qué has hecho... -Su voz era entrecortada y ronca, probablemente de tanto llorar.

- ¿Acaso no es evidente? He abierto un portal para que el Demonio pueda vagar libre por la tierra. Usando tu cuerpo.



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Bethany S. Dunne
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