Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

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Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Erika Tollak el Mar Abr 03, 2018 4:24 am



El sonido de la guerra comenzaba siendo un aullido, un fragor lejano como el trueno que precedía el enfado de Thor. Después chocaban escudo, tintineaban los metales y el quejido del hueso roto y la carne abierta se abría paso entre resuellos que marcaban el ritmo junto al corazón desbocado como un mantra, como una melodía chamánica que despertaba la bestia que todo hombre y mujer portaba en su interior cuando blandía el acero.

Después… silencio. El silencio de la muerte, tan sólo roto por los gemidos de agonía de quienes habían vacilado un segundo, de quienes eran reclamados para el banquete de los dioses o las fraguas insondables de Hel. El silencio solemne era un alivio cuando se rasgaba por las voces y los rugidos de los vencedores, porque entonces caías en la cuenta de que estabas viva.

La sangre cubría el suelo como ofrenda, la ajena al menos, porque la propia manaba de las heridas recordándote que estaba permitido caerse, pero era obligado levantarse. Sus ojos claros estaban cubierto de barro y sangre dándole un aspecto feroz, su larga cabellera recogida en una trenza pendía a su espalda goteando pequeñas perlas rojas, miraba al frente murmurando mentalmente una acción de gracias a los dioses, el vaho se escapaba de sus fosas nasales, pues apretaba la mandíbula con fuerza.

La mano de su padre se posó en el hombro de Erika que se había sumido en el trance del guerrero y estaba empezando a salir de él, ese trance donde sólo estaba la muerte y ella danzando a la par con cada movimiento. Sus hermanos eran grandes guerreros, pero todos contaban con ventajas naturales por su naturaleza, ella no. Demostrar más que nadie, ser la más perfecta guerrera que hubiera visto Akershus, esa era su misión, ser tan feroz y letal como una Valquiria aunque no hubiera sido engendrada en Asgard. Dio un respingo cuando sintió la mano y se giró encontrándose con aquellos ojos ambarinos que poco a poco iban regresando a ese verde grisáceo. Ahí estaba la silenciosa aprobación de Ulf y el mudo tributo a su padre, que era cuanto ella quería ser.

El sonido regresó poco a poco a sus oídos mientras la niebla iba engullendo a los caídos del bando contrario y ellos recogían a los suyos. En cada pelea podías dejarte una porción de tu humanidad, de tu alma, pero ella había escogido ese camino y estaba preparada, su espíritu guerrero sería inquebrantable en su función. Las voces comenzaron a atronar, algunos reían, otros le gritaban alguna cosa a sus compañeros, reclamaban su derecho a estar contentos por estar vivos y vencedores y ella no sería menos. Cuando ese místico momento en el que rozas el Valhalla desaparecía al terminar la batalla, regresaba su humanidad.

—¡¡te has cagado como una niña, Hodrun!! Si no le llego a dar por detrás a ese hoy hubieras cenado con Odín.
—Cállate, mujer!! Eso no es verdad!!
— Hodrun, eres un cagueta.— intervino otro soldado y entre risas fueran picándose, recordando algunos episodios de esa batalla, aunque estaban todos tensos todavía, sacudirse la muerte de encima no era fácil. Habrían un par de piras esa noche y luego beberían en honor a quienes ya estaban disfrutando de su gran banquete.

Llegaron a Akershus por la puerta sur, cubiertos de mierda, barro y sangre, pero aclamados por las calles. No lucía el sol, de hecho estaba bastante nublado y amenazaba niebla, la silueta del buque Inferno se recortaba contra el oscuro mar, era una mole y su mítico cañón de proa asomaba por la compuerta, lo estaban cepillando para que rindiese como debía. Los marineros saludaron desde cubierta y los soldados les devolvieron el saludo con algún que otro silbido o insulto de broma.

El contramaestre era un danés que la Almirante recogió tras un abordaje a un barco esclavista de galeras, y a quien dio cobijo durante años. Un tipo callado y poco dado a emborracharse y meterse en líos. Desde que llegó su objetivo se había fijado en la armada de Akershus y a Erika le intrigaba qué motivaciones podía tener para trabajar tan duro. Saludó con un movimiento de cabeza y se perdió calle arriba, rumbo al patio de armas donde descargarían a los heridos, dejarían los escudos y romperían filas, cada cual a donde quisiera. Ella probablemente fuera a una cala que había a continuación del puerto de Akershus, antes de ir a la taberna o meterse en casa y lavarse, necesitaba liberar su mente de la presión, porque aveces la sentía como un muelle a punto de romperse de la tensión.

Acortó por el puerto tras dejar las armas pesadas y se dirigió a su rincón de calma con una frasca de hidromiel en la mano. Se sentó sobre la arena, notando como se le secaba la sangre sobre la piel, dando sorbos a la botella.


