Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

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La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Kitt el Mar Abr 03, 2018 12:51 pm

Empezaba a caer la noche cuando la pequeña raposa salió de su escondrijo, un agujero cavado entre las raíces de un árbol viejo, pero recio y resistente. Se limpió el hocico con una pata, manchado lo llevaba de tierra y le molestaba en los bigotes al olisquear entre las plantas. Le cosquilleaba el polvo el nariz y, de vez en cuando, estornudaba. Alzó su pequeña cabeza de grandes orejas y buscó el firmamento, las estrellas. Éstas titilaban esparcidas por el negro manto que era el cielo, una noche sin luna auguraba algo nuevo. El animal emitió un extraño sonido que, de ser posible, se hubiese confundido con la risa maliciosa de una chiquilla. A una velocidad inusitada, desapareció de nuevo, mas no regresó a su cueva, sino que trepó por el tronco hasta la copa, usando sus afiladas garras para aferrarse a la corteza. Alcanzó una rama gruesa y se deslizó por ella hacia el extremo, rauda como una serpiente antes de atacar, corrió y, antes de llegar al extremo más frágil, se impulso y dio un salto inesperado hacia la espesura del bosque en una caída libre de más de diez metros. Tras un par de segundos de completo silencio, se pudo oír el crujir de ramas y hojas y un pequeño golpe. Silencio de nuevo. Movimiento entre los arbustos, vegetación agitándose y allí donde había caído un zorro rojo, se alzó una joven desnuda de tez clara, cabello castaño y ojos dorados como el mismísimo sol. El brillo de los orbes se fue apagando poco a poco, hasta quedar color miel tostada. Sonrió ladinamente con sus pequeños y blanquecinos dientes asomando por entre los labios. Movió la nariz, un gesto extraño para una mujer, pero no para una traviesa kitsune como ella. Buscó algo que ponerse en el escondrijo de siempre, sacando una tela que se pasó desde la espalda hacia delante y que, tras cruzarla por el torso, ató detrás de la nuca al subir dos extremos por los hombros. Improvisó así un vestido rudimentario, pero suficiente para cubrir aquello que tanto pudor generaba entre los humanos.

Un ruido a sus espaldas la alertó y giró con la mirada entrecerrada, enfocando su visión hacia el origen del sonido. Se encontró con un viejo conocido y volvió a sonreír. -Buenas noches, Ninuc, ¿qué haces por aquí a estas horas?- La comadreja se subió a una piedra y movió sus bigotes, mientras con las patas delanteras se tocaba el morro y hacía ruidos. -¿Vienes a jugar conmigo o estás de paso?- Le animal giró la cabeza hasta casi ponerla del revés y mostró sus dientes, antes de saltar de nuevo a terreno blando y acercarse a la muchacha. -Aburrido.- La chica le sacó la lengua a la mustela y esta prosiguió su camino. -Está bien, ya nos veremos otro días. Saluda a los pequeños de mi parte.- Dio por zanjada la conversación e inició su propio sendero hacia destino desconocido. Bueno, nada allí era desconocido para ella, pues la raposa se sabía aquel bosque de memoria y podría llegar a cualquier lugar con los ojos cerrados, sin tropezarse siquiera una vez.

Los pies la llevaron en dirección al río, tenía sed. Se arrodilló a la orilla, hundió las dos manos en la corriente cristalina y las llenó para llevárselas a la boca y beber. Dio varios tragos largos antes de echarse algo de agua a la cara y lavarse un poco los brazos con ella, hasta los hombros. Intentó no mojar el vestido, pero le salpicaron algunas gotas. A punto estaba de levantarse, de hecho ya había hincado una rodilla en el suelo mientras se apoyaba en el pie izquierdo, cuando escuchó un extraño sonido. Algo iba contracorriente y no era ningún pez, ni tampoco un oso pescando. Decidió retirarse lentamente y esconderse a la espera de descubrir qué era lo que se aproximaba. Tal vez pudiera gastar, aquella noche, alguna broma.



