Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Dance on the edge of mystery | Rashida

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Dance on the edge of mystery | Rashida

Mensaje por Chanel Clutterbuck el Mar Abr 10, 2018 5:32 pm


Dance on the edge
of mystery
Palacio Royal | Rashida | París, Francia


"A la muerte se le toma de frente, con valor
y después se le invita a una copa"
— Edgar Allan Poe





Maldiciones y maldiciones, cuán adicto era Chanel a aquellas maldiciones que le hacían caer en tentaciones tan lujuriosas de las que nunca podía escapar, partidario de lo obsceno y claro que sí, también de lo sangriento, pero,  justo aquella noche se encontraba un tanto ansioso pero más que nada inquieto, debido a que un sobre que claramente no podría pasar desapercibido entre los otros de su buzón -cuán elegante era como su propietario- no le dejaba dormir en aquél exótico crepúsculo primaveral. Le estaban invitando  -con decoro y caballerosidad- a un banquete al que sólo podrían asistir las personas más reputadas que habitaban París, organizado por nada más y nada menos que el exitoso marqués de Praga al que sus padres decidieron nombrar Carlton Kirkpatrickver, y claramente el señor Clutterbuck no podría faltar.
Pero ésta vez, el varón estaba decidido a no ir; ya hacía muchísimos años que no asistía a una fiesta de ésta índole y presentarse al Palacio Royal le transportaría a hace aproximadamente unos sesenta años,  navegándole en  eméticos recuerdos que prefería no invocar. Ya era de esperarse en toda la ciudad que el señor Chanel Clutterbuck ocultara un pasado oscuro, pero todos preferían aparentar no saber absolutamente nada de aquellos cotilleos que se pasaban de boca en boca por todo París.  

Pero finalmente, después de tanto curioseo y toqueteos a la correspondencia, el hombre percibió la fotografía de una fémina aparentemente bella, de ojos tan grandes como la luna, y cabellos tan rubios como el trigo; se trataba de Babette, una afamada dama parisina que había ganado su "honrada" reputación en los burdeles más prestigiosos de toda la ciudad, y detrás del sutil retrato, se podía observar sin mucho esfuerzo lo que la dama escribía a alguien cuyo nombre Chanel no reconocía.
Evocó lo que su madre le dijo alguna vez entre sus tantas amonestaciones sobre no abrir la correspondencia ajena, pero ya era muy tarde, debido a que ya estaba lo suficientemente interesado en la mujer como para dejarla ir. Para su suerte, dentro del escrito Babette afirmaba que iría sin falta al banquete del marqués, y que estaba ansiosa de verle después de tantos años. Todo era muy confuso para Chanel, la inseguridad le estaba sumergiendo en un sinfín de interpelaciones que no tenían respuesta alguna, y estaba completamente indeciso con respecto al asistir, o al no hacerlo.

Entre muchas copas de vino y una cuántas otras de whiskey, el varón hacía el intento de tomar una decisión apresurada, acabando con dos botellas de vino, dejándolas ni con el más pequeño sorbo de éste en su interior y en probablemente menos de media hora; el pelirrojo era todo un dipsómano, no podía sentir ni la más mínima gota de alcohol en su lengua, sin ni siquiera haberse acabado una botella completa. Es por esta razón que trata de evitar a toda costa acercarse a éste pretensioso líquido que le hacía tanto daño, y más, si se convertía en un completo lunático cada vez que se encontraba ebrio.
Pero así fue como Chanel, en un muy pero muy corto lapso de tiempo, se aseguró a sí mismo asistir a ese pretencioso banquete, incluso si aquello fuera lo último que hiciera aquella noche, noche que no se tardó en llegar.

