Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

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Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Erika Tollak el Mar 03 Abr 2018, 11:24



El sonido de la guerra comenzaba siendo un aullido, un fragor lejano como el trueno que precedía el enfado de Thor. Después chocaban escudo, tintineaban los metales y el quejido del hueso roto y la carne abierta se abría paso entre resuellos que marcaban el ritmo junto al corazón desbocado como un mantra, como una melodía chamánica que despertaba la bestia que todo hombre y mujer portaba en su interior cuando blandía el acero.

Después… silencio. El silencio de la muerte, tan sólo roto por los gemidos de agonía de quienes habían vacilado un segundo, de quienes eran reclamados para el banquete de los dioses o las fraguas insondables de Hel. El silencio solemne era un alivio cuando se rasgaba por las voces y los rugidos de los vencedores, porque entonces caías en la cuenta de que estabas viva.

La sangre cubría el suelo como ofrenda, la ajena al menos, porque la propia manaba de las heridas recordándote que estaba permitido caerse, pero era obligado levantarse. Sus ojos claros estaban cubierto de barro y sangre dándole un aspecto feroz, su larga cabellera recogida en una trenza pendía a su espalda goteando pequeñas perlas rojas, miraba al frente murmurando mentalmente una acción de gracias a los dioses, el vaho se escapaba de sus fosas nasales, pues apretaba la mandíbula con fuerza.

La mano de su padre se posó en el hombro de Erika que se había sumido en el trance del guerrero y estaba empezando a salir de él, ese trance donde sólo estaba la muerte y ella danzando a la par con cada movimiento. Sus hermanos eran grandes guerreros, pero todos contaban con ventajas naturales por su naturaleza, ella no. Demostrar más que nadie, ser la más perfecta guerrera que hubiera visto Akershus, esa era su misión, ser tan feroz y letal como una Valquiria aunque no hubiera sido engendrada en Asgard. Dio un respingo cuando sintió la mano y se giró encontrándose con aquellos ojos ambarinos que poco a poco iban regresando a ese verde grisáceo. Ahí estaba la silenciosa aprobación de Ulf y el mudo tributo a su padre, que era cuanto ella quería ser.

El sonido regresó poco a poco a sus oídos mientras la niebla iba engullendo a los caídos del bando contrario y ellos recogían a los suyos. En cada pelea podías dejarte una porción de tu humanidad, de tu alma, pero ella había escogido ese camino y estaba preparada, su espíritu guerrero sería inquebrantable en su función. Las voces comenzaron a atronar, algunos reían, otros le gritaban alguna cosa a sus compañeros, reclamaban su derecho a estar contentos por estar vivos y vencedores y ella no sería menos. Cuando ese místico momento en el que rozas el Valhalla desaparecía al terminar la batalla, regresaba su humanidad.

—¡¡te has cagado como una niña, Hodrun!! Si no le llego a dar por detrás a ese hoy hubieras cenado con Odín.
—Cállate, mujer!! Eso no es verdad!!
— Hodrun, eres un cagueta.— intervino otro soldado y entre risas fueran picándose, recordando algunos episodios de esa batalla, aunque estaban todos tensos todavía, sacudirse la muerte de encima no era fácil. Habrían un par de piras esa noche y luego beberían en honor a quienes ya estaban disfrutando de su gran banquete.

Llegaron a Akershus por la puerta sur, cubiertos de mierda, barro y sangre, pero aclamados por las calles. No lucía el sol, de hecho estaba bastante nublado y amenazaba niebla, la silueta del buque Inferno se recortaba contra el oscuro mar, era una mole y su mítico cañón de proa asomaba por la compuerta, lo estaban cepillando para que rindiese como debía. Los marineros saludaron desde cubierta y los soldados les devolvieron el saludo con algún que otro silbido o insulto de broma.