Última edición por Erika Tollak el Dom Abr 08, 2018 4:49 pm, editado 1 vez


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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Svein el Miér Abr 04, 2018 5:51 am

Llevé mi antebrazo a las gotas de sudor que resbalaban de mi frente, llevaba horas limpiando los cañones, para su buen funcionamiento era preciso que tuvieran un mantenimiento adecuado, los artilleros teníamos que ser duchos en el tema de la puntería, no solo con un mero cañon, si no con toda una batería de ellos. Agradecía que el día estuviera nublado, el clima en Noruega solía ser frío en demasía y aun así, las gotas resbalaban por mi nariz muriendo sobre el negro metal mientras tumbado sobre el cañon metía medio cuerpo por la boca de este limpiando con brío.

Dani me había repetido mil veces que este no era el trabajo del contramaestre, que mi puesto era trasmitir sus ordenes y que en caso de ella no estar, darlas yo personalmente. Mas los artilleros eran unos inútiles y la Verga de Satan merecía unos cuidados que no parecían dispuestos a darle.
Era mi día libre, Dani se peleó conmigo el día anterior para que bajara a estirar las piernas un rato, así que bien sabía que si sacaba sus pies del Reina Ana y me pillaba de esta guisa iba a meterme en problemas, pero Akershus siempre estaba en guerra y era preciso tener la batería de cañones preparada. Fui artillero media vida, nadie aquí era capaz de disparar como yo esa retahíla de cañones ni entender su mecanismo y funcionamiento como yo lo hacía, así que debían hacerme caso en esto.

Alcé la cabeza al escuchar los cuernos de la batalla, los guerreros volvían ensangrentados con aquel peculiar hedor a muerte. Hela había ganado adeptos y de seguro también Odin en su gran banquete. Mis ojos golpearon un instante con los de la hija de Ulf, volvía en pie, ensangrentada y con esa peculiar sonrisa que se traía como si la guerra fuera un juego, no entendía bien las ansias de morir que tenían esos vikingos, pero la verdad es que tampoco iba a juzgarlos, cada uno tenía sus creencias o como yo, que no creía en nada mas que en mi mismo, nadie ma ayudo a labrar mi vida ¿donde estaban los dioses cuando mi madre me dejó a las puertas del orfanato?

Devolví mi mirada a lo realmente importante, los cañones y seguí el arduo trabajo mientras los marinos vociferaban a los guerreros y alguno les enseñaba el culo desde cubierta, eran como niños, pero a la hora de luchar lo hacían con ferocidad, no podía reclamarles nada mas.
-Vamos. Volved al trabajo holgazanes, la cubierta no se limpia sola -gruñí llamándoles al orden cuando escuché a mis espaldas el carraspeo que bien conocía.
-Almirante Morgan.

—Svein.— los ojos azules de la inglesa estaban clavados en los suyos con ese interrogante innecesario de “¿qué haces aquí cuando te di la orden de tomarte el dia libre?” Pero en ese mudo diálogo, también comprendía que el hombre lo hacía porque creía que era necesario y tenía razón, lo era, pero una orden era una orden y por desobedecerlas, Beth había perdido el puesto de contramaestre a favor del danés, que había hecho méritos suficientes para ocuparlo. Danielle confiaba en sus hombres, delegaba en ellos cuando mostraban la suficiente cabeza como para dejar los asuntos en sus manos, les daba el puesto que merecían cuando su talento así lo requería y con el chico desnutrido que recogió, había acertado de lleno.— Cualquiera diría que tienes una relación extraña con la Verga de Satán…baja al puerto y relájate un poco, ya está bastante limpia.*

Me deslicé de la Verga de Satan lleno de hollín y restos de pólvora, por suerte me había pillado cuando prácticamente había acabado con mi trabajo.
-Voy Almirante Morgan, yo ...tenia que limpiar la Verga de Satan...pero ya me voy, ya me voy -dije alzando los brazos incapaz de enfrentarla.
Al darme la vuelta mascullé maldiciones y gruñí, no tenía nada que hacer fuera del barco, por contra dentro me esperaba mucho trabajo que se me amontonaría por tomarme un día libre que ni de lejos quería.Fruncí el ceño y di una patada a un cubo de pescado antes de bajar por la rampa. De seguro la almirante estaría sonriendo al ver mi cabreo, pero claro, las ordenes no se rebatían, así que marché a una cala cercana donde podría lavarme la mierda que llevaba encima.
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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Erika Tollak el Dom Abr 08, 2018 5:57 pm

Llena de barro, sangre y mierda como estaba, trató de apurar su botella, pero tenía el estómago cerrado y sólo dio cuenta de media. Se descalzó, llevaba un par de botas buenas, su madre insistía en que por los pies entraban muchas infecciones, sobre todo si no se secaban bien. Se habían mojado, habían pasado varios días en un húmedo cenagal y sentía la piel de sus pies reblandecida y escocida. Se desanudó la larga trenza que llegaba casi por el culo y también tenía el pelo apelmazado. Cuando se retiró la camisa y el pantalón se contó los cortes, heridas y golpes que llevaba y no estaba mal, seguía sumando cicatrices para su colección.