Ardoroso y con una pizca de desespero, giró su mirada para observar el reloj; sus colmillos se encontraban tan afilados como la punta de una espada y su sed, tan insaciable como siempre. Tenía la completa certeza de que la fiesta a la que asistiría, no era una típica fiesta de Halloween con brujas por allí y hombresitos lobos por allá, pero sí que estaba convencido de que más de una persona llevaría una máscara encima de lo que realmente eran debajo de ella, aparentando una clase social donde todos debían ser aceptados, no por lo que eran, sino por lo que debían ser.
Pero ya había llegado la hora;  justo a las 8 en punto, cuando la luna llena se había puesto por completo, se escuchó el relincho del caballo que estaba empujando el suntuoso carruaje donde se transportaría Chanel, cuyo propósito no era pasar desapercibido con aquél precioso traje en satín de un increíble color rojo, y aquellos zapatos de cuero que brillaban incluso tanto como la mismísima noche; estaba completamente listo para cazar.

El camino que debía recorrer para llegar al palacio no era para nada extenso, por lo que en menos de veinte minutos cruzó con éxito las monumentales puertas que conformaban la entrada, al tanto que caminaba por aquella larga alfombra dorada que le llevaría directamente al salón principal, que estaba adornado por grandes y lujosos candelabros de oro, sin contar las costosas estatuillas de piedra que estaban puestas con sumo cuidado en los lugares menos peligrosos del soberbio aposento; no hacía falta ser un can para olfatear la inmensa felicidad que sentía cada uno de los invitados  en aquél opulento lugar.
Introdujo sus manos en los bolsillos en busca de la fotografía de la damisela por la cual estaba tan ansioso, desplegándola y observando así cada rincón del palacio, rastreando los pasos de unas lágrimas secas y unos enigmáticos sollozos que penetraron inmediatamente los oídos del varón. No le fue difícil divisar a Babette a un extremo del salón, melancólica, y con un mar que salía de sus inmensos ojos. Chanel sintió pesadumbre pero aquella no era una razón para dejar su plan de lado, sino más bien, para comenzarlo.
Caminó la pequeña distancia que los separaba y luego, se sentó a un lado de la mujer.

—¿Acaso está usted llorando en una noche tan espléndida? —declaró, observando con detenimiento la expresiva mirada que tanto caracterizaba a la dama.

—¿Es muy notable? —su voz, aún escabrosa debido al llanto, sonaba demasiado taciturna; la muchacha se veía demasiado destrozada.

—Cómo no va a ser notable en una mujer tan bella como usted. —echó los hombros para atrás y le dedicó una sonrisa pícara, pactando un increíble acuerdo con los sentimientos de una mujer escéptica, que cayó muy fácilmente en los brazos del demonio—. No llore madame, las penas pasan tan rápido como el tren de las 12 en punto.

—Es usted muy amable, pero no es tan fácil pedirme eso —confesó, cristalizando sus ojos y jugando con la compasión de un monstruo, que parecía no poseerla—. Verá, hoy vine a ver alguien muy importante en mi vida, alguien de quien me había distanciado hace muchos años, y… hoy le vi muy contento, de hecho, demasiado —hizo una pausa, limpió sus ojos y luego, continuó su relato—. El problema no era ese, sino que estaba con otra mujer, una mujer… más linda que yo.

Chanel no evitó sentirse mal, al fin alguien había logrado reavivar el fuego de aquellos sentimientos que se encontraban tan marchitos como las rosas que dejaban en su florero, al fin, pero, antes de decir nuevamente una palabra, una despótica voz le interrumpió careciente de pudor, y sus estridentes ojos azules le dejaron anonanado.









Oh, mon amour, si tu me fais confiance, tu fais confiance au diable.
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Re: Dance on the edge of mystery | Rashida