El contramaestre era un danés que la Almirante recogió tras un abordaje a un barco esclavista de galeras, y a quien dio cobijo durante años. Un tipo callado y poco dado a emborracharse y meterse en líos. Desde que llegó su objetivo se había fijado en la armada de Akershus y a Erika le intrigaba qué motivaciones podía tener para trabajar tan duro. Saludó con un movimiento de cabeza y se perdió calle arriba, rumbo al patio de armas donde descargarían a los heridos, dejarían los escudos y romperían filas, cada cual a donde quisiera. Ella probablemente fuera a una cala que había a continuación del puerto de Akershus, antes de ir a la taberna o meterse en casa y lavarse, necesitaba liberar su mente de la presión, porque aveces la sentía como un muelle a punto de romperse de la tensión.

Acortó por el puerto tras dejar las armas pesadas y se dirigió a su rincón de calma con una frasca de hidromiel en la mano. Se sentó sobre la arena, notando como se le secaba la sangre sobre la piel, dando sorbos a la botella.


Última edición por Erika Tollak el Dom 08 Abr 2018, 23:49, editado 1 vez




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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Svein el Miér 04 Abr 2018, 12:51

Llevé mi antebrazo a las gotas de sudor que resbalaban de mi frente, llevaba horas limpiando los cañones, para su buen funcionamiento era preciso que tuvieran un mantenimiento adecuado, los artilleros teníamos que ser duchos en el tema de la puntería, no solo con un mero cañon, si no con toda una batería de ellos. Agradecía que el día estuviera nublado, el clima en Noruega solía ser frío en demasía y aun así, las gotas resbalaban por mi nariz muriendo sobre el negro metal mientras tumbado sobre el cañon metía medio cuerpo por la boca de este limpiando con brío.

Dani me había repetido mil veces que este no era el trabajo del contramaestre, que mi puesto era trasmitir sus ordenes y que en caso de ella no estar, darlas yo personalmente. Mas los artilleros eran unos inútiles y la Verga de Satan merecía unos cuidados que no parecían dispuestos a darle.
Era mi día libre, Dani se peleó conmigo el día anterior para que bajara a estirar las piernas un rato, así que bien sabía que si sacaba sus pies del Reina Ana y me pillaba de esta guisa iba a meterme en problemas, pero Akershus siempre estaba en guerra y era preciso tener la batería de cañones preparada. Fui artillero media vida, nadie aquí era capaz de disparar como yo esa retahíla de cañones ni entender su mecanismo y funcionamiento como yo lo hacía, así que debían hacerme caso en esto.

Alcé la cabeza al escuchar los cuernos de la batalla, los guerreros volvían ensangrentados con aquel peculiar hedor a muerte. Hela había ganado adeptos y de seguro también Odin en su gran banquete. Mis ojos golpearon un instante con los de la hija de Ulf, volvía en pie, ensangrentada y con esa peculiar sonrisa que se traía como si la guerra fuera un juego, no entendía bien las ansias de morir que tenían esos vikingos, pero la verdad es que tampoco iba a juzgarlos, cada uno tenía sus creencias o como yo, que no creía en nada mas que en mi mismo, nadie ma ayudo a labrar mi vida ¿donde estaban los dioses cuando mi madre me dejó a las puertas del orfanato?

Devolví mi mirada a lo realmente importante, los cañones y seguí el arduo trabajo mientras los marinos vociferaban a los guerreros y alguno les enseñaba el culo desde cubierta, eran como niños, pero a la hora de luchar lo hacían con ferocidad, no podía reclamarles nada mas.
-Vamos. Volved al trabajo holgazanes, la cubierta no se limpia sola -gruñí llamándoles al orden cuando escuché a mis espaldas el carraspeo que bien conocía.
-Almirante Morgan.

—Svein.— los ojos azules de la inglesa estaban clavados en los suyos con ese interrogante innecesario de “¿qué haces aquí cuando te di la orden de tomarte el dia libre?” Pero en ese mudo diálogo, también comprendía que el hombre lo hacía porque creía que era necesario y tenía razón, lo era, pero una orden era una orden y por desobedecerlas, Beth había perdido el puesto de contramaestre a favor del danés, que había hecho méritos suficientes para ocuparlo. Danielle confiaba en sus hombres, delegaba en ellos cuando mostraban la suficiente cabeza como para dejar los asuntos en sus manos, les daba el puesto que merecían cuando su talento así lo requería y con el chico desnutrido que recogió, había acertado de lleno.— Cualquiera diría que tienes una relación extraña con la Verga de Satán…baja al puerto y relájate un poco, ya está bastante limpia.*

