Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

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La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Kitt el Mar Abr 03, 2018 12:51 pm

Empezaba a caer la noche cuando la pequeña raposa salió de su escondrijo, un agujero cavado entre las raíces de un árbol viejo, pero recio y resistente. Se limpió el hocico con una pata, manchado lo llevaba de tierra y le molestaba en los bigotes al olisquear entre las plantas. Le cosquilleaba el polvo el nariz y, de vez en cuando, estornudaba. Alzó su pequeña cabeza de grandes orejas y buscó el firmamento, las estrellas. Éstas titilaban esparcidas por el negro manto que era el cielo, una noche sin luna auguraba algo nuevo. El animal emitió un extraño sonido que, de ser posible, se hubiese confundido con la risa maliciosa de una chiquilla. A una velocidad inusitada, desapareció de nuevo, mas no regresó a su cueva, sino que trepó por el tronco hasta la copa, usando sus afiladas garras para aferrarse a la corteza. Alcanzó una rama gruesa y se deslizó por ella hacia el extremo, rauda como una serpiente antes de atacar, corrió y, antes de llegar al extremo más frágil, se impulso y dio un salto inesperado hacia la espesura del bosque en una caída libre de más de diez metros. Tras un par de segundos de completo silencio, se pudo oír el crujir de ramas y hojas y un pequeño golpe. Silencio de nuevo. Movimiento entre los arbustos, vegetación agitándose y allí donde había caído un zorro rojo, se alzó una joven desnuda de tez clara, cabello castaño y ojos dorados como el mismísimo sol. El brillo de los orbes se fue apagando poco a poco, hasta quedar color miel tostada. Sonrió ladinamente con sus pequeños y blanquecinos dientes asomando por entre los labios. Movió la nariz, un gesto extraño para una mujer, pero no para una traviesa kitsune como ella. Buscó algo que ponerse en el escondrijo de siempre, sacando una tela que se pasó desde la espalda hacia delante y que, tras cruzarla por el torso, ató detrás de la nuca al subir dos extremos por los hombros. Improvisó así un vestido rudimentario, pero suficiente para cubrir aquello que tanto pudor generaba entre los humanos.

Un ruido a sus espaldas la alertó y giró con la mirada entrecerrada, enfocando su visión hacia el origen del sonido. Se encontró con un viejo conocido y volvió a sonreír. -Buenas noches, Ninuc, ¿qué haces por aquí a estas horas?- La comadreja se subió a una piedra y movió sus bigotes, mientras con las patas delanteras se tocaba el morro y hacía ruidos. -¿Vienes a jugar conmigo o estás de paso?- Le animal giró la cabeza hasta casi ponerla del revés y mostró sus dientes, antes de saltar de nuevo a terreno blando y acercarse a la muchacha. -Aburrido.- La chica le sacó la lengua a la mustela y esta prosiguió su camino. -Está bien, ya nos veremos otro días. Saluda a los pequeños de mi parte.- Dio por zanjada la conversación e inició su propio sendero hacia destino desconocido. Bueno, nada allí era desconocido para ella, pues la raposa se sabía aquel bosque de memoria y podría llegar a cualquier lugar con los ojos cerrados, sin tropezarse siquiera una vez.

Los pies la llevaron en dirección al río, tenía sed. Se arrodilló a la orilla, hundió las dos manos en la corriente cristalina y las llenó para llevárselas a la boca y beber. Dio varios tragos largos antes de echarse algo de agua a la cara y lavarse un poco los brazos con ella, hasta los hombros. Intentó no mojar el vestido, pero le salpicaron algunas gotas. A punto estaba de levantarse, de hecho ya había hincado una rodilla en el suelo mientras se apoyaba en el pie izquierdo, cuando escuchó un extraño sonido. Algo iba contracorriente y no era ningún pez, ni tampoco un oso pescando. Decidió retirarse lentamente y esconderse a la espera de descubrir qué era lo que se aproximaba. Tal vez pudiera gastar, aquella noche, alguna broma.



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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Aarjen el Miér Abr 11, 2018 12:38 pm

Perdido, nunca me había sentido tan ido mientras desde la barcaza y empujado por la marea que mi maestro con violencia creaba desde la orilla veía mi hogar arder.
¿Que había pasado? Lo desconocía, pero si las hechiceras me buscaban debía ser por algún tipo de causa mayor, me querían muerto ¿por que?

Ahogué un gruñido al ver como dos de las hechiceras llegaban a la orilla, mi maestro como pudo mantuvo el oleaje para alejarme de ellas mientras frente a si interponía un poderoso escudo para aguantar lo posible para poner a salvo a su discípulo.
Rugí, grité, pero nada pude hacer para que las hechiceras no acabaran flaqueando a mi maestro y en un alarde de poder atravesarlo con sendas espadas de energía azuladas.