El agua del mar repleta de sal escocería en ellas, pero las limpiaría e impediría que se infectaran, así que bañarse en agua salda era la mejor opción para un primer aseo, solía hacerlo cuando regresaba de alguna batalla así. Luego su madre insistiría en meterla en la bañera con aceites de flores para deseredarle el cabello, curar sus heridas y dejar que Öda le diera la charla sobre las plantas que le irían mejor para no tenere cictarices tan feas como las de sus hermanos. Palabras que a ella le entraban por un oído y le salían por el otro.

Se adentró en el agua fría dejando que la sal lamiera sus heridas. Picaba, pero eso significaba que estaba viva, que había regresado, y con cada batalla era más fuerte. Se dejó flotar unos instantes, notando como el pelo se deshacía de la mugre despacio en el agua, disolviéndose y devolviéndole el único atributo femenino que le gustaba ostentar, ese pelo largo hasta el culo. Pero no podía estar demasiado rato, el frio le amorataba los labios y ahora que se sentía purificada abandonó el agua. Cuando iba saliendo se fijó en que Svein caminaba por la orilla. No le daba vergüenza mostrar su cuerpo, al contrario que su hermana que era más remilgada para eso, y salió igualmente del agua, escurriendo su largo pelo mientras alcanzaba la arena. Aún no estaba a su altura cuando pisó la tierra seca en busca de su camisa, que se colocó sobre la piel aún húmeda. Sacudió un poco el cabello dejando que goteara a un lado y saludó al merino.

—¿qué hay Svein?

Habían intercambiado algunas palabras durante aquellos años aunque el hombre no era muy dado a bajar a puerto y perderse en las tabernas. Sobre todo recordaba una vez que partieron junto a Danielle a una misión de rescate y su padre decidió llevarla junto a sus hermanos, debía tener 14 o 15 años por aquel entonces. No es que fueran los mejores amigos del mundo, pero tampoco eran completos desconocidos. La cala estaba desierta excepto por ellos dos, así que era tontería actuar como si el otro no estuviera, aunque seguramente ambos iban buscando un poco de intimidad, de soledad, un momento para relajarse y regresar a la vorágina de la vida en Akershus.

— ¿quieres?.— le dijo ofreciéndole la botella antes de seguir colocándose la ropa.


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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Svein el Lun Abr 09, 2018 1:44 pm

Caminaba descalzo con las botas sujetas en mi diestra, los pantalones arremangados y la mente en otro lado. Repasaba las cosas que hacer al Inferno. Si bien era cierto los cañones necesitaban un mantenimiento, estaba preparados para entrar en combate, pero el casco necesitaba algún parche, en la ultima batalla en la que entro recibió unos buenos golpes de artillería y si bien era cierto no dificultaban su navegación, arreglarlos era necesario.
Del mismo modo quería comprobar el estado de la quilla, sufría al esquivar los arrecifes y en cuanto Dani me lo permitiera pensaba yo mismo sumergirme en las claras aguas del mar del norte.

Caminaba ofuscado en mis propias ideas cuando me encontré con una silueta femenina en la distancia, tal y como me acercaba me percaté que era la hija de Ulf, el general de Höor, marido de Danielle que se balaba desnuda seguramente relajando su cuerpo tras la dura batalla.
Seguí el mismo camino hasta que nos cruzamos en un punto, ella ya con la camisola cubriendo su desnudez aunque las gotas de agua bañaban la tela creando transparencias que se aderian a su piel.
-Buenos días -respondí con una sonrisa mientras inevitablemente mis ojos se deslizaban por su figura y se centraban en aquellos muslos medio descubiertos.

A diferencia del resto de hombres la caza de mujeres no era para mi un deporte, si quería llegar a lo mas alto no podía distraerme con otros menesteres, lo que había llevado a suscitar en Akershus ciertos comentarios sobre mis gustos y otras necedades.
Fuera de este puerto tenia como el resto mis líos de faldas, pero aquí, prefería no complicarme, los piratas pasábamos demasiado tiempo en alta mar como para echar ancla como lo había hecho Danielle y si bien era cierto hacía viajes, no se permitía pasar grandes temporadas lejos del conde. Beth en eso era igual que ella, se había enamorado de Alrek y al parecer eso la llevaba a cometer errores, no se podía estar en todo y yo había renunciado a lo menos importante, Beth era la hija de la almirante, en parte lo tenía ya todo ganado, mas yo, yo tenía que luchar duro para llegar a lo mas alto.
-Estaba paseando -dije como escusa a lo de beber.
No era muy ducho a ir de tabernas ni a beber alcohol, por beber, peor al ver su gesto acabe cediendo, a fin de cuentas estaba de día libre y no me haría ningún mal dar unos tragos.
-¿una gesta mas de la que vienes de una pieza -dije dando un sorbo de la botella mientras mis ojos se perdían en el infinito mar.

La hija de Ulf era peligrosa, no por como esgrimía la espada, que también, si no por como lo hacía con su mirada, podía sentirla fija en mi, intentando ver mas allá de lo que a simple vista mostraba.
-¿que? -pregunté girándome para mirarla aun con la botella en la mano.
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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

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