Me deslicé de la Verga de Satan lleno de hollín y restos de pólvora, por suerte me había pillado cuando prácticamente había acabado con mi trabajo.
-Voy Almirante Morgan, yo ...tenia que limpiar la Verga de Satan...pero ya me voy, ya me voy -dije alzando los brazos incapaz de enfrentarla.
Al darme la vuelta mascullé maldiciones y gruñí, no tenía nada que hacer fuera del barco, por contra dentro me esperaba mucho trabajo que se me amontonaría por tomarme un día libre que ni de lejos quería.Fruncí el ceño y di una patada a un cubo de pescado antes de bajar por la rampa. De seguro la almirante estaría sonriendo al ver mi cabreo, pero claro, las ordenes no se rebatían, así que marché a una cala cercana donde podría lavarme la mierda que llevaba encima.


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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Erika Tollak el Lun 09 Abr 2018, 00:57

Llena de barro, sangre y mierda como estaba, trató de apurar su botella, pero tenía el estómago cerrado y sólo dio cuenta de media. Se descalzó, llevaba un par de botas buenas, su madre insistía en que por los pies entraban muchas infecciones, sobre todo si no se secaban bien. Se habían mojado, habían pasado varios días en un húmedo cenagal y sentía la piel de sus pies reblandecida y escocida. Se desanudó la larga trenza que llegaba casi por el culo y también tenía el pelo apelmazado. Cuando se retiró la camisa y el pantalón se contó los cortes, heridas y golpes que llevaba y no estaba mal, seguía sumando cicatrices para su colección.

El agua del mar repleta de sal escocería en ellas, pero las limpiaría e impediría que se infectaran, así que bañarse en agua salda era la mejor opción para un primer aseo, solía hacerlo cuando regresaba de alguna batalla así. Luego su madre insistiría en meterla en la bañera con aceites de flores para deseredarle el cabello, curar sus heridas y dejar que Öda le diera la charla sobre las plantas que le irían mejor para no tenere cictarices tan feas como las de sus hermanos. Palabras que a ella le entraban por un oído y le salían por el otro.

Se adentró en el agua fría dejando que la sal lamiera sus heridas. Picaba, pero eso significaba que estaba viva, que había regresado, y con cada batalla era más fuerte. Se dejó flotar unos instantes, notando como el pelo se deshacía de la mugre despacio en el agua, disolviéndose y devolviéndole el único atributo femenino que le gustaba ostentar, ese pelo largo hasta el culo. Pero no podía estar demasiado rato, el frio le amorataba los labios y ahora que se sentía purificada abandonó el agua. Cuando iba saliendo se fijó en que Svein caminaba por la orilla. No le daba vergüenza mostrar su cuerpo, al contrario que su hermana que era más remilgada para eso, y salió igualmente del agua, escurriendo su largo pelo mientras alcanzaba la arena. Aún no estaba a su altura cuando pisó la tierra seca en busca de su camisa, que se colocó sobre la piel aún húmeda. Sacudió un poco el cabello dejando que goteara a un lado y saludó al merino.

—¿qué hay Svein?

Habían intercambiado algunas palabras durante aquellos años aunque el hombre no era muy dado a bajar a puerto y perderse en las tabernas. Sobre todo recordaba una vez que partieron junto a Danielle a una misión de rescate y su padre decidió llevarla junto a sus hermanos, debía tener 14 o 15 años por aquel entonces. No es que fueran los mejores amigos del mundo, pero tampoco eran completos desconocidos. La cala estaba desierta excepto por ellos dos, así que era tontería actuar como si el otro no estuviera, aunque seguramente ambos iban buscando un poco de intimidad, de soledad, un momento para relajarse y regresar a la vorágina de la vida en Akershus.

— ¿quieres?.— le dijo ofreciéndole la botella antes de seguir colocándose la ropa.