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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Aarjen el Miér Abr 11, 2018 12:38 pm

Perdido, nunca me había sentido tan ido mientras desde la barcaza y empujado por la marea que mi maestro con violencia creaba desde la orilla veía mi hogar arder.
¿Que había pasado? Lo desconocía, pero si las hechiceras me buscaban debía ser por algún tipo de causa mayor, me querían muerto ¿por que?

Ahogué un gruñido al ver como dos de las hechiceras llegaban a la orilla, mi maestro como pudo mantuvo el oleaje para alejarme de ellas mientras frente a si interponía un poderoso escudo para aguantar lo posible para poner a salvo a su discípulo.
Rugí, grité, pero nada pude hacer para que las hechiceras no acabaran flaqueando a mi maestro y en un alarde de poder atravesarlo con sendas espadas de energía azuladas.

Jure venganza mientras las lágrimas caían sobre mis nudillos y la rabia me invadía arrasando con mis entrañas.
Volvería y destruiría esa torre piedra a piedra y esa civilización hasta que ni siquiera quedaran en pie ni los cimientos

Rio a través acabé siendo empujado por las aguas bravas, tras una semana donde la barcaza no se detuvo y desemboco en un enorme mar. El sol golpeo mi cuerpo una y otra vez, no permitiéndome beber ni sorbo que aplacara mi sed, labios agrietados, ausencia de alimento y la locura en mi cabeza.
Durante días vi alimento inexistente, oasis en mar abierto y deseé mi muerte hasta que finalmente el cansancio me venció y caí inconsciente abandonándome a mi suerte...


Abrí los ojos, con la mirada turbia traté de centrarme en el lugar en el que había ido a aparar, si esto era donde te llevaban los dioses, sin duda era un lugar extraño y la verdad, alejado de aquello que prometían.
A simple vista reposaba sobre un improvisado lecho de paja que apoyaba en un suelo de madera sobre un árbol de paredes. Una especie de casa de madera sobre un árbol, ademas el sonido de la naturaleza imperaba sobre todo lo demás.
Fue entonces cuando escuché una voz y tras ella una mujer se dejó caer en el lateral como si siempre hubiera estado ahí.
-¿donde estoy? Tengo sed








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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Kitt el Mar Abr 17, 2018 2:06 pm

Mientras aguardaba escondida tras el tronco de un árbol, vio asomar una extraña canoa formada con troncos, sin pelar la corteza, entrelazados con cuerdas. Alguien estaba tendido encima y no se movía. La raposa movió su nariz, acercándose con sigilo, de manera rápida, pero sin hacer ningún ruido. Podía ser una trampa o quizá sólo estaba dormido. No podía arriesgarse a ser atrapada, había visto alguna vez cazadores furtivos y su deber era espantarlos de sus tierras, no gastarles bromas. Cogió un palo afilado y con éste pinchó varias veces la cara del desconocido. Luego bajó y le dio con él en las costillas. Nada, ninguna reacción, ni quejas ni cosquillas. Torció la boca, meditabunda y tras hundir el extremo puntiagudo en el lodo de la orilla, agarró una rama algo curva y la usó para atraer la barcaza hasta tierra firme.

Una vez tuvo al individuo a mano, le dio la vuelta y, cuál fue su sorpresa, al descubrir que era un muchacho. Ni siquiera tenía un pelo en la barba y no tenía mucha pinta de afeitarse, porque por el resto de su indumentaria, iba bien guarro el chico. Ladeó la cabeza, estudiando las posibilidades y, como ella era más osada que nadie y, sobre todo, más alocada, decidió llevarse al desconocido a su casa. Así que ideó un método para trasladarlo y lo arrastró hasta las raíces de su árbol. Por suerte, tenía una entrada para cuando le apetecía estar en forma humana, así que por allí metió al joven y lo dejó caer, porque sí, no se molestó en recostarlo con cuidado, sobre su lecho de paja, que de improvisado no tenía nada, y le dejó allí mientras ella se iba a hacer sus cosas.