Mensaje por Rashida el Dom Abr 15, 2018 10:36 am

Había llegado hacía un par de días a la ciudad de París aunque no era la primera vez que pisaba la capital francesa, había acudido en otras ocasiones a lo largo de mi vida cuando el entrenamiento había sido más intenso en la organización. Aunque yo normalmente residía en Egipto, lugar donde había otra de las bases que tenía la Orden alrededor del mundo, había viajado y visitado esas mismas bases alguna que otra vez por motivos de misiones principalmente aunque luego siempre volvía a Egipto porque las “raíces” siempre tiraban y yo me encontraba más cómoda allí. En esa ocasión había ido a París para cumplir con un encargo personal que me había pedido hacer Kenner, no era demasiado raro que me pidiera misiones y que me las encargara a mí dado que él había sido quien me había entrenado durante un tiempo, enseñándome parte de lo que sabía como mi maestro y mentor. Fue duro e implacable y eso formó el carácter frío y duro que ostentaba la mayor parte del tiempo, además de que el resto se encargaron de anular todo tipo de sentimientos que pudieran hacerme débil en algún momento durante una misión, anularon mis debilidades como por ejemplo la compasión, los escrúpulos e incluso también la empatía. Era la máquina perfecta de matar, silenciosa y ágil me camuflaba entre las sombras y mis aceros eran rápidos provocando una muerte “dulce” cuando así me apetecía que fuera, si se trataba de interrogar... bueno, podía decir que no era ni dulce ni rápido. No solo tenía el objetivo por el cual había sido llamada y solicitada mi presencia en París, sino que además tenía otros menesteres entre manos que corrían de mi cuenta y que no tenían tanta importancia como la misión principal, pero debía también de atenderlo porque eran misiones impuestas por la Orden. En otro momento incluso me habría negado a participar en dichas misiones puesto que ya tenía la mía, pero en esos momentos incluso hasta me convenía para ganar algo de dinero... no por nada era una mercenaria. Todo mercenario que se prestaba lo hacía casi todo por propios intereses, no nos importaba si era conseguir un objeto antiguo, una reliquia o causar la muerte puesto que también nos pagaban por matar. Pero mientras recopilaba información sobre la que más importaba podría pasar el rato haciendo otros “recados” que sin duda alguna me harían volver con mucho más dinero a Egipto, no es que no tuviera suficiente pero en París se pagaba más que allí por cada misión y cada encargo.  

Mis ojos se alzaron hacia el cielo estrellado que contemplaba desde al balcón de la residencia donde la Orden tenía como lugar su sede, o al menos una de las tantas sedes que tiene a lo largo de todo el mundo en diferentes países. Llevaba un par de semanas en París y ya comenzaba a notar lo que en cierto modo echaba de menos mi ciudad natal; Egipto es muy diferente a la capital francesa y no veía la hora de volver de nuevo allí. No me esperaba nadie en Egipto y tampoco tenía planes de hace amigos en la ciudad Parisina, había estado varias veces pero suponía que todos de alguna forma tirábamos hacia nuestras raíces. Pero estaba allí por encargo de mi jefe ya que necesitaba que recuperara algo que le habían quitado, una búsqueda que había pospuesto hasta que tuviera más información porque había escuchado un rumor procedente de los barrios bajos que me interesaba bastante. Sin embargo en la Orden era más que frecuente que salieran pequeñas “misiones” que podría tomar mientras reunía información sobre la misión por la que estaba allí, me gustaba mantenerme activa en todo momento ya que tenía unas rutinas y unas pautas diarias de entrenamiento que no me gustaba perder para nada, de entre todas las misiones que habían llegado a la Orden fue una la que me llamó la atención; se trataba de matar a una mujer joven de la alta clase que al parecer ocultaba más de lo que aparentaba. Por la información que nos habían proporcionado se trataba de una mujer que había ganado su reputación en los mejores burdeles de la ciudad Francesa, algo que no era el motivo por el cual la querrían muerta. Al parecer tenía algo que ver con su relación con el marqués de Praga el cual iba a celebrar un banquete en el palacio royal en un par de días. Por lo que sabíamos había sido alguien cercano al marqués el que había pedido que asesinaran a la joven porque se sospechaba que esta, actuando bajo influencias de otras personas, había robado algo al marqués aprovechándose de su cercanía y de la “estrecha” relación que mantenían aun cuando el marqués por lo que tenía entendido estaba comprometido. Había tenido dos días para hallar más información sobre la joven a la que debía de matar, la cual se llamaba Babette, y la que parecía frecuentar lugares que no eran demasiado propios para una dama como ella al mezclarse con gente que se manejaba en el mercado negro. Había descubierto que la joven no era en realidad quien aparentaba ser ni la versión que daba a todos los demás, una actriz sin duda alguna puesto que todos se habían creído su historia. Sí, fue cierto que trabajó en los mejores y más prestigiosos burdeles de la ciudad francesa y que fue ahí donde conoció al hombre para el que trabajaba, un hombre conocido por su rudeza y por sus pocos escrúpulos y que era bastante peligroso. Babette quizá empezaría como una prostituta pero cuando conoció a dicho hombre se ganaba la vida como una viuda negra, aprovechaba sus encantos femeninos y los utilizaba para comer asesinatos a hombres importantes que hubieran tenido algún tipo de negocio con su “jefe”. Quizás su relación con el marqués fuera verdadera y su jefe se aprovechó de ello para que le robara algunos objetos que él poseía y que eran muy valiosos y cotizados en el mercado negro, pero al parecer la habían descubierto y ahora querían ajustar las cuentas con dicha mujer que llevaba una doble vida.