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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Svein el Lun 09 Abr 2018, 20:44

Caminaba descalzo con las botas sujetas en mi diestra, los pantalones arremangados y la mente en otro lado. Repasaba las cosas que hacer al Inferno. Si bien era cierto los cañones necesitaban un mantenimiento, estaba preparados para entrar en combate, pero el casco necesitaba algún parche, en la ultima batalla en la que entro recibió unos buenos golpes de artillería y si bien era cierto no dificultaban su navegación, arreglarlos era necesario.
Del mismo modo quería comprobar el estado de la quilla, sufría al esquivar los arrecifes y en cuanto Dani me lo permitiera pensaba yo mismo sumergirme en las claras aguas del mar del norte.

Caminaba ofuscado en mis propias ideas cuando me encontré con una silueta femenina en la distancia, tal y como me acercaba me percaté que era la hija de Ulf, el general de Höor, marido de Danielle que se balaba desnuda seguramente relajando su cuerpo tras la dura batalla.
Seguí el mismo camino hasta que nos cruzamos en un punto, ella ya con la camisola cubriendo su desnudez aunque las gotas de agua bañaban la tela creando transparencias que se aderian a su piel.
-Buenos días -respondí con una sonrisa mientras inevitablemente mis ojos se deslizaban por su figura y se centraban en aquellos muslos medio descubiertos.

A diferencia del resto de hombres la caza de mujeres no era para mi un deporte, si quería llegar a lo mas alto no podía distraerme con otros menesteres, lo que había llevado a suscitar en Akershus ciertos comentarios sobre mis gustos y otras necedades.
Fuera de este puerto tenia como el resto mis líos de faldas, pero aquí, prefería no complicarme, los piratas pasábamos demasiado tiempo en alta mar como para echar ancla como lo había hecho Danielle y si bien era cierto hacía viajes, no se permitía pasar grandes temporadas lejos del conde. Beth en eso era igual que ella, se había enamorado de Alrek y al parecer eso la llevaba a cometer errores, no se podía estar en todo y yo había renunciado a lo menos importante, Beth era la hija de la almirante, en parte lo tenía ya todo ganado, mas yo, yo tenía que luchar duro para llegar a lo mas alto.
-Estaba paseando -dije como escusa a lo de beber.
No era muy ducho a ir de tabernas ni a beber alcohol, por beber, peor al ver su gesto acabe cediendo, a fin de cuentas estaba de día libre y no me haría ningún mal dar unos tragos.
-¿una gesta mas de la que vienes de una pieza -dije dando un sorbo de la botella mientras mis ojos se perdían en el infinito mar.

La hija de Ulf era peligrosa, no por como esgrimía la espada, que también, si no por como lo hacía con su mirada, podía sentirla fija en mi, intentando ver mas allá de lo que a simple vista mostraba.
-¿que? -pregunté girándome para mirarla aun con la botella en la mano.


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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Erika Tollak el Sáb 28 Abr 2018, 00:23

—Tienes el pelo más largo que tu almirante. Eso da para muchas bromas.— Sonrió abrazando con sus labios la boca de la botella. Todos sabían que Morgan llevaba el pelo corto porque además de ser más cómodo para su puesto, admiraba a la pirata irlandesa Grace O'Malley, la cual se cortó el cabello para demostrarle a su padre que la excusa de que las mujeres no podian ser piratas porque su pelo se enredaba en las maromas, era una falacia.

Siempre le había parecido un enigma, un chico serio y callado, un grumete que había crecido y se había convertido en un hombre de semblante adusto, llegando a ser contramaestre del buque de guerra más temido en aquellas costas. Admiraba el tesón y la determinación de aquellos que se hacen a si mismos, por eso solía chocar con la mimada de Öda, a la cual consideraba débil.

—Si, bueno, ya sabes cómo va esto. Escuché que os tocó sacar la Verga de Satán en Ulsteinvik cuando fuisteis a darle caza a un barco donde viajaba el general Asgeirr.— La mano derecha de Randulf, además de su hijo Hati, era un general leal a su causa y cuando los espías de Morgan informaron de que éste iba a tomar un barco, intentaron cazarlo pero randulf estuvo más listo y los acorraló con varias naves. Tuvieron que salir de allí plantando batalla y habían vuelto con desperfectos pero ninguna baja. El mar también tenía sus peligros y sus gestas.