Jure venganza mientras las lágrimas caían sobre mis nudillos y la rabia me invadía arrasando con mis entrañas.
Volvería y destruiría esa torre piedra a piedra y esa civilización hasta que ni siquiera quedaran en pie ni los cimientos

Rio a través acabé siendo empujado por las aguas bravas, tras una semana donde la barcaza no se detuvo y desemboco en un enorme mar. El sol golpeo mi cuerpo una y otra vez, no permitiéndome beber ni sorbo que aplacara mi sed, labios agrietados, ausencia de alimento y la locura en mi cabeza.
Durante días vi alimento inexistente, oasis en mar abierto y deseé mi muerte hasta que finalmente el cansancio me venció y caí inconsciente abandonándome a mi suerte...


Abrí los ojos, con la mirada turbia traté de centrarme en el lugar en el que había ido a aparar, si esto era donde te llevaban los dioses, sin duda era un lugar extraño y la verdad, alejado de aquello que prometían.
A simple vista reposaba sobre un improvisado lecho de paja que apoyaba en un suelo de madera sobre un árbol de paredes. Una especie de casa de madera sobre un árbol, ademas el sonido de la naturaleza imperaba sobre todo lo demás.
Fue entonces cuando escuché una voz y tras ella una mujer se dejó caer en el lateral como si siempre hubiera estado ahí.
-¿donde estoy? Tengo sed








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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

Mensaje por Kitt el Mar Abr 17, 2018 2:06 pm

Mientras aguardaba escondida tras el tronco de un árbol, vio asomar una extraña canoa formada con troncos, sin pelar la corteza, entrelazados con cuerdas. Alguien estaba tendido encima y no se movía. La raposa movió su nariz, acercándose con sigilo, de manera rápida, pero sin hacer ningún ruido. Podía ser una trampa o quizá sólo estaba dormido. No podía arriesgarse a ser atrapada, había visto alguna vez cazadores furtivos y su deber era espantarlos de sus tierras, no gastarles bromas. Cogió un palo afilado y con éste pinchó varias veces la cara del desconocido. Luego bajó y le dio con él en las costillas. Nada, ninguna reacción, ni quejas ni cosquillas. Torció la boca, meditabunda y tras hundir el extremo puntiagudo en el lodo de la orilla, agarró una rama algo curva y la usó para atraer la barcaza hasta tierra firme.

Una vez tuvo al individuo a mano, le dio la vuelta y, cuál fue su sorpresa, al descubrir que era un muchacho. Ni siquiera tenía un pelo en la barba y no tenía mucha pinta de afeitarse, porque por el resto de su indumentaria, iba bien guarro el chico. Ladeó la cabeza, estudiando las posibilidades y, como ella era más osada que nadie y, sobre todo, más alocada, decidió llevarse al desconocido a su casa. Así que ideó un método para trasladarlo y lo arrastró hasta las raíces de su árbol. Por suerte, tenía una entrada para cuando le apetecía estar en forma humana, así que por allí metió al joven y lo dejó caer, porque sí, no se molestó en recostarlo con cuidado, sobre su lecho de paja, que de improvisado no tenía nada, y le dejó allí mientras ella se iba a hacer sus cosas.

Pasaron varias horas en las que estuvo recolectando bayas, cazando pequeños roedores y reuniendo leña para una pequeña fogata, y para cuando regresó, el chico seguía sin despertar. Decidió que ya era hora de que abriera los ojos, porque su corazón latía, así que muerto no estaba. Le observó desde arriba, una especie de segunda planta en la cueva arbórea en la que vivía. -Vamos, despierta.- Y para ayudar un poco a sus palabras, le tiró agua encima con una traviesa y ladina sonrisa.

El efecto fue inmediato y el bello durmiente despertó, al fin, de su letargo. La kitsune saltó, cayendo junto a la cama y le señaló acusadora con el dedo. -¿Eso es lo primero que le dices a tu salvadora? Qué poca educación tienes, muchacho.- La mirada afilada de la raposa, mostraba unos ojos dorados sobrenaturales, unos orbes que delataban que su naturaleza distaba mucho de ser humana. -Dame las gracias y luego, tal vez, te ofrezca algo para beber.- Se cruzó de brazos sobre el pecho, aguardando la gratitud que merecía. Especialmente si el desconocido supiera que la cambiante nunca hacía nada de manera altruista. Tenía suerte de que le hubiera sacado del río, en vez de hundirle a pedradas que era lo que más se le hubiera antojado. Pero por algún extraño motivo, el zorrito bromista había actuado aquel día de modo distinto.



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Re: La raposa bromista y el brujo incauto | Privado

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