Pasaron varias horas en las que estuvo recolectando bayas, cazando pequeños roedores y reuniendo leña para una pequeña fogata, y para cuando regresó, el chico seguía sin despertar. Decidió que ya era hora de que abriera los ojos, porque su corazón latía, así que muerto no estaba. Le observó desde arriba, una especie de segunda planta en la cueva arbórea en la que vivía. -Vamos, despierta.- Y para ayudar un poco a sus palabras, le tiró agua encima con una traviesa y ladina sonrisa.

El efecto fue inmediato y el bello durmiente despertó, al fin, de su letargo. La kitsune saltó, cayendo junto a la cama y le señaló acusadora con el dedo. -¿Eso es lo primero que le dices a tu salvadora? Qué poca educación tienes, muchacho.- La mirada afilada de la raposa, mostraba unos ojos dorados sobrenaturales, unos orbes que delataban que su naturaleza distaba mucho de ser humana. -Dame las gracias y luego, tal vez, te ofrezca algo para beber.- Se cruzó de brazos sobre el pecho, aguardando la gratitud que merecía. Especialmente si el desconocido supiera que la cambiante nunca hacía nada de manera altruista. Tenía suerte de que le hubiera sacado del río, en vez de hundirle a pedradas que era lo que más se le hubiera antojado. Pero por algún extraño motivo, el zorrito bromista había actuado aquel día de modo distinto.



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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Aarjen el Jue Mayo 10, 2018 4:10 am

Ladeé la cabeza intentando enfocar a la mujer que me miraba, de no ser porque aun estaba aturdido como si me hubiera bebido mas de una bota entera de vino, me hubiera sentido intimidado, pues las mujeres eran algo prohibido donde yo me había criado y las pocas que habían llegado siempre fue para ordenar y exigirnos sumisión en nombre de la torre de alta hechicería.
Me crié en una sociedad matriarcal, donde los hombres eramos relegados a tareas menores, y en mi caso no se bien por que crimen cometido acabé desterrado junto a un grupo de hombres que se ocuparon de mi cuidado.
-Yo -balbuceé

Estaba sediento, pero no quería seguir sometiéndome al mandato de las mujeres, una parte de mi las odiaba, otra las temía y una muy pequeña sentía cierta curiosidad por sus formas delicadas y su belleza atrayente, mas bien sabía que eran como sibilinas serpientes.
-Agradezco que me hayas sacado del rio -dije sin mas tratando de incorporarme sin mucho éxito.

Había pasado semanas en alta mar sin alimento ni agua, mi cuerpo había sufrido un desgaste considerable, algo que era mas que evidente por la flojedad que arrastraba y por la pesadez de músculos que sentía.
Mis parpados pesaba y mis labios se entreabrieron cuando estos cayeron de nuevo, me costó hacer un gran esfuerzo por mantenerme despierto. Mi cuerpo exigía descanso y era el agua del cubo el que lo había sobresaltado.

-Dame algo de agua alimento y emprenderé viaje de nuevo, allá donde voy no me esperan y tengo prisa -dije finalmente intentando de nuevo ponerme en pie.
Ya le había dado las gracias, esperaba eso fuera suficiente como para que la orgullosa mujer me devolviera la barcaza de donde e había sacado y me entregara lo suficiente para cruzar al continente.

Ella me miraba curiosa, me detuve a admirar el dorado de su mirada, su aura resplandecía mas no era una bruja, si no mas bien era una aura diferente, me atrevería a decir que una cambiante o algo de ese tipo.
-¿que eres? -pregunté con curiosidad sin animo de sonar ofensivo -¿vives sola?

La ladina sonrisa de la muchacha no tardo en llegar lo que me hizo enarcar una ceja y ponerme un poco a la defensiva, no había conocido mujer buena, hasta el día de hoy todas me habían querido matar y lo por es que iba al continente en busca de una de ellas, parecía que los dioses ponían mi destino en mano de las mujeres para bien o para mal.



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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Kitt el Jue Mayo 10, 2018 11:51 am

La raposa se quedó mirando al muchacho que se intentaba incorporar sin éxito alguno y se rio sin necesidad ni ganas de controlarse. No le debía nada al humano, bastante había hecho por él ya sin merecerlo siquiera. Así que estaba en todo su derecho de reírse de su torpeza. Gracias a ella seguía con vida, era lo mínimo que le debía.