La tarde comenzaba a caer y en esa playa la quietud se agradecía tras haber vuelto de una confrontación en la que se podía tocar la muerte con los dedos. Se apoyó sobre los codos estirando las piernas y soltando el aire despacio.

— Vine a relajarme un poco, ya sabes.
— porque él debía saber que tras la batalla no se regresaba a la calma así como así.— Dicen por ahí que eres invertido porque nunca bajas al burdel ni se te conoce novia.— Tan llana y directa como su padre, todo candor. Si su madre la escuchase se llevaría las manos a la cabeza.¿Para qué se había roto los cuernos tratando de inculcarles educación si luego soltaban lo primero que les venía en gana? Clavó sus ojos claros en los del marino y esa expresión pícara se acentuó con las pecas de su nariz. Erika engañaba a simple vista, con ese aspecto de niña bueno, cuando era un feroz guerrero contenido en un cuerpo femenino.




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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Svein el Miér 02 Mayo 2018, 13:25

La tarde había caído lentamente sobre ambos, conversando de nada mas allá que de guerra y barcos habíamos dado unos cuantos tragos de la botella, el ambiente estaba algo mas discernido y ese mar que en inicio se presentaba calmo ahora se picaba mucho mas bravo quedando reflejado en los orbes de Erika.
-Esta perfecto para coger unas olas -apunté clavando mis pardos en la blanca espuma de allí a donde rompían.
Fue entonces cuando escuché su pregunta, a otro hombre seguramente lo hubiera llevado a la Ira y como respuesta hubiera respondido un ¿quieres comprobarlo?
Pero yo no necesitaba mostrar lo macho que era a Erika ni a ninguna otra dama, así que me limité a ladear la sonrisa sin despegar mi mirada del oleaje.
-Mi novia es la mar, asi que supongo que se puede considerar que soy heterosexual pues es mujer ¿no crees? -bromeé.

Volví a tomar la botella para dar un ligero sorbo.
-Este sitio es único, podría pasar horas mirando al infinito.
No era una locura teniendo en cuenta que ademas de eso y trabajar sin parar no hacía mucho mas. No era un hombre de grandes excesos, pocas veces bajaba del barco y abandonaba puerto y cuando lo hacía supongo que este no la taberna era el lugar que frecuentaba.
-¿no has quedado con toda la horda Cannif y Tollak?

A veces pensaba que solo juntando ambos linajes ya tenían un ejercito poderoso como para enfrentar las adversidades.
Llevé mi diestra y mi siniestra al pelo y lo recogí en lo alto en una especie de coleta moño medio desecha que enganché con una pulsera que llevaba en la muñeca.
-¿quieres que tomemos unas olas? -pregunté con picaría antes de ponerme en pié extendiéndole la mano y ensanchando la sonrisa.

Creo que ella no entendía muy bien a lo que me refería, pero bueno, pronto lo descubriría
-¿me acompañas al Inferno? Tengo allí la “tabla”
Me había construido con madera una especie de tabla con capacidad de sustentar mi peso y serpentear entre las olas. Sobre ella me sentía libre, así que si esa noche no se iba de borrachera podía enseñarle otro modo distinto de divertirse.
-¿te atreves por una noche a cambiar de hábitos y conocer al invertido -bromeé guiñándole un ojo sin dejarle claro si lo era o no, a fin de cuentas eso evitaría problemas futuros, tenía claro cual era mi único objetivo y las mujeres eran un eterno conflicto.



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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Erika Tollak el Jue 17 Mayo 2018, 09:31

—¿Tomar unas olas? ¿Qué diablos es eso? ¿Me estás tomando el pelo?.— Contestó la hija de Ulf y sin pensárselo dos veces se calzó los pantalones y las botas. El pelo le llegaba casi hasta el inicio del trasero y ahora ya medio seco se lo recogió en una trenza floja que anudó con un trozo de cuero.