Para la misión debería de presentarme en el banquete que darían y de la cual tenía mi propia invitación, debería de acudir también con un traje elegante en el que pudiera esconder las armas que llevara y que no se notaran demasiado. Yo no acostumbraba a llevar vestidos pero no podía presentarme con la ropa de caza que solía utilizar. En la Orden se encargaron de proporcionarme todo aquello que necesitaba y para la noche del banquete dejaron sobre mi cama un vestido rojo no demasiado ceñido para ocultar las armas y que no se notaran, además tenía algunos trucos para que eso no sucediera. Una vez vestida y ligeramente con un poco de maquillaje que resaltaran mis ojos y mis labios de color carmín subí en un carruaje que me llevaría directamente al lugar donde se celebraba el banquete. Tenía las armas bien escondidas y sabía exactamente cómo era la mujer que debía de asesinar así que no me costaría demasiado dar con ella. Una vez llegamos pude apreciar antes de entrar el lujo que expedía aquel lugar, la alfombra dorada que cubría la entrada y los escalones de la misma, al entrar el lugar iluminado por candelabros dorados, una suave y amena música sonaba para que la gente pudiera salir a la pista de baile mientras todos esperaban al invitado especial, mientras esperaban a que apareciera el marqués. Tomé una de las copas de champán que ofrecían los camareros y comencé a buscar a la mujer que debía de matar en cuestión, me gustaba hacer los trabajos limpios y sin dejar ningún tipo de rastro por lo que debería de ser cuidadosa de que no me viera ninguno de los invitados y que no se enteraran de lo que sucedía, me gustaba realizar trabajos limpios y rápidos así que esperaba que la mujer en cuestión no me causara muchas molestias. Tras un rato en el que pasé buscándola finalmente la encontré junto a otro hombre en el balcón, ella se limpiaba el rostro anegado en lágrimas mientras al parecer el otro hombre la consolaba. Chasqueé la lengua porque ahora debía de hacer que el hombre se largara, aunque con la experiencia que tenía con seres sobrenaturales algo me decía que aquel no era un hombre normal y corriente, no porque desprendía esa belleza etérea que caracterizaba a todos los vampiros... vaya, parecía que la noche se ponía interesante y que no sería un simple encargo de asesinato como parecía en un principio.



-¿Señorita Babette? –Pregunté interrumpiendo la conversación que mantenían ambos y que, además, no me interesaba en lo más mínimo mientras pensaba únicamente en llevar a cabo el encargo- ¿es usted, no es así? –Sabía que era ella de sobra pero igualmente quise confirmarlo para no cometer ningún error- debería de limpiarse sus lágrimas de cocodrilo señorita, al menos que el joven que la acompaña se las crea como el resto de los presentes... pero no todos caemos en su trampa –la contemplé de forma fija preparada, en todo momento, por lo que pudiera pasar aunque no contemplaba la opción de causar un escándalo- usted tiene algo que no le pertenece, algo que nunca debió de tomar y que ahora sería demasiado tarde para devolverlo. No debió de jugar en ligas que no son para usted, aunque esa sea la imagen que pretende darles a todos bajo su apariencia. Ya sabe por qué estoy aquí –no había por qué esconder el motivo frente a ella y en cierto sentido hasta podría jurar que ella lo esperaba.


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