Arqueó una ceja cuando llegaron las peticiones. -¿Por qué debería darte parte de mis provisiones? Búscate tú mismo la comida y recoge agua del río. Yo seré amable y te daré un odre.- No se podía quejar, le estaba dando más de lo que le había dado nunca a nadie. Bueno, tampoco era que se cruzara con muchos humanos de forma habitual, lo que era una lástima porque estaba cargada de graciosas bromas y no podía llevarlas a término por la falta de sujetos de prueba.

La pregunta del contrario suscitó su interés. Ella misma había visto resplandecer el aura ajena, aunque en su estado débil y desnutrido, poco brillaba cuando lo encontró, ahora un poco más tras haber descansado en un lugar caliente y haberle ella dado de beber agua mientras dormía. Hinchó su pecho con orgullo y con una sonrisa entre pícara y maliciosa, contestó a la cuestión. -Soy un kitsune de cinco colas.- Su mentón alto ayudaba a remarcar el ego que tenía cuando decía lo que era y esperaba que no fuera necesaria mayor explicación, pues en su cabeza todo el mundo debía saber lo que era y el poder que ostentaba un ser como ella, aunque aún le quedaran muchas décadas para intentar alcanzar el rango de las nueve colas. -Y claro que no vivo sola, vivo con el bosque y él conmigo.- Ella era la guardiana de aquel lugar, le pesara a quien le pesara, y aunque muchos animales la rehuyeran por sus bromas pesadas, a más de uno le había salvado el culo y no podían siquiera reprocharle nada. Podía pasarse de lista, pero era una raposa, ser audaz y traviesa venía en su naturaleza y lo tenían que aceptar.

Se agachó junto al joven cuya procedencia desconocida y, tendiéndole un cazo con agua, apoyó ambos antebrazos sobre las rodillas, acuclillada, mirándole de manera intensa. -Ahora dime, ¿qué eres tú? ¿Quién eres? Y si nadie te espera allí a donde vas, ¿a qué vienen las prisas?- Ladeó la cabeza, llena de curiosidad y terminó por asentar el culo en el terreno y cruzarse de piernas. Tenía tiempo para escucharle hablar y ya que había sido tan hospitalaria de dejarle dormir en su cama, se merecía una buena historia ahora a su parecer.



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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Aarjen el Mar Jun 05, 2018 11:28 am

La mujer de pelo castaño y ojos miel se acercó a mi mirándome de frente con curiosidad, aseguraba que solo me daría un odre que llenar en el rio y con eso desde luego que no llegaría demasiado lejos.
-¿ y mi bote? -pregunté haciendo caso omiso a su retaila de preguntas -¿eres una que? ¿tsu.. que?
No entendía ni una palabra, seguramente sería alguna chica desahuciada por sus padres pues había enloquecido. De allí de donde yo venía esas cosas sucedían, cuando los hijos nacían deformes, tullidos eran asesinados o con suerte como había sucedido en mi caso...abandonados o desterrados.
-Claro, el bosque vive contigo -le seguí la corriente y el bosque me ha traído hasta ti, lo que implica que has de ayudarme.

No era un chico tonto, si me empeñaba en pedirle ayuda siendo coherente no conseguiría nada de nada, peor si seguía con esa lógica suya era mas posible que esta cediera finalmente.
-No conozco este continente, me llamo Aarjen y necesitaría una guía, veo te conoces el bosque como la palma de tu mano ,que puedes sobrevivir en él, ya sabes, el bosque es mi amigo -dije con una picara sonrisa -así que ¿y si hacemos un trato? ¿tu me ayudas a llegar a la torre de hechicería y a cambio yo acabado el viaje te concedo un deseo, poseo magia -dije chasqueando los dedos y creando frente a sus ojos una pequeña espera de luz que se paseo a su alrededor creando bellos destellos de una mortecina luz blanca, con el siguiente chasquido explotó en mil pedazos humedeciendo su piel de miles de luciérnagas.
-puedo concederte un deseo, pero has de ayudarme tu antes.