Se apresuró a seguirlo hasta el buque Inferno, ese gran mastodonte que todavía no comprendía como no se hundía en el agua tan cargado de cañones y enormes bolas de plomo y hierro. Lo cierto es que del mar apenas sabía nada, su hermano Alrek sí porque se pasó tres meses en los barcos cuando fue y volvió a Perú, eso te daba práctica, pero ella se había subido a esos cascarones lo justo.

Al pasar entre las callejuelas del puerto donde todavía había trajín de mercancías y gente arriba y abajo, se cruzó con su gemelo Garm que salía de una taberna para ir a otra, donde probablemente habría quedado con sus otros hermanos o amigos. Se detuvo y le dio un puñetazo cariñoso en el hombro.

¿Qué pasa enano?.— ella había nacido veinte minutos antes, pero él le sacaba como dos cabezas y un cuerpo. A pesar de la enfermedad y su debilidad, al abrazar la licantropía se había redoblado su tamaño y con ese crecimiento también lo hizo su odio y su violencia. Pero para ella sería siempre su otra mitad, estaban muy unidos. Y a pesar de que Erika adoraba a su padre y competía con Öda por su atención, siempre de decantaba antes por Garm cuando las disputas familiares se ponían tensas.— ¿Otra vez fuera de casa?.— estaba claro que si Garm se encontraba en las tabernas sin apenas haber pasado por el hogar de los Tollak es porque habría discutido de nuevo con su padre, para variar. Lo conocía bien y seguramente pasaría a ver a su madre, que sufría enormemente si los veía sangrar, y después se largaría por ahí.— Vamos a “coger unas olas” o lo que demonios sea eso. Es Svein.— le señaló al marino, aunque probablemente ya supieran uno del otro, en Akershus más o menos todo el mundo se conocía.

Garm se metió un poco con su hermana, aunque nada de lo que pudiera decirle la haría cambiar nunca de parecer respecto a él, sin duda era el que más había sufrido en esa familia junto a su madre que no soportaba ver a sus hijos padecer. A pesar de la edad que tenían, habían compartido cuarto hasta hacía nada, cuando Alrek se mudó a su propia casa y entonces decidieron ocupar su habitación. Erika lo echaba de menos, pero no lo reconocería en alto salvo a su hermano.

¿Estaréis luego en la taberna del Tuerto? Bien.— No sabía cuánto tiempo emplearían en eso de "coger olas", si acababan pronto igual se pasaba por allí. Había sido una batalla dura y tenía ganas de olvidar esa sensación de tener a la muerte colgada de hombro siguiéndote a todas partes, susurrando palabras heladas a tu oído, sugiriéndote imágenes de miembros cercenados y tripas evisceradas, pero con las caras de tus amigos y familiares. Eran vikingos feroces, pero al acabarse el fragor y la adrenalina, tenían nombre propio, hermanos, hijos o parejas y la muerte era indiscriminada, dejaba un vacío y un silencio sobrecogedor al que creía que no se acostumbraría nunca.




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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Garm el Jue 17 Mayo 2018, 15:50

Salia de la taberna con el apático gesto que me traía después de una discusión con Ulf. Siempre parecía saberlo todo y nada para él ser suficiente. Habíamos vuelto de la guerra sangrando, cansados y mi padre lejos de valorar nuestra victoria se exigía mas a si mismo logrando que madre se preocupara mas de la cuenta, herido aun se marchó a atender unas obligaciones que decía no poder esperar.
Madre le hizo unos remiendos, le dije a Ulf que yo me ocuparía, que descansara, pero según él ¿como dejarme hacerlo cuando me había descontrolado tantas veces que ya los hombres en mi no confiaban? ¿acaso no se descontrolaría él si cando caminar escuchara los susurros de lo que de él pensaban, claro, no, porque él era el gran Ulf, el general de Akershus, pero yo solo era la bestia que debía estar muerta.

Me largué de alli para no discutir colándome en la primera taberna para aplacar mi rabia en alcohol, claro que..la compañía fue escasa, nadie quería relacionarse conmigo, solo mis hermanos y los Cannif me soportaban.
Ladeé la sonrisa al verla con el “adoctrinado” de la pirata, no solía pisar tierra firme, pero supongo que como todo macho al final cede a sus instintos por una hembra.
-Ten cuidado con ella -le advertí dándole un manotazo en el pecho -ella no muerde, pero yo si.
Era mi hermana y si la jodía podía darse por pirata muerto, me importaba una mierda que Dani lo protegiera desde que solo era un crio.

Bromeé con mi hermana un buen rato y al final quedé para mas tarde en la taberna del tuerto.
-Traetelo a ver lo que aguanta en pie tras unas jarras.


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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Svein el Jue 17 Mayo 2018, 18:47

Camino al barco nos encontramos de frente con su hermano que ya algo animado por el alcohol me cazó de la pechera arrimándome a él para recordarme que ella era su hermana y que si me pasaba un pelo me mataría.
Ladeé la sonrisa esperando que me soltara, todos conocían lo mal que se llevaba con su padre y sin embargo acababa de salirle esa misma vena protectora que Ulf ostentaba con su descendencia, principalmente con la pequeña Öda.
Ragnar era la risa en el infernó, dicen que su madre tuvo que meterse en medio para que no separara el cuello de su cuerpo tras una noche de pasión con la brujita.
Yo no era mucho de escuchar rumores ni tonterías de ese tipo, trabajar era mi oficio y no alimentar los rumores.

Su hermana se echo unas risas con su el perro de Hela y al final quedaron en la taberna seguramente para seguir todos la fiesta.
Dani me había animado muchas veces a unirme a los Cannif para ir a beber unas jarras, a buscar amigos fuera del barco pues era un chico joven y según ella asumía demasiadas responsabilidades, pero nunca le hice ningún caso.
Nunca llegue bebido, ni en un estado pésimo que pudiera avergonzar a la almirante, siempre estaba preparado para navegar, para tripular y para hacer retumbar los cañones.

Una vez tomamos la tabla del Inferno volvimos al mar, los silbidos para la hija de Ulf no tardaron en producirse, los hombres del navío andaban mas salidos que perros en celo y aunque mi mirada bien delataba un volver al trabajo holgazanes los murmullos sobre que hacia yo con ella se sucedían por allí por donde pasábamos.
-No les hagas caso -dije tratando de ser educado aunque por su picara sonrisa algo me decía que estaba mas que acostumbrada a este tipo de comportamiento.

Una vez en la playa, me quité la ropa y las botas dejándome solo los calzones y afianzando la tabla entre mis manos ladeé la sonrisa dedicándole una mirada furtiva.
-Mírame y aprende, a ver si eres capaz de seguirme el ritmo -la rete sabiendo que eso seria motivación suficiente para la hija del general.










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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Erika Tollak el Jue 07 Jun 2018, 11:49

Los marineros del Inferno solían bajar a las tabernas en su noche libre, la almirante era dura pero no una esclavista, todos sus hombres tenían una noche libre o dos a la semana, todo dependía de los méritos que hubieran hecho y era Svein quien ponía sobre la mesa los premios y castigos para la tripulación, pues era el contramaestre y Danielle no podía estar pendiente de cada tontería o preblema que surgiera en ese barco. Tampoco el capitán, que hasta la fecha era un noruego de apellido Sjögren, Andersen era el del Avenger y ella misma capitaneaba la Reina Ana. Aunque a veces se intercambiaban según las maniobras o misiones que requiriesen.

A pesar de su juventud, Svein estaba bien preparado y tenía el temple necesario para comandar a los hombres, porque se necesitaba una mezcla de autoridad y confianza. Ningún hombre confiaba en otro que hubiera escalado puestos sin valerlo y Svein había limpiado mucha mierda, se lo había ganado sin duda alguna. Como solía suceder, los marineros chismorreaban sobre sus superiores y todo aquel que tuviera algun cargo en el barco, y Svein no esra distinto. Cuando lo vieron ascender con la hija del general se dispararon los comentarios y ésta, lejos de sonrojarse o tratar de pasar desapercibida, se plantó allí en medio de cubierta saludando a todo aquel que tuviera los huevos de acercarse o decirle algo. Porque en las tabernas eran todos muy valientes, pero sin alcohol en las venas la cosa cambiaba.