Parecía que había logrado captar la atención de la joven cambiante que ahora miraba la luz de color adherida a los poros de su piel y que poco a poco se iba apagando dejando un tenue resplandor.
-Donde vivía ha desaparecido, me atacaron, no me queda familia, ni amigos y mi maestro antes de morir me pidió fuera a este lugar, según él esa mujer me ayudará, no tengo mas opciones, necesito verla.

Di un sorbo al tazón de agua que tenia la chica entre las manos, necesitaba francamente que me ayudara, pero si no lo hacia yo mismo iría a esa torre, pensaba vengar la muerte de los míos y lo haría solo si así lo marcaba mi sino.


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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Kitt el Mar Jun 05, 2018 1:29 pm

Iba ladeando la cabeza mientras escuchaba al intruso, acechándole a un metro de distancia, hundiendo sus descalzos pies entre la paja que hacía de cama y alfombra, que en definitiva era el suelo que mantenía cálida la casa. -¿Qué bote? ¿Los cuatro palos en los que venías? Hice leña con ellos y los puse a secar, porque aparte de para eso, no servían para nada.- Se encogió de hombros sin darle mayor importancia, él era el que había osado entrar en su bosque, tenía suerte de seguir con vida y que, encima, le ofreciera un odre. -Te equivocas, lo que te trajo fue la corriente del río y él y yo no somos amigos. El bosque se nutre del río, pero él no nos tiene en muy buena estima porque dice que sólo le tiramos porquería a su cauce.- Resopló en un gesto que dejaba en evidencia que consideraba que el “señor río” era un quejica.

Ella era una kitsune y también sabía hacer eso a lo que muchos llamaban magia. Podía cambiar de forma, convertirse en humana como en aquel instante o en algún objeto incluso, siempre que se le asemejara de tamaño a ella o a su verdadera apariencia de raposa, por tanto no podía verse como una casa o una montaña, pero sí como una mesa o un armario con puertas. Aunque lo de los objetos era difícil porque implicaba mantenerse completamente inmóvil y ella era demasiado nerviosa. A punto estaba de decírselo, cuando vio aquella esfera de luz blanquecina orbitar a su alrededor. La siguió con la mirada, llegando incluso a girar sobre sí misma sin moverse del sitio. Se sobresaltó cuando estalló la bola y se cubrió la cabeza con los brazos, mas no hubo dolor ni nada parecido. Despacio fue bajando las manos, hasta quedar viendo aquellos pequeños destellos esparcidos por su piel. No quemaban ni estaban fríos, no se notaban siquiera, pero allí estaban. -¿Qué ha sido eso?- Quiso saber el travieso zorro, afilando su mirada hacia el hechicero. Soltó un breve gruñido que era cercano a un bufido felino, entrecerrando los ojos con desconfianza. -¿Qué limitaciones tiene eso del deseo si te ayudo? Porque siempre hay cosas que no entran dentro de las promesas, letra pequeña en los juramentos…- Ella era una experta en tomarle el pelo a todos, así que fiarse a la primera no iba con la raposa ni de lejos. Tenía que convencerla y no sería tarea fácil. Además, aunque ella accediera a guiarle, si hacía algo mínimamente sospechoso o que no le gustase, le dejaría tirado para que se las apañase por su cuenta con el bosque, y por muy bonito y apacible que se viera, ocultaba horrores que más le valía al muchacho que desconociera.



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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Aarjen el Lun Jun 25, 2018 3:18 pm

Llevé la palma de mi mano contra la frente airado ¿que había destruido mi bote? ¿cuatro ramas? No eran cuatro ramas ¿y que decía ahora de que no se llevaba bien con el rio? De todas las personas que podían haberme salvado la vida tenía no solo que ser mujer, algo que ya me hacía desconfiar de ella, si no también una perturbada.