Recogieron una tabla de madera con forma de huso y se marcharon a la cala del rompiente donde las olas eran grandes cerca de la orilla. De nuevo se descalzaron y se quitaron la mayoría de la ropa para estar cómodos. Observó cómo se tumbaba en la tabla y nadaba con las manos hasta la zona donde las olas empezaban a originarse y cuando éstas se levantaban formando el arco, se colocaba sobre ella y en un ágil movimiento se ponía de pie, manejando la tabla con los pies y el equilibrio del cuerpo, coronando la ola y viajando sobre ella como si fuera el dios Tritón montado sobre su carro tirado de caballos de mar.

Sonrió de medio lado. Así que eso era coger olas. No lo había visto nunca pero parecía complejo y divertido. Cuando se acercó a la orilla y le dijo que probase le palmeó el hombro, era un reto lanzado que no iba a desdeñar.

— Eso está hecho.


Imitó su movimiento nadando con las manos hasta donde emergía la base de la ola, pero cuando intentó ponerse en pie sobre la tabla, ésta se escurrió y cayó al agua estrepitosamente.

¡joder! esto se mueve más que un caballo!

Fue a recuperar la madera apretando los dientes ya que Svein se reía. Vale, era la primera vez que lo hacía, seguro que si lo ponían a él a lanzar flechas sobre un caballo desbocado no atinaba ni una. Se volvió a subir y nadó de nuevo hacia donde comenzaba el movimientod e la ola, consiguió subirse y aguantar unos segundos, pero se fue al agua de nuevo cuando la cresta de la ola empezó a romper con espuma.

¿Pero qué diablos...? ¿cómo lo haces?








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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

Mensaje por Svein el Jue 07 Jun 2018, 15:32

Desde la orilla me reía de la guerrera que era literalmente engullida por las olas y trasportada al fondo acuático.
Creo que n ose había visto en gesta tal porque le mar era un titan contra el que no se podía luchar.
Cuando llegó arrastrada por las olas y sus burbujas blancas con ese carácter muy propio en los Tollak me puse en pie para con una ladeada sonrisa de prepotencia recoger la tabla que había salido disparada tras ella casi golpeándole la cabeza.

Me señaló con el dedo con cara de pocos amigos.
-¡deja de reírte! - rugió antes de preguntar como lo hacia.
-Tu problema es que estas acostumbrada a blandir el acero, enfrentar al enemigo, pero el mar es distinto, no se le puede derrotar, cuando llevas un barco te das cuenta que es imposible luchar contra corriente y que a veces la decisión mas sabía para sortear la tormenta es dejarte llevar por ella.
-Déjame ayudarte -dije indicándole con la cabeza que se sentara en la parte delantera de la tabla, una vez lo hizo me tumbé atrás para impulsándome con las manos remar hacia el interior del mar.

Dejé pasar unas cuantas olas hasta sentir que llegaba la adecuada.
-Ponte en pie cuando te diga y pégate a mi cuerpo -le ordené remando hacia la ola para girar la tabla al sentirme en ella, coloqué mis pies sobre el madero ligeramente acuclillado -¡ahora! -le ordené poniéndome en pie con los brazos extendidos para dominar el equilibrio.

Ladeé la sonrisa cuando su espalda impactó en mi pecho y como si fuéramos el mismo ente surcamos el mar. Su risa rompía junto a la ola mientras la atravesábamos por el centro hasta alcanzar la orilla.
-Ya puedes decir que has cabalgado sobre una ola -le dije guiñándole un ojo mientras sacaba la tabla del agua dejándola caer sobre la arena.

Suponía que ahora se iría con Garm a celebrar y de borrachera, habíamos hecho un trato, así que si así lo quería podía acompañarla un otro.
Este era mi medio, la taberna el suyo, no me gustaba beber demasiado, el alcohol convertía en necios a los hombres y los llevaba a hacer muchas estupideces.
-¿que quieres hagamos ahora? -pregunté mientras engrasaba la tabla.



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Re: Permitido caerse, obligado levantarse {privado}

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