Claro que no podía ni de lejos decirle eso, la única ventaja que tenía es que era curiosa, mi truco de magia le había gustado y ahora podía ver ese brillo en sus ojos meditando lo que podría llegar a conseguir si yo le concedía el deseo prometido.
-¿restricciones? Llévame ante la torre y te concederé el deseo que pidas, siempre que esté en mi poder llevarlo a cabo. No puedo resucitar muertos, al menos no como entes con una capacidad de pensar y razonar propia, son mas bien como zombis.
Me encogí de hombros ante la evidencia de lo que iba a decir a continuación.
-No se aun crear portales mágicos, no al menos para ir a sitios que nunca he visitado, si no, yo mismo iría a esa torre con un chasquido de dedos, pero estoy seguro de que si puedo concederte un deseo que se ajuste a tus necesidades.

Miré a mi alrededor, ella si vivía entre cuatro palos, así que suponía que su petición seria acorde a su locura, no se, convertirse en ardilla o poder tener un anillo para hablar con los animales...
-¿Hay trato? -pregunte estirando la mano para que esta sellara así una alianza que perduraría en le tiempo -te necesito -aseguré como si esa muestra de confianza bastara para la astuta raposa que aun daba vueltas a mis palabras.

Enarqué una ceja al verla dudar mirando mi mano de soslayo.
-Vale, y si hacemos una cosa, me pides ahora el deseo, y yo te digo si puedo o no concedértelo y una vez me lleves a la torre, cumplo mi parte y listo, os dos contentos ¿te parece?



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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Kitt el Mar Jun 26, 2018 6:20 am

La raposa, además de curiosa por naturaleza, era muy precavida. La gente tildaba a su animal de miedoso, pero nada que ver, porque ella no le tenía miedo a casi nada, pero sí que era muy cuidadosa con las cosas que hacía y en el cómo. Era un ser inteligente, demasiado incluso, y por su cabeza pasaban miles de posibilidades, de desarrollos de las situaciones. Debía cavilarlas a toda prisa antes de actuar, intentando minimizar el riesgo para su propia vida. Porque sí, también era una criatura egoísta, mirando siempre por el bien propio antes que el ajeno. Por ello le había dicho al joven que ya podía darle las gracias por haberse molestado siquiera en sacar su mojado culo del río. Pero él parecía no entender la situación y creer que su palabra bastaría para que Kitt hiciera lo que él quería. -No me tomes por tonta, amigo.- Le señaló descaradamente con el dedo, acusándole de intentar tomarle el pelo.

Mas cuando dijo lo de los portales estalló en una carcajada. Sería muy idiota por su parte saber hacer eso y pedirle ayuda a una raposa, bien conocida por sus bromas pesadas y las trampas que hacía jugando. -Entonces el tonto serías tú.- Aseguró con una estirada sonrisa y los ojos rasgados, otorgándole más aspecto de kitsune casi que de humana. Durante unos segundos, como una aparición ligeramente transparente, se dibujaron unos bigotes en el rostro de la criatura y unas orejas asomaron entre su parda melena, pero todo desapareció casi al instante, dejándola con su apariencia normal de siempre. -Con esas condiciones no hay trato.- Aseguró, mirando la mano que éste le tendía, como si de tomarla fuera a rodearla de nuevo con su magia y quemarla viva.

La siguiente oferta le resultó más adecuada, pero seguía sin fiarse un pelo de ese humano. -Ahora mismo no sé lo que pediría. Hay muchas cosas que deseo, es complicado elegir una…- Comentó, alzando y flexionando los dedos de sus manos como si fuera contando. Sus dorados orbes se centraron de nuevo en el rostro del chico y ladeó la cabeza en un gesto típico de los cánidos. -Pero como no tengo manera de confirmar si mientes o dices la verdad, haré una cosa.- Propuso, acercándose a él y rondándole de nuevo como un cazador a su presa, con pasos sigilosos, lentos y ligeros. -Te guiaré hasta la dichosa torre esa. No te quitaré el ojo de encima… Y si me traicionas, te maldeciré.- Rio brevemente de un modo muy extraño, como la raposa que era, girando sobre los dedos de los pies una vez, orgullosa de su gran idea.



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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

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